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lunes, 25 de octubre de 2021

PELÍCULAS INTERNACIONALES DE LOS ÓSCAR | AMÉLIE, de Jean-Pierre Jeunet (Francia)


AMÉLIE

Francia, 2001. Dirección: Jean-Pierre Jeunet Guion: Guillaume Laurant, Jean-Pierre Jeunet Música: Yann Tiersen Fotografía: Bruno Delbonnel Reparto: Audrey Tautou, Mathieu Kassovitz, Rufus Magloire, Lorella Cravotta, Serge Merlin, Jamel Debbouze, Claire Maurier, Clotilde Mollet, Isabelle Nanty, Dominique Pinon, Artus de Penguern, Yolande Moreau, Urbain Cancelier, Maurice Bénichou Género: Comedia. Drama Duración: 120 min. Tráiler: Link Podcast: Link
¿De qué va?: Amelie no es una chica como las demás. Ha visto a su pez de colores deslizarse hacia las alcantarillas municipales, a su madre morir en la plaza de Nôtre-Dame y a su padre dedicar todo su afecto a un gnomo de jardín. De repente, a los veintidós años, descubre su objetivo en la vida: arreglar la vida de los demás. A partir de entonces, inventa toda clase de estrategias para intervenir en los asuntos de los demás: su portera, que se pasa los días bebiendo vino de Oporto; Georgette, una estanquera hipocondríaca; o "el hombre de cristal", un vecino que solo ve el mundo a través de la reproducción de un cuadro de Renoir. (FILMAFFINITY)


Amélie es una historia sencilla pero llena de encanto con personajes muy extravagantes, todo esto enmarcado en una mezcla de cotidianidad y rarezas, con una narrativa muy original. La película bebe del realismo mágico y aporta una visión sugestiva de la vida apoyándose en diversos recursos cinematográficos, entre los cuales destaca una estética y cinematografía impecable. Su creatividad en la puesta en escena, el desarrollo preciso, entretenido y con un toque de humor y encanto francés hacen de esta una película imprescindible para cualquier cinéfilo. El reparto en general está bastante correcto pero Audrey Tautou se roba el show: la actriz podrá interpretar muchos otros personajes pero seguramente siempre será recordada como la encantadora Amélie, esa chica que, al que no le cambió la vida, al menos sí le hizo ver el cine con otros ojos. Porque el cine versa de eso, de contar historias, y Amélie es un cuento bien narrado, un ejercicio narrativo y audiovisual ensamblado con la capacidad de cautivar los ojos y el corazón del espectador y transportarlo a ese microuniverso tan atípico como interesante, propio de las obras más memorables. Una pena que el drama sociopolítico En tierra de nadie tuviera más peso y le arrebatara el Óscar a mejor película internacional; por suerte, Jean-Pierre Jeunet sabía de antemano que son tiempos difíciles para los soñadores.



lunes, 27 de septiembre de 2021

PELÍCULAS INTERNACIONALES DE LOS ÓSCAR | PARA TODOS LOS GUSTOS (LE GOÛT DES AUTRES), de Agnès Jaoui (Francia)


PARA TODOS LOS GUSTOS (LE GOÛT DES AUTRES)

Francia, 2000. Dirección: Agnès Jaoui Guion: Agnès Jaoui y Jean-Pierre Bacri Música: Jean-Charles Jarrell Fotografía: Laurent Dailland Reparto: Anne Alvaro, Jean-Pierre Bacri, Alain Chabat, Agnès Jaoui, Gérard Lanvin, Anne Le Ny, Christiane Millet, Wladimir Yordanoff, Xavier De Guillebon, Raphaël Defour, Brigitte Catillon Género: Comedia dramática Duración: 110 min. Tráiler: Link 
¿De qué va?: Un empresario conoce a una actriz que es amiga de una camarera, la cual conoce a un guardia de seguridad que trabaja con un chófer, al servicio de una decoradora, mujer de un empresario, que querría trabar amistad con artistas... Este filme muestra cómo la diferencia de ambiente y educación hace imposible ciertas relaciones. Es la historia de unos personajes que no tendrían que haberse conocido porque las barreras culturales que los separan son insalvables. (FILMAFFINITY)


En retrospectiva, resulta milagroso que Para todos los gustos, una tragicomedia aparentemente inofensiva, consiguiese casi cuatro millones de espectadores en su país. O que la película catapultara a Agnès Jaoui, reputada guionista (Smoking/No Smoking, Como en las mejores familias, On connaît la chanson) que aquí se revelaba como excelente directora de tonos, tempos e intérpretes. Ha llovido mucho. Por el camino hemos ganado técnica y pirotecnia. Para todos los gustos puede resultar lenta o anodina para la generación de espectadores más joven. Y aún así, para quien escribe, el revisionado de la ópera prima de Jaoui, secundada entre otros por su cómplice cascarrabias Bacri, tiene el poder de una epifanía. Nada sobra y nada se echa en falta en esta obra coral, tanteo de las historias cruzadas tan en boga en los 90. Los personajes se dejan llevar por la red de casualidades y causalidades que teje uno de los libretos más agudos del último cine francés. Película que homenajea el teatro, que se ríe de las diferencias de clase, que celebra la amistad como estado natural y el amor como estado necesario. Todos los actantes, sin excepción, se ganan la simpatía de la audiencia sin que por el camino Jaoui deba hacer concesiones fáciles, inventar giros imposibles o caer en complacencias. De alma alleniana y francesa (y por lo tanto, verbal), expansiva en su infinita intimidad, la historia discute sobre la influencia que las personas ejercen entre sí. Para Jaoui, los pareceres propios y ajenos son volubles, tanto como los derroteros de la vida. Lo realmente difícil es encerrar esa arbitrariedad en un guion tan estudiado y que el conjunto resulte espontáneo, sentido, veraz. Es, de forma inapelable, la mejor película francesa del año 2000. Y no... eso no es cuestión de gustos.





