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martes, 24 de abril de 2018

CRÍTICA | FORTUNATA, de Sergio Castellitto


Madre, esposa, amante, mujer
FORTUNATA
Festival de Cannes: Mejor actriz (Un certain regard)
Italia, 2017. Dirección: Sergio Castellitto Guión: Margaret Mazzantini y Sergio Castellitto Música: Arturo Annecchino Fotografía: Gian Filippo Corticelli Reparto: Jasmine Trinca, Stefano Accorsi, Alessandro Borghi, Edoardo Pesce, Rosa Diletta Rossi, Liliana Fiorelli, Hanna Schygulla, Emanuela Aurizi Género: Comedia dramática. Cine social Duración: 100 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 27/04/2018
¿De qué va?: Fortunata es una peluquera que cobra en negro. Espera poder abrir su peluquería después del verano, pero las presiones de su marido, que se niega a concederle el divorcio, no le pone las cosas fáciles. Para colmo, Servicios Sociales obliga a su hija a visitar un psicólogo.

lunes, 19 de febrero de 2018

CRÍTICA | HAPPY END, de Michael Haneke



Cualquier final sólo puede ser feliz
HAPPY END
Festival de Cannes: Sección oficial. Festival de San Sebastián: Sección Perlas
Austria, 2017. Dirección y guión: Michael Haneke Fotografía: Christian Berger Reparto: Isabelle Huppert, Jean-Louis Trintignant, Mathieu Kassovitz, Fantine Harduin, Toby Jones, Franz Rogowski, Laura Verlinden, Aurelia Petit, Hille Perl, Hassam Ghancy, Nabiha Akkari, Joud Geistlich Género: Tragicomedia social Duración: 110 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: Por determinar

viernes, 22 de septiembre de 2017

CRÍTICA | EL OTRO LADO DE LA ESPERANZA, de Aki Kaurismäki


En Finlandia algo sigue yendo mal
EL OTRO LADO DE LA ESPERANZA
Festival de Berlín: Mejor dirección. Gran Premio FIPRESCI a la mejor película del año
Finlandia, 2017. Dirección y guión: Aki Kaurismäki Fotografía: Timo Salminen Reparto: Kati Outinen, Tommi Korpela, Sakari Kuosmanen, Janne Hyytiäinen, Ilkka Koivula, Kaija Pakarinen, Nuppu Koivu, Tuomari Nurmio, Sherwan Haji Género: Tragicomedia social Duración: 105 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 07/04/2017
¿De qué va?: Khaled, huido de Siria, llega a Helsinki escondido en un barco que transporta carbón. Wikström, un empresario de la ciudad, decide cambiar de vida y abrir un restaurante. Los destinos de ambos coincidirán una noche en la puerta del local.


Tres décadas atrás, Kaurismäki codificó un cine muy personal, socarrón y crítico, protagonizado por personajes retraidos que realizaban acciones muy absurdas con un rictus muy serio. Su universo siempre estuvo del lado de los más desfavorecidos y denunció, por la vía de la metáfora, toda la inoperancia social que se orquestraba en torno a inmigrantes, refugiados, extranjeros, bohemios de distinta catadura y marginados varios. Por todo ello, era de esperar que la filmografía de Kaurismäki ganase en significados y texturas con la crisis que lleva acuciándonos desde hace mucho, demasiado. Si antes sus ficciones podían leerse como reflejos de la debil cohesión que sustentaba una Europa en pañales, ahora esas mismas historias parecen presagios sombríos, estampas atemporales de una depresión que persiste porque, tal vez, nunca llegó a disiparse del todo. Pese a lo dicho, la filmografía de Kaurismäki lleva insistiendo tanto tiempo y con tanta vehemencia en los estilemas de siempre que, para el espectador con memoria, su cine ha perdido parte del encanto de sus inicios, sin traicionarse a sí mismo, pero también sin abrir nuevos frentes que enriquezcan el sustrato de su obra.


Así, entre la repetición y la pertinencia, El otro lado de la esperanza se impone como una película singular, con momentos verdaderamente inspirados, una introversión muy familiar y la sensación de que lo visto, pese a los méritos, no supera sus obras cumbre. Khaled y Wikström, los protagonistas de este cuento apesadumbrado, nunca pierden autenticidad, si bien su devenir discurre más desganado que sus hermanos de ficción. Pero quedémoslo con la parte positiva: por algo aparece la palabra "esperanza" en su título. El film contiene una sabia reflexión sobre nuestro presente, y siempre vale la pena acercarse a escuchar a un sabio del audiovisual del continente. Pese a sus arrugas y cantinelas. Aunque la "esperanza", como la jubilación de esa musa que fue Kati Outinen, sea otro espejismo en esta Europa en constante contradicción. Porque El otro lado de la esperanza puede resultar insuficiente, pero, en esencia, es otra gran película del señor Kaurismäki.


Para saber dónde estamos (y temer hacia dónde vamos).
Lo mejor: Es puro Kaurismäki.
Lo peor: Es puro Kaurismäki.


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miércoles, 30 de marzo de 2016

CRÍTICA | FATIMA, de Philippe Faucon


Dignidad e integración
FATIMA, de Philippe Faucon
Festival de Cannes 2015: Quincena de Realizadores. Premios César 2016: Mejor película, guión adaptado y actriz revelación
Francia, 2015. Dirección y guión: Philippe Faucon Fotografía: Laurent Fenart Música: Robert Marcel Lepage Reparto: Soria Zeroual, Zita Hanrot, Mehdi Senoussi, Franck Andrieux, Yolanda Mpele, Edith Saulnier, Kenza Noah Aïche, Chawki Amari, Corinne Duchesne, Emir El Guerfi, Zakaria Ali-Mehidi, Isabelle Candelier, Franck Andrieux Género: Drama social Duración: 75 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 13/05/2016
¿De qué va?: Fatima, una musulmana de origen árabe que reside en Francia, intenta hacer todo lo que puede por sus dos hijas: Souad, una joven de 18 años que acaba de empezar su primer año de Medicina, y Nesrine, una adolescente rebelde de 15 años. Fatima no sabe hablar ni escribir en francés, un hecho que la sitúa en una posición desfavorable a la hora de encontrar un trabajo. 


