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lunes, 4 de octubre de 2021

PELÍCULAS INTERNACIONALES DE LOS ÓSCAR | DELICIAS TURCAS (TURKS FRUIT), de Paul Verhoeven (Países bajos)


DELICIAS TURCAS (TURKS FRUIT)

Países Bajos, 1973. Dirección: Paul Verhoeven Guion: Gerard Soeteman, a partir de la novela de Jan Wolkers Música: Rogier van Otterloo Fotografía: Jan de Bont Reparto: Rutger Hauer, Monique van de Ven, Tonny Huurdeman, Win Van den Brink, Hans Boskampl Género: Drama. Erótico Duración: 100 min. Tráiler: Link 
¿De qué va?: Un escultor holandés (Rutger Hauer) mantiene un tormentoso y erótico romance con una hermosa muchacha. En otro tiempo, el artista era un libertino que coleccionaba en un álbum sus conquistas amorosas como si fueran trofeos. (FILMAFFINITY)


Si a Paul Verhoeven le ha acompañado siempre el sambenito de "provocateur" es debido precisamente a Delicias turcas, la "película escándalo" que dejó boquiabierta a la audiencia de 1973. En ella, Rutger Hauer, el replicante de Blade Runner, se desnudaba a la conquista de hermosas muchachas. Su imagen libertina cambia cuando, mediante un flashback largo, descubrimos que el personaje actúa bajo el influjo de una chica, su amor verdadero, cuya pérdida no ha podido superar. El juego de tiempos, una ambivalencia innecesaria a la hora de difuminar los adjetivos del dandi (artista a la vez que despiadado, alguien sensible aunque desapegado, en busca del orden pero cómodo en su existencia disoluta), alcanza sus cuotas más brillantes cuando Verhoeven evidencia su hostilidad frente al orden establecido (de las coreografías sexuales, todas brillantes, hasta instantes cómicos como la inauguración de la estatua frente a las autoridades holandesas). En conjunto, con todos sus excesos, Delicias turcas sigue irradiando energía, la vitalidad triste o melancolía alegre de su tiempo. Sobrevive, además, como crónica de las vergüenzas de la Europa del bienestar y estudio casi sociológico del movimiento hippie. Probablemente Hollywood la nominó a su Óscar foráneo pensando en Love Story, El último tango en París y la ola de cine crítico de los nuevos autores de los 70 (no por casualidad, en esas candidaturas estaban representadas El exorcista, Serpico o American Graffiti, otras historias de crecimiento, corrupción y malestar). Para nosotros, Delicias turcas es la prueba de que los hostigamientos fílmicos de Verhoeven nunca fueron una impostura. Delicias turcas, como El cuarto hombre, El libro negro o Elle, es de una modernidad desarmante. De visionado obligado, sin prejuicios.


sábado, 30 de julio de 2016

CRÍTICA | PUNTO LÍMITE: CERO (VANISHING POINT), de Richard C. Sarafian


PUNTO LÍMITE: CERO (VANISHING POINT), de Richard C. Sarafian
EE. UU., 1971. Dirección: Richard C. Sarafian Guión: Guillermo Cabrera Infante Fotografía: John A. Alonzo Música: VV. AA. Reparto: Barry Newman, Cleavon Little, Dean Jagger, Victoria Medlin, Paul Koslo, Robert Donner, Timothy Scott, Charlotte Rampling, Gilda Texter Género: Acción Duración: 95 min. Tráiler: Link Elección de Jaime Zaragoza
¿De qué va?: Kowalski, un hombre con un pasado complicado, recorre con un coche trucado medio Estados Unidos a toda velocidad con el objetivo de ganar una apuesta. A su alrededor se unirán admiradores, detractores, fuerzas de la ley y demás personajes.


CRÍTICA GUILLERMO NAVARRO: La película se rodó en una época de cambios en el mundo del cine y la sociedad americana, inmersa en el conflicto de Vietnam y el auge del mundo hipppie. Una road movie con guión de Guillermo Cabrera Infante que sigue el camino de otras cintas como Easy rider. El mayor aliciente son las escenas de acción, cuyo desenlace ya conocemos al principio, al estar narrada mediante una elipsis que retrocede 48 horas para contarnos la huida de Kowalski, perseguido por la policía. Unas grandes canciones y una buena fotografía es lo más destacado de esta película con la que disfrutarán los aficionados al género de acción. Salvan el proyecto las microhistorias y personajes secundarios que aparecen en el recorrido del protagonista. ½


CRÍTICA RONNIE KRUCZYNSKI: Una "road trip" de Colorado a San Francisco en menos de 15 horas, una hazaña que parece imposible, como imposible es que a 40 años de su creación esta cinta de Sarafian permanezca completamente desconocida para el grueso del público. La rapidez de las escenas de acción con persecuciones que te absorben mantienen la coherencia de las situaciones en una película con un trasfondo ideológico insumiso. El protagonista de esta historia antepone sus ideas a las consecuencias de sus actos: ¿alguien recuerda aquella frase “mejor morir de pie que de rodillas”? Mejor representación gráfica no podría tener. La cinta a últimas fechas la conocemos gracias al empeño que puso Tarantino para homenajearla en su cinta Death Proof, para demostrarnos por qué se la considera una cinta de culto. Una amplia galería de alegorías en donde todo lo que vemos termina por representar una época bastante peculiar. La cinta habla de la libertad y de la lucha contra los códigos establecidos de la sociedad, y cuenta con un ritmo interesante que provoca emoción y situaciones graciosas. Aprovechemos la oportunidad para rescatar del olvido una película disfrutable en más de un sentido.


CRÍTICA XAVIER VIDAL: Punto límite: cero (Vanishing Point) sustituye el concepto de "road movie" por el de "race movie". A toda pastilla, entre carreteras sinuosas y desiertos, el protagonista del film encarna el (anti)héroe de un país que, desde el retrovisor, se intuye desnortado, amoral y absolutamente desencantado. El movimiento hippie, el consumo de drogas entre los más jóvenes, las huellas de la Guerra de Vietnam, la Norteamérica racista, el poder de las ondas radiofónicas en tiempos analógicos y la revolución musical del momento son algunos de los temas que Punto límite: cero (Vanishing Point) cita con descaro para, a la postre, convertirse en un documento de su época. Sarafian sabe llevar a buen puerto una película que cuenta con un guión raquítico y que escala sus mejores cimas a velocidad de vértigo cuando se deja llevar por la sinergia de las piruetas automovilísticas. Una película sin complejos ni pretensiones que todavía hoy en día conserva la magia de esa juventud indomable que intenta no ser aplastada por las imposiciones del sistema. Un icono fílmico, y como tal una obra que convierte sus carencias formales y narrativas en señas de identidad. Tarantino ya evocó su influjo en Death Proof, y no hay duda que su magnetismo seguirá intacto en un futuro.

viernes, 22 de julio de 2016

CRÍTICA | NETWORK (UN MUNDO IMPLACABLE), de Sidney Lumet

 
NETWORK (UN MUNDO IMPLACABLE), de Sidney Lumet
4 Óscars, 4 Globos de oro y 1 Bafta
EE. UU., 1976. Dirección: Sidney Lumet Guión: Paddy Chayefsky Fotografía: Owen Roizman Música: Elliot Lawrence Reparto: Faye Dunaway, William Holden, Peter Finch, Robert Duvall, Beatrice Straight, Wesley Addy, Ned Beatty, Arthur Burghardt, Bill Burrows, John Carpenter, Jordan Charney, Kathy Cronkite, Ed Crowley, Jerome Dempsey, Conchata Ferrell, Gene Gross, Darryl Hickman Género: Drama Duración: 120 min. Tráiler: Link Elección de Jesús Mejía
¿De qué va?: En una cadena de televisión, la lucha por las audiencias está a la orden del día. Cuando un presentador de telenoticias está a punto de ser despedido por un bajo "ratting", el hombre sorprende a todos anunciando su suicidio en directo para la próxima semana. La noticia tiene un impacto notable, hasta el punto de alterar el devenir de su programa y de toda la cadena.


