domingo, 13 de octubre de 2019

EL PODCAST DE CINOSCAR & RARITIES 5X04 | Especial 67º FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN (Parte II)


Programa nº 135 de El podcast de Cinoscar & Rarities. Guillermo Navarro y Xavier Vidal reseñan La trinchera infinita, La hija de un ladrón, La odisea de los Giles, Lo que arde, La red avispa, La inocencia y Varados, y analizan el palmarés y la edición nº 67 del FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN. ¡Gracias por darle al play!


Guía del programa:
0' Presentación - 2' La trinchera infinita - 6' La hija de un ladrón - 9' La odisea de los Giles - 11' Lo que arde - 15' La red avispa - 19' La inocencia - 23' Varados - 27' Opinión y resumen - 41' Despedida y canción: "Hors Champs", de Pascal Gaigne (BSO de La trinchera infinita).


Puedes enviar tus comentarios o audiocomentarios con sugerencias o recomendaciones a nuestro mail cinoscararities@gmail.com, estaremos encantados de leerte o escucharte.

sábado, 12 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (VII) | FANTÁSTICO EUROPEO: DOGS DON'T WEAR PANTS, ADORATION, SUICIDE TOURIST, THE ANTENNA y PELICAN BLOOD


DOGS DON'T WEAR PANTS
Finlandia, 2019. Dirección: J-P Valkeapää
Sección: Noves Visions (ganadora mejor película)

A excepción de las películas de Aki Kaurismäki, en España tenemos muy pocas oportunidades para acercarnos a la cinematografía finlandesa. Con respecto al cine del director de Un hombre sin pasadoDogs Don't Wear Pants comparte muestrario de personajes traumados, diálogos lacónicos, relaciones paternofiliales viciadas y un sentido de humor extravagante. Parece poco, pero es mucho. A ese compendio, J-P Valkeapää suma una historia de sadomasoquismo con escenas muy explícitas. Juha, un cirujano viudo y padre de una adolescente, se encapricha de Mona, una dominatrix de armas tomar. El rol de ama y sumiso les ayuda a ambos a abrir su cerrajón emocional, aunque por el camino el espectador deba sufrir con la extracción de un diente sin anestesia, una uña arrancada, una espalda llena de cera ardiendo y otras lindeces. Delicatessen sitgense y plato de difícil digestión en cualquier otro contexto. Quedan, eso sí, las ganas por descubrir más cineastas y títulos venidos de Finlandia y confirmar hasta qué punto la sociedad de Helsinki y alrededores, tan modélica en determinados ámbitos, está o no, con perdón, como una regadera.



ADORATION
Bélgica, 2019. Dirección: Fabrice Du Welz
Sección: Oficial a concurso (premio especial del jurado, fotografía, mención a los actores, Mèlies d'Argent)

Fabrice Du Welz cuenta con una nutrida parroquia de seguidores en Sitges desde que presentara su ópera prima Calvario. Ninguna de sus películas, ni tan siquiera aquellas que ha rodado con presupuestos holgados y con vistas a llegar a todo tipo de audiencias, pueden considerarse convencionales. Existe un sello Du Welz, pero sus estrenos siempre terminan sorprendiéndonos. Ese estupor pudo palparse en el pase de Adoration, una cinta en la que el horror queda "en off". El director explica pocos detalles de sus personajes y trabaja la atmósfera a partir de la cámara en mano, la música ambiental y una extraordinaria dirección de intérpretes (Thomas Gioria y Fantine Harduin, descubiertos respectivamente en Custodia compartida y Happy End). La fuga de dos adolescentes da pie para cuestionarse el grado de salud mental de nuestra sociedad: los mayores se intuyen negligentes, mientras que el desconocimiento de los menores hace que sus acciones y comportamientos resulten extraños, incluso inquietantes. Quienes busquen un giro de trama, un subterfugio gore o cualquier alerta que invite a dar un brinco en la butaca, sin duda saldrán decepcionados. No es una película de entendimiento y digestión inmediata: deja huella, evoca temas y sensaciones, crece a medida que se recuerda. El debate post visionado más interesante de la edición. La "adoraremos", ya lejos del Auditori, en futuras revisiones.




