miércoles, 26 de noviembre de 2014

CRÍTICA | LA PARTIDA (THE LAST MARCH), de Antonio Hens

Fresa y chocolate, 20 años después...
LA PARTIDA (THE LAST MATCH), de Antonio Hens
España, 2013. Dirección: Antonio Hens Guion: Abel González Melo y Antonio Hens Fotografía: Yanevis González y Raúl Rodríguez Reparto: Reinier Diaz, Milton García, Toni Cantó, Luis Alberto García, Mirta Ibarra Género: Drama social. Romance Duración: 90 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 21/03/2014
¿De qué va?: La Habana, en la actualidad. Reinier vive en la casa de su novia y su suegra. Para ganar un dinero extra, se ofrece como chapero cada noche por las calles más concurridas de la ciudad. La situación de Yosvani, su amigo con el que juega a fútbol en un descampado, es parecida: tiene pareja y vive en la casa del padre de ésta. La relación de amistad termina convirtiéndose en una historia de amor. A escondidas, en lavabos, en azoteas y en momentos furtivos, los chicos se encuentran y sueñan con una vida distinta a la que tienen. Pero la realidad, las dificultades económicas, los tabúes sociales y las imposiciones familiares pondrán en peligro sus contados momentos de intimidad.


Hace catorce años, Antonio Hens presentó el cortometraje En malas compañías, una obra que levantó ciertas ampollas. De Hens esperábamos mucho, y aunque estaba destinado a ser uno de los nombres de referencia del queer cinema local no ha retomado esta senda hasta La partida, película que se estrenó esta primavera. Afortunadamente, la espera ha valido la pena. El contexto es diferente, ya que En malas compañías tenía a su favor el hecho de que pocos autores se hubiesen atrevido por aquel entonces a abordar temáticas y preocupaciones relativas a la realidad homosexual. La partida, por contra, es una pieza más del cada día más variado escaparate del cine LGBT, pero pronto se sabe diferenciar de sus compañeras. Es más: para quien escribe, es una de las mejores películas españolas del año.


Hens no sólo incluye una relación homoerótica, el aspecto más esperado por el 'target' del film, sino que dedica gran parte de su obra en trazar una descripción implacable de la Cuba reprimida y represora, llena de tabúes y acuciada por la precariedad moral y material. El film, a medio camino entre la tragedia gay y el drama social, sabe equilibrar una historia con muy buenas intenciones y resultados más que notables. Pocas veces el cine describe con tanta crudeza unos mecanismos sociales que ahogan a los protagonistas, y todavía menos obras tienen la pericia de utilizar ese marco para contar una historia de amor sin clichés, rehuyendo de estereotipos y proponiendo una matizada creación de personajes. Puede que formalmente sea mejorable, incluso podría sancionarse la credibilidad de algunas interpretaciones o el tremendismo de algunos pasajes, pero La partida convence por su franqueza. Se intuye una obra rodada bajo mínimos, y aún así enamora la rotundidad de su mensaje y el cariño con el que trata a sus criaturas. Junto a Azul y no tan rosa, una de las sorpresas más notables del cine hispano. Un interesante tanteo a esa Cuba 'arco iris' que el cine no reflejaba desde Fresa y chocolate.


Para los que echaban de menos a Antonio Hens (éramos muchos).
Lo mejor: La combinación equilibrada de drama social y historia de amor.
Lo peor: No esquiva los trucos del cine romántico, pero suple todo ello con una notable espontaneidad y frescura.


martes, 25 de noviembre de 2014

SEMANARIO 77: ESPECIAL 'LAS MEJORES DIRECTORAS'

¿Te perdiste algún escrito del blog? Con nuestro semanario puedes recuperar las distintas publicaciones de todas las semanas. En el margen derecho del blog, en la sección 'semanario', puedes (re)leer los distintos artículos ordenados.

CONTENIDOS DEL BLOG


Del 17 al 24 de noviembre de 2014

Estreno: Reseña de SERENA, de Susanne Bier
Estreno: Reseña de UN CUENTO FRANCÉS, de Agnès Jaoui
San Sebastián 2014: Reseña de EDEN, de Mia Hansen-Løve
San Sebastián 2014: Reseña de AIRE LIBRE, de Anahí Berneri
Cannes 2014: Reseña de LE MERAVIGLIE, de Alice Rohrwacher
Goyas 2015: Reseña de TODOS ESTÁN MUERTOS, de Beatriz Sanchís



lunes, 24 de noviembre de 2014

CRÍTICA | UN CUENTO FRANCÉS, de Agnès Jaoui

A falta de príncipes, sapos
UN CUENTO FRANCÉS (AU BOUT DU CONTE), de Agnès Jaoui
Francia, 2013. Dirección: Agnès Jaoui Guion: Agnès Jaoui y Jean-Pierre Bacri Fotografía: Lubomir Bakchev Reparto: Jean-Pierre Bacri, Agnès Jaoui, Arhut Dupont, Agathe Bonitzer, Benjamin Biolay Duración: 105 min. Género: Tragicomedia Tráiler: Link Estreno en España: 20/06/2014
¿De qué va?: Una joven cree haber encontrado a su príncipe azul al enamorarse de un músico de su misma edad. Su tía, una actriz de poco éxito, no entiende por qué su hija pequeña se pasa todo el día leyendo La Biblia. El padre del pretendiente está preocupado porque treinta años atrás una vidente vaticinó que moriría en pocos días. Estos y otros personajes protagonizan un film de encuentros y desencuentros.
Palmarés: Premio al mejor guion del Festival de Valladolid 2013.
El dato: La primera vez que coincidieron en la gran pantalla Bacri y Jaoui fue en Como en las mejores familias, a la que seguiría el premiado musical parisino On connaît la chanson. En los últimos cinco años, Jaoui sólo ha intervenido como actriz en la comedia Du vent dans mes mollets, mientras que Bacri se ha dejado ver en Adiós Gary, Cherchez Hortense y Avant l'aube, todos ellos inéditos en España.


