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miércoles, 10 de junio de 2020

CRÍTICAS | FESTIVAL DE CANNES (III)


MATTHIAS & MAXIME
Canadá, 2019. Dirección y guion: Xavier Dolan
Sección oficial a concurso del Festival de Cannes

En Los amores imaginarios, Xavier Dolan filmaba un trío amoroso con el ímpetu y la inocencia de un adolescente. En Matthias y Maxime, los personajes se acercan a la treintena y deben gestionar su amistad con los deseos y designios de una vida plena, en un mundo adulto. La evolución de esas dos cintas (del hedonismo a la melancolía, de la exaltación extrovertida a la introversión) describe a la perfección el crecimiento de un cineasta cuya impronta se hace patente en todos sus fotogramas. Lo que antes era firma de novel con ínfulas, ahora es una marca de estilo. Con todo, sería un error considerar Matthias y Maxime como una película madura, y es en este punto donde el cine de Dolan se abre en canal ante nosotros, sensible y sentido, con todas sus virtudes y defectos. A la postre, Dolan sigue hablando de lo mismo, o dando tumbos en torno a las mismas ideas. Casi nunca construye personajes con dobleces, interesantes. Su querencia por el grito, la desestructuración familiar y el montaje sincopado, con euforia musical de aderezo, resulta tan estimulante como cargante. Y entre medias, uno se pregunta si Dolan, más allá de evidenciar el carácter personal y generacional de su filmografía, no pierde otra oportunidad de filmar el documento definitivo sobre los pecados, los excesos y las turbulencias de una juventud, masculina y homosexual, de la que solo se nos ofrece su dermis en forma de dudas (no siempre argumentadas) y excentricidades (no siempre justificadas). Sea como sea, Matthias y Maxime atesora una de las ideas más potentes de su autor: el cine dentro del cine (la filmación del cortometraje entre Matt y Max) como detonante de un conflicto vital. La prueba, para muchos irrefutable, de que la carrera de Dolan solo alcanzará cuotas más altas cuanto más se ciña a su innegable talento como cineasta y menos dependa de sus subjetividades como individuo. Otro Dolan es posible: ojalá Matthias y Maxime sea la antesala del cambio.



LA BELLE ÉPOQUE
Francia, 2019. Dirección y guion: Nicolas Bedos
Sección oficial fuera de concurso del Festival de Cannes. 3 premios César

La comedia, más si cabe la romántica, necesita nombres nuevos que pongan patas arriba los tópicos del género. En Francia, Nicolas Bedos lleva años poniendo en valor la comedia desde su faceta de director teatral, guionista, actor, cineasta y dramaturgo. Su ópera prima, Monsieur & Madame Adelman, dio cuenta de su habilidad para la construcción de diálogos y la dirección de intérpretes, unos valores que ahora cristalizan en La belle époque, su película más compleja hasta la fecha. El humor, la ternura, el vodevil y la ciencia ficción se dan la mano en una historia que traslada a un dibujante sexagenario a los mejores años de su vida: la década de los 70. En un doble juego de creación y recreación, Bedos dispone las cartas de siempre, aunque las baraja a su antojo: de ahí que el visionado sea una sorpresa constante, un viaje agradable, lleno de ingenio. De la experiencia resulta una película que reivindica la memoria y se acerca al pasado con sentido de la crítica y de la nostalgia. Una prueba de que los recuerdos, a la contra de lo que podría parecer, son una ficción. ¿Estará Bedos hablando, ni que sea indirectamente, del gran momento, pretérito y perdido, de esa comedia que tanto ama? Seguramente sí. Tan evidente como que, desprovista de sus piruetas visuales y verbales, La belle époque no es más que un entretenimiento; adulto, aunque inofensivo. Cine francés, susceptible de ser "remakeado", que se enorgullece de reproducir todo aquello que nosotros, sus vecinos, asociamos al país del amour fou. No por casualidad, en la lengua de Molière el intérprete, antes que "acteur", es un "comédien". 



UN BLANCO, BLANCO DÍA
Islandia, 2019. Dirección y guion: Hylnur Palmason
Semana de la Crítica del Festival de Cannes. Nominación al EFA al mejor actor

Al cine nórdico no le sobran cineastas apesadumbrados. A esa lista se suma Hylnur Palmason, islandés de 35 años que asegura que las películas de Saura y Erice le cambiaron la vida. En Winter Brothers, su debut, ya podían intuirse algunas esencias de los dos genios españoles: el apego al thriller, la experimentación en el montaje, su estilización fotográfica, la construcción de atmósferas inquietantes o la metáfora visual con amagos de crítica social. De hecho, su mediometraje En maler, visto con ojos ibéricos, podría ser una versión escandinava, y por lo tanto cruel, de El sol del membrillo. Un blanco, blanco día, la primera obra de Palmason que llega comercialmente a nuestro país, ahonda en esa tendencia al malestar, ahora aliado con la geografía de una Islandia que parece el lugar más bello del continente, también el más desafiante. Un policía viudo pierde los papeles cuando descubre que su esposa tenía una relación con otro hombre. Su vida se apuntala en dos direcciones: la construcción de una casa y su rol como abuelo. Todo salta por los aires cuando la sed de venganza aflora en su interior. Palmason nunca aporta evidencias, tampoco justifica hechos, ni tan siquiera filma actitudes reprobables para que el espectador juzgue lo que le plazca. Para Palmason, las imágenes en movimiento son pura abstracción. Por defecto, nada debe tener sentido para que, paradójicamente, todo adquiera significado. Un blanco, blanco día puede entenderse como una enajenación, un tránsito a la lucidez, una emancipación emocional, un regocijo autodestructivo, una redención... o todo lo contrario. Poco importa. De ella quedan cien minutos de cine retador, inaudito, incómodo. Cien por cien nórdico. Hermanado con Erice. Puro Saura. Y, sobre todo, único en su especie. Sin duda, seguir la prometedora carrera de Palmason será uno de los placeres masoquistas de la nueva cinefilia.



