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jueves, 9 de septiembre de 2021

PELÍCULAS INTERNACIONALES DE LOS ÓSCAR | MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS, de Pedro Almodóvar (España)


MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS

España, 1988. Dirección: Pedro Almodóvar Guion: Pedro Almodóvar Música: Bernardo Bonezzi Fotografía: José Luis Alcaine Reparto: Carmen Maura, Antonio Banderas, Julieta Serrano, Rossy de Palma, María Barranco, Chus Lampreave, Guillermo Montesinos, Fernando Guillén, Kiti Mánver, Loles León, Ángel de Andrés López, Francisca Caballero, Agustín Almodóvar, José Antonio Navarro, Imanol Uribe Género: Comedia Duración: 85 min. Tráiler: Link 
¿De qué va?: Pepa e Iván son actores de doblaje. Él es un mujeriego empedernido y, después de una larga relación, rompe con Pepa: le deja un mensaje en el contestador pidiéndole que le prepare una maleta con sus cosas. Pepa, que no soporta vivir en una casa llena de recuerdos, decide alquilarla. Mientras espera que Iván vaya a recoger la maleta, la casa se le va llenando de gente extravagante de la que aprenderá muchas cosas sobre la soledad y la locura. (FILMAFFINITY)


Las películas de Pedro Almodóvar no son compartimentos estancos: entre ellas dialogan, se reflejan, se presagian. Forman una constelación propia en la que los tiempos, los espacios, los géneros y los personajes, incluso los colores, siempre presididos por el rojo pasión, se confunden y contaminan. Mujeres al borde de un ataque de nervios bien podría ser la quintaesencia de ese estilo que Almodóvar, tras varias probaturas en los 80, algunas geniales, cimentó para siempre, en España y en todo el mundo. Se trata de una película pop, una screwball clásica, una obra de formas muy norteamericanas y a la vez la película más madrileña de toda la carrera del manchego. Comedia, melodrama y cine negro, además de teatro, televisión y cine (dentro del cine). Obra que, además, insemina parte de los fotogramas posteriores del genio: el filme no deja de ser una disparatada ampliación de La voz humana de Cocteau, ya homenajeada en La ley del deseo, y a la que Almodóvar dedicó un mediometraje treinta años después; desprovista de ornamentos, el filme es una historia de soledad y desesperación femenina, justamente la descripción que mejor se ajusta a La flor de mi secreto; el cortometraje Chicas y maletas, parte de Los abrazos rotos, conecta abiertamente con los enredos de Mujeres...; Julieta Serrano y Antonio Banderas, aquí madre e hijo, repiten parentesco en Dolor y gloria; y se presentan tropos que a la postre se han convertido en habituales de los fotogramas del cineasta como la figura de la portera o las conversaciones telefónicas donde impera el caos verbal y la confusión de contextos. Tal vez la singularidad, aquello que hace de Mujeres... una obra única, con una luz propia en la galaxia almodovariana, es el carácter icónico de sus chanzas, convertidas para la posteridad en chascarrillos de la cultura popular: de la receta de gazpacho a los pendientes con forma de cafetera, del "horroroso, horroroso" al "soy Testiga de Jehová", del Soy infeliz al Puro Teatro. Película en estado de gracia que nos recuerda los tiempos en los que un filme español llenaba las salas de carcajadas inteligentes, llegaba a Hollywood y convertía temas aparentemente menores en asuntos de gran trascendencia. Como Pepa puede atestiguar, el amor ya no es lo que era. El cine, tampoco. 


jueves, 14 de septiembre de 2017

CRÍTICA | ACERO AZUL, de Kathryn Bigelow



Lee Curtis, otra vez en apuros
ACERO AZUL, de Kathryn Bigelow
EE. UU., 1989. Dirección: Kathryn Bigelow Guión: Eric Red y Kathryn Bigelow Música: Brad Fiedel Fotografía: Amir Mokri Reparto: Jamie Lee Curtis, Ron Silver, Clancy Brown, Elizabeth Peña, Louise Fletcher, Richard Jenkins Género: Policiaco Duración: 100 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 31/05/1991
¿De qué va?: Una inexperta agente de policía mata a un ladrón durante una noche de servicio. Días después, la mujer empieza a ser acosada por un testigo del ataque.


Antes de convertirse en la primera y hasta la fecha única mujer en ganar el premio Óscar a la mejor dirección, Kathryn Bigelow participó del Hollywood más mediático y masculino, si bien sus películas siempre han presumido de cierta distinción. Acero azul, siguiendo esta premisa, une el relato de tintes feministas con el thriller rompetaquillas, una combinación curiosa que se sostiene durante gran parte del metraje, pero que desemboca en un final rocambolesco, ajeno tanto a la acción pura y dura como al supuesto trasfondo social de la trama. Jamie Lee Curtis da vida a una cadete recién incorporada al cuerpo policial que, tras un episodio violento en un supermercado, resulta víctima de un perturbado con formas de "seductor maduro". Ella arrastra no pocos traumas del pasado, mientras que él es un tiburón de Wall Street con trastienda oscura, parafilias sexuales y desviaciones mesiánicas. Se aprecia que Bigelow, capaz de ofrecer instantes de gran entretenimiento, quisiera imprimir cierta identidad femenina a la historia (la suya es una filmografía de mujeres fuertes "con matices"), pero sólo consigue ridiculizar a su heroína cada vez que los personajes secundarios, de forma insistentemente gratuita, se sorprenden por su estrenado cargo como policía. Al final no estamos muy lejos de la fórmula que hizo célebre a Lee Curtis: la chica en apuros acechada por un loco de armas tomar. En resumidas cuentas, poco espacio para la reflexión y mucho para las palomitas. Un acero pesado con poca puntería. 


Para nostálgicos del thriller de los 80.
Lo mejor: El aplomo de Bigelow en la escena del supermercado.
Lo peor: Su villano da más risa que miedo.


