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miércoles, 20 de junio de 2018

CRÍTICA | GRANNY'S DANCING ON THE TABLE, de Hanna Sköld


GRANNY'S DANCING ON THE TABLE
Festival de San Sebastián: Nuevos directores. Festival de Toronto: Sección oficial
Suecia, 2015. Dirección y guión: Hanna Sköld Música: Giorgio Giampà Fotografía: Ita Zbroniec-Zajt Reparto: Blanca Engström, Lennart Jähkel, Karin Bertling Género: Drama. Animación para adultos Duración: 85 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 22/06/2018
¿De qué va?: Eini, una joven de 13 años, ha crecido confinada en una zona rural sin contacto con la sociedad. Por deseo de su padre mentalmente insano, su infancia no ha sido típica y es prisionera de una vida insoportable en total aislamiento. La chica tiene que afrontar su entrada en la adolescencia y todas las alteraciones que la acercan irremediablemente hacia la vida adulta inmersa en una rutina doméstica llena de autoritarismo y represión. Para soportar esa atmósfera en la que le ha tocado sobrevivir, Eini se agarra a la historia de su abuela, a quien apenas conoció pero de la que adopta la rebeldía y la energía vital necesarias para enfrentarse a la realidad (Sinopsis: Cocodrila Films).

martes, 24 de abril de 2018

CRÍTICA | FORTUNATA, de Sergio Castellitto


Madre, esposa, amante, mujer
FORTUNATA
Festival de Cannes: Mejor actriz (Un certain regard)
Italia, 2017. Dirección: Sergio Castellitto Guión: Margaret Mazzantini y Sergio Castellitto Música: Arturo Annecchino Fotografía: Gian Filippo Corticelli Reparto: Jasmine Trinca, Stefano Accorsi, Alessandro Borghi, Edoardo Pesce, Rosa Diletta Rossi, Liliana Fiorelli, Hanna Schygulla, Emanuela Aurizi Género: Comedia dramática. Cine social Duración: 100 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 27/04/2018
¿De qué va?: Fortunata es una peluquera que cobra en negro. Espera poder abrir su peluquería después del verano, pero las presiones de su marido, que se niega a concederle el divorcio, no le pone las cosas fáciles. Para colmo, Servicios Sociales obliga a su hija a visitar un psicólogo.

miércoles, 18 de abril de 2018

CRÍTICA | CUSTODIA COMPARTIDA, de Xavier Legrand


Malos tratos
CUSTODIA COMPARTIDA (JUSQU'À LA GARDE)
Festival de Venecia: mejor director y mejor ópera prima Festival de San Sebastián: Premio del público
Francia, 2017. Dirección y guión: Xavier Legrand Fotografía: Nathalie Durand Reparto: Léa Drucker, Denis Ménochet, Thomas Gioria, Mathilde Auneveux, Coralie Russier Género: Drama social Duración: 90 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 20/04/2018
¿De qué va?: Myriam y Antoine se han divorciado. Ella solicita la manutención exclusiva de su hijo Julien. Él defiende que esa decisión le impediría ejercer como padre. La jueza sentencia a favor de la custodia compartida. La decisión llevará al pequeño Julien a una situación insostenible.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

CRÍTICA | ECLIPSE TOTAL (DOLORES CLAIBORNE), de Taylor Hackford


Supervivientes
ECLIPSE TOTAL (DOLORES CLAIBORNE), de Taylor Hackford
3 nominaciones a los Saturn Awards: actriz protagonista, actriz secundaria y música original
EE. UU. 1995. Dirección: Taylor Hackford Guión: Tony Gilroy, a partir de la novela de Stephen King Fotografía: Gabriel Beristain Música: Danny Elfman Reparto: Kathy Bates, Jennifer Jason Leigh, David Strathairn, Judy Parfitt, John C. Reilly, Eric Bogosian, Christopher Plummer, Ellen Muth, Bob Gunton, Wayne Robson Género: Thriller psicológico. Drama Duración: 130 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 10/08/1995
¿De qué va?: En una isla remota, Dolores Claiborne trabaja como asistenta de Vera Donovan, una anciana impedida. Cuando Vera aparece muerta, Dolores es acusada de asesinato. La noticia motiva el regreso de Selena, la hija de Dolores, que trabaja en Nueva York como periodista. El reencuentro entre madre e hija abrirá las heridas del pasado y ayudará a esclarecer el crimen de Vera, aunque ello suponga enfrentarse al obcecado jefe de policía de la localidad.


Stephen King es uno de los escritores que más veces ha sido llevado a la gran pantalla. Aunque el autor norteamericano suele mantener relaciones conflictivas con sus adaptaciones, hay que reconocer que de su pluma y del aplomo de una generosa nómina de cineastas han surgido algunos de los fotogramas más importante del cine fantástico de los últimos años. Sin llegar al nivel de los films de Reiner y Darabont, Taylor Hackford consigue en Eclipse total un notable ejercicio de intriga gracias al libreto de Tony Gilroy y sobre todo al convincente trabajo de sus dos actrices protagonistas, Kathy Bates y Jennifer Jason Leigh. La historia de una mujer que es acusada de matar a la dueña de la casa donde trabaja esconde un relato tenebroso de servidumbres, malos tratos, abusos sexuales, traumas familiares, escarnio social e intrigas tanto periodísticas como detectivescas. La gran aportación de Hackford reside en la inclusión orgánica de los flashbacks que complementan el presente de sus protagonistas, una estrategia que dota al film de una densidad psicológica de altísimo nivel. La habilidad del director también hace acto de presencia a la hora de dibujar durante más de dos horas una atmósfera que siempre se intuye turbia, fría, casi irrespirable. Eclipse total rozaría la excelencia si no fuera por un segundo tramo un tanto rocambolesco: la trama se resuelve en un duelo dialéctico entre la hija de la acusada y el policía acusador, una herencia de la novela inicial que en pantalla se intuye efectista. Con todo, los tropiezos del film no deben "eclipsar" las virtudes de una obra recia que, sin salirse de los márgenes del thriller comercial, cincela una historia terrorífica que deja poso. No tuvo demasiada suerte en el momento de su estreno, pero el influjo de Stephen King hará que su nombre perdure durante mucho tiempo en el recuerdo de los amantes del género.


