viernes, 10 de julio de 2009

ODA A LAS PELÍCULAS CHORRAS... Y ESPAÑOLAS 4

Si revisamos la lista de los films españoles con mejores resultados en taquilla, nos llevaremos una sonora sorpresa. No hay duda que la caspa propia y ajena atrae a la gente, la misma que después pregona la mala calidad de nuestro cine. Hay engendros que no deberían existir (abróchense los cinturones: Una de zombies, Di que sí, Desde que amanece apetece, El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo, El milagro de P. Tinto, Isi/Disi, Plauto, Va a ser que nadie es perfecto, Noche de reyes, Año Mariano, Km. 0, Locos por el sexo, Condemor, El ekipo ja, Papá Piquillo, El gran marciano, O.T.: La película, Vivancos 3, Un rey en la Habana, Que parezca un accidente, Ángeles S.A., Santos, Dos tipos duros, Torapia, Sexykiller, Días de cine, El penalti más largo del mundo, La máquina de bailar, Manolito Gafotas, FBI: Frikis buscan incordiar, Franky Banderas, Fuga de cerebros, Fin de curso, Chuecatown, Dagon, Gente pez, Lisístrata... ¡susto!). Si aún no habéis caído víctimas de algún mareo, escalofrío, gripe o muerte súbita, aquí os dejo con nuestros films chorras favoritos. No hay ninguna delicatessen; todo son platos baratos, recalentados, refritos e indigestos. Solo para atrevidos, inconscientes o cachondos irredentos. Obvio los títulos de Manuel Gómez Pereira, más bien por cariño y compasión (Boca a boca, El amor perjudica seriamente la salud o Reinas). Y cuidado porque este año tenemos dos apuestas que quieren entrar en el ranking: Pagafantas y Spanish Movie.


15. TORREMOLINOS 73, de Pablo Berger
Premio en Málaga para este ejercicio retro, sin par, bastante gracioso. Javier Cámara reconvertido en el clásico butanero, electricista o fontanero de toda peli porno casera. A su lado, una virtuosa Candela Peña (protagonista de otra choni adorable: Descongélate). No murieron en el intento...


14. DÍAS DE FUTBOL, de David Serrano
Me acuerdo que el cine estaba lleno a rabiar, algo inédito para un título español. El guionista de El otro lado de la cama construía unos personajes adorables en una película tronchante. Diálogos televisivos y actores en estado de gracia. Nadie la recuerda, pero en su día fue bastante importante.


13. EL PALO, de Eva Lesmes
Un curioso grupo de fracasadas (Verdú, Ozores, Maura y Alterio) intentando llevar a cabo el golpe de sus vidas: robar un banco. Disparatada comedieta, de formas elegantes, austeras y tranquilas. Agradable pasatiempo nominado al Goya a la mejor dirección novel.


12. CARNE DE GALLINA, de Javier Maqua
Enésima escultura de la cutrez española, una historia corrosiva, negra e incorrecta. Anabel Alonso, Nathalie Seseña e Isabel Ordaz, glorias de nuestras series más tontas, encabezan una película con bastantes adeptos (aunque callen avergonzados).


11. LA GRAN AVENTURA DE MORTADELO Y FILEMÓN, de Javier Fesser
Adaptación a la gran pantalla de los personajes de Ibáñez, aquí al servicio de comiqueros e infantiles efectos especiales. Gracioso despropósito, insignia del blockbuster patrio y, para los productores (no para los cinéfilos), el panorama a seguir. Amor-odio que se eterniza.


10. TUNO NEGRO, de Pedro L. Barbero y Vicente J. Martín
Cuando uno es niño y no tiene idea de cine, Tuno negro, pese a ser una mala copia de la saga Scream, divierte bastante. Una de las películas de mi infancia con una Maribel Verdú crucificada, un Jorge Sanz desubicado, una Silke malvada (pésima actriz ante todo) y un derroche de ketchup. Menos mal que estaba Salamanca...


9. PLATILLOS VOLANTES, de Óscar Aibar
Marcianos desde nacimiento, estos platillos de purpurina son una rara avis dentro de nuestro cine. Curiosa historia, con un guión imposible pero de hierro. No existe nada que se asemeje a Platillos Volantes, y eso ya es todo un mérito. Merece ser rescatada.


8. EL DÍA DE LA BESTIA, de Álex de la Iglesia
6 goyas para la gamberrada de de la Iglesia. Angulo, Segura y Pávez en una comedia terrorífica (algunos dirían que por mala). No me sumo entre sus fans (tampoco aplaudo Perdita Durango y Muertos de risa), pero sí me entusiasman La comunidad, 800 balas y Crimen Ferpecto. Que conste que perdió el Goya a la mejor película frente a Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto: el triunfo del cine de autor y novel.


7. AIRBAG, de Juanma Bajo Ulloa
Juanma Bajo Ulloa, tras La madre muerta y Alas de mariposa, se desmadró con esta taquillera pantomima. Tiros, chistes y mamporros a cascoporro. Carlos Boyero resume así su crítica: 'mala'. Todo pasa y todo queda... incluso las malas películas. La boda final es... ejem, inolvidable.


