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lunes, 4 de octubre de 2021

PELÍCULAS INTERNACIONALES DE LOS ÓSCAR | DELICIAS TURCAS (TURKS FRUIT), de Paul Verhoeven (Países bajos)


DELICIAS TURCAS (TURKS FRUIT)

Países Bajos, 1973. Dirección: Paul Verhoeven Guion: Gerard Soeteman, a partir de la novela de Jan Wolkers Música: Rogier van Otterloo Fotografía: Jan de Bont Reparto: Rutger Hauer, Monique van de Ven, Tonny Huurdeman, Win Van den Brink, Hans Boskampl Género: Drama. Erótico Duración: 100 min. Tráiler: Link 
¿De qué va?: Un escultor holandés (Rutger Hauer) mantiene un tormentoso y erótico romance con una hermosa muchacha. En otro tiempo, el artista era un libertino que coleccionaba en un álbum sus conquistas amorosas como si fueran trofeos. (FILMAFFINITY)


Si a Paul Verhoeven le ha acompañado siempre el sambenito de "provocateur" es debido precisamente a Delicias turcas, la "película escándalo" que dejó boquiabierta a la audiencia de 1973. En ella, Rutger Hauer, el replicante de Blade Runner, se desnudaba a la conquista de hermosas muchachas. Su imagen libertina cambia cuando, mediante un flashback largo, descubrimos que el personaje actúa bajo el influjo de una chica, su amor verdadero, cuya pérdida no ha podido superar. El juego de tiempos, una ambivalencia innecesaria a la hora de difuminar los adjetivos del dandi (artista a la vez que despiadado, alguien sensible aunque desapegado, en busca del orden pero cómodo en su existencia disoluta), alcanza sus cuotas más brillantes cuando Verhoeven evidencia su hostilidad frente al orden establecido (de las coreografías sexuales, todas brillantes, hasta instantes cómicos como la inauguración de la estatua frente a las autoridades holandesas). En conjunto, con todos sus excesos, Delicias turcas sigue irradiando energía, la vitalidad triste o melancolía alegre de su tiempo. Sobrevive, además, como crónica de las vergüenzas de la Europa del bienestar y estudio casi sociológico del movimiento hippie. Probablemente Hollywood la nominó a su Óscar foráneo pensando en Love Story, El último tango en París y la ola de cine crítico de los nuevos autores de los 70 (no por casualidad, en esas candidaturas estaban representadas El exorcista, Serpico o American Graffiti, otras historias de crecimiento, corrupción y malestar). Para nosotros, Delicias turcas es la prueba de que los hostigamientos fílmicos de Verhoeven nunca fueron una impostura. Delicias turcas, como El cuarto hombre, El libro negro o Elle, es de una modernidad desarmante. De visionado obligado, sin prejuicios.


jueves, 26 de octubre de 2017

CRÍTICA | EL AMANTE DOBLE, de François Ozon



Ozon al cuadrado
EL AMANTE DOBLE
Festival de Cannes: Sección oficial
Francia, 2017. Dirección: François Ozon Guión: François Ozon y Philippe Piazzo, a partir de la novela de Joyce Carol Oates Música: Philippe Rombi Fotografía: Manuel Dacosse Reparto: Marine Vacth, Jérémie Renier, Jacqueline Bisset, Myriam Boyer, Dominique Reymond, Fanny Sage, Jean-Édouard Bodziak, Antoine de La Morinerie, Jean-Paul Muel, Keisley Gauthier, Tchaz Gauthier, Clemence Trocque, Guillaume Le Pape, Benoît Giros Género: Thriller erótico Tráiler: Link Duración: 105 min. Fecha de estreno en España: 08/09/2017
¿De qué va?: Convencida de que sus dolores de estómago tienen un motivo psicológico, Chloé, una joven frágil e inestable, visita a Paul, psicoanalista, del que se enamora. Meses después, ambos deciden irse a vivir juntos. Cuando Chloé descubre la doble identidad de Paul, la joven vuelve a caer enferma.

jueves, 29 de diciembre de 2016

CRÍTICA | INSTINTO BÁSICO, de Paul Verhoeven


Se está escribiendo un crimen
INSTINTO BÁSICO, de Paul Verhoeven
Festival de Cannes: Sección oficial. 2 nominaciones al Óscar y Globo de oro
EE. UU., 1992. Dirección: Paul Verhoeven Guión: Joe Eszterhas Fotografía: Jan de Bont Música: Jerry Goldsmith Reparto: Michael Douglas, Sharon Stone, George Dzundza, Jeanne Tripplehorn, Denis Arndt, Leilani Sarelle, Stephen Tobolowsky, Jack McGee, Daniel von Bargen, Mitch Pileggi, Wayne Knight Género: Thriller erótico Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 21/08/1992
¿De qué va?: Un cantante de rock aparece asesinado en la cama de su dormitorio. La principal sospechosa es su novia, una escritora de novela negra. Nick, un policía de vida tortuosa, será el encargado de vigilar a la mujer.


Pocas películas concentraron tanta polémica y expectación en el momento de su lanzamiento como Instinto básico. La campaña de promoción de la cinta fue tan arrolladora que el thriller erótico de Paul Verhoeven se convirtió en la cuarta película más taquillera de la temporada. Cifras y anécdotas aparte, cabe decidir si Instinto básico merece la pena por sus cualidades artísticas, dejando de lado las mitomanías que acompañan a todo título de culto. Contra el pronóstico de muchos agoreros que acusaron el film de ser una copia más o menos burda de la intriga hitchkochiana (el San Francisco de la película y la rubia despampanante que interpreta Sharon Stone hacen pensar, ni que sea vagamente, en Vértigo (De entre los muertos)), Instinto básico es una propuesta cargada de atractivos. La película es un hábil ejercicio de tensión narrativa, capaz de dosificar la información con inteligencia y de captar la atención del espectador durante sus dos horas de metraje. Parte de su eficacia, con todo, descansa en algunos giros de guión tan efectivos como efectistas, incluso inverosímiles, como la muerte de la amante de Catherine (el presunto lesbianismo de la protagonista, más allá de apelar al morbo de la audiencia, aporta muy poco a la trama). La sensación global es que Instinto básico, aun siendo una obra más audaz que la mayoría de thrillers norteamericanos de su tiempo y de la actualidad, no acaba de aprovechar sus perversiones para dejar a sus fieles voyeurs verdaderamente temblando en la butaca. Instinto básico, dicho en otras palabras, es la versión voluptuosa y adocenada del cine negro de antaño, con más vocación de taquilla que de eternidad. Por suerte, el film reconduce parte de sus desmanes en un final muy decente: la femme fatale sigue al acecho, tan bella e imprevisible como siempre, y los bajos instintos de unos y de otros (las adicciones del policía, las tendencias asesinas de la escritora) prometen seguir aflorando tras el rótulo de "The End". Una lectura entre moralizante y amoral que sigue generando suspiros, cruce de pierna incluido, entre espectadores de distinta condición.


Para erotómanos con tendencias suicidas.
Lo mejor: Se ve sin pestañear.
Lo peor: Muchos de sus giros están cogidos por los pelos.

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Más información sobre INSTINTO BÁSICO en

sábado, 22 de octubre de 2016

CRÍTICA | LA DONCELLA (THE HANDMAIDEN), de Park Chan-Wook


Criada y señora
LA DONCELLA (AH-GA-SSI, THE HANDMAIDEN), de Park Chan-Wook
Festival de Cannes: Sección oficial. Festival de Sitges: Premio del público
Corea del sur, 2016. Dirección: Park Chan-Wook Guión: Park Chan-Wook y Jung Seo-Kyung, a partir de la novela de Sarah Waters Música: Cho Young-Wuk Fotografía: Chung Chung-Hoon Reparto: Ha Jung-Woo, Kim Min-Hee, Jo Jin-Woong, Kim Tae-Ri, Moon So-Ri, Kim Hae-Suk Género: Drama histórico. Thriller erótico Duración: 145 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 02/12/2016
¿De qué va?: Corea del sur en plena colonización japonesa. Una joven es contratada por una rica heredera nipona como sirvienta personal. Encerrada en una mansión de inspiración británica, la joven se debatirá entre la atracción que siente por su ama y el truculento secreto que mantiene con un falso conde.