Para amantes del terror sin sangre pero con miga.
Lo mejor: El crimen bajo la oscuridad del eclipse.
Lo peor: Que Kathy Bates no estuviera entre las nominadas al Óscar de su año.

lunes, 26 de septiembre de 2016

CRÍTICA | ELLE, de Paul Verhoeven


La psicópata que llevo dentro
ELLE, de Paul Verhoeven
Festival de Cannes: Sección oficial a concurso Festival de San Sebastián: Sección Perlas
Representante por Francia al Óscar a la mejor película de habla no inglesa
Francia, 2016. Dirección: Paul Verhoeven Guión: David Birke, a partir de la novela Oh... de Philippe Djian Música: Anne Dudley Fotografía: Stéphane Fontaine Reparto: Isabelle Huppert, Laurent Lafitte, Anne Consigny, Charles Berling, Virginie Efira, Lucas Prisor, Christian Berkel, Alice Isaaz, Jonas Bloquet, Vimala Pons Género: Thriller psicológico. Comedia negra Duración: 130 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 30/09/2016
¿De qué va?: Michelle, una ejecutiva que trabaja en una empresa informática, empieza a tomar medidas muy particulares tras ser violada por un asaltante en su propia casa.

martes, 16 de febrero de 2016

CRÍTICA | PAULINA (LA PATOTA), de Santiago Mitre


(In)justicias
PAULINA (LA PATOTA), de Santiago Mitre
Festival de Cannes: Mejor película y Premio FIPRESCI de la sección Semana de la Crítica. Festival de San Sebastián: Premio Jurado de la Juventud, Premio Otra Mirada y Mejor película de la sección Horizontes Latinos. Premio Fénix: mejor actriz
Argentina, 2015. Dirección: Santiago Mitre Guión: Santiago Mitre y Mariano Llinás Fotografía: Gustavo Biazzi Música: Nicolás Varchausky Reparto: Dolores Fonzi, Oscar Martínez, Esteban Lamothe, Cristian Salguero, Verónica Llinás, Laura López Moyano Género: Drama social. Thriller Duración: 100 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 27/11/2015
¿De qué va?: Paulina está a punto de terminar su tesis doctoral. A pesar de contar con un brillante futuro como abogada, decide trasladarse a la periferia y acepta un trabajo como profesora en un proyecto humanitario. Una noche, Paulina es violada por un joven de la zona. A partir de ese momento, su vida dará un vuelco inesperado.

sábado, 13 de febrero de 2016

CRÍTICA | THE HUNTING GROUND, de Kirby Dick


Acoso sexual en el campus
THE HUNTING GROUND, de Kirby Dick
Nominación al Satellite y Critics Choice Award a la mejor película documental. Nominación al Óscar a la mejor canción
EE. UU., 2015. Dirección y guión: Kirby Dick Fotografía: Thaddeus Wadleigh Música: Miriam Cutler Género: Documental. Temática social Duración: 100 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: Distintas estudiantes que fueron violadas durante su estancia en varias universidades de los Estados Unidos crean una red de víctimas de abusos sexuales para destapar ante la opinión pública una realidad que muchos centros educativos prefieren silenciar. Este es el relato de cómo el complejo sistema universitario norteamericano encubre de forma descarada unos hechos terribles que ponen en riesgo la seguridad de sus alumnas.

viernes, 25 de diciembre de 2015

CRÍTICA | LOS ODIOSOS OCHO, de Quentin Tarantino


Hombres negros, infierno blanco
LOS ODIOSOS OCHO (THE HATEFUL EIGHT), de Quentin Tarantino
3 nominaciones a los Globos de oro: Actriz secundaria, banda sonora y guión
EE. UU., 2015. Dirección y guión: Quentin Tarantino Fotografía: Robert Richardson Música: Ennio Morricone Reparto: Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Demian Bichir, Walton Goggins, Tim Roth, Bruce Dern, Michael Madsen, Channing Tatum, Lee Horsley, Craig Stark, Belinda Owino Duración: 170 min. Género: Western Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 15/01/2016
¿De qué va?: Un cazarrecompensas viaja en caravana con una delincuente para entregarla a las autoridades y recibir su recompensa. Por el camino, distintos personajes y un temporal de nieve obligarán a detener la ruta. En mitad de la nada, siete hombres y una mujer con muy malas pulgas intentarán sobrevivir a las inclemencias del clima, dando rienda suelta a sus instintos más despiadados.


Quentin Tarantino firma su octava película y el espectador ya sabe qué se va a encontrar antes incluso de que se apaguen las luces del cine: diálogos ingeniosos, violencia exacerbada, citas cinéfilas y sobre todo un recital de las filias y fobias del director más publicitado de la contemporaneidad. Los odiosos ocho es todo eso, pero también mucho más. El creador de Pulp Fiction sabe que con sus anteriores trabajos ha dejado nuestro umbral del dolor y de la sorpresa muy alto, y tal vez por ello su intrincada mente ha decidido contraatacar con una película más retorcida, claustrofóbica y desaforada. 


Los odiosos ocho es una ópera plagada de soliloquios con pompa y pistolas humeantes que sabe a novela negra, a teatro clásico y a western masculino. Tarantino ha llegado a una cima tan alta en el arte de escribir y de hacer cine que es capaz de rellenar casi tres horas de metraje con sinsentidos mayúsculos que, paradójicamente, interesan más con el paso de los escenas, cual maraña putrefacta a la par que irresistible de tensión, frío y sangre. Por todo ello, Los odiosos ocho resulta más genuina y menos comercial que Django desencadenado. Y a la vez, estos malditos bastardos en tiempos de guerra, por su verborrea y testosterona, enlazan directamente con la peripecia inicial de Reservoir Dogs


Sí, amigos: Tarantino ha vuelto a hacer de las suyas. Le volverán a caer chuzos de punta, sobre todo por lo que respecta a su sufrido y excelente personaje femenino. Pero no hay que olvidar que Tarantino rueda por diversión propia y para entretenimiento de una gran nómina de acólicos: eso explica que el propio director, en calidad de noveno odioso y a modo de narrador omnisciente, se cuele a mitad de película para cargar todavía más un ambiente que ya se antojaba la mar de irrespirable. Nada nuevo bajo el sol, o tal vez por ello todo lo contrario. El tiempo dictará sentencia, pero todo parece indicar que Los odiosos ocho será denostada y querida a partes iguales. Lo nuestro es absoluta rendición. Obra maestra.


Para adictos a las 'farsas serias' de Quentin Tarantino. 
Lo mejor: Toda su nómina-jauría de actores-leones, con Jason Leigh y L. Jackson a la cabeza. El prólogo del crucifijo es sublime. 
Lo peor: En algunos momentos da la sensación de que su director quiere demostrar su ingenio a toda costa (pero ya se sabe: con Tarantino no hay espacio para las sutilezas).

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sábado, 19 de diciembre de 2015

CRÍTICA | MAGALLANES, de Salvador del Solar


Las heridas del Sendero
MAGALLANES, de Salvador del Solar
Premios Goya 2016: Nominada a la mejor película iberoamericana. Festival de San Sebastián 2014: Premio Cine en Construcción. Festival de San Sebastián 2015: Sección Horizontes Latinos
Perú, 2015. Dirección: Salvador del Solar Guión: Salvador del Solar y Alonso Cueto Fotografía: Diego Jiménez Música: Federico Jusid Reparto: Damián Alcázar, Magaly Solier, Federico Luppi, Christian Meier, Bruno Odar, Jairo Camargo, Tatiana Espinoza, Liliana Trujillo, Paul Ramírez, Tatiana Astengo Género: Thriller dramático Duración: 105 min. Tráiler: Link 
¿De qué va?: Magallanes coincide en su taxi con una peluquera cuya cara le resulta extrañamente familiar. Atormentado por algunos recuerdos del pasado, el hombre decide chantajear a su antiguo jefe e intenta intimar con la misteriosa mujer.