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jueves, 17 de agosto de 2017

CRÍTICA | CUANDO HARRY ENCONTRÓ A SALLY, de Rob Reiner


(Des)encuentros amorosos
CUANDO HARRY ENCONTRÓ A SALLY, de Rob Reiner
Premio Bafta y nominación al Óscar al mejor guión original
EE. UU., 1989. Dirección: Rob Reiner Guión: Nora Ephron Fotografía: Barry Sonnenfeld Música: Marc Shaiman Reparto: Meg Ryan, Billy Crystal, Carrie Fisher, Bruno Kirby, Steven Ford, Lisa Jane Persky, Michelle Nicastro, Gretchen Palmer, Robert Alan Beuth Género: Comedia romántica Duración: 95 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 27/04/1990
¿De qué va?: Dos estudiantes recién licenciados coinciden durante un viaje en coche. Él sostiene que la amistad entre un hombre y una mujer es imposible. Ella quiere encontrar un amigo en Nueva York, la ciudad donde desea trabajar. Los años pasan y ambos se reencuentran.



Cuando Harry encontró a Sally ha sabido imponerse como una de las comedias más influyentes de los últimos años. El film, aunque dirigido por Rob Reiner, siempre ha quedado asociado a Nora Ephron, guionista que obtuvo una nominación al Óscar por este encuentro amoroso y que posteriormente, ya como directora, siguió explotando la vis cómico-romántica de Meg Ryan en las inferiores Algo para recordar y Tienes un e-mail. Realmente estamos ante una película que marca la diferencia por su libreto, una mezcla equilibrada de la liviandad más comercial y la ironía típica de Woody Allen. Más allá de su archifamosa escena del falso orgasmo en la cafetería, la película despliega una inteligente descripción de la generación de urbanitas con título universitario y trabajo más o menos estable que a finales de los 80 buscaban el amor en un ambiente de positividad sostenida. Ahora Nueva York brilla menos, Billy Cristal ni se asoma a la gran pantalla, Meg Ryan está tocada y hundida por culpa de la cirugía, Nora Ephron ya no está entre nosotros y la crisis ha hecho que tengamos una visión menos ingenua de la amistad con derecho a roce. Pero el film sigue ahí como icono moderno, haciéndonos creer que Sally y Harry, en su constante toma y daca dialéctico, siguen paseando por Central Park, yendo a fiestas de Nochevieja, visitando a sus amigos, leyendo libros de autoayuda y viendo Casablanca en televisión. De hecho, la historia de los protagonistas se intercala con testimonios de parejas que cuentan anécdotas personales en pantalla, dando a entender que el "encuentro" del film es una historia más en una larga nómina de retales románticos. La estrategia perfecta para, a pesar de algunas escenas y frases poco lucidas, formar parte del imaginario colectivo.


Para románticos adictos a los clásicos del género.
Lo mejor: La combinación "Nueva York + actores + guión ágil pero inteligente".
Lo peor: Alguna ñoñez de más.


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EL PODCAST DE C&R: Especial CINE DEL 1990

jueves, 1 de junio de 2017

CRÍTICA | HISTORIAS DE NUEVA YORK, de Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Woody Allen



Tres directores, una ciudad
HISTORIAS DE NUEVA YORK,
de Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Woody Allen
EE. UU., 1989. Dirección: Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Woody Allen Fotografía: Néstor Almendros, Vittorio Storaro y Sven Nykvist Reparto: Nick Nolte, Rosanna Arquette, Steve Buscemi, Patrick O'Neal, Deborah Harry, Talia Shire, Heather McComb, Giancarlo Giannini, Carole Bouquet, Woody Allen, Mia Farrow, Julie Kavner, Mae Questel, Leslie Nielsen, Larry David Género: Tragicomedia Duración: 120 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: Película formada por tres episodios independientes situados en la ciudad de Nueva York. En Apuntes al natural (Scorsese), un pintor ultima su nueva exposición a la vez que mantiene una complicada relación con una aspirante a artista. En Vida sin Zoe (Coppola), una niña rica asiste a la reconciliación de sus padres y conoce un compañero de colegio vinculado con la realeza árabe. En Edipo reprimido (Allen), la vida de un abogado cambia cuando su madre se esfuma tras un número de magia... hasta que la mujer aparece en el cielo de Manhattan.


Nos hemos acostumbrado a que cada urbe tenga su película de episodios, pero el cine no empezó con Paris, je t'aime. Si bien muchos críticos señalarán clásicos más asentados en el tiempo como origen de esta moda, es de justicia apuntar que Historias de Nueva York, triple homenaje a la "ciudad eterna", abrió unos caminos que se asentaron posteriormente con las historias cruzadas de los 90 y la polifonía de géneros y formatos de la actualidad. El peso de sus firmantes (el triplete soñado: Scorsese, Coppola y Allen) invita a defender esta teoría. Con todo, ¿qué puede aportar una película de dicha tipología a una mirada del S. XXI? Pues más de lo que podría pensarse a simple vista. Historias de Nueva York sintetiza e incluso revela parte de la cara oculta de sus responsables. Scorsese nunca ha filmado una historia tan tierna como Apuntes al natural, de un costumbrismo más francés que italiano, más romántico que gangsteril. Tampoco es habitual que Coppola ceda a la magia naíf de Vida sin Zoe, el capítulo más desabrido de la antología y la demostración de los primeros impulsos artísticos de su hija Sofia, guionista del fragmento. Y en contraposición, Edipo reprimido obedece por entero al Allen más identificable, tal vez porque, al tratarse del cineasta más prolífico del grupo, el amigo Woody no puede esconder ni sus vinculaciones ni sus obsesiones. Así, y a pesar de las irregularidades inherentes a todo proyecto hecho de retales diversos, incluso antónimos, Historias de Nueva York funciona como complemento a la obra magna de tres autores imprescindibles. Porque las estrellas son los directores; y Nueva York, sólo una excusa.


