domingo, 4 de julio de 2010

ESTE BLOG ESTÁ DESANIMADO: POLÍTICA, CINE Y LENGUA


Cinoscar & Rarities nunca ha aspirado a hacer política, pero la ocasión lo requiere. Como ya dije en anteriores posts, el cinéfilo tiene motivos para estar desanimado este 2010 porque las películas que nos están llegando no superan las expectativas. La década acaba y parece que el cine ha dejado de ser cine. No seamos agoreros porque el cine nunca morirá, pero sí creo que el 3D es una auténtica bobada que, como el símil de la bola de nieve que baja por un pendiente sin fin, puede explotar cuando sea demasiado tarde. Cada vez es más difícil ver cine, porque ver 'cine' no es ver 'películas', aunque se puede ser cinéfilo y cinéfago a la vez. ¿Por qué el blog está triste? Esta es la explicación de un ciudadano catalán de 20 años.


1. LA LEY DEL CINE EN CATALUÑA

El Parlamento Catalán acaba de aprobar una medida por la que algunos tontainas llevaban luchando mucho tiempo: conseguir que aumente la proyección de cine en catalán. La medida es totalmente exagerada porque obliga a que todas las películas que superen las 16 copias dentro de Cataluña cuenten con un 50% de rollos en catalán. Las productoras han mostrado de forma reiterada su malestar, que, recordemos, no viene motivado por una u otra opinión política, sino por la protección del cine y de los cines en Cataluña por parte de un sector que sufre pérdidas año tras año. La última novedad viene de Norteamérica: parece que las películas americanas que se exhiban en Cataluña a partir del 1 de enero del 2011 lo harán directamente en inglés, sin subtítulo alguno, con tal de evitar el dinero y el tiempo que implica doblar una película en dos idiomas (catalán y castellano) para un mismo territorio (España).

Vamos por partes. Parece que solo importa el cine que viene de EE. UU.: ¿se imaginan ver una película sueca en sueco, una película asiática en mandarín o parecidos? Una cosa es que la población catalana sea bilingüe y otra es que reine la anarquía. Considero todo esto como una hecatombe que a corto plazo puede provocar el cierre de muchos cines en Cataluña (uno de los mercados más potentes por su número de habitantes y porque pocas comunidades tienen tantos cines como nosotros). Si creían que el reino de Avatar era bestial, esto lo supera. Lo peor de todo es que, con toda seguridad, se nos vete la posibilidad de ver la última catástrofe de Roland Emmerich.



2. EL CINE Y LA SOCIEDAD ESPAÑOLA

El problema es mucho más profundo. La sociedad de hoy en día quiere gente productiva que trabaje, calle y genere ganancias. Lo que valen son las ideas: dígame cómo fabricar hamburguesas porque alguien las venderá, otros las comprarán y el sistema le dará las gracias. Por eso los que estudiamos carreras como Filología somos garrapatas porque no aportamos nada material, o al menos no tanto como lo hará un biotecnólogo o un médico. Lo mismo sucede con un director de cine, al que sólo se le valora si gana algún premio y saca ganancias a su loca intención de recrear situaciones que no son reales. La gente está aborregada: sale de casa temprano, va a trabajar, come, vuelve para fichar y llega exhausto a casa. Dígale a esa señora que ha fregado escaleras toda la tarde que vea la última película de Michael Haneke: obviamente, la mujer querrá distraerse y optará por la más fácil oferta estadounidense, de la misma forma que leerá el último best-seller de turno y no los dos tomos de El Quijote. Pero esta rutina o círculo vicioso encierra una paradoja: no hay idea más brillante que la que pone en duda todo nuestro entorno. Las películas no salvan vidas, no son abogados ni médicos, pero sí pueden curar y también pueden abrirnos los ojos respecto a muchas cuestiones. Con el cine tomamos conciencia, pero eso nunca lo sabrá la mujer que trabaja a destajo y escucha Lady Gaga en su Ipod.

