miércoles, 22 de octubre de 2014

CRÍTICA | SAMBA, de Eric Toledano y Olivier Nakache

'Intocable', parte 2
SAMBA, de Eric Toledano y Olivier Nakache
Festival de San Sebastián 2014: Film de clausura
Francia, 2014. Dirección y guion: Eric Toledano y  Olivier Nakache Fotografía: Stéphane Fontaine Música: VV. AA. Reparto: Omar Sy, Charlotte Gainsbourg, Tahar Rahim, Yilin Yang, Izia Higelin, Jules Abel Logel Género: Tragicomedia Duración: 115 min. Estreno en España: Febrero de 2015 Tráiler: Link
¿De qué va?: Samba es un senegalés que lleva 10 años viviendo en París. Trabaja de lo que puede por un sueldo pírrico, apenas conoce a nadie y vive con la constante amenaza de que la policía se percate de que no tiene papeles. Un día coincide con Alicia, una mujer tímida e introvertida que colabora conn una asociación que ayuda a gente con problemas legales y económicos. Samba ve en Alicia la posibilidad de salir de un callejón sin salida. Alicia ve en Samba una inocencia y una espontaneidad que no encuentra en su puesto de trabajo. Entre ambos poco a poco irá tejiéndose una relación entre personal y profesional, con momentos felices y otros agridulces.


No decimos nada nuevo: los franceses aman la corrección y tienen una especial tendencia al cine bienintencionado. Intocable, la tragicomedia que contaba la relación de amistad entre un tetraplégico adinerado y un joven de las 'banlieues' parisinas, se sobredimensionó hasta convertirse en la película de habla no inglesa más taquillera en todo el mundo, pero en sus adentros no había más que esa manía tan francesa por abordar cierta problemática social por la vía fácil, rebajando la gravedad de los temas tratados y abogando por una trama exportable y populista. Samba, el segundo trabajo de Toledano y Nakache, sigue la senda de su primera película: la fórmula se consolida, y nuestros vecinos vuelven a facturar una película que hará las delicias del público, aunque esta vez difícilmente engatusará a la crítica (que, sorprendentemente, se permitió demasiadas licencias con las tesis ramplonas de Intocable). De momento, parece que el número uno que consiguió el pasado fin de semana en la taquilla francesa (aunque a muy pocos miles de euros de Ninja Turtles) ha borrado de un plumazo la inevitable presión del dúo Toledano - Nakache por volver a dar en el centro de la diana. En España la veremos a principios de 2015, pero en el Festival de San Sebastián tuvimos ocasión de tomar la temperatura al que está llamado a ser uno de los títulos galos más comentados de la temporada. ¿Bailaremos al ritmo de esta samba manipuladora... o la sombra de Intocable será demasiado alargada? Apostamos por lo segundo.


Samba es el nombre de un inmigrante senegalés 'sin papeles' que sobrevive con el sueldo de los trabajos esporádicos que va encontrando. El papel protagonista, que vuelve a recaer en Omar Sy (todavía más cómico y 'pelma' que en Intocable), es, por lo tanto, otro ejemplo de un cine social que quiere reciclar sus miserias por la vía de (son)risa, sin tener en cuenta que, a medida que la supuesta diversión del público aumenta, disminuye en proporciones iguales la veracidad de la historia (por eso cuesta empatizar con el universo de Samba, a pesar del esfuerzo de Sy y del meritorio trabajo de todos los actores secundarios). Toledano y Nakache alivian la gravedad que rodea a su protagonista con la inclusión de dos historias de amor que se desarrollan de forma previsible: Samba acaba prendado de una asistente social que atraviesa una complicada situación personal y laboral, y dos amigos de ambos también hacen lo propio, aunque en su caso la tensión amorosa se transforma directamente en una fogosidad descarada (de nuevo, el drama siempre tiene un contrapunto cómico). Si Intocable tenía algún momento de lucidez, una mínima chispa, Samba carece de todo ello (salvando, quizás, el baile del personaje de Rahim y el gag en el rascacielos). También pesan como una losa sus casi dos horas de metraje (no se necesitaban tantos minutos para contar tan poco). Vaya, que intuímos que los acólicos de Intocable no acabarán del todo contentos, y que los que ya dudaron de esa película (nos incluímos en ese grupo) recurrirán a los adjetivos que ya dedicaron al primer film de Toledano y Nakache para describir Samba. Lo peor de todo es que habrá una tercera entrega y otras tantas: el cine francés de 'la politesse' y 'el eufemismo' seguirá con nosotros durante mucho tiempo.


Para los que consideran que Intocable es, valga el juego de palabras, una película 'intocable'.
Lo mejor: Siempre es un placer ver a Charlotte Gainsbourg en pantalla.
Lo peor: Que la figura del inmigrante quede reducida a la imagen de un mono de feria.

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martes, 21 de octubre de 2014

CRÍTICA | EL PASADO (LE PASSÉ), de Asghar Farhadi

El pasado no vuelve: nunca se va
EL PASADO (LE PASSÉ), de Asghar Farhadi
Francia, 2013. Dirección y guion: Asghar Farhadi Fotografía: Mahmoud Kalari Reparto: Bérénice Bejo, Ali Mosaffa, Tahar Rahim, Elyes Aguis, Pauline Burlet, Babak Karimi, Jeanne Jestin Duración: 130 min. Género: Drama Tráiler: Link
¿De qué va?: A petición de Marie, Ahmad vuelve a París. Ambos fueron pareja hace unos años, tienen una hija en común y ahora ella quiere iniciar los trámites de su divorcio. Ahmad se queda unos días en casa de Marie, pero las cosas han cambiado desde su estancia en Francia: ella tiene una relación con otro hombre y se encarga de cuidar al hijo de él cuando éste trabaja. Un conjunto de verdades, secretos, intuiciones y confusiones hará que todos los personajes se encuentren inmersos en una encrucijada vital.
Palmarés: National Board of Review y nominación al Globo de oro y Satellite Award a la mejor película de habla no inglesa de la temporada. 5 nominaciones a los César franceses, incluyendo candidatura en mejor película. Palma de oro a la mejor actriz para Bérénice Bejo.