Tras el paréntesis que supuso en su carrera Stoker, Park Chan-Wook regresa a casa, con paso triunfal por Cannes y Sitges incluido, con La doncella (The Handmaiden), un nuevo relato de venganza, violencia y relaciones peligrosas en la Corea del sur de los años 30. Chan-Wook, tras su aventura estadounidense, ha estilizado sus formas en una película más preciosista; tan macabra como sus títulos cumbre, y al mismo tiempo más calmada, como si su furia quedara agazapada en los rictus hieráticos de la criada y la señora que protagonizan la historia. 


En La doncella (The Handmaiden) no importa tanto lo que se cuenta (en esencia, la enésima crónica de dobles identidades, triángulos amorosos y otras convenciones) sino cómo Chan-Wook, en un alarde de ingenio, va superponiendo las capas del misterio hasta confeccionar un mosaico apabullante. En este sentido, puede decirse que el film cuenta con dos mitades muy diferentes: la primera se asienta sobre el thriller de interiores, con una puesta en escena clasicista y unas pulsiones eróticas en constante aumento; y en su segundo tramo, la acción deriva en delirio, el erotismo en pura exhibición sadomasoquista, y la trama se precipita hacia el sinsentido más gozoso, retomando pasajes anteriores desde perspectivas diferentes. En ese viaje, el espectador puede tener la sensación de que Chan-Wook alambica a placer una historia que se creía caminar en una única dirección, pero el director sabe aprovecharse del asombro de la platea y tejer a nuestro alrededor una tupida tela de araña en la que todas las perversiones, pese a no ser plausibles, sí resultan válidas. De ahí que el magnetismo de La doncella (The Handmaiden) no se agote en un único visionado, porque es una película que se descubre y redescubre cada vez que se evoca, que mantiene intacto su misterio aun cuando todas sus cartas están boca arriba encima de la mesa. 


Hay que celebrar que Chan-Wook haya dejado atrás las coreografías sangrientas de Old Boy y compañía, una vía que, sin haberse agotado, le hubiera condenado a la repetición sin fin. Tras un cuento vampírico con transgresiones religiosas (Thirst) y esta Agatha Cristie tocada por el lesbianismo y la locura transitoria, queda claro que el genio surcoreano es capaz de todo. Las ganas por saber qué saldrá de su caja de pandora en los próximos años son inmensas. Por suerte, amenizaremos la espera paladeando esta doncella que, en sus facetas mojigatas y dominadoras, apabulla nuestros sentidos.


Para espectadores que saben ser "pasivos" y "activos" según la "escena".
Lo mejor: La psicología desbarrada de sus personajes.
Lo peor: Más de uno se perderá con tanto giro de guión.


Escucha la reseña de LA DONCELLA (THE HANDMAIDEN) 
en EL PODCAST DE C&R - FESTIVAL DE SITGES 2016 

lunes, 26 de septiembre de 2016

CRÍTICA | ELLE, de Paul Verhoeven


La psicópata que llevo dentro
ELLE, de Paul Verhoeven
Festival de Cannes: Sección oficial a concurso Festival de San Sebastián: Sección Perlas
Representante por Francia al Óscar a la mejor película de habla no inglesa
Francia, 2016. Dirección: Paul Verhoeven Guión: David Birke, a partir de la novela Oh... de Philippe Djian Música: Anne Dudley Fotografía: Stéphane Fontaine Reparto: Isabelle Huppert, Laurent Lafitte, Anne Consigny, Charles Berling, Virginie Efira, Lucas Prisor, Christian Berkel, Alice Isaaz, Jonas Bloquet, Vimala Pons Género: Thriller psicológico. Comedia negra Duración: 130 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 30/09/2016
¿De qué va?: Michelle, una ejecutiva que trabaja en una empresa informática, empieza a tomar medidas muy particulares tras ser violada por un asaltante en su propia casa.

lunes, 8 de agosto de 2016

CRÍTICA | EXÓTICA, de Atom Egoyan


EXÓTICA (EXOTICA), de Atom Egoyan
Premio FIPRESCI del Festival de Cannes. Espiga de Plata del Festival de Valladolid
Canadá, 1994. Dirección y guión: Atom Egoyan Fotografía: Paul Sarossy Música: Mychael Danna Reparto: Mia Kirshner, Bruce Greenwood, Elias Koteas, Arsinée Khanjian, Don McKellar, Victor Garber, David Hemblen, Sarah Polley Género: Drama. Thriller Duración: 105 min. Tráiler: Link Elección de Pedro Bernadas
¿De qué va?: Un inspector de Hacienda con un pasado turbulento, un homosexual que regenta una tienda de animales, una adolescente que finge tocar el piano en casa de su tío, un disc-jockey enamorado de una compañera de trabajo y la bailarina más sensual de Exótica, un club nocturno muy particular, se dan cita en una historia de rarezas e intimidades.


CRÍTICA MAYRA MEZA: Exótica es una cinta que se desarrolla en una atmósfera turbia de obsesiones con lo que no fue y con lo que ya no será. Historias entrecruzadas de personajes que sufren cada uno a su manera, y otros que sólo son espectadores de tragedias. La cinta juega con los tiempos, nos sitúa en el presente de los personajes pero por momentos nos lleva a indagar en su pasado a través de flashbacks. Exótica es un drama sobre la vida, sobre el amor, sobre el dolor, sobre las incertidumbres propias de nuestra existencia. Egoyan nos relata la historia de sus enigmáticos y lúgubres personajes a cuentagotas, es pausado moviendo los hilos de la trama, nos hace especular y después nos muestra apenas lo necesario para medio entender lo que estamos viendo, una historia sencilla pero que mientras se desarrolla te sumerge en su singular encanto, aunque al terminar te deja la sensación de que nos dieron un puzzle interesante al que le faltaban piezas, o puede que sea lo contrario. De cualquier manera, es una obra muy interesante. ★★★


CRÍTICA RONNIE VALENCIA: Egoyan dirige esta pelicula que el paso del tiempo ha convertido en clásico de culto, recurriendo a su destreza para proyectar las amargas consecuencias de la tristeza, la frustración y la muerte en un cine sutil y elegante. Los elementos de Exótica toman valor y forma más allá de sus representaciones, el menudo bar de "nudistas" se convierte en un templo de incitaciones ladinas que nos seducen y excitan con su labia pecadora y morbosa. Especial atención merecen las contorsiones de Mia Kirshner, que forjan una de las secuencias de mayor tensión sexual del cine de los 90. La relación de los proagonistas no se estanca en el razonamiento común como el voyeurismo o la neurosis, sino que trasciende un pacto de empatia que no necesita grandes adornos para darse a entender. Una cinta profunda y cautivadora, sin olvidar su contenido altamente sensual. ★★★★


