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martes, 12 de mayo de 2020

CRÍTICAS | FESTIVAL DE CANNES 2019 (I)



SORRY WE MISSED YOU
Reino Unido, 2019. Dirección: Ken Loach
Sección oficial a concurso del Festival de Cannes

A estas alturas de la película, no podemos pedir sutilezas en casa de Ken Loach y Paul Laverty. Ser fiel a uno mismo es, de por sí, algo muy complicado en una coyuntura artística tan preocupada por "apelar a todos" y "no molestar a nadie". Sorry We Missed You tiene todas las virtudes y todos los vicios de sus artífices. Hay verdad con aromas de folletín, buenas interpretaciones pese a algunas sobreactuaciones, un resumen certero de la precariedad aun cuando el filme apuesta por un miserabilismo sobredimensionado. Ahora bien: la película evidencia hasta qué punto la furia de Laverty salva a un Loach que, en su última etapa, parece filmar por inercia, echando mano de formalismos. Allá donde Loach aporta más bien poco (colores fríos, los planos-contraplanos de toda la vida, etc.), el texto de Laverty alcanza cuotas de emoción, a veces esperadas y en otros momentos inusitadas. Sea como sea, el naturalismo de uno de los tándems más fructíferos del cine moderno tiene garantizada su continuidad (al menos hasta que la edad y la salud les acompañen). Su talento es incuestionable y el día a día de la calle y de los medios siempre les brindará la inspiración que necesitan. Sorry We Missed You consigue lo que se propone: tocar la fibra del público medio y hace reflexionar sobre las indecencias del contexto capitalista.




LA GOMERA (THE WHISTLERS)
Rumanía, 2019. Dirección y guion: Corneliu Porumboiu
Sección oficial a concurso del Festival de Cannes y Sevilla

La presentación de La Gomera en la sección oficial del festival puso en valor la carrera de Corneliu Porumboiu, nombre importante del cine rumano de nuevo cuño que en el templo cannois había ocupado posiciones secundarias con respecto a Puiu y Mungiu. Crítico con el pasado sociopolítico de sus país, amante de la mezcla de géneros y firmante de historias de textos sencillos y subtextos abigarrados, el director de El tesoro firma un thriller bizarro, tocante con el cine negro clásico, el neo-noir, el western e incluso la parodia de todas esas tipologías. El silbo gomero, toda una rareza lingüística, es el epicentro de una red más extraña que tupida de interrogantes. El aplomo de Porumboiu es innegable y el aporte mafioso del actor-director Agustí Villaronga es una extravagancia divertida. Prima, eso sí, la sensación de que su firmante quiso abarcar mucho y, cumpliendo el dicho, consiguió apretar los gatillos del (contra)género de una manera discreta, algo anodina. Interesante, aunque no ensancha los horizontes de un thriller europeo excesivamente manoseado en los últimos años, tanto en la pequeña como en la gran pantalla. 




DE REPENTE, EL CIELO (IT MUST BE HEAVEN)
Palestina, 2019. Dirección y guion: Elia Suleiman
Mención especial y Premio FIPRESCI del Festival de Cannes

Con rictus de mimo chapliniano, apelando al "autocine" que ya practicó Nanni Moretti en los 90, Elia Suleiman rubrica una comedia a contracorriente sobre el colonianismo, las apropiaciones culturales y las violencias implícitas que se agazapan en tejidos sociales tan diferentes como los de Oriente Medio, Francia y Estados Unidos. La entrada frustrada a un templo religioso, las invasiones de un vecino que cuida el limonero del protagonista y el acecho de las fuerzas policiales sirven para filmar gags visuales y mudos, cual viñeta preñada de sorna y semánticas. Con todo, Suleiman cree significar más de lo que consigue, a veces subraya ideas y en algunos momentos necesita distanciarse de sus planteamientos iniciales para dar vuelo a la obviedad de su discurso (véase el interesante inserto metacinematográfico con Gael García Bernal). Suleiman puede parapetarse en la alegoría, pero cerrar el filme con una dedicatoria a Palestina es un recurso un tanto bajo. Eficaz, eso sí, si se quiere llamar la atención de los festivales internacionales. Una anécdota personal que, en su espíritu militante, encontrará el arropo de una parte importante de la crítica especializada.