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viernes, 11 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (VI) | COMEDIAS GAMBERRAS: NOCHE DE BODAS, LITTLE MONSTERS, GUNS AKIMBO, CORPORATE ANIMALS y COME TO DADDY


NOCHE DE BODAS (READY OR NOT)
EE. UU., 2019. Dirección: Tyler Gillett y Matt Bettinelli-Olpin
Sección: Oficial a concurso

De todo lo visto estos días en Sitges, probablemente Noche de bodas sea la única película que llegue a un amplio abanico de pantallas y plataformas en España. Su fórmula: un humor a contracorriente, aunque identificable para el gran público; el apoyo de una distribuidora generalista, que suele ampliar su catálogo con alguna excentricidad coincidiendo con la cercanía de Halloween; y un elenco artístico y técnico con empaque, por mucho que su génesis esté en un cine extremo, muy lejano del blockbuster. Con estas señas, y sabiendo que esta invitación de casamiento tiene gato y muchos litros de sangre encerrados, Noche de bodas no debería coger desprevenido a casi nadie (si se han cotilleado detalles de la trama viendo su tráiler o leyendo comentarios en redes sociales, todavía menos). Lo que sí sorprende es que, en el fondo, el filme de Gillett y Bettinelli-Olpin sea una versión de aquello tan viejo de "con la familia hemos topado". Nada más, y puede que nada menos. Ciertamente, la historia nunca decae, alcanza cuotas de desenfreno mayor a medida que avanza y termina con el despiporre que prometía desde el inicio, aunque nada va más allá del chiste burdo, del gag de brocha gorda, de la anécdota reiterada hasta la saciedad. Una velada más curiosa que satisfactoria, más simpática que tronchante, no tan sutil e ingeniosa como se ha escrito... y cabe imaginarse que sus responsables creían tener entre manos un producto rompedor. Que vivan los novios, aunque solo sea por pocas horas.




LITTLE MONSTERS
Australia, 2019. Dirección y guion: Abe Forsythe
Sección: Oficial a concurso

En Sitges se aplaude casi todo: frases lapidarias, guantazos, cuchilladas y un muestrario amplio de barbaridades. Viva lo políticamente incorrecto. Lo que pasa en Sitges, se queda en Sitges. Ante tal panorama, es de imaginar que una película como Little Monsters, trufada de chanzas y momentos cumbre, haya sido uno de los puntos álgidos de esta edición de 2019. En pantalla, un tipo desastroso intenta seducir a la maestra de preescolar de su sobrino, con la mala suerte de que todos, adultos y niños, se verán inmersos en una epidemia zombi. No hay espacio para las sutilezas ni para dobles lecturas: solo diversión a raudales. Y, a diferencia de otras gracietas sin sustancia, Little Monsters es sincera, tiene ingenio y consigue que nos sintamos un pequeño más en mitad del desastre. Lupita Nyong'o, ukelele incluido, va camino de convertirse en una musa del nuevo cine de género (porque todos llevamos un héroe dentro, pero también un ser tan mezquino como ese actor que da vida a un ídolo infantil). Moraleja: no perdamos nunca la inocencia de los niños pese a la locura que nos rodea. Taylor Swift está esperando pasar por caja para cobrar los royalties. El resto, cuando llegue a los cines, pasad sí o sí por taquilla. 



GUNS AKIMBO
Nueva Zelanda, 2019. Dirección y guion: Jason Lei Howden
Sección: Òrbita

Os confieso que nunca fui un gran aficionado a los videojuegos. De niño tuve Game Boy, pero poco más. Por eso me cuesta empatizar con el cine que reproduce los ritmos, las estéticas y las lógicas de las consolas. Celebro en cambio que Guns Akimbo, cuya trama sigue las andanzas de un chico que es captado por los responsables de un juego de rol en red, me meta en una montaña rusa desde el minuto uno y reivindique en cada uno de sus fotogramas que sus bases, esas que no entiendo ni comparto, son precisamente las que la película precisa. Guns Akimbo necesita de espectadores juguetones que se dejen llevar por todos los giros y sinsentidos de la historia. Los colores saturados, los cambios de tempo y la gran ejecución de las escenas de acción corren a cargo y son mérito exclusivo de Jason Lei Howden, un director que no tardará en recibir ofertas de varios ceros desde Los Ángeles. Y si a pesar de lo dicho seguís creyendo que Guns Akimbo no es para vosotros, o que "para qué ver la historia de un tipo al que le implantan dos pistolas en las manos y va dando saltos a diestro y siniestro", debéis saber que Daniel Radcliffe, estupendo como siempre, sigue engrandeciendo su leyenda con papeles que casi ninguna estrella joven de Hollywood aceptaría. Con él, jugamos una partida de lo que sea. Ir al cine, en el fondo, es eso: jugar y dejar que jueguen contigo. Guns Akimbo, llamémoslo "placer culpable" o como queráis, ha sido uno de los visionados más gozosos de Sitges 2019. 