CRÍTICA XAVIER VIDAL: Diferentes personajes se reúnen alrededor de Exótica, un particular club de striptease. Todos los protagonistas esconden un pasado turbulento y actúan movidos por el deseo y la obsesión. Atom Egoyan filma el devenir de sus criaturas con mucho tacto, dejando a la superficie todas las taras y las extravagancias de cada personaje. El resultado de ese ejercicio de estilo es una película cubierta por un velo invisible de extrañeza. Mientras la visionas, Egoyan te desorienta y te atrapa con la precisión de una araña que teje una tupida tela a tus espaldas. Exótica es una de esas películas que te llevan a un estado de ánimo, que te invitan a transitar un espacio entre la pesadilla y la duermevela. A ratos me pregunto qué estoy viendo, pero no puedo sacar los ojos de la pantalla. Tras un primer visionado, reconozco que Exótica me intriga, por momentos me provoca rechazo y en otras me seduce. La considero estrambótica, incluso rocambolesca y un poco burda, pero no me cabe la menor duda que su recuerdo perdurará en mi durante largo tiempo. Escribo esto veinticuatro horas después de descubrirla, como el que despierta de una siesta muy larga y profunda, con un dolor de cabeza terrible y al mismo tiempo con una lucidez extraordinaria. Eso es lo que te produce Exótica, una historia que te altera sin saber muy bien cómo ni por qué. Egoyan firma aquí su gran título de culto, si bien su obra maestra siempre será El dulce porvenir. Puede que os disguste enormemente, pero no dejéis de verla. ★★★★

lunes, 27 de junio de 2016

CRÍTICA | LA VIDA DE ADÈLE, de Abdellatif Kechiche



LA VIDA DE ADÈLE, de Abdellatif Kechiche
Palma de oro del Festival de Cannes 2013. Nominada al Bafta, Globo de oro, Goya y David di Donatello
Francia, 2013. Dirección: Abdellatif Kechiche Guión: Abdellatif Kechiche y Ghalya Lacroix, a partir de la novea gráfica El azul es un color cálido de Julie Maroh Fotografía: Sofian El Fani Música: VV. AA. Reparto: Adèle Exarchopoulos, Léa Seydoux, Salim Kechiouche, Mona Walravens, Jeremie Laheurte, Alma Jodorowsky, Aurélien Recoing, Catherine Salée, Fanny Maurin, Benjamin Siksou, Sandor Funtek, Karim Saidi Género: Drama romántico Duración: 180 min. Tráiler: Link Crítica de Cinoscar & Rarities: Link Elección de Araceli Abarca
¿De qué va?: Adèle es una chica de quince años que se enamora de Emma, una joven de pelo azul que estudia Bellas Artes. Tras el primer encuentro surgirá la amistad; tras la amistad, la pasión; y tras la pasión, el desamor.


CRÍTICA ALBERTO: Hay historias, obras, películas que directamente te arrebatan el corazón y jamás consigues despegarte de ellas, pues allá donde vas o por donde caminas siempre encuentras una referencia de las mismas en cualquier visualización de tu imaginario y su derivación del espacio real. Hace unos años, fue indescriptible la experiencia a la que asistí en una sala de cine, tanto por su cercanía con mi historia personal como por su maestría para conseguir que la vida fuera vida de verdad. El agotamiento emocional al que me sometí, me dejó poso y me encandiló de tal manera que siempre que puedo rescato y recupero las fervientes explosiones emocionales que logra transmitir una obra de tales consideraciones. Abdellatif Kechiche firmó lo casi imposible, edificó una historia real, con personajes muy vivos, extraordinariamente seguidos por la cámara. Su indiscutible obra maestra marcó un hito decisivo en la historia del cine y más dentro de la esfera más contemporánea, pues pocas veces el cine había estado tan cerca de la realidad. Cuando uno ve a ese maravilloso personaje llamado Adèle, siente su hambre, su alegría, su tristeza, su miedo, se contagia por todas las emociones y sentimientos que maneja, por la capacidad de un guión inteligente y honesto, la admirable dirección de quien sabe que es la vida y cómo acercarla a su público, y gracias a trabajos de interpretación soberbios. En términos generales, el reparto de esta película adquiere cotas superlativas, Lèa Seydoux vibra con su magnética composición, pero lo de Adèle Exarchopoulos es histórico, su interpretación es tan absolutamente sublime que alcanza un escalón dentro la gloriosa paleta de mejores interpretaciones de la historia del cine y no es para menos: jamás las verdades fueron tan honestas como lo han sido en las palabras, miradas y gestos de esta magnífica actriz. Su composición extraordinaria ensalza aún más si cabe una historia que habla de la vida por y para ella, y a la que no caben calificativos para nombrarla, al adquirir la brillantez de las mejores obras de la historia del cine. ★★★★★

CRÍTICA ISIDRO: Creo que nunca una película que se llamara “La vida de alguien” justificó tanto tener un título tan manido y horrible. En La vida de Adèle, al contrario que en muchas, se plasma toda la puñetera vida de la jodida Adèle. No desde que nace hasta que muere, sino todo lo que hace la mozuela en su vida cotidiana. Todo. Desde los dilemas más profundos y trascendentales de su existencia hasta los quehaceres diarios más nimios, como almorzar y ponerse lo morros perdidos con la salsa de los espaguetis o chingar como si no hubiera un mañana. El núcleo central de estas tres horas que pasamos con Adèle es su relación con la enigmática Emma. Recuerdo que cuando la vi por primera vez, yo solito en el cine de más postureo de mi ciudad, salí con la sensación de estar ante una obra magnífica, pero que no me contaba nada nuevo, que era muy sencillica. Pero lo que entonces consideré como una pega, ahora creo que es una de sus grandes virtudes: en La vida de Adèle no hay grandes giros dramáticos ni subtramas, pero nunca una historia tan sencilla, tan alejada de todo adorno, se sintió tan real, tan verdadera, tan humana, tan intensa. Y eso hace que prácticamente cualquiera pueda emocionarse a moco chorreante (a lo Adèle) y sentirse identificado con la historia de amor (y desamor) de estas dos mujeres. Inmensa. ★★★★½


CRÍTICA KOSTI: La intimidad hecha película. Si una palabra pudiera definir a esta cinta esa es “íntima”. Kechiche consigue meter al espectador en la piel de Adèle, en su intimidad, en su día a día y en sus sentimientos. Reímos, lloramos y hasta comemos con ella. Que levante la mano quién no tuvo ganas de unos espaguetis con tomate después de ver esta obra. Y es que la labor de director y actrices es fundamental para conseguir que La vida de Adèle se meta en tu piel. Kechiche adapta una de las novelas gráficas de más éxito de los últimos años, con los conflictos de la edad y de la madurez como escenario principal. Nos movemos entre dos etapas de la vida donde los primeros amores y las experiencias sexuales son las que marcan nuestro camino: la difícil adolescencia, donde los prejuicios y los factores externos afectan al crecimiento emocional, y la madurez, donde los amores pierden su originalidad y dan paso a la realidad más dura. Todo ello, tratado de la forma más natural y sincera posible, da como resultado una de las historias de amor más auténticas de la historia del cine. Kechiche consigue hacer un retrato perfecto de dos muchachas camino de ser dos mujeres maduras, marcadas por la presencia del triste azul que las acompaña en las distintas etapas de sus vidas que, sin embargo, resulta en una pasional aventura. La labor de Adèle Exarchopoulos es encomiable. En ella cae el peso de la película, y es un peso que lleva como si no le costase, suponiendo un plus a la naturalidad pretendida por su director. Durante sus 3 atrayentes horas, es palpable la evolución de su personaje, también a nivel físico, pero sobre todo en lo emocional. Adèle se desnuda en todos los sentidos, se entrega en cuerpo y alma, y eso llega al espectador de forma positiva, consiguiendo que lloremos y riamos con ella. Un maremoto de emociones que da como resultado un precioso retrato del más brillante azul turquesa. ★★★★½