CRÍTICA XAVIER: Siempre que se habla de cómo la gran pantalla ha retratado el mundo de la televisión, Network se convierte, sean quienes sean los interlocutores, en la película más citada. Ello se debe al carácter profético de la obra de Lumet, que concibe las bambalinas televisivas como un circo de animales carroñeros que compran y venden cualquier cosa (contenidos, programas, incluso personas) con el objetivo de ganar unos puntos de audiencia. El espectador del S. XX y del S. XXI se reconoce y se avergüenza ante los fotogramas de Network, y no cuestionaremos aquí la actualidad o la pertinencia de su mensaje. Con todo, Network quiere subrayar tantas veces su postura y se entretiene en infinitos juegos diálecticos y autoreferencias que, a la postre, de la sensación de que el film, efectivo pero efectista, acaba adoptando para sí algunas de las bases que critica (o sea: la altivez, la pomposidad y el "hablar mucho y no decir nada" que gastan los personajes de la cinta). El guión de Paddy Chayefsky subraya tanto su posicionamiento que ni la trama ni sus protagonistas cuentan con el margen suficiente como para enriquecer un conjunto que se intuye tan caótico como cerrado. También puede ponerse en duda el irregular funcionamiento de sus líneas narrativas: sin ir más lejos, la reciente Spotlight, vinculada a Network por su faceta periodística, cuenta más y mejor las relaciones entre vida laboral y personal, así como la incertidumbre moral que provoca saberse parte de un oficio de tanta relevancia social. En definitiva, una película más convencida que convincente cuya vehemencia, por momentos, resulta apasionante. ½


CRÍTICA ISIDRO: Siempre me han gustado las ficciones que se basan en el “detrás de las cámaras” del cine o la televisión, donde el hilo argumental son los tejemanejes de aquellos que se dedican a sacar al aire un producto que debe tener la máxima audiencia para hundir a la competencia (hemos tenido un muy buen ejemplo recientemente con Nightcrawler). Y siempre me ha hecho gracia el concepto de que una emisión en directo se vaya a la mierda porque una de las marionetas decida rebelarse contra los dictados del sensacionalismo. En mi época de adolescente iluso que de mayor quería ser cineasta escribí algo en esa línea con una Winona Ryder que mandaba a la mierda en directo a un Ed Harris déspota solo preocupado por la audiencia. En Network, William Holden y Faye Dunaway son mi Ed Harris y Peter Finch mi Winona Ryder. Solo con el arranque de la película ya me tiene ganado, con ese derrotado Finch anunciando su suicidio durante la emisión del telediario del que será despedido en unas semanas, y adoro las reacciones en control al más puro estilo Moe Szylack en Lo que nunca acaba. Network, en definitiva, es un peliculón, una sátira brutal del sensacionalismo elegantemente dirigida y escrita y liderada por un reparto en estado de gracia. Genial broche final para la sección oficial del CSF4.


CRÍTICA ALBERTO: Para cerrar la competición no se podría haber elegido un film más sólido, una de las propuestas más completas del realizador Sidney Lumet. Una película que retrata con solvencia las entrañas de la esfera periodística, sus aciertos y errores, sus más y sus menos, y equilibra su postura crítica ante este modelo. A pesar de su base clasicista, que personalmente me aleja del relato, la historia se levanta con fuerza gracias a las definiciones de personajes y a las derivaciones del discurso sobre el entorno en el que les toca interactuar. También refuerza la historia la vigorosa capacidad de Lumet para mover la cámara y su astuto sentido del ritmo. No obstante, el auténtico nervio del film reside en un reparto en absoluto estado de gracia, desde la exaltación de Peter Finch, hasta la maravillosa composición de una Faye Dunaway que vibra y arrasa allá por donde navega en sus derivas dialécticas. Ella es capaz por sí sola de acaparar todas las atenciones gracias a una composición imponente a la vez que elegante.

NOTA MEDIA del JURADO:

viernes, 8 de julio de 2016

CRÍTICA | CHINATOWN, de Roman Polanski


CHINATOWN, de Roman Polanski
4 Globos de oro, 3 Baftas y Óscar al mejor guión original
EE. UU., 1974. Dirección: Roman Polanski Guión: Robert Towne Fotografía: John A. Alonzo Música: Jerry Goldsmith Reparto: Jack Nicholson, Faye Dunaway, John Huston, Perry Lopez, Burt Young, John Hillerman, Darrel Zwerling, Roman Polanski Género: Intriga Duración: 125 min. Tráiler: Link Elección de Jaime Zaragoza
¿De qué va?: Un detective recibe la misión de seguir a uno de los principales gestores del sistema de aguas de campos vecinos a Los Ángeles. Lo que arranca como la investigación de una supuesta infidelidad termina siendo un intrincado caso de corrupción y secretos familiares.



CRÍTICA XAVIER: Chinatown es, a distintos niveles, una película inusual. En primer lugar, por ser la obra más recordada de Roman Polanski y, paradójicamente, una de las más alejadas de las temáticas y las formas del cineasta polaco. En segundo lugar, por ser la evocación de un género (el cine negro) en una década como la de los 70, y por lo tanto en un tiempo en el que los prototipos de antaño empezaban a clasificarse dentro del término "thriller", más general y, como resultado, más ambiguo. Y, finalmente, por ser en esencia un proyecto "de encargo" que, a pesar de su larguísimo guión inicial, de aplazar su estreno en varias ocasiones y de cambiar de compositor y de director de fotografía, acabó convirtiéndose en un notable éxito de taquilla. Chinatown, en pleno 2016, ostenta la categoría de clásico, pero lo más preciso sería decir que, en verdad, estamos ante el homenaje de una atmósfera clásica que tuvo su cenit en los años 40 y que en la actualidad sigue contando con relecturas interesantes por parte de nombres como Scorsese, Fincher, De Palma o los Hermanos Coen. Por ello, Chinatown la incluiría en una lista de films que, en lugar de "crear", prefieren "recrear" (en ese compendio pondría L.A. Confidential de Curtis Hanson o Camino a la perdición de Sam Mendes). De ahí que, aun asumiendo sus virtudes, prefiera Perdición de Wilder o Perversidad de Lang antes que Chinatown. Eso también explica mi predilección por el Polanski más cercano al thriller psicológico como el de El cuchillo en el agua o Lunas de hiel. Y si todavía no sabéis si echarme o no a los leones, añado: ¡qué actriz tan mediocre es Faye Dunaway! ½

