martes, 24 de febrero de 2009

OSCARS, TIEMPO Y CRÍTICA

PASADO: El arte de la crítica
Algunas personas siempre han repudiado mi forma analítica de acercarme al cine. El séptimo arte es puro entretenimiento, añaden estas voces, y la crítica, la disección de la cinta, entorpece el juego de ver y disfrutar una película. Debo negar tal locura: el análisis es cuestión paranoica, pero es la única vía para conocer todas las partes de un todo, en este caso un film. El análisis se relaciona con el estudio pero también con el deleite inocente. El crítico de cine, antes de criticar, es espectador y entra en la sala de cine totalmente ajeno al espectáculo. He aquí el verdadero debate: ¿afrontamos igual una película de John Ford que otra de Tim Burton?, ¿las campañas publicitarias estimulan la rutina de ver cine o nos resuelven vilmente el argumento de las películas de estreno? The curious case of Benjamin Button y The Reader han encendido la charla y son, para quien esto escribe, dos víctimas de la forma en que se consume (feo verbo) cine. El arte de la crítica, con sus luces y sombras, vuelve a nosotros atractivo, insoportable, inevitable.



PRESENTE: El arte del tiempo
Quienes hemos optado por la vía del análisis, peligroso pero estimulante camino, hemos asistido a la transformación definitiva de los premios Oscar. Slumdog Millionaire ha sido la elegida (años antes hubiera podido ser otra) y su peso dentro del cine actual está escrito con letras indelebles. Slumdog Millionaire demuestra que el fondo siempre será el mismo pero que la forma de ver y dirigir cine ha cambiado (¿la crítica también lo ha hecho?). Las historias cruzadas de Robert Altman, la Norteamérica de Magnolia o los encuentros y desencuentros de los personajes de Crash han eclosionado en forma de videoclip a lo grande. La historia de un niño que antes tenía el rostro de Oliver Twist o Forrest Gump y que, fruto de un mundo globalizado, se nos presenta entre la India pobre y la India pudiente, es la misma monserga de siempre porque el cine y la ciencia que lo estudia es cíclica, vive en un eterno bucle. Ahora ya no nos interesan las historias en orden cronológico: Harvey Milk repasa su vida a modo de gran y melancólico flash-back, The Reader desordena la trama y nos intriga, Frost/Nixon recurre a un cuento sabido pero interesante y The curious case..., directamente, centra su magno metraje en el concepto de "tiempo" y "amor" porque lo breve, como le ocurre a Button, es tan intenso que se perpetua para siempre, incluso hasta el lecho de muerte. Slumdog Millionaire juega con los colores, con sus personajes y con el tiempo, justificándose ante el éxito del protagonista en ¿Quién quiere ser millonario?, avanzando y retrocediendo, albergando miles de películas en una. El cine es la aventura del desorden, la aventura de ver y rodar películas. La nueva salvia que aporta Slumdog Millionaire contrasta con el academicismo de Frost/Nixon y Milk, con la sobriedad de La duda o el clasicismo de El intercambio. Los académicos, que debían indicarnos cuáles eran las mejores películas de la temporada (caso análogo al de los críticos), se han pasado al bando de los espectadores. Slumdog Millionaire ha sido la fiesta definitiva que ha agrupado a jóvenes y a adultos, a audiencias de festivales y de multisalas; un canto a la esperanza de que los sueños pueden hacerse realidad. Y eso, en tiempos de crisis (¿he dicho que Slumdog Millionaire es la película de la crisis?, ¿he tratado el concepto de tiempo?), se agradece.

FUTURO: El arte de adaptarse
La cultura europea es la más neurótica y ególatra porque siempre está hablando y reflexionando sobre sí misma. Norteamérica siempre ha encajado en el paradigma del trabajador que, a base de producir objetos materiales, ha dejado de producir mentes. Ante esta nueva era social, económica y cinematográfica, la crítica, el estudio debe ser la base para entender el mundo y adaptarnos a los cambios. Quienes se adapten vivirán ilusionados nuevas películas, nuevas notícias y nuevas entregas de los Oscar o festivales como Berlín (La teta asustada brilla aquí como la antítesis de Boyle), Cannes (Almodóvar, Haneke y Von Trier en busca de la Palma de oro) y Venecia. Una puerta se cierra y otra se abre. ¡Bienvenidos, desde ya, a los Oscar 2010!