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martes, 24 de agosto de 2021

EL PODCAST DE CINOSCAR & RARITIES 6x39 | Cine de terror: UN LUGAR TRANQUILO 2, EXPEDIENTE WARREN 3, CRUELLA, SPIRAL: SAW y ESTE CUERPO ME SIENTA DE MUERTE


Programa nº 224 de El podcast de Cinoscar & Rarities. Audio especial dedicado a 5 estrenos de terror: Un lugar tranquilo 2, Expediente Warren: Obligado por el diablo, Cruella, Spiral: Saw y Este cuerpo me sienta de muerte. Locución de Xavier Vidal y edición de Mayra Meza. ¡Gracias por darle al play!


 

   Guía del programa:
0' Presentación - 2' Un lugar tranquilo 2 - 8' Expediente Warren: Obligado por el diablo - 13' Cruella - 19' Spiral: Saw - 24' Este cuerpo me sienta de muerte - 28' Despedida y canción: "Call me Cruella", de Florence + The Machine



Puedes enviar tus comentarios o audiocomentarios con sugerencias o recomendaciones a nuestro mail cinoscararities@gmail.com, estaremos encantados de leerte o escucharte.

lunes, 30 de noviembre de 2020

CRÍTICA | BABY, de Juanma Bajo Ulloa


BABY
España, 2020. Dirección y guion: Juanma Bajo Ulloa
Festival de Sitges: Mejor música


Juanma Bajo Ulloa fue junto a Amenábar y a De la Iglesia el gran renovador del cine fantástico en los 90, incluso un fenómeno de masas. Con todo, en los últimos años el firmante de Alas de mariposa y La madre muerta ha construido a su alrededor un personaje propio, alejado de la primera división cinematográfica. Baby es su regreso a casa: todo en ella tiene reminiscencias, leves toques de esa magia que nos cautivó hace tres décadas. Tras su paso por Sitges, Bajo Ulloa aspira a dividir al personal con una película que es un experimento (logrado) y una experiencia (irregular). Baby es una película muda, con muy pocos personajes, una estética muy trabajada, una música envolvente y apenas una casa como espacio principal. Cuenta la odisea de una joven drogadicta que cede su bebé a una mujer extraña que vive con la que parece ser su hija y su nieta en una cabaña en mitad de un bosque. Minutos después, la protagonista se arrepiente, regresa a ese lugar y se dará cuenta de que las mujeres utilizan a los bebés para esconder un trauma familiar y para ganar dinero. Poco más. Porque, allá donde la historia se antoja escueta, la atmósfera gótica, el misterio inmanente de sus bellas y sucias imágenes, realza lo que es un cuento titubeante, alegoría de la maternidad, relato de mujeres que espían y que son espiadas. Quienes quieran bucear en su universo tienen a su disposición una nómina de símbolos como el chupete de nácar, el nido, la araña o las botellas vacías para buscar dobles sentido donde, tal vez, solo haya mera literalidad. Por parte del cineasta vasco, otro intento más, aunque con mayor tino, por reafirmar su discurso. Ese es su mérito y su gran talón de Aquiles: ser un verso libre en nuestra industria. Baby, para bien y para mal, es cien por cien Bajo Ulloa. Le sobra inventiva. Le falta un hervor. El debate está servido. 




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jueves, 7 de mayo de 2020

CRÍTICA | ARLINGTON ROAD. TEMERÁS A TU VECINO, de Mark Pellington



Paranoia terrorista (antes del 11-S)
ARLINGTON ROAD. TEMERÁS A TU VECINO
3 nominaciones a los Saturn Awards: película, guion y actriz secundaria
EE. UU., 1999. Dirección: Mark Pellington Guión: Ehren Kruger Música: Angelo Badalamenti Fotografía: Bobby Bukowski Reparto: Jeff Bridges, Tim Robbins, Joan Cusack, Hope Davis, Robert Gossett, Spencer Treat Clark, Mason Gamble, Stanley Anderson Género: Thriller Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 14/05/1999
¿De qué va?: Michael, un profesor que acaba de enviudar, socorre a un chico con la mano quemada. El niño es el hijo de los Lang, la familia que acaba de instalarse al lado de su casa. El hijo de Michael hace migas con el chaval, y Michael empieza a frecuentar la casa de sus vecinos. Todo cambia cuando el hombre cree que los Lang esconden algún secreto.

lunes, 16 de diciembre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (X) | NETFLIX: ¿DÓNDE ESTÁ MI CUERPO?, EN LA HIERBA ALTA, EL CAMINO y FRACTURA


¿DÓNDE ESTÁ MI CUERPO?
Francia, 2019. Dirección: Jérémy Clapin
Sección: Oficial a concurso


