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miércoles, 10 de junio de 2020

CRÍTICAS | FESTIVAL DE CANNES (III)


MATTHIAS & MAXIME
Canadá, 2019. Dirección y guion: Xavier Dolan
Sección oficial a concurso del Festival de Cannes

En Los amores imaginarios, Xavier Dolan filmaba un trío amoroso con el ímpetu y la inocencia de un adolescente. En Matthias y Maxime, los personajes se acercan a la treintena y deben gestionar su amistad con los deseos y designios de una vida plena, en un mundo adulto. La evolución de esas dos cintas (del hedonismo a la melancolía, de la exaltación extrovertida a la introversión) describe a la perfección el crecimiento de un cineasta cuya impronta se hace patente en todos sus fotogramas. Lo que antes era firma de novel con ínfulas, ahora es una marca de estilo. Con todo, sería un error considerar Matthias y Maxime como una película madura, y es en este punto donde el cine de Dolan se abre en canal ante nosotros, sensible y sentido, con todas sus virtudes y defectos. A la postre, Dolan sigue hablando de lo mismo, o dando tumbos en torno a las mismas ideas. Casi nunca construye personajes con dobleces, interesantes. Su querencia por el grito, la desestructuración familiar y el montaje sincopado, con euforia musical de aderezo, resulta tan estimulante como cargante. Y entre medias, uno se pregunta si Dolan, más allá de evidenciar el carácter personal y generacional de su filmografía, no pierde otra oportunidad de filmar el documento definitivo sobre los pecados, los excesos y las turbulencias de una juventud, masculina y homosexual, de la que solo se nos ofrece su dermis en forma de dudas (no siempre argumentadas) y excentricidades (no siempre justificadas). Sea como sea, Matthias y Maxime atesora una de las ideas más potentes de su autor: el cine dentro del cine (la filmación del cortometraje entre Matt y Max) como detonante de un conflicto vital. La prueba, para muchos irrefutable, de que la carrera de Dolan solo alcanzará cuotas más altas cuanto más se ciña a su innegable talento como cineasta y menos dependa de sus subjetividades como individuo. Otro Dolan es posible: ojalá Matthias y Maxime sea la antesala del cambio.



LA BELLE ÉPOQUE
Francia, 2019. Dirección y guion: Nicolas Bedos
Sección oficial fuera de concurso del Festival de Cannes. 3 premios César

La comedia, más si cabe la romántica, necesita nombres nuevos que pongan patas arriba los tópicos del género. En Francia, Nicolas Bedos lleva años poniendo en valor la comedia desde su faceta de director teatral, guionista, actor, cineasta y dramaturgo. Su ópera prima, Monsieur & Madame Adelman, dio cuenta de su habilidad para la construcción de diálogos y la dirección de intérpretes, unos valores que ahora cristalizan en La belle époque, su película más compleja hasta la fecha. El humor, la ternura, el vodevil y la ciencia ficción se dan la mano en una historia que traslada a un dibujante sexagenario a los mejores años de su vida: la década de los 70. En un doble juego de creación y recreación, Bedos dispone las cartas de siempre, aunque las baraja a su antojo: de ahí que el visionado sea una sorpresa constante, un viaje agradable, lleno de ingenio. De la experiencia resulta una película que reivindica la memoria y se acerca al pasado con sentido de la crítica y de la nostalgia. Una prueba de que los recuerdos, a la contra de lo que podría parecer, son una ficción. ¿Estará Bedos hablando, ni que sea indirectamente, del gran momento, pretérito y perdido, de esa comedia que tanto ama? Seguramente sí. Tan evidente como que, desprovista de sus piruetas visuales y verbales, La belle époque no es más que un entretenimiento; adulto, aunque inofensivo. Cine francés, susceptible de ser "remakeado", que se enorgullece de reproducir todo aquello que nosotros, sus vecinos, asociamos al país del amour fou. No por casualidad, en la lengua de Molière el intérprete, antes que "acteur", es un "comédien". 



UN BLANCO, BLANCO DÍA
Islandia, 2019. Dirección y guion: Hylnur Palmason
Semana de la Crítica del Festival de Cannes. Nominación al EFA al mejor actor

Al cine nórdico no le sobran cineastas apesadumbrados. A esa lista se suma Hylnur Palmason, islandés de 35 años que asegura que las películas de Saura y Erice le cambiaron la vida. En Winter Brothers, su debut, ya podían intuirse algunas esencias de los dos genios españoles: el apego al thriller, la experimentación en el montaje, su estilización fotográfica, la construcción de atmósferas inquietantes o la metáfora visual con amagos de crítica social. De hecho, su mediometraje En maler, visto con ojos ibéricos, podría ser una versión escandinava, y por lo tanto cruel, de El sol del membrillo. Un blanco, blanco día, la primera obra de Palmason que llega comercialmente a nuestro país, ahonda en esa tendencia al malestar, ahora aliado con la geografía de una Islandia que parece el lugar más bello del continente, también el más desafiante. Un policía viudo pierde los papeles cuando descubre que su esposa tenía una relación con otro hombre. Su vida se apuntala en dos direcciones: la construcción de una casa y su rol como abuelo. Todo salta por los aires cuando la sed de venganza aflora en su interior. Palmason nunca aporta evidencias, tampoco justifica hechos, ni tan siquiera filma actitudes reprobables para que el espectador juzgue lo que le plazca. Para Palmason, las imágenes en movimiento son pura abstracción. Por defecto, nada debe tener sentido para que, paradójicamente, todo adquiera significado. Un blanco, blanco día puede entenderse como una enajenación, un tránsito a la lucidez, una emancipación emocional, un regocijo autodestructivo, una redención... o todo lo contrario. Poco importa. De ella quedan cien minutos de cine retador, inaudito, incómodo. Cien por cien nórdico. Hermanado con Erice. Puro Saura. Y, sobre todo, único en su especie. Sin duda, seguir la prometedora carrera de Palmason será uno de los placeres masoquistas de la nueva cinefilia.