6. EL ROBO MÁS GRANDE JAMÁS CONTADO, de Daniel Monzón
Tras El palo, otro robo de altura. Asensi y Resines, tan caricaturescos, volvían a liderar el reparto de una comedia cutre, aunque lúcida y atractiva. El Guernica de Pablo Picasso temblaba en manos de una cuadrilla de cómic. Se recuerda con una gran sonrisa.


5. EL ORO DE MOSCÚ, de Jesús Bonilla
Los españoles debemos ser una panda de chorizos... aquí queríamos robar el mismísimo oro de Moscú, todo de la forma más rocambolesca posible. Alberto Bermejo dijo de ella que era "un bodrio con vocación de negociete de temporada". Secundamos la propuesta. María Barranco, pese a todo, vale mucho (véase Atún y chocolate, Las edades de Lulú o Mujeres al borde de un ataque de nervios).


4. MARUJAS ASESINAS, de Javier Rebollo
Me río con solo pensar en ella. Nadie entendió la crítica social, el retrato social y la ironía de una película que, de tan mala, resulta buenísima. Si no fuera porque 2001 fue un gran año para nuestro cine, algún analista rebelde hubiera construido un templo a esta Neus Asensi asesina. Si no la han visto, no saben lo que se pierden. Paz Padilla protagoniza uno de los finales más tronchantes de nuestro cine. Carne picada y picante. Cinco estrellas de la Fnac española. Mujeres desesperadas a la española.


3. 20 CENTÍMETROS, de Ramón Salazar
Salazar es un director talentoso y original que no acaba de encontrar su sitio. Promesa de nuevo Almodóvar, 20 centímetros era un chiste feísta, atractivo y con chispa. Un carnaval bizarro, un musical extremo. Mónica Cervera merece mejor suerte. Puyol, post-Upa dance, enseñando músculo. Rossy de Palma, Najwa Nimri y Lola Dueñas, pululando. ¿A que hace gracia?


2. YO SOY LA JUANI, de Bigas Luna
No es chorra, pero su protagonista sí. La Juani como símbolo de la España de tambor y pandereta, mujer sin estudios y con morro, alma de extraradio, niña hiphopera y soñadora. Bigas Luna acertó con este cuento venenoso, lleno de éxito, batacazos y sinsabores. Verónica Echegui perdió el Goya frente a la Ivana Vaquero de El laberinto del fauno. ¡Noooooooo! Dani Martín: peor actor de la historia.


1. TORRENTE: EL BRAZO TONTO DE LA LEY, de Santiago Segura
'Nos hacemos unas pajillas' reconvertido en el lema de toda una generación soez. Segura, actor y director, genio y horror, se reía de la comedia española, las conveciones y el concepto de 'macho ibérico'. Nuestros estómagos sobrevivieron a los granos, los whiskys y a la suciedad del conjunto... pero no a dos precuelas bochornosas. Sea como sea, el antihéroe por excelencia de nuestro cine es el rey del ranking. Que Dios nos pille confesados...

Tranquilos: el suplicio ya ha terminado. ¿Alguna propuesta más?

jueves, 9 de julio de 2009

PRESENTACIÓN DE LAS NUEVAS OBRAS DEL DIRECTED BY 3

Cuando uno escribe e idea historias no se da cuenta de que las obras tienen un nexo en común, un sello personal que puede ser excelente o totalmente superficial. Llegados a la tercera edición del Directed By, Cinoscar & Rarities se ve en la obligación de subir el listón e incluir nuevos trucos, artimañas narrativas, técnicas y cliffhangers para atraer a los lectores y, de paso, poder optar a algún que otro reconocimiento. Ya están listas las dos obras que este blog presentará al concurso: Underneath y Frozen. Las dos suponen un todo unitario: dos historias independientes, pero que, por motivos que aún no se pueden contar, están unidas. La sorpresa se mediodesvela, aunque el blog espera incluir un elemento nuevo que, hasta la fecha, ningún bloggero ha utilizado para sus obras.



Underneath es una historia que lleva mucho tiempo en mi cabeza (más o menos dos años). El directed by nos brinda la opción de materializar meras conjeturas en una obra compleja, esperemos que desgarradora, apasionada y fuerte. Frozen, en cambio, ha surgido de la fusión de microrelatos que taladraban las neuronas de un servidor. La unión se ha resuelto en una road-movie fría, cortante y bastante misteriosa. Las dos obras hablan de lo mismo pero de diferente forma (juego casual, no buscado): la salvación de unas personas frente al hundimiento de otras, el clásico péndulo e ironía gracias al cual unos mueren y otros nacen, unos ríen y otros lloran. En ambas obras, unos personajes necesitan salvarse y la salvación, de forma cruel a la par que humorística, implica la degradación del entorno de los protagonistas. Pueden recriminar al post por hablar en clave, en voz baja y sin concretar nada...: la respuesta no tardará en saberse.