El cine peruano sigue explorando las heridas del grupo terrorista Sendero Luminoso con Magallanes, una historia de segundas oportunidades, venganzas y romances imposibles que no tiene nada que envidiar a los thrillers de trasfondo histórico que factura el cine norteamericano. Magaly Solier vuelve a ser el rostro de la mujer peruana que lidia con un durísimo pasado, mientras que el resto de personajes masculinos, liderados por el contradictorio Magallanes del título, se ven envueltos en una maraña de secretos, bajas pasiones y conspiraciones de todo tipo. Una película con entidad de 'noir' que también es la crónica de un presente que es incapaz de desasirse de sus ataduras. Tal vez no es una película perfecta (el segundo tramo cede a algún apunte rocambolesco), pero la escasez de medios no es un escollo para que el público pueda disfrutar de una trama con pulso, escrita con solvencia e interpretada con mucha convicción. Magallanes demuestra la capacidad de la cinematografía peruana para pasar revista a sus episodios más oscuros con una historia accesible, sin academicismos y de vocación popular, abierta a todo tipo de públicos y capaz de canalizar el debate y la redención por la sana vía de la diversión cinematográfica. Ojalá podamos verla muy pronto en la cartelera española.

 
Para seguir maravillándose con el último cine suramericano.
Lo mejor: Abre la senda del 'thriller peruano' por la puerta grande.
Lo peor: Algún giro de más en su segundo tramo.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

CRÍTICA | ÅTERTRÄFFEN (THE REUNION), de Anna Odell


De cómo sufrí bullying (y me vengué)
ÅTERTRÄFFEN (THE REUNION), de Anna Odell 
Suecia, 2013. Dirección y guion: Anna Odell Fotografía: Ragna Jorming Reparto: Anna Odell, Sandra Andreis, Erik Ehn, Robert Fransson, Kamila Benhamza, Henrik Norlén Duración: 85 min. Género: Drama experimental Tráiler: Link
¿De qué va?: Anna Odell, una artista muy polémica en su Suecia natal, rueda en su ópera prima una obra con tintes autobiográficos. Återträffen arranca en una fiesta de exalumnos. Anna Odell da vida a una joven realizadora marcada por un pasado de insultos, burlas y acoso escolar. Una historia de bullying en dos actos y discurso ambiguo: la crítica social, la liberación personal y la venganza colectiva se dan la mano en una de las películas más potentes del último cine escandinado.
Palmarés: Premio Guldbagge a la mejor película sueca y al mejor guion del año 2013. Premiada en los festivales de Venecia, Estocolmo, Bratislava, Bruselas y Dublín.
El dato: El nombre de Anna Odell empezó a ser conocido en Suecia a raíz del proyecto Unknown Woman (2009). En ese trabajo, Odell simulaba tener transtornos psíquicos en mitad de la calle para abrir un debate sobre el trato y la percepción social de ciertas enfermedades mentales. La controversia ha acompañado a Odell en Återträffen, su primer largometraje, que ha recibido todo tipo de críticas.

domingo, 8 de junio de 2014

CRÍTICA CSF: EL NIÑO DE MÂCON, de Peter Greenaway


EL NIÑO DE MÂCON (THE BABY OF MÂCON), de Peter Greenaway
Especial Peter Greenaway. Cinoscar Summer Festival 2014: Retrospectiva
Reino Unido, 1993. Dirección y guion: Peter Greenaway Duración: 120 min. Género: Drama teatral. Fotografía: Sacha Vierny Música: VV. AA. Reparto: Julia Ormond, Ralph Fiennes, Jeff Nuttall, Philip Stone, Don Henderson, Jonathan Lacey
¿De qué va?: En un gran auditorio se recrea una pieza teatral. Un niño nace en el Mâcon del siglo XVII y una chica aprovecha el bebé para hacerse pasar por la madre virgen que ha concebido al pequeño. Con la ayuda de la iglesia, la fama del recién nacido se extiende por toda la ciudad y pronto surge la leyenda de que el niño es santo. Miles de personas peregrinan para recibir la bendición del presunto niño prodigio, pero un hombre amante de las ciencias pone en duda el rentable milagro. 


En el año 1994 llegaron a los cines españoles distintas películas de estética pictórica, muchas de ellas beneficiadas por la temporada de Óscars: Drácula de Bram Stocker, Adiós a mi concubina o El piano llenaron las salas con sus trabajados envoltorios técnicos. Por desgracia, El niño de Mâcon no contó con la atención que precisaba, y por lo tanto pocos la incluyeron en la interesante lista de estrenos de esa temporada. Peter Greenaway ya había recibido el desdén de los programadores con su anterior obra, Los libros de Próspero, obra que en España no pudimos ver hasta 1996; y el director británico ya había sufrido un revés en el Festival de Sitges de 1993, cuando El niño de Mâcon se alzó con un único galardón a la mejor fotografía (curiosamente Orlando, la cinta vencedora de esa edición, era un título de clara inspiración y filiación 'greenawayriana'). El niño de Mâcon tampoco ha sido reivindicada posteriormente y sigue siendo una de las películas más desconocidas de la filmografía de Peter Greenaway, datos que motivan todavía más su visionado. Una clamorosa injusticia, porque seguramente estamos ante la obra de Greenaway en la que el fondo se funde de manera más equilibrada y homogénea con la forma; también ante una de sus obras más actuales, tanto por la vigencia de sus temáticas como por la ruptura todavía novedosa de su sentido de la representación cinematográfica.


En El niño de Mâcon aparecen condensadas todas las obsesiones de Greenaway. Un grupo de comadronas va contando en voz alta las contracciones de una mujer embarazada, al parecer poco agraciada físicamente. Posteriormente, el pequeño aparece sobre un púlpito dorado cual niño Jesús, y cerca de su trono van desfilando un sinfín de pobres pidiendo clemencia y bendiciones al bebé santo. Y ya en el último acto, la falsa virgen que hizo pasarse por la madre del pequeño para obtener réditos económicos redime sus pecados al ser violada dos cientas ocho veces mientras unos jueces cuentan uno a uno los hombres que hacen fila ante el catre donde se perpetra la barbarie. Los números aparecen recurrentemente en el cine de Greenaway, y a su vez la lógica numérica es la que rige unos planos que buscan a conciencia producir unos singularísimos efectos de profundidad. Números asociados al orden natural de las cosas, a la proporción de los objetos, a la superstición. Números de muchos dígitos, porque sería imposible contar el número de actores, complementos de vestuario y efectos ópticos que aparecen en escena. Y números primos, únicos en su especie, porque Greenaway recrea por enésima vez un mundo propio con su particular sentido de las matemáticas cinematográficas, con el barroquismo como proporción áurea a conseguir.


El niño de Mâcon también marca la diferencia por su explícita vertiente provocadora y anticlerical. Estamos sin lugar a dudas ante el artefacto más blasfemo de su autor, el esputo más evidente que Greenaway lanza contra la Iglesia y sus secuaces. El film toma la iconografía religiosa como marco de la acción y sus relaciones con el texto bíblico son constantes, de tal manera que el espectador asiste a una revisitación sarcástica e hiriente de algunos de los pasajes más conocidos de los principios católicos (el establo con el buey y la mula es el escenario del encuentro carnal de la 'virgen' y el hombre de ciencias, nada que ver con la plácida imagen del portal de Belén recreada en multitud de imágenes). Greenaway también cita directamente a los altos mandos de la Iglesia como azote de una sociedad sin asideros: ellos son los cómplices del disparate que se organiza alrededor del pequeño, y ellos son los primeros en castigar a los que antes utilizaron al bebé por mero beneficio. Unas lecturas todavía muy actuales, y una propuesta formal nada complaciente (de hecho, uno de los aspectos que motivó su escasa distribución fue el revuelo que levantaron algunas de sus escenas más violentas).