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lunes, 25 de mayo de 2020

CRÍTICAS | FESTIVAL DE CANNES 2019 (II)



ESPECIALES (HORS NORMES)
Francia, 2019. Dirección: Olivier Nakache y Eric Toledano
Sección oficial fuera de concurso del Festival de Cannes. 8 nominaciones al César

La firma del dúo Nakache y Toledano está asociada a una comedia coral con discurso social y vocación popular. La fórmula parece fácil, pero está al alcance de pocos superdotados. La Francia multicultural y desigual encuentra aquí su enésimo espejo, entre crítico y amable, ahora a vueltas con el tratamiento de las personas con autismo y los adolescentes con necesidades educativas especiales. Vincent Cassel en uno de sus trabajos más inspirados y el siempre eficiente Reda Kateb comandan una lucha a contracorriente por salvar dos organizaciones sin ánimo de lucro que han operado 15 años al margen del sistema, paradójicamente legitimadas por los vacíos legales y las necesidades de las distintas partes implicadas (padres, cuidadores, enfermeros, etc.). El binomio se las ingenia para crear gags casi infantiles (la palanca del metro), sketches efectivos (la queja no atendida del vecino), coletillas recurrentes (ese Tinder judío) e instantes inspirados en los que el artificio cómico se alía de forma orgánica con los postulados militantes del filme (el concurso de siglas). Con tantos recursos en su recámara, es fácil entender el éxito de taquilla en su país y la enorme aceptación que tuvo en los pases del último Festival de San Sebastián. El cine de Nakache y Toledano sigue sabiendo a verdad, aunque sobredimensione la entrega de sus personajes, pese a no salir de su zona de confort (siendo justos, definida a su vez por la asunción de no pocos riesgos). En términos de ejecución y escritura, probablemente la mejor película hasta la fecha de sus directores.



ROUBAIX, UNE LUMIÈRE
Francia, 2019. Dirección: Arnaud Desplechin
Sección oficial a concurso del Festival de Cannes. César al mejor actor protagonista

El alma de la Nouvelle Vague sigue viva gracias a Desplechin, el más discursivo y apasionado de todos los cineastas galos en activo. Sus personajes se quieren perdidamente pero se pelean. Los suyos son relatos de encuentros y enfrentamientos. En su cine existe una fe ciega en la palabra y en el poder del arte, en todas sus facetas. Conviene recordar todo ello ante una propuesta aparentemente de ruptura, ligada a un género (el thriller), a un paisaje (Roubaix, municipio al nordeste de Francia, tocante con Bélgica, de casi 100.000 habitantes) y a un tiempo (la Francia convulsa de 2020), como Roubaix, une lumière. Desplechin se acerca al thriller criminal con la estilización del cine norteamericano de los 70 (esos colores ocres y fríos) y a la vez con vocación de cineasta realista (los interrogatorios y la reconstrucción final del crimen aparecen en pantalla con el tiempo y la dicción morosa y triste de la realidad). De esa dicotomía surge una película inusual, incómoda, elegíaca, punto de encuentro de otras cintas y tendencias. Una anomalía, en definitiva, en la carrera de un autor que, por primera vez, captura la humanidad e inmundicia mediante silencios. O tal vez no tanto: el vínculo amoroso nunca subrayado entre los personajes de Seydoux y Forestier, el apoyo paternal que el jefe de policía (Dem) ejerce con su nuevo empleado (Reinartz) y los breves apuntes sobre el pasado familiar del protagonista funcionan como subtramas, más bien como subtexto emocional, de una historia que plantea con fiereza, también con modestia, lo mal que se tratan las personas entre sí. A la postre, la "luz" del título es la mayor aportación de Desplechin. Pero la esperanza, lejos de ser un concepto positivo, es  aquí un estado agridulce de cambio, de utopía, de vértigo...




EL REFLEJO DE SIBYL (SIBYL)
Francia, 2019. Dirección: Justine Triet
Sección oficial a concurso del Festival de Cannes y Sevilla


Tras Los casos de Victoria, película que despertó una incomprensible simpatía en su país de origen, Justine Triet pisó la alfombra cannois con El reflejo de Sibyl, divertida crónica de las derivas de una terapeuta que se obsesiona con una de sus pacientes. En el menú cabe casi de todo: cine dentro del cine, verborrea alleaniana, una reflexión sobre la suplantación de identidad y la figura del doble, una parodia sobre la creación, un recital interpretativo de Virginie Efira y un guion que toma infinidad de riesgos. Que casi nadie le haya reído las gracias, ni en Francia ni en España, es un misterio digno de estudio. Frémaux la situó estratégicamente casi al término de la competición del festival, a modo de refrigerio elegante. Puestos a pedir enmiendas, alguien debería darle a Efira esa nominación que los César de este año, tan generosos en polémicas, no quisieron brindarle (basta comparar su aportación con la de la ganadora, la Anaïs Demoustier de Los consejos de Alice, para echar el grito en el cielo). Imperfecta, barroca, indefectiblemente francesa (porque el gentilicio, en este caso, funciona como adjetivo), y aún así superior en creatividad e ideas a un tanto por ciento importante de todo el cine que desfilará por salas y plataformas este 2020. 


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martes, 12 de mayo de 2020

CRÍTICAS | FESTIVAL DE CANNES 2019 (I)



SORRY WE MISSED YOU
Reino Unido, 2019. Dirección: Ken Loach
Sección oficial a concurso del Festival de Cannes

A estas alturas de la película, no podemos pedir sutilezas en casa de Ken Loach y Paul Laverty. Ser fiel a uno mismo es, de por sí, algo muy complicado en una coyuntura artística tan preocupada por "apelar a todos" y "no molestar a nadie". Sorry We Missed You tiene todas las virtudes y todos los vicios de sus artífices. Hay verdad con aromas de folletín, buenas interpretaciones pese a algunas sobreactuaciones, un resumen certero de la precariedad aun cuando el filme apuesta por un miserabilismo sobredimensionado. Ahora bien: la película evidencia hasta qué punto la furia de Laverty salva a un Loach que, en su última etapa, parece filmar por inercia, echando mano de formalismos. Allá donde Loach aporta más bien poco (colores fríos, los planos-contraplanos de toda la vida, etc.), el texto de Laverty alcanza cuotas de emoción, a veces esperadas y en otros momentos inusitadas. Sea como sea, el naturalismo de uno de los tándems más fructíferos del cine moderno tiene garantizada su continuidad (al menos hasta que la edad y la salud les acompañen). Su talento es incuestionable y el día a día de la calle y de los medios siempre les brindará la inspiración que necesitan. Sorry We Missed You consigue lo que se propone: tocar la fibra del público medio y hace reflexionar sobre las indecencias del contexto capitalista.