Para urbanitas cansados de películas que sólo sirven de propagandas turísticas encubiertas.
Lo mejor: Reírse (como siempre) con Allen y emocionarse (como nunca) con Scorsese.
Lo peor: En la comparación, Coppola pierde, y por goleada.

lunes, 8 de agosto de 2016

CRÍTICA | ZELIG, de Woody Allen


ZELIG, de Woody Allen
5 nominaciones al Bafta y 2 candidaturas a los Óscar y Globo de oro
EE. UU., 1983. Dirección y guión: Woody Allen Música: Dick Hyman Fotografía: Gordon Willis Reparto: Woody Allen, Mia Farrow, Gale Hansen, Stephanie Farrow, Garrett Brown, Mary Louise Wilson, Sol Lomita, John Rothman, Susan Sontag Género: Comedia. Falso documental Duración: 75 min. Tráiler: Link Elección de Isidro Molina
¿De qué va?: Leonard Zelig salta a la fama por sus sorprendentes habilidades. Bautizado como "el hombre camaleón", una psicóloga y un grupo de expertos investigan las características físicas y psíquicas del hombre, a la vez que somos partícipes de los eventos más importantes de su vida y de la historia reciente de los Estados Unidos.


CRÍTICA XAVIER: Antes de que las series de televisión y el found footage lo eclipsaran todo, acercarse al falso documental en el cine significaba hablar de Zelig de Woody Allen y Fraude de Orson Wells. Nadie le quita a Allen la ruptura que supuso en su día aquella recreación de la vida de Leonard Zelig, así como los cambios narrativos y formales que abrió en el cine ochentero. La cuestión es que nací en el 1990 y visiono ahora Zelig con demasiados referentes en mente. A veces quien escribe debe asumir que, por influencias externas, no puede valorar en su justa medida una obra pretérita, y eso es precisamente lo que me sucede con Zelig. Porque, con ojos de cinéfilo que se pasó media adolescencia visionando las obras del Dogma 95, el film de Allen me parece poco más que un juego, una provocación muy medida, un experimento austero que no acaba de explorar todo su potencial. Le falta mala leche y espíritu crítico. Reconozco el sello de Allen, pero en una versión más rebajada, menos intensa, demasiado estrambótica. Y ya que hablamos de comedia, lo que sigue es decisivo: no me reí en ninguno de los 75 minutos de Zelig. Seguro que el problema lo tengo yo y no el bueno de Woody. Si hay que mojarse, la sitúo muy por debajo de las grandes obras de su director. La filmografía del neoyorkino es tan abultada que las preferencias de cada uno son la mar de diferentes. Firmado: un disidente-simpatizante.


CRÍTICA MAYRA MEZA: Woody Allen hace gala de su ingenio y creatividad y desarrolla a través del curioso formato de falso documental la historia del que es tal vez uno de los personajes más singulares de su filmografía. Leonard Zelig es un hombre que, para agradar a los demás o encajar en la sociedad, cambia su actitud e incluso su físico de manera camaleónica, adaptándose a su entorno. Estamos ante una sutil comedia que, a su manera, habla sobre tener identidad propia, sobre decir lo que pensamos, respetar los gustos de los demás y aceptar los nuestros, después de todo y como diría cierta frase por ahí: "No debe gustarte algo sólo porque otros te dicen que debe gustarte". Por esa misma razón, admito que Zelig no entra en mi lista de films favoritos de Allen. No me hizo reír como en su día lo hizo Scoop, ni me ha fascinado como en su momento me fascinó Match Point, pero aún así, reconozco que es una obra interesante.


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domingo, 24 de julio de 2016

CRÍTICA | MALA SANGRE (MAUVAIS SANG), de Leos Carax


MALA SANGRE (MAUVAIS SANG), de Leos Carax
3 nominaciones a los Premios César. Premio Louis Delluc a la mejor película. Premio Alfred Bauer del Festival de Berlín
Francia, 1986. Dirección y guión: Leos Carax Música: VV. AA. Fotografía: Jean-Yves Escoffier Reparto: Denis Lavant, Michel Piccoli, Juliette Binoche, Julie Delpy, Hans Meyer, Hugo Pratt, Serge Reggiani, Carroll Brooks Género: Drama romántico. Thriller Duración: 110 min. Tráiler: Link Fecha de reestreno en España: 14/08/2015 Especial Leos Carax: Cinoscar Summer Festival 2016
¿De qué va?: En un futuro cercano, una banda de ladrones, forzados por una mafiosa norteamericana, planea un golpe que les permita saldar una deuda millonaria. Para llevar a cabo el robo reclutan a Alex, hijo de un compañero suyo que se suicidó.


Hace un año, Mala sangre volvió a los cines españoles para conmemorar su treinta aniversario. Tres décadas que han cincelado nuestra mirada hacia el cine de Carax porque, si a mediados de los 80 una película como Mala sangre irradiaba savia nueva, en la actualidad es imposible acercarse a ella sin pensar que sus imágenes, como la propia carrera de Carax, han quedado suspendidas en el tiempo, intentando remontar el vuelo en una huida escapista por conquistar la libertad, como realiza Juliette Binoche en el precioso, ya inolvidable, plano final de la cinta. Eso es Mala sangre: una película ajena a discursos académicos, difícil de explicar, imposible de gobernar y, en definitiva, única en su especie. 


Con un inicio y un final cercanos al cine negro, Carax ralentiza la trama para contar aquello que más le afectaba y que, a juzgar por los fotogramas de su reciente Holy Motors, le sigue interesando: las dobles identidades y la expresión plástica de un amor que se intuye tan lírico como fatalista, naïf pero con pequeños destellos de madurez. Por ello, lo que parece la crónica de una banda de ladrones en busca del golpe perfecto, crece y se detiene como un romance imposible entre la pareja del más veterano del grupo y un joven de 16 años que acaba de dejar a su novia. Poco importan los diálogos o sucesos que pueda presentarnos Carax porque Mala sangre es una colección de instantes y sensaciones, de miradas y metáforas visuales. Una estrategia que a muchos les sumirá en un tedio profundo y que en otros tendrá un efecto casi balsámico. 


