- Porque nada falta ni nada sobra: todos los diálogos y momentos tienen un significado escondido, una sutileza inaudita. Los abrazos rotos es fondo y forma.
- Porque sabe aunar el drama con pequeños gags cómicos, siempre coherentes, efectivos y para nada gratuitos. Almodóvar domina el arte de escribir y sus guiones tienen una fuerza increíble.

- Porque la cinta nos regala tres escenas de sexo sublimes. Almodóvar dice mucho con muy pocos elementos (ese pie, esa sábana a modo de prisión, esa pasión desbocada...). Tras el barroquismo del estilo, se esconde un juego de pequeñas grandes ideas.
- Porque Ángela Molina, síntesis e imagen de la madre Almodovariana, se merece un camión de goyas con su pequeña pero vital interpretación. Una actriz grande, muy grande.
- Porque la fotografía, la dirección artística y la música son sublimes analizándolas en conjunto y por separado. Almodóvar juega con muchas piezas y al final gana la partida. Alberto Iglesias va camino de su enésimo goya.

- Porque los personajes están vivos, son coherentes y nos invitan a un contínuo debate, a una reflexión que no termina. Excelente Blanca Portillo (el momento monólogo, aunque forzado, es fascinante) y guapísima Penélope Cruz.
- Porque los últimos diez minutos son tronchantes. Ese teléfono, esa cama, esa maleta, esa Carmen Machi y su magdalena... de visionado obligatorio.
- Porque Almodóvar nos regala algunas de las escenas más bellas de toda su carrera (la confesión de Lena a cámara, el abrazo en la playa de arena negra, las manos que tocan el último beso, etc.).

- Porque Almodóvar se declara director de historias, creador imparable, escritor de imaginación eterna. Almodóvar propone varias películas en Los abrazos rotos (mención especial para Dona Sangre... mucho mejor que Déjame Entrar, jj.) y nos demuestra que tiene cuerda para rato.
- Por el alter ego del director, ese Mateo-Harry Caine que viaja en el tiempo y en el espacio. Gran personaje, de lo mejor que haya ideado nuestro manchego.
- Porque la película está recibiendo y recibirá palos por todos los sitios. Su condición de obra menospreciada elevará su leyenda.
- Por ese cartel estilo Andy Warhol. ¡Me pido una para mi habitación!

- Porque el personaje de Ray X, variante negativa del cine, víctima y verdugo del relato, es excelente. Rubén Ochandiano eleva este esquizofrénico personaje al olimpo almodovariano.
- Porque mejora al verla por segunda vez, algo imposible en el 99% de títulos actuales.
- Por tener un plantel de secundarios excelentes (Rossy de Palma y su momento escalera, Chus Lampreave y su reivindación del sexo, Machi y su singular concejala, Kiti Manver y su madame de cuento... incluso Agustín Almodóvar, omnipresente jardinero). ¿Quién da más?
