sábado, 21 de febrero de 2009

OSCARS 11: NO ES PAÍS PARA VIEJOS


Título: NO ES PAÍS PARA VIEJOS Título original: No country for old men Dirección: Joel y Ethan Coen País: Estados Unidos Año: 2007 Duración: 110 min. Género: Thriller dramático Reparto: Josh Brolin, Javier Bardem, Tommy Lee Jones, Kelly Macdonald, Woody Harrelson, Tess Harper, Stephen Root, Barry Corbin, Beth Grant, Rodger Boyce, Ana Reeder, Chip Love, Kit Gwin y Zach Hopkins Guión: Joel y Ethan Coen, a partir de la novela homónima de Cormac McCarthy Distribuidora: Dreamworks y Paramount Productora: Paramound Vantage Productor: Scott Rudin, Joel Coen y Ethan Coen Diseño de producción: Jess Gonchor Fotografía: Roger Deakins Vestuario: Mary Zophres Música: Carter Burwell Montaje: Roderick Jaynes Sonido: Skip Lievsay, Craig Berkey, Greg Orloff y Peter Kurland Edición de sonido: Skip Lievsay Presupuesto: 25 MILL.$ Nº oscars: 4/8 Nº globos de oro: 2/4 Fechas de estreno: 21/11/07 (EE. UU.), 08/02/08 (ESP.)



La gala
Los Oscar llegaron a su 80ª edición con un thriller violento, negro y desalentador en el palmarés. No es país para viejos, que inauguró su camino de oro en el Festival de Cannes, supuso la consagración definitiva de los hermanos Coen, llegando a encajar su mayor éxito de taquilla y su película más rotunda desde Fargo. Frances McDormand, ahora como esposa de Joel Coen, veía con alegría como la propuesta de su marido ganaba ante Pozos de Ambición, obra maestra que había perdido fuerza tras los Globos de oro y los Bafta; Expiación, incomprensiblemente no nominada al mejor director; y las sorpresas Juno y Michael Clayton. Se celebraron varias retrospectivas para recordar las ochenta películas ganadoras del Oscar, una ocasión que sirvió para demostrar cómo habían cambiado los premios a lo largo de la historia. Un palmarés repartido y una película de bajo presupuesto en la posición más alta del pódium volvieron a ser las directrices de una gala sin demasiadas sorpresas. Robert Boyle gozó del premio honorífico y Jon Stewart presumió de ser el maestro de ceremonias, un cargo que un año después viviría un pequeño gran giro. Sin duda, la Academia empezó a denostar el tedio de un show largo, con demasiadas pausas y con una audiencia en imparable descenso. Las desangeladas palabras finales de Tommy Lee Jones, nominado sorpresa por En el valle de Elah, tenían su particular sentido en el mundo real.



¿Merecía el Oscar?
Pozos de ambición se estrenó como la tímida favorita de la carrera y No es país para viejos ganó importancia a partir de enero. Paul Thomas Anderson, cuya película ganó los merecidos reconocimientos a mejor actor y mejor fotografía, precisaba una victoria más rotunda, algo que incluía los dos premios grandes. Ninguna de las dos favoritas era una propuesta fácil, pero Pozos de ambición acabó resultando más barroca y difícil para los votantes. No estoy seguro de que No es país para viejos sea una obra maestra, una duda que no tengo con respecto a Pozos de Ambición, una película enigmática, mágica y siempre estimulante. La Academia prefirió una vez más el título más equilibrado entre la reflexión y lo entretenido: la historia de los Coen funcionaba perfectamente como thriller palomitero, como reflexión sobre la sociedad del momento o como festivo y original ejercicio entre el western crepuscular y la comedia de idiotas en la que se basa la filmografía de sus autores. Definido el duelo protagonista, Expiación, con un Globo de oro en el regazo, fue la Babel del año y solo vió premiada la magnífica banda sonora de Dario Marianelli. Expiación era la opción más clásica del quinteto, aunque su narrativa presentaba un cambio importante, la pequeña revolución de un género clásico pero no clasicista. The Reader sería, un año después, la fiel seguidora de esta tónica. No podemos olvidarnos de Michael Clayton, un notable thriller (uno de los más lúcidos de los últimos años) que dió el campanazo al optar a siete estatuillas. Película pequeña y de discreta repercusión en taquilla, Michael Clayton reflexionaba sobre la manipulación de los medios, la organización de las grandes empresas y la mermada ética del ser humano ante las leyes del capitalismo y el consumismo. El tiempo pondrá las cosas en su sitio y acallará las voces que critican a Michael Clayton: la Academia se inventó el Oscar de Tilda Swinton para premiarla, un hecho muy significativo. Era inevitable acabar el apartado con Juno, elevada a sleeper del año y sucesora directa de Pequeña Miss Sunshine. A todas bruces divertida, Juno era una historia peculiar con un guión peculiar... y nada más. La Academia elevó la propuesta con cuatro nominaciones, siendo la de mejor director una de las extravagancias más chirriantes de la velada. Diablo Cody recibió el Oscar que merecía, pero nadie recordó que Juno escondía un debate antiabortista, menos rebelde y feminista de lo que parece a simple vista. Juno ganó el primer Festival de Roma y se convirtió en una de las comedias más laureadas del siglo. Sin duda, había nivel entre los nominados. Finalmente, cabe destacar algunos premios muy justos como el de mejor canción (Falling Slowly, del film irlandés Once), mejor fotografía (Pozos de Ambición) o mejor maquillaje (La vida en rosa). Menos notable fue la carrera de Ratatouille, que solo se impuso en mejor cinta de animación, o de La escafandra y la mariposa, poética propuesta del nominado Schnabel que se fue de vacío.