Desde la irrupción a finales de los 90 de Para todos los gustos, Jaoui y Bacri, pareja en la vida real y una de las uniones cinematográficas más interesantes del panorama europeo, han conseguido mantenerse fieles al espíritu de su ópera prima y consolidar un estilo narrativo propio. En Como una imagen y Háblame de la lluvia continuaron ahondando en el alma de unos personajes bondadosos, ligeramente atormentados y casi siempre inmersos en un mosaico de historias cruzadas trazadas con diálogos ingeniosos, mérito por el que muchas veces han sido comparados nada más y nada menos que con Woody Allen. Jaoui y Bacri, tras aparecer en películas dirigidas por segundos, casi todas de perfil más familiar y comercial, amplían su filmografía con Un cuento francés, película que en España ha tenido un estreno casi simultáneo en salas de cine y plataformas digitales. 


Pese a que muchos, entre los que se encuentra este blog, esperábamos con ansias su regreso, y aunque en esta nueva propuesta se reconoce la firma de sus autores, Un cuento francés es con toda seguridad la obra menos satisfactoria de Jaoui y Bacri. En esta ocasión, los personajes parecen seguir patrones de conducta previsibles, y las tribulaciones que unen y separan a los diferentes protagonistas no resulta todo lo atractivos y convincentes que debería, a pesar de la presencia de algún que otro gag o línea de guion realmente ingenioso. Sus responsables tampoco consiguen dar el perseguido toque de realismo mágico que apunta el film en su primer tramo, seguramente porque algunos vértices del conflicto están poco perfilados (Benjamin Biolay, mejor cantante que actor, lidia con un personaje poco agradable) y porque las intenciones de Jaoui y Bacri siempre están más cerca del retrato ácido, incluso socarrón, que del romance sin concesiones. Desigual, y aún así un interesante menú de enredos afrancesados que se come y digiere con gusto.


Para abonados a la tragicomedia con distinción.
Lo mejor: Bacri en su eterno papel de 'refunfuñado con corazón'.
Lo peor: Muchas de sus líneas argumentales prometen más de lo que finalmente ofrecen.

Posts relacionados:
Reseña de HÁBLAME DE LA LLUVIA, de Agnès Jaoui
Reseña de PARA TODOS LOS GUSTOS, de Agnès Jaoui

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domingo, 23 de noviembre de 2014

LISTA: 10 CLÁSICOS DE LOS 90 QUE AHORA NO SOPORTAMOS

Películas que marcaron a toda una generación. Taquillazos, o bien films que posteriormente han sido muy reivindicadas. Tan reivindicadas y revisionadas que ya no las soportamos. Obras que han sido éxitos relativos para sus responsables, ya que paradójicamente han dado al traste con la carrera de diferentes actores y directores. Esos títulos inevitables que las televisiones reponen con mucha asiduidad, que figuran entre las favoritas de amigos y conocidos... y que ni que sea a base de hablar, oír hablar y verlas tantas veces, ya no podemos aguantarlas. Recordamos algunos de esos films noventeros en la siguiente lista. Aviso a navegantes: hablamos desde el máximo respeto y con el sentido del humor por delante. Lo que sigue no es una valoración cinematográfica: solo queremos exponer esas 'verdades' que muchos piensan y que pocos se atreven a confesar. ¡Empezamos!

 10. SOLO EN CASA (ALONE HOME), de Chris Columbus
¿Por qué renegamos de ella?: Cada Navidad se emite por la pequeña pantalla, y ahora da miedo pensar que Macaulay Culkin, el que fuera el hijo-nieto perfecto de muchos, ha terminado sus días con films y adicciones tan dudosas. ¿Cómo pudimos estar tan ciegos? ¿Cómo no nos dimos cuenta que el niñito era la mar de repelente? Y para horrorizarnos de lo lindo, solo hace falta rescatar las partes que surgieron a partir de este éxito del 1990 (todas infumables). Para muchos, un placer culpable que vivimos en la intimidad, como American Pie, Algo pasa con Mary, Ace Ventura, La máscara, Dos tontos muy tontos y otros despropósitos de los 90. Y en la lista, cómo no, podemos poner toda la filmografía de Chris Columbus 'en bloque': por citar dos films de esa década, Señora Doubtfire, papá de por vida y El hombre bicentenario. Al fin y al cabo, los que son niños y los que no somos tan niños fantaseamos con unas navidades sin familia, sin villancicos, sin bullicios y con una casa llena de cachivaches como la de la película.