CRÍTICA RONNIE: Ganadora de la Palma de Oro, la cinta del franco-tunecino Kechiche es una pieza excepcional que relata el despertar sexual de Adèle, un mundo completamente nuevo y excitante para la chica, lleno de filosofía, arte y Sartre, al que la introduce una atractiva chica de cabello azul. Ambas mujeres (Exarchopoulos y Seydoux) realizan un trabajo acogedor, natural y sobresaliente (Exarchopoulos, con cada gesto, expresión y mirada, comunica perfectamente lo que siente). Las escenas de sexo lésbico han escandalizado a muchos, pero Kechiche no puede sentirse angustiado: infinidad de películas que hablan, ya no de homosexualidad, sino de algo tan natural como el sexo, se han convertido en estandarte de “haters” que utilizan adjetivos como "escandalosa", "pornográfica", "coñazo", "basura" y demás. Una obra diferente y arriesgada que toca sensibilidades y se convierte en un interesante estudio de la adolescencia. El realizador consigue con bellos planos y enfoques que su película no canse y, aunque dura tres horas, es una película extensa pero llena de todo lo que conforma la vida misma: amor, traición, rechazo, deseo y pasión. ★★★★½


CRÍTICA XAVIER: ¿Por qué La vida de Adèle es la mejor película de este festival superando a clásicos de incalculable valor y a cintas que, sin duda, fueron un referente para Kechiche y sus actrices? No aspiro a convenceros, pero sí me aventuro a explicar mi punto de vista. Primero, olvidad que estamos en el S. XXI y que, por fortuna, la expresión de la homosexualidad, en la vida real y en la gran pantalla, ya no conoce parapetos. Olvidaros de géneros, de edades y de prejuicios. Olvidémonos del inabarcable palmarés y de las no menos abultadas polémicas que ha suscitado la película. Incluso eliminemos de nuestro disco duro cinéfilo el impacto que supuso verla en el cine hace ahora tres años. ¿Qué queda? Una cinta que imita tan bien a la vida que por momentos se diría que la supera. Una historia de amor en mayúsculas que duele y curte con la intensidad de aquello que se experimenta en primera persona. Una película humana, universal, atemporal. La vida de Adèle hubiera entusiasmado a las gentes de la Nouvelle Vague y del Neorrealismo por sus formas y por su discurso. Su autenticidad no surge de una técnica (cámara en mano y variaciones) sino de una manera de acercarse a la vida. Porque Kechiche nos dice que la vida, al filmarla, se convierte en cine para, posteriormente, proyectarla y volverla a convertir en vida. Porque dura tres horas, pero el trayecto vital que recorre el espectador durante y tras el visionado abarca mucho más tiempo. Eso es arte. Tal vez magia. Obra maestra. ★★★★★

NOTA MEDIA del JURADO: ★★★★½ 

sábado, 11 de junio de 2016

CRÍTICA | SOÑADORES, de Bernardo Bertolucci


SOÑADORES (THE DREAMERS), de Bernardo Bertolucci
Sección oficial del Festival de Venecia. 2 nominaciones a los EFA y 1 al David di Donatello
Reino Unido, 2004. Dirección: Bernardo Bertolucci Guión: Gilbert Adair Fotografía: Fabio Cianchetti Música: VV. AA. Reparto: Michael Pitt, Louis Garrel, Eva Green, Robin Renucci, Anna Chancellor, Florian Cadiou Género: Drama erótico Duración: 120 min. Tráiler: Link Elección de Maica NH
¿De qué va?: En el París de 1968, dos hermanos invitan a su casa a un joven estudiante norteamericano. Encerrados entre cuatro paredes, los jóvenes irán tejiendo una relación muy estrecha, incluso peligrosa. Afuera, los incidentes de la revolución de mayo están en su apogeo.


CRÍTICA MARIANO SILVA: Recuerdo que hace unos nueve o diez años aproximadamente mi hermana estaba en el salón de casa viendo la televisión. Me acerqué y me dijo algo parecido a “vete de aquí que eres muy pequeño”, aumentando muchísimo mis ganas de saber qué era aquello a lo que no tenía permitido acceder. Esa fue la primera vez que vi algo de Soñadores, pero no fue hasta este año que me acerqué de verdad a verla, tras escuchar numerosos comentarios del tipo “es como una película porno” o “es extrañísima”. Matthew encuentra a Isabelle y a Theo, mellizos, en el París del año 1968. Tras unos primeros días de conocer a los que él cree que serán los mejores amigos de su nueva etapa, las cosas comienzan a tomar un cariz inesperado. Soñadores no se corta y trata abiertamente temas tan polémicos como el poliamor o el incesto, haciendo que te preguntes continuamente: ¿realmente pueden Isabelle y Theo llegar a querer a alguien, salvo a ellos mismos? ¿Matthew es algo más que un juguete con el que entretenerse, o es imposible que pueda entrar en la especial relación que mantienen los hermanos? Ni siquiera hay que llegar al final para apreciar que Isabelle y Theo nunca van a querer a nadie más, y que Matthew está por ahí rondando únicamente por el aire de libertad e independencia que respiran (o más bien, que creen respirar) los dos hermanos. ¿Por qué podemos juzgar plenamente este amor extremo? Con escenas verdaderamente increíbles (la “Venus de Milo”, la carrera por el Louvre, o las dos prendas a pagar al fallar las preguntas cinéfilas), Soñadores nos invita a reflexionar dos horas de cuestiones morales y políticas, además de ser un bonito (si bien un poco extraño) canto a la juventud. Lo mejor: Eva Green, que se come la pantalla cada vez que aparece. Divertida, sensual, sarcástica y frágil. Lo peor: que Bertolucci eliminara las escenas de cama entre Matthew y Theo. El espíritu de la película camina bastante en esa dirección, y sin embargo solo sugiere, y sugiere, y sugiere… ★★★★


CRÍTICA XAVIER VIDAL: He preferido no revisar Soñadores para escribir este texto. Que nadie me malinterprete: amo la película de Bertolucci. La vi en pantalla grande con dos amigos el fin de semana de su estreno. Por aquel entonces estábamos a caballo entre la infancia y la adolescencia, descubriendo el cine por primera vez. De hecho, pensándolo con perspectiva, es bastante curioso que un niño de 12 años quisiera ver el film que nos ocupa en lugar de Underworld o El mexicano, los lanzamientos comerciales de esa semana. También sorprende pensar que nuestros padres nos dejaran ver la película, sobre todo teniendo en cuenta que en su momento nos prohibieron el acceso a Lucía y el sexo y que tuvimos que mover cielo y tierra para que nos dejaran ver títulos como Infiel o Presunto homicida. En ese instante, Soñadores supuso una bocanada de aire fresco. Por primera vez fuimos conscientes de que el cine podía cambiarnos la vida. El film habla del libertinaje, de la tiranía, de las relaciones humanas, de las frustraciones. También de un mayo de 1968 que estudiamos por nuestra cuenta, por puro placer, por sana curiosidad. La libertad del trío de la ficción nos contagió, no tanto por su erotismo (la "calentura" de la edad, con todo, era evidente) como por su alma. Sin olvidar que, coincidiendo con Soñadores, vimos también obras maestras como Dogville, Mystic River, La flor del mal, El pianista o Las manos vacías. Con eso me quedo. Y no penséis que uno se hace viejo y se acoge al dicho tan horroroso de que "cualquier visionado pasado fue mejor": simplemente no soportaría volver a ver Soñadores y que no me gustara, o comprobar que su impacto e intensidad ha mermado con el paso de los años. Dejadme ser "soñador" un poco más. Bertolucci: gracias por todo. ★★★★½