CRÍTICA ALBERTO: Conociendo las portentosas habilidades del gran maestro Roman Polanski, cabría esperar una película de estas valoraciones. Una incursión bastante clásica por parte de su realizador, pero que en sus condicionantes de género consigue levantar ampollas y de forma muy solvente. Su vibrante homenaje al mejor cine negro emerge en una historia llena de rincones, de moralidades, de cuestiones culturales y sociales, en la que la astucia de un guión habilidoso concentra la capacidad de explorar las relaciones y conjunciones de su conjunto. La paleta de expresiones viaja entre nubes de humo y miradas perdidas, mediante un juego de silencios y palabras, de sombras y luces que abruma por su capacidad de concisión y nervio, y por su excelente gama de expresiones audiovisuales. La sólida factura técnica se mantiene firme ante el compendio de querer exprimir la máxima lucidez posible al conjunto de referencias y comunicaciones intrínsecas. Mención especial a la feroz aportación del maestro Nicholson y a la de la extraordinaria Dunaway: sus miradas, sus deseos, sus gestos y sus perfectas composiciones potencian las derivas expresivas de un film que te ataca directo y que perdura de forma casi inconsciente por sus innegables capacidades. ½


CRÍTICA ISIDRO: Polanski es un director que sabe explorar el desequilibrio de la psique humana. Con elementos cercanos al cine de terror escarba en los sesos de sus protagonistas, que se enfrentan a unos miedos que solo residen en sus cabezas. Pero a veces le da por tirar por otros derroteros y te zampa una Oliver Twist sosona o una de piratas. Pero por suerte, a veces cuando se sale de lo suyo, nos regala obras inolvidables que se enmarcan en lo mejor de su género, como El pianista en el drama del holocausto nazi o su revisión del cine negro con la enorme Chinatown. Y es que es una pasada a todos los niveles: la intriga está genialmente construida, la estética es casi plástica y al frente de todo tenemos una enigmática Faye Dunaway y un Jack Nicholson desnarizado en estado de gracia. Es tan buen que hasta en Rango copietearon su lucha contra las grandes corporaciones. Parafraseando al gran Homer Simpson: "¡Olvídalo, Marge, es Chinatown!" ½

CRÍTICA KOSTI: Debo ser de los pocos que no ha visto el poder, o el sentido de femme fatale que Faye Dunaway debía demostrar en esta película que entronca de lleno con el cine negro de los 50. Y es que un buen film noir sin una femme fatale potente se puede quedar coja, y eso es lo que me ha pasado con Chinatown. Por suerte, sus beldades han superado una primera impresión nefasta. Encontramos al genio de Roman Polanski ante un género que parecía haber encontrado su culmen dos décadas atrás. Unos la tildan de homenaje, otros de género en estado puro con estilo propio. Para mi, mezcla ambos conceptos. En su intento de homenajear el género le ha salido un producto propio, una “Polanskinada”, al igual que ya le había ocurrido con el terror. En ese resultado tiene mucho peso el personaje de Gittes, interpretado magníficamente por Jack Nicholson. El actor se maneja con mucha picardía, humor, sarcasmo y, por qué no decirlo, valor. Su personaje es de esos detectives privados echados "pa'lante", de los que no les importa meterse en mil jaleos por descubrir el tormento por el que está pasando su fémina partenaire (la Dunaway), lo que le lleva a descubrir sucias situaciones y marrones (casi negros) incomprensibles para la lógica. Lo que queda claro es que Polanski sabía lo que hacía, aunque contar con John Huston en su reparto y un cameo simpático y macabro también ayuda mucho. ½


CRÍTICA RONNIE: El film noir o cine negro no sólo se caracteriza por la fotografía en blanco y negro. Chinatown es oscura y elegante al más puro estilo de El halcón maltés, El sueño eterno o Perdición. La mano del realizador polaco, reconocido por su genialidad a la hora de construir atmósferas, sitúa la historia en el sitio idóneo para poder desarrollarse. Jack Nicholson es el detective que se ve envuelto en un turbio caso de asesinatos, corrupción y pasiones desenfrenadas, elementos claves del género. "Jacko" está impecable en su papel con la nariz rota, solo hasta que aparece en escena Faye Dunaway, con su personaje lleno de misterio y ambigüedad. Juntos forman una de las mejores parejas de la historia del cine, y a este par se suma la interpretación del gran John Houston con un sustancioso y memorable papel. La trama de la cinta a medida que avanza transita un ambiente viciado y desesperanzador que termina con un trágico final que te deja marcado como espectador. Una película que vale la pena disfrutar como cinéfilo y espectador. Mención especial merece la banda sonora de Jerry Goldsmith, acordes que encajan a la perfección en la ambientación lograda por el realizador. ½

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★★ 

jueves, 23 de junio de 2016

CRÍTICA | EL CASTILLO DE LA PUREZA, de Arturo Ripstein


EL CASTILLO DE LA PUREZA, de Arturo Ripstein
5 premios Ariel, incluyendo mejor película
México, 1972. Dirección: Arturo Ripstein Guión: José Emilio Pacheco y Arturo Ripstein Música: Alex Phillips Fotografía: Joaquín Gutiérrez Heras Reparto: Claudio Brook, Rita Macedo, Arturo Beristáin, Diana Bracho, Gladys Bermejo, David Silva, María Barber, María Rojo, Inés Murillo Género: Drama Duración: 105 min. Tráiler: Link Elección de Rafael Mejía
¿De qué va?: Gabriel ha mantenido encerrados en su casa a su mujer y a sus hijos durante dieciocho años. El único que puede salir al exterior es él, mientras la familia fabrica un raticida en polvo que Gabriel vende en las tiendas de la ciudad. La particular cárcel que ha construido Gabriel durante tanto tiempo se vendrá abajo cuando sus hijos entren en la adolescencia.


CRÍTICA XAVIER: El castillo de la pureza es una película crítica y alegórica. Arturo Ripstein plantea los peligros que supone coartar la libertad del ser humano, dando a entender que los instintos que habitan en nosotros son imposibles de reprimir. En el film, un padre actúa como dictador cruel, y la narración se encarga de desmontar su inoperancia. La constante lluvia que cae en el patio de la casa, los venenos que elabora la familia en un improvisado laboratorio o el rechazo a todos los símbolos relacionados con la sexualidad acaban configurando una atmósfera asfixiante que mantiene al espectador en vilo. En paralelo, Ripstein fuerza tanto "el concepto" que, como su tirano protagonista, no deja que los personajes respiren y, en parte, corta las alas a la película, por lo que ésta nunca llega a ser el relato subversido y trágico que por momentos promete. Por ello, uno intuye en el ritmo aletargado de El castillo de la pureza una gran carga ideológica, pero también cierta altivez que, como espectador, me distancia de todo lo que estoy viendo. Estamos, vaya, ante una cinta tan fácil de alabar como de desmontar. Guste más o menos, de El castillo de la pureza queda la sensación de haber asistido a una especie de Canino mexicano, la otra cara de un cine latino, pasional y de tendencia discursiva. ½


CRÍTICA ALBERTO: Cuando nos admiramos con la excelente gama de experimentaciones psicológicas que el cine contemporáneo nos trae, hay que hacer un poco de historiografía y remitirnos a los referentes que han edificado las bases para el desarrollo de tan interesantes ejercicios. Parece que la parcelas de expresión de directores como Yorgos Lanthimos se antojan completamente novedosas, pero lo que realmente es novedoso y admirable de sus propuestas es la capacidad de traslación de referentes pasados a la esfera actual. Arturo Ripstein, uno de los grandes maestros de la producción mexicana, hábil en las definiciones de personajes desde perspectivas varias, plantea aquí el juego de la no socialización como síntesis sobre las derivas culturales de nuestros días. El encierro de esta familia es una mirada inversa al mundo que nos rodea y cómo éste plantea muchas de las dinámicas que parecen proceder a veces de entes casi divinos. De forma inconsciente atendemos a la milimétrica postura de que nada es casual. La propuesta planteada navega en la astucia de retratar con verdad a sus personajes, sin olvidar el cometido ajustado, y para ello, vertebra sus opciones y las divide entre el rico juego de los diálogos y silencios y la notable dirección de Ripstein, sin olvidarnos de un reparto que insufla absoluta verdad a un relato que por su propia condición puede resultar artificioso. Una muestra más de cómo el cine puede cambiar o plantear cambios sobre la dialéctica social que nos rodea.