 9. SHOWGIRLS, de Paul Verhoeven
¿Por qué renegamos de ella?: Ganar el Razzie a la peor película de la década tiene su mérito. Verhoeven filmó una de esas películas que uno no sabe si se toma muy en serio a sí misma o todo lo contrario, y si eso es bueno o malo. Tras Instinto básico, Verhoeven sorprendió a todos con este fetiche casposo (de esas películas que en Filmaffinity figura en los primeros puestos de infinidad de listas). Algunos la ven y la disfrutan. Otros la disfrutan... por lo mala que les resulta. Otros se ríen de ella a maldad. Otros se parten la caja porque piensan que es una comedia. Y a algunos, el propio debate sobre lo que es, lo que quería ser y lo que pudo ser Showgirls ya nos aburre. ¡Menudo lío! El único semifiasco de taquilla que, caprichos de la cinefilia, figura en la lista. ¿Cutre o sublime? Dejémoslo en tablas: una película de culto.

 8. EL PROYECTO DE LA BRUJA DE BLAIR, de D. Myrick y E. Sánchez
¿Por qué renegamos de ella?: No inventó el found footage, pero sí lo popularizó y lo convirtió en una constante del último cine de terror. Cuando hablamos de 'la bruja de Blair', la platea se divide entre los que apuntan a 'genialidad' y los que gritan 'timo'. Pese a esto, intuímos que hasta los que la criticaron tuvieron un poco de miedo viéndola, ni que sea un poco. Fue la primera película que utilizó internet como plataforma publicitaria y la jugada fue maestra: su presupuesto fue mínimo, y la recaudación final fue inmensa. Uno de esos éxitos que dan un poquitín de tirria. No abriremos debate sobre si Myrick y Sánchez (desaparecidos en combate, por cierto) hicieron una obra de arte o una manipulación sin sentido, pero es indudable que su influencia sigue coleando (Paranormal Activity, Rec o Monstruoso la tuvieron como referente principal). Seguro que muchos críticos de cine la eliminan a propósito de sus publicaciones, pero pese a quien le pese, guste más o menos, el 'proyecto' amateur de dos fanáticos del cine de terror ha dado muchísimo juego.

7. TORRENTE, EL BRAZO TONTO DE LA LEY, de Santiago Segura
¿Por qué renegamos de ella?: Santiago Segura pasó de graciosillo metomentodo a megalómano de cuidado con Torrente, caricatura de la España cañí que todavía se resiste a morir. En pleno aluvión de títulos de Óscar, la película tuvo una asistencia en salas impresionante. Era, vaya, la película que bien por divertida o por incómoda (o por ambas cosas) estaba en todos lados, en las conversaciones de los bares, en las páginas de los periódicos y en las tertulias televisivas. Luego vino la 'Misión en Marbella', el personaje se exprimió demasiado, y hemos llegado a un punto que muchos no pueden ni oír hablar del policía más guarro e incorrecto de nuestro cine. Para muchos, un notable reciclaje de la españolada de antaño. Para otros, una españolada más. Segura reivindica un cine popular, pero gustar a todos es misión imposible. Eso sí: casi todos podrían recitar de corrillo el '¿nos hacemos unas pajillas?', entre otras lindezas. Torrente levanta ampollas y provoca pasiones: su presencia en esta lista está más que justificada.

6. SCREAM. VIGILA QUIÉN LLAMA, de Wes Craven
¿Por qué renegamos de ella?: Muchos de los que estáis leyendo esto visteis Scream en casa de algún amigo, con un bol de palomitas y una botella de 2 litros de Coca-cola. Sí: éramos tan inocentes que Scream nos parecía una película muy escalofriante. Craven abrió la senda del slasher y, cómo no, acabamos saturados: en los videoclubs de barrio alquilamos The Faculty, Sé lo que hicisteis el último verano, El arte de morir y similares. Los fans de Scream dedicarán muchas líneas para decidir si la segunda parte de la saga es la mejor, si su preferida es la tercera o si 'como la primera, ninguna' (desechamos por motivos obvios la tardía cuarta entrega). Pero viendo las cosas en perspectiva, hay que reconocer que Craven dio en el centro de la diana por pura chiripa: Scream, en esencia, es una película muy naif. Tal vez por eso los fans del terror extremo y los 'sitgenses de pro' reniegan de Scream, un producto 'demasiado light'. Y ya que estamos: ¿para cuándo un Halloween sin la recurridísima careta blanca?

 5. EL SEXTO SENTIDO, de M. Night Shyamalan
¿Por qué renegamos de ella?: Vale, hay que echarle mucha imaginación y retroceder muchos años en el tiempo, pero cuando vimos El sexto sentido por primera vez no sospechamos en ningún momento que Bruce Willis estaba muerto (ese spoiler que no podíamos compartir 'so pena de muerte'). Osment nos pareció adorable, algo que viendo su transformación física invita a la carcajada. Y Shyamalan fue declarado el gurú del nuevo cine de terror, una banda que tras dirigir, por no decir perpetrar, películas como Airbander y After Earth, suena a chiste malo. Ni tan siquiera (y lo que sigue admite muchos matices) estamos ante la mejor película de Shyamalan: El protegido, Señales o incluso El bosque, esta última infravalorada hasta decir basta, podrían recibir esa consideración. Sea como sea, El sexto sentido inauguró la moda del thriller psicológico (de Los otros a El último escalón, pasando por Los otros y sin olvidar Stigmata, que se estrenó pocas semanas después del film de Shyamalan en Estados Unidos), un honor que siempre pasa factura. Para quien escribe, la película ha aguantado con bastante dignidad el paso del tiempo. Pero, por fuerza, tantas coñas con el 'en ocasiones veo muertos' han terminado por nublar nuestro juicio. Da apuro confesar que nos encanta, pero también da reparo decir que no la soportamos.