El cine es una arma de futuro, dijo alguien. Creo que el cine puede fortalecer una sociedad, identificarla y hacerla más sólida. ¿Nadie se ha parado a pensar por qué sólo vemos películas de los países del primer mundo? Cataluña no necesita 'cine en catalán' sino un 'cine catalán' que cuente lo que ocurre 'aquí' y 'ahora'. Nunca será símbolo de la catalanidad que Harry Potter sustituya el 'adéu' por el 'goodbye'. Tampoco de la españolidad con el 'adiós' de cortesía. Es una auténtica lástima que los Goya no tengan en cuenta el cine catalán cuando éste vale la pena (nos referimos a Recha, Lacuesta, Pons, Portabella o Serra), pero también entristece que la Academia de Cine Catalán demuestre con sus recién estrenados Premios Gaudí que la política está por encima del cine al mostrarse amiga de los ideales de ERC. Con la excusa de la política, queremos que Cataluña pueda cursar para los Oscar, y esto, que es una anécdota casi divertida, esconde unas intenciones separatistas totalmente repudiables, como repudiables son las milongas y los discursos fáciles que se hacen en el resto de España en contra de Cataluña. Cosas que, en todo caso, desconoce la ciudadana prototítipica de antes: ya viva en 'Cataluña país' o en 'Cataluña comunidad', ella irá a trabajar al día siguiente como la que más. Ya ven: tanta palabrería y lucha para nada.



Me apena profundamente que la ciudadanía opte por ver Eclipse y no La cinta blanca: realmente creo que promocionando películas como la segunda lograríamos un mundo mejor. Pero las cosas son así y el conjunto social lo quiere. Las leyes deben adaptarse a las necesidades de la gente de a pie y está comprobado que la gente no quiere ver cine en catalán porque siempre que se ha intentado proyectar una película con ese sistema el número de espectadores ha sido paupérrimo. En todo caso, la ley afectará más a películas como La cinta blanca que a Eclipse... vaya, pringarán los de siempre. Si se quiere hacer una ley a favor del cine, ésta solo puede pasar por la versión original subtitulada. Miren: La Uno dobla las películas catalanas al castellano y TV3 dobla las películas castellanas al catalán. ¡Menuda tontería! Vivimos en un mundo globalizado, interconectado... y por vía doblaje queremos hacer diferencias sociales y territoriales. Si Cataluña va a pique en cuestión de cine, también lo hará el resto de España. No me importa ser catalán o español, aunque creo que soy las dos cosas: quiero ver cine, eso es lo único que me importa. El 80% de las películas que se exhiben en los festivales internacionales no llegan a las salas, pero ese dato no importa. No a los políticos. Tampoco a esa mujer antes citada.



3. UN FUTURO MUY NEGRO

Leí en algún sitio que, de encontrarse el nuevo Almodóvar, ese imaginario joven realizador no podría dirigir porque el sistema no encontrará prioritario la financiación y la realización de películas. ¿Acaso era prioritaria la medida contra el burka, aunque en el fondo me parezca correcta? Si ese nuevo Almodóvar no llega a conocerse, parte de España morirá con él: se perderá un legado mayor a cualquier rifirrafe lingüístico o interés electoral. A día de hoy no puedo ver el cine que quiero porque el multicine de mi pueblo sólo proyecta la basura americana que todos saben. Las descargas suponen un alivio y, aún así, se me impide el acceso a muchas películas interesantes. ¿Qué solución propongo para evitar mi problema personal y el problema general? Que Bob Esponja se emita en inglés con subtítulos, que se gaste el dinero en becas y no en cheques bebé: es una cuestión de educación. Está visto que las sociedades más avanzadas hablan más de un idioma. Yo, como catalán, hablo dos, estudio tres más y aspiro a dominar muchos otros. No quiero ver cine 'de una única forma', ni en 'catalán' ni en 'castellano': el doblaje roba al actor parte de su trabajo y empobrece la diversidad. El ciudadano danés habla su idioma e inglés y siente los dos como propios. Nosotros, en cambio, tenemos muchos idiomas en juego y nos peleamos por elegir uno. Me da igual que a la ciudadana de antes no le interese el tema: algo está ocurriendo y debemos encontrar una solución.


En la fotografía ven el cine más grande de la provincia de Tarragona. Esas son las taquillas donde hice cola para ver La cinta blanca y donde este fin de semana harán cola muchos espectadores para ver Eclipse. Si no se consigue un pacto entre todas las partes, puede que los multicines cierren de forma masiva. No interesa sacar el tema a escasos meses de las elecciones, pero pasado 2010 ya hablaremos. Y sin cine, muere un país, eso que reivindican muchos para Cataluña. Y sin cine también morirá este blog que, excepcionalmente, confiesa estar desanimado y muy enfadado. El futuro dirá.