CORPORATE ANIMALS
EE. UU., 2019. Dirección: Patrick Brice
Sección: Oficial a concurso 


Patrick Brice, famoso por dirigir la serie Room 104 y las dos entregas de Creep, sigue vinculado al fantástico y a la comedia inclasificable con Corporate Animals, la recuperación de Demi Moore para la gran pantalla. Los miembros de una empresa de cubertería de usar y tirar (ojo: ¡ecológica!) asisten a una reunión en Nuevo México. Se trata de una excursión en plena naturaleza para reforzar los lazos de grupo, el trabajo cooperativo y todos esos términos (anglicismos) que están tan de moda en el mundo de los negocios. Pero (y ahí entra el humor) todo se viene abajo cuando los "compis" de oficina se quedan encerrados en una cueva bajo la supervisión de su jefa, una Demi Moore hipócrita, megalómana e insoportable. El discurso da cuerpo a todo el metraje, pero la cuestión social pierde en favor de una comedia que, a la práctica, funciona como una sitcom "de manual", con referencias pop y pocas salidas de tono. Resta la sensación de que Corporate Animals no pudo o no quiso llevar su premisa hasta las últimas consecuencias, con una ironía o una apuesta de género que verdaderamente hiera. Nos quedamos de largo con Moore, una intérprete tan cuestionada que podría encontrar un filón en la ficción de serie B, riéndose de su persona-personaje, desmitificando la estrella que fue hace un par de décadas. Comedia con mordida, sin mordiente. 



COME TO DADDY
Canadá, 2019. Dirección: Ant Timpson
Sección: Oficial a concurso

Muchos se toman a broma el Festival de Sitges. Es fácil decir que en los cines y en los alrededores del festival se concentran solamente fans del fantástico. Incluso puede caerse en la obviedad de considerar que la gran cantidad de pases (inabarcables) o la popularidad de algunos eventos paralelos (sobre todo la Zombie Walk) desvirtúa el funcionamiento de lo que, a priori, es solo una muestra cinematográfica, aunque esté consagrada a un género concreto. Lejos de todo esto, Sitges es un contexto perfecto para saber qué ocupa y preocupa en la actualidad, y cómo esos miedos se expresan en el plano audiovisual, ya sea para desmitificarlos o dotarlos de la trascendencia que se merecen. Siguiendo esta lógica, no costaría escribir que Come to Daddy es otra comedieta más para públicos frikis, que sus salidas de tono están estudiadas para arrancar la carcajada de las masas enfervorecidas (en Sitges, más expresivas si cabe) y que al final de sus excentricidades hay poca cosa, solo el efecto de unos fuegos artificiales desvaneciéndose en el cielo. Rompamos moldes. En realidad, Come to Daddy es una reflexión sobre la familia desestructurada de nuestros tiempos, uno de los temas más repetidos este año en la ciudad catalana. Que nadie le quite la importancia que tiene por culpa de gags como la rotura de dedos, la trampilla en el comedor (a lo Parásitos) o los chistes en el motel (a lo Tarantino): no hay escena más lapidaria que aquella en la que el padre (buscado, perdido y luego reencontrado) le explica a su hijo por qué vivió treinta años lejos de él entre algodones (un diálogo que viene a desmontar las tonterías de toda una generación, esa que encarna el eterno niño Elijah Wood de estética hipster). En síntesis, la película es un coming out en forma de guantazo en toda la cara. Tened en cuenta esta Come to Daddy. O sea: tomárosla como una broma muy seria.


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lunes, 25 de junio de 2018

CRÍTICA | YO MATÉ A MI MADRE (J'AI TUÉ MA MÈRE), de Xavier Dolan


YO MATÉ A MI MADRE (J'AI TUÉ MA MÈRE)
Canadá, 2009. Dirección y guión: Xavier Dolan Música: Nicholas Savard-L'Herbier Fotografía: Stéphanie Anne Weber Biron Reparto: Anne Dorval, Xavier Dolan, François Arnaud, Suzanne Clément,  Patricia Tulasne, Niels Schneider, Benoît Gouin, Monique Spaziani, Bianca Gervais,   Manuel Tadros Género: Drama Duración: 96 min. Tráiler: Link.
¿De qué va?: Un adolescente guarda un profundo odio hacia su madre. La mujer resta impávida ante los insultos, desaires, amenazas y excentricidades del chaval. Debut semibiográfico de Xavier Dolan, que dirigió, escribió, protagonizó y produjo el film con tan sólo 19 años.

lunes, 17 de julio de 2017

CRÍTICA | M. BUTTERFLY, de David Cronenberg


M. BUTTERFLY
Sant Jordi al mejor actor protagonista
Canadá, 1993. Dirección: David Cronenberg Guión: David Henry Hwang, a partir de su obra teatral Reparto: Jeremy Irons, John Lone, Barbara Sukowa, Ian Richardson, Annabel Leventon, Shizuko Hoshi, Richard McMillan, Vernon Dobtcheff Fecha de estreno en España: 03/12/1993 Tráiler: Link


Crítica José: En M. Butterfly, Cronenberg adapta la premiada obra teatral de Broadway, desligándose, solo en apariencia, de sus trabajos anteriores, pues sus principales inquietudes escénicas vuelven a manifestarse: la debilidad por los miedos internos, la transformación corporal del hombre y los oscuros fondos de la mente humana. Una de sus creaciones más redondas, bellas y misteriosas, una historia que oprime, asfixia el alma haciendo al espectador cómplice de su ambigüedad romántica, intrigado por los pliegues de un imprescindible Jeremy Irons en el papel de un diplomático francés misteriosamente enamorado, hechizado por una enigmática diva de la ópera de Pequín, Song Liling, una relación tortuosa que llevará a Irons a las cloacas del dolor ardiente, el impulso que roza la locura hasta implantarse en la ceguera de un amor indescifrable. El final es estremecedor, absolutamente magnífico. Irons elevado a la máxima potencia como actor. Nota: 7 / 10