La irrealidad de los espacios (ese edificio de destellos verdes y luces de neón, génesis del surrealismo de Holy Motors) el reciclaje de ciertas convenciones del noir (la villana americana, con ecos de Cassavetes, Wenders y los clásicos norteamericanos), el poder simbólico de sus personajes (Binoche, una joven de rostro payasesco; Delpy, imagen de la mujer voluptuosa) y la capacidad de Carax por construir instantes sublimes (la carrera de Lavant al ritmo del Modern Love de Bowie, por citar el más conocido) redondean una película no apta para todos los públicos que se sirve de iconos varios para, a la postre, convertirse en sí misma en un icono. De los 80, o del tiempo que se quiera. Porque no es casualidad que su título remita tanto al linaje maldito de sus criaturas como al carácter libérrimo de Carax, a su condición de paria y de genio. Un pequeño y monumental film de culto.


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domingo, 17 de julio de 2016

CRÍTICA | POPEYE, de Robert Altman


POPEYE, de Robert Altman
Nominación al Saturn Award a la mejor película fantástica
EE. UU., 1980. Dirección: Robert Altman Guión: Jules Feiffer, a partir del cómic de E. C. Segar Fotografía: Giuseppe Rotunno Música: Harry Nilsson Reparto: Robin Williams, Shelley Duvall, Paul L. Smith, Ray Walston, Paul Dooley, Donald Moffat, Richard Libertini, Bill Irwin Género: Fantasía. Comedia musical Duración: 110 min. Tráiler: Link Elección de David Chanatos
¿De qué va?: Popeye "el marino" abandona su vida en altamar para estar al lado de Olivia y su hijo. Con el paso de los años, Popeye deberá volver a la aventura para evitar los planes de Bruto, un marinero con malas pulgas.


CRÍTICA DAVID CHANATOS: Popeye es uno de los personajes más emblemáticos del cómic. Empezó a hacerse popular a finales de los años 20 de la mano del dibujante Elzie Crisler Segar, más conocido como E.C. Segar. El éxito del personaje en las tiras cómicas fue tal que a mediados de los años 30 aproximadamente se empezaron a hacer películas animadas de corta duración. Puesto que allá por el año 1938 E. C. Segar falleció, el personaje empezó a ser dibujado en tiras cómicas a través de la mano de otros dibujantes: Ralf Stein, Don Winner y Tom Sims entre otros. Pero en esta crítica no pretendo centrarme ni en los cómics ni en las películas y/o series animadas de Popeye, sino en una película de imagen real del personaje en cuestión que se estrenó en 1980 de la mano de Robert Altman y producida por Walt Disney Pictures y Paramount Pictures. Del film yo quitaría las canciones cantadas por los propios actores. Hay algunas que son algo pegadizas, pero "estorban". La película os parecerá entretenida para verla una sola vez a menos que seáis fanáticos de Popeye y no os importe lo mas mínimo saltaros algunas partes en donde vemos a los actores cantar. La idea de ver cantar a actores en una película que se supone que debería ser una comedia entretenida y no un musical no me ha gustado. ½


CRÍTICA XAVIER: No recuerdo haber visto de pequeño las series de Popeye, por lo que asistí al visionado del largometraje que nos ocupa sin apenas información. Con todo, en los primeros minutos de la película me di cuenta que sí conocía a los personajes. Pero eso fue lo de menos. Porque primero me pregunté: ¿el film es de Robert Altman? ¿el mismo director de Gosford Park? Y mi asombro no dejó de dispararse: ¿qué hace Robin Williams dando a vida a Popeye con unas prótesis de brazos y piernas tan pobres? ¿y la mujer de El resplandor disfrazada de Olivia? ¿y por qué cantan unas canciones tan feas? ¿quién dobló esta película al castellano? ¿por qué a alguien se le ocurrió hacer una versión de carne y hueso del héroe vegetariano por excelencia? Y al final, embargado por cierta sensación de vergüenza ajena, consulté la Wikipedia y leí que el film había sido un rotundo fracaso de taquilla. No es para menos. Popeye es uno de esos proyectos que sólo pueden admitir un sustantivo: fiasco. Una mala idea, bastante mal ejecutada. ½


CRÍTICA MAYRA MEZA: Uno de los dibujos animados que recuerdo haber visto mucho cuando era pequeña es Popeye el marino. Sí, crecí escuchando eso de "cómete las espinacas para que crezcas y seas fuerte como Popeye", pero yo, menos fácil de manipular que los personajes de Compliance (pequeño spoiler de mi próxima reseña), nunca hice caso. La verdad desconocía que existiera una película de acción real sobre Popeye, así que de alguna manera el hecho de que alguien la eligiera y me permitiera descubrirla se agradece. No es que la película sea buena, que para nada lo es, tiene muchos errores y casi ningún acierto. Puede que el gran problema sea que algunas películas y series de animación no deberían convertirse en películas y series de acción real (otro ejemplo de ello: las desastrosas películas en live action de Los Picapiedra). Cada cosa en su lugar, y Popeye no daba para tanto. Con todo, me resulta un film regular (tal vez por la nostalgia de mi infancia), eso sí, prescindible.

sábado, 9 de julio de 2016

CRÍTICA | ELVIRA, de James Signorelli


ELVIRA (ELVIRA, MISTRESS OF THE DARK), de James Signorelli
Nominación al Saturn Award a la mejor actriz. Sección oficial Fantasmaporto 1990
EE. UU., 1988. Dirección: James Signorelli Guión: Sam Egan, John Paragon y Cassandra Peterson Fotografía: Hanania Baer Música: James B. Campbell Reparto: Cassandra Peterson, William Morgan Sheppard, Daniel Greene, Susan Kellerman, Jeff Conaway Género: Comedia de terror Duración: 95 min. Tráiler: Link Elección de Javi Gosling
¿De qué va?: Elvira es una extravagante presentadora de televisión que quiere cambiar de vida. Al recibir la noticia del fallecimiento de su tía Morgana y de la posibilidad de heredar una cuantiosa suma de dinero, Elvira se traslada a la mansión de sus ancestros sin saber que será víctima de una terrible profecía.


