LA FORMA DE LA FALACIA
En estas líneas, no hablaremos de cine. Al menos, no de forma exclusiva. Así lo decidió la Academia de Hollywood en la edición número 90 de sus premios, una de las más largas, intensas, militantes y abiertas de cuantas se recuerden. Es evidente que la posición de los Óscar ha cambiado, como meta de toda la temporada de galardones, como espectáculo mediático y como representación de toda la industria cinematográfica. Ya no visionamos las 4 horas de gala y las casi 100 horas de metraje que aglutinan los diferentes trabajos nominados con los mismos ojos. Tampoco los académicos votan según los preceptos del siglo pasado, ni tan siquiera de hace una década, y es de esperar que sus decisiones sean permeables a la intensidad informativa de redes como twitter, casi siempre parcial y muchas veces perniciosa. Todo ello nos motiva para escribir una crónica diferente de lo que fueron y de lo que en los últimos tiempos vienen siendo los Academy Awards. Empezamos con el desglose de una lista de falacias, muchas evidentes, otras subrepticias, que rodean al hombrecillo dorado.