LA GOMERA (THE WHISTLERS)
Rumanía, 2019. Dirección y guion: Corneliu Porumboiu
Sección oficial a concurso del Festival de Cannes y Sevilla

La presentación de La Gomera en la sección oficial del festival puso en valor la carrera de Corneliu Porumboiu, nombre importante del cine rumano de nuevo cuño que en el templo cannois había ocupado posiciones secundarias con respecto a Puiu y Mungiu. Crítico con el pasado sociopolítico de sus país, amante de la mezcla de géneros y firmante de historias de textos sencillos y subtextos abigarrados, el director de El tesoro firma un thriller bizarro, tocante con el cine negro clásico, el neo-noir, el western e incluso la parodia de todas esas tipologías. El silbo gomero, toda una rareza lingüística, es el epicentro de una red más extraña que tupida de interrogantes. El aplomo de Porumboiu es innegable y el aporte mafioso del actor-director Agustí Villaronga es una extravagancia divertida. Prima, eso sí, la sensación de que su firmante quiso abarcar mucho y, cumpliendo el dicho, consiguió apretar los gatillos del (contra)género de una manera discreta, algo anodina. Interesante, aunque no ensancha los horizontes de un thriller europeo excesivamente manoseado en los últimos años, tanto en la pequeña como en la gran pantalla. 




DE REPENTE, EL CIELO (IT MUST BE HEAVEN)
Palestina, 2019. Dirección y guion: Elia Suleiman
Mención especial y Premio FIPRESCI del Festival de Cannes

Con rictus de mimo chapliniano, apelando al "autocine" que ya practicó Nanni Moretti en los 90, Elia Suleiman rubrica una comedia a contracorriente sobre el colonianismo, las apropiaciones culturales y las violencias implícitas que se agazapan en tejidos sociales tan diferentes como los de Oriente Medio, Francia y Estados Unidos. La entrada frustrada a un templo religioso, las invasiones de un vecino que cuida el limonero del protagonista y el acecho de las fuerzas policiales sirven para filmar gags visuales y mudos, cual viñeta preñada de sorna y semánticas. Con todo, Suleiman cree significar más de lo que consigue, a veces subraya ideas y en algunos momentos necesita distanciarse de sus planteamientos iniciales para dar vuelo a la obviedad de su discurso (véase el interesante inserto metacinematográfico con Gael García Bernal). Suleiman puede parapetarse en la alegoría, pero cerrar el filme con una dedicatoria a Palestina es un recurso un tanto bajo. Eficaz, eso sí, si se quiere llamar la atención de los festivales internacionales. Una anécdota personal que, en su espíritu militante, encontrará el arropo de una parte importante de la crítica especializada.



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jueves, 2 de enero de 2020

CRÍTICAS CINE MUSICAL | JUDY, ROCKETMAN, YESTERDAY y BLINDED BY THE LIGHT (CEGADO POR LA LUZ)

Grandes éxitos británicos: Garland, John, Beatles y Springsteen


JUDY
Nominación al Globo de oro, SAG y Satellite a la mejor actriz protagonista
Escucha la reseña de Judy de Dionar Hidalgo en nuestro podcast
EE. UU., 2019. Dirección: Rupert Goold Guion: Tom Edge
¿De qué va?: Con 47 años, en el ocaso de su carrera, Judy Garland viajó a Londres para dar una serie de conciertos. Su vuelta a los escenarios despertó un enorme revuelo mediático y puso de manifiesto las debilidades y el carácter único de la estrella. Esta es la historia de lo que sucedió entre bambalinas. Ficha completa
Reparto: Renée Zellweger, Rufus Sewell, Finn Wittrock, Michael Gambon, Jessie Buckley, Bella Ramsey, John Dagleish, Gemma Leah Devereux, Gaia Weiss, Andy Nyman, Fenella Woolgar, Phil Dunster, Julian Ferro, Royce Pierreson, Lucy Russell, Philippe Spall, Kate Margo Música: Gabriel Yared Fotografía: Ole Bratt Birkeland Género: Drama biográfico Duración: 110 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 31/01/2020.


Hollywood sacia estómagos académicos cada final de año con su particular ración de biopics. Judy, el plato del curso que en España comeremos con retraso (se estrena a finales de enero), no suma ni un nuevo ingrediente al menú. Tal vez esa sea su gracia. Para nosotros, su principal debilidad. Goold no consigue que su Judy Garland tenga un mínimo ápice de humanidad. El tópico devora a la artista, se antepone el mito a la persona. Y por desgracia, lo que resulta de todo este ejercicio de cocina fílmica a granel es una Renée Zellweger escuálida, transformada para la ocasión, que trufa cada fotograma de mohines y ademanes. Poca cosa, vaya, si se es un acólico de Garland. Menos aún si a quien visiona el legado de El mago de Oz le pilla a destiempo. Así que lo más atractivo de Judy, y por atractivo hay que entender morboso, es precisamente la interrelación, buscada o casual, entre el devenir de Garland y Zellweger. Ambas, elevadas a los cielos y condenadas al olvido. Ambas, marcadas por personajes icónicos que facilitaron y destruyeron su carrera. Ambas, víctimas de un escarnio mediático que ha cambiado de armas (del papel cuché a los muros de Twitter) pero no de términos. Todo ello, más el aderezo cosmético de toda transformación física y el esfuerzo de cantar sin playback, merecía y merece un Óscar. Lástima que, con los focos apagados, las tribulaciones de Judy, arruinada, inestable y dependiente de aplausos y sustancias, parezcan poco más que caprichos de una niña que no pudo ni supo crecer.




ROCKETMAN
3 nominaciones a los Globos de oro y 1 a los SAG
Reino Unido, 2019. Dirección: Dexter Fletcher Guion: Lee Hall 
¿De qué va?: En la sala de un centro de rehabilitación, Elton John recuerda su infancia, sus primeros pasos como músico, su conversión en estrella internacional y las particulares relaciones que mantuvo con su madre, el letrista Bernie Tauplin y el manager John Reid. Ficha completa
Reparto: Taron Egerton, Jamie Bell, Richard Madden, Bryce Dallas Howard, Steven Mackintosh, Gemma Jones, Tom Bennett, Kit Connor, Stephen Graham, Matthew Illesley, Ophelia Lovibond, Charlotte Sharland, Layton Williams, Bern Collaco, Ziad Abaza, Jamie Bacon, Kamil Lemieszewski, Israel Ruiz, Graham Fletcher-Cook Música: Elton John y Matthew Margeson Fotografía: George Richmond Género: Biopic musical. Comedia dramática Duración: 120 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 31/05/2019.