 4. PARQUE JURÁSICO (JURASSIC PARK), de Steven Spielberg
¿Por qué renegamos de ella?: Los que nacimos y crecimos en los 90 sabemos de lo que hablamos, porque hemos sobrevivido a muchos años de una 'dinomanía' totalmente desproporcionada. Hubo un tiempo no tan lejano en el que los dinosaurios estaban por todas partes: en los cromos de los Bollycao, en los dibujos de las galletas Tosta Rica, en los carteles urbanos, en los stocks de muchas jugueterías, en los documentales de los canales temáticos y en las revistas de divulgación científica. Un trance por el que muchos pasamos sí o sí, sólo comparable a ese momento en el que el patio del colegio se dividía entre forof@s de las Spice Girls y loc@s de los Backstreet Boys. Parque Jurásico, la responsable de estas pasiones-traumas de infancia, la vimos mil veces en cintas grabadas de la tele (en mi caso, en catalán, para más señas). Para muchos es incluso la primera película no animada que los padres nos dejaron ver de pa a pa, sin censuras. Hemos tarareado la banda sonora de John Williams mil veces en la ducha, y más de uno recreó con sus juguetes las escenas más célebres de la película (John Lasseter fue uno de ellos: por eso incluyó al adorable 'Dino' en Toy Story). ¿Que por qué la situamos en el número 4? Porque hemos crecido, y ahora nos hemos dado cuenta que Sam Neill y Jeff Goldblum son dos actores con expresividad cero (solo los supera Bill Pullman). También nos hemos dado cuenta que las secuelas de la saga eran películas 'de juzgado de guardia'. Y algunos cinéfilos han ido alimentando su manía hacia el Spielberg rompetaquillas (ahora bien: cuando hablamos del director de Salvar al soldado Ryan, Lincoln o La lista de Schindler, apuestas más serias, el apoyo es unánime). La edad rancia a cualquiera: ahora, los aullidos y los minibrazos del Tyrannosaurus Rex solo dan risa.

 3. MATRIX, de Andy y Lana Wachowski
¿Por qué renegamos de ella?: Cuando se estrenó, casi todos, crítica y público en coro, afirmaban sin vergüenza que Matrix era la 'repera limonera'. Pero luego vinieron dos partes más, y pocos se atrevieron a seguir como miembros de su club de fans. Los Wachowski se han convertido en 'directores de una película', y Keanu Reeves 'actor de un único personaje' (Carrie-Anne Moss también ha salido mal parada). Durante largos años hemos tenido que aguantar a graciosillos imitando la escena de las balas al ralentí. Ya estamos cansados de que los colegas hagan bromillas sobre 'la elección de la pastilla'. Y nadie se atreve a confesar que Matrix hizo más por aumentar las ventas de gafas de sol que cualquier anuncio de MultiÓpticas. Pese a todo, hay que reconocer que Matrix ha sido tantas veces imitada y tan pocas veces igualada o superada, por no decir ninguna, que es imposible no sentir cierta estima por la que sin duda es la película de ciencia ficción más influyente de los 90. Inauguró la moda de rodar con 'cromas' e incluso fue objeto de teorías filosófico-existenciales, tónicas que ahora vemos en el cine de Nolan. Querida y odiada a partes iguales.

 2. PRETTY WOMAN, de Garry Marshall
¿Por qué renegamos de ella?: Año tras año rompe audiencias en sus tradicionales pases televisivos. Varias generaciones de padres, hermanos, esposos y novios han tenido que ver mil veces al señor Gere subiendo las escaleras para reencontrarse con Roberts... y ya cansa. ¿Que todas las mujeres sueñan con tener la tarjeta visa de un rico guapo para gastar a gusto? Tan cierto como doloroso. Para colmo, tenemos la canción del film hasta en la sopa (curiosamente, el tema tuvo muy poca difusión y lo popularizó la película). Si todavía se sigue considerando a Gere 'el dandi por excelencia' y a Roberts 'la novia de América' es gracias a / por culpa de esta película. Ya casi nadie se acuerda que su estreno en otoño de 1990 fue uno de los más sonados del momento y que Roberts estuvo nominada al Óscar. Los que coleccionan el dvd del film como oro en paño, imaginamos que en la misma estantería donde figuran ñoñeces como El guardaespaldas, Grease, Dirty Dancing o Ghost, paradójicamente no sabrían decir el nombre del director de la película. Y es que Garry Marshall, gurú del cine romántico desde que Roberts decidió ponerse un traje a topos y marcar tendencias, no ha sabido superar la popularidad de este pelotazo, por mucho que las dos partes de Princesa por sorpresa fueran una franquicia bastante rentable.