CRÍTICA ISIDRO: Canino me parece una jodida obra maestra. Cuando la sacaron leí algunas críticas negativas que decían que se había copieteado de una película mexicana de los años setenta. Seguramente en su día leería el título y la buscaría y todo, pero no me he coscado de que se trataba de El castillo de la pureza hasta que me la he puesto. Será copia o pura casualidad, el caso es que Yorgos Lanthimos sí que sabe sacar todo el jugo a este argumento que en manos de Ripstein queda algo endeblillo. Un padre de familia mantiene encerrados a su mujer y a sus hijos, que nunca han visto el exterior, en el patio del Chavo del 8. La mujer sometidísima se limita a estar guapa y a cocer patatas y alcachofas para cuando llegue el marido, figura de autoridad que se encarga de velar por el correcto funcionamiento de este microcosmos dedicado a fabricar raticidas. Y todo para preservar una supuesta pureza alejada de los vicios del hombre mundano. Sí, hay chicha, bastante, pero a la película le falta rotundidad; de hecho, cuanto más seria y crítica se pone la cosa, más ridícula se torna, con esos chillidos y sollozos de telenovela que compiten en verosimilitud con el “maldita lisiada” de María la del barrio. Para ejemplo, la escena final, que hace aguas por todos lados. Y aquí a las lámparas las llaman lámparas y no coños. Pierde toda la gracia. Aunque reconozco que me encanta que no coman carne, pero que experimenten con ratas grandes como caballos, y que hayan tenido peor gusto a la hora de decidir los nombres de los hijos (Utopía, Porvenir y Voluntad, toma ya) que mi hermana la preñada, que quiere llamar al bicho, si es niña, Cher. Si es así, Claudio, hazme el favor, enciérrame a mí también.


CRÍTICA RONNIE: Hablar en México de Arturo Ripstein es hablar de uno de los realizadores más prolíficos del medio, y a su vez de uno de los menos recordados por la audiencia de hoy en día. Su carrera incluye grandes títulos de la cinematografía mexicana que lo han hecho triunfar dentro y fuera del territorio nacional. El castillo de la pureza, Ariel de Oro a la mejor película, es uno de sus tres filmes más representativos, basado en hechos reales ocurridos en el país en la década de 1950. Un hombre mantiene a su familia encerrada en casa durante 18 años, convencido de la maldad imperante en el mundo exterior. La desavenencia de esta situación de encierro va provocando problemas en el círculo familiar a medida que los hijos se vuelven mayores y entran en la edad de la rebeldía. Destaca el sobresaliente trabajo del actor Claudio Brook y un relato que reafirma la solidez de una historia turbia y angustiante. La película toca temas bastante escabrosos como la doble moral o el malsano fanatismo y los límites de la locura disfrazados de “pureza”. Como dato curioso habrá que recordar que el filme se le ofreció a Buñuel pero, cuando éste declinó la oferta de llevarlo al celuloide, Arturo Ripstein y José Emilio Pacheco realizaron una gran labor de investigación para aprovechar la premisa de la historia en uno de los mejores guiones de nuestra historia nacional. ½

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★★

miércoles, 8 de junio de 2016

CRÍTICA | CABARET, de Bob Fosse


CABARET, de Bob Fosse
8 Óscars, 7 Baftas y 3 Globos de oro. National Board of Review a la mejor película
EE. UU., 1972. Dirección: Bob Fosse Guión: Jay Presson Allen y Hugh Wheeler, a partir de la obra de teatro homónima Fotografía: Geoffrey Unsworth Música: John Kander Reparto: Liza Minnelli, Michael York, Helmut Griem, Marisa Berenson, Fritz Wepper, Joel Grey Género: Tragicomedia musical Duración: 120 min. Tráiler: Link Elección de Eduardo Adams
¿De qué va?: En el Berlín de los años 30, el partido nazi campa a sus años mientras la vida nocturna es un cóctel de música, alcohol, desenfreno, amor y excesos. Un joven se queda prendado de Sally, la principal figura del Kit Kat Club. Ella es pizpireta, activa y luminosa. Él es un tipo serio, estudioso y poco dado a la juerga. Ambos, bajo la atenta mirada de un divertido y a la vez misterioso maestro de ceremonias, se darán cuenta que la vida es un cabaret.


CRÍTICA KOSTI: Bienvenidos al mayor espectáculo de Berlín. Y no es un circo, aunque sus personajes bien podrían haber salido de una pista central. Bob Fosse utiliza la ironía para ahondar en uno de los movimientos más destacados del siglo XX: el nazismo. Dentro de una ciudad sobre la que se avecina la llegada de un grupo político extremo, existen reductos de libertad y desenfado, como es el caso del Kit Kat Club, un pequeño paréntesis a la preocupación que cierne a los berlineses. Sé que está de más decirlo, pero estamos ante uno de los mejores (si no el mejor) musicales de la historia del cine. Con una fuerza inusitada y un despliegue como nunca se ha visto, su calidad técnica y su talento musical consigue sumirnos en un auténtico espectáculo que no bebe de sí mismo, sino de unos número musicales, unos diálogos inteligentes y de unas interpretaciones soberbias, al servicio de una historia manida pero muy fresca. Nadie ha conseguido sacarle tanta vis cómica al nazismo salvo, quizás, Ernst Lubitsch, pero ahí estamos hablando de otra liga. Fosse se rodeaba de esperpento, de ironía, de desenfreno, de libertad, de buena música, de sillas giratorias, de maquillaje y purpurina, pero también de una ambientación gris con rincones coloridos, de solidaridad en un entorno hostil e inhumano, y de una adaptación fiel a un espíritu puro y libre que encuentra su particular lugar en Cabaret, un espectáculo impagable al servicio del buen cine. ½

CRÍTICA RONNIE: Hay papeles legendarios que están destinados a convertir en leyenda a quien los interpreta: Sally Bowles es un ejemplo de ello. Minnelli encumbra la más laureada de sus interpretaciones (Óscar a la Mejor Actriz incluido) con una interpretación más que perfecta, llena de matices y una solvencia natural que deslumbran. Liza nació para interpretar a Sally Bowles, uno de esos personajes poderosos del cine que alegran la vida de quien lo descubre. Tampoco debemos dejar de lado al genial maestro de ceremonias que interpretó Joel Grey, un personaje enigmático y lleno de misticismo que cumple con lo que promete al introducirnos al Kit Kat Club: hacernos olvidar nuestros problemas y disfrutar de cada número musical. Quiero igualmente resaltar la soporífera presencia del resto del reparto, que no aporta ningún tipo de consistencia a la película, tanto que resulta completamente olvidable lo que vemos fuera del Kit Kat Club y los momentos sin Minnelli en pantalla (la historia de nazismo de trasfondo, la subtrama romántica entre Sally y Bryan, la presencia de Maximilian Von Heune). ½


