Intentando analizar el papel de Christopher Nolan dentro del cine de la primera década del siglo XXI, lo primero que podríamos destacar es su marcado sentido del espectáculo. Él solo vino a enmarañar las posibilidades narrativas con Memento, mucho antes de que llegara la televisiva Perdidos y proponiese un paranoico juego de tiempos. Pero la acción que inventa Nolan tiene una base humana: sin ir más lejos, el epicentro de esta Inception es la historia de un amor frustrado entre Dom Cobb (Leonardo Dicaprio) y Mal (Marion Cotillard). Ese es el factor diferenciador que define a Nolan: conjuga el cine de autor con el producto de entretenimiento, y al mezclar esos dos elementos obliga al espectador a abrir nuevos horizontes poco explorados de los nuevos blockbusters, pero también del cine de autor más conservador. Nolan piensa en el público, y antes del público se sitúa su particular tendencia a las explosiones, a las persecuciones, a ese estilo palomitero que muchos han estigmatizado. Nolan, que parece incapaz de separar lo serio de lo intrascendente, como si sus películas necesitasen esa dualidad para existir, ha renovado el cine comercial y dio vigor a la saga Batman después de los desastres kitch de Schumacher y Burton. Sus imágenes remiten a Lynch y su filmografía dibuja la línea de un autor, un autor diferente, un autor lejos de la definición de 'autor' que había conocido el mundo cinematográfico hasta la fecha. Lo más notable de Inception es que, sea mejor o peor, aquí no hay cómics que contextualicen el show: todo ha sido idea, obra y gracia del propio Nolan tras 10 años de trabajo. Inception, pues, confirma a Nolan como autor de potente inventiva y lo lanza definitivamente como ser poliédrico que fabula desde Hollywood, aunque con ciertas licencias personales. Inception será muchas cosas pero nunca es un film de encargo, un capricho de una gran productora o una precipitada artimaña por reunir a un gran plantel de actores 'porque sí'. Ello requiere muchos bemoles y merece nuestra más sincera admiración. Si los films de Nolan son superproducciones es casi sin querer, por defecto. Ese es su terreno y ese es su sello. E Inception es la multipieza que riza el rizo.

El origen del origen
Con Anticristo, más que una crítica, realicé una interpretación de la película. Siento que Inception necesita una interpretación y que no puedo aportarla. Esta no es una crítica habitual, tal vez ni siquiera sea una crítica. Es un escrito eventual que variará según el número de visionados, y de momento sólo llevamos uno. Lo más sincero sería decir que el plano final de Inception me ha dejado lelo. Oí alguien en el cine decir 'y ya está', con una entonación tan ambigua que no supe captar si el comentario era una afirmación triunfal o una pregunta incómoda. Esa escena final tiene el enigma que hizo clásicos al último unicornio de Blade Runner o el feto flotante de 2001: odisea en el espacio. Con Inception no sé qué decir. Y quedarse sin palabras no quiere decir que la película sea excelente. Me explico. Siendo objetivos, creo que el film se toma demasiado tiempo en explicar el esquema del juego, y a pesar del esfuerzo, temo que a casi nadie le quedó claro. El mérito de Nolan no es la propia creación de este mundo de ladrones de sueños, sino su calibrada maniobra para que el zenit adrenalítico del invento dure más de una hora. Esto es un cubo de rubí y respeto el puzzle según sus partes y reglas; me gusta, y aún así considero que hay incertidumbre por exceso de ideas, por detalles que no sé si son parches o genialidades. Que, tal vez, por no ser un seguidor de la ciencia ficción, Inception no me encandila. Nolan me satura y me manipula, al principio me provoca dudas y al final nos dispara hasta el fondo de su laberinto. Si no entra vía reflexión, que al menos sea un disfrute visual: para siempre recordaremos ese hotel en movimiento, ese coche que cae al agua en un eterno ralentí o ese ascensor que, como un ¡Olvídate de mí! explosivo, divaga de planta a planta, de recuerdo en recuerdo, de capa a capa dentro de una cebolla sin fin.

No me parece una obra maestra, sí una buena película. Creo conveniente aparcar a Inception en stand by, comprar el dvd en diciembre y dejar que el tiempo actúe sobre la película. Ya es un título de culto, algo propio de Nolan. Todo en un verano en el que la cartelera no ofrece demasiados alicientes. Me enamora su música, fotografía y montaje. Y si después de ésta, Revolutionary Road y Shutter Island a alguien se le ocurre poner en dudas las cualidades interpretativas de Leonardo Dicaprio, merece el destierro cinéfilo. No les puedo ofrecer un comentario de fan incontrolado, tampoco la reseña de un crítico escéptico. ¡Ah!, y ni rastro de spoilers. A películas especiales, escritos especiales.
Nota: 7'5