CRÍTICA GERMÁN ARTURO CORTÉS: Presentándome en el festival con The Rocky Horror Picture Show el año pasado, era de esperar que ahora, que me toca reseñar una película, me dieran otra serie B, película de culto, altamente sexualizada, comedia “tan mala que es buena”. Me lo busqué, creo. Ahora, no quiero decir que tenga nada en contra de la Serie B. De hecho he encontrado varias películas que me encantan entre ellas. Pero es un arma de doble filo reseñar una película de serie B porque, en el fondo, sabes que son de una calidad terrible. Como pasa con Elvira (1988). La película es una tontería y está mal escrita, pésimamente actuada. Se sustenta completamente en gags, dobles sentidos y un sentimiento de nostalgia. Objetivamente hablando la película tiene pocas cualidades redentoras: no puedes darle una alta calificación por sus bondades cinematográficas. Pero, y es un pero grande, en mayúsculas. PERO. No puedes juzgar una película "Clase B" con esa mentalidad. Para disfrutar estas películas tienes que quitarte de encima todos los prejuicios, tienes que entrar sabiendo que será algo ridículo y barato, y amarlo cada segundo por esa "sin vergüenza" que las películas serias no se atreven a abrazar. Las series B, y en especial Elvira, son un universo paralelo de mal gusto y buenas bromas, una oportunidad de no tener remordimientos y disfrutar una película como cuando tenías 5 años. Solo que ahora con bromas en doble sentido y alto contenido sexual. Elvira es poder sentirte, por un rato y al mismo tiempo, como idiota y como genio, donde lo anormal es abrazado y celebrado. 95% de las personas van a odiar a Elvira porque no entienden lo que significa. Pero Elvira, y la Serie B, significan libertad. Son terribles, es cierto, pero libres también de ser únicas. Y por eso Elvira, aunque imperfecta en todos sus aspectos, es memorable. ½


CRÍTICA XAVIER VIDAL: Cassandra Peterson empezó a ser conocida en la televisión estadounidense por su alter ego Elvira, una vampiresa de ropa provocativa que presentaba cada semana películas de terror. La cinta Elvira retoma ese personaje, aunque de forma bastante desafortunada. La catástrofe se amplió posteriormente cuando la serie que debía protagonizar Elvira se quedó únicamente con un único episodio, sin olvidar la secuela del film de James Signorelli que la propia Peterson levantó con muy poco dinero y, cómo no, con muy pocos espectadores interesados. Elvira, 28 años después de su atropellada concepción, podría pasar por una simpática unión de terror y comedia, pero ni tan siquiera apelando al "buenismo" de los 80 la película rinde como entretenimiento mínimamente decente. Sus chistes son de brocha muy gorda, incluso de una torpeza escandalosa: véase el gag del letrero del cine, la cita a Flashdance, los efectos especiales "a lo Regreso al futuro" o el baile final con contoneo de senos. Todo, para qué negarlo, da bastante vergüenza ajena. Será que quien escribe es hijo de los 90 y, por lo tanto, se crió con la Angelica Huston de las dos entregas cinematográficas de La familia Addams, pero Elvira me aburre bastante. Si sois nostálgicos y hace tiempo que paseáis vuestro frikismo "gótico-festivo" sin pudor alguno, os recomendamos muchísimo más una tontuna que, por fechas, coincidió en salas con la película que nos ocupa: Vida y amores de una diablesa. Pero ya se sabe: de la era del VHS, hay humores y terrores para todos los gustos. ★★


CRÍTICA RONNIE VALENCIA: Una disparatada adaptación de un aún más disparatado cómic muy popular de los EE. UU. que es un absurdo lleno de irracionales situaciones vividas por su protagonista Elvira, una presentadora de televisión de un programa de terror con un carisma totalmente innegable. En su versión fílmica, Cassandra Peterson tiene todo ese “talento” necesario para derrochar la sensualidad que el personaje le demanda, estacionado en ese par sin igual, un par de tetas de los más recordados de los 80, y es precisamente Peterson el ingrediente más valioso y destacado de toda una receta para el desastre. La película es tan mala e insufrible que se convierte de inmediato en un elemento kitsch de la cultura ochentera, como si los 80 no representaran en sí mismo una estética pretenciosa y cursi que rallaba en el mal gusto, las estrafalarias, estrambóticas, estridentes y descabelladas ideas de la década no me dejan mentir en absoluto. Una serie de aventuras cutres que recurren al humor burdo y barato para parafrasear elementos de aquellas cintas series B que nos enamoraron, los elementos secundarios de toda la película se vuelven una parte más del decorado gracias a su nula simbología, poca eficiencia dentro de la trama o por sus acartonadas inclusiones o su desabrida participación a lo largo de la cinta. El burdo sentido del humor de toda la película salva del desastre el producto final y la convierte en “película de culto”. ★★

sábado, 25 de junio de 2016

CRÍTICA | CHICO CONOCE CHICA (BOY MEETS GIRL), de Leos Carax


CHICO CONOCE A CHICA (BOY MEETS GIRL), de Leos Carax
Nominada al César a la mejor ópera prima. Premio de la juventud del Festival de Cannes
Francia, 1984. Dirección y guión: Leos Carax Música: Jacques Pinault y VV. AA. Fotografía: Jean-Yves Escoffier Reparto: Denis Lavant, Mireille Perrier, Carroll Brooks, Elie Poicard, Maïté Nahyr, Christian Cloarec, Hans Meyer, Anna Baldaccini, Jean Duflot Género: Drama romántico. Experimental Duración: 100 min. Tráiler: Link Especial Leos Carax: Cinoscar Summer Festival 2016


Leos Carax revolucionó el panorama cinematográfico con tan sólo 24 años de la mano de Chico conoce chica, su bizarra y aplaudida ópera prima. La película, un ejercicio de estilo sin parangón, marcó un cisma en el cine francés gracias a su estética detallista y a un guión a la deriva, de clara vocación literaria. El título "Chico conoce chica" parece avecinar un romance al uso según los corsés de los 80, pero Carax toma esa premisa para introducir al espectador en una atmósfera en blanco y negro tan mágica como decadente, a ratos grave y por momentos absurda, con bruscos fundidos a negro, voces que no coinciden con el movimiento de los labios de los actores y una delectación misteriosa por la filmación de los cuerpos, los objetos y sus sombras. Una rareza en toda regla que sigue causando extrañeza y asombro treinta años de su espontánea creación.