Si eres gay en los años 70, resulta demasiado ingenuo pensar que esa circunstancia no marcará tu vida, ya seas un simple operario de fábrica o, en el caso de Elton John, una estrella del rock. Este punto, inexistente en Bohemian Rhapsody, es precisamente aquello que da razón de ser y personalidad a esta Rocketman. La película de Fletcher ofrece una fantasía visual antes que un biopic en el sentido estricto: de ahí que sus momentos musicales sirvan para explicar la psicología del personaje y esa época tan ingrata con la que le tocó lidiar. El filme expone sus vínculos con la esfera LGTBI porque así lo requiere su protagonista. No es un capricho ético o estético: se trata de pura coherencia. Resulta prodigioso ver a Taron Edgerton cantando y bailando sin dobles mientras las letras de John y los nuevos arreglos instrumentales dan cuerpo al drama con toda su purpurina y lentejuelas: es brillante la set piece que pone al cantante en el fondo de una piscina para acto seguido meterlo en un quirófano, un aeropuerto, un concierto abarrotado y finalmente un jet privado. La película tampoco tiene reparos en mostrarnos la adicción a las drogas, el carácter ególatra y las víctimas colaterales que dejó John durante sus primeros años de carrera, dato importante si se tiene en cuenta que el propio artista ha dado luz verde a la película (a diferencia de Queen, sin ánimos explícitos de exprimir la gallina de los huevos de oro). Rocketman, en pocas palabras, celebra la música y ofrece un espectáculo que convencerá por igual a fans de John y a recién llegados, a nostálgicos y a millenials. Incluso se diría que, en sus mejores momentos, la película tiene el nervio del mejor musical clásico. ¿Puede la Academia rectificar y dar el Óscar al mejor montaje de Bohemian Rhapsody a esta Rocketman, infinitamente mejor editada y mejor película?



YESTERDAY
Nominación al Goya a la mejor película europea
Reino Unido, 2019. Dirección: Danny Boyle Guion: Richard Curtis, a partir de una historia de Jack Barth
¿De qué va?: Un aspirante a músico trabaja en un supermercado. Su mánager es una profesora de matemáticas y sus padres solo han escuchado una canción suya. Tras un apagón, el chico se da cuenta que es la única persona que recuerda a Los Beatles y utiliza las letras del grupo para relanzar su carrera. Ficha completa
Reparto: Himesh Patel, Lily James, Kate McKinnon, Ed Sheeran, Lamorne Morris, Ellise Chappell, Camille Chen, Alexander Arnold, Joel Fry, Sophia Di Martino, James Corden, Robert Carlyle Música: Daniel Pemberton, con canciones de Los Beatles Fotografía: Christopher Ross Género: Comedia musical Duración: 115 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 05/07/2019.

Tiene gracia que en plena discusión del Brexit nos haya llegado una película como Yesterday, cuya premisa imagina un mundo incapaz de recordar estandartes británicos como los libros de Harry Potter o la música de Los Beatles. Se mire por donde se mire, el texto y el contexto no podían resultar más certeros. Danny Boyle y Richard Curtis, con toda seguridad, nunca se plantearon esas relaciones: Yesterday es una historia blanca sobre la fina línea que separa el éxito profesional y el fracaso personal, y en consonancia su discurso se centra única y exclusivamente en una industria musical capitalista que quiere hacer dinero a toda costa, aunque ya nadie compre discos físicos. En este sentido, una de las escenas que mejor describen el "mood" de la película es el momento en el que el protagonista habla con los únicos fans de Los Beatles que siguen recordando el grupo de Lennon y la narración aprovecha ese encuentro para ensalzar la fuerza balsámica, la cohesión cultural y la fascinación que despierta la música, con todos sus ritmos y sus letras, aunque el ruido de afuera solo entienda de dólares. Pese a esto, la película de Boyle, por lo general un director con más estilo que enjundia, cae en aquello que en apariencia critica al apostar por un producto blanco, igual de obsesionado con hacer caja a expensas de un símbolo. También desluce un humor inglés poco eficaz, la inexplicable exposición de Ed Sheeran, unos actores sin demasiado atractivo y una moraleja final que aboga por la pareja, la integridad personal y la presunta derrota del sistema monetario que corrompe el arte y sus hombres. En síntesis, Yesterday es una radiografía del panorama político de 2019, aunque no lo parezca. El sacacuartos de siempre para contentar a las masas. Si Lennon levantara la cabeza...



BLINDED BY THE LIGHTS (CEGADO POR LA LUZ)
Reino Unido, 2019. Dirección: Gurinder Chadha Guion: G. Chadha, P. Mayeda Berges y S. Manzoor
¿De qué va?: Javed en un joven inglés de ascendencia paquistaní. Corre el año 1987 y su familia sufre los estragos de la crisis política y económica del país. En ese contexto, la música de Bruce Springsteen cambiará su manera de entender el mundo. Ficha completa
Reparto: Viveik Kalra, Hayley Atwell, Rob Brydon, Kulvinder Ghir, Nell Williams, Aaron Phagura, Meera Ganatra, Dean-Charles Chapman, Nikita Mehta Música: A. R. Rahman, con canciones de Bruce Springsteen Fotografía: Ben Smithard Género: Comedia dramática Duración: 115 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 20/09/2019

No hace falta ser melómano o fan incondicional de un cantante para recordar el impacto de esa canción, ese álbum o ese videoclip que marcó nuestra adolescencia. Cada uno tiene sus tótems, todos muy variados, todos válidos. Ese bagaje sirve para entender la filia, casi obsesión, que siente el protagonista de Cegado por la luz por Bruce Springsteen, y cómo el imaginario musical le ayuda a sobrellevar la Inglaterra de Margaret Thatcher, la rectitud de su familia y la discriminación racial que vive en el instituto y en la calle. La cineasta Gurinder Chadha, especialista en historias good feeling multiculturales, pone verdad e imaginación a una película que parece rescatada de un desván ochentero, para el caso atemporal. Un cuento agradable y un regalo al mismísimo Springsteen, que se emocionó tras ver el filme en un pase privado. A ratos demasiado explícita, al final un poco alargada e idealista, pero es de esperar que su audiencia potencial se entretenga y reflexione con unos tiempos que se parecen bastante al Reino Unido de 2019. Ojalá la juventud de hoy en día escuchara al sabio de Bruce y no esas pachangas de ritmos machacones y letras denigrantes que, paradójicamente, ponen banda sonora al movimiento feminista. Sintámonos afortunados: todavía hay películas que creen en los buenos sentimientos y que no toman por tontos a los espectadores.



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lunes, 28 de octubre de 2019

CINE ESPAÑOL 2019 | LO QUE ARDE, DIECISIETE e INTEMPERIE



LO QUE ARDE (O QUE ARDE)
Festival de Cannes: Premio del jurado (Un Certain Regard). Festival de San Sebastián: Perlas
España, 2019. Dirección:  Oliver Laxe Guion: Santiago Fillol, Oliver Laxe
Escucha nuestra reseña en el siguiente PODCAST
¿De qué va?: Amador sale de prisión tras cumplir condena por haber provocado un incendio. Al regresar a la casa de su madre, el hombre se reencontrará con las gentes de su aldea. Ficha completa
Reparto: Amador Arias, Benedicta Sánchez, Elena Mar Fernández, Inazio Abrao Fotografía: Mauro Herce Género: Drama Duración: 89 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 11/10/2019.