El niño de Mâcon es también la obra más compacta de su autor. El hecho de que la trama suceda en un teatro barroco no es baladí y al final se convierte en el verdadero sentido de la obra representada. A lo largo del film vemos los tramoyistas, los trucos de escenografía que cambian en función de la escena y las lentas transformaciones que sufre el escenario para acoger los distintos espacios, tanto mundanos como reales, por los que desfilan los personajes. La sensación es la de estar asistiendo a una representación teatral en vivo y en directo, sin pausas entre sus distintos actos y con la espontánea aparición de algunos espectadores como participantes y comentaristas de la acción. La fotografía juega a producir esa sensación de irrealidad, de estilización y de condensación narrativa: cuando los planos se abren, somos conscientes de que estamos ante una obra (teatral) dentro de una obra (cinematográfica), y los límites entre el gallinero y el escenario se difuminan formando un bodegón imprevisible. Greenaway, con todo, se guarda un as en la manga y en el último plano los espectadores, que hasta ese momento funcionaban como alter egos del propio espectador, dan las gracias y miran a cámara como los actores. Un truco con el que Greenaway nos dice que todos somos responsables de las barbaridades recreadas y que todos, absolutamente todos, somos víctimas y verdugos del desfile de miserias humanas recreadas a lo largo del film. Es aquí cuando el voluble espacio de El niño de Mâcon pasa de ser un capricho formal-visual a un motivo cargado de semántica: Greenaway parte de los principios de un pintor para recrear las contradicciones y sombras humanas, por lo que el carácter itinerante y cambiante del escenario es en realidad una clara metáfora del hombre que muta sujeto a sus bajezas (instintos varios) y a ciertas fuerzas capaces de mover los hilos de la miseria (de nuevo, la capacidad de manipulación de los estamentos religiosos). Y en un plano interpretativo superior, Greenaway también apunta que cualquier espectáculo tiene sus consecuencias, o bien que toda representación artística debe zarandearnos en todos los sentidos: el cine como mero entretenimiento no es válido, básicamente porque según los principios greenawayrianos la evasión sin más traiciona la naturaleza del cine como arte (al fin y al cabo, la farsa termina, la película también, pero los cadáveres de los personajes siguen inertes sobre las tablas a modo de accidentes inevitables de la función).


Finalmente, no hay que olvidar que estamos ante la película más teatral de Peter Greenaway, aunque, como toda la filmografía del director, la cinta funciona como una combinación ecléctica de principios arquitectónicos, escultóricos, pictóricos y literarios. El personaje de Julia Ormond urde el cruel negocio en un monólogo escrito como un aparte teatral. Las citadas comadronas hacen las funciones de coro clásico. El equilibrista de movimientos lascivos con el que se abre la obra puede ser una representación de los dioses que rigen los designios de los personajes según los principios de la tragedia griega. Y el juego de escenarios potencia la naturaleza teatral del conjunto: en un momento clave, la protagonista desaparece de la escena pasando por una portezuela de madera que comunica con las tripas del escenario real, y que en la ficción se expresa como un sótano oscuro donde la mujer tiene encerrados a los verdaderos padres del niño (mientras que el teatro solo admite la acción que sucede sobre las tablas, en la película se suceden diferentes capas, como si el escenario fuese infinito tanto en lo alto como en lo ancho).   


En resumen, una película punzante y subyugante, sangrienta y extrema, que pone patas arriba cualquier convención y propone un espectáculo tan clásico como atemporal. Greenaway, siempre afín al barroquismo, delimita temática y estilísticamente su obra, por lo que de El niño de Mâcon, más que ninguna otra de sus película, se consigue una experiencia incómoda e hipnotizadora. Una exposición a ratos insoportable de hechos grotescos, personajes deleznables y sucesos escandalosos... y todo ello, aunque nos pese, un reflejo de la maldad sobre la que se asienta la esencia del hombre.

martes, 4 de marzo de 2014

Crítica de INOCENCIA INTERRUMPIDA, de James Mangold

Transtornos, rebeldía, amistad
INOCENCIA INTERRUMPIDA (GIRL, INTERRUPTED), de James Mangold (EE. UU., 1999)
¿De qué va?: Tras ingerir vodka con un tubo de aspirinas, Susanne es encerrada en una institución psiquiátrica para recibir tratamiento a sus desórdenes mentales. Su affair con el amigo casado de sus padres, así como sus relaciones con un joven bohemio, ponen todavía más patas arriba la estabilidad emocional de la chica. Dentro del sanatorio, Susanne empieza a interactuar con el resto de pacientes, todas chicas. Lisa, una de las internas más problemáticas, eclipsará la atención de Susanne  y entre ellas surgirá una amistad llena de altibajos.
Palmarés: Oscar, Globo de oro, SAG y Blockbuster Entertainment Award a la mejor actriz secundaria para Angelina Jolie. 3 Teen Choice Awards: mejor película dramática y dos reconocimientos para Jolie.
El dato: El film es la adaptación de las memorias de Susanna Kaysen, una joven que estuvo encerrada en un hospital psiquiátrico durante la década de los 60. Su recaudación en Estados Unidos multiplicó por dos la cifra de su presupuesto, un éxito que se extendió en los cines de todo el mundo gracias al Oscar de Angelina Jolie: a España llegó a los cines el 10 de marzo del 2000. La banda sonora incluye temas de The Doors, Wilco, Simon & Garfunkel, The Mamas & The Papas o Aretha Franklin entre otros: destaca el Downtown de Petula Clark que cantan las internas del film y que suena en los títulos de crédito finales. La verdadera Susanna Kyser criticó la película por ser 'excesivamente melodramática' y traicionar partes de su libro. Ryder figura además como principal productora de la película.


Reseña: Aunque muchas lo intentan, pocas películas retratan con veracidad las pulsiones de la adolescencia, las dudas y los deseos propios de la edad, lo difícil que puede llegar a superar con éxito las exigencias y expectativas de los adultos. Inocencia interrumpida habla de todo ello en un momento social-histórico muy concreto (finales de los 60), con unos personajes muy delimitados (mujeres jóvenes, las grandes víctimas del sistema) y con los límites de la locura como interesante premisa para abordar cuestiones mayores. Inocencia interrumpida, cine teen y feminista, pero ante todo sensible y bien escrito, da relieve al drama de sus personajes, investiga a sus criaturas hasta dilucidar los motivos de sus inusuales comportamientos y consigue que el espectador no logre discernir dónde empieza y acaba la 'bipolaridad' de la 'personalidad'. Mangold aporta un gran título al cine de 'sanatorios, loqueros y centros de rehabilitación' (si es que esa coincidencia incurre en un subgénero cinematográfico) y describe de forma sutil las injustas leyes de los hombres. En resumen, tremendo documento sobre la Norteamérica mojigata y represiva, con un espíritu femenino muy medido (posteriormente La sonrisa de Mona Lisa quiso repetir el modelo, en su caso con poca fortuna). El interés es máximo si se trata de la última gran interpretación de Winona Ryder antes de su publicitada cleptomanía, del primer trabajo relevante de la Elizabeth Moss de Mad Men, del papel más rotundo y premonitorio de la malograda Brittany Murphy y del film que dio el Oscar a una rubia y rotunda Angelina Jolie de tan solo 25 años. Película especial que pide a gritos revisionados constantes y la banda de film generacional. La mejor película de James Mangold.


