jueves, 18 de diciembre de 2014

SEMANARIO 78: ESPECIAL TEMPORADA DE PREMIOS 2014 / 2015

¿Te perdiste algún escrito del blog? Con nuestro semanario puedes recuperar las distintas publicaciones de todas las semanas. En el margen derecho del blog, en la sección 'semanario', puedes (re)leer los distintos artículos ordenados.

CONTENIDOS DEL BLOG


Del 25 de noviembre al 16 de diciembre

Estrenos
 Reseña de OMAR, de Hany Abu-Assad
Reseña de ÄTERTRÄFFEN, de Anna Odell
Reseña de MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA, de Woody Allen
Reseña de EYJAFJALLAJÖKULL (O SIMPLEMENTE 'EL VOLCÁN'), de Alexandre Coffre



Óscars 2015
Reseña de ANNIE, de Will Gluck
Reseña de IDA, de Pawel Pawlikowski
Reseña de SIEMPRE ALICE, de R. Glatzer y W. Westmoreland
Reseña de ST. VINCENT, de Theodore Melfi
Reseña de GETT: EL DIVORCIO DE VIVIANE ANSALEM, de R. & S. Elkabetz




Goyas 2015
Reseña de HERMOSA JUVENTUD, de Jaime Rosales
Reseña de LA PARTIDA, de Antonio Hens
Las películas españolas más esperadas del 2015: ÓPERAS PRIMAS
Las películas españolas más esperadas del 2015: SEGUNDAS PELÍCULAS




Cannes 2014
Reseña de MR. TURNER, de Mike Leigh
Reseña de MOMMY, de Xavier Dolan


REC 2014
Rec 2014: Resumen del festival
Reseña de THE TRIBE (PLEMYA), de Myroslav Slaboshpitsky


San Sebastián 2014
Reseña de CASANOVA VARIATIONS, de Michael Sturminger
Reseña de REGRESO A ÍTACA, de Laurent Cantet

miércoles, 17 de diciembre de 2014

CRÍTICA | ST. VINCENT, de Theodore Melfi

Mi vecino Bill Murray
ST. VINCENT, de Theodore Melfi
2 nominaciones a los Globos de oro: Mejor comedia del año y mejor actor de comedia/musical. 1 nominación a los SAG en el apartado de mejor actriz secundaria.
EE. UU., 2014. Dirección y guion: Theodore Melfi Fotografía: John Lindley Música: Theodore Shapiro Reparto: Bill Murray, Jaeden Lieberher, Melissa McCarthy, Naomi Watts, Terrence Howard, Kimberly Quinn, Lenny Venito, Greta Lee, Parker Fong Género: Tragicomedia Duración: 105 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 12/12/2014
¿De qué va?: Vincent es un hombre hecho a sí mismo, de trato un tanto desagradable, formas bruscas y lenguaje descuidado. Cuando su vecina le pide que cuide de su hijo, el anciano, acostumbrado a una vida holgazana y nada sociable, poco a poco irá encariñándose con el chaval, hasta el punto de confesarle al pequeño algunas de sus intimidades. Su trabajo como canguro dará un giro cuando su salud se resienta por culpa de los excesos.


¿Qué fue antes: Bill Murray o el mito de Bill Murray? Y en función de eso, qué criterios toma el actor para elegir sus nuevos proyectos: ¿piensa exclusivamente en los retos que le presenta el personaje o tiene en cuenta hasta qué punto ese personaje se ajusta al perfil entre cándido y malhumorado que lleva encarnando desde hace años? Es imposible no pensar en estas y otras cuestiones ante una película como St. Vincent: el espectador está en todo su derecho de querer saber si la gallina fue antes que el huevo (o viceversa), y por lo tanto de conocer hasta qué punto la presencia estelar de Murray dota al film de personalidad, o si éste ya tenía al actor de Lost in Translation en mente desde su génesis. Sea la leyenda de Murray más o menos justa, e independientemente de si Murray es víctima de las casualidades o un artista muy consciente de su imagen dentro y fuera de la ficción, St. Vincent, de nuevo, es un producto confeccionado para obra y gracia de su cabeza de cartel. Murray defiende con solvencia y pocos esfuerzos a un veterano de guerra con ceros dólares en su cuenta bancaria y que, tras una fachada ruda, esconde un corazón de oro: cuida a su esposa enferma, ayuda a una prostituta rusa y educa, aunque mediante métodos poco ortodoxos, a su nuevo vecino de doce años. El resto es historia sabida, o lo que es lo mismo, una comedia yanki según los parámetros de nuestros tiempos con tono tragicómico, eminentemente amable, más correcto que comprometido, más continuista que rompedor, y ligero toque a lo Payne, aunque sin superar al director de Entre copas. Film que se deja ver, al que se le perdonan todos sus excesos de azúcar, y que acaba, cómo no, con Murray en plano único, como único rey de la función, perpetrando su fama de oso perezoso con buen fondo (y aureola de santo ya desde el propio título). Una película que se parece a demasiadas otras: si fuera una pieza musical, sería pura radiofórmula. ¡Ah! ¿Pero Murray no era ese actor que detestaba los productos de fácil consumo? Mejor no buscarle los tres pies al gato.