Con El pasado, el cineasta iraní Asghar Farhadi corrobora su temple e inteligencia a la hora de abordar tensísimas líneas de guion y complejísimas relaciones humanas. Tal y como sucedía con la anterior Nader y Simin, una separación, El pasado es una película que va ganando en matices a medida que avanza el metraje, cuya tragedia se agranda de forma inevitable cual bola de nieve cayendo por una pendiente sin fin. Farhadi sabe que cada personaje necesita su espacio, que cada uno tiene sus motivaciones ocultas y que las acciones y sentimientos de unos tienen efectos y respuestas inesperadas en los demás. De eso, de un cruce de dolores latentes pero no confesados, habla este sobrio y portentoso drama, un nuevo logro de Farhadi y su confirmación como uno de los cineastas más humanos e interesantes de la actualidad.

El divorcio de una pareja (él, iraní; ella, francesa) se impone como la premisa que arranca la trama. Con todo, la entrada de nuevos personajes (las hijas de ella, el hijo de él) hace que la historia sufra distintos giros. Farhadi tal vez no consigue la potencia y la concreción de su anterior obra, pero El pasado igualmente ofrece escenas de gran belleza, algunas estampas estremecedoras (¡qué plano final!) y unos diálogos inteligentísimos. Bérénice Bejo consigue su mejor interpretación al dar vida a una madre y amante en plena encrucijada vital. La película, como los sentimientos de culpabilidad y vacío, va saltando de personaje en personaje, de subtrama en subtrama, hasta ofrecer un gran mosaico de causas y efectos. Sin buenos ni malos, sin culpables y sin víctimas (todos, al fin y al cabo, navegan en una ambigüedad creíble, real como la vida misma). Sin duda, una de las obras más imponentes de lo que va de año.


Para amantes de películas con muchos secretos y matices.
Lo mejor: El triángulo dialéctico e interpretativo de sus actores.
Lo peor: Su exceso de metraje. Tal vez se guarda algún as en la manga de más y no termina de explotar relaciones a priori tan interesantes como las de Ahmad y su hija.

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lunes, 20 de octubre de 2014

CRÍTICA | ALGUIEN A QUIEN AMAR (EN DU ELSKER), de Pernille Fischer Christensen

La voz y el alma rasgada de Thomas Jacob
ALGUIEN A QUIEN AMAR (EN DU ELSKER, SOMEONE YOU LOVE), de Pernille Fischer Christensen
Dinamarca, 2014. Dirección: Pernille Fischer Christensen Guion: Pernille Fischer Christensen y Kim Fupz-Aakeson Fotografía: Laust Trier-Mørk Música: Tina Dickow y Marie Fisker Reparto: Mikael Persbrandt, Trine Dyrholm, Birgitte Hjort Sørensen, Sofus Rønnov Género: Drama Duración: 95 min. Tráiler: Link Estreno en España: 24/10/2014
¿De qué va?: Thomas Jacob es un cantautor afincado en Los Ángeles que vuelve a Dinamarca para preparar el que será su siguiente disco. Allí conocerá a Noa, su nieto de once años, y se dará cuenta de que su hija tiene problemas con las drogas. Cuando la salud de su hija se deteriora e ingresa en un centro de rehabilitación, Thomas se ve obligado a cuidar del pequeño. Para el chico, Thomas es el abuelo que sólo conoce por la televisión y por las noticias de su polémica vida. Para Thomas, el chico es un extraño que pone patas arriba su vida rutinaria.


Si hay una temática que recorre transversalmente la corta pero fructífera filmografía de Pernille Fischer Christensen es la incomunicación entre personas: de ahí que todas sus películas, en mayor o menor grado, puedan considerarse una exploración de 'el otro' en la Dinamarca bienestante de nuestros días (aunque descrita en términos de frialdad y de hieratismo emocional) y apelen a una empatía tanto interna como externa (los personajes se conocen entre ellos al mismo tiempo que los espectadores van familiarizándose con las vidas magulladas que retrata Fischer Christensen, una fórmula realmente efectiva que explica, entre otras cosas, por qué las obras de la cineasta danesa siempre tienen presencia asegurada en las carteleras y en los certámenes de todo el mundo). Alguien a quien amar, el nuevo trabajo de Fischer Christensen, se exhibe estos días en la Seminci vallisoletana y el próximo viernes llega a las salas comerciales con el aliciente de sus actores protagonistas, dos pesos pesados del cine nórdico: el sueco Mikael Persbrandt, actor fetiche de Simon Staho y conocido por sus intervenciones en El hipnotista o En un mundo mejor; y la danesa Trine Dyrholm, rostro habitual de las obras de Bier y Vintenberg.


En esta ocasión, Fischer Christensen recurre a una figura cargada de mística cinematográfica: el cantante que tras una vida de excesos y de éxitos regresa a su país de origen para saldar cuentas pendientes. Persbrandt dota de fuerza a un personaje inepto en todos los aspectos: su carrera discográfica depende casi por entero del trabajo de su mánager y de algunas amistades del pasado, y en su vida personal es un individuo incapaz de gestionar el dolor que recibió en su día por parte de su padre y el dolor que él mismo infringe a sus más allegados. Afortunadamente, el trágico bagaje del personaje nunca se explicita ni da pie a escenas de factura tremendista: el director prefiere contar por omisión, y en este sentido es muy interesante comprobar cómo los pequeños contactos físicos entre los personajes, los casi imperceptibles amagos de complicidad entre el protagonista y su reducido círculo íntimo (la mano que posa sobre el brazo de su hija drogadicta, las leves caricias que hace a ese nieto que no conoce, las miradas que lanza a su compañera de grabación, etc.), cuentan mucho más del protagonista y sus interioridades que otras escenas donde Fischer Christensen se comporta como una narradora más tradicional (por ejemplo, el momento en que el protagonista se sincera con el pequeño con respecto a su padre alcohólico).  