France en rose
Cate Blanchett, futura Katherine Hepburn a lo que nominaciones se refiere, hizo doblete con Elizabeth: la edad de oro (premio al mejor vestuario) y I'm not there. Francia fue la gran protagonista en la sombra: la sosa La vida en rosa, la panfletaria Persépolis y la notable La escafandra y la mariposa tenían nominaciones, aunque Persépolis no participaba en película extranjera (incoherencias de los votantes). Resultado de este french love, Marion Cotillard ganó la estatuilla por su teatral encarnación de Édith Piaf. Cotillard, la más simpática y elegante de la noche, vió cómo su recién iniciada carrera recibía un empujón de lujo. Cotillard cerró un año pletórico y venció porque ni Christie ni Page supieron imponerse. Es curioso lo que optenemos al rebobinar la cinta de la gala: Blanchett se alegró bastante de la victoria de Cotillard y Hal Holbrook, nominado por Hacia rutas salvajes, refunfuñaba desde su sillón cuando vió que no era el ganador. Choca comprobar las tres medallas de El ultimátum de Bourne, película de acción maniquea y aburrida. También sorprende la mención de La brújula dorada (mejores efectos especiales), uno de los bodrios más sonados del año. Pero nada ni nadie ensombreció el éxito de los hermanos Coen, directores que se quitaron de la noche a la mañana la etiqueta de sobrevaloradas promesas.



El Oscar de Javier
La huelga de guionistas había deslucido la gala de los Globos de oro, reducida a mera rueda de prensa. Pero Javier Bardem tuvo su particular momento de gloria cuando Jennifer Hudson, distante y penosamente vestida, abrió el sobre y dijo el nombre que medio planeta esperaba. Pilar Bardem vivió emocionado el discurso de agradecimiento de su hijo, una charla en inglés y en español que tuvo su particular recuerdo a España y a la familia Bardem, sempiterno sinónimo del cine español más clásico. Los periodistas, tan centrados en el actor, se olvidaron de Alberto Iglesias, nominado por la excelente partitura de Cometas en el cielo. Iglesias conseguía su segunda nominación y la Academia empezaba a estar en deuda con el mejor compositor de nuestro país. Bardem, enfadado tras una polémica entrevista para una revista yanki, olvidó asperezas y disfrutó de su premio (algunos dicen que al lado de Pe, aunque ya entraríamos en el terreno del cotilleo zafio). Bardem aseguró haber quedado exhausto tras la carrera al Oscar y jugó al despiste porque nunca cumplió el año sabático que muchos medios nos hicieron creer. Vicky Cristina Barcelona y Biutiful de González-Iñárritu serían los siguientes peldaños de un artista que ya había escrito su nombre en oro. El primer actor español con Oscar, pese a las polémicas y pese a quien le pese, había construido un Anton Chigurh rotundo, uno de los malos más memorables del cine contemporáneo.



La anécdota
Penélope Cruz seguía siendo uno de los rostros más imponentes de la alfombra roja. Un año después de entregarle a Santaolalla su segundo Oscar, la madrileña presentó el premio a la mejor película de habla no inglesa, categoría corrupta que premió la notable Los falsificadores, aunque obvió en sus nominaciones a 4 meses, 3 semanas y 2 días. La Academia, quizá con el ánimo de acallar a la crítica, dibujó como futura norma una división del jurado encargado de escoger los films nominados en este apartado. El cambio, pero, no surgió efecto y terminó con otra ausencia bochornosa: la de Gomorra. Las tres canciones nominadas de Encantada (Amy Adams cantó Happy Working Song y un año después lograría su segunda nominación por La duda) también trajeron cola y se estipuló que una película solo podía presentar un máximo de dos canciones a premio. En definitiva, la gala perdurará como el año de las pequeñas polémicas, la edición en la que los cuatro actores ganadores fueron europeos.



Y la semana que viene: OSCARS 12, la última entrada sobre los premios de la Academia con la ganadora del domingo.