viernes, 20 de julio de 2018

CRÍTICA | ¿QUÉ HORA ES?, de Tsai Ming-liang


¿QUÉ HORA ES? (NI NA BIAN JI DIAN)
Taiwán, 2001. Dirección: Tsai Ming-liang Guión: Tsai Ming-liang y Pi-ying Yang Fotografía: Benoît Delhomme Reparto: Lee Kang-Sheng,  Chen Shiang-Chyi,  Miao Tien,  Cecilia Yip,  Chen Chao-Jung, Arthur Nauzyciel,  David Ganansia,  Jean-Pierre Léaud, Tien Miao Género: Drama Duración: 116 min. Tráiler: Link.
¿De qué va?: Un joven vendedor de relojes cuida de su madre enferma y malvive en el bullicio de Taipei. Un día, conoce una chica que le pide un reloj que le dé la hora tailandesa y francesa. Antes de que la desconocida viaje a París, entre los dos surgirá una relación muy especial.



A decir verdad, perdí la pista de Tsai Ming-Liang hace una década. He sabido de sus últimos proyectos gracias a su presencia en festivales pero en España su difusión ha sido mínima. Por ello, volver a ver ¿Qué hora es? ha sido un pequeño acontecimiento personal, la prueba de que el taiwanés merece, al menos por parte de este blog, la mayor de las atenciones posibles. Ming-Liang homenajea a Truffaut, convierte a su protagonista en nuevo Antoine Doinel y filma una historia que grita, aunque lo haga en silencio, la desesperación de una sociedad que parece vivir en espacios y tiempos irreales. La película está tocada por una modorra extraña, como si sus fotogramas discurrieran entre el sueño y la vigilia. París se une con Taipei, las viejas tradiciones colisionan con los principios capitalistas, incluso los muertos conviven con los vivos. Ming-Liang propone una trama dilatada que cuenta poco en un sentido literal, aunque encierra todo un mundo de lecturas y texturas. Cine formalista, no apto para impacientes. Más asequible que las ficciones de Apichatpong Weerasethakul y sin duda más actual que los discursos de los grandes místicos europeos, aunque sus fantasmas, como el del director de Los cuatrocientos golpes, también sobrevuelan los humores, las extravagancias y las atmósferas de la película. Allá donde el cine moderno ha pervertido los dispositivos del cine romántico y la ciencia ficción, Ming-Liang propone una obra que bordea esos géneros y los trasciende. Quien escribe está en estos momentos poniendo en hora su reloj cinéfilo: ver al completo la filmografía de Ming-Liang es un deseo, casi una necesidad, puede que una obligación.

Crítica escrita por Xavier Vidal


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