Para los que siguen atrapados en el tiempo de Murray.
Lo mejor: Melissa McCarthy deja entrever su potencial como actriz dramática.
Lo peor: Es el tipo de película que crees que es.


martes, 16 de diciembre de 2014

CRÍTICA | ANNIE, de Will Gluck

Cuentos viejos, contextos modernos
ANNIE, de Will Gluck
2 nominaciones a los Globos de oro 2015: Mejor actriz protagonista (comedia-musical) y mejor canción original
EE. UU., 2014. Dirección: Will Gluck Guion: Aline Brosh McKenna, Will Gluck y Emma Thompson, a partir de la obra de Thomas Meehan Fotografía: Michael Grady Música: Jay-Z Reparto: Quvenzhane Wallis, Jamie Foxx, Rose Byrne, Bobby Carnnavale, David Zayas, Amanda Troya Duración: 115 min. Género: Comedia musical. Infantil Tráiler: Link Estreno en España: 30/01/2015 
¿De qué va?: Annie es una niña huérfana que vive en una casa de acogida. Un día coincide en la calle con un rico empresario dedicado a la venta de teléfonos de última generación que quiere hacerse un espacio en la política municipal. Los ayudantes de campaña del hombre ven en Annie una posibilidad de oro para que su jefe remonte en las estadísticas, pero lo que en un principio nace como un negocio acabará siendo una experiencia que cambiará la vida de todos.


Casi nadie se acordaba de Annie, ya sea en su versión teatral para Broadway o en la larga lista de películas que surgieron a partir de la obra original. Will Gluck, hasta ahora defensor de comedias ligeramente gamberras como Rumores y mentiras y Con derecho a roce,  desempolva la gallina de los huevos de oro con una versión navideña, neoyorkina y aparentemente moderna del clásico, sirviéndose de un humor y de unas fórmulas propias de las películas noventeras que la Disney facturó con irregular fortuna (por citar algunas, Flubber y el profesor chiflado o Inspector Gadget). Con estas señas, sorprenden varios aspectos: el más destacado, el giro al cine familiar de un autor como Gluck, bastante cómodo, al menos hasta ahora, en una comedia ajena a la corrección; y el más evidente, la voluntad por rescatar un 'christmas tale' que poco tiene que ver tanto con los valores del momento como con los gustos de los más pequeños (a Annie no le beneficia el hecho de dirigirse a una generación que desconoce los clásicos de la casa y que se ha criado con el 3D y la sucesión de efectos especiales de la animación digital). Annie, en otras palabras, es de esas películas que se intuyen desatinadas desde el primer minuto de metraje, y por desgracia ni tan siquiera se defiende como un ejercicio de melancolía cinematográfica: los personajes están descritos desde el desfase, la superficialidad y el histrionismo, detalle del que seguramente los votantes de los Razzie tomarán nota para sus nominaciones. Con todo, los que nacimos en los 90 (y, por lo tanto, a los que nos precede cierto bagaje de cine blanco, ligeramente azucarado y con músicas 'old style'), encontraremos un ejercicio de cine retro bastante curioso, sin llegar a tener el ritmo y la personalidad de Encantada: La historia de Giselle.


Para nostálgicos que se enternecen por Navidad.
Lo mejor: Foxx y Díaz, sin miedo al ridículo.
Lo peor: Cuesta verle la gracia. ¿Y por qué es tan larga?


lunes, 15 de diciembre de 2014

CRÍTICA | CASANOVA VARIATIONS (THE CASANOVA VARIATIONS), de Michael Sturminger

CASANOVA VARIATIONS (THE CASANOVA VARIATIONS), de Michael Sturminger
Austria, 2014. Dirección: Michael Sturminger Guion: Michael Sturminger y Markus Schleinzer Fotografía: André Szankowski Música: VV. AA. Reparto: John Malkovich, Veronica Ferres, Fanny Ardant, Victória Guerra, Florian Boesch, Miah Persson, Anna Prohaska, Kate Lindsey Género: Biopic. Drama teatral Duración: 115 min.
¿De qué va?: En un teatro se representa una ópera sobre la vida y la obra de Giacomo Casanova. La historia de sus producciones teatrales y de sus archiconocidas pasiones y relaciones amorosas. John Malkovich da vida a Casanova, y el público observa atento la función, e incluso participa de lo que ocurre en el escenario. En conjunto, variaciones de una personalidad tan poliédrica como la de Casanova, entre la persona y el personaje, la historia documentada y el mito.