Alguien a quien amar, por lo tanto, se debate entre dos frentes (la elegancia frente al drama descarnado, la sutileza frente a la tragedia explícita), y aunque el cómputo final reúne bastantes trampas (sobre todo a partir del fallecimiento de la hija del protagonista), el film termina convenciendo por la capacidad de la directora por tocar la fibra sensible de la platea sin que ésta se sienta violentada o asaltada según las fórmulas habituales de cierto cine norteamericano (incluso en sus tramos más discutibles, la película nunca apela a la lágrima fácil). Un mérito ya presente en las anteriores obras de la directora y que en este nuevo título se multiplica gracias al gran trabajo de Persbrandt y Dyrholm: a su comprobada solvencia como intérpretes, cabe sumar el hecho de que en el film cantan sin playback, como si las fronteras entre el actor y el personaje fuesen muy finas, casi irreconocibles. Un film, en resumen, lleno de contrastes que se suma a la notable listas de grandes obras que nos llegan últimamente desde el norte de Europa.


Para amantes de las películas que por fuera son hielo y por dentro son puro fuego.
Lo mejor: Mikael Persbrandt, ese actor capaz de dar vida a cualquier personaje.
Lo peor: El drama pierde fuelle en su segundo tramo. 

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sábado, 18 de octubre de 2014

CRÍTICA | DOS DÍAS, UNA NOCHE, de Jean-Pierre y Luc Dardenne

La dignidad de una lucha
DOS DÍAS, UNA NOCHE (DEUX JOURS, UNE NUIT), de Jean-Pierre y Luc Dardenne
Bélgica, 2014. Dirección y guion: Jean-Pierre y Luc Dardenne Fotografía: Alain Marcoen Reparto: Marion Cotillard, Fabrizio Rongione, Simon Caudry, Alain Eloy, Fabienne Sciascia, Pili Groyne, Olivier Gourmet, Catherine Salée Género: Drama social Duración: 95 min. Tráiler: Link Estreno en España: 24/10/2014
¿De qué va?: Sandra trabaja en una fábrica. Tras estar de baja por unos problemas de salud, se convierte en la más débil de la empresa ante los recortes. Los dieciséis compañeros de Sandra deben votar si quieren cobrar la prima extraordinaria o mantener en la plantilla a Sandra. Tras pedir una segunda oportunidad al responsable de personal, Sandra dispone de un fin de semana para convencer a sus compañeros para que voten a su favor. Dos días y una noche llenos de tensión que resultarán reveladores.


El cine de los hermanos Dardenne no ha hecho más que ganar vigencia debido a la Europa de la crisis. Dos días, una noche sigue confirmando a los cineastas belgas como los grandes abanderados del cine de temática social. No es una película más dentro de una filmografía marcada por la marginalidad, personajes al límite y vidas al borde del abismo: Dos días, una noche es una hija de su tiempo, y tal vez por este motivo estamos ante la obra más comprometida de los Dardenne. Menos sórdida, pero más real. Más impactante y fría, y paradójicamente más humana y reconocible. Es, sin lugar a dudas, la gran obra dardeniana sobre la clase trabajadora, la gran reivindicación del proletariado y la mejor descripción de los estragos del capitalismo. Los Dardenne no sólo se interesan por los aspectos más duros de la realidad: también nos brindan un precioso mensaje en tiempos difíciles. A veces se suele decir que una película es 'necesaria', casi siempre con demasiada gratuidad, pero en el caso de Dos días, una noche el atrevimiento está plenamente justificado, porque estamos ante una obra irreprochable en términos cinematográficos y absolutamente reveladora sobre la Europa del desencanto. Un film que desnuda una injusticia, que se posiciona, pero que nunca resulta partidista o sensacionalista. Con ideas, pero sin ideologías. Dura, pero sin discursos lastimeros. Con vocación de clase, pero no complaciente. Cine en estado puro que sacude el alma y alimenta la mente.


Dos días, una noche es un canto a la resistencia. Uno no lucha por tener dignidad: es el propio acto de lucha, la voluntad misma de luchar, lo que nos dignifica. Por eso Sandra (una grandiosa Marion Cotillard) sale victoriosa, aunque al final del camino no encuentre lo que esperaba. Por eso el personaje entiende que el sentido de su odisea no está tanto en la consecución de un objetivo (conservar su trabajo), sino en el aprendizaje que lleva implícita esa odisea (el personaje relativiza su drama y pone a prueba sus fuerzas durante su tour de force; de alguna manera, la protagonista abre los ojos, se enfrenta a las tragedias que colindan a la suya y aprovecha la situación límite a la que le exponen injustamente sus jefes para reforzar su condición de madre, esposa y mujer). Y también por eso Dos días, una noche va más allá de los límites y de las constantes del cine de los Dardenne para establecer interesantes relaciones con obras de distinta tipología, diferentes nacionalidades y épocas dispares: en las bases de la historia está el De Sica de El ladrón de bicicletas, la tenacidad del personaje y la condición de road movie emocional del relato conecta con ¿Dónde está la casa de mi amigo?, y la obsesión de Sandra por lograr los 9 votos - apoyos que aseguren su puesto de trabajo recuerda a otras historias de mecánica feroz como Doce hombres sin piedad (el poder de la manipulación y la capacidad para relativizar lo que se ve como absoluto está, aunque subterráneamente, en el film de los Dardenne) o Dogville (imposible no recordar el cruel sistema que establecen las gentes del pueblo de Von Trier para la recién llegada Grace: la mujer debe ganarse el afecto de sus vecinos en un par de semanas y cada uno de ellos decidirá su futuro con una votación popular, un sistema muy parecido al que hace frente la heroína dardeniana). Y como todos los títulos citados, Dos días, una noche es un mazazo en toda regla. Pero el golpe que brinda al espectador no aniquila, no nos deja sin asideros, no pretende colapsar nuestros sentidos: el film equilibra didacticismo y verismo, nos anima a seguir en pie de guerra. Una de esas películas que a lo mejor no consiguen mejorar el mundo, pero sí lo enriquecen.