En Chico conoce chica no hay argumento que valga: se diría que la cinta es la dilatación de un tiempo muerto, una sucesión de instantes inconexos. El protagonista, impulsado por lo que parece ser un pasado de desengaños personales, recorre la noche parisina dando tumbos, comportándose cual vagabundo amoroso, con harapos de escritor bohemio que busca a su musa. Durante una fiesta el "chico" conoce a la "chica", pero el encuentro, lejos de marcar un punto y aparte en la trama, se define según el tono pesadillesco que preside todo el conjunto. Aunque pueda resultar una paradoja, Carax sigue las bases del romance clásico precisamente porque renuncia a las exigencias de los clichés impuestos por el cine comercial, a la vez que se apodera de un "romanticismo" en el sentido más académico del término, cargado de tremendismo y desazón. A la postre, Chico conoce chica no es tanto una historia de "conocimiento" como de "reconocimiento", la metáfora de una juventud sin ocupaciones ni preocupaciones, tan intelectual como superficial, alienada e infantil. La generación, en definitiva, de la que participa el propio Carax, protagonista indirecto del film mediante la técnica del alter ego. 


Tras el visionado de Chico conoce chica, uno tiene la sensación de haber transitado los mundos de un cineasta desbordante de ideas, tan idealista en su mensaje como firme en sus formas. Por ello, la película ofrece una experiencia más física que racional, no apta para todos los públicos, moderna y a la vez heredera del cine mudo, el expresionismo y la Nouvelle Vague. Podrá gustar más o menos, pero Chico conoce chica es el arrebatado bautizo de un Carax casi adolescente que experimenta con el medio cinematográfico hasta el punto de construir escenas de una belleza insobornable. Una joya atemporal.


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jueves, 16 de junio de 2016

CRÍTICA | CRÓNICA DE LA GUERRA CARLISTA, de José Maria Tuduri


CRÓNICA DE LA GUERRA CARLISTA, de José María Tuduri
España, 1988. Dirección y guión: José María Tuduri Fotografía: Fernando González Música: Vicente Martínez y Ángel Díez Reparto: Paco Sagarzazu, Ramón Aguirre, Rafael Enrique, Patxi Barco, Anabel Alonso Género: Drama histórico Duración: 90 min. Elección de Hugo Ruiz
¿De qué va?: En la década de los años 20, distintos protagonistas de la Tercera Guerra Carlista en territorio vasco recuerdan su participación en la contienda. 


CRÍTICA RONNIE: En este festival ya me topé con un documento que narra un hecho histórico de un país (mi México, en este caso la película era Vámonos con Pancho Villa!) ahora me toca mirar este documento que representa un suceso histórico en la madre patria, España: la Guerra Carlista, aquella guerra civil que duró 7 años en contra del régimen absolutista y que Tuduri presenta a manera de documental que deja ver por cualquier ángulo muchas de sus flaquezas. Resulta ser un film desarmado con muchas piezas que no componen un rompecabezas entero. Lo altamente rescatable es el vestuario utilizado para esta producción, de lo demás no encuentro solidez en un relato sin cohesión. Se agradece que no rebase la delgada línea del panfleto político y así lo demuestra el argumento final entre soldados de ambos bandos.

CRÍTICA XAVIER: En el instituto no me gustaba la asignatura de Historia. Nunca supe estudiarla. Memorizaba, aprobaba y olvidaba. Por eso siempre he considerado el cine una herramienta muy útil para acercarme a la historia. Sí, acepto que la Revolución Francesa poco o nada tiene que ver con mi querida Maria Antonieta de Sofia Coppola, pero ayuda a asentar conceptos y a retener la línea cronológica de sucesos. Todo lo dicho se aplica a cualquier película histórica... menos a Crónica de la guerra carlista. Viendo la cinta de Tuduri, echo de menos los párrafos plúmbeos del libro de bachillerato. En el film todo es un desastre, desde la narración en pasado hasta la anodina mezcla de ficción y documental. Carece de ritmo, confunde retórica con literatura, no sabe ser didáctica y desaprovecha los pocos medios con los que fue rodada. Es una cinta fría y abigarrada, sin apenas escenas bélicas y sin personajes. Es como querer explicar cómo se hace el amor y no recurrir a alguna escena mínimamente subida de tono. Más o menos como aquellos videos que te ponía el profesor de guardia cuando el docente titular estaba enfermo y no sabía cómo llenar la hora de clase. Y para colmo, resulta indignante que el film recurra al euskera (supongo que para obtener la subvención de turno) y luego pronuncie tan mal los pocos nombres catalanes que cita. Me acojo al cachondeo y a la lingüística para acabar la valoración de esta calamidad fílmica: "n'hi ha per agafar un infart, home!"