En la no suficientemente reivindicada El niño de Mâcon, Peter Greenaway mezclaba teatro, ópera y cine, de forma que la historia que se contaba, cual suma de capas y voces, era la representación dentro de la representación, con espectadores convertidos en personajes, personajes que mutaban en espectadores y un cambio de escenarios entre la tramoya tradicional y los efectos especiales modernos. Casanova Variations retoma ese esquema, y algunos, tras su proyección en el último Festival de San Sebastián, atribuyeron injustamente al film de Sturminger una capacidad de experimentación que Greenaway ya demostró dos décadas atrás. Con todo, la propuesta de Greenaway sólo sirve de marco multiformato para estas 'variaciones' que, a medida que avanza el metraje, demandan su propio espacio y confeccionan su particular personalidad. John Malkovich pone cara y expresividad a un Casanova que va reformulándose acto tras acto: al final cuesta diferenciar la persona del personaje, el Casanova de los libros de historia del Casanova literario que se ha asentado como mito. Y, paradójicamente, hay un elemento que es inmutable en toda la película: los diálogos farragosos, las peroratas llenas de retórica y vacías de contenido, la recreación en una originalidad (lo dicho: ser una obra dentro de una obra) que superada la primera hora deja de sorprender. Así, entre fugas y subrayados, discurre una cinta que pesa como una losa, un ejercicio pomposo que aletarga hasta el más paciente de los espectadores. En Donostia dejó bastante indiferente a crítica y público, y ni tan siquiera la esperada presencia de Malkovich en la capital sirvió para caldear los ánimos. Es más: a juzgar por la aséptica rueda de prensa, da la sensación de que el film ni tan siquiera convence a sus responsables. Una película diseñada cual 'naturaleza muerta', vistosa pero sin demasiada vida, excelentemente dispuesta pero carente de interés. Un juguete pseudointelectual con más ortografía que gramática. ¿Qué opinará de ella Greenaway?


Para estudiosos de Casanova.
Lo mejor: El gag de Malkovich y la espectadora médico.
Lo peor: Le sobra media hora larga. O más.

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sábado, 13 de diciembre de 2014

CRÍTICA | IDA, de Pawel Pawlikowski

La fe vs. la verdad
IDA (SISTER OF MERCY), de Pawel Pawlikowski
Polonia, 2013. Dirección: Pawel Pawlikowski Guion: Pawel Pawlikowski y Rebecca Lenkiewicz Fotografía: Lukasz Zal y Ryszard Lenczewski (blanco y negro) Música: Kristian Selin Eidnes Andersen Reparto: Agata Kulesza, Joanna Kulig, Jerzy Trela, Agata Trzebuchowska, Dawid Ogrodnik Duración: 75 min. Género: Drama Tráiler: Link Estreno en España: 28/03/2014
¿De qué va?: Años 60. Anna es una joven novicia que vive en un convento de la Polonia rural. A pocos días de que tenga lugar la ceremonia que convertirá a Anna en monja de clausura, la madre superiora anima a la chica a que viaje a la capital y visite a su tía, su único familiar que queda con vida. Al contactar con su tía, Anna descubrirá un terrible secreto que se remonta a los años de la guerra: la familia de Anna es de origen judío y sus padres fueron asesinos durante la ocupación nazi.
Palmarés: Premios del cine europeo, EFA 2014: Mejor película, director, guion, fotografía y premio del público. Gran ganadora del Festival de Gijón 2013: mejor película, mejor actriz, mejor guion y mejor diseño de producción. Mejor película del Festival de Varsovia y Londres, premio de la crítica internacional del Festival de Toronto y nominación al David di Donatello a la mejor película europea del año. Candidata polaca a los Óscar 2015: nominada al Globo de oro y al Satellite Award a la mejor película de habla no inglesa del año.
El dato: Este año se han estrenado en nuestro país dos films de Pawlikowski: Ida y La mujer del quinto.


Ida recoge el testigo del cine de Kieslowski y de otros tantos directores polacos que en el pasado retrataron la historia de su país. Una historia, cómo no, marcada por la Segunda Guerra Mundial, el sistema comunista que siguió después y la todavía desigual situación dentro del mapa europeo de nuestros días. Pawlikowski evita la épica del último Wadja para centrarse en una historia intimista, coherente con sus raíces, pero todavía más apegada a las tónicas festivaleras de la actualidad. Con un guion que se repliega y esconde, una dirección de fotografía que aplasta a los personajes (en sus planos, el cielo se come a la tierra) y un blanco y negro que confiere misterio a la historia, Ida cede la voz (o mejor: el silencio), a dos mujeres antitéticas, unidas por una herida familiar, y separadas por dos opciones vitales muy diferentes, dos maneras dispares de digerir el dolor y de intentar seguir adelante: una asume su trauma desde la fe, y otra batalla apelando a la rigidez de la justicia; misticismo y razón, por lo tanto, enfrentados como polos no tan opuestos. Por desgracia, Pawlikowski no consigue la complejidad humana y, sobre todo, las encrucijadas morales que el genio Kieslowski retrató en su cine. En Ida la intuición prima a la revelación, y el film es más el boceto de una historia que la exploración completa y compleja de una trama. En los claroscuros de Ida casi nunca podemos llegar a acceder a las entrañas de sus personajes, al epicentro de su tragedia. De Ida queda un viaje a los infiernos, pero un viaje parcial, como si solo hubiésemos podido ver la inmensidad del mal desde una ventana muy pequeña. Una película introvertida, de visionado tortuoso pese a su corta dirección. Un film, vaya, menos interesante con respecto a los debates que puede motivar una vez terminada la sesión. Meritoria, sin duda, pero ligeramente sobredimensionada.