Los últimos atentados yihadistas de París y Bruselas han puesto sobre la mesa cuestiones como el radicalismo religioso y los cambios sociales que ha sufrido Europa, en cuyo tejido social se han sumado en las últimas décadas inmigrantes de procedencias muy variadas para participar del supuesto bienestar de Occidente. La inmigración no es un problema, pero sí son focos de conflicto el desarraigo que sufren los recién llegados y el creciente racismo al que tienen que hacer frente. La falta de integración es, en definitiva, uno de los grandes males de la modernidad, y la sociedad europea, en todo su conjunto, deberá acometer esta cuestión si quiere construir un continente y un mundo en el que se imponga el diálogo, la convivencia y el entendimiento entre unos y otros. Parte de ese cambio implica renovar nuestra visión del mundo, y el cine y la literatura, por su capacidad para alterar el imaginario colectivo y para transmitir valores, juegan un papel muy importante. Fatima, la historia de una inmigrante árabe y sus dos hijas, participa de esa renovación al ser un retrato de la inmigración 'desde dentro', y la urgencia de su mensaje queda simbólicamente representada con el premio César que la acredita como la mejor película francesa del año.


Fatima nos acerca la vida de una mujer árabe de 44 años en un entorno hostil. La protagonista encarna el prototipo de mujer coraje de fuertes convicciones religiosas, y sus hijas representan el cambio social de la generación de inmigrantes que ya ha tenido ocasión de crecer en suelo francés: una estudia para ser médica, con la carga económica y el ascenso social que ello implica para la familia, mientras que la pequeña desprecia a su madre porque ésta no domina la lengua francesa e intenta ganarse la vida mediante trabajos no remunerados. En casa de Fatima, en definitiva, se debate una lucha crucial entre los prejuicios de propios y ajenos, entre las adversidades y las ansias de progreso, entre la impotencia que se siente al no sentirse integrado y el menosprecio de vecinos y compañeros de colegio que sí tuvieron ocasión de nacer y crecer en un entorno más favorable. Todo ello le sirve a Philippe Faucon para hablar de la realidad de aquellas personas silenciadas que forman parte de nuestro día a día. Una película que funciona como espejo en el que, queramos o no, nos reflejamos y nos reconocemos.


De los fotogramas de Fatima emanan temas tan interesantes como la inevitable diferencia de clases, el machismo de la cultura árabe y la superficialidad de una sociedad que ha basado sus avances en términos de capital y no de formación. Un conjunto la mar de complejo que en pantalla se resuelve de forma sencilla, con diálogos cargados de verdad, interpretaciones naturales y escenas que respiran autenticidad y dignididad. De esas películas que, con letra pequeña y palabras muy grandes, remueven los cimientos y las emociones de la audiencia. Ilustrativa, pero nunca aleccionadora. Dura, pero ante todo conciliadora. Un film que generará un debate tan inevitable como necesario. Esperemos que el modelo de cine social comprometido que propone Fatima se convierta en una tónica del cine europeo de nuestro tiempo. No por casualidad, la escena más emotiva de Fatima coincide con el momento en el que la protagonista lee en voz alta la carta que ha escrito a su hija acercándole su posición y, sobre todo, confesándole sus sentimientos. Es entonces cuando, como ciudadanos y espectadores, nos damos cuenta del ninguneo que las personas como Fatima sufren en la vida real y en el cine. Una revelación que avergüenza y emociona.

 
Para ponerse en la piel del otro.
Lo mejor: Fatima, un personaje generoso tratado desde un punto de vista modélico.
Lo peor: Se la descreditará con argumentos más ideológicos que estrictamente cinematográficos.

 

miércoles, 22 de octubre de 2014

CRÍTICA | SAMBA, de Eric Toledano y Olivier Nakache


'Intocable', parte 2
SAMBA, de Eric Toledano y Olivier Nakache
Festival de San Sebastián 2014: Film de clausura
Francia, 2014. Dirección y guion: Eric Toledano y  Olivier Nakache Fotografía: Stéphane Fontaine Música: VV. AA. Reparto: Omar Sy, Charlotte Gainsbourg, Tahar Rahim, Yilin Yang, Izia Higelin, Jules Abel Logel Género: Tragicomedia Duración: 115 min. Estreno en España: Febrero de 2015 Tráiler: Link
¿De qué va?: Samba es un senegalés que lleva 10 años viviendo en París. Trabaja de lo que puede por un sueldo pírrico, apenas conoce a nadie y vive con la constante amenaza de que la policía se percate de que no tiene papeles. Un día coincide con Alicia, una mujer tímida e introvertida que colabora conn una asociación que ayuda a gente con problemas legales y económicos. Samba ve en Alicia la posibilidad de salir de un callejón sin salida. Alicia ve en Samba una inocencia y una espontaneidad que no encuentra en su puesto de trabajo. Entre ambos poco a poco irá tejiéndose una relación entre personal y profesional, con momentos felices y otros agridulces.


No decimos nada nuevo: los franceses aman la corrección y tienen una especial tendencia al cine bienintencionado. Intocable, la tragicomedia que contaba la relación de amistad entre un tetraplégico adinerado y un joven de las 'banlieues' parisinas, se sobredimensionó hasta convertirse en la película de habla no inglesa más taquillera en todo el mundo, pero en sus adentros no había más que esa manía tan francesa por abordar cierta problemática social por la vía fácil, rebajando la gravedad de los temas tratados y abogando por una trama exportable y populista. Samba, el segundo trabajo de Toledano y Nakache, sigue la senda de su primera película: la fórmula se consolida, y nuestros vecinos vuelven a facturar una película que hará las delicias del público, aunque esta vez difícilmente engatusará a la crítica (que, sorprendentemente, se permitió demasiadas licencias con las tesis ramplonas de Intocable). De momento, parece que el número uno que consiguió el pasado fin de semana en la taquilla francesa (aunque a muy pocos miles de euros de Ninja Turtles) ha borrado de un plumazo la inevitable presión del dúo Toledano - Nakache por volver a dar en el centro de la diana. En España la veremos a principios de 2015, pero en el Festival de San Sebastián tuvimos ocasión de tomar la temperatura al que está llamado a ser uno de los títulos galos más comentados de la temporada. ¿Bailaremos al ritmo de esta samba manipuladora... o la sombra de Intocable será demasiado alargada? Apostamos por lo segundo.


Samba es el nombre de un inmigrante senegalés 'sin papeles' que sobrevive con el sueldo de los trabajos esporádicos que va encontrando. El papel protagonista, que vuelve a recaer en Omar Sy (todavía más cómico y 'pelma' que en Intocable), es, por lo tanto, otro ejemplo de un cine social que quiere reciclar sus miserias por la vía de (son)risa, sin tener en cuenta que, a medida que la supuesta diversión del público aumenta, disminuye en proporciones iguales la veracidad de la historia (por eso cuesta empatizar con el universo de Samba, a pesar del esfuerzo de Sy y del meritorio trabajo de todos los actores secundarios). Toledano y Nakache alivian la gravedad que rodea a su protagonista con la inclusión de dos historias de amor que se desarrollan de forma previsible: Samba acaba prendado de una asistente social que atraviesa una complicada situación personal y laboral, y dos amigos de ambos también hacen lo propio, aunque en su caso la tensión amorosa se transforma directamente en una fogosidad descarada (de nuevo, el drama siempre tiene un contrapunto cómico). Si Intocable tenía algún momento de lucidez, una mínima chispa, Samba carece de todo ello (salvando, quizás, el baile del personaje de Rahim y el gag en el rascacielos). También pesan como una losa sus casi dos horas de metraje (no se necesitaban tantos minutos para contar tan poco). Vaya, que intuímos que los acólicos de Intocable no acabarán del todo contentos, y que los que ya dudaron de esa película (nos incluímos en ese grupo) recurrirán a los adjetivos que ya dedicaron al primer film de Toledano y Nakache para describir Samba. Lo peor de todo es que habrá una tercera entrega y otras tantas: el cine francés de 'la politesse' y 'el eufemismo' seguirá con nosotros durante mucho tiempo.


