viernes, 17 de abril de 2015

LISTA | LAS MEJORES BIZNAGAS DE ORO DEL FESTIVAL DE MÁLAGA

Hoy arranca la edición número 18 del Festival de Málaga, un certamen que el blog no había tenido ocasión de citar en sus casi 7 años de actividad. Saldamos la deuda con el siguiente post, un repaso a las Biznagas de oro más importantes que han desfilado por el festival, pero también una opinión personal y crítica de las luces y sobre todo de las sombras de un festival que esta primavera alcanza la mayoría de edad.
El festival nació a finales de los 90, con un panorama muy diferente al actual: el éxito del cine español de esos años, tanto en aceptación popular y taquilla como en proyección internacional, hacía pensar en Málaga como un importante escaparate de nuestras producciones (no había crisis económica, en Cannes se colaban un par de producciones propias, teníamos la nominación al Óscar casi asegurada, contábamos con una nueva generación de autores que estaba dando mucha guerra, etc.). Con todo, el certamen ha sufrido distintos problemas de indefinición: en sus primeras ediciones, el festival quiso especializarse en cine cómico, compitiendo contra el desaparecido Festival de Peñíscola, y finalmente se ha convertido en un gran 'stock' de óperas primas. En este sentido, cabe apuntar que el festival, si bien ha crecido como referente mediático, no ha hecho lo propio a nivel artístico: sus secciones, oficiales y paralelas, distan de ser coherentes, de tener una mínima definición, seguramente porque están demasiado supeditadas a la producción anual de un cine, el nuestro, que a veces no puede o no quiere tocar todos los palos (temáticos, estilísticos, etc.). Pensémoslo bien: ¿cómo puede una 'mostra' cinematográfica ofrecer apartados especializados para el cine de animación o el documental español o hispano si en muchísimas ocasiones a duras penas se llega a tener en cartera a un par o tres de films que puedan amoldarse a dicha tipología?

La primera noche de mi vida, la ganadora del primer Festival de Málaga.
Ahora bien: parte de ese problema no es sólo responsabilidad directa del equipo malagueño. En el mercado primaveral, el cine español suele vivir momentos de cierta inactividad. Tradicionalmente, en España se ha rodado en verano y se ha estrenado en otoño-invierno, coincidiendo con la llegada a las salas de los títulos extranjeros de éxito (no norteamericanos, casi siempre venidos de algún gran festival). El esquema está tan marcado y viene de tan lejos que Málaga, por una cuestión lógica de calendario, difícilmente puede amoldarse a esa convención: las películas españolas potentes no pueden cursar en el festival porque todavía no están terminadas, y la abultada oferta de festivales locales y foráneos resulta demasiado tentadora para distribuidores, directores y productores (con Sevilla pisándole los talones como referente andaluz, y con San Sebastián convertido en gran bastión del cine 'made in Spain'). El éxito reciente durante el primer trimestre de Ocho apellidos vascos o Perdiendo el norte, así como el recuerdo de otros bombazos no tan pretéritos (el primer Torrente se estrenó en fechas primaverales), debería ayudar a reorganizar las piezas del tablero, pero somos animales de costumbres: si en dieciocho años no se ha producido el cambio, parece imposible lograrlo a estas alturas.
Málaga sí ha conseguido imponerse como punto de encuentro: de hecho, es uno de los certámenes en los que se produce mayor conexión entre público y actores, con las obvias repercusiones económicas que tiene el festival para la ciudad. Lástima que esa reunión no congregue a todos los sectores de la industria: da la sensación de que Málaga simplemente proyecta films, pero no trabaja para convertirse en trampolín comercial de dichos títulos (año a año, la lista de películas con presencia en el festival que posteriormente desaparecen por el camino, sin apenas contar con un estreno mínimamente digno, debería encender todas las alarmas). Tampoco ayuda la escasa repercusión del festival, ya no a nivel internacional (cuyo peso es, directamente, inexistente), sino a nivel local: el ente público emite y promociona los principales actos de certámenes como los de Donosti, Valladolid o Gijón, pero Málaga siempre ha ido por libre, de forma que los que no son cinéfilos, a pesar de seguir día a día la crónica cultural del país, a duras penas conocerán las películas a concurso, sus responsables y sus fechas de lanzamiento.

Los León, habituales en Málaga.
Porque, al final, cuando hablamos de festivales, podría decirse aquello de 'por sus palmarés los conoceréis'. Y en ese aspecto, Málaga tiene muchas asignaturas pendientes. Los errores en las premiaciones son varios y obedecen a criterios enteramente personales (aprovecho para citar cuatro ejemplos): en el año 2000, Sexo por compasión se impuso inexplicablemente a Leo y Krámpack; en el 2006, Los aires difíciles ganó injustamente a Azul oscuro casi negro; en 2010, la olvidada Rabia encontró espacio en el podio en detrimento de Planes para mañana, Herois o Bon Appétit; y recientemente, en 2013, la segunda biznaga para Querejeta con motivo de sus 15 años y un día dejó sin el principal reconocimiento a Stockholm, la sensación de su edición). Con todo, los errores 'malagueños' van más allá: el más grave, la entrega de premios a los mejores actores secundarios con una sección de films a concurso tan reducida (¿alguien ha ido al cine porque el film en cuestión ganó en Málaga? Mejor no contestar). Además, si pensamos en los escasísimos títulos venidos del festival mediterráneo que luego tienen presencia en los Goya nos daremos cuenta que el festival dista de tener el peso deseable incluso entre los sectores académicos.
Pero que todo lo anterior no suene a mera concatenación de errores... Indudablemente, queremos que Málaga brille año tras año por el bien de nuestro cine. El festival tuvo un momento dulce hace una década, y en la actualidad, el surgimiento de nuevos autores y la democratización artística producida por el crowdfunding y paralelos hace pensar en Málaga como el epicentro perfecto para que muchos nombres puedan afianzarse en el competido panorama cinematográfico. Los descubrimientos recientes de Stockholm o Todos están muertos hacen pensar en esa nueva vía. Pero... ¿se atreverán a ir a Málaga esos mismos directores cuando ya estén mínimamente consolidados? La respuesta, dentro de 18 años. De momento, celebramos el arranque de una nueva edición y deseamos toda la suerte del mundo a sus responsables. Estaremos atentos a todo lo que dé de sí la sección oficial.

