Título: CRASH (COLISIÓN) Título original: Crash Dirección: Paul Haggis País: Estados Unidos Año: 2004 Duración: 110 min. Género: Thriller dramático Reparto: Matt Dillon, Don Cheadle, Sandra Bullock, Brendan Fraser, Michael Peña, Thandie Newton, Ryan Phillippe, Jennifer Esposito, William Fichtner, Karina Arroyave, Dato Bakhtadze, Art Chudabala, Tony Danza, Keith David, Loretta Devine, Ime Etuk, Eddie J. Fernandez, Howard Fong, Chris Bridges y Bahar Soomekh Guión: Robert Moresco y Paul Haggis Producción: Paul Haggis y Barney A. Sarecky Productora: Lions Gate Film Dirección artística: Brandee Dell'Aringa Fotografía: James Muro y Dana Gonzales Vestuario: Linda M. Bass Música: Mark Isham y Shani Rigsbee Montaje: Hughes Winborne Presupuesto: 6'5 MILL.$ Nº oscars: 3/6 Nº globos de oro: 0/2 Fechas de estreno: 06/05/05 (EE. UU.), 13/01/06 (ESP.)
La gala
Todo iba según lo previsto hasta que Jack Nicholson abrió el sobre más esperado de la noche. El veterano actor no pudo disimilar su asombro y el palmarés quedó muy repartido, resultado de un año notable, de unos títulos que nunca supieron aunar el apoyo de una mayoría importante. Hollywood, fragmentado tras el ¡Crash! (o ¡crack!), había vivido una de sus ediciones más surrealistas en la que pequeñas producciones con pequeños presupuestos se imponían a unos blockbusters que no satisfizon a nadie. La fecha y el lugar del cambio, acaso sorpresa, fue el cinco de marzo en el Kodak Theatre. Heath Ledger y Michelle Williams paseaban juntos por la alfombra roja. ¡Qué tiempos aquellos...!
¿Merecía el Oscar?

Si alguien hubiera vaticinado que el Oscar a la mejor película sería para un film protagonizado por Sandra Bullock, la mayoría de críticos habrían respondido con obvias risotadas. Estamos ante uno de los momentos más polémicos de la reciente historia del cine, un apartado que puede leerse de múltiples maneras. La 78ª edición de los Oscar puede interpretarse como el triunfo del cine
indie o (¡viva las contradicciones!) como el regreso definitivo al cine yanki de siempre, el cine efectivo y efectista que representa
Crash.
Brokeback Mountain también se ofrecía a dobles lecturas: la resurrección del western, la degeneración del western o la última gran historia de amor tras
Casablanca y
Titanic, adaptada a las necesidades de una sociedad libre y afortunadamente variopinta. El elemento clásico frente a lo nuevo fue la tónica de las cinco nominadas del año, todas ellas con un extraño aliento épico, una estética
demodé y a la vez renovadora. El nivel era alto: ni
Capote era el
biopic de siempre, ni
Munich era el
thriller que uno espera de Steven Spielberg, ni
Buenas noches y buena suerte era la película seria y progre que se relaciona con la figura y carrera de George Clooney. Cinco raras avis, cinco propuestas con mucha fuerza. Ese año también se engendraron obras muy agradables como
Orgullo y prejuicio (el Oscar era de Knightley) o
El jardinero fiel, esta última con una Rachel Weisz que enamora. La irregular
Una historia de Brooklyn, uno de los mejores títulos de Ron Howard (
Cinderella Man), la interesante
Una historia de violencia y la obra maestra
Match Point se entremezclaban con la última maravilla de Miyasaki (
El castillo ambulante, que perdió injustamente frente a
Wallace y Gromit) o con el lado más comercial de Spielberg, otra vez con un doblete de alto copete (
Munich -
La guerra de los mundos). La gala sirvió para conocer dos nombres de importancia: Gustavo Santaolalla, digno ganador por la partitura de
Brokeback Mountain, y Amy Adams, nominada por su entrañable, magistral y agridulce personaje en la excelente
Junebug.
Memorias de una geisha, una película que se quedó por debajo de lo esperado, y el
King Kong de Peter Jackson tuvieron tres menciones respectivamente, muestra de las excelencias visuales de dos películas a destacar. La Academia también se apuntó alguna que otra excentricidad: el Oscar a la mejor canción para
It's hard out here for a pimp (cantada curiosamente por Taraji P. Henson) o el premio para Resse Witherspoon, inferior a su
partenaire de
En la cuerda floja Joaquin Phoenix y a sus competidoras, sobre todo Knightley y Huffman. El factor gay estuvo muy presente con el Oscar para Philip Seymour Hoffman y su histriónica construcción de
Capote, un actor notable en un papel cuestionable. El olvido de Heath Ledger clamó al cielo, pero el tiempo lo convertiría en leyenda. Por su parte, George Clooney recibió el Oscar por su trabajo en
Syriana, una forma elegante de endulzar el fracaso de
Buenas noches y buena suerte. Finalmente, cabe destacar el discutible premio para
Tsotsi, la película sudafricana que se impuso a la ganadora del Globo de oro
Paradise Now, al buenrollismo clasicista de
Feliz Navidad y a la rotunda
Sophie Scholl que interpretó excelentemente Julia Jensch.
