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lunes, 1 de agosto de 2016

CRÍTICA | CARTA A TRES ESPOSAS, de Joseph L. Mankiewicz


CARTA A TRES ESPOSAS, de Joseph L. Mankiewicz
Óscar al mejor director y mejor guión. DGA al mejor director
EE. UU., 1949. Dirección y guión: Joseph L. Mankiewicz Fotografía: Arthur Miller Música: Alfred Newman Reparto: Kirk Douglas, Ann Sothern, Linda Darnell, Paul Douglas, Jeffrey Lynn, Jeanne Crain, Florence Bates, Thelma Ritter, Celeste Holm Género: Drama Duración: 100 min. Tráiler: Link Elección de Atticus Cabiria
¿De qué va?: Tres mujeres reciben una extraña carta. Al unirse intentan descifrar el misterio de la misiva, a la vez que replantean sus relaciones de pareja.


CRÍTICA PEDRO BERNADAS: A partir de una historia de la revista Cosmopolitan. Joseph L.Manckiewicz desarrolla un guión que junto a la maestría que demuestra en la dirección de actores le valdrá sendos Oscars en la ceremonia de entrega realizada en 1950 (galardones que volvería a repetir con ‘Eva al desnudo’). La carta del título escrita (-y leída en voz en off-) será la excusa para mostrarnos la relación de tres parejas amigas, en una ciudad provinciana con ínfulas de gran ciudad. Destacan por encima de todo los papeles femeninos: las 3 esposas, Deborah Bishop (Jeanne Crain), mujer acomplejada al sentirse inferior al círculo de su marido (es la única ajena a él), Rita Phipps (Ann Sothern), la mujer triunfadora, que escribe guiones radiofónicos y Lora Mae Hollingsway (Linda Darnell), una mujer que sabe lo que quiere y dispuesta a todo para lograrlo. 2 secundarias, una sirvienta que está presente en toda la película (la gran Thelma Ritter -curiosamente sin acreditar-) y la jefa de Rita, la clásica mujer provinciana anodina que ha conseguido un status en base a no se sabe muy bien qué. Pero planeando está la figura de Addie Ross, amiga de los 3 hombres (la voz en off que nos acompañará matizando todo el film -Celeste Holm-) y su misteriosa carta, la cual hará replantearse a las esposas sus relaciones de pareja. Los personajes masculinos, muy bien trazados con sólo 4 líneas, acompañan la trama como pieza esencial: la de maridos. Un joven Kirk Douglas es George Phipps, es un intelectual, profesor de instituto, que valora lo importante de la vida, y al cuál no le importa que su mujer Rita gané más que él. Se ve la simpatía en el trato de Mankiewicz a este personaje. Porter Hollingsway (Paul Douglas) es el marido de Lorna Mae, además de su jefe previo a la boda, bastante mayor que ella y Brad Bishop (Jeffrey Lynn), es el marido de Deborah; se conocieron en el ejército y es el introductor de la misma al círculo provinciano. Es rico y alegre lo que explica los sentimientos de inferioridad de su mujer. ★★★★½


CRÍTICA MAYRA MEZA: Carta a tres esposas tiene un guion muy bien pensado y estructurado, cómico con algún toque dramático un relato muy disfrutable entretenido e interesante. Sin duda lo más aplaudible es el logro de que uno de los personajes más importantes de la trama, nunca aparece realmente en pantalla, la Addey Ross de Mankiewicz es una especie de Rebeca de Hitchcock, un personaje podríamos decir omnipresente, que nunca se muestra físicamente pero sin el cual la película no tendría ningún motivo ni razón de ser. El film a través de una voz en off (la voz de Addey Ross) nos introduce a la vida de esas tres amigas, cada una de ellas en matrimonios tan singulares que encierran cada uno sus propios altibajos, matrimonios que ante la amenaza invisible de una 'perfecta' Addey Ross, se ven sumergidos en intensas dudas e inseguridades que crearan conflictos internos en sus personajes dando paso al desarrollo de una historia interesante muy bien contada y sobre todo bien interpretada. Una película como solo en antaño se solían hacer, simplemente fantástica, aunque claro, de Mankiewicz sigo prefiriendo Eva al desnudo. ★★★½

sábado, 16 de julio de 2016

CRÍTICA | COWBOY DE MEDIANOCHE (MIDNIGHT COWBOY), de John Schlesinger


COWBOY DE MEDIANOCHE (MIDNIGHT COWBOY), de John Schlesinger
3 Óscar y 6 Baftas, incluyendo premio a la mejor película
EE. UU., 1969. Dirección: John Schlesinger Guión: Waldo Salt, a partir de la novela de James Leo Herlihy Fotografía: Adam Holender Música: John Barry Reparto: Dustin Hoffman, Jon Voight, Brenda Vaccaro, Sylvia Miles, John McGiver, Ruth White, Bob Balaban, Barnard Hughes Género: Drama Duración: 110 min. Tráiler: Link Elección de Andrés Borja
¿De qué va?: El ingenuo Joe Buck viaja a Nueva York con el objetivo de prosperar. Tras unos inicios como chico de compañía, el joven conoce a Rico, un estafador de poca monta con el que entabla una particular amistad.


CRÍTICA XAVIER: Cowboy de medianoche recibió injustamente la calificación de 'film X' y posteriormente se redimió gracias a su triunfo en el seno académico. John Schlesinger, realizador curtido en el Free Cinema británico, regaló a Hollywood un 'baño de realidad', y éste respondió con el Óscar a la mejor película más rompedor de la historia. Su director explora la marginalidad con un estilo que todavía ahora resulta experimental, tan doloroso como un bofetón en toda la cara. Y a su vez, es imposible no ver en Cowboy de medianoche una síntesis del cine y la sociedad de su época: simbólicamente, el vaquero inocentón que da vida Voigh se abre a la psicodelia del momento, protagoniza una historia de amistad con doble lectura homoerótica, representa la muerte del western (el film se inicia con el plano de una pantalla en blanco) e inaugura un cine urbano que retrata las callejuelas más tenebrosas de una ciudad tan mitificada como Nueva York (ver a alguien moribundo al lado del escaparate de Tiffany's es una de las provocaciones más lúcidas que se le pueden hacer a la mentalidad yanki). Muchos de sus temas y de sus formas siguen escociendo como el primer día. Para quien escribe, Cowboy de medianoche marca un antes y un después en la historia del séptimo arte. Es incómoda y lapidaria, pero también esperanzadora. Aquel año el Óscar interpretativo fue para John Wayne, pero la manera de ver el mundo y el cine ya había cambiado. Una buddy movie de parias con bondad que emociona con sólo recordarla. ★★★★


CRÍTICA ISIDRO: Un vaquero abandona su Texas natal para ir a Nueva York a probar suerte como gigoló con toda la chulería del mundo. El tío es tonto como solo un falso vaquero tejano tonto puede ser, y al poco, como no podría ser de otra manera, se da cuenta de que no se puede ser tan cateto por la vida. Y de querer comerse el mundo acaba comiéndose otras cosas. Pero por suerte se apaña un llavero lisiado y se hace su amiguito para afrontar junto a él las miserias de la ciudad de las oportunidades. Schlesinger, que parece que no hizo nada más interesante en toda su carrera, trata esta historia con toda la sensibilidad que yo no le he puesto a la sinopsis anterior, y el retrato de la amistad entre estos dos seres derrotados por la vida, con sus sueños rotos y las ilusiones perdidas le queda muy bien y conmueve. También celebro el expresivo montaje de la cinta, con ese primer "chingamiento" con la vieja de 28 años que alterna imágenes de la televisión y culmina con un chorreo de monedas, metáfora nada sutil pero muy acertada. Una peli muy convincente. ★★★½