Para los que quieran hacer 'cineclub' sobre la Europa del S. XX y XXI.
Lo mejor: La tensión-complicidad que se respira entre sus dos protagonistas.
Lo peor: Su éxito en festivales y entregas de premios es inexplicable.


jueves, 11 de diciembre de 2014

CRÍTICA | GETT: EL DIVORCIO DE VIVIANE AMSALEM, de Ronit y Shlomi Elkabetz

Proceso eterno
GETT: EL DIVORCIO DE VIVIANE AMSALEM (GETT: EL PROCESO DE VIVIANE AMSALEM; GETT, THE TRIAL OF VIVIANE AMSALEM), de Ronit Elkabetz y Shlomi Elkabetz
Globos de oro 2015: Nominada a la mejor película de habla no inglesa. Festival de San Sebastián 2014: Perlas de otros festivales
Israel, 2014. Dirección y guion: Ronit Elkabetz y Shlomi Elkabetz Fotografía: Jeanne Lapoirie Reparto: Simon Abkarian, Dalia Beger, Gabi Amrani Género: Drama Duración: 115 min. Fecha de estreno en España: 06/03/2015 Tráiler: Link
¿De qué va?: Viviane lleva años sin vivir con su marido Elisha y quiere formalizar su separación. El sistema judicial israelí se convertirá en su principal escollo. Viviane debe convencer a los miembros de un Tribunal Rabínico que ella tiene el derecho de pedir el divorcio y que Elisha ha incumplido sus funciones como esposo. Elisha, que al principio hace oídos sordos a las peticiones de su mujer para que se presente a los juzgados, intentará por todos los medios que Viviane siga siendo su mujer y le pide que vuelva a la casa familiar. Un proceso que se eterniza durante muchos meses y que pone de manifiesto la imperante ley religiosa en un país donde no existen las uniones civiles. Última parte de la trilogía sobre el matrimonio y la familia de los hermanos Elkabetz.


Cuando se estrenó Blancanieves de Pablo Berger se dijo que su impacto quedaba rebajado por el recuerdo de The Artist, si bien la cinta española supera y con creces, al menos para quien escribe, al oscarizado film francés. El mismo esquema puede aplicarse a Gett: El proceso de Viviane Amsalem con respecto a Nader y Simin, una separación, dos títulos análogos en cuanto a temas y fórmulas estilísticas, aunque en este caso la cinta israelí palidece ante la obra maestra de Farhadi. Ambas cintas comparten pulso crítico y el objetivo de poner patas arriba la fórmula del drama social, con fugas al thriller claustrofóbico. En Nader y Simin, una separación, la tensión emanaba de la propia historia, diseñada cual bola de nieve en caída libre; Gett: El proceso de Viviane Amsalem, en cambio, se parapeta en lo formal (la acción sucede por entero en una sala de juicios, espacio que funciona como cosmos propio y como representación del mundo que agoniza extramuros), y su guion repite hasta la saciedad, con la obstinación de su protagonista, un mensaje que suena a subrayado, no por necesario menos obvio, pasada la primera media hora de metraje. Las comparaciones son odiosas, seguramente injustas, pero Gett: El proceso de Viviane Amsalem sale bastante damnificada del inevitable ejercicio contrastivo que realizó la crítica en festivales como San Sebastián y que seguirá haciendo en próximos meses cuando el film llegue a las carteleras y, tal vez, a la lista de nominaciones de los Óscar. Una terna, valga decirlo, en la que difícilmente logrará imponerse con la rotundidad de la cinta iraní. Con todo, a Gett: El proceso de Viviane Amsalem hay que reconocerle un gran sentido del riesgo y del compromiso, justamente dos grandes virtudes que no abundan en el cine de nuestros días.


Para ser conscientes del (injusto) mundo en el que vivimos.
Lo mejor: La energía y convicción de sus actores protagonistas.
Lo peor: Su militancia le lleva a ser demasiado reiterativa e insistente.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

CRÍTICA | ÅTERTRÄFFEN (THE REUNION), de Anna Odell

De cómo sufrí bullying (y me vengué)
ÅTERTRÄFFEN (THE REUNION), de Anna Odell Suecia, 2013. Dirección y guion: Anna Odell Fotografía: Ragna Jorming Reparto: Anna Odell, Sandra Andreis, Erik Ehn, Robert Fransson, Kamila Benhamza, Henrik Norlén Duración: 85 min. Género: Drama experimental Tráiler: Link
¿De qué va?: Anna Odell, una artista muy polémica en su Suecia natal, rueda en su ópera prima una obra con tintes autobiográficos. Återträffen arranca en una fiesta de exalumnos. Anna Odell da vida a una joven realizadora marcada por un pasado de insultos, burlas y acoso escolar. Una historia de bullying en dos actos y discurso ambiguo: la crítica social, la liberación personal y la venganza colectiva se dan la mano en una de las películas más potentes del último cine escandinado.
Palmarés: Premio Guldbagge a la mejor película sueca y al mejor guion del año 2013. Premiada en los festivales de Venecia, Estocolmo, Bratislava, Bruselas y Dublín.
El dato: El nombre de Anna Odell empezó a ser conocido en Suecia a raíz del proyecto Unknown Woman (2009). En ese trabajo, Odell simulaba tener transtornos psíquicos en mitad de la calle para abrir un debate sobre el trato y la percepción social de ciertas enfermedades mentales. La controversia ha acompañado a Odell en Återträffen, su primer largometraje, que ha recibido todo tipo de críticas.



