lunes, 11 de julio de 2011

Entre dos mares: Crítica de CONTRACORRIENTE

Aviso: la reseña contiene datos importantes de la trama.
Representante a los Oscar de Perú, país que el año anterior consiguió su primera nominación con La teta asustada. Nominada al Goya a la mejor cinta hispanoamericana. Proyectada y premiada en sinfín de festivales. Había muchas ganas por ver Contracorriente, y la película era una de las deudas que este blog tenía con el cine del 2010. Pero, me tendrán que perdonar, todo me ha parecido una soberana tontería. La historia de Miguel, casado y a punto de tener un hijo, pescador y aspirante a predicador de un pueblecito costero, enamorado en secreto de Santiago, es una de las historias de amor más alicaídas de los últimos años. Una película que se ahoga toda sola: empieza bien, y se desvía de su ruta al seguir una senda mística innecesaria. Miguel ve el fantasma de Santiago en un ejercicio pseudolírico de amor más allá de la muerte (muy telenovelesco). Para colmo, cuando descubren el cadáver de Santiago al fondo del océano, y cuando Miguel ya ha decidido en qué mar quiere nadar con respecto a su identidad sexual y a su posición dentro de la pequeña comunidad que habita, el director nos trae a la madre y la hermana del fallecido como residuos arrastrados por la marea. Es en ese momento cuando Contracorriente copia el encuentro final de Brokeback Mountain: si Heath Ledger sosteniendo la americana azul de su amante emociona sin aspavientos, el entierro de Contracorriente me deja totalmente frío. Un intento ñoño por describir la represión que viven muchos homosexuales en zonas tan apartadas, fuera de las grandes ciudades, en las que todos se conocen entre todos y en las que al individuo no le queda otra que seguir los modelos familiares perpetuados por los demás: eso es al menos lo que inspira la escena más representativa, a su manera también la más simplona, de todo el film: el momento en el que la mujer de Miguel, cómplice y testigo callado de las dudas de su pareja, cambia el canal de la televisión para que su marido vea fútbol y no un culebrón sudamericano (una idea muy básica de lo que significa para sociedades muy primitivas los conceptos de 'macho' y 'hetero'). Lástima que su historia no cale hondo. ¿Irá todo esto a contracorriente de todo lo visto, escrito y leído sobre la película?


Nota: 4'5