SUICIDE TOURIST
Dinamarca, 2019. Dirección: Jonas Alexander Arnby
Sección: Oficial a concurso

Nikolaj Coster-Waldau ha sustituido el medievo de Juego de tronos por el mediterráneo de Sitges. Con varias semanas de antelación con respecto a su lanzamiento en Dinamarca, Suicide Tourist ha irrumpido en el certamen en calidad de contendiente de la sección oficial a concurso. El director de Cuando despierta la bestia firma la debacle existencial de un hombre que se traslada a un hotel en mitad de la nada para suicidarse. Tiene dudas, en su débil mente se unen las dudas del presente con los traumas del pasado... y por el camino descubrirá la trastienda de la institución que supuestamente debe asistirle hasta su último suspiro de vida. Empieza como un drama confuso, sigue como thriller apesadumbrado y acaba con estampas que, por sus colores y humores, recuerdan aunque sea vagamente al cine de Lanthimos. El resultado es una mezcolanda atractiva aunque deslavazada, otra historia más de depresión y fantasías mortíferas venidas de unos países nórdicos que, al menos en lo fílmico, son poco dados a la alegría. A Coster-Waldau, vaya, le vendrá de perlas darse un bañito en la playa de San Sebastián. Mientras, en la oscuridad de las salas de la ciudad, la película se ha recibido con más pena que gloria. Le auguramos un salto directo a plataformas.



THE ANTENNA (BINA)
Turquía, 2019. Dirección y guion: Orcun Behram
Sección: Oficial a concurso


El cine turco siempre "sale rana" en el Festival de Sitges. Pese a ser una cinematografía con larga tradición de producciones fantásticas, la gran mayoría nunca llegan a las salas de occidente o directamente son copias locales de títulos muy conocidos. The Antenna se presentó como ópera prima inspirada en Lynch y Cronenberg, también como una sofisticación de toda la tradición del terror de su país; consideraciones que, con la película visionada, se intuyen más que exageradas. Tras la instalación de una antena parabólica en un edificio, todo el bloque es atacado por una babosa espesa de color negro mientras el conserje se dedica a recorrer todas las estancias en un lánguido e insoportable tramo final. The Antenna, desvestida de artificios, aspira a ser una crítica a los medios de comunicación, a los regímenes totalitarios y al uso de la televisión como propaganda política. Un mensaje loable para una cinta que se sufre, en el peor de los sentidos. A título personal, una de las peores películas de la sección oficial, por mucho que aporte heterogeneidad y exotismo a un menú tan variado como el que ofrece Sitges año tras año. Hemos aprendido la lección: a partir de ahora nos abstendremos de cualquier filme turco en el certamen.



PELICAN BLOOD (PELIKANBLUT)
Alemania, 2019. Dirección y guion: Katrin Gebbe
Sección: Oficial a concurso


Nina Hoss presentó esta Pelican Blood en Venecia y ganó el premio a la mejor actriz en San Sebastián por La audición con muy pocos días de diferencia. A muchos todavía no les suena su nombre, pero su currículum habla por sí solo. Ella siempre es la promesa de una buena experiencia en la oscuridad de la sala. Y apelando a esa esperanza, uno empieza a ver Pelican Blood creyendo que a sus responsables les interesa el drama de una mujer que doma caballos y que, paradójicamente, es incapaz de controlar a su hija pequeña recién adoptada. Poco a poco, el filme va enseñando sus intenciones de género (hay un espectro en la casa, la niña presenta comportamientos muy extraños y extremos), y aún así el drama sigue imponiéndose. Pero llega la resolución final y la cineasta Katrin Gebbe se entrega definitivamente al cine de terror (spoiler: hay un exorcismo) de una forma muy gratuita. El resultado es una película un tanto tramposa, sobrada de metraje, en la que uno no sabe exactamente hasta qué punto tiene sentido, ya no su giro de tono, sino el hecho de que su protagonista, tan pragmática y paciente, decida creer que todos sus problemas se pueden resolver por ciencia casi infusa. Su directora lo cree. El público, difícilmente. Y nosotros seguimos dirimiendo si Pelican Blood es una tragedia valiente sobre el sacrificio y el adiestramiento o un circo de cuidado. Suerte que en pantalla aparece Nina Hoss, aunque esta vez sus tablas puede que no sean suficientes para salvar el desastre. En el cine, como en la vida, a veces las dudas son más poderosas que la realidad.


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viernes, 11 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (VI) | COMEDIAS GAMBERRAS: NOCHE DE BODAS, LITTLE MONSTERS, GUNS AKIMBO, CORPORATE ANIMALS y COME TO DADDY


NOCHE DE BODAS (READY OR NOT)
EE. UU., 2019. Dirección: Tyler Gillett y Matt Bettinelli-Olpin
Sección: Oficial a concurso