CRÍTICA ALBERTO TOVAR: Hay directores que permanecen imborrables solamente por sus atribuciones pasadas y otros que con cada nueva aportación reafirman y reformulan las claves de su asentada obra. Bertolucci es un maestro entre maestros y en el año 2003 puso todo patas arriba, pues cuando pensábamos que el genio llegaba a su ocaso, nos dejó boquiabiertos con una de sus mejores películas. Un film y una historia que bene del pasado, de las aspiraciones honestas, del deseo de cambio y de las virtudes de la auténtica libertad, pero que congela su crítica y compleja decisión en un presente muy presente, valga la redundancia. Las parcelas de la sexualidad callada sirven de impulso para matizar recorrer las veredas humanísticas que plantea la película, haciendo doctrina filosófica y sociológica. A través de tres voces llenas de frescura, uno parece recorrer todas las etapas de su ardiente juventud y caer en un debate constante sobre lo que pudo haber sido y no fue. Dialéctica que se sistematiza a través de una particular tesis sobre el ser humanoo y su condición sexual, la cual merecería ser revisitada a día de hoy. Toda esta complejidad discursiva venida del mayo del 68alcanza su máxima expresión en una mirada maduray honestay entres extraordinarios actores, en especial una muy inspirada Eva Green. Pieza para amantes del buen cine que tratan la vida de forma adulta. ★★★★½

jueves, 28 de abril de 2016

CRÍTICA | KIKI, EL AMOR SE HACE, de Paco León


 Filias sexuales, fobias cómicas
KIKI, EL AMOR SE HACE, de Paco León
España, 2016. Dirección: Paco León Guión: Paco León y Fernando Pérez Fotografía: Kiko de la Rica Música: VV. AA. Reparto: Paco León, Ana Katz, Belén Cuesta, Natalia de Molina, Álex García, Candela Peña, Luis Callejo, Luis Bermejo, Mari Paz Sayago, Alexandra Jiménez, David Mora, Maite Sandoval Género: Comedia Duración: 100 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 01/04/2016
¿De qué va?: Distintos personajes con filias sexuales se dan cita en un caluroso verano madrileño. Una joven cuya vida cambia tras ser asaltada por un extraño, un cirujano que no sabe cómo reconquistar a su mujer, una feriante que desea quedarse embarazada, una chica sorda obsesionada con las telas y una pareja que no sabe cómo avivar su relación en la cama se entregan al amor y al sexo sin tapujos.


Al cine patrio le ha costado mucho exorcitar o simplemente aceptar el chiste de la "españolada" del "caca-culo-pedo-pis". En muchas ocasiones, nuestros directores cómicos han tenido que pedir perdón por su irreverencia o sus tendencias escatológicas. Hacer comedia siempre es difícil; en España, todavía más. Hay demasiados prejuicios de por medio, tanto entre la crítica especializada como entre el público que llena las salas. Digámoslo ya: millones de espectadores denostan en la gran pantalla productos que luego consumen muy a gusto en televisión. Una incoherencia cómica pero sin nada de gracia. Paradoja que se amplía si pensamos que nuestro país, por su carácter mediterráneo, es muy dado a la broma. Por eso la irrupción de Paco León en el panorama nacional puede considerarse una alegría mayúscula. Quién nos iba a decir que el renovador de la risa ibérica sería un actor de sitcoms y programas de sketches. Ahora se ha estrenado Kiki, el amor se hace y las críticas y la taquilla no podrían ser más favorables. Se ha obrado un pequeño milagro: Paco ha dejado de ser un cómico, el hijo de Carmina o el hermano de María. Ahora es "Paco", a secas. Explícito y jovial como el Almodóvar de los 80, y a su vez moderno y único. Una euforia que a muchos nos "excita", en el sentido más cinéfilo del verbo.


Paco León "afina" (que no "refina") su estilo en Kiki, el amor se hace, una película mejor escrita y construida que las anteriores Carmina o revienta y Carmina y amén. Desde sus títulos de crédito, la cinta presume de descaro y efervescencia. El resultado es un despliegue cachondo, a ratos fogoso, de las filias sexuales más ocultas. Un tema tan dado a surrealismos que perfectamente podría generar una nueva saga "leoniana" tras el binomio familiar que conocemos todos. Como toda cinta de episodios más o menos cruzados, hay personajes y momentos que funcionan mejor que otros, pero se impone la alegría de todo su conjunto. Quien escribe se queda con Candela Peña y Belén Cuesta, actrices de reparto que, al aparecer en escena, lo eclipsan todo. Kiki, el amor se hace copula con la mejor comedia, pero también demuestra que hay mucho camino por recorrer por parte de León. Nada grave: se aprende a hacer el amor fornicando, y con el cine sucede lo mismo. El público arde en deseos por saber cómo experimentará León en un futuro con todas las posturas del kamasutra y con todas las posibilidades del medio cinematográfico. Con Kiki, el amor se hace ha nacido un título de culto. También un narrador con voz propia. Y no es una moda pasajera: ha venido para quedarse. ¡Orgasmo!


Para erotómanos con tendencia al exhibicionismo.
Lo mejor: Sales del cine feliz y reconfortado: no se puede pedir más.
Lo peor: La duración excesiva de algunos gags.

lunes, 22 de febrero de 2016

CRÍTICA | CINCUENTA SOMBRAS DE GREY, de Sam Taylor-Johnson


Porno para todos los públicos
CINCUENTA SOMBRAS DE GREY, de Sam Taylor-Johnson
Nominación al Óscar a la mejor canción original. 6 nominaciones a los Razzies, incluyendo candidatura a la peor película del año
EE. UU., 2015. Dirección: Sam Taylor-Johnson Guión: Kelly Marcel, a partir de la novela homónima de E. L. James Música: Danny Elfman y VV. AA. Fotografía: Seamus McGarvey Reparto: Dakota Johnson, Jamie Dornan, Max Martini, Eloise Mumford, Luke Grimes, Marcia Gay Harden, Jennifer Ehle, Rita Ora, Andrew Airlie, Victor Rasuk, Callum Keith Rennie, Anthony Konechny, Dylan Neal, Emily Fonda, Jason Cermak Género: Drama erótico Duración: 125 min. Tráiler: Link Fecha de estreno en España: 13/02/2015
¿De qué va?: Anastasia Steele, una estudiante de Literatura Inglesa a punto de graduarse, entrevista a Christian Grey, un millonario de tan sólo 27 años, para un proyecto de su universidad. La química entre ambos durará más allá de su primer encuentro. Con todo, las inesperadas prácticas eróticas de Christian harán que Anastasia dude sobre la relación.

jueves, 2 de abril de 2015

CRÍTICA | EL BESO DEL SUEÑO, de Rafael Moreno Alba


El dulce sueño de la corrupción
EL BESO DEL SUEÑO, de Rafael Moreno Alba (España, 1992)
¿De qué va?: Mariot es una prostituta que tima a sus clientes con la técnica de 'el beso del sueño': pone sedantes en la bebida de la víctima sin que ésta se percate para posteriormente robarle todos sus objetos de valor. Salvatierra es un ex policía corrupto que tiene contactos con un pez gordo inmerso en cuestiones políticas. Cuando Salvatierra ve la posibilidad de vengarse de su compañero, no duda en urdir un plan para traicionarlo. Pero Mariot actúa antes, y sin saberlo se convierte en poseedora de una gran cantidad de billetes. La carrera por conseguir el dinero acaba de empezar.
Palmarés: Colón de oro a la mejor película del Festival de Huelva 1992.


El dato: Último largometraje de Rafael Moreno Alba, realizador madrileño famoso por las producciones de Televisión Española Proceso a María Pineda y Los gozos y las sombras. Fuera de la pequeña pantalla, su obra más popular fue Pasos largos (El último bandido andaluz). Moreno Alba murió en octubre del año 2000 en su Madrid natal a los 68 años.