Como ya se adelantaba en los Premios Blogger, Underneath estará protagonizada por David Kross (The reader), Laura Linney (The Savages), Dennis Quaid (Lejos del cielo), Nathalie Portman (Closer), Jackie Earle Haley (Little Children), Irene Jacob (Rojo) y Robert Pattinson (Crepúsculo) entre otros.



Paralelamente, se adelanta que Frozen estará formada por un reparto femenino de altura: Melissa Leo (Frozen River), Holly Hunter (El piano), Sissy Spacek (In the bedroom), Bryce Dallas Howard (El bosque), Evan Rachel Wood (The wrestler) y Abigail Breslin (Little Miss Sunshine) entre otros.

El blog es consciente que, al presentar dos obras en una misma edición, las posibilidades de premio merman considerablemente. Pese a todo, la técnica me permite cristalizar de forma más rápida tramas que llevan mucho tiempo ideadas. El blog trabaja en Arrebatado, una historia tan compleja y larga que aún no sé cómo contarla. A la espera de poder ofrecer la negra crónica de Arrebatado, el blog seguirá trabajando para ofrecer buenas historias para el Directed By 4, 5 y venideros.

Cinoscar & Rarities inaugura con este avance la temporada del Directed By 3, esta vez coordinada por Mark Rubio (la única pega es que Mark no podrá ofrecernos ninguna historia...). ¡¡¡SUERTE A TODOS LOS PARTICIPANTES!!!

miércoles, 8 de julio de 2009

CINE Y LITERATURA 2: LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES + NUEVO MEME



EL ARGUMENTO:

Es el cumpleaños de Henrik Vanger y el ritual se repite: un extraño le envía una flor enmarcada desde diferentes confines del planeta. Henrik, que, pese a su edad, copreside una de las empresas más importantes de Suecia, decide resolver el misterio y contrata al periodista Michael Blomkvist, director de la revista Millenium que acaba de perder un juicio frente a Hans-Erik Wennerström, un industrial de prácticas más que sospechosas. Todos los personajes tienen mucho que esconder y su pasado se relaciona con la desaparición de una joven en 1968, nazis asesinos y despiadados periodistas. Y por si fuera poco, Lisbeth Salander, una hacker singular, se suma al embrollo.



EL FENÓMENO:

El fenómeno Larsson no tiene fronteras ni edad, brilla tan longevo y brillante como Harry Potter en su momento. En la misma era digital y desangelada que retrata el periodista sueco, es muy difícil encajar un éxito tan rotundo y vender tantos millones de libros en todo el planeta. La historia que ideó Larsson, escritor ocasional que tramó su historia a escondidas y en sus noches de insomnio, es una historia local que los suecos entenderán a la perfección y que nosotros intuímos como representación de una era oscura, llena de mentiras y complots a gran escala. La teoría literaria tiene una clara tendencia a menospreciar los best-sellers porque entiende que tales obras son más mercantilistas que artísticas. Aunque se note un estilo lingüistico para nada redondo, Los hombres que no amaban a las mujeres atrapa de principio a fin, y la falta de retórica se compensa con una trama sorprendente, dura y magnética. Larsson, con su muerte, sus conocidas disputas con la derecha sueca y su pública adicción al tabaco y al café ya es toda una leyenda, y a él le debemos Lisbeth Salander, uno de los mejores personajes literarios del... millenium.

EL LIBRO:

A nadie se le escapa el tocho que es Los hombres que no amaban a las mujeres. Las telarañas de la historia ya se intuyen desde su portada española: una joven cercana a la par que rara, fuerte y a la vez frágil, que mira tímida al lector, quien sabe si pidiendo clemencia. Las primeras páginas desvelan la estrategia del autor: una trama fraccionada con muchos y variados personajes que luego convergen en un mismo punto. Larsson construye un relato muy visual, estructurado en cortos fragmentos que funcionan a modo de escenas cinematográficas. La pluma y oficio de Larsson justifican sus tablas periodísticas al describir la investigación de Michael Blomkvist para el magnate Henrik Vanger: el autor se delecta al describir las minucias de la investigación y nos sitúa como acompañantes del detective, accediendo a fotos, entrevistas, libros y demás pruebas que basan la trama principal. Larsson cae en ocasiones en el subrayado, pero la complejidad de la historia obliga a insertar ciertas recapitulaciones y resúmenes internos.
El libro es mucho más oscuro e impactante que su análogo cinematográfico, aunque Larsson no describe las escenas violentas con demasiada saña ni gore barato. La personalidad de Salander permite la inclusión de contínuas palabrotas, expresiones coloquiales, anglicismos y demás mecanismos más cercanos a la oralidad que a la prosa seria. Larsson era consciente de que su libro funcionaba a dos niveles: como crítica de una sociedad corrupta (opción para los lectores más concienzudos) y como juego detectivesco que, tras el impacto y la brutalidad de sus formas, esconde los infantiles trazos de toda investigación criminal (opción más evidente y la que sus fans parecen aplaudir más). Esta dualidad, mezcla perfecta de madurez e inconsciencia, permite que Los hombres que no amaban a las mujeres sea un libro juvenil y para lectores maduros, una historia de género que intenta y consigue ser popular. Larsson nos ha llegado como una persona firme y comprometida que deseaba lanzar un dardo venenoso al sistema periodístico, político y empresarial. El resultado es impecable y el juego de Larsson cruza la línea de meta con los deberes bien hechos.