El drama del bullying tiene en Återträffen (The Reunion) una de sus obras más singulares. La artista Anna Odell recurre a vivencias personales para construir un film que ella misma dirige, escribe y protagoniza. En su primera parte, la película sigue la marca Dogma de un título tan insigne como Celebración (Festen) y nos muestra el inestable devenir que toma una reunión de antiguos compañeros de instituto después de que Anna sorprenda a todos con un discurso demoledor. En el segundo tramo, la película se deconstruye abrazando el falso documental, y Anna, hasta ese momento un personaje ficticio, pasa a ser una cineasta que quiere presentar el film anterior a esos compañeros de colegio que en verdad no la invitaron a la citada cena (Anna, por lo tanto, recrea 'aquello que hubiese podido pasar' en el caso de haber asistido a la fiesta).

Con estas dos partes, a priori contradictorias pero finalmente complementarias, Anna Odell logra un binomio intensísimo en el que el espectador siente tanto la tragedia como la rabia de la protagonista por un pasado escolar que la ha marcado de por vida. Podemos hablar de dos películas diferentes perfectamente ensambladas, y al mismo tiempo puede afirmarse que el film puede visionarse desde dos posiciones antónimas: aceptando que el metraje es un esputo que Odell cuenta desde sus entrañas para exorcitar antiguos fantasmas, o bien entendiendo que Odell, en lugar de retratar el drama de los malos tratos, simplemente hilvana una maquiavélica venganza sin importar las repercusiones que puede tener en otras personas la confesión en público de sus traumas.


Personalmente, Återträffen (The Reunion) es un juguete de estructura macabra, tan escalofriante como víctima del egocentrismo de la 'personalidad' que pivota la historia (Anna Odell centra todo el relato, su mirada opta por un subjetivismo sin matices, y por ello cuesta despegar la ficción de la realidad que fue, hasta el punto de que todo el conjunto resulta más que cuestionable). Con todo, debo confesar que Återträffen (The Reunion), a medio camino entre la excentricidad y la lucidez creativa, es el film que más me ha violentado en mucho tiempo: una prueba de que, pese a sus flaquezas, Återträffen (The Reunion) es un film de una fuerza arrolladora que merece ser vista. Una obra desconcertante que resta abierta a todo tipo de adjetivos: o arrolla o resulta tremendamente antipática. Y mucho cuidado: puede remover episodios personales que el espectador tal vez prefiera no recordar. Una película que pica y escuece, otro ejemplo más de ese cine sueco empeñado en sacar a la superficie la pudredumbe del falso bienestar nórdico.


Para amantes de películas que quitan el sueño.
Lo mejor: Su constante capacidad de sorprender e inquietar. La película resulta insoportable en el buen sentido de la palabra: su violencia implícita desarma hasta el más fuerte.
Lo peor: La antipatía que puede despertar su autora-protagonista. No sabemos si para Odell prima la crítica o la venganza, por lo que da la sensación de que el film puede desmontarse con mucha facilidad.

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martes, 9 de diciembre de 2014

CRÍTICA | THE TRIBE (PLEMYA), de Myroslav Slaboshpitsky

Bofetones que duelen (y no hacen ruido)
THE TRIBE (PLEMYA), de Myroslav Slaboshpitsky
Festival de Cannes 2014: Premio Semana de la Crític. Festival REC 2014: Mejor ópera prima.
Ucrania, 2014. Dirección y guion: Myroslav Slaboshpitsky Fotografía: Valentyn Vasyanovych Reparto: Grigoriy Fesenko, Yana Novikova, Rosa Babiy, Alexander Dsiadevich, Yaroslav Biletskiy, Ivan Tishko, Alexander Osadchiy, Alexander Sidelnikov, Alexander Panivan Duración: 130 min. Género: Drama Tráiler: Link
¿De qué va?: Un adolescente ingresa en un internado especial para sordomudos. Sus compañeros se comportan de modo extraño y lo someten a pruebas salvajes. Sin quererlo, pronto entrará a formar parte de 'la tribu', una organización que discurre al margen de cualquier tipo de reglamento. Su estancia se complica cuando se enamora de una de las chicas internas e intente revelarse contra el funcionamiento de la tribu. Pero para entonces ya no habrá vuelta atrás, y la única forma de manifestar su rabia será actuando con una violencia todavía más contundente.


Cuando uno ve un número considerable de películas al año, la capacidad de sorpresa disminuye, e incluso uno se vuelve un tanto reacio a las modas que proclaman ciertos festivales: al fin y al cabo, siempre podemos pensar que 'lo nuevo' no deja de ser una variación de tendencias ya existentes o, lo que es lo mismo, de experiencias cinematográficas ya vividas. Tal vez por eso a la comunidad cinéfila le gusta que de vez en cuando lo que sucede en la pantalla no nos ofrezca asideros, que nos deje sin palabras. Pensándolo detenidamente, esa tarea casi inconsciente de ver tantas cintas en tan poco tiempo tiene sentido cuando encontramos esa joya que nos desmonta los esquemas, que nos obliga a reconsiderar nuestra mirada y que nos recuerda que el cine sigue teniendo la capacidad de sorpresa y fascinación que tuvo en nuestros visionados de infancia. Todo ello lo consigue The Tribe, una película que en el circuito de festivales de este 2014 ha funcionado como particular horma del zapato de todo programador, el título inevitable e ineludible de la temporada, una de las obras que más ha viajado y que más y más variadas opiniones ha registrado durante su periplo itinerante.


