domingo, 30 de octubre de 2016

CRÍTICA | LOCAS DE ALEGRÍA (LA PAZZA GIOIA), de Paolo Virzì


No estamos locas y sabemos lo que queremos
LOCAS DE ALEGRÍA (LA PAZZA GIOIA), de Paolo Virzì
Festival de Valladolid: Espiga de oro a la mejor película, mejores actrices y premio del público
Italia, 2016. Dirección: Paolo Virzì Guión: Francesca Archibugi y Paolo Virzì Música: Carlo Virzì Fotografía: Vladan Radovic Reparto: Valeria Bruni Tedeschi, Micaela Ramazzotti, Anna Galiena, Valentina Carnelutti, Elena Lietti, Tommaso Ragno, Bob Messini, Carlotta Brentan, Francesca Della Ragione, Roberto Rondelli Género: Comedia dramática Duración: 110 min. Tráiler: Link
¿De qué va?: Beatrice es una condesa multimillonaria y Donatella es una joven sin recursos. Ambas coinciden en una institución psiquiátrica. Cuando escapan de su encierro, los traumas de las dos mujeres afloran.


A lo largo de su carrera, el cineasta Paolo Virzì ha destapado los males italianos a golpe de sonrisas. En esa fina línia se ha mantenido durante tres décadas, un equilibrio que le ha permitido ser un autor considerado dentro y fuera de su país, así como un nombre taquillero y tratado con preferencia desde las órbitas académicas. Locas de alegría (La pazza gioia), para bien y para mal, cumple a rajatabla las constantes tragicómicas de Virzì. Estamos ante una comedia excelentemente pilotada por sus dos actrices protagonistas, Valeria Bruni Tedeschi y Micaela Ramazzotti, de la mano de dos personajes tarados que, en su lucha por conseguir la aceptación social, ponen de manifiesto la enajenación que parece adueñarse de toda Italia. Hay drama personal, tragedia social y road movie de ecos cinéfilos (la referencia más evidente se establece con la falsamente feminista Thelma & Louise). También una relectura carnavalesca, de raíces cien por cien itálicas, de la comedia clásica (en su muestrario de secundarios y situaciones, Locas de alegría es una película que, tomando para sí la débil estabilidad mental de sus cabezas de cartel, cambia de espacios, tono y ritmo cada pocos minutos). Y, cómo no, una película simpática que apela al corazón del espectador, a la postre el encargado de poner orden a una trama tan desbocada, aunque siempre en sus cabales. Con todos estos datos, resulta imposible no alabar la pericia de Virzì a la hora de abordar su particular "cine blanco" (que no inmaculado), pero también se hace necesario subrayar la repetición de su artífice, como si, tras encontrar la fórmula del éxito, a Virzì le quedara poco más que incidir en dicho patrón hasta la saciedad, aun asumiendo que su último estreno es muy diferente, estética y temáticamente, a, por ejemplo, Caterina se va a Roma o La prima cosa bella. Locas de alegría, en resumen, es una cinta tan notable como irregular, hábil a la vez que tramposa, histriónica aunque sin llegar a superlativos molestos. Por mucho que su estudiada estructura haga que la platea en bloque se ponga de parte de sus sufridas protagonistas, a Virzì se le ven las costuras... ¿o seremos nosotros los locos de atar?


Para amantes de las historias de liberación femenina.
Lo mejor: Sus actrices.
Lo peor: Sus trampas.