Antes de figurar en todas las ternas a la mejor película de animación del año, ¿Dónde está mi cuerpo? se presentó en la sección oficial competitiva de Sitges. La nota era prometedora desde el inicio, ya que lo más habitual es que el festival catalán redirija las cintas animadas a los escaparates que suele dedicar a todo tipo de cartoon. No cuesta imaginar qué virtudes vieron los miembros del comité seleccionador de Sitges para llevar el trabajo de Clapin a la primera trinchera del certamen: un uso extraordinario de los colores y la atmósfera, un ambiente cercano a la distopía y una trama que funciona como cuento y crítica de la soledad de nuestros cuerpos, con o sin alma, enteros o cercenados. El vagar sin rumbo de una mano amputada es el hilo conductor de una de las propuestas más personales que haya defendido Netflix en su corta pero intensa historia. Que los movimientos de esa masa de dedos sin dueño tengan atisbos de humanidad, aun cuando no hay ningún rostro que exprese euforia o pesadumbre, es un logro del que Clapin puede presumir en su Francia natal o en el mismísimo Hollywood. Porque, en este caso, de Sitges al cielo: esperemos que ¿Dónde está mi cuerpo? encuentre la solución al enigma en el patio de butacas del Dolby Theatre. 



EN LA HIERBA ALTA (IN THE TALL GRASS)
EE. UU., 2019. Dirección y guion: Vincenzo Natali
Inauguración fuera de concurso


Hace dos décadas, Vincenzo Natali presentó en Sitges Cube, a la postre uno de los filmes de género fantástico más relevantes de los 90. Tras trabajar en la realización de distintas series norteamericanas, el todopoderoso Netflix le ha abierto las puertas para regresar al largo con En la hierba alta, enésima traslación a la gran pantalla del universo del escritor Stephen King. Este estreno y Cube establecen una accidental relación: el patrón consiste en encerrar a unos personajes en un espacio amenazante que se va transformando cada pocos segundos, ahora con una claustrofobia al aire libre muy original. Por ello, de la cinta sorprende y convence el uso de los espacios, los juegos de cámara, los bucles temporales (especialmente relevantes en su primer tercio) y la apuesta por un terror contenido, sin escenas que expliciten por la vía de la sangre o de la histeria el estado anímico de los personajes. En el otro lado de la balanza, la descripción de los pocos individuos que están atrapados en un campo de Kansas y los apuntes místicos (¡esa roca!) son tan unidimensionales que, a medida que avanza, el espectador construye una coraza que le inmuniza con respecto a todo lo que sucede en pantalla, como una capa alta y frondosa de hierba. Normal que, con todo lo dicho, los asistentes del festival se sintieran decepcionados, más si cabe después de haber visionado en Sitges inauguraciones tan imponentes como las de La bruja, La forma del agua o Suspiria. En la hierba alta, eso sí, permitió a la dirección del certamen traer a la ciudad al actor Patrick Wilson y, cómo no, exportar la marca Netflix. Quedamos a la espera de que la plataforma reina financie un verdadero filme de terror, sin miedo a rebasar los márgenes de lo políticamente correcto.



EL CAMINO: UNA PELÍCULA DE BREAKING BAD
EE. UU., 2019. Dirección y guion: Vince Gilligan
Sesión especial

Para los asistentes de Sitges, El camino funcionó como película de clausura, no se sabe si de forma premeditada o espontánea por parte de la organización del festival. Pese a llevar veinticuatro horas disponible en la plataforma Netflix, el público abarrotó el Auditori para aplaudir a Aaron Paul y visionar uno de los eventos culturales del otoño. Disfrutada en pantalla grande o pequeña, El camino pone de manifiesto el talento de Vince Gilligan a la hora de expandir el universo de Breaking Bad sin traicionar a sus protagonistas. El filme se vive precisamente como una coda amable, un guiño a los fans y la posibilidad de pasar dos horas más con un personaje que, a la sombra de Walter White, tiene ganado el afecto de una amplia mayoría. La narración se escinde en dos, con un montaje paralelo nada televisivo que puede confundir a todos aquellos que no recuerden con exactitud los sucesos del último episodio de la serie. El final, además, tiene cuerpo de despedida definitiva, aunque la propia existencia del filme permite discutir hasta qué punto se deben estirar tramas que estaban más que cerradas. En resumen, una película satélite que no engrandece las virtudes de Breaking Bad, aunque contribuya a mitificarla y probablemente la acerque a una generación que, por edad, no siguió los capítulos originales en sus emisiones semanales. Ojalá el periplo de Pikman y los suyos termine aquí, en una huida que, al no resolverse, tiene visos de eternidad.