De todo lo visto estos días en Sitges, probablemente Noche de bodas sea la única película que llegue a un amplio abanico de pantallas y plataformas en España. Su fórmula: un humor a contracorriente, aunque identificable para el gran público; el apoyo de una distribuidora generalista, que suele ampliar su catálogo con alguna excentricidad coincidiendo con la cercanía de Halloween; y un elenco artístico y técnico con empaque, por mucho que su génesis esté en un cine extremo, muy lejano del blockbuster. Con estas señas, y sabiendo que esta invitación de casamiento tiene gato y muchos litros de sangre encerrados, Noche de bodas no debería coger desprevenido a casi nadie (si se han cotilleado detalles de la trama viendo su tráiler o leyendo comentarios en redes sociales, todavía menos). Lo que sí sorprende es que, en el fondo, el filme de Gillett y Bettinelli-Olpin sea una versión de aquello tan viejo de "con la familia hemos topado". Nada más, y puede que nada menos. Ciertamente, la historia nunca decae, alcanza cuotas de desenfreno mayor a medida que avanza y termina con el despiporre que prometía desde el inicio, aunque nada va más allá del chiste burdo, del gag de brocha gorda, de la anécdota reiterada hasta la saciedad. Una velada más curiosa que satisfactoria, más simpática que tronchante, no tan sutil e ingeniosa como se ha escrito... y cabe imaginarse que sus responsables creían tener entre manos un producto rompedor. Que vivan los novios, aunque solo sea por pocas horas.




LITTLE MONSTERS
Australia, 2019. Dirección y guion: Abe Forsythe
Sección: Oficial a concurso

En Sitges se aplaude casi todo: frases lapidarias, guantazos, cuchilladas y un muestrario amplio de barbaridades. Viva lo políticamente incorrecto. Lo que pasa en Sitges, se queda en Sitges. Ante tal panorama, es de imaginar que una película como Little Monsters, trufada de chanzas y momentos cumbre, haya sido uno de los puntos álgidos de esta edición de 2019. En pantalla, un tipo desastroso intenta seducir a la maestra de preescolar de su sobrino, con la mala suerte de que todos, adultos y niños, se verán inmersos en una epidemia zombi. No hay espacio para las sutilezas ni para dobles lecturas: solo diversión a raudales. Y, a diferencia de otras gracietas sin sustancia, Little Monsters es sincera, tiene ingenio y consigue que nos sintamos un pequeño más en mitad del desastre. Lupita Nyong'o, ukelele incluido, va camino de convertirse en una musa del nuevo cine de género (porque todos llevamos un héroe dentro, pero también un ser tan mezquino como ese actor que da vida a un ídolo infantil). Moraleja: no perdamos nunca la inocencia de los niños pese a la locura que nos rodea. Taylor Swift está esperando pasar por caja para cobrar los royalties. El resto, cuando llegue a los cines, pasad sí o sí por taquilla. 



GUNS AKIMBO
Nueva Zelanda, 2019. Dirección y guion: Jason Lei Howden
Sección: Òrbita

Os confieso que nunca fui un gran aficionado a los videojuegos. De niño tuve Game Boy, pero poco más. Por eso me cuesta empatizar con el cine que reproduce los ritmos, las estéticas y las lógicas de las consolas. Celebro en cambio que Guns Akimbo, cuya trama sigue las andanzas de un chico que es captado por los responsables de un juego de rol en red, me meta en una montaña rusa desde el minuto uno y reivindique en cada uno de sus fotogramas que sus bases, esas que no entiendo ni comparto, son precisamente las que la película precisa. Guns Akimbo necesita de espectadores juguetones que se dejen llevar por todos los giros y sinsentidos de la historia. Los colores saturados, los cambios de tempo y la gran ejecución de las escenas de acción corren a cargo y son mérito exclusivo de Jason Lei Howden, un director que no tardará en recibir ofertas de varios ceros desde Los Ángeles. Y si a pesar de lo dicho seguís creyendo que Guns Akimbo no es para vosotros, o que "para qué ver la historia de un tipo al que le implantan dos pistolas en las manos y va dando saltos a diestro y siniestro", debéis saber que Daniel Radcliffe, estupendo como siempre, sigue engrandeciendo su leyenda con papeles que casi ninguna estrella joven de Hollywood aceptaría. Con él, jugamos una partida de lo que sea. Ir al cine, en el fondo, es eso: jugar y dejar que jueguen contigo. Guns Akimbo, llamémoslo "placer culpable" o como queráis, ha sido uno de los visionados más gozosos de Sitges 2019. 



