viernes, 4 de septiembre de 2009

LOS MULTICINES: ¿UN CONCEPTO ERRÓNEO?

El boom de los multicines nos queda muy lejos. El momento en el que nacieron es totalmente diferente al actual, más variado y competitivo. Las salas de antes, el sistema de proyección de toda la vida, parecen asistir a una nueva revolución, a un cambio que afectará a las propias salas y a los servicios de los mismas. Un amigo me comentó que había ido a un cine cuyas salas tenían sillas móbiles; o sea, la butaca giraba y vibraba en función de lo que se veía en la gran pantalla. Ni qué decir que el servicio, como el 3D, es ligeramente más caro. Solo nos falta un Mickie tamaño natural vendiendo globos para determinar que los cines del futuro van camino de ser un parque temático. Aunque dé miedo decirlo, todo menos cine, al menos cine en mayúsculas.



Pero este no es un escrito sobre el futuro de las multisalas, sino sobre el presente. Es cada vez más habitual ver una misma película proyectándose en más de una sala, un mecanismo con el que se intenta absorber la demanda que presentan las grandes superproducciones durante sus primeras semanas de exhibición. Ello supone una competencia desleal para los edificos antiguos de una única sala: mientras que el multicine ofrece Up cada media hora, un cine modesto solo puede proyectarla en función de la duración de la película, sin contar el tiempo que el personal invierte en limpiar la sala. Después, cuando vemos las excelentes cifras de taquilla de Up, no nos percatamos que la cinta jugaba con una campaña publicitaria mayor y un también mayor número de sesiones (o sea, posibilidades para ver la película). De vuelta a la normalidad, calmada la sorpresa de los primeros días, Up reduce su número de copias y se sitúa en los niveles de sus competidoras. Hay una verdad que a veces no recordamos: la cinta que más gana es también la que más ha gastado (en rodaje, marqueting, etc.). Los beneficios finales, aunque superiores a los de cualquier producción modesta, no son tantos.



Esta práctica debería hacernos replantear una cuestión: ¿los multicines son realmente la forma más eficaz para exhibir cine? Porque si la gente quiere ver Up y solo Up, es estúpido construir pequeños cubículos y aumentar el número de copias. ¿No sería mejor construir salas pequeñas y otras muy grandes? Los multicines, por su arquitectura, aportan una falsa sensación de democracia: un espectador tiene acceso a muchas salas donde se proyectan muchas películas. El abanico de posibilidades es considerable. Pero, en el momento que los espectadores se reparten entre pocos films, las formas del multicine devienen obsoletas. No parece haber solución: de reducirse el número de salas, las posibilidades de distribución de films indies o no norteamericanos se reducirían; de seguir con el mismo sistema, el espectador podría acceder a su cinta favorita sin problemas, aunque tenga que verla incómodo en una sala a rebosar o en una platea totalmente desierta. El deber moral (proyectar según qué películas a sabiendas que no tendrán mucho público, aunque seguramente sean las mejores; proyectar un film en varios idiomas, cuando sabemos perfectamente qué opción es la mayoritaria) y el factor económico (adaptar los cines a los gustos y las películas predilectas de los consumidores, aunque seguramente sean las peores): ¿qué camino tomar?

7 comentarios:

albertaco dijo...

excelente reflexión sobre la situación de los cines actuales...Felicidades!!!!!!!!

Oscar Torrado dijo...

Excelente artículo!

Odio cuando en un solo multicine se proyectan dos y hasta tres veces la misma película!

Mariano Masci dijo...

Estoy de acuerdo con la mayoría de tus reflexiones acerca de este tema. Pero siento que te has saltado un punto muy importante: El capital del que disponen las distribuidoras y los institutos de cine de cada país. Sucede por ejemplo que en el caso de Argentina, el INCAA (nuestro instituto) no se encuentra financiado por el Estado (aunque tampoco debería estarlo) y el magro capital del que dispone no alcanza para comprar todas las cintas que el mismo quisiera. Además al comprar una cinta, las distribuidoras e institutos se arriesgan a sabiendas, a que dichas películas no recauden dentro de cada país lo que se ha gastado en comprarlas para su distribución. Por lo tanto, es así que las distribuidoras e institutos optan por comprar esos filmes que seguramente cubran en recaudación aquello que se ha invertido en traerlas a la gran pantalla. Por ejemplo: Acá en Argentina a veces ni siquiera comprar películas como "Frozen river", "Into the wild", "Across the universe" o "Camino", por el simple hecho de que ningun canal de TV invertiría dinero promocionándolas, ya que son a sabiendas filmes que no cumplen con los gustos del expectador promedio. En fin: creo que la culpa al fin no es de los multicines, sino de la situación económica de cada región, lo que imposibilita que muchas películas lleguen a puertos locales.
Saludos!

satrian dijo...

Al principio esperaba que al menos así podría ver alguna película que de otra forma no vería o solo duraría una semana en cartel, pero mi gozo en un pozo, cuando me dí cuenta que lo único que hacían es repetir la misma película en varias salas.
Aun así al menos tengo un cine, que permite que esté yo solo viendo la película, como me ha sucedido alguna vez, no como antes que si no se superaba un aforo no se emitía la película, hace muuuucho tiempo.

Lucifer, Becario del Mal dijo...

¿un concepto erróneo? pues para el negocio de los distribuidores claramente no. Me gustaría que cada cine tuviera una sala pequeña de 15 personas y proyectara tres rarezas diferentes cada fin de semana, aunque la entrada costara el doble.

Pero los cines no compran las copias sino que las alquilan por días o semanas [tampoco es un alquiler normal, es un contrato de explotación más complicado]. Y vale más o menos lo mismo. alquilar "UP" que "canibal party 7" ya que se paga por bobina, no por lo caro del proyecto o su expectativa de ventas, o almenos las diferéncias no son del orden de 1000:1 que es la diferencia de público entre el estreno del año y la obra de culto del siglo que viene. Y las salas de pueblo solo pueden proyectar lo más popular o simpemente se hunden.

Para cambiar el sistema las salas de cine tendrían que pagar por cliente y no por tiempo, pero este sistema es inviable porque no se puede auditar la asistencia a una sala de Cornellà desde Hollywood, y porque la reproducción de las copias en laboratorio vale una millonada.

No es que me guste pero así estan las cosas. Almenos los DVDs van tirados, se pueden alquilar, hay practicamente de todo y lo que no se compra en Amazon o Ebay.

mge dijo...

Tu lo has dicho: "una falsa sensación de democracia".

Por suerte acá en Argentina hay algunos cines indies que sobreviven a la tiranía del mercado.

Saludos.

Pabela dijo...

Bueno, es lo que siempre dije... y después se quejan de que la gente baja pelísulas de internet??!! qué charada!. En cuanto a la distribución, como dice mge gracias a Dios que sigue habiendo salas que resisten, encuentros de cine, etc. Evidentemente en Buenos Aires debe haber mucho cinéfilo porque esos espacios se llenan... pero a las multisalas no les importa y si lo hiciesen son una franquicia asique ni se molestan en cambiar la cuestión de lo que proyectan.
En cuanto al INCAA, dejenme aclarar que no es un insituto de distribución sino una entidad DEL gobierno argentino encargado dela promoción, difusión y apoya de realización de cine argentino. El INCAA, o sea el gobierno, acá muchas veces pone plata para poder realizar cine. No serán grandes subsidios o créditos (que no es lo mismo, otorga ambos) pero es algo que en muchos países sobretodo latinos no hay. Y la promoción que hacen de esos films a veces es muy certera y exitosa,no siempre, pero bueno.
Gran post, Xavi!