Reseña: El beso del sueño, curiosamente una cinta muy poco conocida, es un ejercicio de cine negro que se ve de un tirón y sin pestañear. De cadencia lenta, como los buenos misterios, y a medida que avanza más enmarañado, como manda el género. La película está dotada de una sobriedad excelente y sabe mantener la tensión en todo momento, sobre todo en el primer tramo de película a bordo del tren. Con todo, la película está un tanto encorsetada, carece de la capacidad de entretenimiento de la que gozaban algunos thrillers sexuales de principios de los 90. Pese a sus ecos de Agatha Cristie y Vladimir Nabokov, en ella se echa en falta una mayor incidencia de la parte política que concierne al personaje de Eusebio Poncela. Un film estimable que inexplicablemente pasó desapercibido para la crítica, el público y los Goyas de su año. Y si se sabe rascar en su superficie, uno encuentra una interesante historia de trileros, liantes y ladrones tan miserables que son incapaces de orquestrar el gran golpe que los retire de la mala vida. Lástima de ese final que no por plausible resulta menos original: El beso del sueño no convence como romance entre perdedores, y eso echa por tierra parte de las virtudes de la primera hora de metraje. Desigual, y aún así una historia de humo, alcohol, sexo y dinero con atractivo.


Para los que buscan intrigas con gotas de erotismo.
Lo mejor: Verdú, Lolita española.
Lo peor: Le sobra metraje.


lunes, 13 de octubre de 2014

CRÍTICA | LA VENUS DE LAS PIELES, de Roman Polanski


Pasión, posesión, perversión 
LA VENUS DE LAS PIELES (LA VÉNUS A LA FOURRURE), de Roman Polanski 
Francia, 2013. Dirección: Roman Polanski Guion: Roman Polanski y David Ives, a partir de la obra teatral de David Ives Fotografía: Pawel Edelman Música: Alexandre Desplat Reparto: Mathieu Amalric, Emmanuelle Seigner Género: Tragicomedia teatral Duración: 90 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: Cae la tarde en París. Empieza a llover. Un director teatral acaba una larga jornada de audiciones. Todavía no ha encontrado una actriz para el papel principal de su obra. De pronto, alguien entra en el teatro. Y pese a su insistencia, la terquedad y el desparpajo de la actriz derriten poco a poco la seriedad del director. Empieza una audición y una pugna entre 'el' y 'ella'.
Palmarés: César al mejor director y nominación en otras 6 categorías, incluyendo mejor película. Candidata al David di Donatello a la mejor película europea. Presente en la sección oficial del Festival de Cannes 2013.


Roman Polanski ha consagrado su carrera a explorar los caminos y a traspasar los límites de la pasión, la posesión y la perversión. La venus de las pieles, su última obra, sigue esa tónica. Y aunque en un principio podría parecer que Polanski está gastando sus últimos cartuchos como autor desde una posición acomodaticia, sus obras más recientes siguen demostrando una militancia y fidelidad digna de elogio por el cine más vivo e intrincado. Tanto en Un dios salvaje como en La venus de las pieles, el director polaco se inspira en dos obras teatrales, ha escrito los guiones cinematográficos con el apoyo de los autores del libreto original, ha recurrido a los mismos técnicos y ha concentrado el peso actoral y escenográfico en poquísimos pero muy recurrentes elementos, suficientes ingredientes para seguir mostrándonos la guerra de sexos, las tensiones ocultas y las rivalidades cotidianas que tanto le interesan.


La venus de las pieles tiene lugar en el patio de butacas y el escenario de un teatro vacío. Tras una tarde de audiciones, un misterioso director teatral recibe por sorpresa a una entusiasta aspirante a actriz, una situación que da pie a un ensayo de alto voltaje. Desde este marco, Polanski juega a tres bandas: por un lado, difumina la relación jerárquica 'director-actriz', hasta el punto que cuesta determinar quién domina a quién; por otro, los personajes de 'él' y 'ella' funcionan como conceptos elásticos, ya que como espectadores no sabemos hasta qué punto la actriz transgrede sus líneas de guion y en qué medida el director reflejó en su libreto las dudas existenciales que lo afligen en la vida real; y finalmente, la representación se despersonaliza al ser una pugna clásica entre un 'hombre' y una 'mujer', de forma que todo el discurso funciona como una variación más de los temas universales (el amor, la muerte, los deseos y los peligros que implican cualquier renuncia o posesión) que aparecen transversalmente en toda la historia del arte.


Mismas cuestiones, formas distintas. Y pese a las coincidencias, La venus de las pieles poco tiene que ver con el thriller de tendencias masoquistas que el director cultivó con Lunas de hiel y La muerte y la doncella en los 90, ya que su esquema es tan joven como clásico, una fundición notable de cine, literatura y teatro. Al film tal vez le sobran algunas vueltas de tuerca, ya que la carnalidad y potencia de sus intérpretes juega paradójicamente en contra de la veracidad del guion. Pero independientemente de gustos personales, este blog recordará La venus a las pieles por una interpretación enteramente personal, aunque totalmente plausible a juzgar por los cabos sueltos que deja el director a lo largo de su toma y daca interpretativo y dialéctico. Porque más allá de divertirse y fabular sobre el arte y sus clásicas preocupaciones, Polanski termina la película dando la victoria a la femme fatale y con el director de teatro, claro alter ego del director de cine que orquestra el conjunto, víctima de su arrogancia castradora. Y es ahí cuando La venus de las pieles abre nuevos frentes de debate y nos ofrece a un Polanski que tal vez, solo tal vez, se refiere entre líneas a las acusaciones de pederastia que lo han acompañado durante muchísimos años. Suficiente para que el film sea tanto la culminación de un castigo femenino como la enrevesada plasmación de un malestar masculino que busca redención, perdón o simplemente paz interior. Y, cómo no, otro ejemplo más del cine lúcido e incómodo del genio Polanski.


Para fans de 'las 4 P': Pasión, Posesión, Perversión y Polanski.
Lo mejor: La desatada labor de Emmanuelle Seigner (el hecho de que la actriz sea la esposa de Polanski todavía beneficia más a las perversas lecturas de la historia).
Lo peor: El espectador a veces necesita desconectar de tanta intensidad.

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Reseña de EL ESCRITOR, de Roman Polanski

martes, 8 de abril de 2014

Crítica de SON DE MAR, de Bigas Luna


'He cruzado todos los océanos de este mundo para saber que no puedo vivir sin ti'
SON DE MAR, de Bigas Luna (España, 2001)
¿De qué va?: Ulises llega a un pueblo marítimo para dar clases de literatura en el instituto local. Martina, la hija de la pensión donde se hospeda, obsesiona a Ulises hasta tal punto que entre los dos surge una relación amorosa y sexual intensísima. Martina se queda embarazada, la pareja se casa, y cuando todo parece ir perfecto Ulises fallece en el mar. Años después, Martina consigue rehacer su vida con Sierra, un empresario pragmático, poco cariñoso y ególatra, un hombre muy diferente a Ulises. Pero Ulises, devuelto por la marea, expulsado del reino de los muertos, vuelve a la vida de Martina...
Palmarés: Sección oficial del Festival de Málaga 2001 y Verona 2002. Proyectado en el Festival de Karlovy Vary 2001. 2 candidaturas a los premios Goya 2001: mejor actor de reparto (Jordi Fernández) y mejor guion adaptado. Premio Sant Jordi y nominación al Butaca al mejor actor español del año para Jordi Fernández, ex-aequo por Son de mar, Fausto 5.0 y La voz de su amo.
El dato: Luna, fiel a su querido Mediterráneo, filmó Son de mar en Denia, localidad de la costa alicantina. Es el antepenúltimo largometraje del director de Jamón, Jamón. El guion es obra del célebre Rafael Azcona a partir del libro homónimo del escritor y periodista valenciano Manuel Vicent. La mayoría de los versos que recita el protagonista pertenecen a La Eneida, la obra de Virgilio. Tras su intervención en la serie Raquel busca su sitio y en los tres primeros largometrajes de Pablo Llorca, Leonor Watling despuntó en sus dos trabajos como protagonista en A mi madre le gustan las mujeres y Son de mar, y por esta última se ganó el título de una de las actrices más sexys del año, honor que repitió años más tarde con Deseo y la Alicia de Hable con ella: Watling es junto a Ángela Molina, Penélope Cruz y la italiana Francesca Neri la única actriz que puede presumir de haber sido una 'chica Almodóvar' y 'Luna' a lo largo de su carrera. El film se estrenó el 8 de junio de 2001 y recaudó casi 1 millón de los actuales euros: coincidió en un año especialmente erótico para el cine español con títulos como Lucía y el sexo, Juana la Loca o Y tu mamá también. El film se estrenó en países como Alemania, Israel, Bélgica, Italia, Rusia y Corea del sur.