Para los que consideran que Intocable es, valga el juego de palabras, una película 'intocable'.
Lo mejor: Siempre es un placer ver a Charlotte Gainsbourg en pantalla.
Lo peor: Que la figura del inmigrante quede reducida a la imagen de un mono de feria.

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jueves, 6 de marzo de 2014

Crítica de A MI MADRE LE GUSTAN LAS MUJERES, de Inés París y Daniela Fejerman

Para familias, los colores...
A MI MADRE LE GUSTAN LAS MUJERES, de Inés París y Daniela Fejerman (España, 2001)
¿De qué va?: La madre de Jimena, Elvira y Sol reune a las tres hijas para comentarles que tiene una nueva pareja. La sorpresa llega cuando esa pareja resulta ser una mujer. La noticia tendrá un impacto diferente en las tres hermanas: Jimena, la más estricta de todas, no logra entender las nuevas tendencias sexuales de su madre; Elvira, cuya estabilidad anímica es muy frágil, queda en estado de shock; y Sol, la más joven, se toma el cambio con humor y tranquilidad.
Palmarés: 3 nominaciones a los premios Goya 2002: mejor actriz protagonista (Watling), mejor director novel (París y Fejerman) y música original (Juan Bardem). Nominación para Watling del Círculo de Escritores Cinematográficos de España y de la Unión de Actores, y Fotograma de Plata a la mejor actriz española del 2002 e India de oro del Festival de Cartagena. Premio del público del Dublin Gay & Lesbian Film Festival y el Festival de cine latino de Miami; Glitter Award a la mejor película de temática lésbica; y mejor película en los festivales de Toronto y Verzaubert International Gay & Lesbian Film Festival.


Reseña: ¿Qué cara se te quedaría si supieses que tu madre es lesbiana? A partir de esa idea, París y Fejerman elaboran una comedia muy amena que explica con respeto y humor los nuevos modelos de familia en la España del S.XXI. A partir de las diferentes reacciones que produce la noticia, el guion toca todos los palos en un ejercicio cómico bastante inusual: en A mi madre le gustan las mujeres se percibe la simiente del vodevil con toques de la comedia madrileña y fugas a una comedia más sofisticada, norteamericana y europea, sobre todo con una espléndida Watling en cuyo personaje hay mucho de Allen e incluso algunas gotas de Bridget Jones. París y Fejerman tratan el tema del lesbianismo con mucho respeto y persiguen antes la diversión del espectador que la inculcación de ciertos valores, pero en ese triple retrato femenino marcado por el peso masculino está la perfecta metáfora para extrapolar la comedia en apariencia inofensiva a otros terrenos más fructíferos. A mi madre le gustan las mujeres es, en resumen, una estupenda ópera prima que recurre a fórmulas clásicas para hablar en clave popular de cuestiones tabú, consiguiendo un producto blanco a partir de temas peliagudos (afortunadamente cada vez menos). Al fin y al cabo, el apoteósico final deja claro que el film es un canto de amor a la familia, sea del tipo que sea, vengan de donde vengan sus miembros y sean cuales sean sus preferencias de todo tipo en la intimidad. A mi madre le gustan las mujeres divierte, respeta y envita a respetar: 'chapeau'.


Para convencidos de que 'todo es culpa de la familia'.
Lo mejor: Leonor Watling.
Lo peor: Que su buenrollismo esté un poco desfasado.

Nota: 7

miércoles, 7 de agosto de 2013

CLAUSURA Cinoscar Summer Festival: EL PASO SUSPENDIDO DE LA CIGÜEÑA, de Theo Angelopoulos

El paso suspendido de la cigüeña, pese a su proyección en el Festival de Cannes del año 1991, nunca llegó a estrenarse en los cines españoles. De hecho, el cine del griego Angelopoulos siempre tuvo una relación conflictiva con nuestro país: La eternidad y un día, Palma de oro en 1998, pudo verse en los cines locales casi dos años después de dicho galardón, mientras que el resto de países europeos pudieron disfrutar del film en pantalla grande muchos meses antes. Tal vez por estos desajustes impredecibles de la distribución, el sello Intermedio, sabiéndose en deuda con la obra del genio (Paisaje en la niebla y La mirada de Ulises tuvieron un impacto anecdótico en las carteleras españolas), publicó en dvd hace una década gran parte de la obra de Angelopoulos, concretamente sus últimos y más cacareados títulos. Gracias a esta colección, los espectadores del extremo sur de los Pirineos pudimos disfrutar por primera vez de El paso suspendido de la cigüeña, obra que conecta como no podía ser de otra manera con el mundo y el ritmo propio de su artífice. Más que en ninguna otra película, aquí Angelopoulos se revela como un artista de fines periodísticos y de gran vocación lírica: podríamos decir sin riesgo a equivocarnos que la película supone la semilla de la posterior La mirada de Ulises, y que esta a su vez sentaría las bases de un concepto espaciotemporal del recuerdo que luego el cineasta exploraría en toda su complejidad en La eternidad y un día. La filmografía de Angelopoulos, en definitiva, se engarza y se conecta, guarda entera relación; y al final da la sensación de asistir, con matices y pequeñas variaciones, a la misma película, detalle que los detractores del director siempre criticaron y que sus incondicionales siguen agradeciendo.