viernes, 27 de agosto de 2021

CRÍTICA | ANNETTE, de Leos Carax


ANNETTE
Festival de Cannes: mejor dirección
Francia, 2021. Dirección: Leos Carax Guion y música: Leos Carax, Ron Mael y Russell Mael


Es (in)genio. Es (re)creación. Es artificio. Es experimento. Es (pro)vocación. Es escapismo. ¡Es Leos Carax! 

Si algo une a los personajes del cine de Leos Carax es un deseo irrefrenable de fuga. No piden ser comprendidos ni atendidos: se entregan a una romántica, tétrica y complaciente autodestrucción, están cómodos transitando un alambre muy fino y asomándose al abismo. El personaje que interpretaba Denis Lavant en Holy Motors llevaba esa premisa a la cúspide del barroquismo, en fondo y forma: era alter ego, representaba el hombre moderno tratando sin éxito de huir de sí mismo y metaforizaba el carácter voluble del actor y del arte fílmico en plena era digital. Ahora, yendo más lejos todavía, el también corpóreo y etéreo Henry, en esa acumulación de peripecias y patetismos que es Annette, tampoco quiere resultar simpático ni detener la maquinaria de devastación que se activa en el preludio musical que abre la película. Fluye y por el camino arrastra a cuantas personas tiene a su alrededor. El envoltorio, sin perder extravagancia, es más accesible: apela al pop, a la fábula y a las fuerzas incoercibles del amor o, tal vez, a las bajas pasiones. La idea también es menos críptica: discute sobre los límites del humor, el narcisismo de los artistas, la explotación de menores y la masculinidad tóxica. Carax, de nuevo, tomando la temperatura de los temas de los tiempos que le ha tocado vivir (y, por lo tanto, de los que cabe evadirse). 


Es un musical. Instinto. Una ruta. Una bacanal. Un pálpito. Meta. ¡Es Annette

A imagen y semejanza del Henry pletórico que posee los atributos de Adam Driver, Carax entiende el cine como un espacio de metamorfosis constante, de posibilidades infinitas. Se diría que con cada nuevo proyecto el cineasta francés (re)nace dispuesto a (re)inventarlo todo. El riesgo elevado a la máxima potencia. El acto de filmar como suicidio premeditado. Por eso resulta inane cuestionar Annette por sus salidas de tono: su arte es gozosamente atonal. Tampoco es válido criticar su barroquismo porque lo que importa es el conjunto, no la suma aislada de todas sus partes. Carax resultará magnánimo, incluso altivo, pero desde la primera escena avisa de sus intenciones: nos invita a contener el aliento, a no pensar, simplemente a sentir, a dejarnos llevar. A ser un poco como Monsieur Oscar, como Henry, como el propio Carax. Y en el viaje, disfrutar de lo que se gana cuando se pierde todo. Y, en el último minuto, con la marioneta Annette convertida en cuerpo, sentir que el perdón, si es que alguna vez se pidió, resulta imposible. Porque cuando acaba una película de Carax nos precipitamos pendiente abajo. Y en el vacío que se siente al ver otra vez la pantalla en negro es cuando nos damos cuenta de que el cine, la película en sí misma, es una utopía feliz que seguimos necesitando y celebrando. 


Es un cuento. Una farsa. Una fantasía. Un sueño. Una ópera. Una pesadilla. ¡Es una obra maestra!


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miércoles, 25 de agosto de 2021

EL PODCAST DE CINOSCAR & RARITIES 6x41 | MONOGRÁFICO: AMÉLIE, de Jean-Pierre Jeunet


Programa nº 226 de El podcast de Cinoscar & Rarities. MONOGRÁFICO dedicado a la película AMÉLIE, que cumple 20 años. Repasamos datos, anécdotas y mucho más de la obra de culto de Jean-Pierre Jeunet. Locución de Xavier Vidal y edición de Mayra Meza. ¡Gracias por darle al play!


