lunes, 14 de junio de 2010

LA APATÍA DEL CINÉFILO


El verano presenta algunos inconvenientes para los cinéfilos. El mayor: asistir al asedio, acoso reiterado, bombardeo doliente de producciones, superproducciones y películas de gran presupuesto que gobiernan la cartelera y la taquilla. No importa que haya crisis porque los dictadores siguen siendo los mismos de todos los años. Ya es hora de decir que este 2010 está siendo malo, o al menos un tanto peor, respecto otras cosechas anteriores. Y lo es porque hay demasiadas secuelas, refritos y reinventos que aburren al personal. Es una lástima que Robin Hood y Alicia en el país de las maravillas, dos de los éxitos por excelencia de este primer semestre, sean adaptaciones literarias y a su vez adaptaciones de otras tantas adaptaciones cinematográficas previamente realizadas (curiosamente, las dos tuvieron su versión Disney). No hemos avanzado porque no hay nada que dé más pereza que ver Shrek 4, la nueva (¿nueva? es un decir...) Un funeral de muerte, la enésima tontada de Crepúsculo, Pesadilla en Elm Street, Noche y día, El equipo A, Salt, The Karate Kid o Resident Evil 4. Siempre tendremos que destacar la excepción de Toy Story 3, pero el panorama no está para demasiadas licencias. Es el verano de la crisis, en todos los sentidos; y siendo benévolos, tal vez sarcásticos, la crisis de la inventiva, la crisis de la sequía de ideas, la crisis de la tiranía y la influencia de las majors que pican y duelen pese a la crema protectora.


Estando así las cosas, parece que no hay nada más interesante que volver al pasado. Ahora que se acaba la década, es más atractivo volver a ver (revisar, disfrutar) títulos como Mulholland Drive. Volver sobre nuestros pasos: buscar lo original, no los imitadores. No hay nada más atractivo que una tumbona y una película de Buñuel, Polanski, Von Trier o Haneke. Debe ser la nostálgia de la década que se acaba, pero uno tiene más curiosidad por descubrir lo que se rodó que lo que desgraciadamente se está rodando hoy en día. Seguro que cualquier pieza del Decálogo de Kieslowski (recién editado en dvd) supera a un estreno de nueva factura. Seguro que nos reímos más con alguna de las primeras obras de Almodóvar (ahora reeditadas en condiciones) que con otras comedias de estreno. Y seguro que lo poco interesante que llegará (Air Doll, Villa Amalia, Conocerás al hombre de tus sueños, Madres & hijas) lo hará de forma minoritaria, con un trato injusto, víctimas del atasco del tránsito cinematográfico. Siempre tendremos que destacar la excepción de Inception o Airbander, pero, de nuevo, poco más se puede rascar. Este es el verano, por lo tanto, del mojito y las descargas, porque ésta será la única gasolina de los pocos iluminados que vayan a contracorriente. Será el estío del transistor sin canción del verano. Y televisivo, porque las nuevas temporadas de Weeds, True Blood o Mad Men parecen el mejor refrigerio contra los termómetros. ¿Y cómo atreverse a nadar en dirección contraria si las playas están demasiado llenas?


No queremos un verano artificial. Habrá que recuperar Las horas del verano de Assayas para ser conscientes del paso del tiempo. Quiero Un verano en la provenza o un Verano en Berlín, tal vez volver a esa Primera, verano, otoño, invierno... y primavera. Vivir Un verano diferente, como el que tuvo Kikujiro en la excelente película de Kitano. Sé lo que hicisteis el último verano, y temo que también sé lo que se hará en éste, al menos en el cine. Busquen cobijo en las sombrillas más grandes. Ver buen cine en verano es complicado. Este año lo será aún más. El cinéfilo tiene calor y apatía... y no le faltan motivos.