Para los que saben que los locos son los más cuerdos.
Lo mejor: Mangold destaca en la dirección de actrices y la escritura del libreto.
Lo peor: Algunos subrayados y concesiones sentimentales de más.

Nota: 7

jueves, 25 de abril de 2013

Crítica de TAXI, de Carlos Saura

Secretos de la noche madrileña
TAXI, de Carlos Saura (España, 1996)
¿De qué va?: Paz es una joven estudiante sin perspectivas de futuro y totalmente desencantada con su vida. Una noche se encuentra en un salón recreativo con Dani, un amigo de la infancia. Cuando decide dejar el instituto, su padre, un taxista nocturno, la obliga a aprender el oficio. En las rondas de noche en el coche de su padre, Paz entra en contacto con el Madrid oculto de bandas neonazis, actos racistas y revueltas ciudadanas. Todo se complica cuando la chica se da cuenta que tanto su padre como su novio forman parte de la misma banda que está detrás de un conjunto de asesinatos a inmigrantes, drogadictos, homosexuales y prostitutas.
Palmarés: Participante en la sección oficial y mención especial en el Festival de San Sebastián 1996, ex-aequo con Capitán Conan de Bertrand Tavernier. Premio a la actriz revelación para Ingrid Rubio por parte de la Unión Española de Actores y nominación para Pilar Ordóñez como actriz de reparto. La fotografía de Vittorio Storaro optó al premio Camerimage.
El dato: 1996 fue el año de Ingrid Rubio: estrenó Taxi, Más que amor, frenesí y Más allá del jardín, y por esta última ganó el Goya a la mejor actriz revelación. Carlos Fuentes también fue uno de las revelaciones de mitad de los 90 con títulos como el que nos ocupa, Antártida y La Celestina. El guion lo firma Santiago Tabernero, que este año estrenará su segundo largometraje como director: Presentimientos. Junto a Pajarico o El 7º día, es una de las últimas películas de Carlos Saura fuera del terreno del documental musical: la banda sonora del film, con tracks flamencos de letra dramática, sigue la esencia de Saura. La película fue incomprensiblemente marginada por crítica y público, nunca se editó ni su banda sonora ni su dvd y no optó a ningún premio Goya. Actualmente podemos ver un making off del film en el siguiente enlace.


Valoración: Con amores adolescentes, pasiones a flor de piel y odios exacerbados: así dibuja la Madrid de los 90 Carlos Saura en una de sus películas más infravaloradas, una especie de Taxi Driver o American History X a la española con final lorquiano y toques flamencos. Un thriller intenso y perverso que se adentra en las oscuridades de una sociedad aparentemente avanzada. Rubio está absolutamente fantástica en una película que se ve con atención, que atrapa y que finalmente consigue hacer que el espectador reflexione sobre el mundo en el que vivimos. Urbana y racial, combinación muy equilibrada de thriller estadounidense y drama cañí. Una de las joyas ocultas del cine español de los 90. Es mejor contar poco de la película porque la historia va creciendo hasta estallar a escasos milímetros del espectador. Tiene escenas muy potentes. Háganse un favor y rescátenla.

Para los que siguen la pista del mejor cine español.
Lo mejor: Su combinación de thriller yanki y tragedia clásica.
Lo peor: Que nadie la reivindique.

Nota: 7

domingo, 21 de abril de 2013

Crítica de EVELYN, de Isabel de Ocampo

Con Miente, cortometraje ganador del premio Goya, la cineasta Isabel de Ocampo nos acercaba el mundo del tráfico ilegal de mujeres. La investigación que De Ocampo realizó para esa historia ahora queda ampliada en Evelyn, su primer largometraje, que ha vuelto a contar con el beneplácito de los académicos al recibir la nominación al Goya a la mejor dirección novel. La premisa de Miente se mantiene intacta, aunque en esta ocasión la protagonista es una peruana que llega a España engañada y que es encerrada en un prostíbulo cerca de la frontera con Portugal. De Ocampo se pone del lado de la víctima, como no podía ser de otra manera, y nos hace partícipes del sufrimiento de su criatura. La película es una crónica angustiante de alguien a quien le han usurpado su identidad, representada simbólicamente en un cambio de nombre (de Evelyn a Jazmín, su mote como chica de compañía), y por encima de todo su integridad (De Ocampo consigue que sintamos en nuestra piel el sufrimiento de la chica al dejarnos ver únicamente lo que Evelyn puede otear desde su cuarto). Una película potente básicamente por el tema que trata: en este sentido, puede decirse que filma la bajada a los infiernos de la protagonista con certeza pero también con cierta recreación en lo feísta, casi a imagen y semejanza de un Lars von Trier local, aunque menos diestro que el danés. Logra su objetivo: ficcionando una realidad más cercana y cruda de lo que creemos consigue que los ecos de la injusticia reverberen en el espectador. Pero como película no puede evitar desvelar la pobreza de estilo y lenguaje propia de una ópera prima: De Ocampo monta el relato con demasiados subrayados en forma de fundidos a negro o imágenes del letrero exterior del prostíbulo, mientras que un cineasta curtido sabría hacernos llegar la gravedad de su mensaje de una forma más depurada. Evelyn rebosa coraje y verdad, pero le falta cine. Es, eso sí, la presentación de una autora singular que entiende el arte como un proceso de creación pero también de compromiso, investigación y conciencia del mundo donde vivimos. El cine español necesitará a De Ocampo para ampliar los límites de un cine social cañí con tendencia a lo manido: le deseamos mucha suerte.


Para saber el triste estado de las cosas.
Lo mejor: Sabe mover conciencias.
Lo peor: Le falta empaque.

Nota: 6

martes, 9 de abril de 2013

La calumnia: Crítica de THE GREEN, de Steven Williford

The Green habla de esa homofobia que permacene latente y que solo necesita una pequeña chispa para salir a la superficie en forma de llama. Michael es un profesor de instituto respetado por todos, al menos en apariencia. Está preparando la que será su primera novela, es bastante popular entre los alumnos y el claustro de profesores, y su relación con Daniel no hace más que afianzarse con el paso de los años. Todo se romperá cuando una calumnia atente contra la imagen pública y la vida privada de Michael. De la noche a la mañana todo se lee en clave perspicaz, y esa zona rural que debía ser un remanso de paz tras huir de la ciudad pasa a ser territorio de hostilidades y desconfianzas. The Green contiene una poética muy sutil al contarnos la lucha de alguien que creía que ya no tenía que luchar por nada. No es una película combatiente, si acaso un melodrama que, con independencia de la subtrama queer, nos explica aquello que ya sabíamos por otras obras: una acusación puede ser tomada como un hecho, y un rumor acaba por tener más repercusiones que aquello que se sabe de primera mano. Una película que funciona por la endereza de sus actores al dar vida a un guión claustrofóbico que una vez estalla el conflicto persigue a su protagonista hasta el fin del martirio. Lástima que The Green quede un tanto afeada por un final rocambolesco, increíble por poco verosímil pero también por gratuito. Parece que al final el debutante Steven Williford no quiere ir al meollo de la cuestión y hace un leve rodeo o paseo por el jardín del título: hubiera sido interesante ver un desarrollo fiel al cine de juicios que tanto gusta a los estadounidenses. Aún con todo, es una película notable que sorprendente se ha estrenado directamente en Itunes, Amazon y otras plataformas digitales pese a contar con un público potencial en aumento y una posible carrera en cines. The Green no acaba de ser una radiografía completa y compleja del odio, pero al menos tiene la fuerza de esos casos pequeños cuya dureza se presta a interesantes generalizaciones y reflexiones.