 

   Guía del programa:
0' Presentación - 1' Monográfico



Puedes enviar tus comentarios o audiocomentarios con sugerencias o recomendaciones a nuestro mail cinoscararities@gmail.com, estaremos encantados de leerte o escucharte.

martes, 2 de febrero de 2021

ÓSCAR 2021 | CANDIDATAS AL ÓSCAR A LA MEJOR PELÍCULA INTERNACIONAL 2021 (I): EUROPA


HOPE - Noruega
La representante Noruega a los Óscar 2021 es Hope, un drama basado en la experiencia vital de la directora María Sødahl, quien dirige este drama sobre una mujer de casi mediana edad que recibe el diagnóstico de cáncer cerebral terminal justo el día antes de Navidad. La película retrata ese periplo de la protagonista en busca de opciones médicas y una oportunidad de ganar la batalla a la enfermedad. Al mismo tiempo, ella mira en retrospectiva la singular relación que ha mantenido durante años con su pareja e intentan dejar atrás el pasado y aprovechar el tiempo que puedan tener. Andrea Bræin Hovig es la gran protagonista de este intenso drama y su interpretación es posiblemente lo mejor de esta película. Interesante crónica vital que sabe plasmar en fotogramas la incertidumbre y desasosiego de su protagonista de una manera muy ágil y entretenida.




COLLECTIVE - Rumanía
Pasamos ahora a Rumanía, un país que, injustamente, no ha conseguido nunca la nominación al Óscar. Este año concurre con Collective de Alexander Nanau, premio EFA al mejor documental. Cuenta como, tras el incendio de una sala de fiestas de Bucarest, se destapó una polémica nacional en torno a los desinfectantes hospitalarios y a la corrupción política. Película sobre la militancia periodística y las cloacas del sistema. Se ve desde el asombro y se recuerda con terror días después de su visionado. Esperemos que la Academia no ignore esta Collective, tal y como hizo injustamente con filmes rumanos como 4 meses, 3 semanas, 2 días, Más allá de las colinas u otra crónica de la inoperancia sanitaria: La muerte del señor Lazarescu. La película está disponible en HBO. 




BLIZZARD OF SOULS - Letonia
Este 2021, Letonia puede aspirar por primera vez en su historia al Óscar con la bélica Blizzard of Souls. A partir del periplo de un joven soldado de 17 años, la película cuenta cómo fueron llamados a filas miles de chicos letones sin ningún tipo de experiencia. Fueron al frente a morir, dicho claro y rápido. La historia nos la sabemos, así que la novedad es la gran factura técnica de la película. En este aspecto, Blizzard of Souls puede considerarse una de las producciones europeas más vistosas de los últimos años, algo que sin duda gustará en el sector conservador de la Academia. Lástima que la cinta no tenga ningún calado emocional y dure media hora más de lo que debería. En otros tiempos, sería una nominada segura. Ahora… las cosas no están tan claras.




MUJERES DE LA VIDA - Bélgica
Mujeres de la vida (en francés, Filles de joie) es la extraña elección de Bélgica en estos Óscar 2021. Atípica o, mejor dicho, poco interesante. Según el esquema de filme social, con personajes superados por las circunstancias y escenas extremas, el largo nos cuenta el devenir de unas jóvenes francesas de Roubaix que, para ganarse la vida, cruzan la frontera y se prostituyen en un antro belga. Recuerda, por tono, a Divines, Papicha o Los miserables y etcétera, pero para mal. La actriz debutante Noémie Lvovsky hace un empeño notable. Y siempre apetece ver en pantalla a la todoterreno Sara Forestier. Eso sí: ni la una ni la otra consiguen que esta historia de prostitución, posesión y supervivencia vaya más allá de la mera anécdota. Una cinta sin una idea clara detrás de su trastienda. Carece de ideología, pero también de argumento.




THE FATHER - Bulgaria
Este año, Bulgaria mandará su trigésimo primera película al Óscar al mejor filme internacional. País centroeuropeo que, por cierto, nunca, jamás ha alcanzado la nominación. Las perspectivas de 2021, lamentándolo mucho, no son muy halagüeñas. La apuesta búlgara se llama The Father, pero no tiene nada que ver con la cinta que protagoniza Anthony Hopkins y Olivia Colman. Este padre búlgaro quiere contactar con su esposa muerta mientras su hijo intenta hacerle entrar en razón. Una tragicomedia rural demasiado surrealista, con unas aristas culturales muy locales, para nosotros difíciles de descifrar, que, eso sí, convence gracias a su escena final, un momento precioso de confesión, reconciliación y humanidad. Curiosa y bizarra. Premio a la mejor película del Festival de Karlovy Vary.


 

BEGINNING - Georgia
Georgia consiguió la candidatura en su primera participación, allá por el año 1996 con la comedia A Chef in Love. Ahora, con Beginning (Dasatsquisi), podría volver al quinteto. La película arrasó en San Sebastián y causó una enorme polémica. La debutante Dea Kulumbegashvili cuenta la extraña emancipación de una mujer Testiga de Jehová que quiere cambiar de vida. Fondo y forma se alían para que podamos sentir la opresión, la cerrazón social y personal, la tensión, los yugos familiares, la amenaza y la escandalosa falta de respeto de policías y dirigentes hacia los más desfavorecidos. Una película que se ve, se sufre y no se olvida, para bien o para mal. Una ópera prima impecable, densa, compleja, con ecos del cine de Carlos Reygadas y con un plano final abierto al debate. Obra maestra, o casi. Diga lo que diga Hollywood, es una de las joyas del año.