FRACTURA (FRACTURED)
EE. UU., 2019. Dirección: Brad Anderson
Sección: Oficial fuera de concurso

Brad Anderson es uno de los reyes del thriller psicológico. Session 9, El maquinista y Transsiberian contribuyeron al cine paranoico que contextualizó el audiovisual posterior al 11-S. Entre las series que ha dirigido se encuentran títulos importantes como Fringe, The Killing o The Sinner, de tonos y temas similares. Y ahora, con la irrupción de Netflix, el director regresa al largometraje con Fractura, una película que continúa y amplia su universo. Sam Worthington interpreta a un padre de familia que acude a un hospital con su hija, que acaba de sufrir una aparatosa caída en los alrededores de una gasolinera. La mente le jugará una mala pasada y el personaje empezará a poner en tela de juicio sus acciones y la de todos los trabajadores del centro de salud. Entre giros, sorpresas y un presunto secuestro, Anderson fuerza los resortes de un pater familias superado por las circunstancias, metáfora del hombre blanco norteamericano que pierde el control de su vida y deja de tener el beneplácito de los suyos. Algunos considerarán que el guion fuerza en exceso las alucinaciones y los equívocos del protagonista, pero en verdad es un formalismo del propio subgénero: si acaso puede cuestionarse que Anderson, tras dos décadas de experiencia entre bambalinas, facture un misterio bastante conservador en el plano formal. Eso sí: se agradece que todavía lleguen a salas y plataformas cintas de suspense en el sentido más hitchcockiano del término. Fractura no rompe moldes, y aún así es un entretenimiento más que digno.


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lunes, 21 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (IX) | EL SITGES CANNOIS: LE DAIM, LUX AETERNA, LES PARTICULES e YVES


LE DAIM (DEERSKIN)
Francia, 2019. Dirección y guion: Quentin Dupieux
Sección: Oficial a concurso

El cine de Quentin Dupieux es una suma de anécdotas. Sin más. Para algunos, un defecto; para otros, su seña de identidad. Le daim, como el resto de su filmografía, se construye sobre una boutard: un hombre paga siete mil euros por una cazadora de piel de ciervo y decide hacer y decir cosas sin cordura aparente. La marcianada alcanza cuotas metacinematográficas cuando el protagonista, que ama su chupa por encima de todo, decide rodar una película con la ayuda de una camarera. Dupieux parece estar citándose a sí mismo, quitándose importancia y diciéndonos mediante la técnica del alter ego que él no es un verdadero cineasta, que solo quiere provocar (estar a favor de un tipo que prefiere las pieles naturales a los tejidos artificiales, en el plano simbólico, es una postura a contracorriente) y que su éxito es fruto de un error (en el filme, la admiradora que interpreta Haenel cree estar viendo una gran película porque el protagonista Dujardin se lía a tortas ante la cámara con otro señor). Y si seguimos ese camino, obligatoriamente hay que interpretar el final como una cita catastrofista en la que el propio Dupieux profetiza su muerte a manos de sus fans. Parece mentira, pero los 70 minutos de Le daim darían para una tesis doctoral. La clave es si a Dupieux solo le interesan las chanzas o si en verdad hay sentido entre tanto sinsentido. Quien escribe cree que el director francés no se toma en serio a sí mismo y que, en su caso, las metáforas son bonitos accidentes, casualidades en las que solo reparan los críticos de turno. Tal vez resolvamos el misterio en el siguiente objeto audiovisual no identificado que filme Dupieux.



LUX AETERNA
Francia, 2019. Dirección y guion: Gaspar Noé
Sección: Oficial fuera de concurso

Libérrimo, anárquico, incómodo, provocador. Gaspar Noé admite pocas presentaciones. Solo él puede grabar un filme de 50 minutos en pocos días y montarlo a una velocidad récord para su presentación en el Festival de Cannes. Solo él conseguiría que Charlotte Gainsbourg y Béatrice Dalle, dos actrices muy solicitadas, decidieran aparcar su agenda para rodar una película sin guion. Y tan solo el director de Clímax puede pisar el cine Prado de Sitges y ser recibido entre vítores y gritos de "eres el puto amo", como si fuera una estrella del futbol o del rock. Lux Aeterna, divertimento apócrifo, nos sumerge en un rodaje caótico. De aderezo, caminatas por pasadizos y dilatados diálogos, pantallas partidas y luces de neón parpadeantes no aptas para epilépticos. Para reflexionar sobre el arte de la representación, el poder de la destrucción y las bases de la manipulación. Para, a lo mejor, simplemente molestar: como dice el propio Noé, "esto es solo una película". Un mediometraje que se ve desde la curiosidad y se recuerda como una pesadilla. Porque únicamente Noé puede tomarnos el pelo y al mismo tiempo darnos la sensación de que hemos sido afortunados por visionar otra de sus paranoias.