CRÍTICA XAVIER: "Willkommen, Bienvenue, Welcome". Así nos da la bienvenida Joel Grey, magnífico maestro de ceremonias, en Cabaret, uno de los musicales más célebres de la historia del cine. Desde ese momento, el personaje de Grey actúa como extraño hilo conductor de la trama: cual divinidad clásica, profetiza qué sucederá con el dúo (luego ampliado a trío) protagonizado por Sally, la artista más famosa del Kit Kit Club. Grey aporta sátira y sobre todo mucha oscuridad a una película que conjuga a la perfección inocencia y crudeza, brillo y decadencia. Bob Fosse demuestra sus conocimientos del burlesque y la vida en los clubes nocturnos en una película dotada de un pulso maestro, con un montaje y una fotografía que son puro nervio. A la lista de aciertos se suma la pizpireta y en el fondo desamparada Liza Minnelli, sin duda en el papel de su carrera. También, cómo no, el citado Joel Grey, que ya interpretó al bufonesco amfitrión del lugar en las tablas teatrales. Cabaret sigue deslumbrando 35 años después de su estreno porque, a diferencia de otros musicales, sabe reconducir su vertiente grotesca en finísima crítica social. Es muy difícil explicar una frivolidad (el amor de unos jóvenes confusos) y convertirla en una trama cargada de significados. Por ello, cuando Grey reaparece para decirnos "Au Bientot", nos da un poco de pena. Sí, la vida es un cabaret. Pero un cabaret con asientos mugrosos y canciones tristes. Un clásico indispensable. ★★★★

CRÍTICA ALBERTO: Si tuviéramos que hacer una lista de los musicales clave de la historia del cine, sin duda estaría esta absoluta joya de Bob Fosse. Una película que en sus excelentes canciones y sus extraordinarios números musicales compendia un mapa reflexivo sobre la historia. La película vertebra sus imágenes y diálogos al servicio de un profundo mensaje sobre el valor de la humanidad y el eje consecutivo en torno a este. Su realizador deslumbra en el admirable ejercicio de la cámara y el equipo técnico (sobresaliendo una excelente ambientación) y perfila con solvencia las necesidades de una película que allá por donde se mueve alcanza el adjetivo de la admiración. Mención aparte merece la magia de Liza Minnelli, y la de mejor maestro de ceremonias que la vida ha dado nunca, un Joel Grey absolutamente inolvidable. Nombres que lideran un reparto creíble y entregado en una película que es capaz de equilibrar fondo y forma, y que nunca olvida y mantiene la extrema valentía que requiere dar forma a un musical de estas consideraciones. Joya inolvidable. ½


CRÍTICA ISIDRO: Berlín, 1931. Mientras asciende el partido nazi en Alemania, el Kit Kat Club sigue ofreciendo sus espectáculos que invitan al goce despreocupado y a la diversión por diversión. Divina decadencia, como dice Sally. Hay musicales que me gustan mucho, pero con otros simplemente no puedo. Me susurran Los Miserables o Into the Woods al oído y me estremezco de verdadero pánico. Pero Cabaret es el estilo de musical que me gusta: números musicales no demasiado ostentosos que funcionan en paralelo a la trama principal, pero que dicen mucho de la misma. Así Bob Fosse, para explotar todas las posibilidades del poco espacio que le ofrece el escenario, juega con los movimientos de cámara, los ángulos, el montaje, la iluminación y los caretos de Joel Grey. Y le queda de lujo la jugada. E incluso cuando no estamos en el Kit Kat, la cosa sigue interesando gracias a una magnética y vitalista Liza Minnelli y el rollo raro con se trae con el inglés y el alemán (paradójicamente, tratado con mucha, excesiva, sutileza) y los problemas que surgen en una Alemania cada vez más oscura. Pero por el momento siempre podremos escaparnos un rato al Kit Kat Club donde encontraremos a Sally Bowles para alegrarnos la noche. Porque la vida es un "cabaré", así que qué coño haces ahí tan solo sentado en tu habitación, ven y escucha la música, cojones, "¡ven al cabaré!"


NOTA MEDIA del JURADO: ★★★★½ 

jueves, 2 de junio de 2016

CRÍTICA | TAL COMO ÉRAMOS, de Sidney Pollack

 
TAL COMO ÉRAMOS (THE WAY WE WERE), de Sidney Pollack
Óscar y Globo de oro a la mejor canción original
EE. UU., 1973. Dirección: Sidney Pollack Guión: Arthur Laurents, a partir de su novela homónima Música: Marvin Hamlisch Fotografía: Harry Tradling Jr. Reparto: Robert Redford, Barbra Streisand, Bradford Dillman, Viveca Lindfors, Herb Edelman, Murray Hamilton, Patrick O'Neal, Lois Chiles, James Woods, George Gaynes Género: Drama romántico Duración: 115 min. Tráiler: Link Elección de Pedro Bernadas
¿De qué va?: A lo largo de distintos momentos de su vida, Hubbell y Katie se reencuentran. El primer acercamiento tiene lugar en la universidad. Él es un estudiante modélico, buen atleta y aspirante a escritor. Ella es una mujer comprometida, de fuertes ideales políticos y carácter muy decidido. Ambos son muy diferentes, pero el amor, la vida conyugal y el desencanto de la madurez se cruzarán en sus caminos.


CRÍTICA RONNIE: Una melosa historia de ¿amor? que se alarga todo lo que no debería. No es que sea larga en sí, pero es que, encima de que cansa, se burla del aburrimiento de uno con personajes simplones que responden a uno de los guiones más sobrevalorados de los últimos años. Un Robert Redford más pasmado que solvente, que pasea más tiempo demostrando lo chulo que está en uniformes diferentes que su verdadero talento. Resulta un poco desconcertante cómo la banda sonora ha obtenido un gran reconocimiento con el paso de los años, o que nadie recuerde ya la forma de actuar de Streisand (o de sobreactuar, según como se mire). Aunque, si me pongo un poco práctico y benevolente, me ha parecido más elaborado el trabajo de Bárbara que el de Robert. Sidney Pollack realiza una película completamente olvidable que pierde toda su fuerza (si es que tuvo alguna) con el paso del tiempo. ½

CRÍTICA XAVIER: Sidney Pollack vuelve al Cinoscar Summer Festival con Tal como éramos, uno de sus títulos menos reivindicados. Barbra Streisand y Robert Redford se aman y se pelean, se encuentran y se desencuentran... en definitiva, discurren en gran sintonía y contradicción en una historia dividida en varias partes que repasa los estados/estadios vitales de sus personajes. Una vez más, Pollack demuestra su capacidad de adaptación, ya que filma con soltura un drama romántico que, en otras manos, hubiera quedado como un retrato de época bastante caduco. Con todo, y aun reconociendo el gran trabajo de todas sus partes, Tal como éramos ni resulta apasionante como historia de amor ni despliega con suficiente pericia las subtramas (políticas, cinematográficas, sociales, etc.) que incumben a su pareja de "stars". Tal como éramos, en definitiva, me resulta tan postiza como las uñas de Streisand. Porque, si arriba citaba las bondades de Pollack, también hay que destacar que, como director, nunca gozó de la suficiente personalidad como para dejar una huella indeleble en la historia del cine. Puestos a elegir, este "festivalero" vehemente se queda con Danzad, danzad, malditos, película que el consenso del jurado le restó nominaciones en el Cinoscar Summer Festival del 2015. Esperamos a Pollack para el certamen del año próximo: con él, a pesar de todo, la dicha siempre es buena. ½