18 AÑOS DEL FESTIVAL DE MÁLAGA:
LAS BIZNAGAS DE ORO MÁS DESTACADAS


8. LA VERGÜENZA, de David Planell (2009)
Planell, hasta ese momento un gran cortometrajista, sorprendió a todos con un drama descarnado que puso sobre la mesa los aspectos menos amables de la paternidad y el sistema de adopciones. La vergüenza tuvo poquísima repercusión en salas, pero merece figurar en la lista de las ganadoras más destacadas. Ese año, Fuga de cerebros se puso al público en el bolsillo, Pagafantas se convirtió de inmediato en título de culto y Tres dies amb la família fue la mejor obra en liza (acaparó casi todo el palmarés).


7. ELS NENS SALVATGES, de Patricia Ferreira (2012)
Ferreira ofreció en Els nens salvatges una estimable acercación a los conflictos y a las pulsiones de la adolescencia. Film con grandes interpretaciones y un pulso narrativo notable que en seguida se convirtió en el favorito de los presentes en Málaga. Carmina o revienta fue el boom del 2012, A puerta fría también destacó y El apóstol se convirtió en una de las apuestas más arriesgadas de la historia del festival.


6. TORREMOLINOS 73, de Pablo Berger (2003)
Antes de que Berger pasara a la historia como el firmante de la rotunda Blancanieves, el director defendió Torremolinos 73 en un certamen que aplaudió el medido ejercicio de comedia ligera y revival estético. Cámara y Peña fueron los protagonistas de ese año, y la taquilla no fue del todo mala. Curiosamente, Planta cuarta, bombazo posterior en la cartelera otoñal, pasó desapercibida. Lo mismo ocurrió con La vida mancha, una gran película que no nos cansamos de reivindicar.


5. 10.000 KM., de Carlos Marqués-Marcet (2014)
Victoria indiscutible para Marqués-Marcet con su (des)amor informático. 10.000 Km. fue y sigue siendo una de las películas más carismáticas de los últimos años. Carmina y amén y Kamikaze gustaron al público (luego, en su lanzamiento en salas, tuvieron éxitos moderados), y Todos están muertos logró sobrevivir a la disputada temporada de premios. El posible patrón de las 'biznagas pequeñas, arriesgadas y originales' que nos puede deparar el futuro.


4. BAJO LAS ESTRELLAS, de Félix Viscarret (2007)
Otra ópera prima en la lista. Bajo las estrellas nos encanta, y fue con diferencia la mejor propuesta de su año. Tras ella, Ladrones, Concursante y Pudor dibujaron una sección más interesante de lo habitual. La chispa de San Juan fue la reina absoluta del 2007. ¿No merecía figurar en el Un certain regard de Cannes? De largo...


3. EL OTRO LADO DE LA CAMA, de Emilio Martínez-Lázaro (2002)
El éxito de taquilla más destacado en toda la historia de Málaga. Tuvo que venir un clásico de la risa ibérica, Martínez-Lázaro, para dar al certamen andaluz su película más emblemática. Musical generacional y vodevilesco que tuvo una segunda parte y un genial 'spin off' (Días de fútbol). Smoking Room y El alquimista impaciente se proyectaron ese mismo año.


2. TAPAS, de José Corbacho y Juan Cruz (2005)
De Corbacho, hasta entonces un humorista muy querido, se podía esperar cualquier cosa. Tapas rompió todas las expectativas (para bien). Tragicomedia costumbrista, con un gran reparto y un medido sentido del humor. En los cines funcionó a las mil maravillas, ganó dos Goyas y sigue reuniendo a muchos fans con cada reposición televisiva. A mucha distancia, 20 cm., El calentito y Heroína marcaron el pulso malagueño de ese 2005.


1. HÉCTOR, de Gracia Querejeta (2004)
Admite debate, pero para el que escribe sigue siendo la mejor película de Gracia Querejeta. Mar adentro, cual marea, no dejó espacio para nadie (14 Goyas de 15 nominaciones), pero ese 2004 se recordará como una de las cosechas más notables y variadas del cine español. Con Héctor, Málaga daba cobertura a uno de los mejores trabajos de la temporada. En la sección oficial también figuraron Incautos, Cosas que hacen que la vida valga la pena y León y olvido entre otras.

jueves, 16 de abril de 2015

CRÍTICA | ACCIÓN CIVIL (A CIVIL ACTION), de Steven Zaillian

El precio de la justicia
2 nominaciones a los Óscar 
ACCIÓN CIVIL (A CIVIL ACTION), de Steven Zaillian
EE. UU., 1998. Dirección: Steven Zaillian Guión: Steven Zaillian, a partir de la novela de Jonathan Harr Fotografía: Conrad L. Hall Música: Danny Elfman Reparto: John Travolta, Robert Duvall, Tony Shalhoub, William H. Macy, Zeljko Ivanek, Bruce Norris, James Gandolfini, John Lithgow, Kathleen Quinlan, Peter Jacobson, Sydney Pollack, Stephen Fry, Dan Hedaya, Paul Hewitt, Edward Herrmann, Kathy Bates Duración: 115 min. Género: Drama judicial Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 1999
¿De qué va?: Jan Schlichtmann preside un bufete de abogados de éxito. Tras una entrevista en la radio, Schlichtmann se ve en la obligación de defender a ocho familias que alegan sufrir problemas de salud por culpa de los residuos tóxicos que dos empresas de la zona han vertido en las aguas públicas. El equipo de Schlichtmann se pone manos a la obra con la investigación, pero los estudios geológicos, el proceso de entrevistas y las complicadas relaciones con los abogados de las compañías denunciadas alargan el proceso más de lo esperado. Schlichtmann, acostumbrado a pactar con las partes implicadas antes del juicio, deberá reformular su ética y sus rutinas de trabajo. Mientras, la capacidad adquisitiva de su sello va descendiendo día a día hasta sumar una deuda imposible de afrontar.