La novedad de The Tribe no obedece tanto a una opción temática como a una personalidad estilística: de hecho, para casi todas sus escenas existe un referente más o menos inmediato que funciona como bagaje tanto para el propio director como para el espectador más atento (la conexión más evidente la propone el durísimo momento del aborto, con reminiscencias directas a la famosa escena de la rumana 4 meses, 3 semanas, 2 días). El cine de Centroeuropa, por lo general de gran dureza y contenido crítico, ha utilizado muchas técnicas para captar nuestra atención, focalizar sus denuncias y encontrar un espacio en el sistema de certámenes artísticos, pero la fórmula a la que recurre Slaboshpitsky es inédita, y por ello deja una especial huella en el espectador. En The Tribe, los protagonistas, unos jóvenes sordomudos encerrados en una institución dominada por unos mecanismos cruelísimos, se expresan mediante la lengua de signos, por lo que el espectador está obligado a rellenar los huecos de la trama y a conferir cierto sentido a fotogramas que, por su violencia tanto implícita como explícita, resultan casi irreales, irracionales. Además, la estructuración de las escenas a modo de largos planos secuencia potencia todavía más cierta sensación de agobio, de claustrofobia, de marco irrespirable del que nosotros, desde nuestras butacas, no podemos escapar, y en cuyas redes cae inevitablemente nuestro protagonista hasta el punto de perder cualquier atisbo de humanidad. 


Slaboshpitsky parte de lo social para situarse en el terreno de la alegoría: como retrato del día a día de un colegio de adolescentes, la película resulta exagerada y sórdida, siempre y cuando no nos situemos en los marcos amplios del cine fantástico (de ahí tal vez su inclusión en un festival como Sitges); pero gana enteros como ficción etérea, como suma de intuiciones, como metáfora de un sistema social despiadado que tiene mucho que ver con la Ucrania dividida de nuestros días (y, por qué no, con la Europa en guerra constante cuyas fronteras geográficas y cuyos límites morales han sido reformulados en infinidad de ocasiones, y a la postre dilapidados). Por todo ello, The Tribe es una película que escuece, que deja en estado de shock. Una cinta dura como una piedra, sin un atisbo de esperanza en sus más de dos horas de metraje. Algunos responderán ante su radicalidad con desprecio, incluso apartando su mirada de la pantalla, pero esa postura no deja de demostrar que Slaboshpitsky ha conseguido hablar desde el silencio de aquello que no nos gusta expresar o que somos incapaces de reconocer. Magical Girl sorprende por lo que no no vemos, mientras que en The Tribe no hay elipsis posibles. Es, vaya, una visita al epicentro del mal. O, como diría Vermut, a la habitación del lagarto negro.


Para los que busquen películas que sean un 'zas en toda la boca'.
Lo mejor: Nunca sabemos qué sucederá en la próxima escena.
Lo peor: Querer racionalizarla.


lunes, 8 de diciembre de 2014

RESUMEN | REC 2014: XIV FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE TARRAGONA

El Festival Internacional de Cinema de Tarragona REC acaba de clausurar su edición número XIV, una de las más homogéneas e interesantes a lo que películas se refiere. Un certamen que sigue creciendo pese a las dificultades del momento (no solo económicas) y que siempre deja con ganas de más. En un principio podría pensarse que programar un festival en pleno Puente de la Purísima es un acto casi suicida, más si cabe teniendo en cuenta que esta semana llegaban a las salas comerciales los nuevos estrenos de Ridley Scott, Woody Allen y Xavier Dolan entre otros, pero la ciudad de Tarragona una vez más se ha volcado con todas las proyecciones y actividades del festival. Lo celebramos.

Este año, el equipo encabezado por Xavier García Puerto nos ha brindado una selección de films muy variada a lo que voces y nacionalidades se refiere, pero al mismo tiempo muy coherente en cuanto a temáticas y tendencias cinematográficas. El festival, dedicado a las óperas primas y segundas películas de directores de todo el mundo, sirve, por lo tanto, de excelente muestrario de todo lo que se cuece en el cine de nuestros días. El nuevo calendario del festival permite, además, una programación alejada de las constantes festivaleras, y con ello visibilizar títulos que han quedado ligeramente marginados en el maremágnum de mostras, festivales y certámenes de todo el año. Una apuesta necesaria y valiente; un festival pequeño si nos ceñimos a repercusión y difusión mediática, pero en el que se percibe una selección muy cuidada de obras.

Las altas presiones de Ángel Santos: film generacional... ¿y autobiográfico?