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sábado, 28 de abril de 2018

CRÍTICA | INVITACIÓN DE BODA (WAJIB), de Annemarie Jacir


INVITACIÓN DE BODA (WAJIB)
Palestina, 2017. Dirección y guión: Annemarie Jacir  Fotografía: Antoine Heberlé Reparto: Mohammad Bakri, Saleh Bakri, Maria Zreik, Rana Alamuddin, Violette Khoury, Zuhaira Sabbagh, Tarik Kopty, Jalil Abu Hanna, Lama Tatour. Género: Drama. Duración: 96 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 27/04/2018.
¿De qué va?: Un padre y su hijo recién llegado del extranjero deberán realizar un largo recorrido  juntos, trayecto que será el escenario en que surgirán conflictos familiares y de diverso calado.

jueves, 27 de noviembre de 2014

CRÍTICA | OMAR, de Hany Abu-Assad


Por amor, se construyen muros, y otros se traspasan
OMAR, de Hany Abu-Assad
Palestina, 2013. Dirección y guion: Hany Abu-Assad Fotografía: Ehab Assal Reparto: Adam Bakri, Eyad Hourani, Samer Bisharat, Leem Lubani, Waleed Zuaiter Duración: 95 min. Género: Thriller dramático Tráiler: Link Estreno en España: 04/07/2014
¿De qué va?: Omar, un palestino de apenas veinte años, trabaja en un horno de pan situado cerca de los muros que separan Israel de Palestina. Cada día salta esa frontera, exponiéndose a los disparos de los soldados israelíes, para ver a Nadia, la hermana de su mejor amigo y la chica de la que está tremendamente enamorado. Un día participa en un ataque al ejército israelí junto a tres amigos de la infancia, y a partir de ese momento su destino quedará alterado para siempre.
Palmarés: Candidatura al Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Premio del jurado de la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2013. Mejor película del Festival de Dubai, y presencia en la sección oficial de los festivales de Nueva York y Valladolid. 
El dato: Es la segunda ocasión que el cineasta Hany Abu-Assad consigue aspirar al Óscar: su anterior éxito fue Paradise Now, probablemente la película más conocida de la cinematografía palestina, también centrada en el conflicto árabe-israelí. El film ganó el Asia Pacific Screen Award, el Óscar de la industria del cine de Asia (incluyendo los países de Oriente Próximo): en anteriores ediciones, ese galardón fue a parar a obras como la surcoreana Secret Sunshine, la kazaka Tulpan y la iraní Nader y Simin, una separación.

jueves, 28 de febrero de 2013

Crítica de 5 CÁMARAS ROTAS (5 BROKEN CAMERAS), de E. Burnat y G. Davidi

El espectro de los documentales nominados al Oscar este año es muy amplio. Y si dicen que en la variedad está el gusto, es interesante observar la inquietud de los premios con mayor escaparate e incidencia en la industria por reconocer y dar a conocer los distintos estilos e inquietudes que aglutina el fructífero género documental. De la realidad tratada cual melodrama y thriller de espionaje de Searching for Sugar Man, pasando por la estructura clásica de La guerra invisible hasta llegar a la filmación subjetiva de esta 5 cámaras rotas media todo un mundo, y solo con esos tres ejemplos queda claro que el cine del presente y del futuro está en ensanchar las barreras del cine documental, que ha dejado de ser un género para suponer un soporte más, y que ha pasado de ser una fórmula fija para abrazar narrativas de lo más heterogéneas. Concretamente 5 cámaras rotas es la explicación de un episodio histórico todavía abierto (el conflicto entre israelíes y palestinos): es una historia de frontera, aunque a diferencia de la notable Los limoneros aquí vemos las filmaciones de un agricultor palestino que asiste día a día a las tensiones entre las dos partes del muro tanto físico como mental que separa un pueblo de otro. Las imágenes de estas cinco cámaras se ordenan de forma cronológica, respetando el avance de los hechos y permitiendo en paralelo la concreción de una historia más personal o familiar que concierne directamente al director que firma. Pese a la innegable eficacia y rotundidad de su discurso, 5 cámaras rotas no deja de ser una nota a pie de página, un relato parcial por imposibilidades técnicas pero también por la convicción de su improvisado cineasta. 5 cámaras rotas, en otras palabras, ni puede ni quiere ofrecer una visión panorámica de la situación de los Territorios Palestinos, mucho menos de las opiniones que circulan al otro lado de la alambrada israelí. Ello hace que el documental sea un tanto escaso y maniqueo, fácilmente desmontable. Burnat y Davidi filman desde la rabia y la necesidad de extender sus voces, pero el espectador atento añorará una radiografía más amplia del estado de las cosas. Una flor no hace primavera y una gota no forma río: 5 cámaras rotas tiene la energía de la narración en primera persona y llega a nosotros como un esputo vomitado desde las mismísimas entrañas, pero incluso situándose en el bando de los verdaderos damnificados esconde cierta carambola cinematográfica, algún ajuste de más con tal de conmover y de mover conciencias. Aunque bien pensado la historia es imposible escribirla desde fuera y 5 cámaras rotas demuestra que ante las injusticias no queda otra que implicarse, saltar al bando de los protagonistas y llenarse de fango. 5 cámaras rotas se ensucia en el momento de poner el objetivo donde lo pone, pero también en los retoques efectistas de su narrador en off. Con todo, nadie le puede negar la banda de film curtidor y necesario. Su nominación al Oscar es el megáfono que ha llevado su protesta a lugares insospechados: esa es su victoria.


Para interesados en saber más sobre estos tiempos convulsos
Lo mejor: La verdad que rezuman sus fotogramas.
Lo peor: Ser solo la pequeña pieza de un mosaico.

Nota: 6