Para cinéfilos y ciudadanos militantes que necesiten una palmadita en la espalda.
Lo mejor: Marion Cotillard: nunca vemos a 'una estrella del cine', sino a una chica normal que podría ser nuestra madre, nuestra hija, nuestra amiga o nuestra vecina. 
Lo peor: Que se le resten méritos por formar parte de una filmografía tan sólida como la de los Dardenne (que se diga, vaya, que es más de lo mismo).


viernes, 17 de octubre de 2014

CRÍTICA | BLANCA COMO LA NIEVE, ROJA COMO LA SANGRE, de Giacomo Campiotti

El amor entiende de colores
BLANCA COMO LA NIEVE, ROJA COMO LA SANGRE (BIANCA COME IL LATTE, ROSSA COME IL SANGUE), de Giacomo Campiotti
Italia, 2013. Dirección: Giacomo Campiotti Guion: Fabio Bonifacci y Alessandro d'Avenia, a partir de la novela homónima de Alessandro d'Avenia Fotografía: Fabrizio Lucci Música: Andrea Guerra Reparto: Filippo Scicchitano, Aurora Ruffino, Gaia Weiss, Luca Argentero, Cecilia Dazzi, Romolo Guerrireri, Flavio Insinna Género: Drama romántico Duración: 105 min. Tráiler: Link Estreno en España: 10/10/2014
¿De qué va?: Leo está obsesionado con Beatrice, una chica que va unos cursos más avanzados que él. En especial, Leo ama el pelo rojo de Beatrice. Su día a día está condicionado por los pocos momentos en los que puede ver o coincidir con la chica, pero no se atreve a confesarle sus sentimientos. Un día, Beatrice no va al instituto y su mejor amiga le comunica una noticia terrible: Beatrice tiene cáncer. Leo pronto se pondrá en acción...


Vivimos en tiempos contradictorios. La crisis económica ha traído consigo una mayor competitividad en todos los peldaños sociales y laborales, una deshumanización preocupante de los problemas que sufre la gente de a pié y una total impunidad de los corruptos que nos han gobernado durante muchos años y que todavía ahora se aferran a sus púlpitos y sueldos vitalicios. Queramos o no, la realidad se cuela en el cine (de lo contrario, ¿para qué hacer cine?), pero resulta muy curioso que las nuevas tendencias de las ficciones juveniles estén totalmente desapegadas del malestar general de nuestro día a día (bien pensado, ¿no vamos al cine para evadirnos?). Eso explicaría el éxito de sagas como Crepúsculo, el nuevo boom del cine fantástico, la aceptación de los blockbusters con superhéroes de por medio, la infalible fórmula del 'chico conoce a chica' y otras constantes de la actualidad. 


Para ejemplificar todo lo dicho basta con observar la aceptación popular de un título tan reciente como Bajo la misma estrella: el amor de dos adolescentes enfermos que, obviamente, termina implorando la lágrima del espectador con su dilatado final trágico. Blanca como la nieve, roja como la sangre sigue el mismo esquema y sus similitudes con el film de Josh Boone son notables (target de público similar, adaptación en los dos casos de una novela superventas), pero hay algo en ella que la distancia de todas sus compañeras de género. La cinta italiana tiene una frescura poco frecuente y un personaje protagonista que se acoge a la utopía puber de que todo es posible si se pelea por ello, una premisa tan naif que termina por ganarse la simpatía del espectador. Tan naif como real, porque casi nunca el cine norteamericano sabe llevar a la gran pantalla las pulsiones propias de la edad, la sensación de comerse el mundo, de poder cruzar todas las fronteras sin miedo al fracaso. Blanca como la nieve, roja como la sangre es imposible pero en cierta manera veraz, muy anclada al aquí y al ahora, pero al mismo tiempo con un espíritu ingenuo muy propio del cine de los 80. Bajo la misma estrella idealiza el concepto de amor juvenil, mientras que Blanca como la nieve, roja como la sangre idealiza el ímpetu del joven soñador: puede parecer lo mismo, pero la diferencia, en forma y fondo, es considerable.


Por todo ello, Blanca como la nieve, roja como la sangre se impone como una interesante variación del cine juvenil, con la fuerza de los primeros amores pero sin la ñoñería habitual, con la pesada sombra de la enfermedad pero sin caer en tremendismos. Mientras Bajo la misma estrella opta por deformar la visión de nuestros jóvenes, la propuesta italiana incluye un educativo discurso sobre la amistad, el altruísmo, la fidelidad y la autosuperación frente a los retos más cotidianos. Increíble pero cierto: en pleno siglo XXI, puede hacerse un cine con valores sin que el producto final resulte falsario, cuanto menos rancio. Parece, en definitiva, que no todo el campo es orégano y no todos los amores prematuros son presa cruel de la 'fórmula Moccia': el film de Giacomo Campiotti tiene una energía inusual, eso a pesar de los pesares (las baladas italianas de turno, la obviedad de su triángulo amoroso, el insulso dibujo de los personajes adultos, etc.). Denle una oportunidad: si saben perdonar sus flaquezas (culpa, de nuevo, por el contexto que nos ha tocado vivir), saldrán del cine con una sonrisa de oreja a oreja y con muchas ganas de vivir. Aquello que, por desgracia, Bajo la misma estrella y otros resuelven desde la lágrima fácil e implacable. Aquello, además, que necesita el espectador cansado de que todo vaya tan mal, tanto en la realidad como en la ficción.


