
Hollywood está dispuesto a cicatrizar la herida de la Guerra de Irak, una brecha que sigue abierta, por muy difuminada que parezca. Los oros que está coleccionando
The hurt locker así lo prueban. Pero el film de Bigelow está entre los grandes de todos los rankings por distintos motivos; el principal, por ser thriller de enorme intensidad con una trama que va de menos a más y un personaje protagonista sumamente atractivo en todos los sentidos. La guerra resta filmada como un ejercicio de realidad bastante pulcro. La cámara se zarandea y se llena de mugre entre calles polvorientas, reyertas y escenas de camaradería salvaje. Y más allá de sus virtudes,
The hurt locker goza del beneplácito de aquellos títulos que están en el sitio y en el momento adecuado: sólo ello explica que la cinta conquiste terrenos a los que no llegó en el pasado
Redacted o
Camino a Guantánamo. Desengañémonos: esta es una cinta de saliva, sangre y carne yanki, una película que busca el entretenimiento y relega toda metáfora a un segundo plano.
The hurt locker no es ni tan radical ni tan clásica como parece: aunque imita la apocalipsis de Kubrick (ese soldado que, ataviado con un traje de formas astronautas, salta y muere tras la explosión de un pequeño artefacto), a ratos se impone el ritmo de una película de guerra filmada por Paul Greengrass.
Bigelow no juzga a sus personajes, sabe alimentar un efectivo in crescendo narrativo y tiene mano firme para las escenas de acción. La frialdad de la propuesta se impone porque, si la guerra es una droga y un juego tan incomprensible como banal, la película retrata la contienda con distancia, sin que el espectador empatice con nada ni con nadie. Como resultado, las escenas de acción no son emocionantes, atesoran la tensión justa y necesaria para enmarcar la cinta como propuesta indie de palomitas, pero también como título delicatessen que, a su manera, cambia sin reinventar las directrices del género guerrillero. La ausencia de ideología acaba siendo la rúbrica de
The hurt locker: el espectador entiende las últimas palabras del joven soldado afroamericano, harto de tanta batalla a falta de dos días para volver a su casa; también comprendemos al sargento James, una persona que no está a gusto en Irak, pero aún menos en un primer mundo que no se adecua a sus necesidades y excentricidades. La guerra en
The hurt locker da vida y mata, tiene sentido y a su vez carece del mismo. Una película, en definitiva, que abraza el debate sano desde una historia austera, a medio camino entre el thriller para todos los públicos y lo inclasificable.