CRÍTICA RONNIE: Cowboy de medianoche es la única cinta en toda la historia de los premios Óscar que ha recibido la estatuilla de mejor película siendo clasificada X debido a los temas que plantea. No es que hoy en día dichos temas sean fáciles de contar, pero, para la época en la que esta cinta vio la luz, era valiente hablar de la pérdida de la inocencia y de la necesidad de afecto, incluso con una persona de tu mismo sexo. Jon Voight, un lavaplatos tejano, sale de su pueblo un día a buscar fortuna, con su cuerpo como medio de explotación y lucro, pero pronto descubre que en la gran ciudad no será otra cosa más que un paria de la sociedad, un rechazado; y ahí, entre los de sus clase, se encuentra con Dustin Hoffman, un estafador de cuarta, un ratero que muere de tuberculosis. Entre ambos personajes maltrechos surge una amistad “esperanzadora” que lastima a la audiencia por su profunda sinceridad como crítica social. La cinta trasciende la esencia de lo que vemos en pantalla: ya no sólo se trata de hablar del sexo por dinero o los estereotipos del bajo mundo, sino de hablar del aprendizaje por el que todos caminamos, sobreviviendo en territorio hostil, donde todo tiene un precio. ★★★½

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★★ 

miércoles, 13 de julio de 2016

CRÍTICA | VÉRTIGO (DE ENTRE LOS MUERTOS), de Alfred Hitchcock


VÉRTIGO (DE ENTRE LOS MUERTOS), de Alfred Hitchcock
2 nominaciones al Óscar. 2 premios Festival de San Sebastián: mejor director y actor protagonista
EE. UU., 1958. Dirección: Alfred Hitchcock Guión: Alec Coppel y Samuel Taylor, a partir de la novela de Pierre Boileau y Thomas Narcejac Fotografía: Robert Burks Música: Bernard Herrmann Reparto: James Stewart, Kim Novak, Henry Jones, Barbara Bel Geddes, Tom Helmore, Raymond Bailey, Ellen Corby, Lee Patrick Género: Intriga. Thriller psicológico Duración: 125 min. Tráiler: Link Elección de Guillermo Navarro
¿De qué va?: Scottie es un detective que, tras una misión, empieza a sufrir vértigo. En pleno proceso de recuperación, un compañero solicita sus servicios para que investigue a su esposa, una bella mujer obsesionada con el mundo de los muertos.


CRÍTICA RONNIE: Con esta película Alfred Hitchcock creó escuela para las subsecuentes cintas que aspiraron a lograr algo en lo que a giros argumentales y exposiciones de thriller psicológico se refiere. Vértigo es una cinta que genera ansiedad en el espectador debido a su acelerado metraje y a un relato que retrata una obsesión enfermiza en una realidad que se diluye en perfecta armonía gracias a la obsesiva precisión de su realizador, quien construye una espiral por demás complicada. Donde claramente unos vemos “maestría cinematográfica” otros ven una clara referencia a perversiones sociales muy explicitas, pero díganme ustedes cual es la finalidad del cine si no esa: construir puentes de dialogo entre el público. Bernard Herrmann crea una partitura magistral que ayuda a la perfección con la ambientación que la cinta quiere lograr, la fotografía de Robert Burks junto con los créditos de entrada y salida son logros técnicos dignos de admirar y al propio protagonista James Stewart quien entrega una actuación de altura se lo come vivo esa femme fatale de nombre Kim Novak, actriz que nunca volvería a tener un papel de esta magnitud en toda su carrera. La escena del beso y la escena del campanarios son de aquellas escenas épicas que forman parte del colectivo cultural de una época y que se vuelven imborrables en la mente de cualquier cinéfilo. ★★★★


CRÍTICA XAVIER: Vértigo se ha convertido en un clásico intocable del séptimo arte. Poco puede aportarse a todo lo dicho y escrito sobre la película más citada de Hitchcock, casi un género en sí misma tanto por su ética como por su estética. Cada plano del film es un ejercicio de buen gusto y de simetría. Su trama despliega un cuento de amores, espectros y obsesiones varias. Por eso, lo novedoso tal vez sea destacar qué aspectos me gustan menos de la cinta, asumiendo que "no gustar" no quiere decir "disgustar". James Stewart ofrece bajo mi punto de vista una interpretación bastante plana en un ejemplo evidente de que los actores no sólo dependen de su talento sino del ingenio de quien los dirige (ese último aspecto salva a Stewart). Hitchcock ofrece algunas escenas memorables, pero también presenta algunos subrayados un tanto innecesarios (cito dos casos: el beso con el mar picado de fondo, una enfatización gratuita de la culminación del deseo; y la carta que escribe la protagonista tras "el flashback decisivo", una floritura teatral cuya única función es esclarecer dudas a los espectadores menos atentos). De hecho, confieso que de Vértigo me interesa más su perfección formal, incluyendo aquí todos sus momentos de psicodelia pesadillesca, que su romance de ultratumba (será que veo la película con ojos del S. XXI y parte de su discurso amoroso me resulta un poco naïf). Me quedo, como ya os podréis imaginar, con la Rebeca que ganó el Óscar y el Cinoscar Summer Festival de hace ahora dos ediciones. Con todo, una película digna de estudio. ★★★★


CRÍTICA ISIDRO: Hace unos años solía ser un bloguero con un blog de cine que medio actualizaba de vez en cuando. Nunca fui constante ni lo que escribía era bueno, pero a mí me tenía entretenido. Una de las secciones que me inventé, hace ocho años, fue la de “Las 7 aparentemente magníficas”, una selección de siete películas consideradas obras maestras por la comunidad cinéfila, como El padrino o Annie Hall, que durante una semana me propondría ver y reseñar. Y al final de cada reseña terminaría con una frase sentenciosa juzgando si realmente era magnífica o no. El ejemplo de mi constancia y compromiso está en que de siete que elegí vi solo cinco y escribí sobre cuatro. El caso es que una de esas siete era Vértigo, uno de los grandes clásicos del maestro del suspense, Alfred Hitchcock. Me hace gracia releer aquellas críticas de mierda (sí, he llegado a escribir peor) de cinéfilo de pacotilla que por haber visto Psicosis ya se creía un erudito. La crítica a Vértigo era una retahíla de bilis rabiosa porque, aunque me pareció buena, no era mejor que Psicosis. Qué niñatillo era. Intentaba argumentar mi opinión amparándome en que en la segunda mitad de la película se perdía algo del ritmo y la tensión generada en la primera parte, y en que el final era muy "catapún de catapún". Vista ahora con los huevos más negros sigo creyendo que el final es demasiado "catapún", pero le pillo más la gracia al juego de identidades y fantasmas que se monta el tito Alfredo. Porque eso es lo que hacía Hitchcock, jugar con sus personajes y jugar con sus espectadores, y por tanto, hacérnoslo pasar en grande. Ahora no escribiré mejores reseñas, pero al menos sí me he dado cuenta de que Vértigo sí es magnífica. ★★★★

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★★ 

lunes, 4 de julio de 2016

CRÍTICA | FRESAS SALVAJES (SMULTRONSTÄLLET), de Ingmar Bergman


FRESAS SALVAJES (SMULTRONSTÄLLET), de Ingmar Bergman
Oso del oro del Festival de Berlín. Globo de oro a la mejor película extranjera. Nominación al Óscar al mejor guión original
Suecia, 1957. Dirección y guión: Ingmar Bergman Música: Erik Nordgren Fotografía: Gunnar Fischer Reparto: Victor Sjöström, Bibi Andersson, Ingrid Thulin, Gunnar Björnstrand, Folke Sundquist, Björn Bjelvenstam, Naima Wifstrand, Jullan Kindahl, Max von Sydow, Åke Fridell Género: Drama Duración: 90 min. Tráiler: Link Elección de Atticus Cabiria 
¿De qué va?: El día que va a recibir una condecoración honorífica por su universidad, el profesor y médico Borg inicia un viaje en coche con su nueva y distintos personajes. Entre parada y parada, el hombre, ya en su vejez, recordará pasajes de su vida.