CRÍTICA ALBERTO: Se lleva oyendo, dentro del marco de la producción nacional actual, la continua reivindicación por abordar episodios de nuestra historia ciertamente olvidados. Y si bien es cierto que la contienda carlista ha visto ciertos ecos minoritarios en otras películas, es aquí donde alcanza su visión más extendida. José María Tuduri, director absolutamente ignorado, firma aquí un interesante documento histórico que recorre y valora las cuestiones pertenecientes a este pasaje histórico tan determinante en nuestro presente. El problema viene de que el interés por abordar este episodio no está acompañado de capacidad y posibilidades discursivas. Por un lado, el maniqueísmo del documento convierte en forzadas la mayoría de posturas adoptadas; y, por otro lado, la pobreza de la puesta en escena y de los diálogos arma una película que carece del mero interés por ser incapaz de mostrar un discurso sólido sobre un tema interesante y controvertido. El esfuerzo de los actores y del trabajo de vestuario difícilmente consigue levantar por momentos una película olvidable por méritos propios, que en manos de otro realizador podría haber alcanzado resultados más estimables.

CRÍTICA ISIDRO: ¿Recordáis lo coñazo que podían llegar a ser la clases de Historia en el instituto con el profesor ceporrón que era lo suficientemente viejo como para poder haber vivido en primera persona lo que te estaba contando? ¿Recordáis esa desolación, esa impotencia, esa desesperación, esas ganas desbocadas de que sonara el timbre de una puñetera vez para salir corriendo de allí y comerte el bocadillo de chóped? Pues todo eso he sentido viendo esta película. El horror. Al menos el título no engaña: Crónica de la guerra carlista. Tal cual, ni más ni menos: un par de viejos contándote el tema del examen del viernes que te vas a preparar de memoria el jueves para que el sábado te digan "Amodeo" y te creas que es una marca de mantecados. Porque no hay desarrollo dramático ninguno, y ni siquiera tiene la agilidad de un buen documental. Es una puñetera lección de historia. Y está demostrado que el cerebro no puede asimilar durante tanto rato tanta información, así que mientras la película sigue, yo me entretengo riéndome con que, a pesar de estar rodada en español y euskera, el sonido no es directo y que uno de los actores del doblaje es el mismo que pone la voz del Sr. Burns en Los Simpson, con que el “prota” es el mismo actor que hacía de la parodia de Franco en Mortadelo y Filemón (aprendí más historia ahí, por cierto) y con que durante cuatro segundos y medio sale Anabel Alonso cantando “que le den agua de limón sin azúcar ni canela”. Sí, y con un poquito de cianuro, por favor. Insufrible.


CRÍTICA KOSTI: Si ayer disfrutábamos de un pequeño documento histórico, hoy repetimos experiencia, pero con una producción más modesta, aunque intensa. Esta Crónica de la guerra carlista, en parte documental y en parte ficción, nos traslada al territorio vasco de finales del siglo XIX. España estaba dividida entre liberales y carlistas, y la sucesión al trono pendía de un hilo tan fino como los mosquetones que resonaban en los verdes campos del norte. A través de dos magníficos testimonios, y siempre desde una perspectiva objetiva, sin posicionarse en el tablero de tan particular juego bélico, asistimos a una clase magistral de historia de nuestro país, con un claro dominio de la crónica y la representación casi teatral. Su encanto no viene dado tanto del despliegue de escenas de batallas, sino del trasfondo personal y social que encierran sus diálogos y testimonios. Un documento visual con ínfima calidad artística, pero dotada de un incalculable valor didáctico. Crónica de la guerra carlista es un viaje a través de las vivencias de dos cronistas que suponen los pilares fundamentales de toda la película. Un retorno de dos personajes a una juventud que no disfrutaron, pero que vivieron intensamente, con recuerdos que aún guardan en su memoria y ahora comparten con nosotros para enseñarnos lo extremadamente ridículo que es cualquier enfrentamiento bélico. ½

NOTA MEDIA del JURADO: ★★½ 

viernes, 27 de mayo de 2016

CRÍTICA | LA VAQUILLA, de Luis García Berlanga

 
LA VAQUILLA, de Luis García Berlanga
Nominación a Guillermo Montesinos al Fotogramas de Plata al mejor actor
España, 1985. Dirección: Luis García Berlanga Guión: Rafael Azcona y Luis García Berlanga Fotografía: Carlos Suárez Música: Miguel Asins Arbó Reparto: Alfredo Landa, Guillermo Montesinos, Santiago Ramos, José Sacristán, Carles Velat, Eduardo Calvo, Violeta Cela, Agustín González, María Luisa Ponte, Juanjo Puigcorbé, Amelia de la Torre, Carlos Tristancho, Valeriano Andrés, María Elena Flores, Antonio Gamero, Rafael Hernández, Valentín Paredes, Fernando Sancho, Tomás Zori, Joan Armengol, Pedro Beltrán, Luis Ciges, Ana Gracia, Sergio Mendizábal, Fernando Sala, Francisco Valdivia, Adolfo Marsillach, Amparo Soler Leal Género: Comedia bélica Duración: 120 min. Tráiler: Link Elección de Daniel Andrés
¿De qué va?: El devenir de la Guerra Civil cambia para un grupo de soldados aburridos cuando se organiza una corrida taurina en un pueblo de los alrededores. La noticia genera todo tipo de reacciones: unos quieren entregarse a la fiesta, y otros quieren aguar la fiesta al resto.


CRÍTICA XAVIER: Podría pensarse que el cine español de los 80 era más "almodovariano" que "berlanguiano", pero no es así. En un ejercicio de convivencia cinematográfica admirable, Berlanga siguió estrenando al ritmo de las nuevas generaciones, ganándose estreno tras estreno el apoyo de crítica y público. La vaquilla es una prueba de ello. Y por mucho que la película incida en tonos y temas ya tratados con anterioridad por el genio valenciano, La vaquilla sigue siendo un documento apreciable de su época. Con una novedad: entre líneas, Berlanga hablaba tanto de la España de la Guerra Civil como del país que en plena Transición se abría a los cambios entre el entusiasmo, la timidez y el atropello. El esperpento valleinclanesco, la sátira ibérica y la "mala hostia" patria se dan cita en esta sátira divertida. Su reparto, además, condensa lo mejor de nuestra cinematografía, hasta el punto de sumir al espectador del 2016 en un estado de nostalgia notable. Quien escribe ama a Berlanga, incluso el de Todos a la cárcel y París-Tombuctú, por mucho que su obra maestra a título personal sea Plácido. A la lista de amores (no de pasiones) se suma también esta corrida surrealista. ¡Cuánto te echamos de menos, querido Luis! ½