CRÍTICA ALBERTO: Hablar de clasicismo cinematográfico deriva en una serie de apreciaciones que muchas veces confuden ideas y no equilibran términos. Porque el clasicismo, en su breve síntesis, apela al cine que lucha contra las derivas del tiempo, bajo cánones más convencionales, o aquel que, acogiéndose a lo segundo, queda anclado en un punto del recuerdo. Sí, este último apela al conocido como "cine envejecido", aquel que por sus particularidades se ha quedado en un lugar y momento concretos, pero el cual no despierta las mismas valoraciones que antes. Con peligro de que lo anterior resulte prejuicioso y excesivamente acotado, en esa consideración de envejecimiento se enclava este film de Sidney Pollack. Una película que, sin ser incómoda, resulta excesivamente edulcorada y poco creíble. Su forma de plantear las relaciones de pareja atiende a la memoria de nuestros mayores, creando un importante espacio con el público no tan longevo. En cualquier caso, estamos ante una historia entretenida, con una interesante atmósfera que rezuma nostalgia, y con unos convincentes Redford y Streisand. Mención aparte merece el notable acompañamiento musical, que refuerza esa sensación de ternura. Comprueben ustedes mismos las opciones de la película sin su música y valorarán las capacidades de la misma. En definitiva, cine bonito sin mayores pretensiones.

CRÍTICA ISIDRO: Él, galán americanito encantador e intachable, atleta con sueños de escritor. Ella, comunista comprometida, impetuosa y apasionada. Se conocen y se enamoran, a pesar de las diferentes maneras que tienen de afrontar el mundo. Tal y como eran. La película está rodada con mucha solvencia, buen ritmo y mucho cariño hacia sus protagonistas. Streisand y Redford clavan a sus personajes y tienen química entre ellos. Y la bellísima banda sonora, capitaneada por una preciosa canción cantada por la propia "Barbie", contribuye mucho a crear ese ambiente nostálgico que ya se sugiere desde el título. O sea, el visionado de la película es bastante agradable, no lo voy negar. Pero, reconozcámoslo, en verdad tiene menos chicha que Angelina Jolie. Y como no tiene mucha carne, durante la "peli" me da por reflexionar sobre cuestiones paralelas y me pregunto cosas como cuándo se estrenó en España y si fue censurada por las cosas que dice la Streisand sobre la Guerra Civil Española, o a cabrearme con su personaje porque es una rancia sin sentido del humor, o simplemente me limito a decidir en qué planos se parece Robert Redford a Brad Pitt y en cuáles no, ¡porque tiene momentos en los que se parece un huevo, eh! En definitiva, una película para ver un domingo de esos en lo que somos más pijamas que personas y nos apetezca ponernos moñas, pero estemos hasta los cojones de ver Titanic y El diario de Noah. ¡Siguiente!


CRÍTICA KOSTI: Decir que Sydney Pollack es un director solvente es de perogrullo, pero no tanto apuntar a su vena nostálgica. Ya con su título, Tal como éramos, más evocador no puede ser. Sin embargo noto, al igual que en Los tres días del cóndor, aunque más acentuado, una falta de ritmo desquiciante. Tras la cámara aparenta ser un director comedido y justo, pero a la vez rueda con mucha parsimonia y dando grandes saltos temporales, que no es que le venga mal, pero junto a la calma lastran la historia. Sus personajes no puede decirse que estén mal construidos, de hecho son bastante completos e incluso ricos en matices, sobre todo el que da vida Barbra Streisand con sus devaneos políticos y su incipiente necesidad de tener siempre la razón y querer llevar su ideología al máximo esplendor. Aún así, algo sigue fallando. Los actores tienen poca o nula química, su historia va a trompicones y la nostalgia brilla por su ausencia, nada más perceptible en esa última escena, donde se ve a ambos volviendo a sus rediles como si piezas de un ganado se tratase, siendo lo que siempre se ha esperado de ellos: ella reflexiva y reivindicativa, y él uno más dentro de un rebaño acomodado. No me ha llegado a quedar claro si Pollack critica a una sociedad estática o, por el contrario, se suma a su conformidad y convencionalidad, creando así un producto lineal, con poca aportación artística y social y sin más miramientos que juntar a dos de las estrellas del momento... que no está mal, pero chirría bastante. Me quedo con el intento, que al final es lo que cuenta. Siempre nos quedará la maravillosa voz de la Streisand para amenizar el momento. ½

NOTA MEDIA del JURADO: ★★½

lunes, 30 de mayo de 2016

CRÍTICA | ANNIE HALL, de Woody Allen

 
ANNIE HALL, de Woody Allen
5 Baftas y 4 Óscars, incluyendo premio a la mejor película. Globo de oro a la mejor actriz de comedia
EE. UU., 1977. Dirección: Woody Allen Guión: Woody Allen y Marshall Brickman Fotografía: Gordon Willis Música: VV. AA. Reparto: Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts, Carol Kane, Paul Simon, Janet Margolin, Shelley Duvall, Christopher Walken, Colleen Dewhurst, Sigourney Weaver Género: Comedia romántica Duración: 90 min. Tráiler: Link Elección de Pablo Amich
¿De qué va?: Alvy, un neurótico enamoradizo, hace balance de su vida. En ella, las mujeres, y especialmente Annie Hall, ocupan un lugar más que destacado. Pero sus manías y obsesiones hacen que todas sus relaciones amorosas acaben fracasando.

 
CRÍTICA ALBERTO: Creo que, si alguna vez hemos admirado la magnificencia de Woody Allen, es por obras como esta. Sin duda, Annie Hall, acudiendo a uno de los temas claves del imaginario de Allen, la neurosis del hombre y su concatenación relacional con las mujeres, perfila una serie de situaciones, personajes y diálogos de suma inteligencia y de admirable síntesis humana. El avance de la trama en pro de un gran ejercicio de ritmo, fraguado a través de una serie de diálogos, que no sólo construyen un tríptico humano, sino que también admiran las irreverencias y el humor del mejor Allen, nos regala la inmensidad de la comedia en el verbo de unos actores excelentes. Así es, no sólo la conseguida apuesta de Allen sostiene admirablemente esta película, sino también un reparto en estado de gracia, donde brilla con especial luz una Diane Keaton impagable. Sin duda, una de las joyas cumbres en la filmografía de uno de los maestros de la comedia mundial. ★★★★

CRÍTICA ISIDRO: Las relaciones nacen, crecen, algunas se reproducen y casi todas se mueren. El romance con Annie no fue idílico y tampoco duró eternamente, pero el impacto en la vida de Alvy es innegable. Annie Hall fue la primera película de Allen en la que dejó de lado la parodia absurda para diseccionar por primera vez una de las grandes constantes de su obra: la relaciones de pareja. Y el resultado fue exquisito, en un ingenioso formato que juega a romper la cuarta pared a su antojo y con algunos de los puntazos de humor más inspirados del neoyorquino, se introduce una certerísima reflexión sobre la necesidad del ser humano de querer y ser querido: las relaciones pueden irse al garete tan fácilmente como llegan, y cuando eso sucede, y a todos nos ha sucedido, o te la suda o te entristece o te frustra o te cabrea o te sume en un pozo de mierda o "te todo a la vez", pero joder, no nos vamos quedar cual amebas solo por evitar eso, porque todo pasa y, al igual que aquel que no quería encerrar en un manicomio a su hermano que creía ser una gallina, necesitamos los huevos. Huevos de calidad "regularucha" de gallinas tristes encerradas en jaulas, o huevos de yema amarilla refulgente como el sol de gallinas felices que pastan por los campos, pero huevos en definitiva, y todos te valen para hacer tortilla. Y nadie le hace ascos a una "tortilla papas". ★★★★


