
Lo mejor de
Los hombres que miraban fijamente a la cabras es su título. Para disfrutar de esta película se precisa unos niveles de estupidez intrínseca o fingida que este analista no puede asumir. Sí, está Clooney, McGregor, Bridges y Spacey. Sí, se intenta satirizar el estamento militar y todo lo relativo a la guerra de Irak (¿no es Bridges el contrapunto cool y flipy del sargento de
La chaqueta metálica?). Y sí, pueden establecerse conexiones con algunos títulos de los Hermanos Coen, incluso puede verse como el reverso desenfadado de
The hurt locker. Pero me molesta su narrador sabelotodo, su altanería, su condición de 'Mortadelo y Filemón en el extremo oriente' sin gags que merezcan media sonrisa. Si ellos miran las cabras, servidor se queda cabreado porque la película confunde dónde empieza y acaba lo divertido (algo parecido le sucedía a
Tropic Thunder, quintaesencia prepotente del mal gusto... que, obviamente, encanta a ciertos sectores). No puedo sentir empatía por un McGregor marginado por su mujer (ojo, la Charlotte de
Perdidos) como tampoco me atrapa su aventura bizarra. Y como la crítica tiene la manía de aplaudir todo lo que sea diferente,
es hora de recalcar, subrayar, destacar, gritar, enmarcar con un gran panel de luces de neón que Los hombres que no amaban...; perdón, Los hombres que miraban fijamente a las cabras es tan difícil de pronunciar como fácil de olvidar. Vaya, lo que el diccionario define como 'malo, truño, churro, bazofia, refrito de refritos o rollito de primavera sin salsa agridulce'. Carne de Razzie.
Es un peligro ir de 'comedia inteligente' cuando el contenido es más que insulso. Dirán que la película es 'agradable, corta, ligera, elegante, original'... pero todo serán eufemismos, rodeos para no catalogar la película como la 'chorrada, tontada y pérdida de tiempo' que es. El club de los militares muertos, El gran Lebowski 2, Moulin bluf, Up in the desert o American Dirty, según el actor que escojamos, podrían ser otros títulos posibles. Le pedimos a su director Grant Heslov un cambio de oficio, de nombre... un exilio directamente. Y al lector de esta misiva, que no se gaste 5 euros en la entrada, ni tan siquiera 5 segundos de descarga. Por contra, utilicen este pastiche infumable como narcótico. Puede que sea el peor argumento del año. Para tardes tontas. Muy tontas. Tontísimas.
Nota: 3