Crítica Mayra: En M. Butterfly asistimos a un curioso drama romántico basado en hechos reales. Se desarrolla en una atmósfera enigmática y con personajes intrigantes, al mismo tiempo que nos permite vislumbrar una correcta puesta en escena, sobre todo una destacable fotografía y música que acompañan las interesantes interpretaciones de Irons y Lone. El metraje arranca con interés pero conforme pasan los minutos se percibe un tanto frío, en algunos momentos incluso inverosímil, lo cual no permite que el espectador llegue a conectar totalmente con la historia que se pretende contar. M. Butterfly sin duda se aleja del estilo habitual de Cronenberg: tal vez dicho detalle "le pasó factura" al realizador, que parece no haber ensamblado bien todas las partes. Una cinta que intenta labrar el camino para su perturbador desenlace pero se queda a medias en su ejecución, dando paso a más de un momento poco creíble, por mucho que se incluya lo de “basado en hechos reales”. Nota: 5 / 10


Crítica Ronnie: Resulta raro enterarse que David Cronenberg filmó un día esta película, ya que se aleja del cine visceral al que nos tiene acostumrbados. Ambientada en la China de los años sesenta, relata el idilio amoroso entre René Gallimard y una diva de la ópera de Pequín, basada en hechos reales según dicen los títulos, y a partir de la obra de Broadway galardonada con un Tony. Una impecable realización, decorados, sets, vestuario, maquillaje y música maravillosa, tanto como lo permite esta fascinante historia. Cronenberg cuenta con colaboradores habituales que le ayudan a desarrollar sus proyectos de una manera más solvente: Howard Shore compone una banda sonora sensual y sugerente que va en perfecta sincronía con la ópera inmortal de Puccini, la fotografía de PeterSuschitzky contrasta los lujosos escenarios de China y París con los claustrofóbicos decorados que se rodaron en estudios de Toronto, y Jeremy Irons está impecable como el contador de la embajada francesa en China que se enamora de una actriz. Irons y un irreconocible John Lone llevan el peso de la cinta sobre sus hombros con sus perturbadoras e inquietantes actuaciones. Nota: 9 / 10


Crítica Xavier: Casi nunca conecto con los mundos de David Cronenberg, si bien le reconozco en todas sus películas una mirada muy particular a la hora de abordar los terrenos del horror y la fantasía. Con M. Butterfly se repite mi apatía hacia el director de La mosca, pero en este caso con una novedad más inquietante si cabe: en ningún fotograma de la cinta reconozco al Cronenberg de toda la vida. Incluso juego a imaginarme al canadiense en el set de rodaje, aburrido y desubicado, preguntándose qué hacía ahí contando esa historia, como ese Jeremy Irons que queda atrapado por una pasión que no cala en la platea. De M. Butterfly no me creo absolutamente nada: ni sus largas disquisiciones socioculturales entre Oriente y Occidente, ni los vínculos con la ópera homónima, ni la confusión de sexos / sexualidades, ni su ambientación de época, ni su contexto político... ni tan siquiera a Irons, un actor desganado, con porte pero frío como un bloque de hielo. Y como el final se intuye evidente desde los pocos minutos, mis pestañas se cerraron como pai pais haciendo viento. ¿Por qué Cronenberg renunció a sus derivas inquietantes en una historia que necesitaba de su sello autoral? Una película fallida. Nota: 5 / 10

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martes, 7 de marzo de 2017

CRÍTICA | SÓLO EL FIN DEL MUNDO, de Xavier Dolan


Regresar para no volver
SÓLO EL FIN DEL MUNDO, de Xavier Dolan
Festival de Cannes: Gran Premio del Jurado. 3 premios César: dirección, montaje y actor protagonista
Canadá, 2016. Dirección: Xavier Dolan Guión: Xavier Dolan, a partir de la obra de Jean-Luc Lagarce Fotografía: André Turpin Música: Gabriel Yared Reparto: Gaspard Ulliel, Nathalie Baye, Vincent Cassel, Léa Seydoux, Marion Cotillard, Antoine Desrochers, Sasha Samar Género: Drama Duración: 95 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 06/01/2017
¿De qué va?: Doce años después de independizarse, el hermano mediano organiza un reencuentro familiar para anunciar que le quedan pocos días de vida. El viaje de vuelta a casa estará marcado a partes iguales por la ira y el cariño.

lunes, 8 de agosto de 2016

CRÍTICA | EXÓTICA, de Atom Egoyan


EXÓTICA (EXOTICA), de Atom Egoyan
Premio FIPRESCI del Festival de Cannes. Espiga de Plata del Festival de Valladolid
Canadá, 1994. Dirección y guión: Atom Egoyan Fotografía: Paul Sarossy Música: Mychael Danna Reparto: Mia Kirshner, Bruce Greenwood, Elias Koteas, Arsinée Khanjian, Don McKellar, Victor Garber, David Hemblen, Sarah Polley Género: Drama. Thriller Duración: 105 min. Tráiler: Link Elección de Pedro Bernadas
¿De qué va?: Un inspector de Hacienda con un pasado turbulento, un homosexual que regenta una tienda de animales, una adolescente que finge tocar el piano en casa de su tío, un disc-jockey enamorado de una compañera de trabajo y la bailarina más sensual de Exótica, un club nocturno muy particular, se dan cita en una historia de rarezas e intimidades.


