Es muy difícil escribir una buena comedia, y más si se trata de una 'comedia adulta'. Hay muy pocos que saben hilar un humor elegante, cotidiano y cercano. Woody Allen es el eterno maestro de la materia, y lo seguirá siendo hasta que no haya un nombre sólido que lo releve. La nueva comedia americana indie ha abierto nuevas puertas y no costaría imaginarse a Jason Reitman como el nuevo maestro de la comedia con chispa, pero otros títulos muy aplaudidos como Pequeña Miss Sunshine o Juno no dejan de ser el mismo contenido con diferente envoltorio. Así como están las cosas, no es extraño que la categoría de comedia de los Globos de oro se llene cada año de títulos e interpretaciones mediocres que bien merecen una amonestación de sus compañeros en los apartados de drama (en todo caso habría que recurrir a las series yankis para reirse a gusto y de lo lindo). Nada evitará que Crazy Stupid Love aspire a ese premio, como nada debería impedir que el galardón vaya para la deliciosa Midnight in Paris del maestro neoyorkino. Aunque su reparto merece mil y una reverencias, aunque (no vamos a ser tan duros) hay algunos 'golpes buenos' y aunque siempre resulte estimulante ver el rostro llorón de Julianne Moore, la melancolía cómica de Steve Carell, la chulería de Ryan Gosling o (porque es mi debilidad) a Marisa Tomei haciendo de Marisa Tomei, esos tres conceptos de 'estupidez', 'locura' y 'romance' nunca se entremezclan con agilidad. Empieza bien: impecable presentación de personajes. Continúa un tanto peor, pero ahí está Gosling desnudándose para provocar desfallecimientos en la platea. Eso sí: acaba por los suelos, con un parentesco familiar sacado de la chistera de un mago sin recursos y un (esperable, inevitable) reencuentro conflictivo y luego conciliador entre todas las partes implicadas. Francamente, se esperaba mucho más de la que tenía que ser 'la comedia del año'. Y a falta de nuevos inventos, mejor volver a lo de toda la vida: por méritos propios, pero también por una alarmante ausencia de competencia, Midnight in Paris se impone como la mejor comedia del 2011. Sin discusión posible. Y es una lástima, porque ese exquisito elenco de actores sólo necesitaba un buen guión para brillar. Tiene lo justo para justificar los eurillos de la entrada. Reordenemos el título: amor hay, cómo no, pero es más 'stupid' que 'crazy'. Lo que se dice aspirar a la matricula de honor y acabar con un cinco pelado.
Nota: 5
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