El drama judicial es uno de los subgéneros que más ha explotado el cine estadounidense. Hollywood recurre siempre que puede a la liturgia propia del estamento judicial, seguramente porque en sus espacios y personajes queda implícita la moral de un país al que le encanta defender y cuestionar el 'american dream'. Acción civil (A Civil Action), como buena representante de su corriente cinematográfica, se inspira en un caso real y tiene su razón de ser en la contraposición de dos polos opuestos: Jan Schlichtmann (John Travolta), un abogado especializado en lesiones que se enfrenta al caso más complejo de su carrera, y Jerome Facher (Robert Duvall), un letrado que reúne toda su experiencia y malas artes para vencer a su oponente. Schlichtmann nos explica al inicio de la historia que en todo proceso judicial lo que menos importa es la víctima, y el film, en su particular lógica 'yanki-comercial', sigue el principio a rajatabla: las víctimas del caso acaban teniendo poco peso en la ficción en favor de los vericuetos juficiales de siempre (aunque, viéndolo desde otra perspectiva, esta estrategia también hace que el film rebaje sus índices de sensiblería, detalle que se agradece). La película no prescinde de ningún lugar común y nos acerca las estrategias y las penurias del 'pez pequeño' ante la misión de destapar a dos grandes corporaciones de Massachusetts acusadas de vertir residuos tóxicos en las aguas de su localidad, premisa que guarda cierto parecido con la de Erin Brockovich, estrenada un año después.  


A pesar de que el texto y el contexto resultan familiares, Acción civil (A Civil Action) se defiende con una narración eficaz, un reparto en estado de gracia (Duvall, sensacional, mereció la nominación al Óscar) y una lúcida reflexión sobre cómo la capacidad adquisitiva de unos y de otros cincela cruelmente, a golpe de talonario, un 'sense of justice' escandalosamente voluble. Aunque al principio promete una historia más cínica, y pese a desvelar sus cartas de forma más formularia que apasionada, Acción civil (A Civil Action) resulta una película inteligente, serena y creible. Un digno entretenimiento que en su día conquistó el disputado número 1 del Box Office norteamericano. Confesémoslo: nos declaramos culpables por amar la parafernalia del mal llamado 'cine de juicios'.


Para los que frecuentan films basados en hechos reales, pero con enjundia.
Lo mejor: Duvall y la escena del dólar.
Lo peor: Que no explote un personaje tan interesante como el de James Gandolfini.

martes, 14 de abril de 2015

CRÍTICA | UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD (EN CHANCE TIL), de Susanne Bier

De (in)justicias y oportunidades
UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD (EN CHANCE TIL, A SECOND CHANGE), de Susanne Bier
Dinamarca, 2014. Dirección: Susanne Bier GuiÓn: Anders Thomas Jensen Fotografía: Johan Söderqvist Reparto: Nikolaj Coster-Waldau, Nikolaj Lie Kaas, Ulrich Thomsen, Maria Bonnevie, Lykke May Andersen Género: Thriller dramático Duración: 105 min. Tráiler: Link 
¿De qué va?: La vida de dos amigos policías es casi antitética. Andreas acaba de ser padre, le gusta su trabajo y tiene una mujer que le quiere. Por el contrario, Simon se acaba de divorciar de su esposa y ahoga sus penas en el alcohol. Un día, ambos compañeros deben mediar en un conflicto entre una pareja de yonquis. Al comprobar que el bebé de los jóvenes está desatendido, desnutrido y rodeado de basura, los policías reconducen el caso a servicios sociales. Con todo, un suceso inesperado hará que Simon tome una decisión inesperada. Andreas dejará de ser el policía bueno, mientras que Simon deberá esclarecer el misterio con la mayor discreción y profesionalidad posible.


El de Susanne Bier es más un cine de contrastes que de matices. En sus películas siempre colisionan dos modelos de vida, dos personajes con un bagaje muy diferente, dos cosmovisiones que, al chocar, derivan en conflicto. Podría decirse que a Bier le gusta narrar a partir de antónimos, cuanto menos de complementos, como si la cineasta danesa siempre necesitase de un elemento externo para contraponer sus premisas. De ahí que la filmografía de Bier también pueda definirse como una obra 'de tesis', empeñada en mostrarnos las desigualdades social que existen en la Europa de nuestros días. Un discurso que ya conocemos, pero que Bier defiende con una eficacia y vehemencia admirables. El nuevo resultado de esa militancia social es Una segunda oportunidad, película que pudimos disfrutar (o mejor: sufrir) en el último Festival de San Sebastián y que el pasado enero llegó a los cines daneses.