CRÍTICA MAYRA MEZA: Exótica es una cinta que se desarrolla en una atmósfera turbia de obsesiones con lo que no fue y con lo que ya no será. Historias entrecruzadas de personajes que sufren cada uno a su manera, y otros que sólo son espectadores de tragedias. La cinta juega con los tiempos, nos sitúa en el presente de los personajes pero por momentos nos lleva a indagar en su pasado a través de flashbacks. Exótica es un drama sobre la vida, sobre el amor, sobre el dolor, sobre las incertidumbres propias de nuestra existencia. Egoyan nos relata la historia de sus enigmáticos y lúgubres personajes a cuentagotas, es pausado moviendo los hilos de la trama, nos hace especular y después nos muestra apenas lo necesario para medio entender lo que estamos viendo, una historia sencilla pero que mientras se desarrolla te sumerge en su singular encanto, aunque al terminar te deja la sensación de que nos dieron un puzzle interesante al que le faltaban piezas, o puede que sea lo contrario. De cualquier manera, es una obra muy interesante. ★★★


CRÍTICA RONNIE VALENCIA: Egoyan dirige esta pelicula que el paso del tiempo ha convertido en clásico de culto, recurriendo a su destreza para proyectar las amargas consecuencias de la tristeza, la frustración y la muerte en un cine sutil y elegante. Los elementos de Exótica toman valor y forma más allá de sus representaciones, el menudo bar de "nudistas" se convierte en un templo de incitaciones ladinas que nos seducen y excitan con su labia pecadora y morbosa. Especial atención merecen las contorsiones de Mia Kirshner, que forjan una de las secuencias de mayor tensión sexual del cine de los 90. La relación de los proagonistas no se estanca en el razonamiento común como el voyeurismo o la neurosis, sino que trasciende un pacto de empatia que no necesita grandes adornos para darse a entender. Una cinta profunda y cautivadora, sin olvidar su contenido altamente sensual. ★★★★


CRÍTICA XAVIER VIDAL: Diferentes personajes se reúnen alrededor de Exótica, un particular club de striptease. Todos los protagonistas esconden un pasado turbulento y actúan movidos por el deseo y la obsesión. Atom Egoyan filma el devenir de sus criaturas con mucho tacto, dejando a la superficie todas las taras y las extravagancias de cada personaje. El resultado de ese ejercicio de estilo es una película cubierta por un velo invisible de extrañeza. Mientras la visionas, Egoyan te desorienta y te atrapa con la precisión de una araña que teje una tupida tela a tus espaldas. Exótica es una de esas películas que te llevan a un estado de ánimo, que te invitan a transitar un espacio entre la pesadilla y la duermevela. A ratos me pregunto qué estoy viendo, pero no puedo sacar los ojos de la pantalla. Tras un primer visionado, reconozco que Exótica me intriga, por momentos me provoca rechazo y en otras me seduce. La considero estrambótica, incluso rocambolesca y un poco burda, pero no me cabe la menor duda que su recuerdo perdurará en mi durante largo tiempo. Escribo esto veinticuatro horas después de descubrirla, como el que despierta de una siesta muy larga y profunda, con un dolor de cabeza terrible y al mismo tiempo con una lucidez extraordinaria. Eso es lo que te produce Exótica, una historia que te altera sin saber muy bien cómo ni por qué. Egoyan firma aquí su gran título de culto, si bien su obra maestra siempre será El dulce porvenir. Puede que os disguste enormemente, pero no dejéis de verla. ★★★★

domingo, 31 de julio de 2016

CRÍTICA | GINGER SNAPS, de John Fawcett


GINGER SNAPS, de John Fawcett
3 nominaciones a los Genie Awards. Mención en el Festival de Toronto
Canadá, 2000. Dirección: John Fawcett Guión: Karen Walton, a partir de una historia de John Fawcett y Karen Walton Fotografía: Thom Best Música: Michael Shields Reparto: Emily Perkins, Katharine Isabelle, Mimi Rogers, Kris Lemche, Jesse Moss, John Bourgeois, Peter Keleghan, Danielle Hampton Género: Thriller. Terror Duración: 105 min. Tráiler: Link Elección de Miguel Martín
¿De qué va?: Dos hermanas de gustos un tanto particulares son atacadas por una extraña criatura en mitad de la noche. Ginger empieza a notar cambios en su cuerpo, mientras que Brigitte intenta que nadie se dé cuenta de la situación.


CRÍTICA ANAÍS MEDINA: Película de género que nos muestra como los monstruos no tienen que ser los que se transforman sino el entorno lleno de falsedad y arquetipos que no acepta “lo diferente”. Ginger y Brigitte son dos hermanas fuera de los convencionalismos de la ciudad donde viven. Consideradas unas inadaptadas por el resto, han creado un microcosmos propio donde el suicidio es un tema recurrente. En un intento de venganza contra una de sus compañeras, Ginger es atacada por un animal en el bosque hasta quedar casi al borde de la muerte…aunque la ponzoña lo que hace es transformarla en algo diferente. Su madre confunde ese estado por los cambios hormonales típicos del cambio a la adolescencia. A partir de ese momento su singularidad quedará empañada por sus instintos primarios alejándola de su hermana, que buscará a toda costa una solución para lo que le pasa. De forma paulatina Brigitte abandonará su rol pasivo y dependiente para enfrentarse a aquello que le da miedo, que en esos momentos también es su hermana. ★★★½