LES PARTICULES (PARTICLES)
Francia, 2019. Dirección: Blaise Harrison
Sección: Oficial a concurso

A juzgar por los comentarios escuchados tras su proyección, Les particules fue una de las películas de la sección oficial sitgense más detestadas. Sin ánimo de crear controversias, el problema tal vez resida en el contexto: el festival catalán no beneficia a propuestas en las que el género, aunque presente, no termina de eclosionar. Y precisamente de eso, de explosiones espontáneas y de partículas que colisionan, habla una cinta de la que a priori cuesta establecer una línea argumental clara. La dirección de fotografía con planos aéreos majestuosos, el paisaje nevado que hace frontera entre Francia y Suiza, la música electrónica que a veces se asemeja a un ruido y el casting de actores, chicos de caras barrocas y cuerpos desgarbados, suman magia y misterio a este cuento sobre ese tiempo adolescente en el que no pasa nada y al mismo tiempo sucede todo. Su director filma a los adultos de espaldas, escondiendo sus caras o directamente subrayando su ausencia; y la película, en su abstracción, captura parte de ese desarraigo, un desamparo profundo. Mientras, en la superficie, vemos un grupo de amigos que se desintegra por culpa de una desaparición a la vez que el protagonista encuentra la que pueda ser su alma gemela; y, sin hacer ruido, en el subsuelo, se esconde el acelerador de partículas más grande del mundo que abastece de electricidad a todas las poblaciones de la zona. Las lecturas entre lo oculto y lo evidente dependen de la sensibilidad y de la paciencia de cada uno. ¿Pedantería o genialidad? Para nosotros, lo segundo. Título, para más señas, venido de la Quincena de Realizadores de Cannes.



YVES (ALL ABOUT YVES)
Francia, 2019. Dirección y guion: Benoit Forgeard
Sección: Oficial a concurso

En Cannes también pudo verse Yves, de nuevo con escala en Sitges (aquí, conocida entre los acreditados como "la película de la nevera"). El trasunto del filme bien podría ser una ocurrencia que su director dio forma una noche de borrachera con amigos. En pantalla, un frigorífico inteligente ayuda a un joven rapero, se queda con su novia, gana Eurovisión... y entre todos hacen un trío. Se supone que todo esto es una parodia del show business, pero en muchos momentos cuesta encontrarle la gracia y la semántica a tal despropósito. Como comedia, la película nunca se deshace de su seriedad. Como película fantástica, siempre resulta demasiado realista. Y en algún punto de esa medianía, Yves se las ingenia para resultar un producto inofensivo, uno más de los tantos que factura la industria francesa cada año (en ese cómputo, compensa el trabajo de William Lebghil, que muchos descubrimos en la reciente Mentes brillantes). Tan insípida e incolora que, horas después de su visionado, costaba recordarla. La prueba de que no todas las ideas son buenas y que no siempre el cine francés merece los halagos que se le dedican casi por defecto. Si el término "frikada" puede usarse como improperio, no hay palabra mejor para definir Yves. Recemos para que nuestros vecinos no ingenien versiones similares con microondas, televisores y otros trastos parlanchines.


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sábado, 12 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (VII) | FANTÁSTICO EUROPEO: DOGS DON'T WEAR PANTS, ADORATION, SUICIDE TOURIST, THE ANTENNA y PELICAN BLOOD


DOGS DON'T WEAR PANTS
Finlandia, 2019. Dirección: J-P Valkeapää
Sección: Noves Visions (ganadora mejor película)

A excepción de las películas de Aki Kaurismäki, en España tenemos muy pocas oportunidades para acercarnos a la cinematografía finlandesa. Con respecto al cine del director de Un hombre sin pasadoDogs Don't Wear Pants comparte muestrario de personajes traumados, diálogos lacónicos, relaciones paternofiliales viciadas y un sentido de humor extravagante. Parece poco, pero es mucho. A ese compendio, J-P Valkeapää suma una historia de sadomasoquismo con escenas muy explícitas. Juha, un cirujano viudo y padre de una adolescente, se encapricha de Mona, una dominatrix de armas tomar. El rol de ama y sumiso les ayuda a ambos a abrir su cerrajón emocional, aunque por el camino el espectador deba sufrir con la extracción de un diente sin anestesia, una uña arrancada, una espalda llena de cera ardiendo y otras lindeces. Delicatessen sitgense y plato de difícil digestión en cualquier otro contexto. Quedan, eso sí, las ganas por descubrir más cineastas y títulos venidos de Finlandia y confirmar hasta qué punto la sociedad de Helsinki y alrededores, tan modélica en determinados ámbitos, está o no, con perdón, como una regadera.