Una segunda oportunidad se acoge a la estructura habitual de las ficciones de Bier. Una pareja de drogadictos descuida a su bebé de pocas semanas. En paralelo, un policía pierde a su hijo recién nacido de forma accidental. La respuesta es extrema: el personaje rapta al pequeño de la familia contraria, dando pie a una investigación y a una doble tragedia que tomará derroteros inesperados. Bier narra su particular cuento sobre las ironías de la justicia y los constantes lazos entre el bien y el mal sirviéndose de sus constantes habituales: especial delectación por los planos descarnados (las tomas con el bebé rodeado de inmundicia logran que la platea responda con un quejido), los diálogos incómodos (todos los personaje rozan la histeria en algún momento del relato) y los azarosos mecanismos del destino (los seres del film se unen y se separan, se juntan y se repelen, según principios que el espectador nunca puede prever).


De nuevo, el conjunto vuelve a funcionar, pone contra las cuerdas el aguante y los revestimientos morales del espectador (Bier consigue que nos preguntemos qué harías nosotros en una situación como la que vemos en pantalla), y se resuelve con un sentido de la acción realmente admirable. Con todo, es imposible no tener la sensación de que Bier no sólo está filmando una cinta que ya ha rodado, sino que lo hace de una forma que, al intentar ser excesivamente naturalista, puede resultar simple y llanamente desagradable. Pero Bier nunca ha sido comedida, y a estas alturas no se le pueden pedir peras al olmo. Bier repite fórmula, pero lo hace con una notable capacidad de lucha: se nota que Bier cree en lo que hace y en lo que está contando, y los fotogramas del film, inevitablemente, se contagian de esa furia artística. Por nuestra parte, merece una segunda oportunidad en forma de nuevos visionados. Esperamos su estreno en las salas españolas.


Para amantes de las películas con encrucijada moral.
Lo mejor: Coster-Waldau y Lie Kaas, que perfectamente hubieran podido 
compartir la Concha de oro a la mejor interpretación masculina del certamen.
Lo peor: Su tendencia al tremendismo.

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lunes, 13 de abril de 2015

CRÍTICA | MIFUNE, de Søren Kragh-Jacobsen

El arribista, el retrasado y la prostituta
MIFUNE, de Søren Kragh-Jacobsen
Dinamarca, 1999. Dirección: Søren Kragh-Jacobsen Guión: Søren Kragh-Jacobsen y Anders Thomas Jensen Fotografía: Anthony Dod Mantle Reparto: Iben Hjejle, Anders W. Berthelsen, Jesper Asholt, Emil Tarding, Sofie Gråbøl, Anders Hove, Paprika Steen, Sidse Babett Knudsen, Ellen Hillingso, Mette Bratlann, Susanne Storm Género: Drama Duración: 95 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 05/11/1999
¿De qué va?: Kresten tiene la vida más que encarrilada: un trabajo perfecto, un brillante futuro por delante y una esposa y unos suegros bien posicionados entre las élites de Copenhague. El día después de su boda, una llamada telefónica rompe en pedazos la ordenada existencia de Kresten: su padre ha muerto y debe regresar de inmediato a su casa para cuidar de Rud, su hermano discapacitado. Claire, su esposa, no sale de su asombro, ya que desconocía el pasado de su marido, pero nada puede detener a Kresten en un viaje que es un regreso y también una huida.
Palmarés: Premio Especial de Jurado del Festival de Berlín 1999. Bodil y Robert a Jesper Asholt al mejor actor secundario. 3 candidaturas a los Premios del Cine Europeo, incluyendo mención en mejor película.


¿Qué ha quedado del Dogma 95? Seguramente mucho más de lo que muchos analistas y críticos serían capaces de reconocer. La etiqueta caducó hace mucho tiempo, y a pesar de sus bases, resumidas en un decálogo tan cacareado como cuestionado, sigue siendo el movimiento cinematográfico más relevante de los últimos años. Nadie niega su importancia, su capacidad de transgresión y polémica (más o menos gratuíta según el espectador), y pese a todo es de justicia reconocer que parte de las bondades del Dogma no fueron méritos del sello 'dogmático': al fin y al cabo, Von Trier y compañía abanderaron un cambio latente, evidenciaron una moda silenciosa, una tendencia al cine social y un apego al nuevo formato digital que ejemplifican otras obras de finales de los 90, paralelas pero desvinculadas de la órbita Dogma.


Mifune, amparada bajo el subtítulo de Dogma 3, fue una de las grandes beneficiadas de la eclosión que tuvo el Dogma en los festivales y en las carteleras europeas. Søren Kragh-Jacobsen, a diferencia de otros cineastas del movimiento, ya contaban por aquel entonces con una carrera consolidada, más que dilatada y con repercusión internacional, pero no fue hasta Mifune cuando su nombre resonó con fuerza en los cines españoles (y, por extensión, en los de medio mundo). Debido precisamente a la difusa vinculación de Kragh-Jacobsen con los fundamentos del Dogma, Mifune fue recibida como una película más amable que Celebración y Los idiotas, los mascarones de proa de las ideas y las formas del Dogma 95, a pesar de compartir con éstas cierta tendencia al humor negro y al dibujo de una burguesía danesa asentada sobre la mentira.


El arranque de Mifune está repleto de escenas montadas con efectos anticlimáticos. Una plácida estampa nupcial queda bruscamente interrumpida por una escena de sexo salvaje (en apenas dos minutos se resume la falsedad de la clase pudiente de la Dinamarca urbana); tras ésta, sigue una llamada telefónica que dará un nuevo quiebro al relato (descubrimos que el protagonista es un arribista de origen humilde); y finalmente el personaje inicia un inesperado viaje de la ciudad al campo para reencontrarse con esa parte salvaje e instintiva que había reprimido (encarnada en el personaje del hermano, un niño grande con una discapacidad mental). El encuentro con una prostituta en busca de redención y la (otra vez) imprevista huida de la esposa mancillada (su marcha de la granja familiar es un ejemplo de comedia esperpéntica, con un pie en la provocación y otro en el ridículo) completan una historia que avanza titubeante, en consonancia con la fuerza y las contradicciones de sus personajes.