CRÍTICA ISIDRO: A Isak, un médico jubilado, le da por soñar y recordar otros tiempos durante el trayecto en coche a la ciudad en cuya universidad le van a otorgar el título de doctor honoris causa. De camino para en la casa de su infancia y se acerca al arbusto del que nacen las fresas silvestres y, cual Cuervo de Tres Ojos arrimado a un arciano, viaja al pasado para ver a una rubia pava diciendo que le pone bruta el hermano del Isak y a un par de gemelas que dan más yuyu que las de El resplandor. Vamos, que el viejo en verdad es Bran Stark. Y ya para rematar la gracia juegotronística, encima sale Max Von Sydow haciendo de gasolinero en una escenilla suelta. Con Bergman tengo unas expectativas altas siempre. Tengo poco catada su filmografía pero en mi mente es un cineasta sin tacha. El séptimo sello estuvo guay porque, aunque tenía un alto contenido alegórico que por momentos se me escapaba, tenía sentido del humor. Con estas fresas salvajes, en cambio, me cuesta conectar. Los dilemas existencialistas del viejo me acaban dando un poco igual y me entran ganas de matar al trío de autoestopistas discutiendo por la existencia de dios, aunque se nota que hay oficio e ideas interesantes. O será que me gustan más las mandarinas. ★★★

CRÍTICA ALBERTO: Si uno analiza detenidamente la excelsa obra de este gran maestro sueco, podrá comprobar lo que es vertebrar una auténtica obra de arte. Bergman lo consiguió de forma sublime: todas y cada de sus películas son extraordinarios ejemplos de narración y buena técnica, al servicio de derivaciones complejas, y sin olvidar nunca la belleza estética del envoltorio. En Fresas salvajes hay un retorno constante en su obra: el deambular sobre la muerte y sobre el recuerdo de lo perdido. Dentro de un plano de asimilación receptiva, este film alcanza un dulce consenso, quizás por la suavidad de sus formas, por la sutileza de sus metáforas o simplemente porque su historia, independientemente de rupturas, encuentra un nexo bastante cercano con quien la disfruta. Así es, Fresas salvajes obtuvo la privilegiada posición del que atendiendo a la vanguardia obtiene el beneplácito del público. La película es un absoluto manjar de referencias, una epopeya llena de metáforas y un libro abierto para entender la psicología humana. Bergman, a través del retorno triste, perfila el cántico más efusivo a la vida y lo hace con decisión, con aplomo y con una maestría pocas veces visitada en toda la historia del cine. Tampoco podemos olvidarnos de la envolvente atmósfera que duplica las posibilidades de un discurso tan bien trabado, y que se acoge a la brillantez del ejercicio visual. Estas piezas encajan bajo una naturalidad apabullante y nos dejan un cuento repleto de genialidades sentenciando lo ya sabido: la maestría absoluta del mejor director de la historia del cine. ★★★★★


CRÍTICA KOSTI: Ingmar Bergman firma con Fresas salvajes una road movie existencialista. Nos invita a un viaje acompañando al profesor Borg, quien va a ser homenajeado por su trabajo, en el que descubrimos su pasado, que ha marcado su presente y la vida que va recordando con retazos que su gastada memoria consigue dibujar. En este particular viaje podemos disfrutar de la mirada y la profundidad existencial de Victor Sjöström, quien con su eterna serenidad comparte sus recuerdos de juventud y sus preocupaciones oníricas. Sjöström nos regala una interpretación tan sencilla como profunda, con una excelente réplica por parte de quien interpreta a su nuera, Bibi Anderssen. Es importante resaltar también la dualidad vida y muerte que Bergman desarrolla. En sus sueños, el profesor Borg asiste a su propia muerte, a la de su yo asocial y perturbado. Sin embargo, en sus recuerdos, vemos a un joven lleno de vida, preparado para las experiencias que le deparan la vida, y entre ellos ese amor pasional aunque platónico, inalcanzable y que deja huella hasta el punto de amargar esos recuerdos, dejando el resto de su vida en un trance agridulce. Este desarrollo filosófico y narrativo que hace Bergman está perfectamente en sintonía con su desarrollo técnico, que acompaña a la serenidad de su principal personaje. Una obra reflexiva y muy bien rodada que deja un poso agridulce que perdura en la memoria después del primer visionado. ★★★½

CRÍTICA RONNIE: Bergman concibió el guion de esta cinta durante su estancia en una clínica a la que acudió a revisiones generales, y en un momento de su vida en el que su matrimonio había fracasado, lo cual le llevó a vivir en una soledad deliberada. Estas experiencias de una u otra forma quedaron plasmadas en su cinta Fresas salvajes. Isak Borg es una alter ego del propio Bergman, una apariencia de lo que en sí mismo representa. Un viaje que se vuelve metafórico e inquietante y tan revelador como quisiéramos verle. Los flancos fuertes de este material están en el guión onírico y poético, su nostálgica fotografía blanco y negro, así como el loable trabajo de Victor Sjöström, dando vida a un médico éticamente intachable, querido y respetado pero moralmente destruido. Sjöström logró el premio a la mejor interpretación en el Festival de Berlín de 1958, un reconocimiento a su gran trabajo bajo las órdenes de Bergman. Fresas salvajes se vuelve así una guía para el entendimiento de la vejez: todos tenemos el poder de reconstruir nuestras propias vidas una vez que hagamos esa minuciosa revisión que postergamos por el fin de los tiempos. ★★★★½


CRÍTICA XAVIER: Fresas salvajes es una de las grandes películas de Bergman. Sorprende saber que el sueco rodó casi a la vez ésta y El séptimo sello. También que, sin llegar a los cuarenta años, fuera capaz de filmar una historia que sabe a road movie crepuscular, a ocaso anticipado. Fresas salvajes, con todos sus recuerdos, sus espectros y sus símbolos, sigue resultando una película moderna, abierta a múltiples lecturas. Un Bergman fiel a sus obsesiones, de rictus severo y con elementos novelescos y telúricos. Una cinta tan personal que es una pena que no llegue a contagiar al espectador la emoción que invade a su personaje. A Bergman le falta sentido del humor (la tragedia, aunque no lo parezca, también necesita momentos de distensión) y le sobra un poco de pedantería. La manía bergmaniana de que "todo signifique" recarga una historia que pedía a gritos menos peroratas y mayor contención. A ello también contribuye el perfil mezquino de casi todos sus personajes: algunas escenas transmiten una hostilidad que no termina de integrarse con la placidez y el onirismo de otros fotogramas. Con todo, es innegable que Bergman captura la belleza y la tristeza de Isaak, alter ego del propio director. Un film que, a título personal, convence más por sus silencios que por sus palabras. Un contraste notable entre la vida y la muerte, el sueño y la vigilia, el amor y el desamor, la familia y el desapego, el pasado y el presente. Bergman en estado puro, con todo lo bueno y lo malo que esto implica. ★★★½

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★★ 

sábado, 2 de julio de 2016

CRÍTICA | LA GATA SOBRE EL TEJADO DE ZINC, de Richard Brooks


LA GATA SOBRE EL TEJADO DE ZINC, de Richard Brooks
6 nominaciones al Óscar y 3 al Bafta, incluyendo mejor película
EE. UU., 1958. Dirección: Richard Brooks Guión: Richard Brooks y James Poe, a partir de la obra de Tennessee Williams Fotografía: William Daniels Música: Charles Wolcott Reparto: Elizabeth Taylor, Paul Newman, Burl Ives, Jack Carson, Judith Anderson, Madeleine Sherwood, Larry Gates, Vaughn Taylor Género: Drama Duración: 105 min. Elección de Xavier Llobet
¿De qué va?: En un ambiente de calor, secretismo y tensión, una familia acomodada se reúne ante el inminente fallecimiento del patriarca. Brick, el hijo más rebelde, y su mujer, la voluptuosa Maggie, serán los grandes protagonistas de una velada en la que cada personaje dejará sus miserias al descubierto.