Lo que arde se articula a partir del paisaje: así lo demuestra el arranque del filme, con las imágenes de un buldócer arrasando un bosque en plena noche. La magnificencia de la naturaleza domina y de alguna manera devora a los personajes, incluyendo a Amador, un pirómano que regresa a casa con una serenidad trémula, como si en sus adentros siguieran vivas las ascuas del pasado. Laxe narra en voz baja, sirviéndose de expresiones mínimas y recursos inusuales en el cine español: casi ningún realizador de nuestro país se atrevería a usar música clásica, el tema Suzanne de Leonard Cohen o un elaborado entramado sonoro para reproducir la fuerza bella, primigenia, a la postre virulenta, de la orografía gallega. También consigue con un guion mínimo pero exacto, con planos de tempos y semánticas precisas, reproducir el carácter tosco, esquivo y desconfiado de unos seres que viven conectados a sus raíces a la par que alienados. Hombres parásitos, a imagen y semejanza de esos eucaliptos que no dejan crecer ninguna hierba a su alrededor. El resultado son ochenta y cinco minutos que debaten sobre nuestro posicionamiento vital, social e incluso político en un orden natural superior, regido por el poder creador y destructor de los elementos, fuego incluido. Al final importa poco si Amador es el responsable del incendio que cierra la película, tampoco interesa bucear en las profundidades de su mente, probablemente carcomida por el dolor de culpas propias y ajenas. Para Laxe, la presencia humana en la superficie terrestre es poco más que un accidente. Un árbol ínfimo en el horizonte. Un misterio insondable. Y ahí es donde Lo que arde prende llama y quema como el cine de Erice, como el Tasio de Armendáriz, como ese novísimo cine gallego, crepuscular y atemporal, entre la ficción y el documental (Trote, A esmorga, Trinta lumes), que encuentra aquí su "lumbre cumbre".



DIECISIETE
Festival de San Sebastián: Sección oficial fuera de concurso
España, 2019. Dirección y guion: Daniel Sánchez Arévalo
¿De qué va?: Héctor todavía no ha cumplido la mayoría de edad. Contradiciendo las normas del centro de menores en el que está interno, el chico decide emprender un viaje con su hermano para buscar a Oveja, la perra con la que realizó terapia de reinserción. Ficha completa
Reparto: Biel Montoro, Nacho Sánchez, Lola Cordón, Iñigo Aranburu, Itsaso Arana, Kandido Uranga, Carolina Clemente, Jorge Cabrera, Chani Martín, Mamen Duch Música: Julio de la Rosa Fotografía: Sergi Vilanova Género: Comedia dramática Duración: 100 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 18/10/2019.

En España no solemos hablar de feel-good movies. Nuestra cinematografía entiende de comedias populares, por norma general chuscas, y de títulos más sofisticados que, aunque en algún momento pueden tener el consenso de crítica y público, difícilmente alcanzan dimensiones de acontecimiento cinematográfico. Daniel Sánchez Arévalo, a la contra de ese principio, siempre ha cultivado un humor dramático, social, juvenil y amable. Ha dirigido películas reconfortantes, de éxito modesto pero de culto indiscutible como Azuloscurocasinegro Primos. Incluso ha establecido un estilo propio, asociado a un plantel de actores muy concreto y a temáticas siempre pertinentes como la familia, la amistad y el paso a la edad adulta. El director cántabro, vaya, merece considerarse un feel-good director, sin que ese apelativo reste méritos a su trayectoria. Ese título se demuestra una vez más en Diecisiete, su nuevo lanzamiento. Primero, por haber llamado la atención de Netflix, un sello que actúa según los gustos de la masa, sean abonados en activo o suscriptores potenciales. Y en segundo lugar, tras un impás dedicado a la publicidad y a la literatura, por seguir con sus obsesiones y tonos habituales. En pantalla, dos hermanos inician un viaje de (auto)conocimiento, con diálogos vivaces e interpretaciones más que convincentes. Sánchez Arévalo siente cariño y contagia esa empatía por sus criaturas. En él no se intuyen ni cinismos ni eufemismos. Diecisiete avanza y se consolida como un relato transparente, humano. Solo le resta su carácter verbal, algo repetitivo, y la necesidad, inherente a toda road movie pero innecesaria, de sumar demasiadas peripecias (la tumba profanada, la vaca del primo): la película alcanza cuotas más satisfactorias cuanto más se constriñe a sus personajes y a sus circunstancias. El resultado es una obra tonificante, nada desdeñable en el conjunto del cine español de 2019. Lástima que las restricciones de la plataforma reina le hayan impedido ser el éxito de taquilla que merecía.



INTEMPERIE
Festival de Valladolid: Inauguración a concurso
España, 2019. Dirección: Benito Zambrano Guión: Benito Zambrano,
Daniel Remón y Pablo Remón, a partir de la novela de Jesús Carrasco
¿De qué va?: La Guerra Civil ha terminado. En el cuerno de Andalucía, un niño huye de su capataz. En su fuga, sus pasos se cruzan con los de un pastor que le ofrece protección. Mientras, las autoridades del pueblo siguen avanzando por las llanuras. Ficha completa
Reparto: Luis Tosar, Luis Callejo, Jaime López, Vicente Romero, Manolo Caro, Kandido Uranga, Mona Martínez, Miguel Flor De Lima, Yoima Valdés, María Alfonsa Rosso, Adriano Carvalho, Juanan Lumbreras, Carlos Cabra Música: Mikel Salas Fotografía: Pau Esteve Birba Género: Drama. Thriller Duración: 103 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 22/11/2019.

Nos separan ocho años de La voz dormida, última película, también adaptación literaria, de Benito Zambrano. Tras Solas Habana Blues, la crítica especializada citaba a Zambrano como uno de los cineastas españoles más importantes del nuevo siglo, aunque sus ritmos de trabajo, imaginamos que por imperativos de la industria, han resultado menos constantes de lo esperado. Accidente colateral de todo ello, un estreno como Intemperie, inauguración de la Seminci vallisoletana, tiene visos de acontecimiento, aunque las expectativas pronto se desvanecen con los primeros compases del filme. Si la novela de Jesús Carrasco era tosca e introspectiva, con alma de western, la lectura de Zambrano adocena el material original en un producto de multisalas, capaz de disimular sus estrecheces presupuestarias, correctamente orquestrada e interpretada, pero carente de emoción, de dobleces morales, de complejidad psicológica, de ingenio escénico, de garra. Del brío, en definitiva, que presumíamos en ese Zambrano novel de hace ahora dos décadas. Parte del problema reside en la  fidelidad caligráfica, algunos dirían académica, respecto a la novela original; y, paradójicamente, en el único cambio que introduce el guion por voluntad propia, harto desatinado: da mayor espacio a los personajes adultos, aunque ello no implica la añadidura de capas y temas a la historia. A lo mejor es problema del lector-espectador que escribe, tampoco se trata de sancionar las versiones y las visiones de otros autores, pero en mi cabeza Intemperie era una película casi muda, de planos cortos, frentes perladas, pieles sucias, cueros curtidos y paisajes yermos y grandiosos. Con escenas al ras, pero también con interiores claustrofóbicos. Con la relación de un niño que huye y de un hombre que ya no necesita huir de nada, y de la amistad y del aprendizaje que surge de esa unión. Ese filme, en resumen, que intuyo en el metraje de Zambrano, pero que nunca llega a eclosionar. Una pena.