La gran diferencia que presenta el libro respecto a la película es su crudeza a la hora de tratar a sus personajes; de esta forma, Henrik es alguien interesado que a la mínima reniega de Michael, Salander es un ser aún más tétrico que asusta por su destreza en el campo de extorsión y la informática, e incluso Harriet Vanger, finalmente resurgida de entre los muertos, consigue capitanear la empresa Vanger y, con ello, cede y participa de la corrupción y decandencia del imperio familiar. En la película, Harriet y Henrik son las almas cándidas que sobreviven al torbellino de Martin y sus gentes; en el libro, todo está corrompido, todos son malos a la par que buenos, tan ambiguos como comprensibles. Y ya puestos a diseccionar los personajes, debe destacarse que aquí Michael es un capullo de cuidado que cocina una venganza a fuego lento, un persona cuyos intereses periodísticos han nublado su ética y moral. La relación de amor-odio que mantiene el lector con los seres de Los hombres... culmina en un final dulzón: Lisbeth entiende que siempre será una marginada peligrosa y que su relación con Michael, donjuan indomable e inestable, es utópica. El morbo para leer la segunda entrega está servido.


LA PELÍCULA:


Si entendemos la película como una síntesis del material escrito (servidor no comparte esta visión), son notables los detalles que la película elimina, estrategias que pasan por restar protagonismo a Cecilia Vanger o ligar detalles sin importancia (Michael no está casado, duda que no aclara la película; Lisbeth no resuelve el misterio de la Biblia de Harriet y su ordenador no se destruye por la acción de unos bándalos en el metro de Estocolmo; y el epílogo del libro, quizá demasiado estirado, se resuelve en el film de manera rápida y confusa).
La película muestra sus cartas cuando, tras el accidente de coche de Martin, y contradiciendo lo apuntado en el libro, Lisbeth se acerca al lugar del accidente y quema el coche, en paralelo a un flashback muy significativo que el lector del libro, olvidando la trama de la segunda parte, no entiende. Ello nos sirve para justificar que la saga cinematográfica, aunque partiendo de una fidelidad a veces insoportable, está confeccionada como un producto independiente.
Olvidando el juego de diferencias y similitudes con el libro, la película es una pieza más liviana, aunque igual de entretenida que el libro. Es interesante comprobar cómo se resuelven las escenas de mayor violencia y tensión (mención especial para el momento en que Lisbeth sorprende a su 'protector' con un revés inesperado), muestra de la elegancia y los momentos gore que salpican el correctismo de la propuesta. Los actores consiguen evocar lo imaginado en el libro y, sin construir grandes interpretaciones, pasan el trago con nota.
El resultado es una película digna, un entretenimiento de nivel, bien resuelto y mejor promocionado. También es importante destacar que, por primera vez, Suecia ha decidido adaptar su éxito editorial antes que EE. UU. La imaginación vuela: ¿se imaginan la película de La sombra del viento o La catedral del mar por Amenábar, Fresnadillo, Aranda o Monzón? Tiempo al tiempo.

Pueden leer la crítica del film en: http://cachecine.blogspot.com/2009/06/millenium-1-los-hombres-que-no-amaban.html



APÉNDICE:

La bloggera Gine ha escogido este blog para seguir un juego muy gracioso. Se trata de coger el libro que se tenga más a mano, abrirlo por la página 161 y publicar en un post la quinta frase de la hoja. Cinoscar & Rarities hace lo propio con Harry Potter i les relíquies de la mort, edición catalana del séptimo y último tomo de las aventuras del archifamoso mago. El azar ha escogido esta frase:

" Va quedar-se mirant el buit, sense adonar-se amb prou feines del que passava al seu voltant, i no va veure que l'Hermione havia sortit de la gentada i arrosegava una cadira per seure al seu costat"

Es decir (traducción personal y chapucera): "Se quedó mirando el vacío, sin apenas percatarse de lo que ocurría a su alrededor, y no vió que Hermione había salido del gentío y arrastraba una silla para sentarse a su lado".