OTRA RONDA - Dinamarca
Dinamarca juega con un caballo ganador: Otra ronda, lo nuevo de Thomas Vinterberg. De momento ya presume de 4 premios EFA, 2 reconocimiento en San Sebastián, sello Cannes y primer galardón del London Film Festival. En la ficción, Mad Mikkelsen encabeza una cuadrilla de profesores que quieren demostrar los beneficios de mantener unos índices estables de alcohol en sangre. Obviamente, el experimento saldrá mal y el espectador será testigo de esas peripatéticas y tragicómicas consecuencias. Un retrato, otro más por parte del audiovisual escandinavo, del aburrimiento vital, la depresión, las adicciones y la insatisfacción de la clase media. Filme de tesis, eficaz y eficiente, con un desarrollo un poco evidente y una escena final pletórica. Una buena película, sin superlativos.




APPLES - Grecia
De Grecia siempre nos llegan apuestas incómodas, muy difíciles de catalogar. Ya sabéis: la sombra de Canino es muy alargada. Pero, por suerte, Apples (Mila), la baza helena de este 2021, es un drama de ciencia ficción muy estimulante. En el filme, una pandemia afecta al mundo. Algunas personas pierden la memoria y tienen que reinsertarse socialmente con la ayuda de un equipo médico bastante inquietante. Apples fue una de las sensaciones de Venecia, Toronto y Tribeca. Es difícil de explicar, pero entretiene, divierte, intriga y no pasa desapercibida. Una de esas películas que motivan interesantes debates después de su visionado. Un fresco a lo Lanthimos sobre la manipulación, la fragilidad de los humanos, el amor y la identidad. Apples merece la nominación… pero no lo tendrá fácil.




ENTRE NOSOTRAS (DEUX) - Francia
Finalmente Francia no ha elegido Verano del 85 de François Ozon, sino otra película LGTB: Entre nosotras (Deux), dirigida por el francoitaliano Filippo Meneghetti. Deux es un acercamiento singular a todos esos ancianos que no han podido vivir y amar libremente por imperativos familiares y sociales. Eso es precisamente lo que les sucede a las dos protagonistas, vecinas, mujeres mayores, amantes, pero cuya relación es clandestina. Es secreta… hasta que un suceso inesperado pone contra las cuerdas a todos. Deux podría definirse como un Amour gay con toques de thriller, sustentado en el trabajo de sus actrices: Barbara Sukowa, Martine Chevalier y Lea Drucker. Es la favorita a los próximos César, pero tendrá francamente difícil superar el corte del Óscar. 




CHARTER - Suecia
Charter está escrita y dirigida por Amanda Kernell y es la representante de Suecia en los Óscar 2021 a mejor película internacional. Estamos ante la odisea de una madre que no tiene la custodia de sus hijos que y hará hasta lo imposible por tenerlos de regreso con ella. Un drama familiar que nos hace partícipe de la huida de una madre y sus 2 hijos. Por el camino se van evidenciando  los errores que la han llevado a su situación, y también podemos intuir la relación un tanto tóxica que mantenía con su pareja. Charter aborda temas interesantes, de actualidad y de una manera ágil y entretenida con una destacable interpretación de la actriz principal, pero tal vez le falta contextualizar un poco la trama y  profundizar un poco más en la vida y decisiones de la protagonista. Pese a lo dicho, la película permite reflexiones interesantes aunque no profundice demasiado en ninguna de las cuestiones que plantea.




EL PROFESOR DE PERSA - Bielorusia
La película que ya sabemos que no estará nominada es la bielorusa El profesor de persa. Además, uno de los pocos estrenos que ha llegado a los cines en España este 2021. La cinta debía competir por ese país, Bielorusia, pero la Academia la ha descalificado porque gran parte del capital y de los profesiones implicados en la película son rusos y alemanes. Pese a esto, aconsejamos no dejar pasar El profesor de persa. Es una bonita historia sobre un judío que sobrevive en un campo de concentración haciéndose pasar por profesor de persa, una lengua que no conoce y que va improvisando día a día para ganarse la confianza de un oficial nazi. Un drama del holocausto, uno más, con música notable, buena fotografía, técnica convincente y buen trabajo del actor Nahuel Pérez Biscayart. En otro contexto habría sido una nominada casi segura.


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miércoles, 10 de junio de 2020

CRÍTICAS | FESTIVAL DE CANNES (III)


MATTHIAS & MAXIME
Canadá, 2019. Dirección y guion: Xavier Dolan
Sección oficial a concurso del Festival de Cannes