ADORATION
Bélgica, 2019. Dirección: Fabrice Du Welz
Sección: Oficial a concurso (premio especial del jurado, fotografía, mención a los actores, Mèlies d'Argent)

Fabrice Du Welz cuenta con una nutrida parroquia de seguidores en Sitges desde que presentara su ópera prima Calvario. Ninguna de sus películas, ni tan siquiera aquellas que ha rodado con presupuestos holgados y con vistas a llegar a todo tipo de audiencias, pueden considerarse convencionales. Existe un sello Du Welz, pero sus estrenos siempre terminan sorprendiéndonos. Ese estupor pudo palparse en el pase de Adoration, una cinta en la que el horror queda "en off". El director explica pocos detalles de sus personajes y trabaja la atmósfera a partir de la cámara en mano, la música ambiental y una extraordinaria dirección de intérpretes (Thomas Gioria y Fantine Harduin, descubiertos respectivamente en Custodia compartida y Happy End). La fuga de dos adolescentes da pie para cuestionarse el grado de salud mental de nuestra sociedad: los mayores se intuyen negligentes, mientras que el desconocimiento de los menores hace que sus acciones y comportamientos resulten extraños, incluso inquietantes. Quienes busquen un giro de trama, un subterfugio gore o cualquier alerta que invite a dar un brinco en la butaca, sin duda saldrán decepcionados. No es una película de entendimiento y digestión inmediata: deja huella, evoca temas y sensaciones, crece a medida que se recuerda. El debate post visionado más interesante de la edición. La "adoraremos", ya lejos del Auditori, en futuras revisiones.




SUICIDE TOURIST
Dinamarca, 2019. Dirección: Jonas Alexander Arnby
Sección: Oficial a concurso

Nikolaj Coster-Waldau ha sustituido el medievo de Juego de tronos por el mediterráneo de Sitges. Con varias semanas de antelación con respecto a su lanzamiento en Dinamarca, Suicide Tourist ha irrumpido en el certamen en calidad de contendiente de la sección oficial a concurso. El director de Cuando despierta la bestia firma la debacle existencial de un hombre que se traslada a un hotel en mitad de la nada para suicidarse. Tiene dudas, en su débil mente se unen las dudas del presente con los traumas del pasado... y por el camino descubrirá la trastienda de la institución que supuestamente debe asistirle hasta su último suspiro de vida. Empieza como un drama confuso, sigue como thriller apesadumbrado y acaba con estampas que, por sus colores y humores, recuerdan aunque sea vagamente al cine de Lanthimos. El resultado es una mezcolanda atractiva aunque deslavazada, otra historia más de depresión y fantasías mortíferas venidas de unos países nórdicos que, al menos en lo fílmico, son poco dados a la alegría. A Coster-Waldau, vaya, le vendrá de perlas darse un bañito en la playa de San Sebastián. Mientras, en la oscuridad de las salas de la ciudad, la película se ha recibido con más pena que gloria. Le auguramos un salto directo a plataformas.



THE ANTENNA (BINA)
Turquía, 2019. Dirección y guion: Orcun Behram
Sección: Oficial a concurso


El cine turco siempre "sale rana" en el Festival de Sitges. Pese a ser una cinematografía con larga tradición de producciones fantásticas, la gran mayoría nunca llegan a las salas de occidente o directamente son copias locales de títulos muy conocidos. The Antenna se presentó como ópera prima inspirada en Lynch y Cronenberg, también como una sofisticación de toda la tradición del terror de su país; consideraciones que, con la película visionada, se intuyen más que exageradas. Tras la instalación de una antena parabólica en un edificio, todo el bloque es atacado por una babosa espesa de color negro mientras el conserje se dedica a recorrer todas las estancias en un lánguido e insoportable tramo final. The Antenna, desvestida de artificios, aspira a ser una crítica a los medios de comunicación, a los regímenes totalitarios y al uso de la televisión como propaganda política. Un mensaje loable para una cinta que se sufre, en el peor de los sentidos. A título personal, una de las peores películas de la sección oficial, por mucho que aporte heterogeneidad y exotismo a un menú tan variado como el que ofrece Sitges año tras año. Hemos aprendido la lección: a partir de ahora nos abstendremos de cualquier filme turco en el certamen.



PELICAN BLOOD (PELIKANBLUT)
Alemania, 2019. Dirección y guion: Katrin Gebbe
Sección: Oficial a concurso