1. TITANIC, de James Cameron
¿Por qué renegamos de ella?: Titanic es la madre de todas las películas injustamente denostadas. En el film de Cameron todo es 'full size', y parece que la inquina que muchos le profesan es de proporciones parejas. ¿Que DiCaprio tenía cara de niño pijo? ¡Envidia cochina! ¿Que Winslet estaba más gordita de lo debido? ¡Pamplinas! El problema es que pocos de los que la critican tienen los bemoles de reconocer que en su momento la disfrutaron, y que incluso lloraron con la muerte de Jack. De ese grupo también destacamos a los miles de españoles que alguna vez fueron a dormir a las tantas porque no podían despegar los ojos de la pantalla viéndola. Titanic rompió taquillas, ganó 11 Óscars, vendió un millón de VHS en pocas semanas y confirmó a Cameron como abanderado de la vigorexia cinematográfica. ¿Que una película recibe todo el oro y el moro? Inevitable poner en duda sus cualidades, aunque técnicamente, para su época, fuese irreprochable, por no decir colosal. Y ahora, con Twitter, los fotomontajes caseros y el cibercachondeo en pleno apogeo, la escena del desnudo, el diamante de Gloria Stuart o los momentos más célebres del naufragio son pasto de la ironía planetaria. Su reciente reestreno y la constante exposición pública de sus actores (aunque pocos se acuerdan que el film hundió la carrera de Billy Zane) acentúan todavía más la sensación de que tenemos Titanic hasta en la sopa. Y como a alguien se le ocurra cantar la azucarada My heart will go on, que se atenga a las consecuencias...

sábado, 22 de noviembre de 2014

CRÍTICA | SERENA, de Susanne Bier

Bier, o la danesa más norteamericana
SERENA, de Susanne Bier
EE. UU., 2014. Dirección: Susanne Bier Guion: Christopher Kyle, a partir de la novela de Ron Rash Fotografía: Morten Søborg Música: Johan Söderqvist Reparto: Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Toby Jones, Blake Ritson, Sam Reid, Sean Harris, Rhys Ifans, Ana Alaru Género: Drama Duración: 105 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 31/10/2014
¿De qué va?: Estados Unidos, años 20. George se traslada a las montañas de Carolina del norte para supervisar el funcionamiento de la empresa maderera que preside. Serena, su esposa, no está acostumbrada ni a la vida campestre ni a un mundo gobernado por la fuerza bruta del hombre. El matrimonio, en principio feliz, poco a poco va recrudeciéndose. Serena no puede tener hijos, y ese hecho desquicia a la joven.



Uno de los aspectos más discutidos y discutibles del cine de Bier, y cuyos defensores volvieron a manifestarse en San Sebastián tras la proyección de Una segunda oportunidad, es la tendencia de la directora danesa por recrearse en los aspectos más truculentos de sus tramas en pos de un realismo que vira, en ocasiones, al feísmo con discurso social. Curiosamente, los que recurran a esa muletilla para hablar de cada estreno de Bier tendrán que reformular términos con Serena, su segunda película de producción norteamericana tras Cosas que perdimos en el fuego. Aquí no acaban las sorpresas: Bier ha tenido que trasladarse a la Norteamérica profunda de la Gran Depresión para filmar una gran variedad de cielos decembrinos, de vinculación nórdica, pero geográficamente muy alejados de los grises europeos. Y hay más: si Bier trufa sus películas de subrayados narrativos, casi siempre sirviéndose de una fotografía y un montaje muy cuidados (aspecto que, de nuevo, resultará más o menos satisfactorio según los criterios de cada uno), el argumento de Serena apenas se apuntala en cuatro datos, y por lo tanto la película, más atmosférica que discursiva, juega a introducir al espectador en un dilatado estado de extrañeza que explota en el último tramo del film. 


Estamos, en definitiva, ante un quiebro más en la carrera de Bier, en las antípodas de la liviandad de Amor es todo lo que necesitas, pero también de la seriedad dramática de la oscarizada En un mundo mejor. Con la ayuda de Lawrence y Cooper, Bier cuenta una historia en la que en apariencia no sucede nada, pero que desde el minuto uno parece tocada por la tristeza, por la nostalgia de una época y unos paisajes poco explotados en el cine reciente. Bier evita tópicos y juega a destruir expectativas: no estamos ni ante un melodrama de fácil digestión (lo que demandan los premios Óscar) ni ante un nuevo vehículo para el lucimiento de la pareja de actores del momento (es más: la cinta dilapida con bastante inteligencia la imagen agradable que sus protagonistas han construido previamente gracias a las cintas de David O. Russell). 

En resumen, una película desasosegante, fuera de cualquier previsión y cánon, que por su apego a los márgenes corre el riesgo de ser un título marginal. Puede que ahora se la considere una obra aburrida, alicaída o carente de sustancia, pero el tiempo remará a su favor. Bier es, guste más o menos, una de las pocas directoras que ha utilizado su popularidad para confeccionar películas que en otros contextos, en manos de otros responsables, serían inviables. Serena, vaya, dista muchísimo de la película estadounidense que busca contentar a los grandes estudios y a una audiencia estándar, y eso honra a Bier. Una de las rarezas de este 2014, con un Bradley Cooper que emula a ciertos actores clásicos y con una Jennifer Lawrence que despliega todo su talento. Francamente interesante.


Para amantes de las películas suicidas.
Lo mejor: Lawrence y la escena del hospital.
Lo peor: Algunos clichés del ambiente 'western'.