CRÍTICA ALBERTO: Berlanga consolida con esta cinta su tendencia más ochentera: la crónica sobre la España pasada y su relación con el presente del momento mediante el ejercicio de la sátira y la ironía. Esta peculiar “vaquilla”, sin ser su cinta más redonda, sucumbe a todos los rasgos significativos del cine berlanguiano, para edificar una crónica particular sobre los dos bandos durante la Guerra Civil. El ingenio del film y su buen ritmo se lo debemos al trabajo de Berlanga en colaboración con otro grande: el maestro Azcona. Ellos son los responsables de este cóctel explosivo de diálogos hábiles y situaciones hilarantes. De igual modo, la verbalización física de tan notables palabras adquiere la condición de lo sublime en la entrega de ese extraordinario reparto, que convence con maestría a cada paso que da, cada frase que maneja y cada expresión del admirable humor de uno de los grandes maestros de nuestro cine. ½


CRÍTICA ISIDRO: Vale, soy un cinéfilo de mierda. No he visto ni Plácido ni El verdugo ni Bienvenido Mr. Marshall. La vaquilla es la primera película del señor Berlanga que veo, y aunque tiene mucho de lo que esperaba encontrar, sigo teniendo el listón más alto de cara a las otras tres. Esta es una suerte de comedia de enredo ambientada en un pueblo de la España profunda durante la Guerra Civil. El punto de partida es guay, la guerra se siente tan inútil y ambos bandos están hasta el nabo de todo que la mayor ofensiva militar que se les ocurre a los republicanos es secuestrar a la pobre vaca protagonista de las fiestas del pueblo. Da para una Underground española. Pero lo cierto es que su vis cómica nunca termina de explotar, no alcanza altos niveles de esperpento ni tampoco es especialmente crítica, solo es eso, una serie de enredos y malentendidos que se ven con una sonrisilla que nunca llega a la carcajada, una especie de "Grand Prix" en la Guerra Civil sin Ramón García pero con vaquilla. Pero hay que reconocer que la escena final sí que es bastante potente y elocuente: España es la vaca que, tras tanto trajineo, toreada por matadores de ambos bandos, cae exhausta, pasto de los buitres. Maldita guerra. Pobre vaca.


CRÍTICA RONNIE: La vaquilla retoma la etapa de la Guerra Civil, un tema muy recurrente en la cinematografía ibérica. Esta historia de Berlanga es cine español desde la médula. Recurre a un tono cómico para representar la confrontación de los bandos en guerra. Me cuesta un poco entender los regionalismos españoles pero, a pesar de esa barrera cultural, su reparto logra hacerme reír con sus ocurrencias y marcados personajes estereotipados. El humor contenido puede pecar en ciertos momentos de soez, pero quiero imaginar que funciona para aligerar la carga turbia de un tema tan delicado para la humanidad. ½

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★½ 

martes, 22 de marzo de 2016

CRÍTICA | SHIRLEY VALENTINE, de Lewis Gilbert


Ponerse el mundo (y el nombre) por montera
SHIRLEY VALENTINE, de Lewis Gilbert
2 nominaciones al Óscar: Mejor actriz protagonista y mejor canción original
EE. UU., 1989. Dirección: Lewis Gilbert Guión: Willy Russell, a partir de su obra de teatro Fotografía: Alan Hume Música: Marvin Hamlisch y Willy Russell Reparto: Pauline Collins, Tom Conti, Julia McKenzie, Alison Steadman, Joanna Lumley, Sylvia Syms, Bernard Hill, George Costigan, Anna Keaveney, Tracie Bennett, Ken Sharrock, Karen Craig Género: Comedia dramática Duración: 105 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: Shirley es una mujer afable que no se siente querida ni respetada por la gente de su entorno. Decidida a dar una lección a su marido y a su hija mayor, un día hace realidad uno de sus sueños: irse a Grecia y olvidarse, aunque sea por un par de semanas, de todos sus problemas. El viaje de Shirley pone en jaque a su familia, mientras que ella aprovecha su estancia en el mediterráneo para hacer balance de su vida y marcarse nuevos retos y prioridades.


Shirley Valentine cuenta el cambio que emprende una ama de casa británica para reivindicar su papel como madre, esposa y mujer. Shirley, harta de ser ninguneada por la gente que la rodea, viaja hasta Grecia para romper con una rutina que la agobia sobremanera. Una preciosa historia de emancipación y reivindicación personal que tuvo una notable acogida en las taquillas de medio mundo de finales de los años 80. La lucha feminista y la espontaneidad que emana la actriz Pauline Collins siguen de plena vigencia, aunque a día de hoy la película resulte ligeramente encorsetada, tal vez porque sus fórmulas han sido repetidas en infinidad de títulos posteriores. Un ejercicio de cine más liviano y menos maduro de lo que podría parecer a simple vista, pero que ofrece justamente aquello que promete a su audiencia potencial (en su mayoría, público femenino y urbano de 'treinta y tantos' para arriba): una protagonista con la que se empatiza fácilmente y unas situaciones que resultan muy cercanas. En pleno 2016, no cuesta imaginarse a Shirley Valentine continuando con su particular revolución, aunque tal vez no necesitaría irse a la Grecia de la crisis para acometer su venganza conyugal. Una película agradable que despierta la sonrisa, que no la carcajada, de cualquier persona que haya fantaseado con dar al traste con un marido despótico, una hija consentida y unas amigas egoístas. Si la realidad sólo ofrece sinsabores, nada mejor que acogerse a la magia del cine, aunque sea a base de un idealismo ligeramente edulcorado.


Para cinéfilas de armas tomar. 
Lo mejor: Algunos de sus lúcidos monólogos.
Lo peor: Es demasiado condescendiente.