CRÍTICA XAVIER: De las numerosas adaptaciones cinematográficas que ha conocido la obra de Tennesse Williams, La gata sobre el tejado de zinc es, con el permiso de Un tranvía llamado deseo, la más popular y seguramente la más notable. Sus cifras hablan por sí solas: 6 nominaciones al Óscar, éxito de taquilla indiscutible y clásico del séptimo arte. Medio siglo después de su lanzamiento, la película sigue siendo un estudio sobre las relaciones familiares y el lado oscuro que todos llevamos dentro. Los personajes hablan, se lanzan reproches y llegan a la catarsis a través del diálogo. Nada es obvio, todas sus criaturas son víctimas y verdugos, y el conjunto mantiene una carga provocadora (verbal, sensual) que violenta al espectador. Además, Brooks redondea una obra de espíritu teatral con nutridos símbolos (la tormenta que azota el exterior de la casa en el momento de mayor intensidad dramática, sólo por citar el más obvio) y un elenco de actores excelente. De este drama sureño, al que la censura de su tiempo quitó en España el adjetivo "caliente" del título, resta el atractivo de Taylor y Newman, su cruce de miradas y su relación de amor-odio contenido. En la actualidad hemos tenido grandes películas sobre la familia, algunas tan claustrofóbicas como Celebración y Agosto, pero es de justicia señalar que todas ellas, en mayor o menor medida, beben del trabajo de Williams y Brooks. Una película elegante y lacerante. ★★★★ 

CRÍTICA ALBERTO: La revisión de uno de los clásicos más sonados de la historia del cine nos abre la veda para equilibrar las virtudes y defectos de un discurso a veces un poco endiosado. Sin desmerecer la gustosa paleta de opciones, este film de un inspirado Richard Brooks nos cristaliza la necesidad de ser justos con la pomposidad sobrevalorada de la gran industria. Esta película, a pesar de su cuidados diálogos, la lograda puesta en escena y la brillante pareja protagonista, peca de oportunismo y repetición. Las fórmulas de escape son demasiado fáciles y el público lo sabe, a pesar de la solidez de la propuesta. Parece que la senda de lo intocable ondea sobre muchos clásicos norteamericanos y no hay que miedo de ser capaces de rebajar sus opciones y afrontar la certeza de que son más imperfectos de lo que aparentan ser. ★★★½


CRÍTICA ISIDRO: Elizabeth Taylor y su marido, sus cuñados y los hijos de estos esperan el regreso de Big Daddy, el abuelo de la familia. Todos conviven bajo el techo de la mansión sureña del gordo ricachón en vistas a celebrar su cumpleaños con las buenas noticias de que sus problemas médicos, que lo amenazaban con la muerte, han quedado en un simple colon irritable. En este contexto, nada más empezar, uno de los sobrinos políticos de la Eli le tira una bola de helado a los pies. La Eli le responde refregándole otra en toda la cara. Zas. Con esto tengo claro ya una cosa: La gata sobre el tejado de zinc no es el típico drama mojigato de Hollywood: tiene mala leche. No nos engañemos, no está exenta de cierto rollo teatrero y es "bienqueda" hasta el pelo de la Taylor que vuelve a estar excelentemente peinado un minuto después de que le llueva medio Katrina, pero sabe manejar un excelente juego de desprecios, mentiras y reproches, de ironías, retintines y besos envenenados lanzados al aire. Es la hipocresía de un estilo de vida caduco la que irrita los cólones de la gente. Y yo me lo paso pipa con Paul Newman pegando muletazos a todo el que se le arrima o con la vieja revenida diciendo que no confía en la gente que no bebe. Un pasote. ★★★½

CRÍTICA KOSTI: Cuando juntas un reparto portentoso, la prodigiosa pluma de Tennessee Williams y una teatralidad con muy buen gusto se consigue una película de lujo. La gata sobre el tejado de zinc es una representación de la familia y el dolor, una historia reflexiva que habla más por lo que deja intuir que por las palabras que se escuchan. El dolor aparece enseguida como el motor que impulsa a los personajes. El primero, el dolor absoluto, ese que deja tocados mente y cuerpo. Brick, un brillante Paul Newman, se nos presenta como un hombre roto, machacado por un pasado que impidió un mejor futuro. Y esa incógnita es la que nos va a dejar interpretar a los personajes, llevándonos por la senda de la imaginación e incluso de la experiencia personal. Es fácil dejarse llevar, y perderse entre las mil y una posibilidades del dolor de Brick. Por si fuera poco, aparece el dolor sentimental, el de Maggie, con una poderosa interpretación de Elizabeth Taylor. El rechazo que la situación de Brick está suponiendo para ella, lleva a despertar la pasión de Maggie, una pasión dolorosa que no encuentra consuelo. Y la situación familiar no ayuda, brindándonos uno de los planteles de secundario más fascinante, ya sea para bien o para mal. En el “pequeño” escenario del hogar, se respira la tensión y la amargura de las relaciones hechas añicos. Ese escenario ayuda a dar más dramatismo e intensidad a unos diálogos de por sí poderosos, un escenario que respira esa tensión y dolor del que se nutre esa gata entregada por el amor de un marido receloso, que está de uñas, y una familia donde reina la desconfianza. Un desarrollo magistral para una historia que atrapa y sorprende. ★★★★ 


CRÍTICA RONNIE: El texto está basado en una obra de Tennesse Williams ganadora del Pulitzer, la que el autor consideraba de sus favoritas. Esta adaptación bajo el mando de Richard Brooks tuvo un grato recibimiento por parte de público y crítica especializada, especialmente por lo que respecta a sus dos protagonistas, una exuberante, sensual, bella y talentosa Elizabeth Taylor como la abnegada esposa que lucha por salvar su agonizante matrimonio, y un alcohólico y frustrado Paul Newman como el esposo que desprecia a la mujer que lo ha dado todo por él. Ambos intérpretes logran una química envidiable en pantalla, leyendas de la actuación mundial, que aquí vemos en pleno uso de todas sus facultades artísticas en un drama donde los deseos reprimidos, los rencores y las envidias se vuelven el contexto de una familia sureña. El resto del elenco logra un trabajo más que notable dando vida a las mentiras y traiciones que le dan énfasis a la historia. Brooks se luce con una fluida dirección con un ritmo envidiable que va in crescendo con unos diálogos exquisitos, la adaptación del teatro al cine resulta una transición bien cuidada y no resulta para nada forzada. ★★★★½

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★★

miércoles, 29 de junio de 2016

CRÍTICA | REPULSIÓN, de Roman Polanski


REPULSIÓN (REPULSION), de Roman Polanski
Oso de Plata y Premio Fipresci del Festival de Berlín. Nominada al Bafta a la mejor fotografía
Reino Unido, 1965. Dirección: Roman Polanski Guión: Gérard y Roman Polanski Fotografía: Gilbert Taylor Música: Chico Hamilton Reparto: Catherine Deneuve, Ian Hendry, Patrick Wymark, John Fraser, Yvonne Furneaux, Valerie Taylor, James Villiers, Helen Fraser, Renee Houston Género: Thriller psicológico Duración: 105 min. Tráiler: Link Elección de Jesús Onieva
¿De qué va?: Carol es una esteticista muy guapa, de aspecto frágil y carácter distraído. Vive en el piso de su hermana, una chica que mantiene una relación con un hombre casado. Por su parte, Carol tiene novio, pero siente una extraña animadversión hacia el género masculino. Sus fobias se acrecientan cuando la joven se quede sola durante unos días en el apartamento de su hermana.


