Ésta fue la tónica de la ceremonia número ochenta y dos de los Oscar. Se demostró una vez más que, conociendo el palmarés de los Sindicatos, los SAG, los Globos de oro y demás parafernalia de premios, se puede acertar sin ningún problema la mayoría de los triunfadores. Aún así, estos Oscar se han caracterizado por tener la carrera más reñida en años. No ayudó el hecho de que, entre los Globos y los Oscar, mediaran dos largos meses (y, si tomamos como referencia los primeros premios, casi cinco). Los Juegos Olímpicos de Invierno, que retrasaron la fecha de la esperada gala, acabaron por diseñar el que ha sido un camino largo, algo cansino, hacia la estatuilla de rigor. Y si bien no hubo sorpresas, sí las podía haber: hubo, en definitiva, tensión durante las tres horas y media de la celebración. Y es debido al factor tiempo que, como ocurrió con Shakespeare in love, el cinéfilo atento pudo ser testigo de las artimañas de todos para obtener el premio. Muy criticado fue Nicholas Chartier, productor de The hurt locker que envió correos electrónicos con tal de ganar votos extra. Igual de criticada fue la campaña de Sandra Bullock, pequeñas estrategias que incluían fotografías con mendigos y gente pobre para realzar su solidaridad (y, de paso, el mensaje tan americano que desprende su The blind side). Sea como sea, 2010 ha sido la edición en la que asistimos a la verdadera trastienda oscura de los premios por antonomasia. Y entre tanta oscuridad, Hollywood se atrevió a mirar a la Guerra de Irak tras olvidar en años anteriores títulos como Redacted o En el valle de Elah. Para todo hay una primera vez, dijo Barbara Streisand a propósito de la primera mujer con el oro a mejor director, y fue verdad: Tom Hanks, de forma rápida, casi tímida, tal vez enfadado, dijo el nombre de la reina de la noche y el duelo no escrito acabó, en términos futbolísticos, con una goleada de 6 (The hurt locker) a 3 (Avatar, deslucida y con meras menciones técnicas).
Sandra Bullock se postuló como mujer del 2010. En solo un fin de semana, logró una extraña pirueta: la de recibir el Razzie a la peor intérprete y el Oscar a la mejor del año. Esta dualidad viene a demostrar que nada está escrito en cuestiones cinematográficas. Bullock, reina de América con el permiso de Julia Roberts, ha recibido una digna atención. El mundo del cine sabe que Bullock es una de sus musas más rentables y conocidas, y a nadie se le escapa sus habilidades como cómica e histriónica dama de dramas televisivos. Estos son los ingredientes de The blind side y estos han sido los méritos para hacer historia. Bullock, pese a todo, supo dedicar palabras de atención para sus contrincantes, sin olvidar a Meryl Streep (también histriónica en Julie & Julia, en su caso eterna perdedora). Con sus discursos y ademanes, Bullock demostró que sabe como nadie cómo funciona esta industria y qué supone verdaderamente un Oscar. Bullock es, de lejos, la más inteligente: sabe cuando debe ser sobria, cuando desatar su lado payaso y cuando, con el hombrecito dorado en la mano, asumir que ganar a Meryl Streep es, con su carrera, algo surrealista. Nos rendimos a sus pies. Todo es posible: Crash ya ganó el Oscar y ella formaba parte de su bizarro reparto. Hollywood es la fábrica de sueños y Bullock, como Mo'nique, lo han corroborado. El canal TNT, antes de emitir la gala, optó por recuperar Miss Agente Especial 2: seguro que el factor premonitorio obró a escondidas.
La lluvia fue tímida y, aunque los metros de tela roja estaban forrados a conciencia con techos de plástico, no vimos ni paraguas ni alborotos. Sí asistimos a la alfombra roja más concurrida de la historia, seguramente por el número elevado de invitados, presentadores y periodistas que se agolpaban formando un auténtico colapso. Dió risa la nueva estrategia de la Academia de tener entre sus filas a los niños de Crepúsculo y alguna cara televisiva, algo molesto que enturbió la que debería ser la fiesta del cine en mayúsculas. Por lo demás, un desfile bastante sobrio con muchos vestidos rojos y lilas, sin olvidar las prendas azules de nombres como Sidibe, Gyllenhaal o la pareja de James Cameron. Entre tanta gente, las mejores vestidas fueron las de siempre: Penélope Cruz, Diane Kruger y Kate Winslet (de hecho, esta última pareció ser la única que había pisado previamente una peluquería). Sobriedad fue la palabra perfecta para definir las prendas de veteranas como Mirren o Streep, un tono del que dejó contagiarse una estética general sin demasiadas estridencias. Clooney, so charming con los periodistas; Tarantino, eufórico, gritón y afónico, todo a la vez; entrevistas escuetas y con poca enjundia por parte de los medios presentes. Muchas estrellas para atraer a la audiencia, al igual que muchas (demasiadas) nominadas a mejor película para animar una industria en crisis. Cantidad no significa calidad.