Nina Hoss presentó esta Pelican Blood en Venecia y ganó el premio a la mejor actriz en San Sebastián por La audición con muy pocos días de diferencia. A muchos todavía no les suena su nombre, pero su currículum habla por sí solo. Ella siempre es la promesa de una buena experiencia en la oscuridad de la sala. Y apelando a esa esperanza, uno empieza a ver Pelican Blood creyendo que a sus responsables les interesa el drama de una mujer que doma caballos y que, paradójicamente, es incapaz de controlar a su hija pequeña recién adoptada. Poco a poco, el filme va enseñando sus intenciones de género (hay un espectro en la casa, la niña presenta comportamientos muy extraños y extremos), y aún así el drama sigue imponiéndose. Pero llega la resolución final y la cineasta Katrin Gebbe se entrega definitivamente al cine de terror (spoiler: hay un exorcismo) de una forma muy gratuita. El resultado es una película un tanto tramposa, sobrada de metraje, en la que uno no sabe exactamente hasta qué punto tiene sentido, ya no su giro de tono, sino el hecho de que su protagonista, tan pragmática y paciente, decida creer que todos sus problemas se pueden resolver por ciencia casi infusa. Su directora lo cree. El público, difícilmente. Y nosotros seguimos dirimiendo si Pelican Blood es una tragedia valiente sobre el sacrificio y el adiestramiento o un circo de cuidado. Suerte que en pantalla aparece Nina Hoss, aunque esta vez sus tablas puede que no sean suficientes para salvar el desastre. En el cine, como en la vida, a veces las dudas son más poderosas que la realidad.


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viernes, 11 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (VI) | COMEDIAS GAMBERRAS: NOCHE DE BODAS, LITTLE MONSTERS, GUNS AKIMBO, CORPORATE ANIMALS y COME TO DADDY


NOCHE DE BODAS (READY OR NOT)
EE. UU., 2019. Dirección: Tyler Gillett y Matt Bettinelli-Olpin
Sección: Oficial a concurso

De todo lo visto estos días en Sitges, probablemente Noche de bodas sea la única película que llegue a un amplio abanico de pantallas y plataformas en España. Su fórmula: un humor a contracorriente, aunque identificable para el gran público; el apoyo de una distribuidora generalista, que suele ampliar su catálogo con alguna excentricidad coincidiendo con la cercanía de Halloween; y un elenco artístico y técnico con empaque, por mucho que su génesis esté en un cine extremo, muy lejano del blockbuster. Con estas señas, y sabiendo que esta invitación de casamiento tiene gato y muchos litros de sangre encerrados, Noche de bodas no debería coger desprevenido a casi nadie (si se han cotilleado detalles de la trama viendo su tráiler o leyendo comentarios en redes sociales, todavía menos). Lo que sí sorprende es que, en el fondo, el filme de Gillett y Bettinelli-Olpin sea una versión de aquello tan viejo de "con la familia hemos topado". Nada más, y puede que nada menos. Ciertamente, la historia nunca decae, alcanza cuotas de desenfreno mayor a medida que avanza y termina con el despiporre que prometía desde el inicio, aunque nada va más allá del chiste burdo, del gag de brocha gorda, de la anécdota reiterada hasta la saciedad. Una velada más curiosa que satisfactoria, más simpática que tronchante, no tan sutil e ingeniosa como se ha escrito... y cabe imaginarse que sus responsables creían tener entre manos un producto rompedor. Que vivan los novios, aunque solo sea por pocas horas.




LITTLE MONSTERS
Australia, 2019. Dirección y guion: Abe Forsythe
Sección: Oficial a concurso

En Sitges se aplaude casi todo: frases lapidarias, guantazos, cuchilladas y un muestrario amplio de barbaridades. Viva lo políticamente incorrecto. Lo que pasa en Sitges, se queda en Sitges. Ante tal panorama, es de imaginar que una película como Little Monsters, trufada de chanzas y momentos cumbre, haya sido uno de los puntos álgidos de esta edición de 2019. En pantalla, un tipo desastroso intenta seducir a la maestra de preescolar de su sobrino, con la mala suerte de que todos, adultos y niños, se verán inmersos en una epidemia zombi. No hay espacio para las sutilezas ni para dobles lecturas: solo diversión a raudales. Y, a diferencia de otras gracietas sin sustancia, Little Monsters es sincera, tiene ingenio y consigue que nos sintamos un pequeño más en mitad del desastre. Lupita Nyong'o, ukelele incluido, va camino de convertirse en una musa del nuevo cine de género (porque todos llevamos un héroe dentro, pero también un ser tan mezquino como ese actor que da vida a un ídolo infantil). Moraleja: no perdamos nunca la inocencia de los niños pese a la locura que nos rodea. Taylor Swift está esperando pasar por caja para cobrar los royalties. El resto, cuando llegue a los cines, pasad sí o sí por taquilla. 



