martes, 2 de junio de 2009

¿LIBRO O PELÍCULA?

Durante estos días habrán podido escuchar comentarios tales como "la peli de Ángeles y demonios es mejor que El código Da Vinci", "prefiero el libro de Dan Brown a la película" o "quiero ver la nueva de Harry Potter, aunque seguro que no supera el libro". La sociedad, todos críticos y espectadores, crea estigmas a la babalá, de forma que el colectivo interioriza ideas generales que, por aceptadas y falsas, devienen prejuicios. La moda de llevar a la gran pantalla los libros de turno (superventas, no literatura de altura) ha fraccionado nuestra mirada y ha alterado nuestras palabras. Se abre ante nosotros un ámplio abanico para el estudio de una película: citar el material nuevo a partir de otro, casi siempre conocido por un amplio número de personas. ¿Qué debe hacer el crítico: leer el libro para poder ver la película o olvidarse del soporte literario, centrándose directamente en el film y evitando comparaciones odiosas, contaminaciones artísticas? Nuestra forma de ver y de leer no es ingenua, está alterada por una tradición, una sociedad y unos cánones añejos. Nacemos con la capacidad de ver, pero leer implica un esfuerzo, un conocimiento mayor; de aquí que el libro, siempre de prestigio, sea mejor recibido que la película.La sociedad entiende que un film es accesible a todo el mundo. Se equivocan.



El fan del libro debe aceptar que el lenguaje cinematográfico es diferente al literario (sin embargo, hay cine poético y cine en prosa) y que el director, los actores y demás profesionales tienen la obligación de crear una buena obra, no una buena adaptación del material escrito. Amamos el arte y, din darnos cuenta, tiramos piedras contra su propio tejado: querer una adaptación cinematográfica fiel al libro, un peplum de cinco horas que resuma cada detalle y subtrama del texto, es inmoral, antiartístico. Algunos cineastas accederían encantados (para eso existe el término 'director de encargo'), pero el espectador con criterio no puede celebrar tales prácticas. Para analizar una pieza artística hay que establecer una distancia: no dejarse cegar por nuestros gustos y fanatismos, olvidar referentes anteriores y acercarse a la obra como elemento independiente y pieza global (dentro de la filmografía de un autor, actor o contexto histórico). Las interpretaciones, nuestra mirada, las posibles interpretaciones aumentan, crecen, evolucionan. Ante la variedad, el crítico debe mantener su estatus: todo el mundo es libre de dar su opinión, pero no todos gozan del raciocinio, criterio y estilo suficiente. Demasiado centrados en ver muchas películas (no es lo mismo ver películas que ver cine: las connotaciones cambian), no nos hemos percatado de que nadie nos ha enseñado a ver una película. El acto de ver no es tan fácil, incluso el sencillo aleteo de una mariposa precisa estudio. Ver e interpretar. El qué y el cómo. La filología, la filosofía y el cine. Estamos perdidos en la traducción, en la interpretación. No existe solución: basta con darse cuenta del embrollo.

El post inaugura una nueva sección: CINE Y LITERATURA.

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