El paso suspendido de la cigüeña es la historia de un descubrimiento, y de cómo ese descubrimiento produce una ralentización en la vida personal y laboral de su protagonista. En esta ocasión, Angelopoulos deja la estructura de la road movie adaptándola hasta dar forma a la que es su 'gran película sobre las fronteras'. Multitud de inmigrantes se agolpan a lado y lado de la frontera que separa Grecia y Albania, y en ese lugar un joven periodista cree ver a un antiguo político desaparecido una década atrás. Alexándros, de nuevo alter ego de su autor, empieza a investigar, se deja contagiar por el frío, la desolación, la tristeza, la pobreza y el ralentizado paso de las horas en un lugar que no es tierra de nadie y a la vez de mucha gente, refugio provisional de muchos y casa de muy pocos. Angelopoulos denuncia de forma directa la Europa de las desigualdades y acomete su discurso social con la inserción de tres historias de amores imposibles: la relación truncada entre el recuperado político y su esposa, alimentada de recuerdos desde la ausencia del hombre de su vida; la relación que Alexándros entabla con una chica en su austero hotel, muestra de que como reportero pero sobre todo como persona no puede mostrarse impávido ante la desgracia que se despliega ante sus ojos; y una tercera relación, mostrada en un largo, silente y recurrente plano conclusivo, entre un novio y una novia que celebran su boda desde las dos orillas del río separadas por la frontera. En resumen, una elegía de discurso lapidario y enorme belleza, lastrado en parte por una excesiva parsimonia en la concepción de sus planos: hasta los más admiradores de Angelopoulos admitirán que la mayoría de escenas duran bastantes segundos más de lo deseado. Al fin y al cabo, esa es la sensación de nulo discurrir del tiempo que debe tener un refugiado despojado de todo a la espera de cruzar un palmo de tierra en busca de la felicidad. Una película terrible, en el sentido más lírico del término.


PUNTUACIÓN DEL JURADO



jueves, 25 de abril de 2013

Crítica de TAXI, de Carlos Saura

Secretos de la noche madrileña
TAXI, de Carlos Saura (España, 1996)
¿De qué va?: Paz es una joven estudiante sin perspectivas de futuro y totalmente desencantada con su vida. Una noche se encuentra en un salón recreativo con Dani, un amigo de la infancia. Cuando decide dejar el instituto, su padre, un taxista nocturno, la obliga a aprender el oficio. En las rondas de noche en el coche de su padre, Paz entra en contacto con el Madrid oculto de bandas neonazis, actos racistas y revueltas ciudadanas. Todo se complica cuando la chica se da cuenta que tanto su padre como su novio forman parte de la misma banda que está detrás de un conjunto de asesinatos a inmigrantes, drogadictos, homosexuales y prostitutas.
Palmarés: Participante en la sección oficial y mención especial en el Festival de San Sebastián 1996, ex-aequo con Capitán Conan de Bertrand Tavernier. Premio a la actriz revelación para Ingrid Rubio por parte de la Unión Española de Actores y nominación para Pilar Ordóñez como actriz de reparto. La fotografía de Vittorio Storaro optó al premio Camerimage.
El dato: 1996 fue el año de Ingrid Rubio: estrenó Taxi, Más que amor, frenesí y Más allá del jardín, y por esta última ganó el Goya a la mejor actriz revelación. Carlos Fuentes también fue uno de las revelaciones de mitad de los 90 con títulos como el que nos ocupa, Antártida y La Celestina. El guion lo firma Santiago Tabernero, que este año estrenará su segundo largometraje como director: Presentimientos. Junto a Pajarico o El 7º día, es una de las últimas películas de Carlos Saura fuera del terreno del documental musical: la banda sonora del film, con tracks flamencos de letra dramática, sigue la esencia de Saura. La película fue incomprensiblemente marginada por crítica y público, nunca se editó ni su banda sonora ni su dvd y no optó a ningún premio Goya. Actualmente podemos ver un making off del film en el siguiente enlace.


Valoración: Con amores adolescentes, pasiones a flor de piel y odios exacerbados: así dibuja la Madrid de los 90 Carlos Saura en una de sus películas más infravaloradas, una especie de Taxi Driver o American History X a la española con final lorquiano y toques flamencos. Un thriller intenso y perverso que se adentra en las oscuridades de una sociedad aparentemente avanzada. Rubio está absolutamente fantástica en una película que se ve con atención, que atrapa y que finalmente consigue hacer que el espectador reflexione sobre el mundo en el que vivimos. Urbana y racial, combinación muy equilibrada de thriller estadounidense y drama cañí. Una de las joyas ocultas del cine español de los 90. Es mejor contar poco de la película porque la historia va creciendo hasta estallar a escasos milímetros del espectador. Tiene escenas muy potentes. Háganse un favor y rescátenla.

Para los que siguen la pista del mejor cine español.
Lo mejor: Su combinación de thriller yanki y tragedia clásica.
Lo peor: Que nadie la reivindique.

Nota: 7

domingo, 21 de abril de 2013

Crítica de EVELYN, de Isabel de Ocampo

Con Miente, cortometraje ganador del premio Goya, la cineasta Isabel de Ocampo nos acercaba el mundo del tráfico ilegal de mujeres. La investigación que De Ocampo realizó para esa historia ahora queda ampliada en Evelyn, su primer largometraje, que ha vuelto a contar con el beneplácito de los académicos al recibir la nominación al Goya a la mejor dirección novel. La premisa de Miente se mantiene intacta, aunque en esta ocasión la protagonista es una peruana que llega a España engañada y que es encerrada en un prostíbulo cerca de la frontera con Portugal. De Ocampo se pone del lado de la víctima, como no podía ser de otra manera, y nos hace partícipes del sufrimiento de su criatura. La película es una crónica angustiante de alguien a quien le han usurpado su identidad, representada simbólicamente en un cambio de nombre (de Evelyn a Jazmín, su mote como chica de compañía), y por encima de todo su integridad (De Ocampo consigue que sintamos en nuestra piel el sufrimiento de la chica al dejarnos ver únicamente lo que Evelyn puede otear desde su cuarto). Una película potente básicamente por el tema que trata: en este sentido, puede decirse que filma la bajada a los infiernos de la protagonista con certeza pero también con cierta recreación en lo feísta, casi a imagen y semejanza de un Lars von Trier local, aunque menos diestro que el danés. Logra su objetivo: ficcionando una realidad más cercana y cruda de lo que creemos consigue que los ecos de la injusticia reverberen en el espectador. Pero como película no puede evitar desvelar la pobreza de estilo y lenguaje propia de una ópera prima: De Ocampo monta el relato con demasiados subrayados en forma de fundidos a negro o imágenes del letrero exterior del prostíbulo, mientras que un cineasta curtido sabría hacernos llegar la gravedad de su mensaje de una forma más depurada. Evelyn rebosa coraje y verdad, pero le falta cine. Es, eso sí, la presentación de una autora singular que entiende el arte como un proceso de creación pero también de compromiso, investigación y conciencia del mundo donde vivimos. El cine español necesitará a De Ocampo para ampliar los límites de un cine social cañí con tendencia a lo manido: le deseamos mucha suerte.


Para saber el triste estado de las cosas.
Lo mejor: Sabe mover conciencias.
Lo peor: Le falta empaque.

