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martes, 15 de marzo de 2016

CRÍTICA | CEMETERY OF SPLENDOUR, de Apichatpong Weerasethakul


De hombres, de dioses y de espíritus
CEMETERY OF SPLENDOUR (RAK TI KHON KAEN), de Apichatpong Weerasethakul
Festival de Cannes 2015: Sección Un Certain Regard. Festival de Sitges 2015: Sección oficial
Tailandia, 2014. Dirección y guión: Apichatpong Weerasethakul Fotografía: Diego García Reparto: Jenjira Pongpas, Banlop Lomnoi, Jarinpattra Rueangram, Petcharat Chaiburi, Tawatchai Buawat, Sakda Kaewbuadee, Sujittraporn Wongsrikeaw, Bhattaratorn Senkraigul, Pongsadhorn Lertsukon, Apinya Unphanlam, Sasipim Piwansenee Género: Drama fantástico Duración: 120 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 08/04/2016
¿De qué va?: Una mujer con una discapacidad física se presenta voluntaria para trabajar en un centro médico. En el hospital, distintos hombres están aquejados de una rara enfermedad del sueño.


Cemetery of Splendour es el nuevo remanso de paz firmado por el tailandés Apichatpong Weerasethakul. El film es un viaje entre la tradición y la modernidad, entre el sueño y la vigilia, entre la razón y la magia. En el lugar donde décadas atrás se asentaba un colegio, ahora se despliega un complejo hospitalario improvisado. Los enfermos se pasan gran parte del día durmiendo, mientras que en los alrededores se realizan todo tipo de celebraciones, a cada cual más curiosa, relacionadas con la salud y la conexión con el mundo espiritual. Weerasethakul sume al espectador en una atmósfera narcótica mientras los fotogramas van dibujando todo tipo de realidades y de intuiciones. La película carece de un argumento al uso, pero se vive y se siente en primera persona. Por ello, es fundamental que el espectador se deje llevar por el universo y el tempo que propone el director: de lo contrario, el film puede antojarse tortuoso. Resulte sublime o insufrible, hay que reconocerle al cineasta asiático una capacidad única por filmar historias mínimas con un pulso maestro, dejando que la verdad de los espacios y de los personajes que los ocupan llenen la pantalla. Cemetery of Splendour es un film de cuerpos y de espíritus, totalmente diferente a cualquier expresión artística del pasado o de nuestro tiempo. Cine especial para públicos especiales.


Para interesados en el yoga cinematográfico.
Lo mejor: Es de esas películas que no se olvidan, para bien o para mal.
Lo peor: Que se despache como un film lento, pretencioso y sin contenido.

viernes, 21 de enero de 2011

Crítica de UNCLE BOONMEE RECUERDA SUS VIDAS PASADAS

EL SIGNIFICADO DE LO EXÓTICO
Muchas veces, como analistas de películas, caemos en ese lugar común de que el cine asiático interesa porque es exótico. Exótico por extraño, por atractivo, por diferente. Ni Asia es homogénea ni tampoco es de esperar que sean simples o pocas sus culturas, creencias o estilos cinematográficos. Con Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas se me plantea ese problema: nos falta un contexto social, incluso unos conocimientos sobre la sociedad tailandesa y su tradición religiosa, para hablar con atino y con autoridad de la última ganadora de la Palma de oro de Cannes. Desde esa distancia geográfica y temo que ignorancia, lo nuevo de Weerasethakul resulta un viaje que tiene el tono y los colores de una plegaria, y sus efectos son los de una terapia extraña, una sesión de masaje relajante. Y como ese esquivo exotismo se impone como una dificultad para leer al completo el entramado de la película, uno sólo puede citar sus valores universales. Aquí Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas es una exposición entre zen y marciana de la muerte, el paso del tiempo, la familia, incluso la guerra. Uncle Boonmee es un cuento peculiarísimo, una contraposición entre el campo y la ciudad. Aunque en esta ocasión dudo que una película de las características de Uncle Boonmee vuelva a las salas españolas en años. Una incursión en un mundo nuevo y ajeno en el que cuesta entrar pero también resulta difícil salir. El director tailandés propone un 'cine experiencia' diferente en el que es difícil determinar si hay un estilo natural o efectista, improvisado o súmamente calculado. Algunas escenas, sin tener demasiado concierto, me parecen bellísimas: ese episodio de la reina evocando su cara joven en el reflejo de un lago bucólico. Otros planos me parecen excesivamente largos, contemplativos. Y la aparición de ese ya mítico mono de ojos rojos me causó una sensación entre placentera y terrorífica, algo que no sentía desde Arrebato, título histórico del desaparecido Iván Zulueta. Con esos momentos en los que 'los muertos' aparecen y desaparecen de escena, Weerasethakul, entre clásico y rabiosamente modernista, nos recuerda que a veces lo estúpido puede ser una vía para conquistar la montaña de lo sublime, o simplemente una forma de subrayar esa estupidez. Y como aquí la dificultad de interpretación lo enrarece todo, me reservo considerar Uncle Boonmee una obra maestra (de momento, dejémoslo en 'de autor') o una de las sandeces más tramposas de la historia del cine (una cosa es tener 'un sentido oculto', y otra disimular la carencia total de sentido). La línea que separa lo intelectual de lo intelectualoide es finísima. Lo más correcto sería invitar a los lectores de esta crítica a ver la película: no es un topico, nunca verán nada igual. Ahora bien, no es un film que recomendaría, ni tan siquiera a las amistades más cinéfilas. Uncle Boonmee es inusual. Inevitablemente exótica. 


Nota: 7