CRÍTICA XAVIER VIDAL: Es difícil llamar la atención del panorama internacional trabajando desde los márgenes de la industria y con presupuestos reducidos. Algunos nombres consiguen superar las adversidades, y entre ellos cabe sumar John Fawcett, un realizador canadiense que sorprendió a todos hace ahora 15 años con Ginger Snaps, actualización de la licantropía para públicos que habían consumido con gusto todo el slasher noventero y alrededores. Del film derivaron dos secuelas y nadie duda que la franquicia abrió ciertas puertas dentro del cine fantástico, pasando del infantilismo de no hace tanto al gore sin aspavientos. Honores merecidos pero, eso sí, muy exagerados tratándose de una película que, en esencia, se muestra bastante torpe a la hora de unir los cambios de la adolescencia con la metáfora sanguinaria que despliega la trama. Sorprende que personajes tan paródicos, casi patéticos, como los de la madre y el novio calaran en su momento tan hondo entre ciertos circuitos. En Ginger Snaps todo es esquemático, torpe, ridículo. Ni causa miedo ni produce risa. Y en el otro lado de la balanza, hay que reconocerle una dirección de actores sólida y un sabio uso de los recursos técnicos. En definitiva, una película con ciertos méritos, muy alejada de mis gustos cinéfilos e, intuyo, bastante olvidable tras el "hype" de su estreno. ★★½


CRÍTICA ISIDRO MOLINA: Hay un momento en Ginger Snaps en el que uno de los protagonistas, creo que el porreta, barajando las posibilidades para dar solución a los arrebatos licántropos de la Jengi (que si balas de plata, que si plantitas homeopáticas inútiles…), acaba diciendo algo así como que esto es la vida real y que no hay que seguir las normas de Hollywood. Automáticamente mi cerebro, fan número cuatro de Kevin Williamson (el uno sería exagerar), se acuerda de sus guiones y piensa: “joder, cómo habría molado que el tito Kevin hubiera escrito una sátira chorra de las suyas sobre hombres lobos, tal como hizo con el slasher y Scream o las invasiones extraterrestres y The Faculty (para el que escribe, dos guiones magistrales). Hasta que, de repente, uno cae en que Williamson escribió precisamente un guión sobre hombres lobos tan chorra y tan cutre que acababa por descojonarte, esa Cursed (La maldición) dirigida por Wes Craven de la que pocos quieren acordarse. Y con esa sonrisa de tonto de “qué mala era la jodida, pero qué gracia tenía”, mi cerebro vuelve a Ginger Snaps y le da por echar de menos lo que mejor manejaba aquella: el sentido del humor. Ginger Snaps como cinta de terror cutre y aleatoria que ves una madrugada está bien, pero no puedes ser tan cutre y tomarte tan en serio. A Ginger Snaps le sobra drama fraternal y le falta caspilla y grasa de no lavarte el pelo una semana. Que ojo, la tiene, pero le falta más roña. Con todo, estas galletas de jengibre rancias no se indigestan demasiado, pero, si sobran, se las echo al perro. ★★½

lunes, 4 de abril de 2016

CRÍTICA | EL VIOLÍN ROJO, de François Girard


La vida secreta de los instrumentos
EL VIOLÍN ROJO (THE RED VIOLIN, LE VIOLON ROUGE), de François Girard
Óscar a la mejor banda sonora original. 8 premios Gennie de la Academia de Cine Canadiense, incluyendo mejor película
Nominación al Globo de oro a la mejor película de habla no inglesa
Canadá, 1998. Dirección: François Girard Guión: Don McKellar y François Girard Música: John Corigliano Fotografía: Alain Dostie Reparto: Samuel L. Jackson, Greta Scacchi, Jason Flemyng, Colm Feore, Carlo Cecchi, Irene Grazioli, Jean-Luc Bideau, Sylvia Chang Género: Drama histórico Duración: 125 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 02/07/1999
¿De qué va?: Siglo XXI. En un taller de Cremona, un artesano ultima los detalles de su obra maestra: un violín que regalá a su futuro hijo a modo de ofrenda. En la actualidad, el mismo violín es uno de los principales atractivos en una subasta en Montreal. El instrumento, conocido por su barniz de tono rogizo, esconde una terrible leyenda. Un objeto preciado por muchos, mágico y maldito al mismo tiempo, que ha pasado de continente en continente, de dueño en dueño, durante cuatrocientos años.


El violín rojo, una producción canadiense rodada en distintos países y hablada en cinco idiomas (estamos, por lo tanto, ante un film que debe visionarse en versión original 'sí o sí'), cuenta el devenir de un violín durante cuatro siglos, desde su concepción en un taller de la Italia del siglo XVII hasta el Montreal de nuestros días. El instrumento, cual nómada que va pasando de mano en mano de forma azarosa, es el nexo de unión de distintos episodios que retratan el poder transformador de la música, desde la trágica historia de amor que sirve de telón de fondo a su creación hasta la pugna moderna que cierra la película en forma de subasta exclusiva. François Girard diseña una película de bella factura que repara en la grandeza de la anécdota, en la magia de los objetos. Todas las historia están contadas a modo de leyenda, como si Girard fuera un juglar que despliega ante nuestros ojos y sobre todo ante nuestros oídos un espectáculo sobre las casualidades y las causalidades. Una estructura realmente original que llama poderosamente la atención.


Por desgracia, ni la fórmula episódica ni la sucesión de épocas y personajes obedecen a razones de peso. Girard reviste el film de imágenes y sonidos preciosos, pero la película carece de cohesión y no profundiza en los contextos históricos que retrata: a la postre, no es tanto un film episódico como cinco películas autónomas reducidas a su mínima expresión, por lo que tanto el conjunto como cada una de sus partes no pueden explotar todas sus virtudes y matices (detalle que sí se hubiera dado con un metraje mayor y un guión más sólido: tal vez, en forma de miniserie). Curiosamente, su música, a pesar de haber ganado el Óscar de Hollywood, adolece del mismo problema: la banda sonora carece de un tema principal, aunque la belleza de sus temas está fuera de toda duda. En resumen, una película meritoria, con grandes ideas que no acaban de desarrollarse y con estampas que no acaban de lograr la emoción y la empatía de la audiencia. El violín rojo es, valga la relación, un instrumento de afinación impoluta y de ejecución irreprochable que se olvida de lo más importante: tener alma. Aunque en el cine, como en la música, ya se sabe: para gustos, colores (y violines, claro).