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jueves, 24 de octubre de 2019

LISTA | LAS MEJORES PELÍCULAS DE BONG JOON-HO

Con motivo del lanzamiento en España de Parásitos, repasamos la carrera de Bong Joon-Ho (Daegu, 1969), máximo exponente del nuevo cine surcoreano. Sus 8 largometrajes, en orden de preferencia.


8. TOKYO! (2008)
En el filme colectivo Tokyo!, Joon-Ho se aliaba con Carax y Gondry para explicar tres versiones/visiones diferentes de la capital nipona. La historia de Carax sirvió de génesis de la magistral Holy Motors. El fragmento de Gondry es probablemente el más inspirado del tríptico. Joon-Ho, aunque lúcido como siempre, sale perdiendo con su relato de cine (dentro del cine).

lunes, 21 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (IX) | EL SITGES CANNOIS: LE DAIM, LUX AETERNA, LES PARTICULES e YVES


LE DAIM (DEERSKIN)
Francia, 2019. Dirección y guion: Quentin Dupieux
Sección: Oficial a concurso

El cine de Quentin Dupieux es una suma de anécdotas. Sin más. Para algunos, un defecto; para otros, su seña de identidad. Le daim, como el resto de su filmografía, se construye sobre una boutard: un hombre paga siete mil euros por una cazadora de piel de ciervo y decide hacer y decir cosas sin cordura aparente. La marcianada alcanza cuotas metacinematográficas cuando el protagonista, que ama su chupa por encima de todo, decide rodar una película con la ayuda de una camarera. Dupieux parece estar citándose a sí mismo, quitándose importancia y diciéndonos mediante la técnica del alter ego que él no es un verdadero cineasta, que solo quiere provocar (estar a favor de un tipo que prefiere las pieles naturales a los tejidos artificiales, en el plano simbólico, es una postura a contracorriente) y que su éxito es fruto de un error (en el filme, la admiradora que interpreta Haenel cree estar viendo una gran película porque el protagonista Dujardin se lía a tortas ante la cámara con otro señor). Y si seguimos ese camino, obligatoriamente hay que interpretar el final como una cita catastrofista en la que el propio Dupieux profetiza su muerte a manos de sus fans. Parece mentira, pero los 70 minutos de Le daim darían para una tesis doctoral. La clave es si a Dupieux solo le interesan las chanzas o si en verdad hay sentido entre tanto sinsentido. Quien escribe cree que el director francés no se toma en serio a sí mismo y que, en su caso, las metáforas son bonitos accidentes, casualidades en las que solo reparan los críticos de turno. Tal vez resolvamos el misterio en el siguiente objeto audiovisual no identificado que filme Dupieux.



LUX AETERNA
Francia, 2019. Dirección y guion: Gaspar Noé
Sección: Oficial fuera de concurso

Libérrimo, anárquico, incómodo, provocador. Gaspar Noé admite pocas presentaciones. Solo él puede grabar un filme de 50 minutos en pocos días y montarlo a una velocidad récord para su presentación en el Festival de Cannes. Solo él conseguiría que Charlotte Gainsbourg y Béatrice Dalle, dos actrices muy solicitadas, decidieran aparcar su agenda para rodar una película sin guion. Y tan solo el director de Clímax puede pisar el cine Prado de Sitges y ser recibido entre vítores y gritos de "eres el puto amo", como si fuera una estrella del futbol o del rock. Lux Aeterna, divertimento apócrifo, nos sumerge en un rodaje caótico. De aderezo, caminatas por pasadizos y dilatados diálogos, pantallas partidas y luces de neón parpadeantes no aptas para epilépticos. Para reflexionar sobre el arte de la representación, el poder de la destrucción y las bases de la manipulación. Para, a lo mejor, simplemente molestar: como dice el propio Noé, "esto es solo una película". Un mediometraje que se ve desde la curiosidad y se recuerda como una pesadilla. Porque únicamente Noé puede tomarnos el pelo y al mismo tiempo darnos la sensación de que hemos sido afortunados por visionar otra de sus paranoias.



LES PARTICULES (PARTICLES)
Francia, 2019. Dirección: Blaise Harrison
Sección: Oficial a concurso

A juzgar por los comentarios escuchados tras su proyección, Les particules fue una de las películas de la sección oficial sitgense más detestadas. Sin ánimo de crear controversias, el problema tal vez resida en el contexto: el festival catalán no beneficia a propuestas en las que el género, aunque presente, no termina de eclosionar. Y precisamente de eso, de explosiones espontáneas y de partículas que colisionan, habla una cinta de la que a priori cuesta establecer una línea argumental clara. La dirección de fotografía con planos aéreos majestuosos, el paisaje nevado que hace frontera entre Francia y Suiza, la música electrónica que a veces se asemeja a un ruido y el casting de actores, chicos de caras barrocas y cuerpos desgarbados, suman magia y misterio a este cuento sobre ese tiempo adolescente en el que no pasa nada y al mismo tiempo sucede todo. Su director filma a los adultos de espaldas, escondiendo sus caras o directamente subrayando su ausencia; y la película, en su abstracción, captura parte de ese desarraigo, un desamparo profundo. Mientras, en la superficie, vemos un grupo de amigos que se desintegra por culpa de una desaparición a la vez que el protagonista encuentra la que pueda ser su alma gemela; y, sin hacer ruido, en el subsuelo, se esconde el acelerador de partículas más grande del mundo que abastece de electricidad a todas las poblaciones de la zona. Las lecturas entre lo oculto y lo evidente dependen de la sensibilidad y de la paciencia de cada uno. ¿Pedantería o genialidad? Para nosotros, lo segundo. Título, para más señas, venido de la Quincena de Realizadores de Cannes.