Paso este bizarro juego a Albertaco, José Barriga y Mariano, por citar tres blogeros de confianza.

martes, 7 de julio de 2009

GÉNOVA 6 / 10


Michael Winterbottom es una figura singular dentro del panorama cinematográfico actual. Estrictamente, el británico lleva diez años saboteando el concepto europeo y europeísta de autor desde que Wonderland lo catapultara a la fama. Entre esta década, nuestro protagonista ha tenido tiempo para embarcarse en proyectos de diversa índole, sin que nada prediga unas formas o temáticas propias y definidas. Winterbottom es un autor más por cantidad que por calidad, y su filmografía se ha alzado ilógicamente como joya de lujo y de culto, mimada en múltiples festivales y alabada por críticos dispares. Winterbottom asegura que cada vez que tiene una idea la plasma en forma de película, y que, debido a esto, su ritmo creador es frenético, casi como una manera de canalizar posibles relatos, narraciones de bajo presupuesto, promesas de grandes obras (Winterbottom es un gran cuentista porque nos ofrece potentes ideas que luego destroza con films bastante mediocres). Se impone en esta faceta el Winterbottom inconsciente que, incapaz de escoger, rueda todo lo que se le ponga por delante. El británico consigue con todo esto que su nombre nunca se caiga de los palmarés más importantes; y, al cambiar, nunca existe un hastío hacia su obra y persona, un desgaste que afecta a autores de frenética labor (los últimos Allen, Ki-Duk o Chabrol: nombres a todas bruces más consolidados, maduros, personales e interesantes). Esta introducción sirve para destacar que Génova, pieza más de este mosaico multicolor, poliédrico y bipolar, es una historia que merece ser contada y vista, otra gran idea que, pese a todo y como siempre, acaba malograda: lo que podría haber sido supera con creces al menú degustado.




El estilo de Winterbottom titubea y nos coge desprevenidos con la aparición de los títulos de crédito iniciales (con una musiquilla incomprensiblemente alegre y, ojo, ¡diez minutos después de empezar la película!) y finales (directamente, Winterbottom corta la última escena sin aspavientos ni delicadeza), la aparición del fantasma de la madre muerta (algunos defenderán que Winterbottom mezcla géneros narrativos con ingenio, pero la técnica más bien demuestra que el guión no sabe qué quiere contar y cómo lo quiere hacer) o la promesa de una trama más dramática y sorprendente (las hijas de Firth se pierden por las calles de Génova una infinidad de veces y nunca llega la sangre al río). Esta colección de torpeces oscurecen el resultado final de un film que, a pesar de los pesares, se hace querer. Winterbottom logra (apuesto que por despiste) uno de sus mejores títulos, o mejor dicho, una de sus mejores ideas (cuento sobre la culpabilidad y las diferentes formas de superar la muerte de un ser querido: consabida teoría, desigual práctica). Al final, Génova aglutina estilos y tonos, posibilidades y subtramas (el personaje de Catherine Keener es totalmente prescindible y previsible), momentos turísticos (superficiales) con otros más intimistas (estimulantes, nunca brillantes). El camino de Winterbottom sigue con sus curvas: tras descansar en tierras italianas, el hiperactivo realizador ya prepara cuatro nuevas cintas. Da pereza con solo pensarlo...


lunes, 6 de julio de 2009

LA ÚLTIMA CASA A LA IZQUIERDA 6 / 10

Antes de que el verano se enturbie con Exorcismo en Connecticut o Arrástrame al infierno, llega a las carteleras españolas La última casa a la izquierda, título bastante chapucero que remakea (debería existir el verbo) la cinta homónima del sobrevalorado Wes Craven. Ahora Craven, en calidad de productor, supervisa una adaptación sin demasiada salsa, calibrada al milímetro para barrer en taquilla y desvelar los sueños de algún adolescente asustadizo. La última casa a la izquierda se limita a copiar y pegar lo visto en multitud de títulos, aunque a su favor incluye una colección de momentos extremos que juegan con el gore y elevan la temperatura. El film resuelve sus escenas más tensas con lánguidos silencios que no aportan demasiado y el conjunto solo remonta cuando se desmelena: la sádica estampa de la trituradora, la graciosa utilización del mechero de un coche como arma de defensa, la sutura de una nariz rota o la colección final de mamporros y destrozos varios. La cinta se equivoca con una música acelerada hasta el sinsentido, con unos actores de telefilm y con una historia que, al ser y no creerse suerficial, intenta ser una metáfora de la venganza, la consabida rima de que 'la violencia genera violencia'. Dejémonos de monsergas: lo mejor está en lo escabroso, aunque no tenga coherencia alguna. Quizá por esto, la cinta termina con una imagen extreme tan gratuita como estimulante: la explosión de una cabeza dentro de un microondas, todo al más puro estilo Saw. Queda claro que el refranero de La última casa a la izquierda es otro, tal vez 'violencia por violencia'. Y nosotros, sádicos pandilleros, disfrutamos de lo lindo.



Uno ya sabe a lo que se enfrenta cuando paga seis euros por una película de este calibre. A cambio, el espectador cachondo podrá divertirse con el juego de las similitudes (fíjense: Garret Dillahunt es una mezcla de Josh Brolin y Ryan Reynolds, Riki Lindhome surge del cruce entre Björk y Michelle Monaghan... suma y sigue), la captura de gazapos (¿dónde encontraron las llaves de la lancha?, ¿dónde guarda la madre la foto de su hija que colgaba de la nevera?, ¿por qué la amiga de Mary tarda tanto en morir si le habían asestado muchas cuchilladas?... otro suma y sigue) o la colección de diálogos absurdos (el monógo inicial es pésimo). Bien pensado, La última casa a la izquierda, por lo que es y por lo que no es, supone toda una distracción difícil de declinar, aunque no llegue al nivel del primer Hostel o Halloween, el origen, dos de las mejores películas de terror de los últimos años. Bastante divertida, sobre todo si se acompañada con un buen saco de palomitas y coca-cola a granel.


