La figura de Alejandro Amenábar se presta a la broma constante. Existe un cómic satírico sobre su figura, los comentarios dilapidarios que le regala Jordi Costa cada vez que puede son para enmarcarlos, y por youtube corren algunos cortometrajes sobre su persona y cine que no tienen desperdicio. El pobre Amenábar lleva más de dos años sin dar señales de vida, si bien la realización y promoción de Agora debió dejarle exhausto. El que en teoría tenía que ser el nuevo enfant terrible del cine español solo ha dirigido 5 películas, un número nada desdeñable pero insuficiente si tenemos en cuenta lo mucho y bueno que se habló y se sigue hablando de él. La posibilidad de que Amenábar haya decidido vivir de las rentas obtenidas por Los otros y Mar Adentro es día a día más plausible. Puede que, por el contrario, la deuda económica que contrajo con Agora haya sido un duro golpe en tiempos de crisis económica. Quizás ha vuelto a Chile con un único billete de ida y no vuelta: intuímos que la estantería de premios se quedó en Madrid. O tal vez la presión del papel en blanco (que es mucha, y que este blog respeta sobremanera) pesa como una losa para alguien del que se espera mucho. Hay que reconocerlo: aunque todas sus películas son interesantes (unas más buenas que otras como es lógico, algunas de culto, una en concreto la mejor ópera prima nacional en años, y al menos tres que son referentes culturales de este país), Amenábar ha cometido el error de meterse en camisa de once varas al ir más allá de lo estrictamente cinematográfico y querer que sus obras sean estudios o tesis doctorales de temas como la eutanasia o la antigüedad. Amenábar, quien escogió a Rachel Weistz para el papel de Hypatia porque 'tenía una carrera universitaria', el mismo que aseguró no haber terminado Ciencias de la información. La duda de si es un friki de cuidado o un genio en potencia sigue latente. Pero el camino se hace andando, y lo último que sabemos de Amenábar es que asistió a la boda de Alaska y Mario Vaquerizo, todo retransmitido desde el surrealista docurreality de MTV España. Sin contar que la noticia de una nueva película con Bardem fue una broma del día de los inocentes. ¿Habrá apuntado todo esto en su currículum?
Hace poco un profesor me comentaba que según su opinión el cine de Amenábar retrata la España del futuro mientras que Almodóvar está anclado en el presente. ¡Menudo desatino! Amenábar revisitó el peplum, género nada actual. Mar adentro es moderna por el tema, no por el tratamiento de ese tema. Seguro que mi profesor no vio las películas ochenteras de Almodóvar ni supo apreciar su rabiosa modernidad, porque todavía ahora ¡Qué he hecho yo para merecer esto? o Entre tinieblas divierten y escuecen como el primer día. Pero el gran error de mi profesor estaba en la propia comparativa: no se puede establecer un nexo entre alguien que ha dirigido cinco films y otro que ya va por su título número diecinueve. Porque durante mucho tiempo, ni que fuese por la parecida sonoridad de los apellidos, se ha comparado a Amenábar y a Almodóvar en una especie de lucha morbosa de a ver quién gana a quién. Titulares de medios de comunicación que ni la cinefilia ni los propios implicados tienen en cuenta. Aún así, Amenábar suma enteros para ser el perdedor de esa insustancial batalla: ¿ocurre algo que no sepamos , o 'le' ocurre algo, que justifique este silencio? Esperemos que Amenábar vuelva pronto (ese es el riesgo de escribir un post de este tipo: como la próxima semana tengamos datos de su nuevo proyecto...). Es difícil saber quién es Alejandro Amenábar. Ahora nos preocupa saber qué fue de él. El cine español no puede permitirse el lujo de echar a perder un talentazo como el suyo, y más cuando Medem o Díaz Yanes no pueden levantar nuevas películas por falta de financiación. Lo decimos en broma pero con cariño: ¡Amenábar, manifiéstate!