En Los amores imaginarios, Xavier Dolan filmaba un trío amoroso con el ímpetu y la inocencia de un adolescente. En Matthias y Maxime, los personajes se acercan a la treintena y deben gestionar su amistad con los deseos y designios de una vida plena, en un mundo adulto. La evolución de esas dos cintas (del hedonismo a la melancolía, de la exaltación extrovertida a la introversión) describe a la perfección el crecimiento de un cineasta cuya impronta se hace patente en todos sus fotogramas. Lo que antes era firma de novel con ínfulas, ahora es una marca de estilo. Con todo, sería un error considerar Matthias y Maxime como una película madura, y es en este punto donde el cine de Dolan se abre en canal ante nosotros, sensible y sentido, con todas sus virtudes y defectos. A la postre, Dolan sigue hablando de lo mismo, o dando tumbos en torno a las mismas ideas. Casi nunca construye personajes con dobleces, interesantes. Su querencia por el grito, la desestructuración familiar y el montaje sincopado, con euforia musical de aderezo, resulta tan estimulante como cargante. Y entre medias, uno se pregunta si Dolan, más allá de evidenciar el carácter personal y generacional de su filmografía, no pierde otra oportunidad de filmar el documento definitivo sobre los pecados, los excesos y las turbulencias de una juventud, masculina y homosexual, de la que solo se nos ofrece su dermis en forma de dudas (no siempre argumentadas) y excentricidades (no siempre justificadas). Sea como sea, Matthias y Maxime atesora una de las ideas más potentes de su autor: el cine dentro del cine (la filmación del cortometraje entre Matt y Max) como detonante de un conflicto vital. La prueba, para muchos irrefutable, de que la carrera de Dolan solo alcanzará cuotas más altas cuanto más se ciña a su innegable talento como cineasta y menos dependa de sus subjetividades como individuo. Otro Dolan es posible: ojalá Matthias y Maxime sea la antesala del cambio.



LA BELLE ÉPOQUE
Francia, 2019. Dirección y guion: Nicolas Bedos
Sección oficial fuera de concurso del Festival de Cannes. 3 premios César

La comedia, más si cabe la romántica, necesita nombres nuevos que pongan patas arriba los tópicos del género. En Francia, Nicolas Bedos lleva años poniendo en valor la comedia desde su faceta de director teatral, guionista, actor, cineasta y dramaturgo. Su ópera prima, Monsieur & Madame Adelman, dio cuenta de su habilidad para la construcción de diálogos y la dirección de intérpretes, unos valores que ahora cristalizan en La belle époque, su película más compleja hasta la fecha. El humor, la ternura, el vodevil y la ciencia ficción se dan la mano en una historia que traslada a un dibujante sexagenario a los mejores años de su vida: la década de los 70. En un doble juego de creación y recreación, Bedos dispone las cartas de siempre, aunque las baraja a su antojo: de ahí que el visionado sea una sorpresa constante, un viaje agradable, lleno de ingenio. De la experiencia resulta una película que reivindica la memoria y se acerca al pasado con sentido de la crítica y de la nostalgia. Una prueba de que los recuerdos, a la contra de lo que podría parecer, son una ficción. ¿Estará Bedos hablando, ni que sea indirectamente, del gran momento, pretérito y perdido, de esa comedia que tanto ama? Seguramente sí. Tan evidente como que, desprovista de sus piruetas visuales y verbales, La belle époque no es más que un entretenimiento; adulto, aunque inofensivo. Cine francés, susceptible de ser "remakeado", que se enorgullece de reproducir todo aquello que nosotros, sus vecinos, asociamos al país del amour fou. No por casualidad, en la lengua de Molière el intérprete, antes que "acteur", es un "comédien". 



UN BLANCO, BLANCO DÍA
Islandia, 2019. Dirección y guion: Hylnur Palmason
Semana de la Crítica del Festival de Cannes. Nominación al EFA al mejor actor

Al cine nórdico no le sobran cineastas apesadumbrados. A esa lista se suma Hylnur Palmason, islandés de 35 años que asegura que las películas de Saura y Erice le cambiaron la vida. En Winter Brothers, su debut, ya podían intuirse algunas esencias de los dos genios españoles: el apego al thriller, la experimentación en el montaje, su estilización fotográfica, la construcción de atmósferas inquietantes o la metáfora visual con amagos de crítica social. De hecho, su mediometraje En maler, visto con ojos ibéricos, podría ser una versión escandinava, y por lo tanto cruel, de El sol del membrillo. Un blanco, blanco día, la primera obra de Palmason que llega comercialmente a nuestro país, ahonda en esa tendencia al malestar, ahora aliado con la geografía de una Islandia que parece el lugar más bello del continente, también el más desafiante. Un policía viudo pierde los papeles cuando descubre que su esposa tenía una relación con otro hombre. Su vida se apuntala en dos direcciones: la construcción de una casa y su rol como abuelo. Todo salta por los aires cuando la sed de venganza aflora en su interior. Palmason nunca aporta evidencias, tampoco justifica hechos, ni tan siquiera filma actitudes reprobables para que el espectador juzgue lo que le plazca. Para Palmason, las imágenes en movimiento son pura abstracción. Por defecto, nada debe tener sentido para que, paradójicamente, todo adquiera significado. Un blanco, blanco día puede entenderse como una enajenación, un tránsito a la lucidez, una emancipación emocional, un regocijo autodestructivo, una redención... o todo lo contrario. Poco importa. De ella quedan cien minutos de cine retador, inaudito, incómodo. Cien por cien nórdico. Hermanado con Erice. Puro Saura. Y, sobre todo, único en su especie. Sin duda, seguir la prometedora carrera de Palmason será uno de los placeres masoquistas de la nueva cinefilia.



