

Se ha querido establecer comparaciones entre el cine de Almodóvar y el de Ozon, un símil un tanto peligroso porque Ozon siempre tendría todas las de perder ante una posible confrontación entre las filmografías del español y del francés. Ozon, eso sí, hereda del director de Volver una voz femenina, una capacidad inaudita por penetrar en la mente y el alma femenina. Ozon entiende la mujer como un ser complejo y cree que es más interesante seguir sus pasos que descifrar sus verdaderas motivaciones. Por eso sus mujeres actúan por impulsos, son descarnadas y directas. Por eso sus películas son peliculeras, como las de Almodóvar. También son rebuscadas, sin orden. Porque el riesgo es otra tónica almodovariana en el cine de Ozon: juega con la simbología religiosa, es provocador por convicción; titubea con un discurso cercano a la muerte, casi en forma de elegía rosa, de melancolía gay, de sexo y sensualidad. Ozon también juega con el thriller: su cine se crece con tramas criminales, pero, como demostró 8 mujeres, ese elemento negro sólo es una excusa para desplegar su universo sensible y sensorial (de hecho, en esa película el hombre no estaba muerto: era, simbólicamente, Ozon divirtiéndose al ver las excentricidades de sus ocho criaturas). Mi refugio representa el lado más serio de Ozon, el más reflexivo, el más ambicioso por conseguir la categoría de gran autor europeo, el más obsesionado con los entresijos de la maternidad y los lazos de sangre. El más subversivo. El más interesante.

Es difícil averiguar si Ozon es el bebé, el hermano gay o la protagonista, también es difícil establecer nexos de unión entre Amantes Criminales o Swimming Pool, El tiempo que queda o Ricky, pero el cine de Ozon remite a una atmósfera especial, está dotado de una coherencia indescifrable. ¿De qué va Mi refugio? No lo sabemos, pero hechiza: es un cine de silencios. Una película que no se ve: se intuye. Es, con permiso de todos los críticos que atacan al director de forma sistemática, una de las mejores películas del año. Me conmueve recordar el momento que el hermano de Louis se pone la colonia de su hermano. Me parece genial esa canción que él toca para ella con el piano. Me incomoda esa madre despiadada que insta a Mousse a abortar porque 'no quiere herencia de su hijo'. Adoro la forma en la que Mousse observa el cuarto oscuro de una discoteca gay. Y entiendo sin entenderla, sigo fascinado y expectante los caminos por los que nos lleva la protagonista durante una hora y media que se vive como un suspiro. Sobre madres e hijos, adicciones y decisiones, taras y secretos. Una pequeña joya.