GUNS AKIMBO
Nueva Zelanda, 2019. Dirección y guion: Jason Lei Howden
Sección: Òrbita

Os confieso que nunca fui un gran aficionado a los videojuegos. De niño tuve Game Boy, pero poco más. Por eso me cuesta empatizar con el cine que reproduce los ritmos, las estéticas y las lógicas de las consolas. Celebro en cambio que Guns Akimbo, cuya trama sigue las andanzas de un chico que es captado por los responsables de un juego de rol en red, me meta en una montaña rusa desde el minuto uno y reivindique en cada uno de sus fotogramas que sus bases, esas que no entiendo ni comparto, son precisamente las que la película precisa. Guns Akimbo necesita de espectadores juguetones que se dejen llevar por todos los giros y sinsentidos de la historia. Los colores saturados, los cambios de tempo y la gran ejecución de las escenas de acción corren a cargo y son mérito exclusivo de Jason Lei Howden, un director que no tardará en recibir ofertas de varios ceros desde Los Ángeles. Y si a pesar de lo dicho seguís creyendo que Guns Akimbo no es para vosotros, o que "para qué ver la historia de un tipo al que le implantan dos pistolas en las manos y va dando saltos a diestro y siniestro", debéis saber que Daniel Radcliffe, estupendo como siempre, sigue engrandeciendo su leyenda con papeles que casi ninguna estrella joven de Hollywood aceptaría. Con él, jugamos una partida de lo que sea. Ir al cine, en el fondo, es eso: jugar y dejar que jueguen contigo. Guns Akimbo, llamémoslo "placer culpable" o como queráis, ha sido uno de los visionados más gozosos de Sitges 2019. 



CORPORATE ANIMALS
EE. UU., 2019. Dirección: Patrick Brice
Sección: Oficial a concurso 


Patrick Brice, famoso por dirigir la serie Room 104 y las dos entregas de Creep, sigue vinculado al fantástico y a la comedia inclasificable con Corporate Animals, la recuperación de Demi Moore para la gran pantalla. Los miembros de una empresa de cubertería de usar y tirar (ojo: ¡ecológica!) asisten a una reunión en Nuevo México. Se trata de una excursión en plena naturaleza para reforzar los lazos de grupo, el trabajo cooperativo y todos esos términos (anglicismos) que están tan de moda en el mundo de los negocios. Pero (y ahí entra el humor) todo se viene abajo cuando los "compis" de oficina se quedan encerrados en una cueva bajo la supervisión de su jefa, una Demi Moore hipócrita, megalómana e insoportable. El discurso da cuerpo a todo el metraje, pero la cuestión social pierde en favor de una comedia que, a la práctica, funciona como una sitcom "de manual", con referencias pop y pocas salidas de tono. Resta la sensación de que Corporate Animals no pudo o no quiso llevar su premisa hasta las últimas consecuencias, con una ironía o una apuesta de género que verdaderamente hiera. Nos quedamos de largo con Moore, una intérprete tan cuestionada que podría encontrar un filón en la ficción de serie B, riéndose de su persona-personaje, desmitificando la estrella que fue hace un par de décadas. Comedia con mordida, sin mordiente. 



COME TO DADDY
Canadá, 2019. Dirección: Ant Timpson
Sección: Oficial a concurso

Muchos se toman a broma el Festival de Sitges. Es fácil decir que en los cines y en los alrededores del festival se concentran solamente fans del fantástico. Incluso puede caerse en la obviedad de considerar que la gran cantidad de pases (inabarcables) o la popularidad de algunos eventos paralelos (sobre todo la Zombie Walk) desvirtúa el funcionamiento de lo que, a priori, es solo una muestra cinematográfica, aunque esté consagrada a un género concreto. Lejos de todo esto, Sitges es un contexto perfecto para saber qué ocupa y preocupa en la actualidad, y cómo esos miedos se expresan en el plano audiovisual, ya sea para desmitificarlos o dotarlos de la trascendencia que se merecen. Siguiendo esta lógica, no costaría escribir que Come to Daddy es otra comedieta más para públicos frikis, que sus salidas de tono están estudiadas para arrancar la carcajada de las masas enfervorecidas (en Sitges, más expresivas si cabe) y que al final de sus excentricidades hay poca cosa, solo el efecto de unos fuegos artificiales desvaneciéndose en el cielo. Rompamos moldes. En realidad, Come to Daddy es una reflexión sobre la familia desestructurada de nuestros tiempos, uno de los temas más repetidos este año en la ciudad catalana. Que nadie le quite la importancia que tiene por culpa de gags como la rotura de dedos, la trampilla en el comedor (a lo Parásitos) o los chistes en el motel (a lo Tarantino): no hay escena más lapidaria que aquella en la que el padre (buscado, perdido y luego reencontrado) le explica a su hijo por qué vivió treinta años lejos de él entre algodones (un diálogo que viene a desmontar las tonterías de toda una generación, esa que encarna el eterno niño Elijah Wood de estética hipster). En síntesis, la película es un coming out en forma de guantazo en toda la cara. Tened en cuenta esta Come to Daddy. O sea: tomárosla como una broma muy seria.