Para los que van al cine a recargar pilas.
Lo mejor: Su impecable reparto. Mejora el libro de base, algo que sucede en muy pocas ocasiones.
Lo peor: Que se interprete como una frivolidad sobre el cáncer juvenil.

jueves, 16 de octubre de 2014

CRÍTICA | LASA ETA ZABALA (LASA Y ZABALA), de Pablo Malo

Cine español e historia: quejas y sombras
LASA ETA ZABALA (LASA Y ZABALA), de Pablo Malo
España, 2014. Dirección: Pablo Malo Guion: Joanes Urkixo Fotografía: Aitor Mantxola Música: Pascal Gaigne Reparto: Unax Ugalde, Oriol Vila, Jon Anza, Francesc Orella, Javier Mora, Andrés Gertrúdix, Carlos Olalla, Pep Tosar, Sergi Calleja, Aitor Mazo, Cristian Merchan Género: Biopic. Thriller. Terrorismo Duración: 105 min. Tráiler: Link Estreno en España: 17/10/2014
¿De qué va?: En octubre de 1983, dos miembros de la banda terrorista ETA viajaron a Bayona para una misión secreta. Ambos desaparecieron sin dejar rastro y todo parecía indicar que alguien los había secuestrado aprovechando la oscuridad de la noche. Años después, a muchos kilómetros de distancia, encuentran los restos no identificados de dos personas que una década atrás fueron torturadas y enterradas en cal viva. Una investigación revela que los cadáveres corresponden a los cuerpos de los dos terroristas y se inicia un largo litigio para averiguar la verdad del caso.


El panorama social y político por el que está atravesando España nos obliga a echar la vista atrás, realizar un ejercicio de revisión y volver a los años de la Transición, esta vez sin la nostalgia que ha imperado en los últimos años. Sólo hace falta leer los editoriales de algunas publicaciones y pasearse por las tertulias políticas de ciertos canales de radio y televisión para darse cuenta que en nuestro país no hemos sabido gestionar la herida de la Posguerra y la posterior (y tal vez falsa) euforia de la Transición; y en este ámbito, el cine, por su capacidad evocadora, por llevar al presente datos y rostros vinculados al pasado, tiene (o al menos debería tener) un papel decisivo para la convivencia y el enriquecimiento de todas las opiniones. Pero, como no podía ser de otra manera, nuestro problema es doble, o triple, o infinito, y más cuando invitamos al tan vilipendiado cine español a la fiesta del concierto o de las desavenencias políticas: ¿cómo puede nuestra industria abordar nuestro pasado si por parte de determinados sectores se ha creado una falsa imagen de 'cine politizado' o 'guerracivilista'? ¿cómo podemos realizar películas que sean buenas crónicas de un tiempo histórico y que a la vez abran interesantes debates o esclarezcan cuestiones del tiempo actual con la imperante sequía económica del sector?


Por todo ello, sorprende el estreno este viernes de una película como Lasa y Zabala, o lo que es lo mismo, la crónica del asesinato de dos miembros de ETA y la investigación policial y judicial que terminó juzgando a los responsables de las muertes de José Antonio Lasa Aróstegui y José Ignacio Zabala Artano. Muchos dirán que la irrupción del film en pleno 2014 tiene poco sentido (ETA, por suerte, parece haber cesado su actividad violenta), pero en verdad su llegada a las salas y al ojo mediático no podría ser más recurrente (ahora, conscientes de que el sistema social y judicial que se construyó años atrás se ha desplomado, podemos ser más críticos con un episodio tan turbio de la crónica negra local como el que aborda Pablo Malo). El problema (otro más: tenemos para dar y regalar) es que Lasa y Zabala se limita a reproducir en imágenes unos hechos que ya conocíamos con anterioridad, todo con una pulcritud preocupante, con una parcialidad que debería encender todas las alarmas. Partimos de la base que ni Malo ni ningún miembro del equipo de la película quiere defender o justificar a los terroristas y sus acciones, pero debido a la pobre descripción de personajes y al viciado pulso cinematográfico del film da la sensación de que la paleta de colores se reduce únicamente a todos muy oscuros y muy claros, con unos terroristas elevados a la categoría de mártires y unos guardia civiles cortados con el patrón del 'cabrón' sin paliativos. Lasa y Zabala, en definitiva, acaba resultando poco reveladora en todos los aspectos, por no decir manipuladora y manida, a pesar de que el terreno estaba muy bien abonado para realizar una crónica ampliada y profundizada del caso. La obra tampoco presenta demasiados atractivos artísticos, ya que se parapeta en el correctismo formal, en la narrativa televisiva y en el discurso superficial (algunas secuencias de las entrevistas a los juzgados causan risas de vergüenza y abucheos en la salas, consecuencia obvia de retratar por la vía fácil un tema con demasiadas aristas). Lasa y Zabala, en definitiva, es otra oportunidad perdida de nuestro cine por coger el toro de nuestra historia por los cuernos: mejor quedarse con Yoyes o Días contados, incluso con thrillers como El lobo o GAL, para conocer más y mejor esos años 80 tan puestos en duda. Y si el cine español, por cuestiones de financiación o 'x', no puede o no quiere abordar el pasado con un film de época, siempre queda la metáfora como espacio de libertad absoluta: la referencia que hace Magical Girl a la Constitución Española, aunque simbólica y casi subliminal, es, paradójicamente, mucho más potente y habla más de la España de ayer y de hoy que esta decepcionante Lasa y Zabala.


Para revisionistas no exigentes.
Lo mejor: Pequeños arrebatos de energía como los notables títulos de crédito del film.
Lo peor: Guion pobre, actores sobreactuados, tendencia al esquematismo, etc.


martes, 14 de octubre de 2014

CRÍTICA | UNE NOUVELLE AMIE, de François Ozon

Mi mejor amiga... tras la muerte de mi mejor amiga
UNE NOUVELLE AMIE (THE NEW GIRLFRIEND, UNA NUEVA AMIGA), de François Ozon
Francia, 2014. Dirección y guion: François Ozon Música: Phillippe Rombi Fotografía: Pascal Marti Reparto: Romain Duris, Anaïs Demoustier, Raphaël Personnaz, Michèle Raingeval, Audrey Quoturi Género: Drama Duración: 105 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: De pequeñas, Claire y su mejor amiga hicieron un pacto de sangre: una debe cuidar de la otra hasta el final de sus días, estén donde estén, pase lo que pase. Las chicas crecen, se gradúan, se independizan y se casan, pero siguen muy apegadas. Por eso, cuando ésta muere víctima de un cáncer, Claire decide hacer todo lo posible para animar a David, el marido viudo. Lo que Claire desconoce es que su amiga le escondió durante años un secreto que tras su desaparición sale a la superficie: a David le gusta vestirse de mujer en la intimidad y se hace llamar Virginia. Claire y David deciden crear un nuevo pacto entre ellos: Claire encontrará una nueva amiga, Virginia; y David logrará al fin convertirse en la mujer que siempre ha soñado ser. Pero, como ya sucediese en el pasado, esa promesa hará que ambos encuentren y conozcan muchas más cosas de las esperadas.