CRÍTICA KOSTI: Antes de que David Lynch perfeccionara el género, Polanski ya daba clases magistrales de cine de terror psicológico con los toques de surrealismo que autores como Buñuel ya habían esbozado con anterioridad. Con Repulsión, Polanski nos presenta el terror de vivir encerrado en la mente de una muchacha con auténtica fobia al contacto con hombres. Catherine Deneuve da una muestra de sus dotes interpretativas haciéndonos una visita guiada por su lúgubre apartamento, que se convierte en su cárcel de horror. Polanski da vida al escenario, convirtiéndolo en la mente atormentada de Carol. Se intuye un pasado traumático, experiencias que han marcado su repulsión hacia los hombres. Polanski (y Carol) los dibuja como auténticos seres lascivos, retorcidos y violentos, y la mente de Carol comienza a jugarle muy malas pasadas, auspiciada por la claustrofóbica jaula en la que se transforma su triste apartamento. Ahí la fotografía en blanco y negro y el juego de texturas hacen el resto, trasladando el horror al espectador. Catherine Deneuve, por su parte, refleja en su rostro la pesadilla que está viviendo, una simbiosis completa con su personaje, fundamental cuando hablamos de este género. Es una lástima que los árboles no me dejen ver el bosque de esta repulsión psicológica, a la que valoro en su justa medida sin ser uno de mis géneros predilectos. Prejuicios que dirían algunos, pero lo cierto es que la maestría de Polanski queda patente en toda manera, y termina uno con esa sensación de desasosiego, agobio y desgarrado por dentro, aunque su intención no sea la de comprender a Carol, sino la de sufrir con ella hasta su última expresión. ★★★½

CRÍTICA RONNIE: Polanski consigue una cinta demencial en la que Catherine Deneuve entrega una de las mejores actuaciones de su carrera. Su Carol Ledoux es completamente fascinante con sus alucinaciones, la confusión de sus sórdidas realidades y su creciente nivel de esquizofrenia. Esta es la primera parte de la "trilogía del departamento" realizada por el director y es su primera cinta en inglés, y demuestra cómo un relato asfixiante puede atraparnos dentro de ese terror psicológico que tanto nos gusta. Una película imprescindible para entender el marco teórico de nuevos thrillers psicológicos como Cisne negro de Aronosfky. En los apartados técnicos, la fotografía en claroscuros juega con las sombras para representar ambientes de tensión e incertidumbre junto con unos escalofriantes acordes a cargo de Chico Hamilton y el montaje surrealista de Alastair McIntyre. El conjunto logra por completo su cometido gracias a un realizador que no se empequeñece ante el reto de facturar un magnifico film de estilo propio y calidad innegable. ★★★★½


CRÍTICA XAVIER: Repulsión, una de las mejores películas de Roman Polanski, convierte la aversión de su protagonista por "el hombre" en el hilo conductor de un cuento de terror onírico. El director polaco, influido por Buñuel y su surrealismo, despliega un universo de símbolos que acaban taladrando el subconsciente del espectador. Deneuve, con el porte rubio y frío que la ha convertido en leyenda, pasea errática por un Londres amenazador, mientras que su estancia en el piso de su hermana terminará resultando una experiencia la mar de claustrofóbica. Polanski nunca fuerza los recursos propios del terror: de ahí que la atmósfera de Repulsión resulte tan física como etérea, tan difícil de explicar como, desde la butaca, tan fácil de sentir-sufrir. La historia tampoco se entretiene en detallarnos el pasado del personaje, y a la vez da la sensación de que todo queda explicado, de nuevo mediante la técnica del símbolo o la relación de conceptos (véase la fotografía infantil, el convento cercano a la casa o el conejo putrefacto). Tanto si se interpreta como la historia de una niña superada por el mundo de los adultos o de una mujer que es incapaz de desasirse de su virginidad, Repulsión se impone como referente de su género. Todo en ella resulta cierto y al mismo tiempo extraño. También actual, porque su discurso sobre el culto a la belleza, las relaciones extramatrimoniales y las referencias sexuales, así como el retrato de una sociedad que esconde sus enfermedades entre cuatro paredes, tiene más sentido todavía en pleno 2016. Clásico indiscutible. ★★★★

CRÍTICA ALBERTO: Es indudable el enorme sello que el realizador polaco Roman Polanski ha imprimido a la cinematografía mundial, ya que aunque su versatilidad queda latente en su exquisita filmografía, su gran dominio en el campo del terror-thriller, y su habilidosa capacidad para crear atmósferas de fuerte entidad, le han posibilitado articular un discurso muy personal. En Repulsión, quizás uno de sus films menos explotados públicamente, pero de una riqueza y una expresividad únicas, se vertebra una atmósfera desasosegante en la que las aristas de la sexualidad planean sobre un concepto oscurantista sobre nuestros miedos más feroces. Si uno consigue establecer posiciones sólidas sobre el imponente lenguaje que maneja la cinta a veces abocada a cierta abstracción, admirará las entrañas de un discurso que en sus complejidades descifra bastantes enigmas culturales. Por otro lado, hay que advertir la presencia incendiaria de Catherine Deneuve, que con su magnética composición congela todas las miradas. Miradas que se pierden, en el buen sentido, en ese umbral entre bello y terrorífico que te permite navegar como si en una pesadilla “dalidiana” o “buñueliana” te encontraras. Sintetizando, film de artefactos expresivos incontestables. ★★★★


CRÍTICA ISIDRO: Catherine Deneuve de joven, o Salma Hayek en rubia, hace de muchacha belga que vive con su hermana en Londres. Trabaja en un salón de belleza cortando uñas y es una mojigata de la vida con mirada perdida. Carol, que así se llama la moza, sufre de misandria, odio, aversión, rechazo, repulsión o repugnancia a los seres humanos con pito. Esta misandria (del griego μῖσος, μῖσους, odio, y ἀνήρ, ἀνδρός, varón: que se noten los seis años de griego) le hace rechazar a todo macho que se le acerque, desde el mozo que la pretende hasta el amante de su hermana que invade su hogar cada vez que chingan. Pero a pesar de ello, no está exenta de deseo sexual por los hombres, por lo que acaba por no tener otra salida más que la locura. Y todo esto, según se sugiere, con gran sutileza, le viene de un trauma infantil. Si no es tema esto para que Polanski, el maestro del terror psicológico, te saque de ahí un peliculón, no es tema para nadie. El tío te muestra progresivamente el desgaste mental de la protagonista con pasajes oníricos y surrealistas y conejos muertos y putrefactos hasta que a la rubia le da por empezar a utilizar el pincho. No es redonda, pero para ser un Polanski primerizo ya tiene toda su potencia. Una chulada. ★★★½