Nota: 6

viernes, 12 de abril de 2013

Crítica de LA ESPALDA DEL MUNDO, de Javier Corcuera

El dolor, en todas partes
LA ESPALDA DEL MUNDO, de Javier Corcuera (España, 2000)
¿De qué va?: Tres historias, reflejos de un mismo mundo injusto. En Perú, un niño se levanta a las seis todas las mañanas para picar piedra en una cantera cercana para ayudar a su familia. En Suecia, un kurdo exiliado nos cuenta la historia de su esposa Leyla, una política kurda encarcelada en Turquía. Y en Texas, los padres de un reo condenado a muerte se reúnen con un grupo de víctimas con la esperanza de poner fin a una de las taras del sistema judicial norteamericano.
Palmarés: Premio de la Crítica Internacional del Festival de San Sebastián 2000. Premio de la OCIC del Festival de La Habana 2000. Seleccionada para el Festival de Sundance 2001 y Mar de Plata 2001. Premio Turia 2001 al mejor director novel. Nominación al mejor artista revelación para Javier Corcuera por parte del Círculo de Escritores Cinematográficos de España.



Valoración: Un relato punzante de diferentes olvidados y desheredados en lugares distintos del planeta. Diferentes espacios y diferentes expresiones del dolor que dibujan un desolador 'estado de las cosas'. Corcuera habla de temas mayores (explotación infantil, conflicto árabe, pena de muerte) y sus imágenes escuecen: en ellas no hay ningún intento de manipular o adoctrinar a la platea, porque el objetivo es acercarnos tres bocanadas de vidas truncadas capaces de sacudir nuestra mirada conformista, bienestante y primermundista. Corcuera evita el documental de investigación, ni tan siquiera pretende tener uno u otro efecto en el público: filma a escasos milímetros de la realidad, al pie del cañón, a primera línea de fuego. Por separado y juxtapuestas, sus historias son algunos de los fragmentos más contundentes que ha dado el cine español de los últimos años. Cine social que pone voz y convierte en noticia tres escándalos ocultos y cotidianos. Echar por tierra las desigualdades e injusticias depende de todos nosotros, de quienes gobiernan y de quienes gobiernan a los que gobiernan: por lo menos La espalda del mundo, cine puro, crudo y duro, consigue que intuyamos lo que la verdad esconde.


Para ciudadanos con conciencia.
Lo mejor: El montaje eficaz y nada partidista.
Lo peor: ¿Habrán silenciado un peliculón como este precisamente por tratar cuestiones que molestan? Tememos que sí.

Nota: 7

Parte 1: El niño

domingo, 17 de junio de 2012

El otro cine italiano: Crítica de LA NOSTRA VITA, de Daniele Luchetti

La poca presencia del cine italiano en la cartelera española es una de las cuestiones más denunciadas por los cinéfilos. Y es que a juzgar por el poco cine que nos llega de Italia no hay duda que en el país de Berlusconi existe un cine social comprometido y de gran actualidad que discurre en paralelo a ese cine popular que llena las salas de Roma y alrededores en verano y Navidad. Gomorra, para nosotros la obra más comercial y quizás la más potente del último cine italiano, en su país de origen fue una película independiente más que se proyectó en las capitales clave en versión original subtitulada (la lengua de la película se reduce casi en su totalidad al dialecto napolitano). O lo que es lo mismo: si no hubiese sido por el premio de Cannes, tal vez a estas alturas nadie hablaría de la cinta de Garrone y de otras análogas como Il divo. En Italia existe un cine que a duras penas encuentra financiación sin la ayuda de las grandes productoras, y en la mayoría de casos estamos ante obras potentes que corren el riesgo de quedar limitadas por los circuitos de distribución y por el discurso crítico: prueba de ello lo tenemos en 20 sigarette y Et in terra pax, dos de las mejores películas de los últimos años y pese a esto totalmente desconocidas. Así que cualquier película venida de Italia es no solo bienvenida sino digna de estudio porque nos ofrece una imagen vecina y realista de la actual Europa en crisis: Terraferma ponía sobre la mesa el tema de la inmigración ilegal, y esta La nostra vita se relaciona con el mundo laboral y las bases que nos han llevado al crack inmobiliario.


La nostra vita nos explica la historia de Claudio, un operario de la construcción o 'muratore' que de la noche a la mañana se encuentra viudo y con tres hijos pequeños a su cargo. Claudio intentará hacer todo lo posible para mantener la continuidad económica de su familia, y para ello no dudará en chantajear a su jefe. A partir de ese momento Claudio trazará un camino lleno de altibajos que le llevará a conocer una tragedia familiar paralela a la suya y un drama colectivo. Claudio es la principal víctima y acaba actuando como verdugo involuntario para sus empleados. Miente, pero no le queda otra. Como joven sin estudios y con responsabilidades, utiliza la política del dinero, algo que solo trae disgustos. Porque La nostra vita es la historia de una bajada, un ascenso y otra caida. Nos obliga a replantearnos qué es legal y qué no, qué se esconde y quién se esconde detrás de una sociedad oprimida. La nostra vita habla del aquí y del ahora sin tremendismos, sin forzar la maquinaria dramática de la trama, con un guión que deja a su historia discurrir de la forma más natural. No hay moralina, no hay juicios de valor, no hay frases que evidencien la ideología de la historia. La nostra vita muestra y no juega a ni favor ni en contra de nadie. Se limita a lo que señala el título: la vida de Claudio, interpretado de forma excelente por Elio Germano. La reflexión viene después, al ver La nostra vita como una unidad y también como parte de un cine italiano semioculto pero presente. Muy recomendable.


Nota: 7

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miércoles, 2 de mayo de 2012

La muerte en el aula: Crítica de PROFESOR LAZHAR (MONSIEUR LAZHAR)