¿Por qué ganó el Oscar?
Crash se había estrenado en mayo con una notable acogida de público y crítica. La ópera prima de Haggis se había presentado como una película de acción más, por lo que es lógico que desde Europa nadie reparara en el film, un desdén que corroboraron las dos paupérrimas nominaciones a los Globos de oro. Fue todo un milagro que la película llegara a protagonizar galas y entregas de premios varias, una silenciosa admiración que se tradujo en seis candidaturas a los Oscar.
Crash tuvo la capacidad de despistar a sus competidoras y, tras una apariencia dócil, recortar distancias con el voto de los admiradores del film, la mayoría descontentos con el resto de las propuestas nominadas.
Brokeback Mountain, en cambio, cantó victoria antes de tiempo y se vio perjudicada por una campaña pequena pero incesante que descreditaba el film, algunas voces con la terrible escusa de la homosexualidad de la pareja protagonista. Uno tiene la sensación de que el Oscar de
Crash fue, independientemente de las cualidades del film, la opción que los académicos consideraron más plausible para diezmar a
Brokeback Mountain. La jugada resultó redonda y
Crash perpetuó su nombre como la ganadora más deslucida y polémica de la década. Tenemos que remontarnos a 1976 y la sorpresa de
Rocky para ver una triunfadora con solo tres premios, un hecho significativo que corroboraba la presencia de una mano negra, invisible y eficaz.
Crash era junto a
Munich la propuesta más accesible para la Academia, una tónica que siempre se ha traducido en estatuilla. Además, la película tuvo el voto de los insatisfechos, de los indecisos y de los amantes del cine de acción, esta vez con un mensaje potente.
Crash es un fresco especial con el que la Academia demostraba ser consciente de la sociedad norteamericana del S.XXI, una colectividad dividida y variada con la violencia y la guerra de Irak como telón de fondo. Paralelamente, Hollywood reconocía con
Crash las pautas del nuevo cine americano, heredando el
thriller de los noventa, la tragedia clásica y la estructura de las historias entrecruzadas (curiosamente, el Oscar honorífico recayó en Robert Altman, autor de
Short Cuts).
Crash tenía fondo y forma y, aunque puede resultar irritante o apasionante, siempre se plantea como una película interesante que gana lecturas con cada visionado.
Brokeback Mountain es una obra maestra, pero
Crash no es nada desdeñable (sin duda, una propuesta mucho mejor respecto
Capote,
Munich y
Good night and good luck). Los segundos fueron los primeros.
Siempre nos quedará Brokeback Mountain
Brokeback Mountain fue vetada, criticada y despreciada en algunos estados de la imponente Norteamérica, un hecho que no se vivía desde Cowboy de Medianoche (1969). El Kodak Theatre lució el arco iris de rigor con una película excelente que atrajo a todo tipo de públicos, independientemente de su sexualidad. La parcial derrota del film, que había ganado todos los premios previos, se interpretó como el eterno reflejo de una sociedad machista y discriminadora, la misma que les niega a Jack Twist y a Ennis del Mar la historia de amor que anhelaban. Brokeback Mountain se convirtió en una marca, un film que marcó y está marcando el devenir de toda una generación. Muchos utilizaron el film para salir del armario y la película surgió en paralelo a la ley española que equipara y garantiza los derechos de las parejas homosexuales (ojalá la teoría fuera tan bonita como la práctica). Brokeback Mountain es una de las películas de la década porque traspasó lo meramente cinematográfico. Además, Ang Lee recibió aquí el Oscar al mejor director, un reconocimiento que precisaba desde Tigre y Dragón.
La anécdota
Pocas veces el Oscar ha ido a parar a una película que no recibió ningún otro premio (o sea, el SAG, el Globo de oro, el Satellite Award, el Independent Spirit Award y el Bafta de Brokeback Mountain). Fue una de las entregas con menos audiencia y con mayor número de clips-homenaje (al cine negro, a las películas biográficas, el In Memoriam de siempre, etc.). Un año después, el thriller volvería a ganar, en esa ocasión para mayor gloria de Scorsese.