Para los que defienden que la música traspasa épocas y fronteras.
Lo mejor: La arrebatadora historia del artesano viudo.
Lo peor: Por momentos, parece un telefilm de gran presupuesto.

lunes, 7 de marzo de 2016

CRÍTICA | REMEMBER, de Atom Egoyan


Contra el olvido
REMEMBER, de Atom Egoyan
Festival de Venecia y Mar de Plata 2015: Sección oficial a concurso
Canadá, 2015. Dirección: Atom Egoyan Guión: Benjamin August Fotografía: Paul Sarossy Música: Mychael Danna Reparto: Christopher Plummer, Dean Norris, Martin Landau, Henry Czerny, Jürgen Prochnow, Bruno Ganz, Peter DaCunha, James Cade, T.J. McGibbon, Kim Roberts Género: Thriller dramático Duración: 95 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 04/03/2016
¿De qué va?: Zev tiene 90 años, tiene Alzheimer y vive en una residencia de la tercera edad. Al fallecer su esposa, el hombre se fuga del centro para cumplir el deseo de un amigo: matar al oficial nazi que acabó con la vida de las familias de los dos ancianos. Mientras su hijo hace todo lo posible para dar con su paradero, Zev se marca como objetivo encontrar a Rudy, un criminal de guerra que emigró a Canadá tras la Segunda Guerra Mundial.


Cuando se estrenaron Condenados y Cautivos, en el blog escribimos que Atom Egoyan, a pesar de que sus nuevas películas carecían del brío de su mejor etapa (los 90), su cine seguía resultando interesante. La confianza que le brindamos al cineasta canadiense ahora se ve recompensada con Remember, un título superior a casi todo lo que ha rodado Egoyan en la última década. El film es una historia sobre la demencia, la memoria y la incapacidad de recordar y de olvidar. El protagonista, suerte de una versión senil del Memento de Nolan, inicia un viaje crepuscular para dar muerte al agente nazi que siete décadas atrás asesinó a toda su familia. Por el camino, el anciano se encuentra con la comprensión de los demás y también con la intransigencia que sigue soterrada en la sociedad de nuestros días. Egoyan deja el peso de la película en Plummer (un ejemplo de que en el cine menos siempre es más) y en la fuerza de su premisa (consigue llamar la atención y evita dramatismos innecesarios), pero dirige la trama con más formulismo que estilo, por lo que el resultado final conserva cierta pátina de telefilm de mediatarde. Con todo, Remember es un thriller resultón y un drama que reflexiona sobre las heridas del pasado y su persistencia a lo largo de toda una vida. Puede que el final resulte un tanto rocambolesco, pero la sensación principal es que Egoyan ha insuflado mucha vida a una filmografía últimamente tocada por la desidia. La recordaremos como una de las sorpresas de la temporada


Para espectadores que buscan historia sobre el nazismo con nuevos enfoques.
Lo mejor: La humanidad de la mirada de Plummer.
Lo peor: Su historia se puede desmontar-cuestionar con bastante facilidad.

viernes, 14 de agosto de 2015

CRÍTICA | LA MUCHACHA DEL SENDERO, de Nicolas Gessner


LA MUCHACHA DEL SENDERO (THE LITTLE GIRL WHO LIVES DOWN THE LANE), de Nicolas Gessner
Largometraje nº 05: Cinoscar Summer Festival 2015: Sección fuera de concurso
Elección de Marga Molero
Canadá, 1976. Dirección: Nicolas Gessner Guión: Laird Koenig, a partir de su novela homónima Duración: 95 min. Género: Drama Tráiler: Link Reparto: Jodie Foster, Martin Sheen, Alexis Smith, Mort Shuman, Dorothy Davis, Scott Jacoby, Clesson Goodhue, Dorothy Davis
¿De qué va?: Rynn Jacobs es una adolescente inteligente, desenvuelta y sagaz. Hace mucho tiempo que nadie ha visto a su padre, un escritor de éxito, y todo parece indicar que la pequeña se las apaña viviendo sola. La casera, el extraño hijo de ésta y un joven aspirante a mago la acompañarán en su viaje de crecimiento, aunque la chica desea estar sola. Por el camino, conoceremos sus debilidades y secretos.
Palmarés: Saturn Award a la mejor película y a la mejor actriz.


RESEÑA XAVIER: Resulta curioso visionar en el 2015 La muchacha del sendero sabiendo cómo ha evolucionado la carrera de Jodie Foster, que en el film interpreta a una adolescente muy desenvuelta. Las relaciones entre el personaje de este título de los 70 y Foster son evidentes: ambas son mujeres indomables y solitarias, a contracorriente del gran Hollywood y con un sentido de la privacidad y la independencia, tanto personal como artística, muy particular. Pero que la actualidad (o la nostalgia) no nos despiste... La muchacha del sendero es una curiosa propuesta que se sustenta en un único personaje y en un único espacio, detalles que la convierten en una película de raíz teatral. Diferentes personajes intentan perturbar la tranquilidad de Rynn, una joven de 13 años que vive sola, tal vez con la única compañía de sus secretos (algunos, escondidos en una terrorífica trampilla que haría las delicias de Agatha Cristie). El film tiene todos los ingredientes temáticos y formales para ser despachado como 'película menor' (término muy recurrido por la crítica): tal vez la etiqueta se ajusta a la perfección a la propuesta, pero también es importante destacar que esta avispada muchacha tiene misterio y encanto. Además, claro está, de una grandísima Jodie Foster, a pesar de su edad. Porque, llámenme fetichista, me imagino a Foster, con la experiencia y la tranquilidad de sus cincuenta 'tacos', recordando el film y diciendo: 'eso niñita soy yo'. En todos los sentidos. Para suerte del cinéfilo que, como quien escribe, admira a la actriz de Acusados y El silencio de los corderos.