Si hablamos de temáticas, el eje principal del festival ha sido el desencanto del ciudadano europeo contemporáneo. Casi todas las películas de este año han estado protagonizadas por seres perdidos, apáticos y de trazo ambiguo que no acaban de encontrar su espacio; personajes de 'veintibastantes' y 'treintaypocos' ahogados por la crisis, pero también desencantados por una vida y un (des)orden social y emocional que no les es favorable. Todas las propuestas, en resumen, pueden considerarse estampas de un malestar generalizado que el REC ya empezó a mostrar en la sección Eurobronx de la anterior edición. Historias nada convencionales, existencias convulsas e imágenes reconocibles que tras una pátina de cotidianidad esconden un quiebro, una herida.

El camí més llarg per tornar a casa tuvo su première catalana en el REC tarraconense.

El camí més llarg per tornar a casa es el ejemplo más desnudo y visceral de esta constante. En la obra de Sergi Pérez, el duelo se expresa mediante los mimbres de una road movie emocional, una odisea moderna casi muda y una experiencia claustrofóbica que mantiene a la platea en un estado constante de dolor y nerviosismo. Los coordenadas de Las altas presiones, premiada en el último Festival de Sevilla, son muy parecidas: Miguel, un joven que busca localizaciones para una película, vaga sin energías por unos espacios y unas vidas que le son ajenas a la vez que propias, de forma que el público recibe el film como una suma de momentos en los que en apariencia no sucede nada y en los que al mismo tiempo se dice y acontece todo. Incluso 10.000 Km, rescatada para el público tarraconense como sesión fuera de competición, ejemplifica los puntos clave del nuevo cine español, austero pero nunca sencillo, crónica de una juventud superada por las circunstancias, en este caso separada por la distancia del título.

The Tribe, una bomba de relojería en toda regla.

De la película de Carles Marqués-Marcet se intuye otro elemento transversal en la programación del REC: los nuevos horizontes del 'boy meets girl', o el encuentro amoroso concebido como un pozo inagotable de historias, sin edulcorantes ni clichés. En Trap Street, un joven que se dedica a cartografiar digitalmente una gran urbe de la China actual se enamora de una desconocida, y ello le permite destapar lo invisible: las redes dictadoras y mafiosas de un regimen que controla a su ciudadanía hasta límites inhumanos. Por su parte, en la francesa 2 otoños 3 inviernos y en la húngara For Some Inexplicable Reason el relato romántico está fragmentado y discurre a medio camino entre la seriedad y la ligereza, trufado de chistes generacionales y envuelto en un halo de melancolía: la primera, con un notable regusto a Nouvelle Vague; y la segunda, heredando un humor centroeuropeo poco o nada afín al despiporre ibérico.

Trap Street, el indie chino. Dirige Vivian Qu, la productora de Black Coal.

La Europa de la discordia y del desconcierto se ha manifestado con toda su virulencia en el festival, dando espacio a cinematografías tan poco frecuentes entre nosotros como la serbia o la búlgara. Películas impactantes de vocación polémica, vecinas a nivel geográfico, y a su vez exóticas para un público mediterráneo. No One's Child empieza siendo la historia de un niño salvaje que es educado en un orfanato de Belgrado, y al final del relato el proceso de integración social del chico acaba sesgado ante la llegada de la guerra: las instituciones se revelan inoperantes, la maldad humana se despliega con todas sus fuerzas, y el niño protagonista acaba siendo un ejemplo y una víctima de un fracaso social, pero también la representación de una rudeza que, a la postre, termina resultando más pura, noble e ingenua que la demostrada por la clase que opera desde una supuesta racionalidad. Viktoria, el film búlgaro más importante de los últimos años, explica el cenit y la caída del comunismo partiendo de un conflicto maternofilial: le sobra metraje y le falta cierto equilibrio (pasa de la sátira política al drama, del terror a pequeños resquicios de comedia involuntaria, con demasiada arbitrariedad), pero tiene escenas que se quedan grabadas a fuego (en ciertos aspectos, conecta con cuentos envenenados más cercanos como Alas de mariposa o Camino). Pese a no ser europea, la colombiana Los hongos también participa del desapego por el sistema establecido, en su caso conectando con la cultura callejera de grafiteros, bandas de música y movimientos underground. Y finalmente, The Tribe, film que ya vimos en San Sebastián y Sitges, se ha impuesto como una de las sensaciones del año: ha sido la cinta más oscura, rugosa e intimidatoria de este REC. Deja sin palabras: su visionado es difícil, pero su digestión y reflexión es todavía más compleja.

Viktoria de Maya Vitkova, un esputo contra las dictaduras políticas y familiares.