Profesor Lazhar sorprende gratamente. Uno se espera un relato sobre la enseñanza y la figura del profesor, un poco en la línea de los films más representativos que suceden en pasillos de colegios e institutos como Ser y tener, Hoy empieza todo o La clase, por citar tres películas francohablantes. Y lo que nos propone el canadiense Philippe Falardeau es más profundo y novedoso. Habla de la muerte, y lo hace desde el minuto uno: un niño descubre el cuerpo sin vida de su profesora pendiendo de una viga, y a partir de aquí, en medio de la conmoción del centro educativo que afecta a docentes, padres y alumnos, el relato nos presenta al misterioso señor Lazhar, el nuevo profesor de francés que sustituye a la antigua profesora y que en sus clases enseñará más cosas que las conjugaciones de los verbos. Profesor Lazhar propone una cuestión tan necesaria como provocativa: la necesidad y la obligación de hablar de la muerte cuando esta nos ha afectado de algún modo, asumiendo que ese es un tema tabú que se evita o se calla a propósito con tal de esquivar momentos incómodos.  Porque... ¿se puede educar desde la evasiva? ¿Cómo seguir creyendo en el sistema cuando algo ha roto el orden establecido? ¿Cómo evitar que lo vivido no influya a la hora de dar o recibir clases? ¿Cómo enseñar lengua cuando extramuros de la institución educativa suceden guerras, atentados terroristas y cosas atroces? Hechos que, precisamente, llenan la historia de la mejor literatura. ¿O realmente todo ello se puede evitar desde el microcosmos del aula? La carga social de Profesor Lazhar es potente: nos obliga a debatir qué debemos enseñar y cómo enseñarlo, y para ello establece una radiografía de padres ausentes, un equipo directivo que responde con evasivas y un profesor abandonado a su suerte que debe elegir entre ser transmisor de contenidos o receptor de sentimientos. Agradezco que Profesor Lazhar no sea un elogio más a la figura del profesor, que lo es y lo debe ser, sino una reflexión sobre aquello que no se enseña en el aula (y desgraciadamente tampoco en casa) y que al final es más importante que cualquier teoría de manual. Profesor Lazhar es una película comprometida, y lo es sin presentar a sus personajes y sin desvelar sus cartas desde el primer momento. Dirán: lo mismo pero de otra manera. Realmente sí, pero vale la pena. De esas películas adultas, de gran dureza pero de recuerdo agradable que arrasan en los circuitos de distribución más sivaritas de las grandes capitales. Queda justificadísima su nominación al Oscar y queda abierta a nuevos visionados. Una clase magistral de buen cine social.


Nota: 7'5

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martes, 27 de marzo de 2012

Realismo mágico: Crítica de EL HAVRE (LE HAVRE), de Aki Kaurismäki

El havre y El niño de la bicicleta coincidieron en la sección oficial del Festival de Cannes. Ambas son las últimas obras de tres de los directores más respetados del cine europeo. Ambas son historias de poco metraje que invitan al optimismo en tiempos difíciles. Ambas funcionan como descripción de la ciudad en la que sucede su historia: el Havre portuario, de badulaques y casas humildes; un pueblecito belga, con sus barrios residenciales, naves industriales y calles vacías. Ambos son cuentos en los cuales un niño cambia la vida de dos personas adultas extrañamente altruistas y comprensivas. Y ambos son films muy comprometidos con la realidad de la Europa del ahora, capaces de dibujar esperanza allá donde solo parece haber injusticia y oscuridad. El niño de la bicicleta es sumamente coherente con el estilo dardenniano, El Havre es una película cien por cien Kaurismäki, y ambas representan la consolidación de sus artífices y la puesta al día de dos maneras de entender el cine que parecían caducas: el realismo social sucio de los belgas, que tocó fondo con El silencio de Lorna; y el realismo mágico surrealista del finlandés, poco brillante en Luces al atardecer. Y a partir de aquí las diferencias. El Havre se sitúa entre lo real y lo maravilloso, porque en el mundo de colores saturados de Kaurismäki todo resulta extraño y a la vez familiar. Un cerezo en flor sella un final feliz. Un niño inmigrante escapa de unos policías que no hacen demasiado por impartir la ley. Una mujer sana de su trágica enfermedad por decisión divina, compensación quizás de la  buena acción de su marido. El Havre es una historia milagrosa que juega al absurdo y cuyo tono y mensaje solo está al alcance de los cinéfilos con buena predisposición o bien de los conocedores del curioso cine de Kaurismäki. Tanto El niño de la bicicleta como El Havre, por su aparente pequeñez formal, corren el riesgo de ser vistas como películas menores cuando en verdad son dos films de esplendorosa lucidez y madurez. Son aptas para todos los públicos, incluso necesarias, pero no recomendables para todo tipo de paladares. Y en los dos casos se cumple eso que dicen los franceses: Il faut aimer le style. El hecho de estar en el principal festival de cine del mundo, escaparate de los mejores autores y fiel reflejo de las tendencias cinematográficas seguidas y a seguir, corrobora la valía de estas dos obras personales, agradables, necesarias. El niño de la bicicleta me animó a revisar la filmografía de los Hermanos Dardenne (que ocupa un lugar estratégico en mi videoteca). Y Le Havre sin duda ha reactivado mi interés por el cine de Aki Kaurismäki, cuyas primeras películas todavía no vi. Ultimamente es fácil tener la sensación de que el cine de hoy en día está empeñado en realizar series televisivas convencionales de hora y media. Eso no ocurre con el verdadero arte, con los verdaderos autores. Alegra saber que los grandes de los 90 siguen dando guerra con sus obras sugestivas, atractivas, sensibles. Ojalá suceda lo mismo con lo nuevo de Moretti, Loach o Kusturica, por citar otros buques insignia del cine europeo que tiene plaza reservada en La Croisette.


Nota: 7

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martes, 20 de marzo de 2012

Crítica de POLISSE, de Maïwenn Le Besco

VEROSIMILITUD
El cine es un acto de fe. Se trata de creer lo que se expone en la gran pantalla, entendiendo que aquello que resulta irreal acaba entendido como no cercano o poco interesante, y por generalización malo. Si revisamos las constantes de consumo, los gustos de las masas o las películas que copan semana tras semana los primeros puestos de taquilla observaremos que la mayoría de films comerciales son por definición inverosímiles: no entran en los parámetros de lo posible las mil y una carreras automobilísticas, el surgimiento de una criatura extraña o el apocalipsis más feroz que el cine norteamericano ha venido produciendo y copiando durante los últimos años. Por lo tanto, parece que lo verosímil cambia según el espectador. Y no se trata de entender que hay audiencias más inocentes que otras, unas propensas a creer en bulos, u otras cuya posición ante la mentira es siempre perspicaz. La verosimilitud es un concepto que va más allá de la ambibalencia de 'verdad' o 'mentira'. En el cine lo expuesto resulta verdadero según los mecanismos de la propia ficción, no según las reglas o los códigos de la realidad. Por eso en REC resulta totalmente plausible que el edificio protagonista reste infectado de zombis durante hora y media. Y quizás por eso una película de contexto y temática social, por sus resortes narrativos, por los mimbres de su trama, puede terminar en despropósito.


En relación a la verosimilitud del cine existen dos factores cruciales: la fotografía y el montaje. La primera dirige la mirada, focaliza la acción, presenta un punto de vista, de forma que el ángulo desde el que se filman las escenas viene a ser parte importante del todo narrado: al poner la cámara en un lugar seleccionamos unas imágenes y desechamos los posibles planos que quedan fuera del cuadro. El segundo da a ese marco un dinamismo crucial: el ritmo, la viveza, la coherencia de la sucesión de las imágenes acaba siendo decisiva, entendiendo que al montar se selecciona y sobretodo se arrincona todo el material filmado considerado reiterativo, poco relevante para la historia o simplemente con algún fallo técnico o actoral. La verosimilitud, por lo tanto, emana del guión, pero se cristaliza gracias a la fotografía y al montaje. La piel que habito no resulta creible para muchos precisamente porque su montaje acoge cierto desorden y desasosiego en sintonía con el caos y el estado de ánimo de sus personajes. Y es el montaje el componente que transforma a The Artist, pese a su aparente homenaje y reivindicación del cine mudo, en una película contemporánea. Hemos dado poca importancia a estos dos aspectos técnicos, y puede que estemos ante los apartados básicos de toda ficción, por encima incluso de la dirección artística, vestuario o maquillaje. Disciplinas de la técnica cinematográfica que, obviamente, dotan o restan verosimilitud a una película.