Nota: 6

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jueves, 28 de marzo de 2013

Crítica de LA CAZA (JAGTEN, THE HUNT), de Thomas Vinterberg

Ninguna cinematografía se interesa tanto por el sentimiento de culpabilidad del hombre occidental y moderno como la danesa. De hecho, no existe un cine más comprometido, punzante y absolutamente libre que el danés, todo ello gracias a un grupo de autores, actores, guionistas y productores, la mayoría reunidos en torno al sello Zentropa, que extienden su mensaje en los festivales y las salas de medio mundo. La caza puede verse simplemente como un intento más por parte de Vinterberg de provocar e incomodar al espectador, una sensación que no consigue, al menos no de forma unánime, desde Celebración (Festen). La caza revitaliza el cine de su director, pero la película hay que situarla dentro de toda una corriente, el cenit que está viviendo el cine nórdico de los últimos años. Se hace necesario, por lo tanto, empezar a reivindicar el Dogma 95, tan vilipendiado por ciertos sectores, ya no como corriente ética, estética y narrativa sino como fundadora de toda una generación de artistas que años después, sin el sello y el bombo mediático del movimiento, siguen moldeando las directrices del cine del ahora. Viendo La caza uno no puede desprenderse de todo el bagaje de historias de Bier, Fly, Jensen u otros, e incluso Dogville de Lars von Trier vuelve a la memoria como el gran fresco de las oscuridades humanas, la película troncal de la que emergen cual ramas cintas como la que ahora se estrena. Todos estos nombres y títulos comparten una visión desencantada del mundo, y mientras unos ven en ellos cine en estado puro otros critican cierta carambola narrativa, tensión de los mimbres ficcionales y manipulación. Dos visiones que conviven en más o menos armonía, ambas de forma más o menos legítima, y que vuelven a emerger a la superficie al hablar de La caza.


A Vinterberg pueden echársele en cara muchas cuestiones porque su historia está trufada de trucos. A grandes rasgos, estamos ante el sufrimiento de un buen hombre acusado de abusar sexualmente de una menor, una calumnia atroz que le condena ante todos los miembros de la pequeña comunidad donde vive. Una premisa dura no exenta de adornos: el hecho de que el protagonista sea profesor de guardería, que la presunta víctima tenga ciertos lazos con el personaje y que todo quede contado en un contexto de inestabilidad familiar (el protagonista lucha por conseguir la custodia de su hijo) son directrices previstas por el guion para causar mayor impacto en la audiencia, dibujando a conciencia un via crucis emocional con tal de potenciar la empatía del espectador, incomodándolo sin llegar a índices traumáticos, provocando pero sin caer en la incorrección absoluta.


Lo dicho será suficiente para que muchos deserten de la sala, como hacen, y están en todo su derecho, con el citado Von Trier y compañía. Pero La caza esconde otra verdad, totalmente sutil, enteramente cinematográfica: la que emana todo su reparto, o la que destilan algunas escenas absolutamente brillantes como el encuentro en la iglesia o la impactante pelea en el centro comercial. La caza, en definitiva, es un viaje casi hipnótico a la boca del lobo, y de ella se sale absolutamente tocado y hundido, consternado, avallado y asustado. ¿Que Vinterberg dispone los tiempos y los caracteres de su criatura a su favor? Sí, algo tan cierto como legítimo. Porque lo que queda es una lección de cine áspero y valiente. De nuevo, dispuesto a alumbrar, que no dar a solución, a las miserias humanas. Otra vez preocupado por las imperfecciones del sistema, ese que parece no tener resquicios en la parte norte de Europa. Una variación más, en definitiva, de esa historia de culpa (de quien maltrata, de quien acusa sin pruebas) que el cine de Dinamarca y alrededores viene contándonos desde hace unos años. De ahí que el final de La caza, con un Mikkelsen consternado, funcione como un aviso doble: el personaje no conseguirá resarcirse de la condena, y al mismo tiempo el cine danés volverá a contarnos lo que queda tras el silencio del disparo en próximas producciones.


Para los que quieran saber de qué somos capaces los humanos.
Lo mejor: Mikkelsen y Bo Larsen, inconmesurables.
Lo peor: No ir más allá del umbral de la supuesta manipulación.

Nota: 7'5

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Crítica de SUBMARINO, de Thomas Vinterberg

lunes, 21 de enero de 2013

Crítica de DJANGO DESENCADENADO (DJANGO UNCHAINED), de Quentin Tarantino



1. Si con The Master hablábamos en términos de confirmación o de eclosión de un autor, ante una película como Django desencadenado asistimos a la version amplificada, por desbocada y genial, de un autor, o lo que es lo mismo, ante un film que deja al descubierto lo más cuestionable de uno de los directores más importantes del cine de los últimos veinte años. Porque Django desencadenado sabe a repetición, a rodeo, a acomodamiento a una 'marca Tarantino' de la que por desgracia su artífice ha sido demasiado consciente de su existencia; a, en definitiva, para lo bueno y para lo malo, estancación.
2. El cine de Tarantino le debe tanto a la creación como al reciclaje. Sus films están dotados de una corporeidad increíble. Su trabajado contorno visual hace que la atención de las historias que traza Tarantino no esté tanto en lo que se cuenta sino en cómo se cuenta. Al fin y al cabo, sus películas son largos preliminares, casi siempre desordenados en tiempos y espacios, que nos llevan a causas del todo sencillas, la mayoría de ocasiones vinculadas a la sed de venganza. En Tarantino interesa más el pretexto que el texto, y su singularidad no reside tanto en una trama personal como en una exposición alocada de referencias, títulos y guiños que engrandecen cada obra hasta alzarla como frescos de una viveza y rotundidad incontestable. En este sentido, Kill Bill, y más concretamente Kill Bill Volume 1, funciona como espejo hiperbólico de todo lo que forma y subyace en el cine de Tarantino: una premisa argumental mínima donde la gracia está en sorprender al espectador con texturas visuales, juegos lingüísticos y piruetas narrativas que en su día, al irrumpir Reservoir Dogs y Pulp Fiction en mitad de los 90, fueron entendidas como las directrices del nuevo thriller estadounidense.