Reseña: Bigas Luna filma en Son de mar su película más mitológica tras Volavérunt y La camarera del Titanic, dos proyectos complejos a nivel técnico. El peso de la literatura grecolatina aparece con nombre del héroe, Ulises, un profesor que sucumbe a las pasiones carnales que tanto interesaron al genio catalán. El film continúa con las principales señas de su autor: el triángulo amoroso, oposición de contrarios, es la figura geométrica básica mediante la cual la damisela se deja mecer cual embarcación a la deriva entre la sensibilidad del amante y la seguridad material del marido (todo ello símbolos de cualquier relación de posesión y dependencia amorosa). Pero por encima de todo Luna conjuga sus lecturas y sus sempiternas obsesiones para crear un cuento mediterráneo, con una primera parte dulce y una resolución amarga: el ático de un gran edificio a primera línea de costa, el mismo que fuera símbolo fálico de la prepotencia ibérica del protagonista de Huevos de oro, es aquí la torre del castillo donde la bella durmiente despertada encierra a su príncipe tras su odisea amorosa. Una fábula que termina en alta mar, con un plano bellísimo, de gran potencia trágica, que eleva el mar a la categoría de estado de ánimo o realidad casi metafísica. Luna, que de haber vivido en otra época hubiese sido un trobador con un gran reparto de cuitas amorosas, o tal vez un Ulises viajero en busca de nuevas historias, regala a los amantes de Son de mar un privilegio con el que no contaban los cuerpos magullados de Jamón, Jamón: su amor trasciende a la muerte ('mas polvo enamorado'), seguramente porque el mar ofrece una paz y una pureza imposible de encontrar en la rugosidad terrenal donde residen 'la puta', 'la hija de la puta' o 'el chorizo' del mítico film. No es el trabajo más conseguido de Luna, pero sí el más poético, el más implicado con el palpitar de sus personajes; y formalmente, el más estilizado, el más europeo, universal y atemporal.


Para los que no pueden vivir sin oír el rumor del mar
Lo mejor: La pasión de su pareja de actores.
Lo peor: El segundo tramo de metraje pierde un poco del encanto inicial.


martes, 4 de febrero de 2014

Crítica de NYMPHOMANIAC: VOLUMEN 1 & 2, de Lars von Trier

PRELIMINARES

A estas alturas basta con decir que vamos a hablar de un film de Lars von Trier para que muchos obvien por defecto este post. Otros tendrán la osadía de entrar en el cine, pero ante frases de guion como 'descubrí mi coño a los dos años' o 'lubriqué cuando murió mi padre' seguramente desconectarán sin llegar a sopesar si han sido víctimas de una gran broma o testigos de la historia más grave jamás contada. Von Trier no ha sabido gestionar su personaje público, y al mismo tiempo la prensa, ávida de polémicas, ha desvirtuado la imagen del creador, y con ella la recepción por parte del público de sus creaciones. Llegados a este punto, antes de escribir sobre Nymphomaniac vale la pena dejar un par de cosas claras, tanto para el que lee (si, como esperamos, no habéis desertado en la primera línea) como para Von Trier (del que, cuestiones paralelas y extracinematográficas aparte, está considerado uno de los autores más importantes del cine europeo contemporáneo).


El primer punto es evidente para la órbita cinéfila, pero quizás no tanto para gran parte del público de Nymphomaniac. Para su distribución en España y en la mayoría de países, la película original, cuyo montaje final ronda según la productora Zentropa las cinco horas y media de metraje, ha sido dividida en dos cintas, y en ese proceso de adaptación o comercialización Von Trier no ha participado, aunque obviamente ha dado su visto bueno a los montajes alternativos que finalmente han llegado a los cines (consciente, quizás, de que su proyecto es comercialmente inviable por una cuestión de longitud y de explicitud sexual). Con respecto a la tan cacareada carga erótica del film, cada país, según sus sistemas de calificación por edades y criterios varios, ha eliminado o incluido determinadas escenas, por lo que es imposible averiguar hasta qué punto las cintas que hemos visto en España coinciden o difieren en mayor o menor grado de las versiones proyectadas en, por ejemplo, Francia, Italia o Alemania. Por todo ello, lo que digamos a continuación, aunque tiene su importancia (al fin y al cabo hemos visionado dos tercios del material considerado por el cineasta danés), no deja de ser pueril o cuanto menos relativo: los juicios que ahora podamos emitir necesitarán una reformulación futura cuando se desvele la película que Von Trier concibió desde un inicio. Por qué el director no rediseñó su proyecto en serie televisiva como hiciese con Riget, o por qué no se ha optado por una distribución acorde con los nuevos tiempos (venta directa en dvd y plataformas digitales) son cuestiones que no vale la pena discutir y que intuímos ni tan siquiera han recaido sobre el propio Von Trier. Ver Nymphomaniac desde la duda, por lo tanto, es un ejercicio del todo inmaduro: no hay que entender el relativo desentendimiento del autor con respecto a los dos volúmenes de Nymphomaniac como una provocación más, implícita o explícita, de la propia película, sino como un accidente.


El segundo punto resultará familiar para los que hayan visto gran parte de la filmografía de Lars von Trier. El director de Bailar en la oscuridad o Rompiendo las olas es seguramente el autor que más explora su 'yo interior' en sus películas, no tanto como un acto de egolatría sino de autocomprensión, de exorcismo personal. Von Trier canaliza su dolor mediante el cine, y como resultado sus ficciones ponen a prueba tanto los resortes del propio director como los límites de sus intérpretes y la mirada de la platea (que, de nuevo, está en todo su derecho de congratular o despreciar tanto estética como éticamente aquello que está viendo). Nymphomaniac, en este sentido, sigue las constantes habituales de su responsable, ya que cada aportación de guion, cada personaje o cada episodio parece esconder pedazos de la oscuridad vital de su instigador: con Anticristo hicimos una reseña poliédrica, entendiendo que en cada personaje había parte de la personalidad de quien filma, y con Nymphomaniac el ejercicio podría repetirse, ya que tanto en Joe (la ninfómana que relata su trágica existencia) como en Seligman (el intelectual que escucha atentamente la narración de la mujer) parece esconderse la única mente que escucha (él) y que habla (ella), que piensa (él) y que actúa (ella) (o sea: la persona detrás de ese personaje llamado Von Trier). 


Es lícito pensar que un cine cuya base descansa en la sugestión y en lo personal puede interpretarse desde múltiples vías, y que por lo tanto lo dicho en el anterior párrafo no es tanto una verdad como la exposición de una forma más de acercarse al mosaico que traza Von Trier, pero el debate evidencia un hecho interesante: aunque parezca una paradoja, ante las películas de Von Trier hay que tener muy presente al autor (y con él, su biografía y toda su obra anterior) y al mismo tiempo acoger una mirada limpia, como si desconociéramos todo lo que hemos visto, oído o leído anteriormente sobre Von Trier (solo de esta manera se consigue entrar en las estancias emocionales que conforman sus películas). Es necesario, por lo tanto, tener una visión de conjunto (en el caso de Nymphomaniac, saber que estamos ante la tercera entrega de la llamada 'Trilogía de la Depresión', con Anticristo y Melancolía como peldaños previos, con Charlotte Gainsbourg como actriz principal y con determinados vínculos estéticos: en las tres películas se repite la imagen de su protagonista tendida en la hierba en un plano fijo aéreo, una estampa que remite al Romanticismo poético y pictórico, por citar uno de los elementos más tangibles para el espectador), y a la vez pensar que ante Nymphomaniac se asiste a algo nuevo (de ahí que los que hablen repetidamente de Von Trier como un cine que tortura sin motivo aparente a sus personajes femeninos incurran en una calumnia, una frivolidad y una simplificación de films en cuyas profundidades hay muchísimo más).