domingo, 5 de julio de 2009

PAGAFANTAS 6 / 10

Borja Cobeaga, nominado al Oscar por el cortometraje Éramos pocos, estrena su primera película y se convierte, directamente, en uno de los realizadores más interesantes del nuevo cine español. Su narrativa, mezcla de esquetch televisivo, spot publicitario y comedia sin pretensiones, es tan sencilla como efectiva. Cobeaga demuestra su cinefilia con una mirada que recuerda a la garra del primer Álex de la Iglesia, eliminando la cuota gore y mezclando formas y géneros, gags chistosos y una crítica mayor, aquí en forma de oda al pardillo nocturno. Gorka Otxoa (en el pretérito fueron Alfredo Landa o Paco Martínez Soria) es la cara de este Pagafantas angelical, eterno despreciado, de peinado cambiante y extraña intolerancia al alcohol. Cobeaga consigue una historia dulce, sin la caspa que domina la comedieta española de ahora y siempre; graciosa sin ser desternillante. Es corta, liviana y efectiva: perfecto sorbete veraniego.




Cobeaga ha triunfado en el terreno televisivo y traslada con éxito la fórmula de Vaya semanita a su Pagafantas. Por ello, la descripción comiquera de un joven sin motivaciones que, al despertarse, olvida casi todo lo sucedido la noche anterior es genial. Pese a esto, la marcianada se eleva al cuadrado en su tramo final e incluye un epílogo totalmente innecesario. Pagafantas, sin ser excelente, es la promesa (no la confirmación) de que algo está cambiando en nuestro cine y de que aún hay mucho por contar e innovar. Nominación al goya a la mejor realización novel asegurada y posible film de culto.



sábado, 4 de julio de 2009

ODA A LAS PELÍCULAS CHORRAS 3

Triple ración de caspa... ¡marchando! En el menú tenemos comedias sin gracia, otras desternillantes, films de terror que más que miedo dan pena... y parejas, ya sean de rubias, de tontos o de novios enamorados. Cojan aire, tranquilícense y no olviden que este post puede afectar seriamente la salud de todo cinéfilo. Solo para arriesgados, frikis y fauna diversa.



10. SCOOBY-DOO, de Raja Gosnell
Los Ángeles de Charlie habían conseguido su franquicia cinematográfica, incluso las mismísimas Spice Girls. La envidia es muy mala y Scooby-doo gozó de dos películas. La taquilla respondió, pero la sucesión de tonterías y despropósitos pudo con nuestra paciencia. Trauma perruno.




9. HORA PUNTA, de Brett Ratner
Jackie Chan contraatacó con una de las sandeces más aplaudidas de la anterior década. Nuestras sensibles retinas tuvieron que soportar dos secuelas insufribles, doble ración de patadas y diálogos, múltiple atentado contra el buen gusto.




8. DOS TONTOS MUY TONTOS, de Peter Farrelly
Ace Ventura nos mostró el Carrey más insufrible, El show de Truman nos reconcilió y, hasta y tras ¡Olvídate de mí!, la confusión y la división de opiniones continuó con Como Dios, Di que sí, Dick y Jane, El Grich... incluso la atrofiada The Majestic. Colección de idioteces de la que Dos tontos muy tontos es la reina de la corona. Sálvese quien pueda...




7. DOS RUBIAS DE PELO EN PECHO, de Keenen Igory Wayans
Oda al caca-culo-pedo-pis. Incorrecta, racista, bastorra, básica e incoherente. Jennifer Carpenter antes de Dexter y Anne Dudek antes de House pululaban sin ton ni son, y los hermanos Wayans amasaban fama y dinero. Nunca una ventosidad fue tan explosiva. Queremos olvidarla... pero no podemos.


6. LA CASA DE CERA, de Jaume Collet-Serra
Ni mejor ni peor que otras películas de su género... pero Paris Hilton, sus contoneos, sus grititos, sus lagrimitas y su rimmel corrido bien merecen una mención. Interpretaciones como la suya justifican los Razzies, las bofetadas y el humor grueso. No sabemos si reir o llorar... eso sí: de miedo, nada de nada. Patetismo al quadrado.




5. 50 PRIMERAS CITAS, de Peter Segal
Menos mal que Barrymore estaba desmemoriada porque, de ser consciente de sus múltiples fiascos, las citas hubieran acabado en tragedia. Sandler será muy querido en su tierra, pero la resta del planeta no soporta sus carantoñas de palurdo. Hay mil gags... y ninguna bueno. Ejem.




4. ZOOLANDER, de Ben Stiller
Stiller se cree la crème de la crème, pero es tan o más ridículo que sus compañeros de reparto y de género. Zoolander fue aplaudida como la crítica y sátira perfecta del mundo de la moda. El entusiasmo se repitió con Cuestión de pelotas y Tropic Thunder. Servidor no lo entiende. Pura tírria.