3. Django desencadenado no es un western, pero eso no sirve para descalificar el film: Malditos bastardos no era un film bélico, y si nos remontamos a títulos más lejanos en el tiempo nos daremos cuenta que Tarantino nunca ha seguido los cánones establecidos. Estamos, de nuevo, ante la revisión, entre personal y melancólica, de un género; y en consonancia a ese ejercicio, Django desencadenado es a su vez un remake. Estamos, vaya, en el bucle de referencias que siempre traza Tarantino. Hasta aquí ninguna novedad. La pena es que Django desencadenado es demasiado consciente de sus formas. Podría parecer que al acoger una narrativa más ordenada, sin capítulos ni bloques que fragmenten la narración, la película tiene una homogeneidad atípica en Tarantino. Más bien lo contrario: el director cede a la acumulación, nos avisa con demasiado descaro de los momentos culminantes de su trama, y cuando estos tienen lugar no lo hacen ni con la intensidad ni con la diversión de antaño. Basta recordar la escena inicial de Malditos bastardos, una conversación en un espacio reducido, para darse cuenta que pese a los recursos técnicos de este Django liberado no hay nada en estos nuevos 150 minutos de cine que superen en precisión y brillantez la ironía, la negrura, la mala baba de esa escena. Comparación que sería más sangrante si citásemos cualquiera de los mil momentos que forman Pulp Fiction o el diálogo en el bar con el que arranca Reservoir Dogs.
4. Django desencadenado, en definitiva, no me llena porque es un Tarantino que intenta a cada plano ser Tarantino, cuando ello debería resolverse de una forma más natural, menos engolada. El largo parlamento del personaje de Leonardo Dicaprio antes del fastuoso tiroteo, la larga broma del médico charlatán al ser apuntado con un rifle por medio poblado o la coda final diseñada a modo de culminación descacharrante, aun siendo momentos absolutamente brillantes, carecen de la energía del mejor cine, y a la postre reducen la sensación de sorpresa en el espectador. Con todo, estamos ante una película de Tarantino, demoledora pero no rotunda, suficiente para seguir pensando que Tarantino y su mente de videoclub y perversión se merecen todos los halagos del mundo. Lástima que la película termina con Tarantino atado, víctima de sus cadenas. Y con una pregunta en el aire: ¿será capaz el responsable de Jackie Brown de desasirse de su cinefilia y escaso sentido del ridículo en un futuro proyecto que sea cien por cien Tarantino y que al mismo tiempo ofrezca nuevos frentes en un estilo en el que asoma cierta tendencia al ensimismamiento?


Para devotos del rabino Tarantino.
Lo mejor: Tarantino ha llegado a una total complicidad con Waltz y ello enriquece el film.
Lo peor: Se le ven las costuras.
Nota: 7


sábado, 29 de diciembre de 2012

Crítica de LOS MISERABLES (LES MISÉRABLES), de Tom Hooper

 Esta reseña no contiene spoilers

Pocas películas llegan a las salas en calidad de pequeños grandes fenómenos cinematográficos. Los miserables ha sido tan esperada, tan citada en todos los corrillos cinéfilos y tan anhelada por los fanáticos del mundo Oscar que tras asistir a su proyección era necesario dejar reposar la película y decidir tras la euforia inicial qué elementos, partes o cuestiones de la magna cinta de Tom Hooper, por medios y por duración, resultan más o menos discutibles o brillantes. Hay que ir por partes porque hay mucha tela por cortar. 

Los que desconozcan el musical de partida, y los que no estén familiarizados con la obra original de Víctor Hugo, sabrán reconocer que Los miserables, por su puesta en escena y por la disposición de la trama, es lo más parecido a un péplum en pleno 2012, un film con aliento clásico a imagen y semejanza de los espectáculos de largo metraje y alcance que nos brindaba el Old Hollywood. En este sentido, vale la pena dejar claro un matiz básico: Los miserables no es un musical, no en el sentido canónico del término, porque la película no tiene escenas musicales que complementan partes dialogadas. Estamos, por lo tanto, ante un drama musical, una ópera de tomo y lomo en la que los personajes se expresan cantando. Los números propios del género, con esto, suceden de forma distinta a lo visto en Moulin Rouge, Chicago o Nine, los únicos referentes modernos que ha conocido el musical: Los miserables no cuenta con performances sino con escenas independientes, montadas en orden cronológico y dispuestas como pequeñas partes que forman las extremidades de un gran conjunto, como si estuviésemos, de nuevo, ante un espectáculo de etiqueta. Solo hay una diferencia: lo que en un teatro se resuelve con pausas de diez minutos entre parte y parte, en el cine, al no contar con las dobles sesiones de antaño ni intermedios para ir al baño o al mostrador de palomitas, se traduce en una transición, un plano general seguido de un fundido a negro, un cambio de escena o la añadidura de un rótulo informativo en la pantalla, respuestas cinematográficas que dan cohesión a saltos temporales y temáticos poco comunes en el cine, al menos en el cine de nuestros días.


Por esa sucesión de escenas, hiladas armónicamente por las melodías y letras de la obra (me cuesta hablar de canciones), Los miserables resulta una película apabullante, absolutamente deliciosa y dinámica, un rotundo festín para los que amen el arte en mayúsculas. Con todo, su disposición fragmentada pero sumamente estudiada acaba dando la sensación de estar ante una película poco homogénea, con una estética y un tono que recorre la obra de forma transversal, pero con los altibajos propios de quien asiste a una juxtaposición de momentos y personajes que ya por sí solos, con un ritmo más pausado y otro guion, podrían constituir varias películas paralelas. Esa impresión de que el film aglutina mucho en muy poco produce que ciertas cuestiones de la trama no estén bien resueltas - el personaje de Amanda Seyfield queda directamente descolgado del grupo -, que la película se vea obligada a sucumbir a licencias temporales poco creíbles - no envejecen al mismo ritmo todos los personajes, algo imperdonable - o que a falta de mayor presupuesto o pericia de sus responsables la película termine sucumbiendo al plano cerrado - de hecho, el momento en que Anne Hathaway canta I dreamed a dream no solo se convierte en la columna vertebral simbólica de toda la proyección sino que es una declaración de intenciones por parte de Hooper al adoptar un planteamiento formal más propio del teatro que del cine -.

Todo ello nos lleva a desvelar el gran lastre de Los miserables: la dirección de Tom Hooper. El británico vuelve a demostrar tras El discurso del rey que dista de ser un cineasta inspirado y personal, eso pese al Oscar que le brindó la Academia hace dos años. Hooper se limita a seguir paso por paso el libreto original y no ofrece soluciones ingeniosas, ni narrativas ni visuales: el primer fragmento, con un Jean Valjean esclavo intentando enderezar una embarcación maltrecha, combina la espectacularidad de un plano inicial aéreo con incomprensibles planos cortos, como si el director de orquestra no pudiese esconder la descarada condición de 'película de estudio' de su criatura, resolviendo los apartados técnicos con un abuso tecnológico cuando el film pedía a gritos mayor trabajo de atrezzo para llevar hasta las últimas consecuencias el espíritu dieciochesco de la historia; y así podrían citarse mil y un episodios de la obra. El impecable momento final también es bastante paradigmático de las directrices que trazan el cine academicista y poco sentido de Hooper: sin desvelar nada, la película nos lleva a un plano conclusivo absolutamente glorioso, técnicamente uno de los más notables, pero Hooper es incapaz, aun sirviéndose del saber hacer de sus intérpretes, de emocionar o conmover a la platea, que ante los títulos de crédito responde con un silencio mayestático y algún aplauso espontáneo, reacción propia de un cine que resulta intachable en lo formal pero bastante pobre en sus andamiajes internos.