CORPORATE ANIMALS
EE. UU., 2019. Dirección: Patrick Brice
Sección: Oficial a concurso 


Patrick Brice, famoso por dirigir la serie Room 104 y las dos entregas de Creep, sigue vinculado al fantástico y a la comedia inclasificable con Corporate Animals, la recuperación de Demi Moore para la gran pantalla. Los miembros de una empresa de cubertería de usar y tirar (ojo: ¡ecológica!) asisten a una reunión en Nuevo México. Se trata de una excursión en plena naturaleza para reforzar los lazos de grupo, el trabajo cooperativo y todos esos términos (anglicismos) que están tan de moda en el mundo de los negocios. Pero (y ahí entra el humor) todo se viene abajo cuando los "compis" de oficina se quedan encerrados en una cueva bajo la supervisión de su jefa, una Demi Moore hipócrita, megalómana e insoportable. El discurso da cuerpo a todo el metraje, pero la cuestión social pierde en favor de una comedia que, a la práctica, funciona como una sitcom "de manual", con referencias pop y pocas salidas de tono. Resta la sensación de que Corporate Animals no pudo o no quiso llevar su premisa hasta las últimas consecuencias, con una ironía o una apuesta de género que verdaderamente hiera. Nos quedamos de largo con Moore, una intérprete tan cuestionada que podría encontrar un filón en la ficción de serie B, riéndose de su persona-personaje, desmitificando la estrella que fue hace un par de décadas. Comedia con mordida, sin mordiente. 



COME TO DADDY
Canadá, 2019. Dirección: Ant Timpson
Sección: Oficial a concurso

Muchos se toman a broma el Festival de Sitges. Es fácil decir que en los cines y en los alrededores del festival se concentran solamente fans del fantástico. Incluso puede caerse en la obviedad de considerar que la gran cantidad de pases (inabarcables) o la popularidad de algunos eventos paralelos (sobre todo la Zombie Walk) desvirtúa el funcionamiento de lo que, a priori, es solo una muestra cinematográfica, aunque esté consagrada a un género concreto. Lejos de todo esto, Sitges es un contexto perfecto para saber qué ocupa y preocupa en la actualidad, y cómo esos miedos se expresan en el plano audiovisual, ya sea para desmitificarlos o dotarlos de la trascendencia que se merecen. Siguiendo esta lógica, no costaría escribir que Come to Daddy es otra comedieta más para públicos frikis, que sus salidas de tono están estudiadas para arrancar la carcajada de las masas enfervorecidas (en Sitges, más expresivas si cabe) y que al final de sus excentricidades hay poca cosa, solo el efecto de unos fuegos artificiales desvaneciéndose en el cielo. Rompamos moldes. En realidad, Come to Daddy es una reflexión sobre la familia desestructurada de nuestros tiempos, uno de los temas más repetidos este año en la ciudad catalana. Que nadie le quite la importancia que tiene por culpa de gags como la rotura de dedos, la trampilla en el comedor (a lo Parásitos) o los chistes en el motel (a lo Tarantino): no hay escena más lapidaria que aquella en la que el padre (buscado, perdido y luego reencontrado) le explica a su hijo por qué vivió treinta años lejos de él entre algodones (un diálogo que viene a desmontar las tonterías de toda una generación, esa que encarna el eterno niño Elijah Wood de estética hipster). En síntesis, la película es un coming out en forma de guantazo en toda la cara. Tened en cuenta esta Come to Daddy. O sea: tomárosla como una broma muy seria.


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jueves, 10 de octubre de 2019

EL PODCAST DE CINOSCAR & RARITIES 5X03 | Especial MIENTRAS DURE LA GUERRA y 67º FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN (Parte I)


Programa nº 134 de El podcast de Cinoscar & Rarities. Alberto Tovar y Xavier Vidal reseñan y analizan MIENTRAS DURE LA GUERRA, la última película de Alejandro Amenábar, y repasan las películas y el palmarés de la edición nº 67 del FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN. ¡Gracias por darle al play!


Guía del programa:
0' Presentación - 2' Análisis MIENTRAS DURE LA GUERRA - 48' Especial FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2019 (Parte I) - 76' Despedida y canción: "Créditos finales", de Alejandro Amenábar (BSO de Mientras dure la guerra


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miércoles, 9 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (V) | DOCUMENTALES: MEMORY: THE ORIGINS OF ALIEN, LEAP OF FAITH, MAKING WAVES y SESIÓN SALVAJE



MEMORY: THE ORIGINS OF ALIEN &
LEAP OF FAITH: WILLIAM FRIEDKIN ON THE EXORCIST
EE. UU., 2019. Dirección: Alexandre O. Philippe
Sección: Oficial fuera de concurso