3. SCARY MOVIE, de Keenen Ivory Wayans
Hay quien discute qué parte es mejor como si el asunto fuera cuestión de estado. La fórmula era novedosa y agrupaba infinidad de chistes, referencias y homenajes. Batiburrillo ligero de lo mejor y peor del terror y la comedia norteamericana. Un icono, aunque casposo y rancio.




2. BAJO EL SOL DE LA TOSCANA, de Andrey Wells
Diane Lane brillaba en una comedieta sin pretensiones, bastante graciosa, elegante y austera, blanca y romanticona. Demasiado liviana para los Oscar y demasiado trascendente para disiparse entre este montón de chorras. Una amiga lloró con la boda final y servidor no paró de reír. Segundo puesto más que merecido.





1. MI GRAN BODA GRIEGA, de Joel Zwick
La intenté esquivar como la peste... pero no hubo forma. Exitazo sorpresa con nominación al Oscar y momentos más que graciosos. Altera la comedia de siempre y a la vez sigue fiel los patrones de siempre. El patito feo, la Betty griega, la Cenicienta de la norteamérica moderna. Excelente Nia Vardalos.

jueves, 2 de julio de 2009

SERIES 22: JERICHO

Hay series que, sin ser demasiado buenas, conectan con el espectador más por lo que podrían ser que por lo que realmente son. Puede parecer un embrollo pero en el caso de Jericho el patrón se cumple: una idea bastante atractiva que se resuelve de forma torpe y sin demasiado presupuesto ni interés. Los que vimos estoicos toda su primera temporada nos queda el sinsabor de imaginar a Jericho como una de las series más malogradas de los últimos años: no le benefició su continuo empeño de imitar a Perdidos, no cuajó su reparto sin estrellas ni tampoco jugó a su favor que el misterio central no se resolviese, con la obvia y penosa sucesión de subtramas sin demasiado jugo. Con este panorama, Telecinco desistió y castigó la serie en el horario de late night y la incomprensible emisión de 6 capítulos seguidos. Aunque los fans apoyaron la serie y posibilitaron una segunda entrega, Jericho se finiquitó tras siete episodios que parece que nadie ha visto y que ninguna cadena está dispuesta a emitir. El misterio quedó en el aire... ¿y qué?



El caso de Jericho demuestra cómo la ficción norteamericana ha intentado encontrar el substituto de Perdidos sin atinar. La serie también nos sirve para criticar la poca paciencia que tiene Telecinco con las series no nacionales, salvo la imparable y aburridísima CSI. Es indudable que cada semestre aparecen nuevas series porque la política de emisiones norteamericana se basa sobre un sólito sistema de ficción televisiva y un seguimiento masivo de numerosas series. Jericho se ha diluido por la cantidad y la calidad de sus competidoras, pero es un título que se recuerda con cariño. Por ello, este post recuerda que hace un año estábamos atentos al destino de Jericho y sus habitantes, a una amenaza nuclear eternamente inconclusa y pequeños momentos de tensión chapuzera, pero efectiva. Hace tan poco y, pese a todo, qué tiempos aquellos...


miércoles, 1 de julio de 2009

CINE Y LITERATURA 1: THE READER (EL LECTOR)


EL ARGUMENTO:

Michael Berg es un adolescente que, de camino a casa, empieza a encontrarse mal. Una mujer lo socorre y, tras unos meses de larga convalecencia, el joven vuelve a la casa de la dama para darle las gracias. Este será el inicio de una relación marcada por el sexo y la posesión. El tiempo pasará y Michael, ya estudiante de Derecho, sabrá toda la verdad sobre su primer amor en un juicio que nunca podrá olvidar.


EL LIBRO:

Bernhard Schlink, abogado de profesión y consagrado escritor, consiguió con El lector su mayor éxito editorial. La novela cosechó muchas y muy buenas críticas y, aunque nunca gozó de la condición de superventas, tuvo una notable recepción entre los lectores, ahora ampliada con las nuevas ediciones que han surgido tras el estreno de la película. El libro rompe los esquemas habituales al ser una historia corta pero nada liviana, una prosa que juega con la poesía e intenta evocar imágenes potentes. Pese a sus escasas 200 páginas, la obra incluye poderosas descripciones, además de un narrador protagonista en primera persona que posibilita una historia centrada en el terreno de las emociones, los pensamientos y las contradicciones del personaje. Este hecho marca claramente el discurso y en el último capítulo se nos resuelve el enigma: el protagonista ha escrito la obra como mecanismo para olvidar a Hanna, tal vez para cicatrizar una herida abierta o para canalizar una culpabilidad aún no asumida. Esta escusa justifica la rapidez del conjunto y su forma tripartita: una parte centrada en el affair amoroso, otra basada en el juicio de rigor, y otra para cerrar la trama y explicar la evolución de Michael, siempre en paralelo al destino de Hanna y su trágico y sorprendente final. De esta forma, Schlink, como abogado, se convierte en el alter ego de Michael y esquiva con estilo las imperfecciones de la novela.