FOTOGRAFÍA Y MONTAJE
Los nacidos en la década de los 80 y sucesivas atesoran una memoria visual sin precedentes. Pero todas esas imágenes han pasado por un filtro: la censura de un cineasta, incluso la de un productor, o casi siempre las imposiciones estéticas y/o ideológicas de las distintas cadenas televisivas. Es habitual oir que tal suceso ha ocurrido de tal manera y no de otra porque la televisión así nos lo dice, o que la Guerra Civil fue tal y como aparece en películas como, por ejemplo, Tierra y libertad. Obviamente no es así. Se olvida la intervención de la fotografía y del montaje. No es que la televisión o el cine manipulen, pero precisamente por sus características llevan en su código genético el poder de la manipulación. Eso sucede con los reality shows, donde la exposición parcial de una información se convierte en la crónica oficial de un suceso que afecta a la vida de sus concursantes espiados. Es imposible ser veraz, abarcar todos los puntos de vista: precisamente la magia del cine está en lo que se ve y  también en lo que se intuye y no se muestra. Por eso resultan dudosos algunos documentales, televisivos o cinematográficos, que presumen de retratar una realidad al completo. El falso periodismo ha malentendido y hace un mal uso de la fotografía y el montaje, de forma que algunos docurealities, programas de investigación o reportajes supuestamente serios disponen las imágenes en función de las emociones que se quieren despertar en el espectador, ahora insertando una música suave, ahora sobreimprimiendo un titular violento, ahora utilizando otro mecanismo empatizador. Curiosamente esos espacios quedan fuera de la llamada 'telebasura'. Y curiosamente esos programas no solo aparecen en las parrillas de los canales más sensacionalistas: ya no importa tanto lo que se cuenta sino cómo se cuenta, por lo que lo detestable es más una cuestión de forma que de fondo.


Puede que toda esta reflexión no tenga nada que ver con Polisse, una película de temática social donde la mirada y la sucesión de las imágenes cobra una significación especial. En relación a todo lo dicho, Polisse ganó el premio César al mejor montaje, por lo que al final no parece descabellado utilizar la película como apoyo o excusa inicial para fabular sobre el montaje del cine, o el montaje en el cine. Polisse lleva el montaje cinematográfico a otro nivel: aparentemente no se intuye la figura de un director, guionista y montador detrás de sus imágenes, aunque por nuestros conocimientos cinematográficos sabemos que esas figuras, aunque ocultas, están; y al mismo tiempo la película parece montada al revés, como un ejercicio de vaciado cinematográfico en busca de la verdad, ya no como lo haría un cineasta sino como un sociólogo. Por eso Polisse es más un trabajo de campo que una película. 


'POLIS' DE CIUDAD, 'POLICE' DE POLICÍA
Polisse cuenta el día a día de la Unidad de Protección de Menores de la policía de París,  la vida de sus agentes, los casos que llenan sus oficinas y sus misiones en los barrios más marginales del corazón de Francia. El montaje de Polisse funciona por acumulación de imágenes, para algunos certera, para otros excesiva. Es una técnica bastante común en el cine contemporáneo: Estados Unidos nos ha contagiado la política del exceso incluso en la disposición de las imágenes. Polisse tiene una fotografía en constante movimiento, y en eso se escudan muchos para atacar la película y tacharla de inverosímil. Pero volviendo al inicio del artículo, lo importante no está en entender algo como posible o imposible, sino verosímil según la lógica del relato. Por eso Polisse me resulta verosímil (no creo que se pueda aplicar la etiqueta de 'verdadero' en el arte), y por ello me sacude, me emociona, me hace reir y llorar, me entretiene a pesar de su largo metraje, me mantiene espectante, logra que me importen sus personajes y consigue que su discutible final reverbere en mi memoria días después de verla. Seguramente esta opinión discurrirá en paralelo a quienes piensan lo contrario. Pero en mi caso tengo dos razones de peso para defender Polisse y detestar títulos análogos como, por ejemplo, La clase: el secreto está en la verosimilitud, y en gran parte en el montaje y la fotografía.


Maïwenn Le Besco fue actriz antes que directora de cine, por lo que las bondades de Polisse podrían atribuirse a una excelente dirección de actores. Tal interpretación es correcta, pero a mi gusto incompleta. Maïwenn da vida a la fotógrafa que retrata al conjunto de policías en sus distintas actividades. Ese personaje es la clave de la trama: aunque la artista y cabeza pensante del relato se reserva un papel secundario delante de la cámara, su personaje es sumamente relevante por ser la persona que hace fotografías dentro del plano fotografiado. Dicho de otro modo: Maïwenn orquestra la película desde dos posiciones, y su oficio de fotógrafa en la ficción es un guiño y una referencia a su labor como directora en la realidad. De hecho la relación que el personaje mantiene con el grupo discurre en paralelo a los lazos que unen espectador y película: al principio la recién llegada a la brigada es alguien que no se fía, que calla y observa a la espera de saber cómo será su nuevo trabajo; y finalmente se relaja, siendo parte viva e imprescindible de la pandilla, incluso enamorándose del agente más problemático del grupo. En algunas escenas los personajes critican a la fotógrafa por 'no retratar la realidad de su oficio', 'la complejidad de su trabajo', y en contraposición sentir demasiada atracción por las estampas de postal, las fotografías donde aparecen niños llorando o policías sentados cómodamente en sus butacas. ¿No es acaso esta réplica las posibles quejas que los espectadores pueden dirigir a Maïwenn? ¿Y una teatralización de la relación entre intérpretes y directora? ¿No es esto un ejercicio interesantísimo sobre el punto de vista del cine en general y de la historia que propone Polisse en concreto? ¿No estamos ante uno de los juegos más estimulantes sobre el montaje y la fotografía?


