
Es una lástima que el espectador más o menos informado asista a las dos horas y cuarenta minutos del film sabiendo todo el desarollo de la trama, comprobando las cualidades técnicas que ya hemos disfrutado en múltiples tráilers.
El curioso caso de Benjamin Button es un vivo ejemplo de la carnicería que obran sin piedad las productoras, las mismas que nos han vendido el último film de Fincher como el gran
blockbuster de Oscar.
El curioso caso... es un reflejo del clasicismo que impera en el último cine de Fincher, aunque la sobriedad de
Zodiac es sustituida aquí por una traca técnica a lo grande, un fuego de artificios que llega a agobiar. Hay algo impostado en este
relato mágico sin magia, tierno pero sin amor, con cuerpo pero sin garra. Construída a modo de gran artefacto con varias capas y ningún contenido,
El curioso caso... divaga entre múltiples situaciones y personajes, una estructura que peca de contar mucho en poco tiempo. La sorpresa, pero, viene al comprobar que
El curioso caso... no cuenta absolutamente nada y que sus personajes no tienen ninguna complejidad psicológica más allá de la pura anécdota, del relato para niños donde
la concadenación de hechos se impone a cualquier construcción con mayor enjundia. No hay nada que chirríe en
El curioso caso..., pero tampoco encontramos momentos que entusiasmen. Capítulo a parte merece la sosez de Pitt, injusto nominado al Oscar. La trama remonta al final por obra y gracia de una angelical Blanchett, la única que evita el naufragio de este pomposo transatlántico. Es difícil poder conectar con la historia, emocionarse con sus personajes y disfrutar con sus lindeces técnicas porque existe en
El curioso caso... un espíritu academicista que molesta, la táctica antiartística de explotar el camino infalible. De aquí que la historia se construya a modo de
flash-backs y que los momentos más novedosos (ese inicio y desenlace al estilo
Magnolia) sean tan pocos y maniqueos. Una pequeña decepción.