
Para empezar, una regla de tres:
si Juno y Entre Copas tuvieron su sitio de honor en los Oscar, nada debería impedir que 500 días juntos consiga una nominación al mejor guión original más que justa. Es difícil ser original, y más cuando se trata de terrenos tan trillados como la comedia romántica. El protagonista de estos retales de amor y desespero lo demuestra: al creerse el discurso de las comedias norteamericanas, su relación con Summer está destinada al fracaso. Y tiene marca de caducidad:
500 días, cuenta a delante y hacia atrás que pauta la que al final es una colección de momentos alegres, agradables, energéticos. Tampoco debemos exagerar, aunque podría decirse que
500 días juntos es todo lo buena que su género y contexto le permiten. En un momento donde nadie inventa nada, detectamos toques seriéfilos, elementos con esencia
Amélie y homenajes a cintas del género, aunque los protagonistas solo vayan al cine para recuperar otro tótem del amor atípico:
El graduado. Como toda obra que se forma de pequeños trozos, situaciones y diálogos, hay minutos más brillantes que otros. El final es una lógica conclusión, pero también dulzona (el guiño otoñal descoloca). En el lado de las magnas ideas están el número musical post-sexo, una pantalla dividida entre 'realidad' y 'expectativas', y un inicio impoluto (presentación irreprochable que ya querrían para sí Kaufman, Jonze y otros reyes de lo raro). Sin entusiasmar, confirmamos
500 días juntos como título indie del año con unos actores que enganchan: la mirada de Deschanel conecta con otro mundo y la belleza austera Joseph Gordon-Lewit da en el clavo. Futura divinidad para nerds y enamoradizos de toda la vida.
El bar pequeño pero animado, el Central Park, Nueva York con sus rascacielos, viajes de tren con sorpresa, bodas que presagian futuros enlaces, obsesiones por una compañera de trabajo, amigos que sirven de paño de lágrimas, colección de peleas y reconciliaciones, conversaciones de música, cine y arquitectura... La citada El graduado, el mejor Woody Allen, el Disney más adulto, series como Como conocí a vuestra madre, Friends o Sexo en Nueva York y la nueva corriente de la risa indie (Apatow a la cabeza) son las bases, también las fuentes, de esta hora y media de nivel. Ello debería aligerar los aplausos de cierta crítica, y ello no debería poner travas a un disfrute sano, para nada hiriente, sin humor verde, sin ínfulas políticas ni demasiadas pretensiones. Ahora que parece imponerse el amor anacrónico, idílico y postizo de Luna Nueva, debe reivindicarse una obra que respeta la tradición y que innova lo suficiente como para no perder fuelle en nuevos visionados. ¿Estará en el podio del Cineranking?
Nota: 7