El cine de Ozon se expande como una constante exposición de las manías, las oscuridades y la trastienda de la burguesía francesa. Ozon no siempre firma historias realistas en un sentido estricto (de hecho, casi nunca lo son), pero sí traza tramas sumamente interesantes, identificables por ser reflejos deformados de un espejo reconocible, tan arraigadas a la clásica figura del 'auteur' francés como a la transgresión en una cinematografía (la francesa) poco afín a las salidas de tono. Ozon ha creado un sello, y lejos de acomodarse sus últimas películas ponen de manifiesto la confirmación de su talento, su infatigable habilidad para cruzar todas las fronteras habidas y por haber sin despeinarse. En rueda de prensa en el último Festival de San Sebastián, Ozon confesó que no disfruta de manera especial con el proceso de escritura de sus películas y que siempre trabaja a partir de un principio y un final delimitados desde el primer momento, un apunte que resulta especialmente revelador, ya que uno podría imaginarse a Ozon en la soledad de su estudio divirtiéndose mientras imagina cada nuevo giro de sus historias, pero que en verdad describe muy bien el alma de su cine: en sus films, hay menos arbitrariedades de las que podría parecer a simple vista, pero al mismo tiempo se nutren de elementos que quiebran las historias y las elevan a otras dimensiones interpretativas y estéticas. Bien pensado, el cine del francés es tan desbocado que a veces se diría que corre libre sin las riendas de un guion, una sensación que se repite incluso cuando éste está especialmente calibrado (las capas narrativas de En la casa, la unión de personajes - momentos musicales de 8 mujeres o una evolución interna matizada por el paso de las estaciones en Joven y bonita). Un cine y un autor, vaya, tan apasionante como contradictorio que con Una nueva amiga consigue lo imposible: contar más y, con respecto a algunos de sus anteriores trabajos, mejor.


Una nueva amiga es una gran celebración para los 'ozonianos' de pro: vuelve el Ozon colorista de sus inicios, también el director dramático de El tiempo que queda, incluso el creador de intrascendencias retro tan deliciosas como Potiche o thrillers de estructura compleja como Swimming Pool. De alguna manera, Una nueva amiga es un relato tan rebosante de imaginación, tan complejo, tan libérrimo y con tantas reformulaciones y giros internos que bien podría decirse que en él se dan cita, conviven y colisionan, todo a la vez, todas las versiones de Ozon. Y cuando el espectador no da crédito a lo que ve en pantalla o cree que nada puede suceder para complicar todavía más la trama, Ozon responde con un golpe de autoridad sobre la mesa. Porque Ozon ama los contrarios y consigue que desde la butaca asumamos como afines unos conceptos que son antónimos por naturaleza: en sus historias se junta lo serio con lo absurdo, lo grave con lo sublime, la realidad 'hetero' con la 'homo'... Y podríamos decir más: en el film, el maquillaje de una novia acaba convirtiéndose en una estampa mortuoria, un personaje masculino se transforma en otro femenino, los amigos mutan en amantes, y la comedia va tan ligada al drama y lo plausible con lo imposible (y viceversa) que terminamos por acatar como normal un final que dilapida todas las leyes de la biología, la sexualidad y la lógica. Aunque hay un principio que sigue en pie: la personal e intransferible visión de los afectos de Ozon. Por eso, allá donde unos verán apuntes rocambolescos y unos tics queer poco perfilados, otros lograrán vislumbrar una singular historia de duelo y una exploración de la figura de 'el otro' como expresión de nuestros miedos internos, como elemento limitador y como soporte de cara a la revelación y confirmación de una identidad (sexual, pero eminentemente emocional). O lo que es lo mismo: unos se quedarán en el umbral de la forma (y, efectivamente, la trama de Una nueva amiga es un folletín a lo grande, y su estructura es barroca, complicada, tal vez un poco abigarrada), mientras que unos se divertirán poniendo concierto y sentido a su fondo (las lecturas y los temas que pueden sacarse son múltiples). Si hay que tomar partido, lo confesamos: a nosotros nos encanta. La obra más suicida en competición en Donostia y seguramente uno de los films más apasionantes del año.


Lo mejor: Un Duris de vinculación almodovariana que deja al Miguel Bosé de Tacones lejanos a la altura de un mero aficionado.
Lo peor: Que, al tratarse de una película tan inabarcable, algunos analistas y espectadores 'critiquen el árbol sin observar el bosque al completo'.

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Reseña de POTICHE, MUJERES AL PODER, de François Ozon
Reseña de RICKY, de François Ozon

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lunes, 13 de octubre de 2014

CRÍTICA | LA VENUS DE LAS PIELES, de Roman Polanski

Pasión, posesión, perversión 
LA VENUS DE LAS PIELES (LA VÉNUS A LA FOURRURE), de Roman Polanski 
Francia, 2013. Dirección: Roman Polanski Guion: Roman Polanski y David Ives, a partir de la obra teatral de David Ives Fotografía: Pawel Edelman Música: Alexandre Desplat Reparto: Mathieu Amalric, Emmanuelle Seigner Género: Tragicomedia teatral Duración: 90 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: Cae la tarde en París. Empieza a llover. Un director teatral acaba una larga jornada de audiciones. Todavía no ha encontrado una actriz para el papel principal de su obra. De pronto, alguien entra en el teatro. Y pese a su insistencia, la terquedad y el desparpajo de la actriz derriten poco a poco la seriedad del director. Empieza una audición y una pugna entre 'el' y 'ella'.
Palmarés: César al mejor director y nominación en otras 6 categorías, incluyendo mejor película. Candidata al David di Donatello a la mejor película europea. Presente en la sección oficial del Festival de Cannes 2013.