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viernes, 21 de noviembre de 2014

CRÍTICA | EDEN, de Mia Hansen-Løve

La música que no cesa
EDEN, de Mia Hansen-Løve
Festival de San Sebastián: Sección oficial
Francia, 2014. Dirección: Mia Hansen-Løve Guion: Mia Hansen-Løve y Sven Hansen-Løve Fotografía: Denis Lenoir Música: VV. AA. Reparto: Félix de Givry, Pauline Etienne, Hugo Conzelmann, Roman Kolinka, Vincent Macaigne, Greta Gerwig, Laura Smet, Golshiften Farahani, Vincent Lacoste, Arnaud Azoulay Género: Drama Duración: 130 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en Francia: 19/11/2014
¿De qué va?: París, años 90. La música electrónica está en plena efervescencia. Los garitos de la capital son la mejor plataforma para las jóvenes promesas de la música. Paul está preparando su tesis, pero su actividad como DJ eclipsa su vida. Con la ayuda de un compañero forma el grupo Cheers. Tras un debut prometedor, su salto a la fama es meteórico: los grandes pubs de la capital quieren tenerlos como cabezas de cartel e incluso inician contratos y proyectos discográficos en el extranjero. Pero el tiempo pasa, las tendencias musicales evolucionan, y Paul, ya con treinta y tantos, deberá reinventarse.


A priori, Eden era una película poco o nada afín a los gustos de este blog: apetecía poco asistir a una sesión musical de más de dos horas con jóvenes en estado de euforia a base de beats y cervezas. Por suerte, Mia Hansen-Løve consiguió superar todas las expectativas y terminó brindando una de las sorpresas más gratas del último Festival de San Sebastián, a pesar de que el jurado decidiese dejarla fuera del cuadro de ganadores. La directora francesa, una de las voces más creativas e interesantes de la actualidad, ha diseñado su cuarta película a modo de homenaje a su hermano, un músico que vivió un periplo similar a la evolución que sufre el protagonista de Eden. Con todo, la cinta supera sus referencias personales, culturales y musicales, y se impone como una descripción mayor: el retrato de toda una generación de 'peterpanes' que se niegan a crecer, que viven el presente sin pensar en el mañana... hasta que el paso del tiempo da un vuelco a todo. 


Junto a todo lo dicho, Hansen-Løve hace gala de su repetido amor por los procesos creativos y artísticos: basta comparar Eden y su febril descripción de la pasión por la música y los tejemanejes de la industria musical con el peso que tiene el cine en el protagonista de El padre de mis hijos para darse cuenta que estamos ante dos films con bases idénticas, aunque en un principio pueda parecer que Eden, precisamente por remitir a una órbita juvenil, es mucho más intrascendente. Al fin y al cabo, los mejores directores son los que demuestran una gran capacidad de adaptación a distintos ambientes y personajes, siempre sin traicionar sus señas personales: eso es precisamente lo que define la escueta pero prometedora trayectoria de Hansen-Løve, y ese es además el detalle que hace de Eden una película tan especial. 


Hansen-Løve no es la primera ni la última que habla de los estragos del tiempo, pero la expresión de ese tiempo resulta muy singular. Su mensaje es crudo, nada rompedor, bastante obvio incluso, pero sorprende por su envoltorio. Formalmente, Hansen-Løve consigue que su película resulte chispeante, tan hipnótica como una noche en una sala de fiesta. El espectador se imbuye tanto del ambiente desfasado y nocturno que dibuja la película en sus espléndidos planos secuencia que a mitad del trayecto, cuando la película da un bofetón con la mano plana a su protagonista, cuando la narrativa pasa de la borrachera a la resaca, el quiebro resulta doloroso. Eden, en último término, habla de algo mucho más complejo: de cómo nuestras pasiones pueden paradójicamente eclipsar nuestras vidas, destruirlas, vampirizarnos; de cómo la búsqueda de ese edén utópico, de un hedonismo imposible, acaba por desvirtuar nuestro camino y distanciarnos de nuestra esencia. En resumen, Eden es una película aparentemente pequeña, pero rodada con estilo y sensibilidad. La mejor película de Hansen-Løve. Y estamos convencidos que en un futuro, tal vez en próximas ediciones de San Sebastián, Hansen-Løve conseguirá su obra maestra definitiva.



Para cinéfilos sin complejos.
Lo mejor: Es una película que no se ve: se está en ella.
Lo peor: Que se la despache como una sucesión de moderneces.

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Reseña de LE PÈRE DE MES ENFANTS, de Mia Hansen-Løve 

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jueves, 20 de noviembre de 2014

CRÍTICA | AIRE LIBRE, de Anahí Berneri

Construir una casa, destruir un hogar
AIRE LIBRE, de Anahí Berneri
Festival de San Sebastián 2014: Sección oficial a concurso
Argentina, 2014. Dirección: Anahí Berneri Guion: Anahí Berneri y Javier van de Couter Fotografía: Hugo Colace Música: Nahuel Berneri y Sebastián Bianchini Reparto: Leonardo Sbaraglia, Celeste Cid, Máximo Silva, Pedro Merlo, Fabiana Cantilo, Turco Naim, Lorena Vega, Alejandro Catalán, Érica Rivas Género: Drama Duración: 100 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: Lucía y Manuel tienen un hijo y planean trasladarse a las afueras. Cuando compran una casa en mitad del campo, no son conscientes de que eso supondrá el principio de sus problemas. La reforma de la casa termina siendo muchísimo más costosa en tiempo y dinero, por lo que se instalan provisionalmente en casa de sus padres. Mientras, las obligaciones familiares, las obras, las mudanzas y los compromisos laborales tanto de él como de ella harán que la relación de pareja se vaya resintiendo.


