sábado, 3 de julio de 2010

Crítica de UN PROFETA (UN PROPHET)

A Eva.

Un profeta es con toda seguridad el thriller más intenso de los últimos años. Me siento atrapado por sus imágenes, siento la brutalidad de las escenas como auténticos cortes en la piel, sufro con el personaje, lo defiendo y lo detesto hasta que aparecen los títulos de crédito, momento en el que respiro hondo y soy consciente de que he visto la película con el estómago, no con los ojos. Aunque el viaje dure dos horas y media, Audiard consigue que la tensión vaya en aumento fotograma tras fotograma y que el espectador se sienta arrastrado por un torrente de asesinatos y triquiñuelas carcelarias que, a la par que entretenidas, muestran de la forma más descarnada la evolución de Malik El Dejebena, un joven de origen árabe que pasará de inexperto a auténtico capo dentro y fuera de las rejas. Aunque la memoria evoca en seguida títulos como Uno de los nuestros o El padrino, incluso la serie televisiva Los Soprano, Un profeta evita toda referencia y se impone como una película autónoma de la que nos compraremos su dvd y de la que seguramente hablaremos como un clásico moderno. Quien obra el milagro es Tahar Rahim, un actor novel que ya ha sido recompensado con 2 premios César (2, eso sí, de los 9 que recibió la película el pasado febrero), un premio EFA, un Lumière y una Étoile d'Or. Una película rabiosamente masculina que respira hormonas, que provoca llagas y erupciones, que nos hace vibrar. Una obra redonda sin rodeos ni concesiones que empieza cuando debe empezar y termina cuando debe terminar. Un golpe de autoridad por parte de Audiard, ya confirmado como uno de los directores más importantes del cine europeo.



Un profeta no deja de ser una historia de superación, la enésima filmación del pulso entre la liebre y la tortuga. En la carrera de obstáculos concursan el propio Djebena y Cesar, un mafioso corso que recibe un trato de privilegio por encima de los demás reclusos. La muerte será para el joven protagonista la única vía para sobrevivir y, a la postre, aquello que lo definirá y curtirá. Quien enseña mal, mal reparte: 'has salido a fuera, has matado a gente, tienes contactos... ¿por qué sigues sirviéndome café?', le pregunta Cesar a Djebena, y el mayor se equivoca pensando que el adolescente 'lo necesita'. Lo que no podía preveer Cesar era las capacidades adivinatorias del protagonista, hábil a la hora de visualizar cual profeta su propio futuro: él solo teje su destino, manipula a su entorno para salir airoso de sus seis años en prisión, conseguirá el mando de la prisión e incluso vaticinará la escena más impactante del film (aquella en la que Djebena, amenazado por una pistola, observa como un ciervo impacta contra el capó del coche y, de forma irónica, salva su vida). Pero él no es 'El profeta', sino 'Un profeta' más, un superviviente que esconde que sabe italiano, que empezó sin saber jugar y que acaba teniendo muchos ases escondidos en su manga. Sólo hace falta ver la inseguridad que muestra su rostro en la primera salida de la cárcel y el temple que muestra en la última escapada: suicida pero decidido, abrirá un coche que previamente había perseguido para matar a cinco hombres. Cine fantástico, también cine social y, sobre todo, buen cine. Un cine potente capaz de callar y deslumbrar a toda la platea. Mientras, el asesinato de Reyeb con una cuchilla de afeitar, el simbólico plano final en el patio de la prisión y las distintas triquiñuelas del protagonista van dejando poso como lo mejor que hemos podido ver este 2010. Una trama que permanece con nosotros, que impregna y que pringa. Lo que los círculos críticos dicen 'obra maestra'.


Nota: 9