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RESEÑA ISIDRO: En La muchacha del sendero una mozuela de 13 años muy madura para su edad y misteriosa, que dice vivir con su padre, deja entrar a todo quisqui en su casa. Y ea. Esa es la película. Con un pestillo en la puerta se acababa a los veinte minutos. Con esta premisa se intenta crear una intriga en un único escenario con mentiras, crimen y falsas apariencias que cruzan los caminos de la niña, su padre, la casera, el hijo pedófilo de la casera, un policía y el sobrino cojo del policía. Y digo que intenta porque el resultado es bastante regular: la propuesta es muy inverosímil y tiene más agujeros que un colador, y lo único que le da consistencia a la película es una jovencísima Jodie Foster que defiende con nota un personaje que en otras circunstancias sería un auténtico despropósito. Y además la puesta en escena resulta bastante impersonal y canta a años setenta más que Abba y Boney M juntos: música horterísima (cuando no es Chopin), zooms gratuitos y el vestuario de la Foster a base de jerséis. No, no es una película muy sólida, pero al menos se deja ver bien y entretiene, que no es poco. Para los que entre semana echen de menos las películas malas del finde de Antena 3 (no sé quién tiene tanto valor, pero de todo hay en la viña der zeñó).

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RESEÑA DANIEL: Algo muy decepcionante para cualquier cinéfilo es ir a ver una película que ha sido ‘vendida’ en un determinado género, y llevarse la (desagradable) sorpresa de que no es lo que aparentemente se esperaba. Más o menos eso me ha pasado con La muchacha del sendero. En el film una jovencísima Jodie Foster se convierte en una victimaria más, enredada en sus pensamientos, acosada y acechada por el típico psicópata ‘cara bonita’. De thriller e intriga, poco. Lo que consigue el director (pese al pobre guión) es mantener un pulso narrativo bastante atractivo para que no aburra mientras los hechos se desarrollan, pero aun así todo me resulta impostado y sin la fuerza que caracteriza un drama psicológico (que en el fondo es lo que es), además de un desenlace algo soso. A la película la salva la interpretación (brillante) de Foster y uno que otro momentazo junto a Martin Sheen que logra ejecutar salvajemente. Lo demás no es reseñable. Exagerada verborrea e insuficiente tensión. A medias me quedo.

sábado, 8 de agosto de 2015

CORTO | CUANDO COMIENZA EL DÍA, de W. Tilby y A. Forbis


CUANDO COMIENZA EL DÍA (WHEN THE DAY BREAKS), de W. Tilby y A. Forbis
Cortometraje nº 16: Cinoscar Summer Festival 2015: Sección oficial a concurso
Elección de Alejandro Salgado
Canadá, 1999. Fantasía animada, 10 min.

RESEÑA MIGUEL: Este corto canadiense es el más experimental del festival. Observamos a unos animales humanizados alrededor de un estilo visual muy característico. Su experimentalismo en la imagen no me generó rechazo y de hecho pude disfrutar de muchos momentos, como en el que el cerdo canta y baila acompañado de una canción muy jovial. Cuando comienza el día es un corto muy a tener en cuenta y que espero llegue lejos en este summer festival. Nota: 7
RESEÑA XAVIER: Cuando comienza el día es una fábula que nos invita a reflexionar sobre la futilidad que nos rodea: coincidimos con gente todos los días, formamos parte de un engranaje perfectamente interconectado… pero a la hora de la verdad no se produce una comunicación e interacción real. El cerdo de esta pequeña gran historia reflexiona sobre estas cuestiones en silencio, mientras una variada fauna se despliega a su alrededor como si nada. Un trabajo atmosférico, de trazos oscuros, corazón angustioso y cargado de significados. Muy interesante. Nota: 7

RESEÑA DANIEL: Aunque hay un momento en el corto en el que las cosas parecen irse de las manos y vagar por asuntos inconexos, lo cierto es que guarda una minuciosa relación todo lo que las imágenes intentan transmitir. Cuando comienza el día es un corto bonito, de aquellos que en su simpleza y sin necesitar alardes visuales manifiestan una historia sencilla pero profunda, aunque nos haga dudar de su propósito. Nota: 6


RESEÑA MAYRA: Cuando comienza el día nos deja ver a animales como un cerdo o un pollo viviendo como humanos. Este corto intenta ser una singular reflexión sobre los destinos entrelazados de sus individuos y lo maravillosa, y al mismo tiempo efímera, que puede llegar a ser la existencia de cualquiera. Nota: 6 

RESEÑA ISIDRO: Cuando comienza el día es un corto sobre las rutinas de la gente, sobre cómo hasta el suceso más mínimo puede hacer cambiar el rumbo de nuestras vidas y sobre cómo estamos todos interconectados de una manera u otra. Para ello las directoras utilizan la técnica de la rotoscopia, que hace que la animación tenga unos efectos muy naturalistas, con una protagonista que podría ser tu vecina del quinto… con la cara de Peppa Pig, pero el contraste más simpático no puede ser. Y ya con esa musiquilla tan evocadora me termina de ganar. Muy bonito. Nota: 7

NOTA DEL JURADO: