martes, 27 de octubre de 2020

CRÍTICA | UNO PARA TODOS, de David Ilundain

UNOS PARA TODOS

España, 2020. Dirección: David Ilundain Guion: Coral Cruz y Valentina Viso

Es curioso que el estamento docente, tan olvidado por nuestros políticos, tan maltratado por la opinión pública, incluso tan infravalorado entre padres, alumnos y profesionales de la educación, sea para el cine un contexto bastante familiar, una fuente inagotable de inspiración. Casi siempre en forma de películas amables, de vinculación social. Aunque los franceses, como en casi todo, nos ganan la partida en cuanto a cine de jóvenes, institutos y alrededores, Uno para todos se suma a una tradición local que ahora es noticia gracias a la serie Hit. La película de David Ilundain sigue a Aleix, un maestro interino catalán que consigue trabajo como tutor de 6º de Primaria en un colegio aragonés. Tras un prólogo por carretera, la cinta en seguida presenta sus cartas y destaca el día a día en el centro, el contacto con los alumnos y el carácter raro y esquivo del hombre, interpretado con solvencia por David Verdaguer. La aportación más interesante viene a posteriori: el reto del personaje será integrar en su clase a un alumno enfermo de cáncer que acosó a sus compañeros en el curso anterior. El concepto de educación pública, de calidad e integradora se pone en juego cuando la víctima es, al mismo tiempo, el malo de la función. Con este dispositivo, la película explica muy bien las contradicciones del oficio, el trabajo por proyectos en las aulas, la tarea de los orientadores educativos y, en general, todo el esfuerzo que los docentes desarrollan en grupo y en soledad, incluso (¿o debería decir "sobre todo"?) en fines de semana, tardes libres y vacaciones. En el otro lado de la balanza, la película es más procedimental cuando explica el contacto con las familias, las relaciones con los compañeros de claustro y, principalmente, cuando explica, más bien cuando elude, el desapego del protagonista con su madre. El broche final, abiertamente sentimental, no desentona: cierra el arco dramático de la trama, con manipulaciones perdonables, a la vez que deja cabos sueltos para debatir. Nada que ver o, según se mire, muy relacionado con B, la primera película de Ilundian. Ojalá vengan más. La educación, sus participantes, su importancia, necesita aparecer en la gran pantalla.



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