En conjunto, una película curiosísima, tal vez más accesible que sus hermanas dogmáticas, pero punzante, libre de cualquier convencionalismo. Vale la pena recuperarla: no llega a sobrepasar los límites de lo incorrecto (Los idiotas, en cambio, era un film 'de trinchera cinematográfica e incluso política'), y tal vez por eso es más fácil empatizar con sus personajes y conectar con su historia (aunque se evidencian ciertas citas a la sociedad danesa, su mensaje llega transparente y directo a todo tipo de audiencias). Pero que nadie se lleve a engaño: Mifune, pese a todo, es 'puro Dogma'. También puro cine.

Para buscadores de películas que equilibran la caricia con la bofetada.
Lo mejor: La interpretación de sus tres actores principales.
Lo peor: Algunos pasajes resultan demasiado exagerados.


domingo, 12 de abril de 2015

CINOSCAR SUMMER FESTIVAL 3 | SECCIÓN OFICIAL, PARTE 3

Ampliamos una semana más la lista de contendientes al Cinoscar Summer Festival. 5 nuevos títulos que participan en las siguientes categorías:


FILM 11: LA MUJER DEL CUADRO, de Fritz Lang
Categorías: 1. PELÍCULA 2. DIRECTOR: Fritz Lang 3. ACTOR PROTAGONISTA: Edward G. Robinson 4. ACTRIZ PROTAGONISTA: Joan Bennett 5. REPARTO 6. BANDA SONORA ORIGINAL: Arthur Lange 7. GUION ADAPTADO: Nunnally Johnson 8. FOTOGRAFÍA: Milton Krasner 9. VESTUARIO: Muriel King 10. MONTAJE: Gene Fowler Jr., Marjorie Fowler 11. PELUQUERÍA Y MAQUILLAJE: VV. AA. 12. EFECTOS ESPECIALES: Paul K. Lerpae y Harry Redmond Jr. 13. DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Nunnally Johnson


FILM 12: TIERRAS DE PENUMBRA, de Richard Attenborough
Categorías: 1. PELÍCULA 2. DIRECTOR: Richard Attenborough 3. ACTOR PROTAGONISTA: Anthony Hopkins 4. ACTRIZ PROTAGONISTA: Debra Winger 5. ACTOR SECUNDARIO: Edward Herdwicker 6. REPARTO 7. GUION ADAPTADO: William Nicholson 8. MÚSICA ORIGINAL: George Fenton 9. FOTOGRAFÍA: Roger Pratt 10. VESTUARIO: Penny Rose 11. MONTAJE: Lesley Walker 12. PELUQUERÍA Y MAQUILLAJE: Christine Beveridge, Betty Glasow, Norma Webb 13. EFECTOS ESPECIALES: VV. AA. 14. DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Stuart Craig


FILM 13: CIUDADANO BOB ROBERTS, de Tim Robbins
Categorías: 1. PELÍCULA 2. DIRECTOR: Tim Robbins 3. ACTOR PROTAGONISTA: Tim Robbins 4. ACTOR SECUNDARIO: Alan Rickman 5. ACTOR SECUNDARIO: Giancarlo Esposito 6. ACTRIZ SECUNDARIA: Rebecca Jenkins 7. REPARTO 8. GUION ORIGINAL: Tim Robbins 9. MÚSICA ADAPTADA: David Robbins 10. FOTOGRAFÍA: Jean Lépine 11. VESTUARIO: Bridget Kelly 12. MONTAJE: Lisa Zeno Churgin 13. PELUQUERÍA Y MAQUILLAJE: VV. AA. 14. EFECTOS ESPECIALES: John Alagna, Steidl Bazer y Michael Ventresco 15. DISEÑO DE PRODUCCIÓN: VV. AA. 16. CANCIÓN: Retake America


FILM 14: JULIO COMIENZA EN JULIO, de Silvio Caiozzi
Categorías: 1. PELÍCULA 2. DIRECTOR: SILVIO CAIOZZI 3. ACTOR PROTAGONISTA: JUAN CRISTÓBAL MEZA 4. ACTRIZ SECUNDARIA: LUCY SALGADO 5. REPARTO 6. GUION ORIGINAL: Gustavo Trías 7. MÚSICA ORIGINAL: Luis Advis 8. FOTOGRAFÍA: Nelson Fuentes 9. VESTUARIO: VV.AA. 10. MONTAJE: VV. AA. 11. PELUQUERÍA Y MAQUILLAJE: VV. AA. 12. EFECTOS ESPECIALES: VV. AA. 13. DISEÑO DE PRODUCCIÓN: VV. AA.


FILM 15: CUERNO DE CABRA, de Metodi Andonov
Categorías: 1. PELÍCULA 2. DIRECTOR: Metodi Andonov 3. ACTRIZ PROTAGONISTA: Katya Paskaleva 4. ACTOR SECUNDARIO: Anton Gorchev 5. REPARTO 6. GUION ORIGINAL: Nikolai Haitov 7. MÚSICA ORIGINAL: Mariya Neykova 8. FOTOGRAFÍA: Dimo Kolarov 9. VESTUARIO: Vladislav Shmidt y Yordanka Zheleva 10. MONTAJE: Evgeniya Radeva 11. PELUQUERÍA Y MAQUILLAJE: Tanyu Kukov 12. EFECTOS ESPECIALES: Ivan Angelov 13. DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Konstantin Dzhidrov

