

René es un profesor de dibujo que vive dando clases a niños pequeños. Una de sus alumnas aparece estrangulada y todas las sospechas recaen sobre él, la última persona que vió a la pequeña con vida. Esta excusa argumental es el contexto perfecto para explicar varias historias de amor fou y crímenes: la relación del pintor, un lisiado con heridas, y su mujer, una enfermera contradictoria; la aventura amorosa de nuestra enfermera con un escritor de éxito, siempre orgulloso, repelente, altivo; la nueva actividad de la comisaria, una recién llegada al pueblo y una Valeria Bruni Tedeschi emulando el oficio y la estética de Danah Scully; y el día a día de todo el pueblo: las conversaciones en las tabernas, la inauguración de un teatro o la televisión local como marco perfecto del horror. Hay un asesino, pero los pecadores son muchos: tan culpable es el que mata como el que encubre, el que chismorrea como el que acusa. La nómina de diablos es inmensa y todos tienen el rostro de grandes actores: Sandrine Bonnaire, Jacques Gamblin y Antoine de Caunes entre un largo etcétera. ¿No tienen curiosidad por desentrañar este expediente X?

Lo que otros hubieron filmado como mera trama televisiva, Chabrol logra un cine sutil de alma social. Sus seres son oscuros y el espectador sentirá durante todo el metraje una asombrosa sensación de asfixia. Vuelven las familias taradas, la burguesía corrupta y corrompida que tanto le gusta contemplar al maestro. No llega a la altura de La flor del mal y tampoco es tan subversiva como La ceremonia, pero el corazón, servido frío y sin entrantes, es un plato duro, ahora una delicia que conserva su sabor once años después. Acérquense a esta red de mentiras.
