Up in the air es una película moderna. No es una comedia, tampoco un drama, aún menos un thriller, aunque incluso podría entenderse como una cinta de terror contemporáneo en el que el mal se viste de despidos laborales, soledades sin casa y vuelos nacionales. Reitman, consciente que su criatura entronca con la crisis del ahora, dibuja, paradójicamente, una historia de planteamiento clásico en el que todo se sustenta sobre unos diálogos chispeantes y unos actores de excelente sobriedad: desde Clooney, dandi irredempto, hasta Kendrick, lo mejor de la cinta y el gran descubrimiento del año. Es un lujazo oír los diálogos, la música perfectamente seleccionada y la mezcla de tonos que coleccionan los cien minutos de este título que gustará a todos por su loable equilibrio: hay comedia, pero la justa y necesaria; hay drama social, más simbólico que hiriente. Al final, aplaudimos con entusiasmo las directrices de una película que
cuestiona el mundo laboral, relativiza las relaciones personales, ataca el sueño americano y regala a los espectadores una sensación más que agradable. Se olvidan, por fortuna, las contradicciones ideológicas de
Gracias por fumar y el descaro juvenil de
Juno a favor de una fábula más madura y eficaz, ahora favorita en todas las quinielas para los Oscar. No obedece el prototipo de título oscarizable, algo que no será un impedimento para que, haciendo honor a su título, la película suba y suba para ocupar un lugar de honor en la comedia de sonrisas inteligentes. ¿Acaso Clooney no recuerda a los protagonistas de, por ejemplo, Billy Wilder? Sea como sea, su mochila ya es inmortal.
Destinado a revitalizar el cine indie, Reitman peca de heterogeneizar en demasía la historia, algo que puede labrarle algún malestar. Sin ser descompensada, se prefiere y se disfruta mucho más el primer tramo del viaje, más ácido, que su resolución, dominada por una dulzura demasiado reconocible. El avión equilibra estas dos alas, posibilidades de una película con múltiples capas, temas y sugerencias, gracias a unos personajes atractivos, bien escritos, tratados con mimo e interpretados con destacado atino. Este blog se declara fan fanísimo de Anna Kendrick, o lo que es lo mismo, una recién licenciada con honores que domina la teoría pero no la práctica, que se percatará de la utopía de todos sus sueños y que, de forma triste y simbólica, acabará formando parte del despiadado juego al ejecutar despidos y al despedirse ella misma. Kendrick resuelve su tarea con gracia evitando clichés, tics ni caricaturas. Veracidad y mucho arte: esta es la consigna de la futura ganadora del Oscar al mejor guión adaptado. Nunca Farmiga había estado tan atractiva, y Clooney consigue de forma definitiva pasar a la historia del cine (debe tenerse en cuenta que su personaje, como el de Michael Clayton, representan parte de lo peor de nuestra sociedad). No es una obra maestra, sí la mejor de su director. Un notable más que justo, casi excelente.