CRÍTICA KOSTI: Nueva York vuelve a ser testigo de los desvaríos amorosos y mentales del histrionismo de un director que bebe de la experiencia autobiográfica que plasma en cada fotograma. No podríamos estar hablando de otro que no fuera Woody Allen. Sus inseguridades, su extraño humor, su ruptura de la cuarta pared y un montaje dinámico confluyen para ofrecernos una de las historias más sinceras del neoyorquino. Con Annie Hall, Woody Allen comenzó su andadura con su personaje autobiográfico. Es entonces cuando su verdadera cara asomó. El humor, que ya venía siendo un "must" en su filmografía, lo aplica al romanticismo y a las historias de pareja, y lo usa para ridiculizar o dejar al descubierto las dudas, fobias, inseguridades y obsesiones que, años después, descubriríamos que son las mismas del propio Allen. Sus personajes siempre se me hacen demasiado excéntricos, pero esa excentricidad es la que consigue un guión y unos diálogos elocuentes y llenos de matices, que hacen de sus películas posos de auténtica sabiduría. Woody Allen nunca ha sido santo de mi devoción, pero si algo hay que alabarle, aparte de una pluma prodigiosa, es saber rodearse de grandes actrices, de las “chicas Allen”, encabezadas por una magnífica Diane Keaton, que encontró en esa Annie Hall su personaje más icónico y emblemático. Su evolución de una mujer insegura, ansiosa por absorber la intelectualidad de un guionista venido a menos, a una seguridad completa, emprendedora y totalmente independiente hace de su Annie Hall uno de los mejores personajes femeninos que ha dado la historia del cine. Por si fuera poco, los recursos de los que se vale Allen para contarnos su historia y todos esos histrionismos que la rodean, hacen de su propuesta algo sorprendente: el espíritu escapando de la realidad para observarla de un plano menos subjetivo o un Allen animado compartiendo vivencias con una de las villanas más recordadas de la factoría Disney (metacine que llaman algunos). Sin embargo siempre hay algo que me falla en el Allen actor y en la sutilidad de sus formas, que unas veces existe y otras brilla por su ausencia, aportando esa irregularidad a sus devaneos. ★★★½

CRÍTICA RONNIE: Annie Hall es uno de los mejores guiones jamás escritos, una comedia completa de pies a cabeza que no pierde lucidez con el paso de los años. Allen explota al límite el uso de los recursos cinematográficos, la ruptura de la cuarta pared, el uso de dibujos animados como metáforas, partición de pantalla, escenas que rallan en la teatralidad pero que cohesionan el profundo análisis de las relaciones amorosas de una pareja “adulta”. El guión de Allen irrumpió con vigor y frescura en las salas del cine de la época. Trata temas como las frustraciones sexuales, los pensamientos antisemitas, la ciudad de Nueva York, las mentiras del psicoanálisis, sus referentes europeos o la alienación de la pareja. Temas que siguen presentes en su cine hoy en día en mayor o menor medida pero que le han dado un sello característico a un prolífico escritor y realizador que no pierde vigencia. Diane Keaton realiza el que podría considerarse el papel más importante de su vida, que le marcaría de una manera tal tanto dentro y fuera de la pantalla que algunos aún seguimos viendo reminiscencias de su Annie Hall. Keaton da vida a un personaje lleno de matices que le hacen trascender el universo cinematográfico para convertirse en un icono de la cultura universal. ★★★★½


CRÍTICA XAVIER: Annie Hall es una comedia romántica y al mismo tiempo una reflexión y una deconstrucción del género. Woody Allen habla de la vida y de las relaciones humanas en un conjunto que juega con la realidad y la(s) ficción(es), y lo hace con una habilidad asombrosa y un gran sentido del gag. Recreación, declaración de intenciones y exposición descarada de las filias y fobias de su firmante. En definitiva, Annie Hall es una de las grandes películas de Allen, una consideración mayúscula tratándose de un director que filma un título por año. Además, Annie Hall es la oda a una ciudad y a una época, representada en la estética de la cinta, su montaje sincopado, la mítica ropa de Diane Keaton o sus referencias literarias y cinematográficas. Annie Hall sigue fresca e indomable; ahora, convertida en el gran manual del humor trascendente al que todo humorista, director o espectador inteligente debe acudir con cierta asiduidad. Annie Hall es y será un mito del séptimo arte: las ansias por encontrar nuestra media naranja y las derivas existenciales que acometen al protagonista son también las nuestras, con independencia de la edad que tengamos, nuestra procedencia o nuestras bases cinéfilas. Annie Hall toca temas universales con una labia y un estilo único. Justamente aquello que sólo les pertenece a las grandes obras maestras. ★★★★½

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★★½ 

 
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lunes, 17 de agosto de 2015

CRÍTICA | OREJAS LARGAS (LA COLINA DE WATERSHIP), de Martin Rosen


OREJAS LARGAS (LA COLINA DE WATERSHIP, WATERSHIP DOWN), de Martin Rosen
Largometraje nº 07: Cinoscar Summer Festival 2015: Sección fuera de concurso
Elección de Elisaul Guevara
Reino Unido, 1978. Dirección: Martin Rosen Guión: Martin Rosen, a partir de la novela homónima de Richard Adams Duración: 95 min. Género: Animación Tráiler: Link Reparto: Animación
¿De qué va?: Hace muchos años, cuando se creó el mundo, los conejos fueron dotados con rapidez y espíritu de lucha. Ahora, un grupo de conejos emprende un viaje en busca de un nuevo hogar por las colinas inglesas. Tras abandonar su amenazada madriguera, los conejos conocerán nuevas especies, recorrerán paisajes que desconocían y serán conscientes de la maldad tanto del ser humano como del reino animal. Con todo, el grupo resto unido y sigue peleando por alcanzar sus sueños.
Palmarés: Saturn Award a la mejor película de animación.



RESEÑA ISIDRO: Orejas largas comienza con una fábula alegre sobre el origen de los conejos dibujada con una animación muy expresiva para luego saltar a un relato de supervivencia crudo y sin paliativos con una animación mucho más sobria. Orejas largas, pese a su título en España, es una película adulta: nada de enternecer a los conejos con ojillos saltones y colitas de algodón, te dibujan conejos tal cual, eso sí, con sutiles diferencias para reconocer a los distintos personajes, a su vez bien identificables por sus personalidades, muy bien trabajadas. Pero lo más chulo de la película es el entorno en el que se desarrolla: la campiña inglesa, lugar tranquilo por antonomasia, con sus bosquecillos, sus campos sembrados y sus cortijuelos, aquí es convertida en un paraje cruel como solo sabe ser la naturaleza, donde casi todo supone una amenaza, desde los perros y los gatos hasta el avance urbanista del hombre, pasando incluso por los conejos de otras madrigueras. Porque eso es otra cosa chula que tiene la película: cada madriguera es un mundo, organizada en un sistema social distinto, así que la película se convierte ya no solo en una lucha por la supervivencia sino también en una lucha contra las tiranías. Sí, ahí donde los vemos, estos conejos tienen más chicha de la que parece, tanta que con uno solo te sale 'arroz pa’ treinta' mínimo.