Un buen análisis de Polisse debe reconocer que no estamos ante una cinta redonda, aunque verdaderamente estuvo muy cerca de marcar un hito en el cine francés y europeo. El mérito está en la fotografía, influida por el estilo y sobre todo la ética de la Nouvelle Vague, el Dogma 95 o el estilo de los films de los Dardenne o títulos como Hoy empieza todo. Si alguien les dice que Polisse es un documental deben saber que no es verdad: existe un montaje y una disposición de la historia para nada objetiva, aunque la trama se nutra de casos reales vividos por el verdadero cuerpo policial parisino. Lo peor de Polisse, y en parte demostración de que Maïwenn explora más que innova, está en su uso de la música (la película no exigía banda sonora) y su final (aunque muchos de los hechos ocurridos nos adelantan el sorprendente desenlace, y aunque la ambigüedad del final es también un arma arrojadiza valiente con vistas a hacer pensar a su público). Precisamente en la última escena de Polisse se montan dos escenas paralelas que el espectador deberá descubrir, vivir e interpretar por su cuenta. En el último segundo la verdad conseguida por Maïwenn amenaza con derrumbarse al volver a las formas cinematográficas habituales: el efectismo de quien mezcla dos escenas para crear un efecto catártico en la audiencia, sin dejar que la catarsis emane de la propia historia, como harían los maestros del medio. En definitiva, los últimos dos minutos de Polisse se equivocan y dan lugar a un error de fotografía y a un montaje efectista. Lo peor y lo mejor, pues, resumidos en una clausura cargada de semántica pero discutible en sus ademanes sensibleros.


Aun con este gatillazo final, Polisse es quizás la película más compleja en mucho tiempo. Nos acerca los entresijos de una profesión que sabemos que existe pero que ni la televisión ni los trabajos periodísticos escritos o audiovisuales han retratado con certeza. Cinematográficamente es una historia perfectamente ensamblada, capaz de insertar comedia desengrasante cuando la historia lo requiere, un thriller casero nada desdeñable, e impactando cual navajazo directo a la boca del estómago cuando la dureza del momento lo precisa. Es un festín: pocos repartos brillan tanto, en cantidad y en calidad. Y sobre todo, Polisse nos demuestra que es importante reflexionar hacia dónde va nuestra Europa multicultural con desigualdades sociales, a quiénes delegamos la responsabilidad de poner orden en medio de tanto caos; si es posible vivir a espaldas de lo que ocurre a nuestro alrededor, o si es posible no llevarse el trabajo a casa cuando el oficio acaba siendo un estilo de vida, y esa vida un viaje hacia la autodestrucción. Polisse nos dice que probablemente las únicas personas capaces de mantener en equilibrio a toda una ciudad corren el riesgo de ser marginados sociales cuando deberían recibir tratamiento de héroes. Hay crítica pero mucho cariño en Polisse. Hay política. Hay la exposición de un tema local que acaba siendo metonimia de un problema global. Tiene el ímpetu de la artista en pleno estado de investigación y de creación, a veces víctima de su entusiasmo, y en los mejores momentos con la lucidez y la responsabilidad que precisa el tema elegido. Y ni qué decir que estamos ante una reflexión de la vida, del cine, de la vida en el cine, e incluso una demostración de cómo el buen cine puede cambiarnos la vida. Polisse es desde ya una obra importante y necesaria. Descúbranla antes de que la historia la sitúe entre los grandes títulos del cine europeo.

Nota: 9

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lunes, 19 de marzo de 2012

Criadas y señoras: Crítica de LAS CHICAS DE LA SEXTA PLANTA

Hace poco vi en televisión un documental bastante curioso. Explicaba la vida de varias familias andaluzas que ante la crisis se habían ido a trabajar como jornaleros a Francia. Muchos se llevaban a padres y a hijos, dejaban sus estudios o sus trabajos precarios para ganar un poco más de dinero en el país vecino. Para muchos ese viaje, casi siempre en temporadas muy concretas, era una rutina y una forma de ganarse el pan allá donde podían y como podían, aunque fuese lejos de sus casas. Todavía ahora un payés francés gana más que otro español, y todavía siguen los clichés culturales según los cuales para nosotros 'los alemanes son muy antipáticos' o 'los ingleses son unos sosos'. Un franco, 14 pesetas hablaba de los primeros inmigrantes que en plena posguerra se fueron a Suiza para salvar la economía de los suyos. Obviamente ha cambiado el contexto social, incluso se han cambiado las tornas: ahora España es el país europeo que acoge más inmigrantes. Les femmes du sixième étage no se distancia demasiado del film de Carlos Iglesias: a modo de comedia facilona, vuelve a enseñar las diferencias sociales entre criadas y señoras a partir del cliché extranjero de que los españoles son/somos gente de sangre caliente, holgazanes y con tendencia a la fiesta. Tópicos conocidos y reconocibles. 'Verdades' que no han perdido ni un ápice de actualidad. Tras Bienvenidos al norte, la comedia francesa ha vuelto a encontrar en la confrontación de culturas y acentos la clave del éxito. Les femmes du sixième étage, en su obligatoria versión original, es un fresco cuento bilingüe sobre un hombre cansado del encorsetado círculo burgués que frecuenta, y que acaba prendado de la frescura de las criadas españolas que habitan en el último piso de su edificio. Que el guión obligue a una gallega a bailar flamenco es un error cultural que los franceses no detectarán pero que a más de uno pondrá muy nervioso. Realmente Les femmes du sixième étage es bastante reduccionista a la hora de describir esas empleadas del hogar españolas en el París de los 60, pero nadie podrá negarle su festivo sentido del entretenimiento con pinceladas de retrato social.


Obviamente hemos cambiado mucho unos y otros, y aún así en lo más básico siguen mediando diferencias. No solo porque muchos licenciados tengan que salir de nuestras fronteras para encontrar trabajo o porque la citada familia de jornaleros tenga que recoger uva en campos del extranjero. Seguimos teniendo un complejo de inferioridad endémico, y en parte, y como se ha demostrado en esta debacle económica, somos un país de segunda en el concierto social y económico del continente. Como ven es imposible no acercarse a Les femmes du sixième étage desde el presente, y no desde el microcosmos de posguerra que retrata. Al menos la película sirve para que encaremos el asunto con cierto sentido del humor. Seguro que, aunque nos echemos las manos a la cabeza, esas mujeres chillonas, supersticiosas, valientes y orgullas resultarán tipos muy cercanos de la España de ahora. Aunque también hay una doble lectura, esta ya muy concreta en lo cinematográfico, que esperemos no resulte profética: tal y como están las cosas, ¿tendrán que irse talentos locales como Lola Dueñas, Carmen Maura o Natalia Verbeke a Francia para trabajar? Por el momento Les femmes du sixième étage no se ha estrenado en España pese a su gran éxito en Francia. Será que en cuestiones idiomáticas y cinematográficas, en general culturales, seguimos a la cola del tren de Europa (porque obviamente la película sólo se puede distribuir con subtítulos). O que, como decía Tarantino en una escena de Malditos bastardos, 'la concepción de autor forma parte de las raíces de Francia' (y añadimos: 'no de España').


Nota: 6

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