El lector cuenta lo justo y necesario. Si estamos acostubrados a que el personaje protagonice y altere el devenir de su historia, aquí se impone primero la historia, la anécdota inicial, como elemento importante, punto de inflexión que cambia al personaje y su futuro. El lector debe aceptar -porque no recibe ninguna información más- que el encuentro sexual con Hanna ha centrado la vida de Michael. De no seguir el juego de Schlink, la obra deviene torpe e incompleta, por lo que el receptor debe acatar el discurso del narrador y dejarse llevar por el mundo sensorial que El lector propone. La novela acierta cuando la historia y la crítica se amplía, porque El lector es la crónica de una sociedad, de una generación, de un capítulo en la historia universal que no puede ni debe olvidarse. El discurso de El lector se eleva y se completa con las dudas de Michael, la actitud de su padre y las incomprensibles reacciones de Hanna. El lector, más que contar algo, dibuja una línea de intuiciones y posibilidades: no sabemos por qué Michael le envía cintas a Hanna ni por qué esta calla su analfabetismo para asumir una pena mayor. Los personajes, frágiles y contradictorios, no piden ser entendidos, pero sí conseguir la compasión y el cariño de los lectores. El truco funciona.


Pese a todos estos elogios, debe destacarse que El lector está lejos de ser una obra redonda: la traducción al español es un tanto torpe y su trama está claramente descompensada. Las mismas taras se repetirían en la película de Stephen Daldry, quien, al no poder contar toda la historia a partir de la subjetividad del personaje, tuvo que incluir flash-backs un tanto chapuceros. El lector, en definitiva, tapa sus carencias con una historia que intenta emocionar y que en parte lo consigue. Tras la candidez del conjunto parece anidar cierta trampa, un artificio deshonesto que busca la empatización del lector y no la perfección lingüística o la prosa excelente. De tener que decidir, el libro supera a la película al construir una historia de mayor calado y con unos personajes secundarios más sólidos. Notable, pero no brillante.

LA PELÍCULA:

El camino de El lector fue largo y tortuoso. Las primeras proyecciones de la película auguraban una obra más que capaz para arrasar en los Oscar, aunque no tardaron en aparecer voces que reclamaban un segundo montaje y una mejora de la historia. Stephen Daldry, sentimental y sentimentalista en Billy Elliot y Las horas, era sin duda el mejor director para trasladar el imaginario de Schlink a la gran pantalla. Tras el titánico empeño de los hermanos Weinstein, la película se coló entre el quinteto nominado a la mejor película del año y su paso en las carteleras de medio mundo se eternizó al ser un producto de calidad, en apariencia femenino, un drama de nivel revitalizado por el boca-oreja de los espectadores. La omnipresente Alemania post-2ª Guerra Mundial posibilitó que la película se proyectase en el Festival de Berlín, y fue realmente en tierras alemanas cuando el Oscar de Kate Winslet, el eterno deseo de todo cinéfilo, parecía cantado. No hubo sorpresas.

El film es totalmente fiel a su análogo literario, incluso copia algunos diálogos y sigue punto por punto los detalles y las simplezas de muchas escenas. David Kross, correcto Michael Berg, cedía el protagonismo a la Hanna de Kate Winslet y, con esta estrategia, distanciarse del libro. El lector película es un vehículo para el lucimiento de su actriz, un fallo destacable porque la historia de Schlink tenía mayor fuerza y sentido con Michael como eje central. Winslet, reconvertida en protagonista, logra una correcta interpretación que nunca eclosiona: aquí no hay escenas dramáticas pero sí unas intenciones teatrales; aquí hay una Hanna distante, algo que traiciona el libro. El guión de David Hare, consciente de no poder retratar la culpabilidad de toda una generación, se deja llevar por los personajes y cambia ciertos detalles (volvemos al juego de comparaciones): aquí Michael es un donjuán infeliz, y el profesor y la hija tienen más importancia que el padre. No hay duda que la infelicidad de Michael está mejor contada en el libro.


Una lectura benevolente nos lleva a decir que la película hereda los fallos de la novela y, con ello, la tarea de Daldry y Hare sale incólume. Del film nos quedamos con su parte inicial, la bonita narración de un amor fou en el que la literatura basa una relación imposible. La cinta acaba de una forma patética, es decir, con una Winslet supermaquillada y una historia forzada que, sin sabe cómo ni por qué, hace aguas. Creo importante destacar que, en el libro, Hanna es consciente de que Michael está en el juicio, un momento contado de forma bastante ambigua que la película elimina. Que Hare olvidara este dato es casi un delito.

Pese a lo anteriormente expuesto, El lector es una película exquisita a nivel técnico, con unos actores aceptables (Winslet, digan lo que digan, merecía reconocimiento por Revolutionary Road) y una trama que, como pasaba con Las horas, mejora en el recuerdo. Solo por todo esto, la cinta merecía más Oscars y destronar el Slumdog Millionaire de Boyle. En resumen, una historia clásica con una estructura moderna, efectista pero efectiva. Lo de antes: notable, pero no sublime.


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