Alexandre O. Philippe nos apasionó con 78/52, el análisis pormenorizado y lúdico de la escena más famosa de Psicosis. Este año en Sitges ha presentado dos películas, ambas consagradas al estudio de dos clásicos del cine fantástico, una coincidencia que reivindica su nombre como uno de los directores más importantes de la contemporaneidad, sin importar géneros o formatos. Memory: The Origins of Alien es un ensayo sobre la mitología de Alien, su concepción, creación, contexto y aportación a la historia del cine, a la vez que no renuncia a las tradicionales entrevistas a cámara y relato de anécdotas del rodaje. En paralelo, Leap of Faith: William Friedkin on The Exorcist se articula sobre una charla que el director mantuvo con Friedkin durante seis días, un encuentro que en pantalla se traduce en un divertido a la par que cerimonioso monólogo en el que el oscarizado cineasta desvela sus referencias pictóricas y cinéfilas, habla sobre la fe y la vida y, sobre todo, narra cómo fue el proceso de filmación de El exorcista. Philippe se muestra igual de cómodo explorando los secretos de la nave Nostromo que conversando en la intimidad con uno de sus mentores. Ambas obras, vistas por separado o en conjunto, ponen de manifiesto la importancia de (re)visionar el cine de antaño con vocación pedagógica, con la mitomanía justa y necesaria, animando a las nuevas generaciones a bucear en las bases del cine de terror para entender los fotogramas del presente. Dos piezas audiovisuales de lujo para todo amante del séptimo arte, porque Philippe ama el cine, contagia su pasión y, por el camino, consigue acercarnos a las personas que lo hicieron y hacen posibles. Asistir a un festival o a una sala de cine en pleno siglo XXI sigue teniendo sentido gracias a películas y sensibilidades como las de Philippe.



MAKING WAVES: THE ART OF CINEMATIC SOUND
EE. UU., 2019. Dirección: Midge Costin
Sección: Oficial a concurso

Sabemos muy poco de la técnica del sonido en el cine, incluso a muchos nos cuesta diferenciar qué se premia en las categoría de sonido y efectos sonoros en los Óscar. Making Waves ayuda a conocer desde dentro qué hay detrás de esta disciplina y cómo ha evolucionado desde los tiempos mudos hasta la revolución digital de nuestros días. El documental reivindica el cine como un medio en constante (r)evolución tecnológica que se ve y sobre todo se escucha, y por el camino celebra la industria de Hollywood y aquellos nombres que en algún punto del siglo pasado contribuyeron al audiovisual. Tal vez ese sea el punto más discutible del metraje: en el fondo, Making Waves es una exhibición de poder por parte de Hollywood y mantiene incólumes el mito de gran parte de sus estrellas (no es casualidad que solo se citen filmes nominados por parte de la Academia y se eludan otros títulos del ámbito independiente). Igualmente, ver en pantalla grande escenas de películas míticas es un gozo que a muchos nos lleva incluso a la lágrima. Cualquier amante del cine aprenderá y disfrutará con Making Waves. ¿Para cuándo un filme similar sobre la tan cuestionada gestión del sonido en el cine español?



SESIÓN SALVAJE
España, 2018. Dirección: Paco Limón y Julio César Sánchez
Sección: Oficial fuera de concurso

Amenábar argumentaba a colación de Mientras dure la guerra que la sociedad española tiene un conflicto con sus símbolos nacionales. Si el cine, además de ser una industria, ostenta el estatus de símbolo, por representar la idiosincrasia y las evoluciones de un país, documentos como Sesión salvaje bien merecen figurar en la lista de visionados obligatorios en institutos, escuelas de cine y alrededores. En apenas 80 minutos, Paco Limón y Julio César Sánchez condensan una ingente cantidad de películas que dice mucho, o muy poco, de lo que somos y fuimos. Se reivindica, en síntesis, el western, el terror, la ola quinqui, las obras del Destape y la mal llamada "españolada", todo con las dosis justas de nostalgia y crítica. El metraje avanza frenético: hay mucho que contar y sus artífices hacen gala de un entusiasmo superlativo, siempre contagioso. El resultado es un viaje de fotogramas, entrevistas y efemérides desde la censura franquista hasta la Transición, un gozo absoluto que el espectador puede y debe completar visionando todos los títulos que se citan (algunos, míticos; otros, desconocidos). Nos sumamos al sentido comentario de Ángel Sala en el Auditori del Festival de Sitges: nuestra ficción y sus gentes se merecen muchos más filmes como Sesión salvaje. También nuestros símbolos: por eso Sesión salvaje sabe a reconciliación, a justicia poética, a estudio de un pretérito que debemos preservar.