Roman Polanski ha consagrado su carrera a explorar los caminos y a traspasar los límites de la pasión, la posesión y la perversión. La venus de las pieles, su última obra, sigue esa tónica. Y aunque en un principio podría parecer que Polanski está gastando sus últimos cartuchos como autor desde una posición acomodaticia, sus obras más recientes siguen demostrando una militancia y fidelidad digna de elogio por el cine más vivo e intrincado. Tanto en Un dios salvaje como en La venus de las pieles, el director polaco se inspira en dos obras teatrales, ha escrito los guiones cinematográficos con el apoyo de los autores del libreto original, ha recurrido a los mismos técnicos y ha concentrado el peso actoral y escenográfico en poquísimos pero muy recurrentes elementos, suficientes ingredientes para seguir mostrándonos la guerra de sexos, las tensiones ocultas y las rivalidades cotidianas que tanto le interesan.


La venus de las pieles tiene lugar en el patio de butacas y el escenario de un teatro vacío. Tras una tarde de audiciones, un misterioso director teatral recibe por sorpresa a una entusiasta aspirante a actriz, una situación que da pie a un ensayo de alto voltaje. Desde este marco, Polanski juega a tres bandas: por un lado, difumina la relación jerárquica 'director-actriz', hasta el punto que cuesta determinar quién domina a quién; por otro, los personajes de 'él' y 'ella' funcionan como conceptos elásticos, ya que como espectadores no sabemos hasta qué punto la actriz transgrede sus líneas de guion y en qué medida el director reflejó en su libreto las dudas existenciales que lo afligen en la vida real; y finalmente, la representación se despersonaliza al ser una pugna clásica entre un 'hombre' y una 'mujer', de forma que todo el discurso funciona como una variación más de los temas universales (el amor, la muerte, los deseos y los peligros que implican cualquier renuncia o posesión) que aparecen transversalmente en toda la historia del arte.


Mismas cuestiones, formas distintas. Y pese a las coincidencias, La venus de las pieles poco tiene que ver con el thriller de tendencias masoquistas que el director cultivó con Lunas de hiel y La muerte y la doncella en los 90, ya que su esquema es tan joven como clásico, una fundición notable de cine, literatura y teatro. Al film tal vez le sobran algunas vueltas de tuerca, ya que la carnalidad y potencia de sus intérpretes juega paradójicamente en contra de la veracidad del guion. Pero independientemente de gustos personales, este blog recordará La venus a las pieles por una interpretación enteramente personal, aunque totalmente plausible a juzgar por los cabos sueltos que deja el director a lo largo de su toma y daca interpretativo y dialéctico. Porque más allá de divertirse y fabular sobre el arte y sus clásicas preocupaciones, Polanski termina la película dando la victoria a la femme fatale y con el director de teatro, claro alter ego del director de cine que orquestra el conjunto, víctima de su arrogancia castradora. Y es ahí cuando La venus de las pieles abre nuevos frentes de debate y nos ofrece a un Polanski que tal vez, solo tal vez, se refiere entre líneas a las acusaciones de pederastia que lo han acompañado durante muchísimos años. Suficiente para que el film sea tanto la culminación de un castigo femenino como la enrevesada plasmación de un malestar masculino que busca redención, perdón o simplemente paz interior. Y, cómo no, otro ejemplo más del cine lúcido e incómodo del genio Polanski.


Para fans de 'las 4 P': Pasión, Posesión, Perversión y Polanski.
Lo mejor: La desatada labor de Emmanuelle Seigner (el hecho de que la actriz sea la esposa de Polanski todavía beneficia más a las perversas lecturas de la historia).
Lo peor: El espectador a veces necesita desconectar de tanta intensidad.

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Reseña de EL ESCRITOR, de Roman Polanski

SEMANARIO 73: ESPECIAL FESTIVAL DE SITGES

¿Te perdiste algún escrito del blog? Con nuestro semanario puedes recuperar las distintas publicaciones de todas las semanas. En el margen derecho del blog, en la sección 'semanario', puedes (re)leer los distintos artículos ordenados.

CONTENIDOS DEL BLOG: ESPECIAL FESTIVAL DE SITGES


Del 03 al 12 de octubre de 2014

CRÓNICA 1: REC 4: Apocalipsis, The Babadook, Creep, The Target, El estigma del mal 
CRÓNICA 2: Musarañas, Young Ones, Pos Eso, Nicky, la aprendiz de bruja
CRÓNICA 3: I Origins (Orígenes), La distancia, The Guest, The Midnight After
CRÓNICA 4: One on One, The Voices, Stereo,  
Honeymoon, Réalité, A Girl Walks Home Alone At Night
CRÓNICA 5: Maps to the stars, Goodnight Mommy,  
These Final Hours, Jamie Marks Is Dead, Norway
CRÓNICA 6: Annabelle, Asmodexia, La French,  
The Double, A Hard Day, Aux yeux des vivants
CRÓNICA 7: Alleluia, L'altra frontera, El ardor, Over Your Dead Body
CRÓNICA 8: What We Do in the Shadows, Tusk, It Follows, Cuando despierta la bestia
CRÓNICA 9: Los tops del blog (lo mejor del festival)
CRÓNICA 10: PALMARÉS, Burying the Ex, Plemya (The Tribe), Luna



Reseña Sitges: RELATOS SALVAJES, de Damián Szifrón
Reseña Sitges: AUTÓMATA (AUTOMATA), de Gabe Ibáñez
Reseña Sitges: LA PRINCESA KAGUYA, de Isao Takahata

Reseña Sitges: UNDER THE SKIN, de Jonathan Glazer
Reseña Sitges: MI VIDA AHORA (HOW I LIVE NOW), de Kevin McDonald
Reseña Sitges: R100, de Hitoshi Matsumoto