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★★ 

martes, 21 de junio de 2016

CRÍTICA | HARAKIRI (SEPPUKU), de Masaki Kobayashi

 

HARAKIRI (SEPPUKU), de Masaki Kobayashi
Premio Especial del Jurado del Festival de Cannes 1962
Japón, 1962. Dirección: Masaki Kobayashi Guión: Shinobu Hashimoto, a partir de la novela de Yasuhiro Takiguchi Fotografía: Yoshio Miyajima Música: Tôru Takemitsu Reparto: Tatsuya Nakadai, Rentarô Mikuni, Akira Ishihama, Shima Iwashita, Tetsurô Tanba, Masao Mishima, Ichirô Nakatani, Kei Satô, Yoshio Inaba, Hisashi Igawa, Tôru Takeuchi, Yoshirô Aoki, Tatsuo Matsumura, Akiji Kobayashi, Kôichi Hayashi, Ryûtarô Gomi, Jô Azumi, Nakajirô Tomita, Shichisaburô Amatsu, Kenzô Tanaka, Shin Nakahara, Tsuneo Ikeda, Minoru Miyagi, Takaaki Kadota, Satoshi Nishida, Tetsurô Komiyama, Shûichirô Narita, Noboru Kasuga Género: Drama. Samurais Duración: 130 min. Tráiler: Link Elección de Álvaro Úbeda
¿De qué va?: Tras unos años de pobreza y desamparo, un samurai sin amo acude a la casa de un poderoso clan para acogerse al ritual del harakiri. La propuesta genera ciertas suspicacias en el regente del lugar, ya que tiempo atrás un joven samurai se quitó la vida de la misma manera que desea el recién llegado. La coincidencia encuentra su verdadero significado cuando el hombre, antes de darse muerte, cuenta la historia de su vida.


CRÍTICA ISIDRO: En una época de paz en el Japón del siglo XVII, los samuráis empobrecidos acuden a los castillos para chantajear a los señores feudales: si no reciben limosna, se abrirán las tripas en canal delante de sus puertas. Tsugumo, en cambio, solicita el seppuku para poder recibir una muerte digna de un samurái, no sin antes contar su historia. En Harakiri (Seppuku), Kobayashi realiza toda una vivisección del código de honor del guerrero, cuya incoherencia deshumanizadora queda a la vista aún más al ambientarse en un periodo sin conflictos bélicos: el honor del guerrero está unido a la lucha, y si no puede luchar, ha de morir. Pero cuanto más insisten los poderosos en el seguimiento de ese código, más se permiten subvertirlo a su antojo: Kobayashi, pues, realiza tanto una crítica del dogma como de la hipocresía de quienes lo promulgan. Y todo presentado con una elegancia superlativa en cuanto a encuadres y movimientos de cámara, con un expresivo blanco y negro y con un hábil uso del flashback que permite jugar con las expectativas argumentales. De no ser porque en algún plano se le ha visto el cartón a las pelucas me creería si me dijeran que la rodaron anteayer. Vamos, me ha parecido un auténtico pasote, a mí, que creía que me aburriría tanto que acabaría practicándome el harakiri no ya con espadas de acero, ni siquiera de bambú, sino con las de plástico malo que venden en las ferias. Magistral. ★★★★½


CRÍTICA RONNIE: Kobayashi logra con Harakiri (Seppuku) un sombrío relato de fuerza y honor, y realiza una epopeya épica que se vuelve atemporal. Por si no se han dado cuenta, esa es una de las características que busco en este festival: encontrarme con esas joyas del cine que no pierden vigencia y que deslumbran más que cuando fueron presentadas al mundo. Harakiri (Seppuku) cuenta con un argumento insuperable y un reparto que entrega actuaciones precisas que destacan entre las mejores de este festival. Yoshio Miyajima realiza uno de los mejores trabajos de fotografía en blanco y negro que yo recuerde; los claroscuros utilizados en las escenas de esta película son una verdadera delicia. Bueno, no hace falta más para que sepan que me ha gustado la película de Kobayashi, el cine nipón suelo consumirlo solo con sus representaciones animadas y de vez en cuando es refrescante expandir la mente a trabajos artísticos de diferente factura a los acostumbrados. La escena del duelo en medio del viento me ha resultado poéticamente hermosa. ★★★★★

CRÍTICA XAVIER: Harakiri (Seppuku), sin ser la mejor película sobre el estamento samurai, sí es con toda seguridad la que ofrece una visión más desangelada de los guerreros del antiguo Japón. Estructurada como un Shakespeare nipón, con una tensión que se corta con el filo de la katana más delgada, Harakiri (Seppuku) es un ejercicio de belleza cinematográfica y narrativa: la elocuencia de sus personajes, la cuidada fotografía y los constantes giros de guión ofrecen una de las experiencias más claustrofóbicas que se recuerden. Kobayashi apela a la tradición samurai y al film de venganza para dejar a la superficie las falsas apariencias de una sociedad que se resquebraja. Su discurso sobre el honor y la miseria es apasionante: ¿hay algo de honorable en la miseria?, ¿puede conservarse la honorabilidad cuando no se tiene nada?, ¿hasta qué punto el recato puede convivir con la necesidad?, ¿puede defenderse el harakiri como máxima expresión de honor cuando ya no se tiene nadie a quien servir?, ¿la servidumbre implica fidelidad y silencio, sin cuestionamientos de por medio? Como dice el protagonista durante su ceremonia de despedida: Honorable señor: ¿por qué habláis tanto? ¿por qué tanta formalidad? Y en el fondo, el abuso de la palabra y la parsimonia propia del cine asiático restan potencia, que no brutalidad ni ideas, a este Harakiri (Seppuku) de cine superlativo. Una de las grandes películas del festival. ★★★★


CRÍTICA ALBERTO: Las repercusiones éticas de la nueva ola del cine japonés y de autores de gran magnificencia como Kurosawa trajo una serie de exploraciones sobre la verdad del ser humano a través de ejercicios muy diversos e interesantes. Obras de rica apariencia formal, con abundante uso de metáforas y con un complejo mensaje que aborda cuestiones culturales y existenciales. La película de Kobayashi que consagra esta tendencia, ejemplifica el claro hundimiento de la dignidad humana por el quebramiento de los sistemas establecidos y antoja la muerte como una vía resolutiva. Es admirable el ensamblaje de las piezas y la forma de plantear la dialéctica del discurso, así como el rico entramado formal que refuerza las posiciones adquiridas. La hipnótica rueda de metáforas y entresijos deja entrever la levedad del ser humano y sus claras carencias, y vertebra un ejercicio que, aunque a veces puede caer en cierta pedantería, es admirable por sus logros envidiables para edificar una muestra muy notable sobre las derivas existenciales, en comunión con un auténtico ejercicio de estilo. ★★★★

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★★½

martes, 7 de junio de 2016

CRÍTICA | VÁMONOS CON PANCHO VILLA!, de Fernando de Fuentes


VÁMONOS CON PANCHO VILLA!, de Fernando de Fuentes
México, 1936. Dirección: Fernando de Fuentes Guión: Fernando de Fuentes y Xavier Villaurrutia, a partir de la novela homónima de Rafael F. Muñoz Fotografía: Jack Draper y Gabriel Figueroa Música: Silvestre Revueltas Reparto: Antonio R. Frausto, Domingo Soler, Manuel Tamés, Ramón Vallarino, Carlos López 'Chaflán', Raúl de Anda, Rafael F. Muñoz, Alfonso Sánchez Tello Género: Drama bélico Duración: 90 min. Tráiler: Link Elección de Benjamín Martínez 
¿De qué va?: Un grupo de campesinos se une al ejército de Pancho Villa. La revolución se dilata durante mucho tiempo, y los hombres van perdiendo el entusiasmo idealista del primer día para dar paso al desencanto.