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martes, 8 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (IV) | EL PAISAJE COMO INFIERNO: EL FARO (THE LIGHTHOUSE), BACURAU, THE LODGE y VIVARIUM


EL FARO (THE LIGHTHOUSE)
EE. UU., 2019. Dirección: Robert Eggers
Sección: Oficial fuera de concurso


El faro causó sensación en el último Festival de Cannes. Era la película de la que todo el mundo hablaba y que muy poca gente tuvo oportunidad de visionar. Casualidad o no, tanto San Sebastián como Sitges la han seleccionado en sus escaparates antes de su estreno en salas el 10 de enero (dicho sea de paso, con pocas posibilidades de recaudación, aunque detrás esté el sello Universal, coprotagonice el actor Robert Pattinson y a la cinta se le presagien algunas candidaturas al Óscar). Robert Eggers, que ya inauguró Sitges con la estimulante La bruja, hace alarde una vez más de su habilidad a la hora de planificar escenas, construir atmósferas y dirigir intérpretes. El faro, con fotografía 4:3 en blanco y negro, propone un viaje inmersivo, húmedo y paranoico a las profundidades de una isla perdida de Nueva Inglaterra. Dos fareros, experto y aprendiz, conviven, riñen y beben todo tipo de líquidos mientras se encargan de tareas mundanas. A medida que avanzan las semanas, su desazón se incrementa, la locura devora sus mentes y sus cuerpos, y el mal campa a sus anchas en forma de sirenas, tormentas e historiales violentos. En ese "viaje de no retorno", Ebberts quiere que cada gesto de sus actores y cada elemento escenográfico tenga la mayor intensidad posible, pero la fórmula termina por agotar y ahogar la película. Tal vez porque su director carece de la habilidad narrativa de Paul Thomas Anderson o porque el citado Pattinson, a pesar de su titánico trabajo, dista de ser Daniel Day-Lewis. El faro, en síntesis, representa ese cine "imponente" de nuevo cuño que, por pura egolatría, dista de ser "importante". Adjetivos aparte, su visionado en pantalla grande y en versión original está más que justificado. Las voces cannois tenían razón, aunque no había para tanto.



BACURAU
Brasil, 2019. Dirección y guion: Juliano Dornelles y Kleber Mendonça Filho
Sección: Oficial a concurso

En Bacurau cohabitan distintas películas de géneros muy diferentes, no todas ellas satisfactorias. En esencia, Dornelles y Mendonça Filho proponen un western clásico, con un poblado que se protege de la amenaza de bandoleros, y a esa estructura se le van añadiendo componentes realistas, surrealistas y toques propios del cine de acción y de terror. El plato es variado y se paladea con gusto, aun cuando el dúo de cineastas imprime a las imágenes un tempo lento que puede descolocar a públicos no demasiado dados a excentricidades. Crónica sobre el colonialismo, sus víctimas y sus verdugos, contada en clave futurista pero vinculada al presente tanto de su país como del conjunto de su continente. Sonia Braga, más secundaria de lo que a muchos nos gustaría, imprime una personalidad fiera y firme a su personaje, si bien el perfil de otros habitantes de esta Bacurau está más cercano a la caricatura burda. En lo personal, una cinta de difícil digestión, demasiado marciana y un tanto cuestionable: ahí está el estallido de violencia final, tan exacerbado que se diría contrario a sus pesquisas sociales, y el trazo bobalicón de los villanos, como si sus artífices quisieran parodiar y al mismo tiempo reproducir los tópicos de los blockbusters de acción. En lo personal, una propuesta que funciona mucho mejor en sus pasajes menos peliculeros y, por lo tanto, cuando filma un paisaje yermo, desabastecido, abandonado de la mano de dios y de los humanos, en claro vínculo con el Brasil de Bolsonaro. 



THE LODGE
Reino Unido, 2019. Dirección: Severin Fiala y Veronika Franz
Sección: Oficial a concurso

En Sitges había mucha expectación por visionar el nuevo trabajo de los directores de Goodnight Mommy, una de las revelaciones de hace ahora cinco años. Muchos temían que la mirada de Fiala y Franz, ya con un presupuesto mayor y con las inevitables restricciones industriales (recordemos: se trata de vender el mayor número de entradas en todo el mundo), hubiera sufrido un blanqueamiento que les acercara al blockbuster y les alejara del indie europeo, su terreno habitual. Por suerte, The Lodge no hace concesiones a nadie y se intuye una lectura libre, también imprevisible, de la debacle familiar y la oscuridad infantil que ya sobrevolaba su anterior título. Tras perder a su madre, dos hermanos deben convivir con la nueva pareja de su padre en una cabaña en mitad del bosque y en pleno invierno. La casa se convierte en purgatorio, la convivencia se torna un calvario y las escasas esperanzas de salvación entroncan con los traumas de los mayores y de los pequeños. Fiala y Franz, una vez más, demuestran su mano maestra en la construcción de atmósferas y en la dirección de crescendos dramáticos. La resolución, de nuevo, decepcionará a aquellos que esperen atar todos los cabos sueltos. Es difícil vaticinar qué trayectoria tendrá The Lodge en cines y plataformas: justamente se sitúa en un territorio fronterizo entre el terror comercial y la abstracción más absoluta. Sea como sea, esperemos que el filme dé una nueva vida a la carrera de Alicia Silverstone, una actriz que dentro y fuera de la pantalla sufre y ha sufrido una particular penitencia. Sin el cansancio y las prisas propias del festival, apetecerá volver a The Lodge para disfrutarla y sufrirla como se merece.