Aire libre fue una de las propuestas más infravaloradas de la sección oficial del último Festival de San Sebastián. El film cuenta el deterioro de una pareja que no consigue lidiar con sus quehaceres ordinarios cuando las obras de su nueva vivienda se alargan más de lo previsto. En el film de Beneri, la pérdida de la casa hace tambalear el hogar que los protagonistas pretendían construir: la película va más allá de lo meramente material para convertirse en una metáfora de esa estabilidad que se ha esfumado y que unos y otros intentan encontrar mediante mecanismos insospechados, algunos incluso nocivos. Lo mejor de Aire libre reside en su descripción del desencanto: en todos los planos suceden varias acciones a la vez, se amontonan varias conversaciones al mismo tiempo y el espectador se ve obligado a contemplar las escenas del film como lienzos caóticos en los que no se vislumbra nada pero que al mismo tiempo encierran el drama de los protagonistas. Aire libre, por todo ello, tiene el efecto de una experiencia claustrofóbica y consigue que sintamos en nuestras carnes el desasosiego, la presión y el estrés de los personajes de Sbaraglia y Cid. Sensaciones, claro está, que distan de ser agradables y que pueden crispar los ánimos de la audiencia. Pero ello no deja de corroborar la eficacia de la propuesta, su condición de cuento familiar repleto de veneno que deja al espectador sin oxígeno y sin asideros. Por este motivo, los abucheos que recibió en Donostia son, indirectamente, una muestra de la fuerza del film. Ello también explica que la película haya pasado muy desapercibida por los cines argentinos, más apegados a la catarsis casi sanadora de Relatos salvajes. Pero Aire libre, aun con sus subrayados y sus desafueros, y a pesar del ostracismo que le brindaron los críticos donostiarras (¿habría sucedido lo mismo si el film hubiera competido en la sección Horizontes Latinos?), es una película que ensancha los horizontes del drama costumbrista, por lo general demasiado manido y reconocible.


Para comprobar hasta qué punto la cotidianidad puede desquiciarnos y transformarnos.
Lo mejor: El constante toma y daca de su pareja de actores. La coreografía implícita que se esconde en los planos de interiores, tanto a nivel de guion (conversaciones cruzadas) como de puesta en escena.
Lo peor: La sorpresa final es demasiado efectista, aun cuando resulta necesaria para sacudir a los personajes de su ensimismamiento. 

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miércoles, 19 de noviembre de 2014

CRÍTICA | TODOS ESTÁN MUERTOS, de Beatriz Sanchís

TODOS ESTÁN MUERTOS, de Beatriz Sanchís
España, 2014. Dirección y guion: Beatriz Sanchís Fotografía: Álvaro Gutiérrez Música: Juan Manuel del Saso, Juan Pastor y Aaron Rux Género: Drama Duración: 85 min. Reparto: Elena Anaya, Christian Bernal, Angélica Aragón, Patrick Criado, Nahuel Pérez, Macarena García Tráiler: Link
¿De qué va?: Lupe, una de las vocalistas del grupo de los 80 Groenlandia, lleva una década encerrada en su casa. Aunque su madre hace todo lo posible para que la chica salga al exterior y haga una vida normal, Lupe se pasa el día durmiendo y haciendo pasteles en bata y con rostro apático. Su hijo adolescente no puede compartir el despertar sexual que está experimentando, sus problemas en el instituto o su complicidad con su mejor amigo, fan de los temas ya casi olvidados de Groenlandia. Sólo una persona puede hacer revivir a Lupe: Diego, su compañero y amante durante la Movida. Diego está muerto, pero se colará en la casa de Lupe a modo de fantasma para cambiar para siempre la insostenible rutina de nuestra protagonista. 
Palmarés: Premio especial del jurado, premio a la mejor actriz y galardón a la mejor música original del Festival de Málaga. 


¿A qué adolescente no le gustaría que su madre fuese una estrella del rock? Todos menos al hijo de Lupe, la protagonista de una de las cintas más curiosas del año. Todos están muertos cuenta cómo sobrevivir a una fama que se ha esfumado, cómo superar una pérdida cuyo luto se eterniza de forma peligrosa y cómo reconducir el día a día tras el fin de la Movida Madrileña. Beatriz Sanchís, pese a todo, se aleja premeditadamente del retrato del ídolo pop perdido, aunque la música y la nostalgia tienen un peso fundamental en el film. Nunca se nos habla de forma directa sobre la Movida y sus consecuencias, pero todo ello planea en la atmósfera de las imágenes. Todos están muertos prefiere ser la crónica de una pesadumbre, y sus fotogramas plasman el estado de ánimo de su protagonista. Una película esquiva, volátil, difícil de explicar... algo parecido a lo que sucede con la depresión que sufre Elena Anaya en el film.


En su ópera prima, Sanchís nos explica qué sucede cuando el mundo se para ante nuestros ojos, y también qué ocurre cuando ese mundo se revela de la forma más insospechada. Una historia con recovecos que opta por dibujar sensaciones y prescinde de contar hechos, una fórmula un tanto descompasada que convierte el film en una rara avis dentro del panorama nacional. La magia se completa con un reparto equilibrado, un tempo pausado que nunca resulta tendencioso y un estilo hipster y melancólico que dota de personalidad al conjunto. Una película especial, no apta para todos, pero capaz de ser un futuro título de culto y una posible contendiente a la nueva temporada de premios local. Habrá que seguir la pista de Sanchís: Todos están muertos demuestra una mirada y una sensibilidad sumamente especial.