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lunes, 25 de mayo de 2020

CRÍTICAS | FESTIVAL DE CANNES 2019 (II)



ESPECIALES (HORS NORMES)
Francia, 2019. Dirección: Olivier Nakache y Eric Toledano
Sección oficial fuera de concurso del Festival de Cannes. 8 nominaciones al César

La firma del dúo Nakache y Toledano está asociada a una comedia coral con discurso social y vocación popular. La fórmula parece fácil, pero está al alcance de pocos superdotados. La Francia multicultural y desigual encuentra aquí su enésimo espejo, entre crítico y amable, ahora a vueltas con el tratamiento de las personas con autismo y los adolescentes con necesidades educativas especiales. Vincent Cassel en uno de sus trabajos más inspirados y el siempre eficiente Reda Kateb comandan una lucha a contracorriente por salvar dos organizaciones sin ánimo de lucro que han operado 15 años al margen del sistema, paradójicamente legitimadas por los vacíos legales y las necesidades de las distintas partes implicadas (padres, cuidadores, enfermeros, etc.). El binomio se las ingenia para crear gags casi infantiles (la palanca del metro), sketches efectivos (la queja no atendida del vecino), coletillas recurrentes (ese Tinder judío) e instantes inspirados en los que el artificio cómico se alía de forma orgánica con los postulados militantes del filme (el concurso de siglas). Con tantos recursos en su recámara, es fácil entender el éxito de taquilla en su país y la enorme aceptación que tuvo en los pases del último Festival de San Sebastián. El cine de Nakache y Toledano sigue sabiendo a verdad, aunque sobredimensione la entrega de sus personajes, pese a no salir de su zona de confort (siendo justos, definida a su vez por la asunción de no pocos riesgos). En términos de ejecución y escritura, probablemente la mejor película hasta la fecha de sus directores.



ROUBAIX, UNE LUMIÈRE
Francia, 2019. Dirección: Arnaud Desplechin
Sección oficial a concurso del Festival de Cannes. César al mejor actor protagonista

El alma de la Nouvelle Vague sigue viva gracias a Desplechin, el más discursivo y apasionado de todos los cineastas galos en activo. Sus personajes se quieren perdidamente pero se pelean. Los suyos son relatos de encuentros y enfrentamientos. En su cine existe una fe ciega en la palabra y en el poder del arte, en todas sus facetas. Conviene recordar todo ello ante una propuesta aparentemente de ruptura, ligada a un género (el thriller), a un paisaje (Roubaix, municipio al nordeste de Francia, tocante con Bélgica, de casi 100.000 habitantes) y a un tiempo (la Francia convulsa de 2020), como Roubaix, une lumière. Desplechin se acerca al thriller criminal con la estilización del cine norteamericano de los 70 (esos colores ocres y fríos) y a la vez con vocación de cineasta realista (los interrogatorios y la reconstrucción final del crimen aparecen en pantalla con el tiempo y la dicción morosa y triste de la realidad). De esa dicotomía surge una película inusual, incómoda, elegíaca, punto de encuentro de otras cintas y tendencias. Una anomalía, en definitiva, en la carrera de un autor que, por primera vez, captura la humanidad e inmundicia mediante silencios. O tal vez no tanto: el vínculo amoroso nunca subrayado entre los personajes de Seydoux y Forestier, el apoyo paternal que el jefe de policía (Dem) ejerce con su nuevo empleado (Reinartz) y los breves apuntes sobre el pasado familiar del protagonista funcionan como subtramas, más bien como subtexto emocional, de una historia que plantea con fiereza, también con modestia, lo mal que se tratan las personas entre sí. A la postre, la "luz" del título es la mayor aportación de Desplechin. Pero la esperanza, lejos de ser un concepto positivo, es  aquí un estado agridulce de cambio, de utopía, de vértigo...




EL REFLEJO DE SIBYL (SIBYL)
Francia, 2019. Dirección: Justine Triet
Sección oficial a concurso del Festival de Cannes y Sevilla


Tras Los casos de Victoria, película que despertó una incomprensible simpatía en su país de origen, Justine Triet pisó la alfombra cannois con El reflejo de Sibyl, divertida crónica de las derivas de una terapeuta que se obsesiona con una de sus pacientes. En el menú cabe casi de todo: cine dentro del cine, verborrea alleaniana, una reflexión sobre la suplantación de identidad y la figura del doble, una parodia sobre la creación, un recital interpretativo de Virginie Efira y un guion que toma infinidad de riesgos. Que casi nadie le haya reído las gracias, ni en Francia ni en España, es un misterio digno de estudio. Frémaux la situó estratégicamente casi al término de la competición del festival, a modo de refrigerio elegante. Puestos a pedir enmiendas, alguien debería darle a Efira esa nominación que los César de este año, tan generosos en polémicas, no quisieron brindarle (basta comparar su aportación con la de la ganadora, la Anaïs Demoustier de Los consejos de Alice, para echar el grito en el cielo). Imperfecta, barroca, indefectiblemente francesa (porque el gentilicio, en este caso, funciona como adjetivo), y aún así superior en creatividad e ideas a un tanto por ciento importante de todo el cine que desfilará por salas y plataformas este 2020. 


