Moon me ha descolocado, y esto, en los tiempos que corren, ya es mucho. Lástima que Duncan Jones no haya incluido la magna
Space Oditty en su banda sonora para demostrar que es hijo de David Bowie (o sea, uno de los mejores cantantes de todos los tiempos). Es difícil averiguar la importancia que tendrá Jones en un futuro como cineasta, pero va por buen camino.
Moon respira una apropiación descarada y personal de ciertos mitos del género fantástico, mención especial para un envoltorio que respira y suda Kubrick a granel. La película no se sitúa ni en la ciencia ficción ni en el drama: parece el esquema de la versión espacial de
Perdidos (hay una escotilla secreta dentro de otra escotilla, un Desmond enamorado y una utópica Penélope en radioconferencias espaciales). Sam Rockwell se desdobla en una película que despista, que se construye a partir de una trampa de guión digna de ser descubierta.
Moon es modesta, pequeña, sólida, clara, enigmática y onírica, abierta a sabrosas teorías y nuevas revisiones. Es una idea brillante con un resultado irregular, aunque excitante; una mirada crítica hacia la oscuridad de una multinacional ficticia. Un mágico viaje al satélite por excelencia que apunta a las estrellas de los títulos de culto. El disparo de salida fue en Sitges; y la confirmación, la incomprensión del público (apareció y desapareció de la cartelera a la velocidad de los meteoritos).
Algunos de sus fotogramas ya forman parte de las paranoias más brillantes del año, sobre todo su inicio y final a contracorriente. Seguro que Bowie, enamorado de
2001: Odisea en el espacio, está más que orgulloso de su retoño.
Tal vez demasiado espesa en sus momentos más truculentos, Moon desmonta con gracia cualquier expectativa previa. La humanidad del robot, las negras artes de la empresa Lunar, la soledad del astronauta (un ser humano real y cercano, un Rockwell acertado en todos sus planos y registros) y el diseño de un espacio azuloscurocasinegro (no hay regodeo en los planos exteriores ni obsesión alguna por cumplir con las leyes de la gravedad). Rara avis a ratos sublime a ratos desquiciante. Verla en el cine es una aventura cósmica imposible, pero merece todas las descargas del mundo, ya sea para bien o para mal. El casillero del Cineranking está recogiendo las primeras discrepancias, notas que van del aprobado pelado al excelente fervoroso. No hay duda que sentimientos así solo pueden venir de obras de arte.
Nota: 8