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miércoles, 9 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (V) | DOCUMENTALES: MEMORY: THE ORIGINS OF ALIEN, LEAP OF FAITH, MAKING WAVES y SESIÓN SALVAJE



MEMORY: THE ORIGINS OF ALIEN &
LEAP OF FAITH: WILLIAM FRIEDKIN ON THE EXORCIST
EE. UU., 2019. Dirección: Alexandre O. Philippe
Sección: Oficial fuera de concurso


Alexandre O. Philippe nos apasionó con 78/52, el análisis pormenorizado y lúdico de la escena más famosa de Psicosis. Este año en Sitges ha presentado dos películas, ambas consagradas al estudio de dos clásicos del cine fantástico, una coincidencia que reivindica su nombre como uno de los directores más importantes de la contemporaneidad, sin importar géneros o formatos. Memory: The Origins of Alien es un ensayo sobre la mitología de Alien, su concepción, creación, contexto y aportación a la historia del cine, a la vez que no renuncia a las tradicionales entrevistas a cámara y relato de anécdotas del rodaje. En paralelo, Leap of Faith: William Friedkin on The Exorcist se articula sobre una charla que el director mantuvo con Friedkin durante seis días, un encuentro que en pantalla se traduce en un divertido a la par que cerimonioso monólogo en el que el oscarizado cineasta desvela sus referencias pictóricas y cinéfilas, habla sobre la fe y la vida y, sobre todo, narra cómo fue el proceso de filmación de El exorcista. Philippe se muestra igual de cómodo explorando los secretos de la nave Nostromo que conversando en la intimidad con uno de sus mentores. Ambas obras, vistas por separado o en conjunto, ponen de manifiesto la importancia de (re)visionar el cine de antaño con vocación pedagógica, con la mitomanía justa y necesaria, animando a las nuevas generaciones a bucear en las bases del cine de terror para entender los fotogramas del presente. Dos piezas audiovisuales de lujo para todo amante del séptimo arte, porque Philippe ama el cine, contagia su pasión y, por el camino, consigue acercarnos a las personas que lo hicieron y hacen posibles. Asistir a un festival o a una sala de cine en pleno siglo XXI sigue teniendo sentido gracias a películas y sensibilidades como las de Philippe.



MAKING WAVES: THE ART OF CINEMATIC SOUND
EE. UU., 2019. Dirección: Midge Costin
Sección: Oficial a concurso

Sabemos muy poco de la técnica del sonido en el cine, incluso a muchos nos cuesta diferenciar qué se premia en las categoría de sonido y efectos sonoros en los Óscar. Making Waves ayuda a conocer desde dentro qué hay detrás de esta disciplina y cómo ha evolucionado desde los tiempos mudos hasta la revolución digital de nuestros días. El documental reivindica el cine como un medio en constante (r)evolución tecnológica que se ve y sobre todo se escucha, y por el camino celebra la industria de Hollywood y aquellos nombres que en algún punto del siglo pasado contribuyeron al audiovisual. Tal vez ese sea el punto más discutible del metraje: en el fondo, Making Waves es una exhibición de poder por parte de Hollywood y mantiene incólumes el mito de gran parte de sus estrellas (no es casualidad que solo se citen filmes nominados por parte de la Academia y se eludan otros títulos del ámbito independiente). Igualmente, ver en pantalla grande escenas de películas míticas es un gozo que a muchos nos lleva incluso a la lágrima. Cualquier amante del cine aprenderá y disfrutará con Making Waves. ¿Para cuándo un filme similar sobre la tan cuestionada gestión del sonido en el cine español?



SESIÓN SALVAJE
España, 2018. Dirección: Paco Limón y Julio César Sánchez
Sección: Oficial fuera de concurso

Amenábar argumentaba a colación de Mientras dure la guerra que la sociedad española tiene un conflicto con sus símbolos nacionales. Si el cine, además de ser una industria, ostenta el estatus de símbolo, por representar la idiosincrasia y las evoluciones de un país, documentos como Sesión salvaje bien merecen figurar en la lista de visionados obligatorios en institutos, escuelas de cine y alrededores. En apenas 80 minutos, Paco Limón y Julio César Sánchez condensan una ingente cantidad de películas que dice mucho, o muy poco, de lo que somos y fuimos. Se reivindica, en síntesis, el western, el terror, la ola quinqui, las obras del Destape y la mal llamada "españolada", todo con las dosis justas de nostalgia y crítica. El metraje avanza frenético: hay mucho que contar y sus artífices hacen gala de un entusiasmo superlativo, siempre contagioso. El resultado es un viaje de fotogramas, entrevistas y efemérides desde la censura franquista hasta la Transición, un gozo absoluto que el espectador puede y debe completar visionando todos los títulos que se citan (algunos, míticos; otros, desconocidos). Nos sumamos al sentido comentario de Ángel Sala en el Auditori del Festival de Sitges: nuestra ficción y sus gentes se merecen muchos más filmes como Sesión salvaje. También nuestros símbolos: por eso Sesión salvaje sabe a reconciliación, a justicia poética, a estudio de un pretérito que debemos preservar.


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