Finalmente, no podemos dejar de apuntar algunos de los eventos más populares de este REC. La sala de la Antiga Audiència se llenó para homenajear a Ventura Pons, cineasta no siempre reivindicado que en pocas semanas recibirá el Gaudí d'Honor. Ocaña, retrat intermitent, referente directo de la reciente Ignasi M., demostró que sigue fresca, actual y vigente treinta y cinco años después de su creación, y que la generación de nuevos autores que revitalizó el cine de la Transición (Ocaña discurre en paralelo a Mater amatísima, Arrebato o Pepi Luci, Bom y otras chicas del montón, todas ellas óperas primas inclasificables que ahora son títulos de culto) guarda muchos parecidos con la nueva remesa de autores locales, sobre todo por lo que respecta a precariedad de medios y ánimos rupturistas. Por ello, resulta especialmente coherente que la clausura corriese a cargo de ese film-impacto que es Magical Girl, la apuesta más original, compleja y desarmante del último cine español. Vermut se provisiona de símbolos, realiza un ejercicio de desmesura y contención inclasificable, une polos opuestos y recurre a elementos de todos los géneros cinematográficos para crear otro nuevo. Una película moderna que pide un público de miras abiertas y tendencia al riesgo. Sin duda, necesitaremos todo un año, el tiempo que queda hasta el próximo REC, para recuperarnos de la visita a la sala del lagarto negro.

Magical Girl, Concha de oro incontestable, clausuró este domingo el festival.

Casi una semana de cine, de proyecciones que muchos íbamos encadenando desde las cuatro de la tarde hasta altas horas de la madrugada. El REC termina (adjuntamos abajo el palmarés), pero sus fotogramas reverberan en la memoria. De todo ello daremos cuenta en el blog en próximas reseñas. De momento, felicitamos al equipo del festival por el trabajo bien hecho, por su valentía y por su noble atrevimiento de llevar a una ciudad como Tarragona películas que ni tan siquiera podríamos conseguir por las vías 'alegales' de la red. ¡Larga vida al REC!

Mejor ópera prima: Ex-aequo, LOS HONGOS & THE TRIBE
Premio del Público: NO ONE'S CHILD, de Vuk Rsumovic (Serbia)
Premio de la Crítica: VIKTORIA, de Maya Vitkova (Bulgaria)
Jurado de la Crítica, Mención Especial: LOS HONGOS, de Óscar Ruiz Navía (Colombia)
Premio del Jurado Joven: LOS HONGOS, de Óscar Ruiz Navía (Colombia)
Jurado Joven, Mención especial: LAS ALTAS PRESIONES, de Ángel Santos (España)

domingo, 7 de diciembre de 2014

CRÍTICA | REGRESO A ÍTACA, de Laurent Cantet

Una noche con viejos amigos
REGRESO A ÍTACA (RETOUR À ITHAQUE, RETURN TO ITHACA), de Laurent Cantet
Festival de San Sebastián 2014: Perlas de otros festivales
Francia, 2014. Dirección: Laurent Cantet Guion: Laurent Cantet y Leonardo Padura Fotografía: Diego Dussuel Música: VV. AA. Reparto: Isabel Santos, Jorge Perugorría, Néstor Jiménez, Pedro Julio Díaz Ferrán, Fernando Hechavarría Género: Drama Duración: 95 min. Photocall Donostia: Link
¿De qué va?: Amadeo regresa a La Habana tras dieciséis años de exilio en España. Coincidiendo con su vuelta a la isla, se reúne con sus compañeros de siempre en una azotea de la ciudad. El grupo se cuenta qué ha sido de las vidas, comparten sus perspectivas de futuro y echan la vista atrás. Entre comida y comida, canción y canción y copa tras copa, cada uno saca a relucir sus secretos más ocultos, su sentimiento de desencanto y su rabia ante el paso del tiempo. Una velada con risas y llantos, peleas y reconciliaciones.


Tras dos películas con personajes adolescentes (Foxfire y La clase), el cineasta francés Laurent Cantet da un giro a su carrera con Regreso a Ítaca, retrato generacional como sus anteriores proyectos, pero en este caso con unos personajes entrados en años, cargados de experiencias y con una mochila considerable a sus espaldas. Cantet se sirve de una estructura teatral (escenografía mínima, una mecánica austera que se centra en los diálogos y en las interpretaciones de los actores) para contarnos la trastienda de unos seres que se sienten abandonados en la cuneta del tiempo. La película nos traslada a la tarde-noche en la que un grupo de viejos amigos se reencuentra para charlar, primero de forma distentida, y luego con un tono menos amable. Regreso a Ítaca es una de esas películas que hipnotizan, que convencen por la fuerza de su guion y la veracidad de todo su elenco. Una película que pica y hiere, que deja un tanto apesadumbrado, pero también con la sensación de haber asistido a un pedazo de vida. Una crónica melancólica que discurre en dos planos: el de sus fotogramas y el de las imágenes y las sensaciones que evocan los diálogos. Mientras 10.000 Km. o Hermosa juventud se centran en la deriva de la juventud de nuestros días (resultado, cómo no, de la crisis), Regreso a Ítaca nos recuerda que los periodos de vacas flacas siempre se repiten y que el peso y el paso del tiempo acaba afectando por igual a todos. Tal vez por eso la tragedia de Regreso a Ítaca, se tenga la edad que se tenga, con independencia del bagaje vital y cinematográfico del espectador, deja un regusto entre dulce y amargo. Una de cal y otra de arena. Como la vida misma. La mejor película de Cantet desde Recursos humanos, su ópera prima.


Para los que saben que cualquier tiempo pasado no fue mejor: sólamente diferente.
Lo mejor: Tiene uno de los guiones más lúcidos en mucho tiempo.
Lo peor: Que se la tache de 'película pequeña'.

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