VIVARIUM
EE. UU., 2019. Dirección: Lorcan Finnegan
Sección: Oficial a concurso


La Semana de la Crítica de Cannes acogió este mayo Vivarium, la nueva distopía indie del cine norteamericano. Pocos personajes, un único espacio y lecturas que ponen sobre la mesa cuestiones como la incomunicación, la deshumanización y la vida en el primer mundo acomodado. Podría ser un capítulo breve de Black Mirror pero Lorcan Finnegan convierte Vivarium, su segundo largometraje, en un estimulante tour de force de hora y media de duración en el que Jesse Eisenberg e Imogen Poots, protagonistas casi únicos de la función, están encerrados en un barrio residencial deshabitado. Su desesperación contrasta con un paisaje laberíntico, tan vacío en lo formal como, intuimos, cargado de significaciones muy intrincadas. La anécdota, aunque notable y entretenida, no siempre justifica su metraje; y su resolución, puede que la única posible, se intuye evidente. Con todo, Vivarium es un juguete fílmico estimulante, capaz de consensuar a los fans del género y al público general de los multisalas, aunque será especialmente este último el que agradezca la evidencia de metáforas tan transparentes como la escena de los títulos de crédito iniciales. Un El show de Truman filtrado por las derivas kafkianas de Enemy, con toques que pueden recordar al cine de Gondry y Jonze. 


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lunes, 7 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (III) | CINE ESPAÑOL: VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN, EL ASESINO DE LOS CAPRICHOS, EL HOYO, 4x4, PARADISE HILLS y AMIGO


VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN
España, 2019. Dirección: Aritz Moreno
Sección: Oficial a concurso

La novela Ventajas de viajar en tren de Antonio Orejudo era una genialidad imposible de adaptar al cine. Decimos "era" porque, contra todo pronóstico, la película de Artiz Moreno es fiel al "cariño cruel" del libro, incluso a su estructura en tres episodios. Como sucede con los cerebros de los afectados de personalidad múltiple, el filme se abre como una cebolla que va desvelando todas sus capas: vamos de la meseta a París, del fragor de la guerra al interior de un quiosco... y suma y sigue. Mientras, desde la butaca, uno abre los ojos como platos y se sorprende al ver que el castillo de naipes nunca se desploma. Comedia negrísima sobre detritos, maltratos y trastornos, una visión deformada y lúdica de lo que somos con una estética y un reparto únicos. De esas veces en las que todos los planetas (medios, elenco, presupuesto) se alinean para formar una ópera prima de culto instantánea, título único en nuestro país y de cualquier cinematografía, con tal cantidad de espacios, tiempos, caracteres y datos que invita a visionarla más de una vez. Le deseamos mucha suerte: esperemos que sus excentricidades no vayan acompañadas de la incomprensión del público mayoritario. El cariño de los asistentes en Sitges lo tiene garantizado.



EL ASESINO DE LOS CAPRICHOS
España, 2019. Dirección: Gerardo Herrero
Sección: Órbita


Gerardo Herrero, pese a ser uno de los cineastas más prolíficos del panorama nacional, apenas ha aportado un par de títulos estimables. El asesino de los caprichos incide en el amor del cineasta por el thriller, el género que más ha cultivado en la última década. A partir de un libreto de Ángela Armero (que parece la adaptación de una novela superventas), Herrero, a diferencia del carácter ibérico de los últimos Sorogoyen y Arévalo, convoca gran parte de los clichés del noir norteamericano (mujeres uniformadas con comportamientos masculinos, cierta esencia de buddy movie, etc.), una fórmula que recuerda a policíacos de tiempos pretéritos. La película, como resultado, apela a una narrativa desfasada, incluso en aspectos técnicos ya superados (véase las escenas en la azotea, con un uso del croma que clama al cielo). Una buena idea lastrada por la incapacidad de sus responsables por ir más allá de lo evidente. Entretiene moderadamente, con instantes de humor involuntario y un reparto que, pese a su oficio, no puede salvar el conjunto de la más absoluta medianía. Susceptible de un remake futuro.