YVES (ALL ABOUT YVES)
Francia, 2019. Dirección y guion: Benoit Forgeard
Sección: Oficial a concurso

En Cannes también pudo verse Yves, de nuevo con escala en Sitges (aquí, conocida entre los acreditados como "la película de la nevera"). El trasunto del filme bien podría ser una ocurrencia que su director dio forma una noche de borrachera con amigos. En pantalla, un frigorífico inteligente ayuda a un joven rapero, se queda con su novia, gana Eurovisión... y entre todos hacen un trío. Se supone que todo esto es una parodia del show business, pero en muchos momentos cuesta encontrarle la gracia y la semántica a tal despropósito. Como comedia, la película nunca se deshace de su seriedad. Como película fantástica, siempre resulta demasiado realista. Y en algún punto de esa medianía, Yves se las ingenia para resultar un producto inofensivo, uno más de los tantos que factura la industria francesa cada año (en ese cómputo, compensa el trabajo de William Lebghil, que muchos descubrimos en la reciente Mentes brillantes). Tan insípida e incolora que, horas después de su visionado, costaba recordarla. La prueba de que no todas las ideas son buenas y que no siempre el cine francés merece los halagos que se le dedican casi por defecto. Si el término "frikada" puede usarse como improperio, no hay palabra mejor para definir Yves. Recemos para que nuestros vecinos no ingenien versiones similares con microondas, televisores y otros trastos parlanchines.


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miércoles, 9 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (V) | DOCUMENTALES: MEMORY: THE ORIGINS OF ALIEN, LEAP OF FAITH, MAKING WAVES y SESIÓN SALVAJE



MEMORY: THE ORIGINS OF ALIEN &
LEAP OF FAITH: WILLIAM FRIEDKIN ON THE EXORCIST
EE. UU., 2019. Dirección: Alexandre O. Philippe
Sección: Oficial fuera de concurso


Alexandre O. Philippe nos apasionó con 78/52, el análisis pormenorizado y lúdico de la escena más famosa de Psicosis. Este año en Sitges ha presentado dos películas, ambas consagradas al estudio de dos clásicos del cine fantástico, una coincidencia que reivindica su nombre como uno de los directores más importantes de la contemporaneidad, sin importar géneros o formatos. Memory: The Origins of Alien es un ensayo sobre la mitología de Alien, su concepción, creación, contexto y aportación a la historia del cine, a la vez que no renuncia a las tradicionales entrevistas a cámara y relato de anécdotas del rodaje. En paralelo, Leap of Faith: William Friedkin on The Exorcist se articula sobre una charla que el director mantuvo con Friedkin durante seis días, un encuentro que en pantalla se traduce en un divertido a la par que cerimonioso monólogo en el que el oscarizado cineasta desvela sus referencias pictóricas y cinéfilas, habla sobre la fe y la vida y, sobre todo, narra cómo fue el proceso de filmación de El exorcista. Philippe se muestra igual de cómodo explorando los secretos de la nave Nostromo que conversando en la intimidad con uno de sus mentores. Ambas obras, vistas por separado o en conjunto, ponen de manifiesto la importancia de (re)visionar el cine de antaño con vocación pedagógica, con la mitomanía justa y necesaria, animando a las nuevas generaciones a bucear en las bases del cine de terror para entender los fotogramas del presente. Dos piezas audiovisuales de lujo para todo amante del séptimo arte, porque Philippe ama el cine, contagia su pasión y, por el camino, consigue acercarnos a las personas que lo hicieron y hacen posibles. Asistir a un festival o a una sala de cine en pleno siglo XXI sigue teniendo sentido gracias a películas y sensibilidades como las de Philippe.



MAKING WAVES: THE ART OF CINEMATIC SOUND
EE. UU., 2019. Dirección: Midge Costin
Sección: Oficial a concurso

Sabemos muy poco de la técnica del sonido en el cine, incluso a muchos nos cuesta diferenciar qué se premia en las categoría de sonido y efectos sonoros en los Óscar. Making Waves ayuda a conocer desde dentro qué hay detrás de esta disciplina y cómo ha evolucionado desde los tiempos mudos hasta la revolución digital de nuestros días. El documental reivindica el cine como un medio en constante (r)evolución tecnológica que se ve y sobre todo se escucha, y por el camino celebra la industria de Hollywood y aquellos nombres que en algún punto del siglo pasado contribuyeron al audiovisual. Tal vez ese sea el punto más discutible del metraje: en el fondo, Making Waves es una exhibición de poder por parte de Hollywood y mantiene incólumes el mito de gran parte de sus estrellas (no es casualidad que solo se citen filmes nominados por parte de la Academia y se eludan otros títulos del ámbito independiente). Igualmente, ver en pantalla grande escenas de películas míticas es un gozo que a muchos nos lleva incluso a la lágrima. Cualquier amante del cine aprenderá y disfrutará con Making Waves. ¿Para cuándo un filme similar sobre la tan cuestionada gestión del sonido en el cine español?



SESIÓN SALVAJE
España, 2018. Dirección: Paco Limón y Julio César Sánchez
Sección: Oficial fuera de concurso

Amenábar argumentaba a colación de Mientras dure la guerra que la sociedad española tiene un conflicto con sus símbolos nacionales. Si el cine, además de ser una industria, ostenta el estatus de símbolo, por representar la idiosincrasia y las evoluciones de un país, documentos como Sesión salvaje bien merecen figurar en la lista de visionados obligatorios en institutos, escuelas de cine y alrededores. En apenas 80 minutos, Paco Limón y Julio César Sánchez condensan una ingente cantidad de películas que dice mucho, o muy poco, de lo que somos y fuimos. Se reivindica, en síntesis, el western, el terror, la ola quinqui, las obras del Destape y la mal llamada "españolada", todo con las dosis justas de nostalgia y crítica. El metraje avanza frenético: hay mucho que contar y sus artífices hacen gala de un entusiasmo superlativo, siempre contagioso. El resultado es un viaje de fotogramas, entrevistas y efemérides desde la censura franquista hasta la Transición, un gozo absoluto que el espectador puede y debe completar visionando todos los títulos que se citan (algunos, míticos; otros, desconocidos). Nos sumamos al sentido comentario de Ángel Sala en el Auditori del Festival de Sitges: nuestra ficción y sus gentes se merecen muchos más filmes como Sesión salvaje. También nuestros símbolos: por eso Sesión salvaje sabe a reconciliación, a justicia poética, a estudio de un pretérito que debemos preservar.


