miércoles, 2 de enero de 2013

Crítica de L'ENFANT D'EN HAUT (SISTER), de Ursula Meier

L'ENFANT D'EN HAUT (SISTER), de Ursula Meier
Representante suiza a los Oscar 2013.
Ursula Meier va camino de convertirse en una de las mejores cronistas sobre la familia y sus variedades y distorsiones en una Europa complejísima. En Home, ¿dulce hogar? la directora suiza nos acercaba una historia de alienación y soledad familiar al mostrarnos la vida de unos padres e hijas cuya casa acaba situada al lado de una transitada carretera. En esa ópera prima se intuía una realizadora sensible, muy cercana al estilo de denuncia social de los hermanos Dardenne y muy dotada para construir relatos en un principio anecdóticos que reverberan en la memoria del espectador hasta desvelar todas las aristas de su mensaje. Todo ello se confirma con esta L'enfant d'en haut (Sister), film de nuevo centrado en una unidad familiar del todo particular: un hijo que sustenta la economía de la casa negociando con todo aquello que roba en el gran complejo de esquí situado en las montañas cercanas a su bloque de pisos, y una madre que actúa como una adolescente y que a la contra del pequeño evade cualquier tipo de responsabilidad y no contempla la posibilidad de trascender la penosa situación en la que se encuentra. Meier nos acerca la historia de dos víctimas cuyos vínculos y parentescos van reformulándose a medida que avanza la película. Un film que cae como una estalactita de hielo puntiaguda y que al mismo tiempo que duele nos sorprende con grandes dosis de humanidad, el equilibrio que precisa cualquier historia que pretenda no solo tener un impacto en su audiencia sino resultar totalmente viva y vigente. Meier ha realizado otra película recia: empieza presentándonos al personaje como el espía que sigue paso a paso la extraña rutina de su antihéroe, tal y como sucedía en Rosetta de los citados Dardenne; y acaba ampliándose hacia otros espacios, muchos de ellos relativos a la reflexión tranquila pero certera. Porque L'enfant d'en haut va de menos a más y de fuera hacia dentro, o sea, pasa de retratar acciones a explorar personalidades, de filmar pequeños hechos a abarcar grandes frescos humanos, de presentar una exposición naturalista de la pobreza a hilar una cálida alegoría sobre la eterna necesidad de amar y ser amados, de plantear una ínfima historia de carencias no solo materiales a construir una contundente metáfora sobre las todavía vigentes diferencias de clase social. La película también viaja del invierno a la primavera, aunque eso no significa que L'enfant d'en haut vaya de la negrura a la esperanza. El film es muy sutil y recae en el espectador la tarea de decidir si las grietas abiertas y las heridas desveladas abrirán una nueva etapa o por el contrario iniciarán un ciclo viciado en la repetición y la imitación. Sea cual sea el camino que queramos tomar, L'enfant d'en haut deja poso, la escarcha que resulta tras una noche de helada. Afortunadamente en el hielo hay muchísima vida. Pequeña pero gran obra.


Para espectadores que esquían las pistas más rocosas y empinadas.
Lo mejor: Tiene una de las mejores actuaciones infantiles jamás vistas en el cine europeo reciente.
Lo peor: Que la dureza de la película expulse a los espectadores de la historia.

Nota: 7

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