Hablar de Von Trier, en definitiva, implica posicionarse: el cineasta ha hecho de la provocación un signo de identidad tan inherente a sus películas que el análisis de éstas implica, queramos o no, firmar una alabanza o un reproche. Nymphomaniac es en sí una contradicción: con ella uno se ríe mucho, pensarla implica llorar, y en el camino que media entre ambos extremos se contemplan todas las posibilidades, desde el rechazo sentido a la subyugación absoluta. Si Nymphomaniac, tomando el símil sexual, es un gatillazo o un éxtasis tanto carnal como intelectual es algo que tendrá que decidir cada espectador. Lo que sigue es, ya sí, una visión plenamente personal de Nymphomaniac. 


NYMPHOMANIAC: VOLUMEN 1

El inicio de Nymphomaniac es anticlimático: la pantalla se abre con un espacio vacío, lo que parece una callejuela de las afueras de alguna ciudad de aspecto industrial, con los diferentes elementos urbanos absorbiendo y expulsando agua y nieve, como si la fría arquitectura obedeciese a las leyes de un cuerpo que interactúa con sus fluidos. Una estampa que parece inaugurar un drama helado, pero que Von Trier rompe con un fondo musical de Rammstein: de buenas a primeras, cuesta adivinar qué vamos a ver. Más tarde el plano se concreta y observamos a Joe (Gainsbourg) tumbada en el suelo, con marcas rojas en la cara y un rostro desencajado. Seligman (Skarsgaard) emerge de la nada con una bolsa de la compra y traslada a Joe a un dormitorio de su casa, como si Joe en realidad fuese un personaje dickensiano al que ofrecerle amparo y comida. Seligman, en verdad, le ofrece mucho más: la posibilidad de que la mujer cuente su historia, y por ello de explicar por qué terminó apaleada en mitad de la nada y de argumentar por qué, bajo su punto de vista, es una mala persona. Desde ese momento y hasta el final de la película, la estructura de Nymphomaniac es la de un narrador protagonista y de un personaje silente que escucha y que luego valora cada episodio de la historia, uno de los principios literarios más repetidos. Y precisamente entre episodio y episodio, Von Trier inserta consideraciones filosóficas, de nuevo anticlimáticas, que aúnan en pocos segundos la comedia de un capítulo de adolescencia en un viaje en tren hasta las dobles lecturas que esconden cuestiones de tono y tema tan variopinto como los diferentes tipos de nudos, la pesca con caña o los motivos religiosos en la pintura occidental. Von Trier, en definitiva, logra un ejercicio interesantísimo, una superposición de voces que construyen y desconstruyen la historia. Momentos tan surrealistas como la visita del personaje que interpreta Uma Thurman, cercanos al vodevil extremo, y otros como la copulación en primer plano y la pantalla partida en tres partes mientras suena una melodía de órgano se unen y se repelen para contarnos el inicio de una enfermedad canalizada y expresada mediante la gimnasia del sexo (o la numerología que imprime Jerôme a una Joe todavía virgen), no mediante la mística del orgasmo (el sexo nunca es una fuente de erotismo sino una expresión terrible de un mal interior). Una película de naturaleza vacilante que incluye un trauma infantil, un problema familiar y una deriva que continúa por caprichos de la industria con un 'continuará' más propio de una serie televisiva. Nymphomaniac: Volumen 1 termina justo en el momento en que la historia se torna más compleja e interesante: de ahí que cueste volver a casa como se entró dos horas antes en la sala oscura.


NYMPHOMANIAC: VOLUMEN 2

Si por parte del espectador existe un mínimo acomodamiento, la segunda parte vuelve a dejarnos con la boca abierta. El relato arranca en un triple tiempo: una Joe incapaz de sentir placer a punto de casarse con Jerôme, una Joe pequeña que recuerda las visiones que tuvo un día en el campo, y la Joe narradora de siempre, cuyas anécdotas Seligman completa con consideraciones que van del juicio personal al desciframiento académico (saber que Joe tuvo un episodio casi extrasensorial, culminación de su primer orgasmo, con una figura religiosa relacionada con la ninfomanía se convierte en el perfecto prólogo de lo que está por venir). La película se recrudece y se extrema (inclinaciones sadomasoquistas, desatención del hijo engendrado en cuya concepción se observan rasgos de un rito satánico, las palabras del marido arribista comparando a su insaciable mujer con una tigresa ávida de carne), y el heavy metal sube de volumen en una escena en la que Joe, tras aceptar que ni puede curarse ni quiere ser curada de sus (des)afecciones, encauza sus conocimientos sexuales en una oscura ocupación laboral que le lleva a destapar el secreto de un pedófilo. La reaparición de un Jerôme adulto, más parecido a Joe de lo esperado, y la irrupción de una joven muy activa, no solo sexualmente (la pupila de Joe que vilipendiará a la ninfómana herida de su orgullo, con llagas en su sexo y ninguna perspectiva de futuro), sirven de excusa para cerrar la historia. Nymphomaniac: Volumen 2 versa sobre la culpa y lleva hasta las últimas consecuencias la filosofía de vida de su personaje, incapaz de concebir el amor como un pilar fundamental de las relaciones humanas (la figura del árbol como alma que nos representa enlaza con la figura del padre y con la desolación emocional de la protagonista: su árbol hermano, irónicamente, descansa en lo alto de una colina azotada por el viento, un acantilado rocoso, de nuevo otro espacio del imaginario romántico clásico, que se yergue torcido cual pene en erección). Pero más allá de la historia de Joe, Von Trier utiliza la recta final de su crónica ninfómana para incluir una autocita (sí: por fin el autor aclara por qué sus protagonistas son hembras heridas) y como gran reflexión sobre la naturaleza egoísta y desconfiada del ser humano (Von Trier imparte, para quien sepa y quiera escuchar, una clase magistral de Teología, Sexología y Lingüística entre otras disciplinas). El final liga con el principio (el primer plano eran imágenes sin sonido, ahora se trata de sonido sin imágenes) y puede interpretarse como una boutard o como el núcleo semántico de la película (el viaje de Joe empieza de nuevo, abruptamente, en un bucle sin fin de perversiones sexuales). No podemos desvelar nada, pero sí puede decirse que el juego referencial se intensifica (de hecho, el desenlace es casi una reactualización del último acto de Dogville) y que Von Trier, una vez más, nos demuestra, aunque duela, que tanto en la vida como en su cine nada ni nadie es lo que parece. En esta ocasión cuesta salir del cine, pero por pura paliza emocional. Nymphomaniac deja secuelas.


Para espectadores que quieran películas extremas.
Lo mejor: En lo personal, es un binomio tan fresco como alambicado... puro Von Trier, en cualquier caso. Su condición de juguete en primera persona: hay temas, escenas y tonos de todas, absolutamente todas las películas anteriores del danés.
Lo peor: Las chanzas y prejuicios que pueda suscitar su contenido sexual. No haber podido ver en pantalla grande el film original, o las dos partes seguidas. No conocer a los personajes secundarios por separado: en el fondo, la cinta contiene muchos microfilms por explotar.

Nota: 9

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