Los miserables, por lo tanto, se ve beneficiada por el trabajo de sus actores, la solvencia de algunos apartados como el diseño de vestuario, no así la fotografía, y la calidad de las piezas musicales ya existentes, virtudes que si bien conectan con la película no todas son mérito directo de la misma. A Hooper, en definitiva, le ha venido demasiado grande el proyecto, y ante los miedos comprensibles de quien adapta una obra de semejante magnitud y popularidad ha respondido con más ortografía que literatura, dejando el gran peso de la función a las espaldas de los actores - que cantan en directo, en la misma toma rodada - y de los departamentos secundarios - el español Paco Delgado cuenta más con sus ropas sucias y deshilachadas que el propio Hooper en muchas escenas -. Y paralelamente, la poca sutileza del realizador produce momentos sin cortapisas, totalmente espontáneos, poco eufónicos como partes de un todo pero sumamente estimulantes como satélites de un show disgregado, como el largo lloro de Hathaway tras su despido en la fábrica donde trabaja, el número guiñolesco y burtoniano que comandan Baron Cohen y Bonham Carter o la cumbre poética que conquista el último plano en el monasterio.

Luces y sombras, en definitiva, de una obra potente, imponente e inabarcable, notoria cita melancólica a un tipo de espectáculo que ha caído en desuso y una demostración de las tensiones no siempre bien resueltas que ofrece la técnica tradicional con la nueva tecnología, la fuerza de un material de partida irreprochable con la poca maña de un director que no termina de rematar la faena sin malograr por fortuna la película. Debate más que interesante y puntos a favor más que considerables para defender Los miserables como la gran fiesta navideña que visionaremos a placer una y otra vez hasta elevarla a los altares de esos clásicos tan imperfectos como estimables.


Para cinéfilos ávidos de un gran musical moderno
A favor: Todos sus actores, incluso un injustamente cuestionado Russel Crowe.
En contra: Los subtítulos de la versión española dejan bastante que desear.

Nota: 8

sábado, 24 de noviembre de 2012

Panfleto electoralista: Crítica de FÈNIX 11·23

Por primera vez este blog ha estado a punto de no realizar una reseña. Porque siento que con Fènix 11·23 es imposible separar la cuestión cinematográfica de la política. Vivimos en un momento sumamente convulso, a la escritura de este post a pocas horas de las elecciones catalanas, y el estreno de Fènix 11·23 es tanto una declaración de intenciones por parte de ciertos sectores independentistas como una película oportunista que corre el riesgo de ser utilizada como bandera de una causa mayor, al menos diferente a la ya de por sí complicada tarea de rodar y estrenar un film. Ya puestos a escribir, lo coherente, o lo que a este bloguero le sale del corazón, es hacer una crítica desgranando punto por punto las sandeces de Fènix 11·23, una película que no solo me ha disgustado sino que directamente me ha enfadado por su capacidad manipuladora. Pero intentaremos ser serios y ceñirnos, aunque Joel Joan y Sergi Lara no lo hagan y estén contentos de ello, a lo cinematográfico según los parámetros que este espacio cree que deben usarse a la hora de hablar de una película.


Tal vez lo más cabal sería empezar contándoles la historia real que está detrás del film. En 2004 un niño fue detenido tras escribir un mail a un supermercado bajo el nombre del 'Ejército del Fénix', la webmaster que el pequeño había creado inspirándose en la Orden del Fénix de los libros del mago Harry Potter, simplemente porque pedía que la empresa etiquetase sus productos en catalán. La anécdota se convirtió en un asunto de estado y llegó a la Audiencia Nacional de Madrid, aunque finalmente, tras movilizar miles de firmas a favor del niño y conseguir el apoyo de distintas agrupaciones políticas, la cadena retiró la denuncia y el proceso judicial por terrorismo informático quedó congelado. Ahora ese caso es el centro de la acción de Fènix 11·23, film que dirigen dos militantes confesos de ERC y en el que han dejado patente su ideología. Lo siguiente, para no irnos por los márgenes, sería argumentar que la cinta, pese a llevar la estelada hasta en la propia tira del celuloide, es una mala película, y no precisamente porque ensalce un partido que quien escribe nunca defenderá sino porque dista de ser un cine social complejo y sobre todo sutil. Joan y Lara, criados en la escuela televisiva de TV3, han rodado su criatura como si fuese un telefilm de altos vuelos. Son unos narradores pésimos: en lugar de llevarnos al corazón de la injusticia que sufre el pequeño protagonista cargan las tintas del relato y se dejan absorbir por la dinámica de la exageración, de lo grotesco. Con tanto subrayado, planos enfáticos y escenas absolutamente risibles Fènix 11·23 acaba resultanto totalmente inane en lo artístico y en lo ideológico: el independentista con cabeza sumará mil y un despropósitos que le distanciarán del film, y el españolista rancio tendrá un nuevo centro en el que tirar todos sus irracionales dardos. 


En definitiva: Fènix 11·23 no es mala por militar en el bando 'x' sino porque cae en la caricatura, por tener unos personajes totalmente absurdos, por ser palabrería sin técnica ni oficio. Uno se pregunta por qué Joan y Lara han hecho esta película: querían dar a conocer una historia que, creo, merecía ser contada, pero el engendro acaba siendo un trozo de chatarra más que aviva la llama de la guerra España-Cataluña (o viceversa). Tanto da que los detalles más increíbles de la historia sean verdad porque no resultan verosímiles dentro de los resortes cinematográficos: el tema tiene tales proporciones que cumple el tópico y supera a la ficción. Y un film que invita a la violencia, que polariza todavía más los frentes de batalla y que dispone las fichas para que todo case según las mentes fanáticas de uno y otro lado se merece - sean cuales sean, repetimos, sus filiaciones - el rechazo de este blog. No el odio, porque ello implicaría darle la razón al equipo de la película. Lo único esclarecedor de todo esto, y lo que sigue es un epílogo totalmente personal, es que hay muchísima mirada reduccionista, porque me parece igual de surrealista filmar Madrid con una bandera española ondeando al viento que retratar la zona costera cercana a Barcelona como un lugar hostil con más pintadas independentistas que habitantes. Tal vez un espectador totalmente ajeno al conflicto del film se sentirá conmovido por la causa, pero quien tenga mínima información y criterio debería desechar gran parte del descarado envoltorio propagandístico de Fènix 11·23. No será esta web quien boicotee una película, mucho menos la que incentive la no asistencia a las salas. Visiónenla, pero con el detector de mentiras encendido.


Para ciudadanos que buscan un eslogan y no verdaderos argumentos
Lo mejor: Àlex Casanovas, aunque su personaje y la transformación que sufre sea penoso.
Lo peor: Que no sea ni quiera ser solamente una película.

Nota: 3'5