EL HOYO
España, 2019. Dirección: Galder Gaztelu-Urrutia
Sección: Oficial a concurso


2019 pasará a la historia como el año en que nuestro cine se exhibió y ganó premio en casi todos los festivales internacionales. El hoyo, último nombre que se añade a la cosecha, llega a Sitges con el subtítulo de "la sorpresa de Toronto" y su pase ha superado con creces todas las expectativas. El debut de Gaztelu-Urrutia en el largometraje es la madre de todas las distopías políticas, una especie de "Cube a la española" que cuestiona las bases del capitalismo, el desapego al prójimo, nuestra relación con la comida y, en general, un sistema social que consume objetos y personas. Durante noventa minutos, Ivan Massagué está encerrado en una especie de pirámide vertical, con plataformas que imitan un sistema de castas: arriba están los más aventajados y abajo sufre la clase pobre, que muere y mata por absoluta necesidad. La premisa se domina a la media hora de metraje, pero la trama introduce variaciones que permiten dilatar la reflexión y el entretenimiento: hay material incluso para realizar las series y las secuelas que se quieran. Una idea brillante ejecutada con compromiso social y de género. Dará mucho que hablar y muchas alegrías a su equipo. Recordad: "la panna cotta es el mensaje. Obvio".



4x4
Argentina, 2019. Dirección: Mariano Cohn
Sección: Òrbita

A juzgar por sus últimos estrenos, parece que los argentinos están "hasta las pelotas", con perdón. Y no hay nada mejor que la ficción para destapar las injusticias sociales y, por qué no, canalizar toda la rabia contenida. Todo ello estaba en las bases de los Relatos salvajes de Damián Szifrón y en los proyectos de la pareja que forman Cohn y Duprat. En 4x4, el primero dirige, el segundo escribe y ambos se divierten bromeando con su propia obra (inventan el cartel de una hipotética secuela de su El hombre de al lado) y llevando al extremo sus estilemas (si antes jugaban a incomodar a su protagonista, y con él a gran parte del público, ahora la claustrofobia es literal y el personaje está encerrado en el interior de una camioneta blindada durante el 90% del metraje). El resultado, más cercano al fantástico que a la retranca ché, presume de algunos hallazgos visuales (destaca la fotografía de Kiko de la Rica), mantiene al espectador pegado a la butaca... y, tras su resolución, no puede esconden su carácter anecdótico. Como un relato del citado Szifrón, pero estirado hasta alcanzar la canónica hora y media. Con más energía que brío, más enfado que denuncia. Coproducción hispano-argentina, otra más, que no tardará en llegar a nuestras salas.



PARADISE HILLS
España, 2019. Dirección: Alice Waddington
Sección: Oficial a concurso

El mundo del cine es para los valientes. Con 29 años, la bilbaína Alice Waddington presenta una ópera prima inusual dentro del panorama español. Paradise Hills es una fantasía femenina y feminista con una cuidada puesta en escena, una notable economización de recursos y combinación de talento nacional y actores internacionales, una fórmula muy acorde con las demandas comerciales de nuestros tiempos. También, como sucede con parte del audiovisual más reciente, Paradise Hills cuenta con una buena premisa que, a la postre, va perdiendo fuelle hasta diluir toda la carga emocional e ideológica que apuntaban sus primeras escenas. La odisea de unas jóvenes burguesas que están encerradas en un internado es un "quiero y no puedo" de lugares comunes que, con todo, puede gustar a su audiencia potencial: adolescentes, millenials y etcétera. Nos quedamos, en definitiva, con una estética (vestuario, dirección artística, maquillaje y peluquería) que, aunque vacía, no está exenta de méritos. Una excéntrica demostración de todo lo que es capaz de hacer nuestra industria y, colateralmente, una exposición de todas sus vergüenzas e imperfecciones.



AMIGO
España, 2019. Dirección: Óscar Martín
Sección: Oficial a concurso


Puede que Javier Botet nunca gane un Goya, pero probablemente no lo necesite: es con toda seguridad el intérprete español que más ha trabajado en la última década, tanto en España como en el extranjero. En reconocimiento a esa hiperactividad, claramente vinculada a su singular físico, el Festival de Sitges le ha otorgado este año un premio muy merecido y nada corriente. Lástima que ese galardón se justifique con la proyección de una película tan anecdótica como Amigo, en la que Botet también participa en labores de guion. Sin las capas de maquillaje a las que nos tiene acostumbrados, el cuerpo desnudo del intérprete es lo único imponente de un filme que nunca debió pasar del formato corto. Dos amigos deciden vivir en una casa en mitad de la nada. Uno está enfermo, el otro ejerce de cuidador, y entre ambos hay varios secretos y rencillas que se resuelven con moderado interés en su tercio final. Óscar Martín cuenta con pocos medios, pese a lo dicho estamos ante una película "resultona"... pero su inclusión en Sitges resulta excesiva (sin olvidar que el festival de catalán es muy dado a las desmedidas). Botet, a nuestro pesar, no ampliará su nómina de amigos. Difícilmente encontrará acomodo en la gran pantalla.


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