Donostia 2014: Reseña de LOREAK (FLORES), de José María Goneaga y Jon Garaño 
Sitges 2012: Reseña de INSENSIBLES, de Juan Carlos Medina

domingo, 12 de octubre de 2014

SITGES 2014 | DÍA 9 | PALMARÉS y ÚLTIMOS VISIONADOS



PALMARÉS: Esta tarde se ha dado a conocer el palmarés de la edición número 47 del Festival de Sitges. El cuadro de ganadores puede leerse de varias maneras y seguro que cada blog aportará su particular punto de vista. Para Cinoscar & Rarities, el film ganador es una injusta mención mainstream en detrimento de obras muchísimo más potentes, y por lo tanto más representativas del terror y fantástico actual: Alleluia, Réalité, Aux yeux des vivants o Goodnight Mommy se han ido injustamente de vacío o con menciones secundarias. The Babadook ha sido el único título que ha generado consenso: pocas quejas para todos sus premios. Los ex-aequos interpretativos ponen de manifiesto la heterogeneidad de criterios y la ingente cantidad de películas en juego: cuesta tomarse en serio una lista que galardona una interpretación tan mediocre como la Nathan Philips y que firma una innecesaria concesión a la galería acordándose de Julianne Moore. La presencia de Young Ones en guion, The Signal en efectos especiales y What We Do In The Shadows en el premio del público no nos han sorprendido. Os dejamos con los tops del blog y la lista completa de premiados.

Mejor película: ORÍGENES (I ORIGINS), de Mike Cahill
Premio especial del jurado: THE BABADOOK, de Jennifer Kent
Menciones especiales: POS ESO, de Sam; 
A GIRL WALKS HOME ALONE AT NIGHT, de Ana Lily Amirpour;
WHAT WE DO IN THE SHADOWS, de T. Waititi y J. Clement; 
y SPRING, de J. Benson y A. Moorhead
Mejor director: JONAS GOVAERTS, por Cub
Mejor actor: Ex-aequo entre NATHAN PHILIPS, por These Final Hours;
y KOJI YAKUSHO, por The World of Kanako
Mejor actriz: Ex-aequo entre ESSIE DAVIS, por The Babadook;
y JULIANNE MOORE, por Mapa de las estrellas
Mejor guion: YOUNG ONES
Mejor fotografía: JAMIE MARKS IS DEAD
Mejores efectos especiales: THE SIGNAL
Premio del público: WHAT WE DO IN THE SHADOWS, de T. Waititi y J. Clement
Premio de la crítica: RÉALITÉ, de Quentin Dupieux
Premio Méliès d'Argent: GOODNIGHT MOMMY, de V. Frank y S. Fiala

Burying the ex, de Joe Dante. Film de clausura.
CLAUSURA: Burying the ex, la comedia negra de Joe Dante, ha clausurado el festival por todo lo alto. Una película diseñada a modo de homenaje a la Serie B que consigue arrancar la sonrisa de los espectadores en más de una ocasión. Un film con gancho que únicamente aspira a ser un entretenimiento ligeramente retorcido: de ahí que su elección como broche de oro del festival sea todo un acierto. Cuenta la historia de un joven castrado por su novia, una chica ecologista, vegana, verborreica, pesada y especialmente impertinente que le perseguirá incluso después de su muerte. Una gozosa celebración del terror como espectáculo y risa colectiva, con un interesante sentido del absurdo y una capacidad por sumar sangre y chistes de forma equilibrada. Dante sigue demostrando su amor por el terror más desenfrenado, y por momentos consigue imbuirnos del espíritu retro y friki de sus obras más celebradas.

Plemya (The Tribe), de Miroslav Slaboshpitsky. Sesión especial.
ÚLTIMOS VISIONADOS: The Tribe, el bombazo ucraniano que estalló en Cannes y que San Sebastián incluyó en su selección de Perlas, también ha dejado una huella considerable en el público de Sitges. Una película que tenemos que digerir y que merece un análisis detallado. La obra de Slaboshpitsky retoma la crudeza del cine balcánico y centroeuropeo de nuevo cuño, pero con una estrategia inaudita: los personajes son sordomudos, y la comunicación entre ellos se reduce a un lenguaje de signos que nunca aparece explicado o subtitulado (la dirección de fotografía y el singular uso del sonido ayudan a configurar la viciada atmósfera de la película). El espectador primero debe intuir la película que está viendo, y una vez ya la ha configurado en su cabeza está obligado a realizar un reseteo interno y abordar los dilemas y los dramas de la cinta desde todas las perspectivas. Escenas como las del aborto o la masacre final son de esas imágenes que se graban a fuego en la memoria. Incomodará y creará polémicas, condición imprescindible de todo título con sello Sitges; y pese a todo, su marco sociocultural lo aleja de ese fantástico que demanda el certamen catalán, aunque podría discutirse si Slaboshpitsky juega a hacer cine social o a construir una irrealidad a partir de pequeños retales de verdad. Sea como sea, volveremos a ella para hablar largo y tendido de esta historia de adolescentes y adultos que son víctimas - verdugos de un sistema empobrecido - embrutecido hasta extremos insoportables.

Luna, de Dave McKean (Reino Unido, 2014).
De Luna, lo nuevo de Dave McKean, poco podremos añadir en próximas publicaciones. El film explica el encuentro de dos parejas de amigos justo unas semanas después de que una de ellas perdiese a su hijo. Las conversaciones entre los personajes dan pie a delirios pseudolíricos que el director quiere llenar de significados emocionantes, pero que en verdad están cargados de una sensibilidad que roza lo absurdo: unos cangrejos de papel se convierten en seres vivos, las acuarelas que pinta un personaje cobran vida, e incluso un médico chamánico cura a la pareja con un ritual que parece sacado de un libro rosa de autoayuda. Una película que no hay por dónde cogerla: por poner en duda, incluso puede cuestionarse su presencia en Sitges, ya que no cuenta con ninguno de los ingredientes que demanda su público. ¿Habrá influido la fama de McKean? Por lo pronto, os confieso que dormí largos cuartos de hora en la sala, y que el compañero de butacas miraba el reloj cada dos por tres. De lo peor visionado en el festival.

En próximos posts seguiremos analizando detalladamente gran parte de las películas del Festival de Sitges. Nosotros hacemos maletas: ¡hasta el año que viene, Sitges!
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