
Casquería francesa.
Martyrs es una de las películas más brutales de los últimos años. Contiene una trama totalmente imprevisible y una historia en eterna tensión. Algunos momentos de este baile de sangre son tan impactantes que el espectador, incapaz de soportar tanta adrenalina, intentará evadirse de la película. Tal cosa, que en otros títulos hubiera sido un sonoro defecto, es aquí la gran baza del film.
Martyrs empieza con una carrera. Una muchacha huye de un extraño recinto repleta de sangre. Tras internar en un centro psiquiátrico, la película da un salto de quince años y nos sorprende con una hora y media de pura angustia.
Martyrs es un relato bipolar: aúna varias películas en una, varios tonos y posibilidades. El espectador tambalea y, cuando empieza a cuestionar una carnicería que no parece tener sentido, la cinta nos sorprende con un tramo final radical, rocambolesco y crítico. El resultado, tan irregular como estimulante, es
un festival de sangre, una caja de sorpresas y una historia que contiene más elementos de los que a priori parece tener. No es una cinta más:
algunos fotogramas son imposibles de olvidar. Sin duda,
Martyrs era la cinta que merecía ganar el pasado Festival de Sitges.
Tortura que asquea y crea adicción.
Pascal Laugier, director de la propuesta, se convierte en una de las promesas más sólidas del nuevo cine europeo. Sus pasos, tan acelerados como firmes, recuerdan a los de Alexandre Aja. No hay duda que estos Martyrs guardan relación con Alta Tensión (ambas incluyen una historia de amor lésbico de catastróficos resultados). También podría emparentarse a Laugier con Tomas Alfredson, responsable de la aplaudida Déjame entrar. No hay duda que Laugier empezará a estar muy solicitado, y que Martyrs, aún inédita en nuestro país, será una futura película de culto. Todo un festín para el fan y una curiosidad digna de destacar para todo cinéfilo. Puede resultar una película excesivamente descabellada (lo es) o una historia que no sabe qué contar (también), pero, al aparecer los títulos de crédito, el espectador enmudecerá al acto. Frenético pastiche en el que se dan cita el cine de terror juvenil y el de autor (los planos finales en el sótano, sobre todo la escena del ojo, recuerdan los trucos de Kubrick en su odisea espacial). No se la pierdan.
