EL PODCAST DE CINOSCAR & RARITIES 8x01 | LAS PELÍCULAS DE LOS ÓSCAR 2023
EL PODCAST DE CINOSCAR & RARITIES 7x55 | ÓSCAR INTERNACIONAL 2009
CINOSCAR SPANISH AWARDS 2021 | NOMINACIONES
EL PODCAST DE CINOSCAR & RARITIES 7x57 | SERIES
CINOSCAR AWARDS | El mejor cine de 2019
CINOSCAR SERIES AWARDS | Las mejores series de 2020miércoles, 24 de febrero de 2021
CRÍTICA | LA VIDA POR DELANTE, de Edoardo Ponti
lunes, 22 de febrero de 2021
CRÍTICA | HILLBILLY, UNA ELEGÍA RURAL, de Ron Howard
martes, 16 de febrero de 2021
CRÍTICA | NOTICIAS DEL GRAN MUNDO, de Paul Greengrass
lunes, 25 de enero de 2021
CRÍTICA | HISTORIAS LAMENTABLES, de Javier Fesser
martes, 17 de noviembre de 2020
CRÍTICA | UN MUNDO NORMAL, de Achero Mañas
UN MUNDO NORMAL
España, 2020. Dirección y guion: Achero Mañas
Tengo la impresión, a lo mejor equivocada, de que todas las películas de Achero Mañas tienen un fuerte componente autobiográfico. Salvo El Bola, que nació al calor de un contexto muy concreto (el auge de nuevos directores y del cine social de mediados-finales de los 90 en España), todas las películas (pocas, demasiado pocas) de Mañas se prestan a una lectura extracinematográfica muy personal. Así, Noviembre podría ser la cita a ese actor de calle, desconocido, militante, que él mismo fue durante mucho tiempo. Todo lo que tú quieras mostraría un Mañas en su faceta de padre, sin abandonar los dispositivos interpretativos que tanto le interesan. Y ahora Un mundo normal se inspira en el fallecimiento de su madre, en el crecimiento de su hija y en su propia crisis existencial y laboral (no por casualidad, Mañas ha estado una década sin filmar). El cine como reflejo de filias, fobias, traumas y vivencias. La fórmula del alter ego como acto controlado de exhibicionismo. Sea todo lo dicho cierto o no, es innegable que Un mundo normal cuenta con grandes dosis de verdad. Se non è vero, è ben trobato. Su protagonista resulta excéntrico y cercano a partes iguales. La película consigue lo más complicado: tener un tono agridulce, liviano y grave según la escena. Falla, en cambio, en lo aparentemente más procedimental: dotar a la road movie de su segunda parte de toda la aventura y el desenfreno que la historia requiere. Así, a medio gas, con un talento intacto, adoleciendo del rodaje que ya ha perdido, Mañas reflexiona sobre la vida, la familia, la muerte, el legado y las trazas de extrañeza que se esconden en un mundo aparentemente sano, usual. Ojalá Mañas no nos haga esperar otros diez años para saber cómo evoluciona su vida delante y detrás de las cámaras. Porque, bien pensado, Un mundo normal es un filme de resistencia. En favor del cine. Reacio a las series. Contrario a los algoritmos y a los intereses de los que tienen la sartén del cine español por el mango. He aquí la verdadera anormalidad...
lunes, 9 de noviembre de 2020
CRÍTICA | EXPLOTA EXPLOTA, de Nacho Álvarez
martes, 3 de noviembre de 2020
CRÍTICA | AKELARRE, de Pablo Agüero
AKELARRE
Dirección: Pablo Agüero Guion: Pablo Agüero y Katell Guillou
EL PODCAST DE CINOSCAR & RARITIES
martes, 27 de octubre de 2020
CRÍTICA | UNO PARA TODOS, de David Ilundain
UNOS PARA TODOS
España, 2020. Dirección: David Ilundain Guion: Coral Cruz y Valentina Viso
Es curioso que el estamento docente, tan olvidado por nuestros políticos, tan maltratado por la opinión pública, incluso tan infravalorado entre padres, alumnos y profesionales de la educación, sea para el cine un contexto bastante familiar, una fuente inagotable de inspiración. Casi siempre en forma de películas amables, de vinculación social. Aunque los franceses, como en casi todo, nos ganan la partida en cuanto a cine de jóvenes, institutos y alrededores, Uno para todos se suma a una tradición local que ahora es noticia gracias a la serie Hit. La película de David Ilundain sigue a Aleix, un maestro interino catalán que consigue trabajo como tutor de 6º de Primaria en un colegio aragonés. Tras un prólogo por carretera, la cinta en seguida presenta sus cartas y destaca el día a día en el centro, el contacto con los alumnos y el carácter raro y esquivo del hombre, interpretado con solvencia por David Verdaguer. La aportación más interesante viene a posteriori: el reto del personaje será integrar en su clase a un alumno enfermo de cáncer que acosó a sus compañeros en el curso anterior. El concepto de educación pública, de calidad e integradora se pone en juego cuando la víctima es, al mismo tiempo, el malo de la función. Con este dispositivo, la película explica muy bien las contradicciones del oficio, el trabajo por proyectos en las aulas, la tarea de los orientadores educativos y, en general, todo el esfuerzo que los docentes desarrollan en grupo y en soledad, incluso (¿o debería decir "sobre todo"?) en fines de semana, tardes libres y vacaciones. En el otro lado de la balanza, la película es más procedimental cuando explica el contacto con las familias, las relaciones con los compañeros de claustro y, principalmente, cuando explica, más bien cuando elude, el desapego del protagonista con su madre. El broche final, abiertamente sentimental, no desentona: cierra el arco dramático de la trama, con manipulaciones perdonables, a la vez que deja cabos sueltos para debatir. Nada que ver o, según se mire, muy relacionado con B, la primera película de Ilundian. Ojalá vengan más. La educación, sus participantes, su importancia, necesita aparecer en la gran pantalla.