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sábado, 18 de enero de 2020

CRÍTICAS | 1917, RICHARD JEWELL y EL OFICIAL Y EL ESPÍA



1917
10 nominaciones al Óscar. Globo de oro a la mejor película (drama) y director
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Reino Unido, 2019. Dirección: Sam Mendes Guion: Sam Mendes y Krysty Wilson-Cairns
¿De qué va?: 6 de abril de 1917, bando británico de la Primera Guerra Mundial. Dos soldados reciben la misión de enviar una misiva al otro lado de las trincheras. De su llegada a tiempo dependen la vida de miles de soldados y del hermano de uno de ellos. Ficha completa
Reparto: George MacKay, Dean-Charles Chapman, Mark Strong, Richard Madden, Benedict Cumberbatch, Colin Firth, Andrew Scott, Daniel Mays, Adrian Scarborough, Jamie Parker, Nabhaan Rizwan, Justin Edwards, Gerran Howell, Richard McCabe, Robert Maaser, John Hollingworth, Anson Boon, Jonny Lavelle, Michael Jibson, Chris Walley Música: Thomas Newman Fotografía: Roger Deakins Género: Drama bélico Duración: 115 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 10/01/2020

En contra de lo que se ha escrito sobre 1917, creo firmemente que lo nuevo de Sam Mendes es una película minimalista. Si dejamos de lado su trabajo sonoro, la dirección fotográfica en toma única y el tour de force propio del cine bélico, de 1917 queda una historia sobre el vacío. La nada que experimentan los personajes en la primera escena, sumidos en una especie de sueño, tumbados sobre una tierra que pronto se convertirá en fango. Y, en el bello plano final, la soledad de su protagonista, que ha culminado su empresa, aunque no ha podido alterar el curso de los acontecimientos y busca arropo en unas fotografías que le recuerden el ser de carne y hueso que siempre fue. A Mendes no le interesa tanto la cinética de la supervivencia como mostrarnos a un joven haciendo frente a las adversidades, un concepto que tiene sentido y resultaría oscarizable ahora, años atrás o en el concierto sociopolítico que se quiera. Una idea pequeña en una película muy grande. Y de esa mixtura de tamaños, sorprende que Mendes, a la contra del Nolan de Dunkerque, no deje llevarse por el videojuego indiscriminado, aunque el periplo que muestra tenga mucho de azaroso. Hay alardes técnicos, pero no son presuntuosos. La música juega a crear tensión, pero nunca se antoja intrusiva. Su coreografía es evidente, pero el artificio casi nunca asoma en pantalla. El guion tampoco quiere que sus personajes verbalicen o exterioricen sus circunstancias, pero debe apreciarse su tempo introvertido, compensado con el candor de momentos mágicos como el encuentro con la mujer francesa o la reunión en el bosque de un batallón que escucha el son de una melodía militar. Incluso cabe subrayar su mirada neutra, desprovista de patriotismos, por mucho que la carrera en pleno ataque, a pie de trinchera, sea la escena más "bigger than life" que hayamos visto en años, Marvel incluido. En síntesis, una película importante, destilación de todas las esencias de su género. He ahí su clasicismo y su modernidad. Para recordar entre el sueño y la vigilia, la luz y la oscuridad, la inocencia y la crueldad. Justamente la imagen que ofrece esa ciudad derribada bañada por el negro de la madrugada y el ocre del fuego, un fotograma que recuerda a Apocalypse Now y que sabe a eternidad.




RICHARD JEWELL
Nominación al Óscar y Globo de oro a la mejor actriz secundaria
EE. UU., 2019. Dirección: Clint Eastwood Guion: Billy Ray, a partir de un artículo de Marie Brenner
¿De qué va?: Juegos Olímpicos de Atlanta, 1996. Richard Jewell trabaja como guardia de seguridad en las inmediaciones de un recinto donde se celebran conciertos. Una noche, el hombre descubre una bomba con explosivos y minimiza las consecuencias de un terrible atentado. Jewell es considerado un héroe... hasta que pasa a ser el principal sospechoso del incidente. Ficha completa
Reparto: Paul Walter Hauser, Sam Rockwell, Kathy Bates, Jon Hamm, Olivia Wilde, Wayne Duvall, Dexter Tillis, Desmond Phillips, Nina Arianda, Ian Gomez, Randy Havens, Mike Pniewski, Niko Nicotera, Dylan Kussman, Beth Keener, Billy Slaughter, David Shae, Shiquita James, Deja Dee, Kendrick Cross, Jill-Michele Melean, Mitchell Hoog, David Lengel, Marc Farley, Victoria Paige Watkins, Charles Green, Shawn Weston Thacker Música: Arturo Sandoval Fotografía: Yves Bélanger Género: Drama Duración: 130 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 01/01/2020