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RESEÑA XAVIER: Probablemente nunca hubiera visionado Orejas largas de no haber sido seleccionada en el festival. Por varios motivos: la animación no es un género que especialmente me motive, el film es bastante difícil de encontrar (en España está inédito en las vías 'habituales', por no decir 'legales') y la carrera de Martin Rosen no ha contado con la continuidad y la relevancia de otros compañeros europeos. Con todo, Orejas largas debe celebrarse como una extraña perla de formas tradicionales: toma los principios del cuento de toda la vida (animales parlanchines, historia de valores, etc.) y los traslada a un territorio propio del gótico, antes incluso de que Burton o Henson entre otros abrieran las puertas de la animación a públicos adultos (todavía a día de hoy sorprenden algunos recursos narrativos bastante impropios del cine infantil, como la imagen de un conejo expulsando sangre tras caer en un cepo o el dibujo de los conejos malvados que aparecen en el último tramo del relato). Un film, por todo ello, difícil de ubicar, fuera de cualquier cánon y avanzado a su tiempo. No es la mejor película para ver con los pequeños de la casa, por mucho que el film pueda resultar una introducción interesante a las jerarquías y maldades del ser humano (seguro que algún niño de la época quedó traumatizado). Animación triste, para mi gusto algo pesada, pero con pequeños destellos de genialidad. Para cinéfilos abiertos a todo tipo de experiencias.

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RESEÑA DANIEL: La tranquilidad del bosque se ve perturbada de un momento a otro por lo inesperado, por lo siniestro. La invasión se hace presente y el exilio se hace necesario. Orejas largas es un film atípico, que roza la maestría dentro de su género, un tipo de animación pensada para reflexionar pero a través de imágenes diferentes, quizá algo grotescas para muchos paladares, pero que imposibilita la indiferencia. Es un alegato hermoso y terrible a la vez a la ecología; un canto a la naturaleza, una declaración perpetua de entrega a la vida misma, un prodigioso relato de la amistad acompañado de suma tensión e intriga. Martin Rosen, el director de esa película realizada en los 70, deja de lado los convencionalismos y desgarra nuestra sensibilidad por medio de la crueldad a la que son sometidos los protagonistas; una sensación ahogante de pesadumbre invade de pronto el ambiente. Y me siento como esos seres de orejas largas, me vuelvo uno de ellos, sufro como ellos y comprendo la metáfora. Un film tétricamente hermoso. Precioso descubrimiento.


viernes, 14 de agosto de 2015

CRÍTICA | LA MUCHACHA DEL SENDERO, de Nicolas Gessner


LA MUCHACHA DEL SENDERO (THE LITTLE GIRL WHO LIVES DOWN THE LANE), de Nicolas Gessner
Largometraje nº 05: Cinoscar Summer Festival 2015: Sección fuera de concurso
Elección de Marga Molero
Canadá, 1976. Dirección: Nicolas Gessner Guión: Laird Koenig, a partir de su novela homónima Duración: 95 min. Género: Drama Tráiler: Link Reparto: Jodie Foster, Martin Sheen, Alexis Smith, Mort Shuman, Dorothy Davis, Scott Jacoby, Clesson Goodhue, Dorothy Davis
¿De qué va?: Rynn Jacobs es una adolescente inteligente, desenvuelta y sagaz. Hace mucho tiempo que nadie ha visto a su padre, un escritor de éxito, y todo parece indicar que la pequeña se las apaña viviendo sola. La casera, el extraño hijo de ésta y un joven aspirante a mago la acompañarán en su viaje de crecimiento, aunque la chica desea estar sola. Por el camino, conoceremos sus debilidades y secretos.
Palmarés: Saturn Award a la mejor película y a la mejor actriz.


RESEÑA XAVIER: Resulta curioso visionar en el 2015 La muchacha del sendero sabiendo cómo ha evolucionado la carrera de Jodie Foster, que en el film interpreta a una adolescente muy desenvuelta. Las relaciones entre el personaje de este título de los 70 y Foster son evidentes: ambas son mujeres indomables y solitarias, a contracorriente del gran Hollywood y con un sentido de la privacidad y la independencia, tanto personal como artística, muy particular. Pero que la actualidad (o la nostalgia) no nos despiste... La muchacha del sendero es una curiosa propuesta que se sustenta en un único personaje y en un único espacio, detalles que la convierten en una película de raíz teatral. Diferentes personajes intentan perturbar la tranquilidad de Rynn, una joven de 13 años que vive sola, tal vez con la única compañía de sus secretos (algunos, escondidos en una terrorífica trampilla que haría las delicias de Agatha Cristie). El film tiene todos los ingredientes temáticos y formales para ser despachado como 'película menor' (término muy recurrido por la crítica): tal vez la etiqueta se ajusta a la perfección a la propuesta, pero también es importante destacar que esta avispada muchacha tiene misterio y encanto. Además, claro está, de una grandísima Jodie Foster, a pesar de su edad. Porque, llámenme fetichista, me imagino a Foster, con la experiencia y la tranquilidad de sus cincuenta 'tacos', recordando el film y diciendo: 'eso niñita soy yo'. En todos los sentidos. Para suerte del cinéfilo que, como quien escribe, admira a la actriz de Acusados y El silencio de los corderos.

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RESEÑA ISIDRO: En La muchacha del sendero una mozuela de 13 años muy madura para su edad y misteriosa, que dice vivir con su padre, deja entrar a todo quisqui en su casa. Y ea. Esa es la película. Con un pestillo en la puerta se acababa a los veinte minutos. Con esta premisa se intenta crear una intriga en un único escenario con mentiras, crimen y falsas apariencias que cruzan los caminos de la niña, su padre, la casera, el hijo pedófilo de la casera, un policía y el sobrino cojo del policía. Y digo que intenta porque el resultado es bastante regular: la propuesta es muy inverosímil y tiene más agujeros que un colador, y lo único que le da consistencia a la película es una jovencísima Jodie Foster que defiende con nota un personaje que en otras circunstancias sería un auténtico despropósito. Y además la puesta en escena resulta bastante impersonal y canta a años setenta más que Abba y Boney M juntos: música horterísima (cuando no es Chopin), zooms gratuitos y el vestuario de la Foster a base de jerséis. No, no es una película muy sólida, pero al menos se deja ver bien y entretiene, que no es poco. Para los que entre semana echen de menos las películas malas del finde de Antena 3 (no sé quién tiene tanto valor, pero de todo hay en la viña der zeñó).

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RESEÑA DANIEL: Algo muy decepcionante para cualquier cinéfilo es ir a ver una película que ha sido ‘vendida’ en un determinado género, y llevarse la (desagradable) sorpresa de que no es lo que aparentemente se esperaba. Más o menos eso me ha pasado con La muchacha del sendero. En el film una jovencísima Jodie Foster se convierte en una victimaria más, enredada en sus pensamientos, acosada y acechada por el típico psicópata ‘cara bonita’. De thriller e intriga, poco. Lo que consigue el director (pese al pobre guión) es mantener un pulso narrativo bastante atractivo para que no aburra mientras los hechos se desarrollan, pero aun así todo me resulta impostado y sin la fuerza que caracteriza un drama psicológico (que en el fondo es lo que es), además de un desenlace algo soso. A la película la salva la interpretación (brillante) de Foster y uno que otro momentazo junto a Martin Sheen que logra ejecutar salvajemente. Lo demás no es reseñable. Exagerada verborrea e insuficiente tensión. A medias me quedo.