Para seguir explorando el lado menos amable de la fama.
Lo mejor: Elena Anaya y su atmósfera 'a lo Sofia Coppola'.
Lo peor: Algunos personajes están muy desaprovechados.

martes, 18 de noviembre de 2014

CRÍTICA | LE MERAVIGLIE, de Alice Rohrwacher

Comunidades y colmenas
LE MERAVIGLIE (THE WONDERS, LAS MARAVILLAS), de Alice Rohrwacher
Festival de Cannes 2014: Gran Premio del Jurado. Festival de Sevilla: Premio especial del jurado.
Italia, 2014. Dirección y guion: Alice Rohrwacher Música: Piero Crucitti Fotografía: Hélène Louvart Reparto: Maria Alexandra Lungu, Sam Louwyck, Sabine Timoteo, Monica Bellucci, Agnese Graziani, Alba Rohrwacher Género: Drama Duración: 110 min. Fecha de estreno en Italia: 22/05/2014 Tráiler: Link
¿De qué va?: En mitad de la naturaleza, en una granja destartalada, una peculiar familia formada por un padre autoritario, una madre cansada y sus cuatro hijas se dedican a la producción de miel. Gelsomina, la hija mayor, asiste al deterioro del matrimonio de sus padres, y a su vez sueña con marchar de Umbría y llevar una vida como la de una adolescente normal de su edad. La llegada de Martín, un niño con un historial delictivo a sus espaldas, y la celebración de un programa de televisión moviliza a las gentes de la región. Pistas, quién sabe, de que tal vez la vida salvaje que impone el patriarca ya no puede sostenerse por más tiempo.


El nombre de Alice Rohrwacher fue una de las sorpresas del último Festival de Cannes, ya que casi todos los presentes, curiosos y analistas desconocían su obra previa (apuntalada, sobre todo, en su ópera prima: Corpo Celeste). Le meraviglie terminó siendo una de las beneficiadas del palmarés, y desde mayo ha protagonizado un periplo sin fin por los certámenes más destacados de medio mundo. Cuesta adivinar qué vió en ella el comité seleccionador de Cannes para incluirla en Sección Oficial y qué atractivos encontró el jurado que presidía Jane Campion para justificar su presencia en el podio de ganadores, pero sea como sea, merezca o no Rohrwacher los honores que ha recibido durante este 2014, Le meraviglie es un cuento curioso con una atmósfera realmente lograda, a medio camino entre el cine social, el onirismo y el surrealismo de vinculación felliniana. Un film, vaya, que merece toda nuestra atención.


Rohrwacher impone su visión femenina e intimista en una película que podría describirse como una exposición de dos Italias en peligro de extinción: la rural, representada en una familia que se rige por un insostenible modelo de vida (en general, marcado por un rechazo de los principios de la modernidad: ausencia de cualquier indicio tecnológico, vida en paralelo a los sistemas públicos de sanidad y educación, etc.); y la mediática, clara reminiscencia a las fórmulas circenses que acuñó Berlusconi, que aquí aparece citada con un programa de talentos que remite a tiempos del cartón piedra (detalle, además, que conecta con la visión deshumanizada, carnavalesca, incluso ditirámbica, de la Italia de nuestros días que reflejan films recientes como Viva la libertà, La gran belleza o Reality). Rohrwacher no llega a tener la precisión y la agudeza de Garrone y Sorrentino, pero se mueve en un terreno coetáneo: la crónica aparentemente ligera de una rutina que agoniza


En resumen, Le meraviglie es una película con cierta magia que puede motivar interesantes reflexiones sobre los núcleos familiares y sus funcionamientos (en este sentido, también puede emparentarse con Vie sauvage (Vida salvaje) de Cédric Kahn, film que pudimos ver en San Sebastián). El futuro dirá si Rohrwacher es fruto de una primavera cannois o una artista a tener en cuenta. De momento, Le meraviglie ha servido para insuflar energía al hasta hace poco alicaído cine italiano. Eso, aunque el film diste de ser esa maravilla que promete su título.


Para amantes de las películas 'en las no sucede nada y acontece todo'.
Lo mejor: La gran dirección de actrices.
Lo peor: Nunca concreta su discurso.


lunes, 17 de noviembre de 2014

SEMANARIO 76: LOS POSTS DE LA SEMANA

¿Te perdiste algún escrito del blog? Con nuestro semanario puedes recuperar las distintas publicaciones de todas las semanas. En el margen derecho del blog, en la sección 'semanario', puedes (re)leer los distintos artículos ordenados.

CONTENIDOS DEL BLOG



Del 03 al 16 de noviembre de 2014

Óscars 2015: Reseña de INTERSTELLAR, de Christopher Nolan
Óscars 2015: Reseña de PERDIDA (GONE GIRL), de David Fincher

Estreno: Reseña de DOS VIDAS, de Georg Mass y Judith Kaufmann
Estreno: Reseña de GRACE DE MÓNACO, de Olivier Dahan
Estreno: Reseña de TORRENTE 5: OPERACIÓN EUROVEGAS, de Santiago Segura
Estreno: Reseña de VIVA LA LIBERTÀ, de Roberto Andrò

Óscar habla no inglesa: MANDARIINID (TANGERINES), de Zaza Urushadze
San Sebastián 2014: STILLE HJERTE (SILENT HEART), de Bille August
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