
Howard filma el pulso entre David Frost y Richard Nixon, un auténtico documento periodístico y político ahora retratado a modo de thriller de suspense, a ratos un documental en contínuo vaivén entre la realidad y la mentira, la persona y el personaje. Howard demuestra ser un alumno aplicado que, al igual que Frost, encaja la jugada clave en el último momento. Del Howard de
El Grinch o
Una mente maravillosa solo queda un amor hacia lo añejo y un dominio de la acción impecable, aunque la trama nunca resulte ni brillante ni vibrante. Pulcra e interesante,
la película es la particular cúspide de Howard, un ejercicio exquisito, serio y bastante transgresor teniendo en cuenta el currículum de sus responsables. Qué decir de los miméticos Sheen y Langella, cuyos rostros acarician la cámara con sus contínuas muecas y silencios.
Frost/Nixon es un film agradable que cumple su doble propósito de enseñar y entretener, aunque difícilmente levantará pasiones (tal es la asepsia que rodea el combate). Pero no seamos aguafiestas porque todo y todos funciona(n) en un título convincente, un aviso, quizá, al recién llegado Obama, o una manera academicista (temible adjetivo) de subrayar la necesidad de no olvidar los errores del pasado y seguir con dignidad y conciencia. El tiempo determinará si
Frost/Nixon perpetua su huella como un valioso documento histórico o como un mero vehículo para distraer a las masas. Opto por lo segundo, aunque también tiene su merito.