Sigue la actualidad del cine español en
jueves, 22 de octubre de 2020
CRÍTICA | NIEVA EN BENIDORM, de Isabel Coixet
España, 2020. Dirección y guion: Isabel Coixet
Festival de Valladolid: Sección oficial
Sigue la actualidad del CINE ESPAÑOL en
lunes, 31 de agosto de 2020
CRÍTICA | TENET, de Christopher Nolan
domingo, 23 de agosto de 2020
CRÍTICA | LA BODA DE ROSA, de Icíar Bollaín
martes, 12 de mayo de 2020
CRÍTICAS | FESTIVAL DE CANNES 2019 (I)
miércoles, 19 de febrero de 2020
CRÍTICA | EL AMOR ESTÁ EN EL AGUA, de Masaaki Yuasa
miércoles, 29 de enero de 2020
CRÍTICA | LOS NIÑOS DEL MAR, de Ayumu Watanabe
sábado, 18 de enero de 2020
CRÍTICAS | 1917, RICHARD JEWELL y EL OFICIAL Y EL ESPÍA
Escucha nuestra audioreseña AQUÍ
En contra de lo que se ha escrito sobre 1917, creo firmemente que lo nuevo de Sam Mendes es una película minimalista. Si dejamos de lado su trabajo sonoro, la dirección fotográfica en toma única y el tour de force propio del cine bélico, de 1917 queda una historia sobre el vacío. La nada que experimentan los personajes en la primera escena, sumidos en una especie de sueño, tumbados sobre una tierra que pronto se convertirá en fango. Y, en el bello plano final, la soledad de su protagonista, que ha culminado su empresa, aunque no ha podido alterar el curso de los acontecimientos y busca arropo en unas fotografías que le recuerden el ser de carne y hueso que siempre fue. A Mendes no le interesa tanto la cinética de la supervivencia como mostrarnos a un joven haciendo frente a las adversidades, un concepto que tiene sentido y resultaría oscarizable ahora, años atrás o en el concierto sociopolítico que se quiera. Una idea pequeña en una película muy grande. Y de esa mixtura de tamaños, sorprende que Mendes, a la contra del Nolan de Dunkerque, no deje llevarse por el videojuego indiscriminado, aunque el periplo que muestra tenga mucho de azaroso. Hay alardes técnicos, pero no son presuntuosos. La música juega a crear tensión, pero nunca se antoja intrusiva. Su coreografía es evidente, pero el artificio casi nunca asoma en pantalla. El guion tampoco quiere que sus personajes verbalicen o exterioricen sus circunstancias, pero debe apreciarse su tempo introvertido, compensado con el candor de momentos mágicos como el encuentro con la mujer francesa o la reunión en el bosque de un batallón que escucha el son de una melodía militar. Incluso cabe subrayar su mirada neutra, desprovista de patriotismos, por mucho que la carrera en pleno ataque, a pie de trinchera, sea la escena más "bigger than life" que hayamos visto en años, Marvel incluido. En síntesis, una película importante, destilación de todas las esencias de su género. He ahí su clasicismo y su modernidad. Para recordar entre el sueño y la vigilia, la luz y la oscuridad, la inocencia y la crueldad. Justamente la imagen que ofrece esa ciudad derribada bañada por el negro de la madrugada y el ocre del fuego, un fotograma que recuerda a Apocalypse Now y que sabe a eternidad.
Los coloquios que puede suscitar El oficial y el espía ya se cuentan entre los salseos cinéfilos más potentes de 2020. Polanski apela a la libertad de expresión, tal vez a la figura del alter ego, para reflejar(se) y denunciar el perjurio que recibieron Alfred Dreyfus (Garrel), oficial judío acusado de ser un espía alemán, y Georges Picquart (Dujardin), el coronel que destapó la injusticia y sufrió la represión del estamento militar. La ambientación, ropas, peinados y paisajes nos trasladan al París de finales de siglo XIX, pero la búsqueda de la verdad, la lucha del hombre contra el aparato administrativo, la presión de prensa y superiores, y así hasta escribir un largo etcétera, se amoldan a la perfección a nuestros tiempos. También, cómo no, a la propia biografía de Polanski. El cineasta polaco se cubre las espaldas con una producción muy cuidada, un elenco que reúne la flor y nata de la industria francófona y un guion muy preciso, con tempo moroso y flashbacks cerimoniosos. La suma de todos estos elementos es una película de una anacronía y vigencia inusual, lastrada y al mismo tiempo realzada por todas las lecturas extracinematográficas que Polanski, lejos de evitar, proclama con la vehemencia de quien se sabe cuestionado cada dos por tres. Cinematográficamente impecable, más o menos reprobable según el juicio de cada espectador. Quien escribe está del lado del autor de El pianista, por mucho que la historia de El oficial y el espía a veces quede sepultada por su mensaje, su asumida importancia, su (auto)conciencia beligerante. Eso explica que el final de El oficial y el espía tenga visos de despedida, artística y vital, con un Polanski que evidencia el maltrato de Dreyfus con respecto al rango alcanzado por Picquart (¿asunción de culpas? ¿expiación de las mismas?), a la vez que empodera a la amante del coronel (¿símbolo del influjo que Seigner, actriz y pareja, ejerce en Polanski? ¿un reconocimiento implícito a su máxima defensora de cara a los medios?). Habrá que esperar unos años para saber si Polanski da por cerrado su periplo o sigue en pie de guerra. Ambas posibilidades serán buenas noticias. El debate, sea como sea, sigue y seguirá muy vivo.


















