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La semana pasada os anunciamos los 5 miembros del jurado del Cinoscar Summer Festival. Hoy toca hablar de la sección LAS PELÍCULAS DEL JURADO, una de las novedades de la presente edición. Con el objetivo de que el jurado también pueda dar a conocer ante toda la comunidad cinéfila sus preferencias cinéfilas, cada miembro ha elegido una película que quiere reivindicar durante el certamen. Estos 5 films del jurado tendrán un post especial e irán fuera de concurso. Semana a semana, junto a los films de la sección oficial, iremos desvelando esas 5 joyas elegidas por el jurado. De momento, anunciamos el primer nombre de la selección: Nostalgia, de Andrei Tarkovsky, elegida por nuestra compañera Mayra Meza. Tarkovsky repetirá presencia en el certamen tras figurar en la primera edición con Andrei Rublev y en la segunda con Sacrificio.

viernes, 10 de abril de 2015

CINE ESPAÑOL | BÁILAME EL AGUA, de Josetxo San Mateo

Báilame el agua, sácame de quicio, hazme sufrir
BÁILAME EL AGUA, de Josetxo San Mateo (España, 2000)
¿De qué va?: David ha dejado la casa de sus padres y malvive de okupa con sus colegas. María está en una situación parecida y trabaja en una hamburguesería. Los dos se encuentran en el metro, se enamoran y deciden vivir juntos. Las calles de Madrid son su única casa, duermen entre cartones, en la estación de autobuses o en los pisos de algún amigo... Pero todo empeora: David se ve obligado a traficar con droga para un delincuente del barrio, y María se prostituye al caer la noche.
Palmarés: Sección oficial del Festival de Valladolid 2000. Premio Sant Jordi a la mejor actriz para Pilar López de Ayala.



Hay muchas películas que tratan la marginalidad, la difícil vida en la calle o los mecanismos de la pobreza. Pocos funden estas coordenadas con un relato de amor juvenil con toques propios de la Nouvelle Vague y la energía de la adolescencia. De esa mezcla obtenemos Báilame el agua, una película inusual tanto para el género como para la cinematografía en la que se incluye, ya que arranca como una historia de amor muy pequeña, claramente indie, y termina como un cuento tristísimo sobre la corrupción de toda una generación que pensaba erróneamente que podía vivir de espaldas al mundo. Sus jóvenes intérpretes, Pilar López de Ayala y Unax Ugalde, aportan veracidad a la película: el film son, directamente, los actores. Pese a todo, la ópera prima de Josetxo San Mateo, aunque está preñada de buenas intenciones y sabe aprovechar al máximo su austero presupuesto, resulta una obra bastante desequilibrada, harto previsible en su descripción de 'bajada a los infiernos' de la pareja protagonista. San Mateo titubea y echa por tierra gran parte de su agradable comienzo con un segundo tramo ahogado en el tremendismo, en la exageración. Poco o nada consigue emocionarnos, por ello, su final triste, especie de Romeo y Julieta contada por los hermanos Dardenne. Báilame el agua quiere a sus personajes, los respeta, les da su espacio, pero la dureza y la fantasía en la que se mueven hace que su devenir termine inevitablemente naufragando. Una película estimable, ligeramente fallida, pero igualmente original quince años después de su estreno.


Para enamoradizos.
Lo mejor: La frescura de sus dos actores.
Lo peor: Le sobra oscuridad.


jueves, 9 de abril de 2015

CRÍTICA | CITIZENFOUR, de Laura Poitras

Pánico en la red
CITIZENFOUR, de Laura Poitras
Óscar, Bafta, Gotham e Independent Spirit Award al mejor documental
EE. UU., 2014. Dirección y guión: Laura Poitras Fotografía: Kirsten Johnson, Trevor Paglen, Laura Poitras y Katy Scoggin Reparto: Documental Duración: 110 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 27/03/2015
¿De qué va?: A principios de 2013, la directora Laura Poitras empezó a recibir una correos electrónicos cifrados. El remitente, bajo el pseudónimo de 'Citizenfour', empieza a desvelarle datos sobre la actividad fraudulenta de la NSA, en contacto directo con otras agencias de inteligencia y empresas norteamericanas y de todo el mundo. Los mensajes no admiten duda: millones de ciudadanos y de usuarios de internet están siendo vigilado bajo supuestos falsos de seguridad, un dispositivo que arrancó tras el atentado a las Torres Gemelas. Cinco meses después, dos periodistas se encuentran con 'Citizenfour' fuera de territorio estadounidense para destapar el escándalo. 'Citizenfour' resulta ser el californiano Edward Snowden, un trabajador de NSA de veintinueve años. Horas después, su rostro figurará en la primera página de todos los noticiarios, periódicos y espacios web del planeta.


La documentalista Laura Poitras completa su trilogía sobre la Norteamérica posterior al 11-S con Citizenfour, película que está llamada a ser uno de los títulos más publicitados de la temporada. El film, contado en un escrupuloso orden cronológico, desvela cómo Edward Snowden, bajo el nick de 'Citizenfour', se puso en contacto con la misma Poitras para, meses más tarde, destapar el escándalo de espionaje cibernético más importante de la modernidad. La película se nutre de cifras, testimonios, grabaciones reales y finalmente de las confesiones de Snowden en su habitación de hotel en Hong Kong. El film avanza con paso firme y consigue que la audiencia vaya aumentando a medida que avanza el visionado en terror, perplejidad y 'mala leche', hasta el punto que uno acaba teniendo la sensación de que la privacidad en internet pasó a mejor vida. Citizenfour también se beneficia del contexto actual, ya que el caso Snowden sigue de plena actualidad: el film sabe esconder su marabunta de gráficos y correos electrónicos encriptados citando referentes que el espectador más o menos informado sabrá detectar y apreciar. Por ello, es lícito preguntarse si Citizenfour, sin el apoyo de esos elementos extracinematográficos, sabrá aguantar el paso del tiempo como una película sólida y 'descodificable' para todos. Reconozco que tengo mis dudas... De momento, es innegable que Citizenfour es una hija de su tiempo y merece toda la atención del mundo, aunque a muchos puede llegar a saturar tanto sus tendencias paranoicas como la abigarrada sucesión de datos que Poitras muestra con más o menos eficacia. ¿Se animará Poitras con una nueva película que nos explique la evolución del caso Snowden?


Para los que siempre indagan en la 'cara B' de la actualidad.
Lo mejor: Las dudas que plantea Snowden y sus confesiones.
Lo peor: A veces uno necesita subtítulos... y explicaciones extra para seguir el film.


martes, 7 de abril de 2015

CRÍTICA | EL CAPITAL HUMANO (IL CAPITALE UMANO), de Paolo Virzì

El precio de una vida
EL CAPITAL HUMANO (IL CAPITALE UMANO), de Paolo Virzì
7 premios David di Donatello, incluyendo mención a la mejor película
Italia, 2014. Dirección: Paolo Virzì Guión: Paolo Virzì, Francesco Bruni y Francesco Piccolo, a partir de la novela de Stephen Amidon Fotografía: Jérôme Alméras y Simon Beaufils Música: Carlo Virzì Reparto: Valeria Bruni Tedeschi, Fabrizio Bentivoglio, Valeria Golino, Fabrizio Gifuni, Luigi Lo Cascio, Giovanni Anzaldo, Matilde Gioli, Guglielmo Pinelli Género: Drama, thriller Duración: 105 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 10/04/2015
¿De qué va?: En las vísperas de Navidad, un ciclista es atropellado en una carretera secundaria. Seis meses antes, cerca del lugar del accidente, los Bernaschi siguen con su rutina en la mansión familiar. Dino, un agente inmobiliario, hace amistad con Giovanni, un especulador financiero con mucha labia. La relación entre las dos familias parece ir viento en popa hasta que un suceso pone patas arriba la estabilidad económica y emocional de todos.


Muchas veces olvidamos que detrás de una creación artística siempre se esconde un posicionamiento político. No somos conscientes de ello, tal vez tampoco nos interese serlo (ir todo el día con el psicoanálisis a cuestas cansa muchísimo), pero todo lo que hacemos y todas las opciones que tomamos, bien como autores o como espectadores, esconden una trastienda ideológica. Lo dicho puede parecer una obviedad, pero toma especial importancia cuando uno se enfrenta al visionado y al análisis de una película como El capital humano, una obra que bebe de las corrientes estilísticas y temáticas de la contemporaneidad. Un film que es 'hijo de su tiempo', en el mejor y en el peor sentido de la expresión.

A día de hoy todos defendemos la libertad artística (¿alguien en su sano juicio no lo haría?), pero al mismo tiempo sancionamos aquellas películas que definen de forma muy nítida su bagaje político (la crítica, ante estos casos, suele recurrir a términos como 'panfleto', 'partidismo' o 'discurso fácil'). Ni tan siquiera los grandes autores restan inmunes a ello: basta pensar en las devastadoras consecuencias que tuvo para Medem la realización de La pelota vasca (la piel contra la piedra) o las más recientes notas airadas sobre la vinculación de Eastwood al ala más conservadora de la derecha norteamericana con motivo de El francotirador (lo reconocemos: el blog participó de ello en su momento) para darse cuenta de que la 'opinión pública' suele castigar a aquellos que dejan al descubierto sus colores políticos.


En paralelo a lo anterior, vivimos en un momento en el que todos los foros de expresión se han vanalizado. Ya no reflexionamos: nos limitamos a opinar (con un matiz: todos podemos verbalizar o escribir una opinión, pero la elaboración de una reflexión completa y compleja sólo está al alcance de unos pocos). Hemos creído que todo cabe en los 140 caracteres de un tweet, que el titular informa más que la noticia en toda su extensión y que lo bueno, si breve, es dos veces bueno. ¡Mentira! Estamos en un mundo globalizado y marcado por los lazos tecnológicos y las redes sociales, pero ello, lejos de unirnos, ha marcado todavía más las diferencias y los recelos. Y como resultado, el cine del siglo XXI, en términos generales, obedece a unos estándares morales, formales y comerciales bastante peligrosos: se evita la controversia, se compra la 'marca blanca' y se intenta ser cercano y reconocible a la par que exótico y universal. Pura falacia de la modernidad.

No hemos perdido el norte. Todo lo dicho viene a colación de El capital humano, una película que tiene su base en la Europa de la crisis económica y de valores. El film arranca con un camarero que, tras terminar su jornada laboral, es atropellado mortalmente por un coche. Uno podría pensar que a partir de ese momento la atención de la ficción recaerá en la víctima, pero no es así: ese arranque sirve a Virzì para hilvanar en tres capítulos y un epílogo las luces y sobre todo las sombras de los Bernaschi y su círculo más íntimo de socios y supuestos amigos. Los Bernaschi tienen su mansión a pocos metros del lugar del siniestro, por lo que el film empieza con una promesa funesta: en la vida de esos personajes 'algo huele a podrido'. Lo que sigue son tres visiones, tres variaciones de lo que sucedió o pudo suceder, de las verdaderas motivaciones y bajas pasiones de todos los participantes del misterio. Un conjunto que, obviamente, desemboca en un final en el que todas las piezas encajan y en el que el orden se reestablece, si bien también quedan al descubierto las verdades menos amables de unos y de otros.