No hubo chistes de nivel, tampoco apuntes humorísticos. El número musical inicial, luego mejorado con unas coreografías a ritmo de las partituras nominadas (¿por qué se obviaron las mejores canciones?), calentaron motores. Penélope dió la primera alegría al malo malísimo de Malditos Bastardos (por desgracia, el único logro de los nazis tarantinianos). Vimos, para gozo nacional, una Penélope desenvuelta, segura con el inglés, contenta con su compañero Javier Bardem, cercana con los periodistas, consciente de sus escasas posibilidades de premio y absoluta protagonista (las cámaras captaron su cara durante muchas veces a lo largo de la velada). El paso de Pe supo a confirmación y, como intuíamos, su verdadero premio está en haber conseguido dos nominaciones de forma consecutiva. No hay nada de que avergonzarse, y más cuando actrices como la ruda Sarah Jessica Parker mascaban chicle sin disimulo (si Carrie Bradshwa levantara la cabeza...). Ella fue presentadora, al igual que otros tantos nombres que recordaron los diez títulos nominados (un auténtico aburrimiento). De entre los destacados: Michele Pfeiffer defendiendo a Bridges, Oprah Winfrey alzando el honor de Gabourey Sidibe, un Ben Stiller insoportable disfrazado de Navy o la extraña pareja de Tarantino-Almodóvar. Sin olvidar el presentador que nunca estuvo allí: un Sacha Baron Cohen que, al intentar pronunciar algun chiste incómodo en los ensayos, fue eliminado de la gala final. Y un misterio: ¿por qué Cameron Diaz, otra vez en tonos grises, parece especializarse en dar el Oscar a la mejor película animada? Será por su cara aniñada.
Precious acabó la noche con dos premios, aunque uno fuera un robo a mano armado (el guión de Up in the air merecía reconocimiento). Igual palmarés tuvo Up (título animado y banda sonora) y Crazy Heart (actor protagonista y canción original), esta última con Jeff Bridges como protagonista. Si bien todos los nominados estaban obligados a acortar sus agradecimientos (y a contener sus emociones: menuda tontería), Bridges olvidó el protocolo y sus palabras se extendieron durante tres minutos (recordatorio tierno para su madre incluído). El de Bridges fue un premio de justicia tras tantos intentos fallidos, y todo en un año donde ganaron novatos (la más curtida fue la responsable del vestuario de La reina victoria, tercer Oscar en su haber). El pasado también estuvo presente con el In memorian (aplausos intensos para Brittany Murphy, Michael Jackson, Natasha Richardson, Patrick Swayze y el homenaje a John Hughes). Pura paradoja porque The hurt locker, una de las más premiadas de la década, conseguía el premio con un récord: ser el film menos taquillero con el Oscar a la mejor película. Síntomas de que, entre tanta nostalgia, algo está cambiando. ¿Nadie se fijó que la canción The weary kind estaba firmada por Ryan Bingham... el mismo nombre del personaje de Clooney en Up in the air?
Precious parece haber heredado la buena estrella de Monster's Ball, Training Day o Dreamgirls, por citar películas con actores afroamericanos premiados. La comunidad negra se presenta cada día más fuerte: de hecho, Precious pisó el Kodak Theatre escasas horas después de haber ganado los Independent Spirit Award más importantes. Su premio a mejor guión adaptado solo obedece a esta hegemonía negra, también al extraño aprecio que los académicos han reunido por un film tan discutido y discutible. Precious es una cinta de Oscar, y lo demostró.
Los que vaticinaban una lluvia de premios técnicos para Avatar olvidaron que la película no había cuajado en los premios de muchos sindicatos. La gala final lo demostró y, a los consabidos mejor dirección artística y efectos visuales, sólo se sumó a modo de redondeo la mención a mejor fotografía (aunque, como algún comentarista acertó a señalar, es difícil valorar la fotografía de Avatar por su identidad 3D). Si The hurt locker logró tanta ventaja fue en parte por el apoyo brindado por el Gremio de Montadores de Sonido, además del de los Montadores (ganar el Oscar a mejor montaje, como viene ocurriendo con Slumdog Millionaire, Crash o No es país para viejos, parece condición sine qua non para ganar el premio gordo). El marcador de Avatar debería suponer un freno de la moda 3D y una reflexión sobre si debe incluirse nuevas categorías para films con nuevos formatos. El perro resultó ser poco mordedor pero muy ruidoso: por algo es la producción más taquillera de la historia. La mayoría de titulares señalaron que 'David había vencido a Goliat'. En parte, se obró el milagro.

Cruz por Nine y el corto animado La dama y la muerte cubrían la presencia española de la noche (Banderas peleó por su primer Oscar... aunque como productor). El gato al agua se lo llevó Gerardo Herrero, productor de la hispanoargentina El secreto de sus ojos. TVE abría su informativo con dicha noticia, mientras que TV3 prefería apuntar que 'la coproducción catalanoperuana La teta asustada se fue de vacío'. Ganas de politizar el cine, una estupidez. Almodóvar en calidad de presentador ya era un buen augurio y en todo momento hubo un ambiente de colegueo: 'esto es tuyo', le dijo el español al artista ché, y éste sopesó el Oscar como el que sabe de antemano su victoria. Campanela recordó las víctimas del terremoto de Chile, un acto de moral ciudadana y cinematográfica. Y como todo queda en casa, Claudia Llosa también fue protagonista con su The milk of sorrow (al final, en su vídeo de presentación, se dijo la palabra 'Teta'). Cinoscar & Rarities reitera: La teta asustada es mucho mejor que El secreto de sus ojos, pero los Oscar se rigen por otros parámetros.

El chiste: '¿No querías matar judíos en tu película, Waltz?', dijo Steve Martin al oscarizado actor austríaco. '¡Porque aquí hay mucho judío!', culminó el chiste. Y la cámara, en un acto de inteligente ironía, enfocó la cara de los Hermanos Coen.
Las ausencias: Up in the air de vacío y esperado ninguneo de District 9 o A serious man entre otras.
Los nervios: Por citar la tónica habitual de los bloggeros que, al intentar ver la gala, veían cómo iban cayendo casi todos los links. ¡Menudo mal trago! Al final, todo acabó bien.
Cinoscar & Rarities aplaudió: Todos los premios de The hurt locker. Jeff Bridges. Penélope Cruz. Los números musicales. La música de Up. Streep, un clásico.
Puedes encontrar el análisis de todas las galas de los Oscarde la década en el margen derecho del blog.