Las buenas reseñas que ha cosechado Richard Jewell por parte de la prensa, sin importar su afiliación política, han puesto de manifiesto el estatus de clásico que ostenta el director más emblemático de su generación. De formas tradicionales, aunque de premisa pertinente, la película supone el enésimo estudio que Eastwood dedica a la figura del héroe. Por el camino, Hollywood ha vivido el Me Too y todo el país ha sufrido el ascenso de Donald Trump, pero el bueno de Clint sigue férreo en sus convicciones. Su lenguaje es transparente, sin alardes técnicos, en consonancia con su naturaleza de "actor autor". Tiene la virtud de ser la crónica equidistante de un suceso real, por lo que cada espectador debe decidir hasta qué punto se nos cuenta una historia de desmitificación o de triunfalismo. Y, sobre todo, es una película entretenida, creyente fiel de los principios de verosimilitud y espectacularidad de ese cine norteamericano que era norma en los 90 y que ahora, por evolución lógica, en parte por desgracia, brilla por su ausencia en las salas. Por todo lo dicho, cuesta poner reparos a Richard Jewell, aunque tal vez puedan derribarse sus bases apelando a una evidencia no menos notable: es una película que, por desfasada, acaba derivando en anécdota. Aunque Kathy Bates, no tan alejada de la inquietante Annie de Misery, llore mares. Aunque Paul Walter Hauser encarne a la perfección la paradoja patriótica del filme. Aunque Sam Rockwell vuelva a confirmar lo bien que le sientan los justicieros de formas poco ortodoxas. Aunque Olivia Wilde juegue a ser la actriz de primera división que, por hache o por be, todavía no es. Será prejuicio personal, bache generacional o "llámenle como quieran", pero Richard Jewell me produce una absoluta indiferencia. Una americanada de tomo y lomo, dicho esto en el sentido más meritorio y peyorativo posible. Sus defensores, aunque sobrados de razones, deberían reflexionar por qué el filme, tan nominable años atrás, se ha quedado en la retaguardia de los Óscar 2020.




EL OFICIAL Y EL ESPÍA
Festival de Venecia: Gran premio del jurado y FIPRESCI. 4 nominaciones a los EFA
Francia, 2019. Dirección: Roman Polanski Guión: Roman Polanski, a partir de la novela de Robert Harris
¿De qué va?: Enero de 1895. En un acto público, el joven oficial Alfred Dreyfus, acusado de ser un espía alemán, es desposeído de sus méritos militares. Días después, pasa a cumplir condena en la Isla del Diablo. Un año después, Georges Picquart pondrá en duda el veredicto del caso cuando, al ocupar el puesto de coronel primero, encuentre pruebas reveladoras. Ficha completa
Reparto: Jean Dujardin, Louis Garrel, Emmanuelle Seigner, Grégory Gadebois, Hervé Pierre, Wladimir Yordanoff, Didier Sandre, Melvil Poupaud, Eric Ruf, Mathieu Amalric, Laurent Stocker, Vincent Pérez, Michel Vuillermoz, Vincent Grass, Denis Podalydès, Damien Bonnard, Raphaël Caraty, Clément Jacqmin, Pierre Léon Luneau, Michèle Clément, Yohan Renier, Romain Lehnhoff Música: Alexandre Desplat Fotografía: Pawel Edelman Género: Drama histórico Duración: 126 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 01/01/2020

Los coloquios que puede suscitar El oficial y el espía ya se cuentan entre los salseos cinéfilos más potentes de 2020. Polanski apela a la libertad de expresión, tal vez a la figura del alter ego, para reflejar(se) y denunciar el perjurio que recibieron Alfred Dreyfus (Garrel), oficial judío acusado de ser un espía alemán, y Georges Picquart (Dujardin), el coronel que destapó la injusticia y sufrió la represión del estamento militar. La ambientación, ropas, peinados y paisajes nos trasladan al París de finales de siglo XIX, pero la búsqueda de la verdad, la lucha del hombre contra el aparato administrativo, la presión de prensa y superiores, y así hasta escribir un largo etcétera, se amoldan a la perfección a nuestros tiempos. También, cómo no, a la propia biografía de Polanski. El cineasta polaco se cubre las espaldas con una producción muy cuidada, un elenco que reúne la flor y nata de la industria francófona y un guion muy preciso, con tempo moroso y flashbacks cerimoniosos. La suma de todos estos elementos es una película de una anacronía y vigencia inusual, lastrada y al mismo tiempo realzada por todas las lecturas extracinematográficas que Polanski, lejos de evitar, proclama con la vehemencia de quien se sabe cuestionado cada dos por tres. Cinematográficamente impecable, más o menos reprobable según el juicio de cada espectador. Quien escribe está del lado del autor de El pianista, por mucho que la historia de El oficial y el espía a veces quede sepultada por su mensaje, su asumida importancia, su (auto)conciencia beligerante. Eso explica que el final de El oficial y el espía tenga visos de despedida, artística y vital, con un Polanski que evidencia el maltrato de Dreyfus con respecto al rango alcanzado por Picquart (¿asunción de culpas? ¿expiación de las mismas?), a la vez que empodera a la amante del coronel (¿símbolo del influjo que Seigner, actriz y pareja, ejerce en Polanski? ¿un reconocimiento implícito a su máxima defensora de cara a los medios?). Habrá que esperar unos años para saber si Polanski da por cerrado su periplo o sigue en pie de guerra. Ambas posibilidades serán buenas noticias. El debate, sea como sea, sigue y seguirá muy vivo.




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