CRÍTICA ISIDRO: Un grupo de campesinos decide unirse a la revolución mexicana hartos de la situación y deseosos de demostrar su compromiso y valentía. Se hacen llamar los leones de San Pablo. Los lidera Pancho Villa, pero bien podría ser Maxi de La que se avecina: “¿Qué somos? ¿Leones o huevones?”, “Leoooneeees”. Qué machos, que quieren morir peleando para complacer a don Pancho Villa, güey. Al principio el retrato del conflicto es bastante inocentón y superficial, con esas secuencias bélicas no del todo convincentes pero que tienen toda la gracia del mundo entre chumberas y musiquilla mariachi, y en realidad no terminas de entender la causa (quizá porque desconozco demasiado la historia reciente de México) ni sus motivaciones ni mucho menos su adoración ciega por el líder revolucionario, amado Pancho. Conforme se acerca al final entran en escena lecturas más interesantes, se cuestiona ese fanatismo y ese luchar por luchar más que por la causa en sí. Me gusta que opte por este camino más crítico y reflexivo, pero la reflexión también llega de manera inocentona y superficial, y es que Tiburcio es más tonto que una loma, y esas tres escenas clave que marcan este cambio (el ahorcamiento, la “ruleta mexicana” y el final) quedan aguadas porque, básicamente, Tiburcio es gilipollas. Como decía Panzón: “¡vaya y coma alfalfa!”. Pero bueno, en realidad me parece una obra estimable. Al menos ha merecido la pena por escuchar la letra alternativa a La cucaracha: “la cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar, porque no tiene, porque le falta, marihuana que fumar”. Olé. ★★★

CRÍTICA KOSTI: La revolución mexicana con uno de sus personajes más icónicos. He alcanzado a ver pocas películas que traten este pedazo de la historia sin entrar en conflictos morales o partidistas. La historia que Fernando de Fuentes nos presenta no cuenta con buenos o malos, no se posiciona en ningún sentido, y esto lo deja claro ya desde el principio en su prólogo. Sólo le interesa mostrarnos la decisión y el destino de un grupo de amigos de una pequeña población mexicana que decide alistarse en las filas del conocido guerrillero Pancho Villa. Hasta ahí, todo normal. La historia es fluida, con una calidad técnica, artística e interpretativa bastante asequible, más si tenemos en cuenta que estamos hablando de mediados de los años 30, y se adapta bastante bien a la estructura clásica del cine. Cada escena se mueve con una introducción, un desarrollo y un desenlace dramático. En algunas encontramos hasta dos desenlaces. “Los leones de San Pablo” conforman un grupo poco ecléctico, pero bastante sólido, un grupo que va quedando mermado y a merced de los deseos de un líder despreocupado, trazado apenas con dos brochazos, poco desarrollado. Esa sencillez (que no simpleza, aunque en ocasiones se le acerca) es la que lleva a dibujar unos personajes apenas con un esbozo, y a otros con gran técnica y cuidado color. Al final resulta una película enriquecedora y dolorosa, pero sin llegar a calar en lo hondo, en el ánima de ese grupo desmembrado que no es capaz de ver el absurdo de su situación. ★★★


CRÍTICA RONNIE: Está considerada como la mejor película del cine mexicano, aunque difiero un poco. La historia nos lleva al terrible conflicto de la revolución en 1910, una cinta bien lograda que retrata una figura histórica, José Doroteo Arango Arámbula, Pancho Villa (un gran Domingo Soler), el héroe legendario por antonomasia. Pero se aleja de ese símbolo de rebelión al cual estamos tan acostumbrados, mostrando a un Villa autoritario más cercano a la figura del dictador que al del mecenas que el país necesitaba. Cabe recordar que el contexto histórico de nuestras raíces con el que estamos familiarizados no es más que simples interpretaciones que con el paso del tiempo van variando su veracidad. La película muestra a un Líder Revolucionario exigente y ¿sanguinario? Juzgue usted mismo. Los protagonistas solo son cuatro pequeños hombres que siguen a Villa y que representan a toda una nación en base a sus ideologías tanto individuales como grupales. A la fecha en que está realizada la cinta debemos recordar que existían una gran cantidad de limitaciones técnicas para lograr una producción en "regla", aunque a pesar de esa escasez, De Fuentes logró un ejercicio fílmico decente y audaz. No digo que no tenga sus problemas, en cuestión de iluminación principalmente, pero repito: es un ejercicio fílmico bastante decoroso para la industria cinematográfica de mi país y un documento histórico de visionado obligatorio. ★★★

CRÍTICA XAVIER: Para un español, es difícil hacer un juicio concienzudo de Vámonos con Pancho Villa! Primero, porque a duras penas tenemos datos sobre la Revolución Mexicana (quien escribe jura que ese capítulo no aparecía en los libros de Historia de ESO y Bachillerato). Segundo, porque tenemos poca información del cine mexicano de los años 30. Y tercero, porque las diferencias culturales pesan y no siempre apetece ver una película que se intuye tan lejana en el espacio y en el tiempo. Por todo lo dicho, intento reseñar el film de Fernando de Fuentes desde el respeto, sabiendo que puedo decir alguna que otra sandez. Y vuelvo a enumerar. Uno: el mayor elogio que puede recibir la cinta es que, para ser una producción de hace setenta años, cuenta con un empaque técnico envidiable. Dos: su acercamiento a la revolución va de la camaredería exaltada del inicio al desencanto de su lapidaria escena final, por lo que intuyo por su parte una capacidad crítica bastante valiente para su época.  Y tres: esquiva las debilidades del cine bélico panfletario (en España rodamos "eso" llamado Raza cinco años después: en la comparación, salimos perdiendo), aunque sus lecturas políticas y sociales pueden levantar ampollas (para eso se hizo el cine, así que ninguna queja al respecto). En definitiva, Vámonos con Pancho Villa! me parece una película notable, pero me sobran datos artísticos y extracinematográficos para valorarla en toda su dimensión. Prometo buscar información y revisionarla en un futuro. De momento, le concedo tres estrellas. ¡Que nadie abra fuego ni invoque a los ancestros guerrilleros de Pancho Villa, por favor! ★★★


CRÍTICA ALBERTO: Dentro de los ejercicios histórico,s en el séptimo arte es necesario realizar una escisión entre su valor inédito por funcionar como documentos que recogen total o parcialmente un hecho histórico de forma convincente y su valor cinematográfico. A veces las dos veredas se dan la mano, y otras no concuerdan. En este segundo grupo mantenemos la obra de Fernando de Fuentes, una película que, a pesar de su interesante mirada y su fuerte despliegue, se antoja muy rudimentaria. Cuesta empatizar, o simplemente contagiarse de algún atisbo de emoción, con una película que a pesar de sus dosis de acción se antoja bastante lineal. El interés de lo que ofrece al conocimiento de la historia está ahí, pero sus aportaciones cinematográficas no traspasan el umbral de la corrección, en una película que hoy permanece “imborrable” dentro de la historia del cine mexicano. ★★★

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★ 

lunes, 30 de mayo de 2016

CRÍTICA | ANNIE HALL, de Woody Allen

 
ANNIE HALL, de Woody Allen
5 Baftas y 4 Óscars, incluyendo premio a la mejor película. Globo de oro a la mejor actriz de comedia
EE. UU., 1977. Dirección: Woody Allen Guión: Woody Allen y Marshall Brickman Fotografía: Gordon Willis Música: VV. AA. Reparto: Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts, Carol Kane, Paul Simon, Janet Margolin, Shelley Duvall, Christopher Walken, Colleen Dewhurst, Sigourney Weaver Género: Comedia romántica Duración: 90 min. Tráiler: Link Elección de Pablo Amich
¿De qué va?: Alvy, un neurótico enamoradizo, hace balance de su vida. En ella, las mujeres, y especialmente Annie Hall, ocupan un lugar más que destacado. Pero sus manías y obsesiones hacen que todas sus relaciones amorosas acaben fracasando.