Con estas líneas, podría parecer que El capital humano es un film despiadado que critica ferozmente a la burguesía corrupta o que no esconde su naturaleza política... No es así. Virzì nunca retrata el corazón de los Bernaschi: le interesa más retratar los 'satélites' que giran alrededor de éste. Prueba de ello es que los tres personajes que basan las partes del relato son nombres ajenos a la actividad corrupta del patriarca: Dino, el arribista que deja maravillarse por la opulencia de su amigo (en un primer episodio, además, de comedia subterránea); Clara, la mujer que vive ajena a los tejemanejes de su marido y que esconde su insatisfacción vital en proyectos que nunca llegan a realizarse ('crees que soy imbécil y por eso no me cuentas nada', le dice a su esposo en un momento clave de la película); y Serena, la falsa novia del 'heredero' que disfruta del estatus de su amigo sin tomar partido por nada ni por nadie (el perfil que representa Serena es muy parecido al de una Clara joven: de ahí que las relaciones entre ambas y la posible mutación de roles entre una y otra sea una de las cuestiones más interesantes del film). La película, por lo tanto, no se interesa, o al menos no de forma explícita, por Giovanni, el millonario que promueve la infelicidad de todos, y su hijo, un pijo de cuidado que no sabe cómo reaccionar cada vez que sale de su pedestal de 'niño rico'.

Se me ocurren dos justificaciones que explicarían por qué Virzì elide a conciencia el tratamiento de los personajes 'principales' (al menos, los que tienen más peso en la trama o los que concentran la maraña de engaños y falsas apariencias de ésta). La primera obedece a lo dicho anteriormente: El capital humano quiere gustar y llegar a todo tipo de públicos, y por ello evita ir al epicentro del problema, intenta no mojarse, opta por 'dejar a la libre intuición' los aspectos principales de la historia en lugar de detallar la personalidad y de filmar sin rodeos las malas artes de todos sus miembros. Esta visión gana enteros si vemos de forma panorámica el último cine italiano, fiel a argumentos de corte decadentista pero a la postre bastante condescencientes con aquello que en teoría están poniendo en duda: ahí están Viva la libertà, poco más que una comedieta sobre las rivalidades políticas, o Habemus Papam, una exposición generalista sobre la responsabilidad y el miedo escénico en lugar de la crítica al estamento eclesiástico que todos esperábamos de un autor como Moretti (a la contra, títulos como Reality, La gran belleza o la serie Gomorra sí han sabido ir más allá en sus principios temáticos, sin miedo a resultar ficciones muy crudas). 


La segunda teoría es más benévola con la película. Tal vez Virzì no puede contarnos las interioridades de Dino y de su retoño porque éstos son dos personajes en el fondo más planos de lo que parece. Al fin y al cabo, la situación de crisis, desfalcos y estafas sólo puede llevar la firma de alguien cegado por el interés monetario, de un perfil más básico de lo que podría intuírse a simple vista. Virzì 'desglamouriza' la figura del mafioso, echa por tierra la mística y los dilemas morales de 'los Padrinos': quienes portan la culpa o se ven salpicados por el engaño acaban resultando más humanos, y a la postre más interesantes como material cinematográfico. Por eso el film nunca nos muestra la reunión de Dino con sus colaboradores, sus viajes a Milán o las charlas durante las partidas de tenis de los viernes, y por eso las escenas que Coppola hubiera firmado en la oscuridad de los despachos masculinos suceden en espacios nuevos y en boca de personajes inesperados: véase el ultimátum que hace Dino a Clara en el teatro casi al final del relato o la perspicaz utilización del encuentro inicial en la mansión y la gala navideña en el instituto de Serena como excusas perfectas para 'reunir' a los personajes y, de paso, destapar sus miserias. 

Sea cual sea la postura que uno decida tomar, El capital humano me plantea algunas dudas. Aunque el sistema de historias cruzadas ayuda a desentrañar poco a poco los secretos de la historia, aporta más bien poco la exposición de escenas idénticas mediante perspectivas diferentes (una narración más clásica hubiera beneficiado al film). Tampoco me convence el hecho de que el personaje que tiene la llave de la resolución no se presente hasta la hora de metraje (Luca), como si el director necesitase más contrapuntos en su intento por 'contar por omisión'. Y en relación a ese personaje, no puede dejar de exponerse el evidente mensaje final de la cinta: los ricos, aunque también lloran, siguen a flote, mientras que los marginados del sistema siempre terminan por 'cargar el muerto' (coloquial... y literalmente). 


Más interesante es el discurso que el personaje de Bruni Tedeschi realiza en la última escena del film. En su dormitorio, a la vez que observa la fiesta que se ha organizado en el hall de la casa, asume que personas como su marido han llevado a Italia a la crisis, y que pese a todo se permiten el lujo de reír y de disfrutar de festejos como el que está a punto de presidir. En ese momento, El capital humano parece despejar cualquier atisbo de duda sobre sus resortes formales y políticos: estamos, pues, ante una clara referencia a la clase que especuló (no sólo con dinero) y que sigue indemne. Incluso el hecho de que uno pueda dudar de los posicionamientos y de la pertinencia de algunos puntos de la película (esa citada estructura de historias cruzadas, la exposición antónima de clases sociales, etc.) acaba por decir mucho, y muy bien, sobre El capital humano. Una película, en definitiva, de sumo interés y de gran actualidad, aunque en mi fuero interno siga pensando que al film a veces le cuesta seguir el principio de 'al pan, pan; y al vino, vino'. Será que soy muy antiguo, o que films tan transparentes y radicales en sus postulados como los de Claude Chabrol ya han pasado a mejor vida.


Para seguir desentrañando los misterios de la crisis económica.
Lo mejor: Valeria Bruni Tedeschi y Fabrizio Bentivoglio.
Lo peor: A veces uno no sabe en qué campo está jugando.


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