
Los americanos tienen a
Matilda, los españoles cuentan con
Manolito Gafotas... y los franceses presumen de Nicolás, un niñito nacido de la mano de René Goscinny que ha protagonizado numerosas tiras cómicas en el país galo. Convertir este héroe de los años 60 en materia cinematográfica demuestra una vez más la capacidad que tiene el cine francés no sólo de reciclar con inteligencia sus símbolos y mitos, sino de producir películas que funcionen a nivel comercial y unan a los críticos.
Le petit Nicolás es una película comiquera o un cómic hecho película, pero por encima de todo es la demostración de que nuestro país vecino goza de una salud cinematográfica de hierro y una inventiva que no traspasa los Pirineos. Le petit Nicolas hace referencia a una generación que ahora tiene hijos, y los hijos de éstos siguen viendo en esta ficción algunos de los problemas de Nicolas como aventuras propias (similar a un 'florido pensil' o un 'cuéntame cómo pasó' dulzón). Estamos ante una película chovinista porque sólo los franceses podrían reírse de
Astérix y Obélix (parece que Nicolás y sus compañeros han descubierto la pócima de Panorámix) y de
Los chicos del coro (cameo incluido de Gerard Jugnot).
Le petit Nicolas, en definitiva, es una
película autosuficiente, coherente con sus planteamientos, fiel a las viñetas originales, paradigma de cine familiar europeo (porque existe, y vale la pena). No pasará a la historia, tampoco aspira a ello, pero ya querría la cinematografía patria contar con un mago como Nicolás capaz de alterar para bien la cuota de pantalla. Sumen ésta a la lista de
french comedy greatest hits donde ya figuraban
Amélie,
Bienvenidos al norte,
La cena de los idiotas o
Tanguy. Quién fuera francés...
Nicolás tiene una sospecha: su madre está embarazada y su padre quiere abandonarlo en el bosque. El pequeño no dudará en reunir a toda su tropa de amigos para protegerse, excusa para conocer al personaje en la escuela y en su casa, con sus compañeros (a cada uno más variopinto) y su madre (excelente Valerie Lemercier, directora de Palacio Real y conductora divertida de la gala de los César 2010), su profesora y su padre, que ansía un ascenso laboral que nunca llega. Sólo el país de Tati podría parir semejante divertimento que huele de forma pretendida y sabia a añejo. Nominada al César al mejor guión adaptado, vista por 5 millones de franceses y con una aceptable acogida en España desde su estreno en mayo. La sonrisa picarona de Nicolás parece irresistible y proporciona una hora y media de evasión absoluta. Perfecta para el verano.