 
CRÍTICA ALBERTO: Creo que, si alguna vez hemos admirado la magnificencia de Woody Allen, es por obras como esta. Sin duda, Annie Hall, acudiendo a uno de los temas claves del imaginario de Allen, la neurosis del hombre y su concatenación relacional con las mujeres, perfila una serie de situaciones, personajes y diálogos de suma inteligencia y de admirable síntesis humana. El avance de la trama en pro de un gran ejercicio de ritmo, fraguado a través de una serie de diálogos, que no sólo construyen un tríptico humano, sino que también admiran las irreverencias y el humor del mejor Allen, nos regala la inmensidad de la comedia en el verbo de unos actores excelentes. Así es, no sólo la conseguida apuesta de Allen sostiene admirablemente esta película, sino también un reparto en estado de gracia, donde brilla con especial luz una Diane Keaton impagable. Sin duda, una de las joyas cumbres en la filmografía de uno de los maestros de la comedia mundial. ★★★★

CRÍTICA ISIDRO: Las relaciones nacen, crecen, algunas se reproducen y casi todas se mueren. El romance con Annie no fue idílico y tampoco duró eternamente, pero el impacto en la vida de Alvy es innegable. Annie Hall fue la primera película de Allen en la que dejó de lado la parodia absurda para diseccionar por primera vez una de las grandes constantes de su obra: la relaciones de pareja. Y el resultado fue exquisito, en un ingenioso formato que juega a romper la cuarta pared a su antojo y con algunos de los puntazos de humor más inspirados del neoyorquino, se introduce una certerísima reflexión sobre la necesidad del ser humano de querer y ser querido: las relaciones pueden irse al garete tan fácilmente como llegan, y cuando eso sucede, y a todos nos ha sucedido, o te la suda o te entristece o te frustra o te cabrea o te sume en un pozo de mierda o "te todo a la vez", pero joder, no nos vamos quedar cual amebas solo por evitar eso, porque todo pasa y, al igual que aquel que no quería encerrar en un manicomio a su hermano que creía ser una gallina, necesitamos los huevos. Huevos de calidad "regularucha" de gallinas tristes encerradas en jaulas, o huevos de yema amarilla refulgente como el sol de gallinas felices que pastan por los campos, pero huevos en definitiva, y todos te valen para hacer tortilla. Y nadie le hace ascos a una "tortilla papas". ★★★★★


CRÍTICA KOSTI: Nueva York vuelve a ser testigo de los desvaríos amorosos y mentales del histrionismo de un director que bebe de la experiencia autobiográfica que plasma en cada fotograma. No podríamos estar hablando de otro que no fuera Woody Allen. Sus inseguridades, su extraño humor, su ruptura de la cuarta pared y un montaje dinámico confluyen para ofrecernos una de las historias más sinceras del neoyorquino. Con Annie Hall, Woody Allen comenzó su andadura con su personaje autobiográfico. Es entonces cuando su verdadera cara asomó. El humor, que ya venía siendo un "must" en su filmografía, lo aplica al romanticismo y a las historias de pareja, y lo usa para ridiculizar o dejar al descubierto las dudas, fobias, inseguridades y obsesiones que, años después, descubriríamos que son las mismas del propio Allen. Sus personajes siempre se me hacen demasiado excéntricos, pero esa excentricidad es la que consigue un guión y unos diálogos elocuentes y llenos de matices, que hacen de sus películas posos de auténtica sabiduría. Woody Allen nunca ha sido santo de mi devoción, pero si algo hay que alabarle, aparte de una pluma prodigiosa, es saber rodearse de grandes actrices, de las “chicas Allen”, encabezadas por una magnífica Diane Keaton, que encontró en esa Annie Hall su personaje más icónico y emblemático. Su evolución de una mujer insegura, ansiosa por absorber la intelectualidad de un guionista venido a menos, a una seguridad completa, emprendedora y totalmente independiente hace de su Annie Hall uno de los mejores personajes femeninos que ha dado la historia del cine. Por si fuera poco, los recursos de los que se vale Allen para contarnos su historia y todos esos histrionismos que la rodean, hacen de su propuesta algo sorprendente: el espíritu escapando de la realidad para observarla de un plano menos subjetivo o un Allen animado compartiendo vivencias con una de las villanas más recordadas de la factoría Disney (metacine que llaman algunos). Sin embargo siempre hay algo que me falla en el Allen actor y en la sutilidad de sus formas, que unas veces existe y otras brilla por su ausencia, aportando esa irregularidad a sus devaneos. ★★★½

CRÍTICA RONNIE: Annie Hall es uno de los mejores guiones jamás escritos, una comedia completa de pies a cabeza que no pierde lucidez con el paso de los años. Allen explota al límite el uso de los recursos cinematográficos, la ruptura de la cuarta pared, el uso de dibujos animados como metáforas, partición de pantalla, escenas que rallan en la teatralidad pero que cohesionan el profundo análisis de las relaciones amorosas de una pareja “adulta”. El guión de Allen irrumpió con vigor y frescura en las salas del cine de la época. Trata temas como las frustraciones sexuales, los pensamientos antisemitas, la ciudad de Nueva York, las mentiras del psicoanálisis, sus referentes europeos o la alienación de la pareja. Temas que siguen presentes en su cine hoy en día en mayor o menor medida pero que le han dado un sello característico a un prolífico escritor y realizador que no pierde vigencia. Diane Keaton realiza el que podría considerarse el papel más importante de su vida, que le marcaría de una manera tal tanto dentro y fuera de la pantalla que algunos aún seguimos viendo reminiscencias de su Annie Hall. Keaton da vida a un personaje lleno de matices que le hacen trascender el universo cinematográfico para convertirse en un icono de la cultura universal. ★★★★½


CRÍTICA XAVIER: Annie Hall es una comedia romántica y al mismo tiempo una reflexión y una deconstrucción del género. Woody Allen habla de la vida y de las relaciones humanas en un conjunto que juega con la realidad y la(s) ficción(es), y lo hace con una habilidad asombrosa y un gran sentido del gag. Recreación, declaración de intenciones y exposición descarada de las filias y fobias de su firmante. En definitiva, Annie Hall es una de las grandes películas de Allen, una consideración mayúscula tratándose de un director que filma un título por año. Además, Annie Hall es la oda a una ciudad y a una época, representada en la estética de la cinta, su montaje sincopado, la mítica ropa de Diane Keaton o sus referencias literarias y cinematográficas. Annie Hall sigue fresca e indomable; ahora, convertida en el gran manual del humor trascendente al que todo humorista, director o espectador inteligente debe acudir con cierta asiduidad. Annie Hall es y será un mito del séptimo arte: las ansias por encontrar nuestra media naranja y las derivas existenciales que acometen al protagonista son también las nuestras, con independencia de la edad que tengamos, nuestra procedencia o nuestras bases cinéfilas. Annie Hall toca temas universales con una labia y un estilo único. Justamente aquello que sólo les pertenece a las grandes obras maestras. ★★★★½

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★★½ 

 
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