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martes, 8 de octubre de 2019

FESTIVAL DE SITGES 2019 (IV) | EL PAISAJE COMO INFIERNO: EL FARO (THE LIGHTHOUSE), BACURAU, THE LODGE y VIVARIUM


EL FARO (THE LIGHTHOUSE)
EE. UU., 2019. Dirección: Robert Eggers
Sección: Oficial fuera de concurso


El faro causó sensación en el último Festival de Cannes. Era la película de la que todo el mundo hablaba y que muy poca gente tuvo oportunidad de visionar. Casualidad o no, tanto San Sebastián como Sitges la han seleccionado en sus escaparates antes de su estreno en salas el 10 de enero (dicho sea de paso, con pocas posibilidades de recaudación, aunque detrás esté el sello Universal, coprotagonice el actor Robert Pattinson y a la cinta se le presagien algunas candidaturas al Óscar). Robert Eggers, que ya inauguró Sitges con la estimulante La bruja, hace alarde una vez más de su habilidad a la hora de planificar escenas, construir atmósferas y dirigir intérpretes. El faro, con fotografía 4:3 en blanco y negro, propone un viaje inmersivo, húmedo y paranoico a las profundidades de una isla perdida de Nueva Inglaterra. Dos fareros, experto y aprendiz, conviven, riñen y beben todo tipo de líquidos mientras se encargan de tareas mundanas. A medida que avanzan las semanas, su desazón se incrementa, la locura devora sus mentes y sus cuerpos, y el mal campa a sus anchas en forma de sirenas, tormentas e historiales violentos. En ese "viaje de no retorno", Ebberts quiere que cada gesto de sus actores y cada elemento escenográfico tenga la mayor intensidad posible, pero la fórmula termina por agotar y ahogar la película. Tal vez porque su director carece de la habilidad narrativa de Paul Thomas Anderson o porque el citado Pattinson, a pesar de su titánico trabajo, dista de ser Daniel Day-Lewis. El faro, en síntesis, representa ese cine "imponente" de nuevo cuño que, por pura egolatría, dista de ser "importante". Adjetivos aparte, su visionado en pantalla grande y en versión original está más que justificado. Las voces cannois tenían razón, aunque no había para tanto.



BACURAU
Brasil, 2019. Dirección y guion: Juliano Dornelles y Kleber Mendonça Filho
Sección: Oficial a concurso

En Bacurau cohabitan distintas películas de géneros muy diferentes, no todas ellas satisfactorias. En esencia, Dornelles y Mendonça Filho proponen un western clásico, con un poblado que se protege de la amenaza de bandoleros, y a esa estructura se le van añadiendo componentes realistas, surrealistas y toques propios del cine de acción y de terror. El plato es variado y se paladea con gusto, aun cuando el dúo de cineastas imprime a las imágenes un tempo lento que puede descolocar a públicos no demasiado dados a excentricidades. Crónica sobre el colonialismo, sus víctimas y sus verdugos, contada en clave futurista pero vinculada al presente tanto de su país como del conjunto de su continente. Sonia Braga, más secundaria de lo que a muchos nos gustaría, imprime una personalidad fiera y firme a su personaje, si bien el perfil de otros habitantes de esta Bacurau está más cercano a la caricatura burda. En lo personal, una cinta de difícil digestión, demasiado marciana y un tanto cuestionable: ahí está el estallido de violencia final, tan exacerbado que se diría contrario a sus pesquisas sociales, y el trazo bobalicón de los villanos, como si sus artífices quisieran parodiar y al mismo tiempo reproducir los tópicos de los blockbusters de acción. En lo personal, una propuesta que funciona mucho mejor en sus pasajes menos peliculeros y, por lo tanto, cuando filma un paisaje yermo, desabastecido, abandonado de la mano de dios y de los humanos, en claro vínculo con el Brasil de Bolsonaro. 



THE LODGE
Reino Unido, 2019. Dirección: Severin Fiala y Veronika Franz
Sección: Oficial a concurso

En Sitges había mucha expectación por visionar el nuevo trabajo de los directores de Goodnight Mommy, una de las revelaciones de hace ahora cinco años. Muchos temían que la mirada de Fiala y Franz, ya con un presupuesto mayor y con las inevitables restricciones industriales (recordemos: se trata de vender el mayor número de entradas en todo el mundo), hubiera sufrido un blanqueamiento que les acercara al blockbuster y les alejara del indie europeo, su terreno habitual. Por suerte, The Lodge no hace concesiones a nadie y se intuye una lectura libre, también imprevisible, de la debacle familiar y la oscuridad infantil que ya sobrevolaba su anterior título. Tras perder a su madre, dos hermanos deben convivir con la nueva pareja de su padre en una cabaña en mitad del bosque y en pleno invierno. La casa se convierte en purgatorio, la convivencia se torna un calvario y las escasas esperanzas de salvación entroncan con los traumas de los mayores y de los pequeños. Fiala y Franz, una vez más, demuestran su mano maestra en la construcción de atmósferas y en la dirección de crescendos dramáticos. La resolución, de nuevo, decepcionará a aquellos que esperen atar todos los cabos sueltos. Es difícil vaticinar qué trayectoria tendrá The Lodge en cines y plataformas: justamente se sitúa en un territorio fronterizo entre el terror comercial y la abstracción más absoluta. Sea como sea, esperemos que el filme dé una nueva vida a la carrera de Alicia Silverstone, una actriz que dentro y fuera de la pantalla sufre y ha sufrido una particular penitencia. Sin el cansancio y las prisas propias del festival, apetecerá volver a The Lodge para disfrutarla y sufrirla como se merece.




VIVARIUM
EE. UU., 2019. Dirección: Lorcan Finnegan
Sección: Oficial a concurso


La Semana de la Crítica de Cannes acogió este mayo Vivarium, la nueva distopía indie del cine norteamericano. Pocos personajes, un único espacio y lecturas que ponen sobre la mesa cuestiones como la incomunicación, la deshumanización y la vida en el primer mundo acomodado. Podría ser un capítulo breve de Black Mirror pero Lorcan Finnegan convierte Vivarium, su segundo largometraje, en un estimulante tour de force de hora y media de duración en el que Jesse Eisenberg e Imogen Poots, protagonistas casi únicos de la función, están encerrados en un barrio residencial deshabitado. Su desesperación contrasta con un paisaje laberíntico, tan vacío en lo formal como, intuimos, cargado de significaciones muy intrincadas. La anécdota, aunque notable y entretenida, no siempre justifica su metraje; y su resolución, puede que la única posible, se intuye evidente. Con todo, Vivarium es un juguete fílmico estimulante, capaz de consensuar a los fans del género y al público general de los multisalas, aunque será especialmente este último el que agradezca la evidencia de metáforas tan transparentes como la escena de los títulos de crédito iniciales. Un El show de Truman filtrado por las derivas kafkianas de Enemy, con toques que pueden recordar al cine de Gondry y Jonze. 


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