
Ángeles González Sinde, nueva Ministra de Cultura, recibió su primer día de mandato críticas totalmente gratuitas por parte de algunos sectores y páginas web, todas ellas alegando que una persona como Sinde, fiel defensora del cine español, reduciría el libre servicio de descargas por internet y obligaría a las televisiones privadas a destinar el canónigo 5% de sus ingresos para ayudar al cine patrio. Unos días antes había llegado a las salas españolas Monstruos contra alienígenas, una película que incluía una pequeña revolución dentro del medio cinematográfico: su distribución combinaba copias en 2D y en 3D, pero solo se llenaron las salas que proyectaban el film en 3D. Este panorama sirve para justificar el camino de una industria que cambia más rápido de lo que los espectadores pueden pensar y asimilar.
Los creadores de Monstruos contra alienígenas han sentado las bases de la animación del futuro y han demostrado que el público, ahora por novedad y dentro de un tiempo por rutina, prefiere ver una película en 3D: puestos a pagar siete euros, el público quiere ver un espectáculo, aunque este poco o nada tenga que ver con la magia del cine. El 3D convierte el cine en un parque temático y eso es un peligro. Si el 3D triunfa es solo debido a una pésima cultura cinematográfica, algo que ha devaluado el medio hasta hacerlo irreconocible. Los productores del futuro podrían desechar proyectos interesantes por el simple hecho de que la historia no se adequa al nuevo sistema, aunque cabría imaginar la existencia de un cine paralelo, mainstream y sin publicidad, que aún tendría más dificultades para llegar a las salas, a su audiencia potencial. El cine era el rodaje de la aventura y ahora es la aventura de rodar.
Otra cuestión a debate está en las propias salas, la mayoría de ellas con un sistema de sonido e imagen ya antigua. El boom de los multicines de los 90 peligra con la entrada del 3D, obligando a cambiar la forma de proyectar y promocionar los films. Si las salas no están preparadas (algunas tampoco querrán ni podrán estarlo), lo más correcto sería decir que el cambio va para largo y que solo tendrá incidencia en las grandes ciudades, donde el público podrá elegir qué película ver y cómo verla. Los más damnificados, en resumen, serán los mismos que ahora. Otra solución es crear salas especializadas con sistema 3D, ya sea dentro o fuera de los actuales multicines. La lucha por la taquilla está servida (en todo caso, el cine en mayúsculas siempre saldría perdiendo).

La batalla de Ángeles González Sinde, aunque parezca anacrónica, tiene mucho sentido. Se ha imprimido la cultura del 'todo vale', nos hemos servido muy mal de términos como 'libertad' o 'democracia' y ahora, cuando vemos cambios y restricciones a la vista, clamamos airados. Lo que realmente propone Sinde es una solución entre lo rendible (a nivel económico) y lo correcto (lo decente) porque nuestro sistema capitalista, al producir, olvida el deber moral; al consumir objetos, llegamos a consumir personas. Los espectadores, da igual como (aunque sea a la fuerza), deben aceptar que no pueden acceder a un cd o una película sin abonar cierta cantidad, acto simbólico con el que la audiencia debe reconocer el esfuerzo de sus creadores, de sus mentes pensantes, de sus artistas. Descargarse una película por internet implica aprovecharse del trabajo de otros (al fin y al cabo, siempre queremos que el esfuerzo lo hagan los demás). Quizá podríamos apuntar una excepción: cuando el sistema no funciona, el ciudadano está en su derecho de poder ver films que, por un motivo u otro, nunca se estrenarán (o lo harán con sumo retraso). Las plataformas de descarga controlada y de pago puede ser una solución, pero nunca el sistema a defender en un futuro.
No sabemos cuanto evolucinará la tecnología, hecho que produce incertidumbre a todos los miembros de la cadena cinematográfica y cinéfila. De momento, nadie puede descargarse un film en 3D, aunque debemos ser cautos: todo llegará. Los dos temas (el 3D y las descargas vía internet), preguntas y a la vez respuestas de un sistema corrupto, demuestran que el visionado y la producción de cine están cambiando. Aún queda mucho por recorrer y debatir hasta poder ver el final del túnel. Lo peor será cuando, al echar la vista atrás, no haya posibilidad de regresar. Los descuidos del presente pueden ser los errores del futuro. Hay que andarse con mucho cuidado... y esto no es una película.
