
Título: SHAKESPEARE ENAMORADO Título original: Shakespeare in love Dirección: John Madden País: Estados Unidos y Reino Unido Año: 1998 Duración: 138 min. Género: Drama romántico Reparto: Joseph Fiennes, Gwyneth Paltrow, Judi Dench, Geoffrey Rush, Imelda Stauton, Colin Firth, Tom Wilkinson, Steve O'Donnell, Jim Carter, Ben Affleck Guión: Marc Norman y Tom Stoppard Distribuidora: Miramax, Universal Pictures Producción: Mark Cooper, Donna Gigliotti y Julie Goldstein Dirección artística: Martin Childs y Jill Quertier Fotografía: Richard Greatrex Vestuario: Sandy Powell y Humberto Cornejo Música: Stephen Warbeck Presupuesto: 25 MILL.$ Nº oscars: 7/13 Nº globos de oro: 3/6 Fechas de estreno: 11/12/98 (EE. UU.), 12/03/99 (ESP.)
La gala
Durante el 21 de marzo de 1999 en el Dorothy Chandler Pavillion de Los Ángeles, otro título de temática amorosa se llevaba el premio gordo. Un premio polémico, quizás fácil, pero de indiscutible valor, para la película más destacada de John Madden, su único éxito de taquilla. Con Shakespeare in love, la Academia cerraba su período blockbuster con una película blanca, bienintencionada y de factura técnica impecable.

¿Merecía el Oscar?
La 71ª edición de los Oscar fue un empache nunca repetido: todas las películas nominadas superaban las dos horas de metraje y dos de ellas rozaban los 180 minutos. Ante la gravedad de la guerra (La vida es Bella, La delgada línea roja, Salvar al soldado Ryan) y la historia (Elizabeth), Shakespeare in love era la película más accesible, una cinta que no apasiona pero que evita de raíz cualquier antipatía. A Spielbergh le fallaron sus aires de grandeza en una película insoportablemente larga, anodina y cargante. El caso de Malick fue muy parecido: desde una perspectiva más avanguardista pero sin evitar clichés de ahora y siempre, La delgada línea roja supuso un rotundo fracaso de taquilla, un film pesado e insoportable de injustificado triunfo en el Festival de Berlín. El azar unió el camino y el palmarés de dos cintas muy parecidas y siempre quedará preguntarse qué hubiera pasado si la aportación bélica se hubiera reducido a un único participante (cabe recordar que Spielberg recibió el premio a mejor director cuando la sombra de La lista de Schindler aún era reciente). Los académicos, emborrachados, tampoco endiosaron la agridulce y tan criticada La vida es bella, aunque sus tres oscar (actor, película extranjera, banda sonora) la convirtieron en la gran ganadora de la noche, algo que no ocurriría hasta Tigre y Dragón y sus cuatro menciones. Y en medio de todos estos frentes, Elizabeth era una alicaída historia de corrupciones palaciegas encabezada por dos caras nuevas (Shekar Kapur y Cate Blanchett) cuyo máximo reconocimiento era la propia nominación. A diferencia de Elizabeth, Shakespeare in love presumía la estructura libre del relato, evitaba la historiografía en pos de la ficción. Madden quiso entretener a la platea y no adoctrinarla en nada, no agobiarla con las ínfulas de genio de Malick, Spielberg y Benigni. La Academia ama lo lacrimógeno y rehuye de la pedantería. Shakespeare in love ganó porque estuvo en el momento adecuado. Pese a los siete oscar recabados, puede afirmarse que esta fue una de las entregas más empatadas y descompensadas de la historia. Ante la duda, lo radical nunca gana.
¿Por qué ganó?
A los argumentos anteriores, cabe sumar la simpatía que antaño tenían los productos típicamente british entre los votantes norteamericanos, una tónica que ha disminuido en los últimos años pese a la nominación de Expiación o The Queen. Paralelamente, Shakespeare in love vino precedida por una campaña machacona y concienzuda de Miramax, consciente de tener entre sus arcas el caballo ganador de la carrera. La productora tuvo tres meses para estrenar y promocionar la película; el éxito fue cocinado a fuego lento, con insistencia y tenacidad. Shakespeare in love y su camino de la nada al estrellato representa el sueño americano que tan bien encarnan estos premios. Miramax estuvo presente en los Oscar de años siguientes salvo el fiasco de Cold Mountain, un fracaso, por otro lado, poco previsible. Los planetas se alinearon o se produjo algún milagro extraño: el sobre dorado, abierto pacientemente por Harrison Ford, contenía el nombre de una película que, de haber participado en otras ediciones, tan solo hubiera copado alegrías en los apartados técnicos. La suerte se tiene, pero también se busca. Ante la duda, Miramax tiene la respuesta... ¿o es solo un bulo que, a base de repetirse, se ha aceptado como verídico? La leyenda nace, pues, de lo arbitrario, de la casualidad.

La corte de la reina
Judi Dench, nominada posteriormente por Chocolat, Iris, Ms. Henderson Presenta y Diario de un escándalo, obtuvo la estatuilla que la alzaba como la mejor actriz secundaria del año. El poder del personaje (una Elizabeth presente por partida doble en la ceremonia) y las cualidades interpretativas de Dench superaron a los paupérrimos cinco minutos en los que la actriz aparece en escena. Dench ha sido el único valor que nos ha dado el film: ni la carrera de Madden remontó (me remito directamente a La mandolina del capitán Corelli) ni Paltrow logró ser la actriz del momento, consiguiendo justificar la apodada maldición del oscar (no hubo tal desdicha con Berry o Kidman). Este hecho la distancia de Titanic sin lograr el título de clásico moderno. La película desaprovecha la figura de Shakespeare y su influencia en el devenir de la literatura universal, los patrones del teatro clásico (el personaje femenino debe disfrazarse y simular ser un hombre para poder actuar en una obra teatral) o el retrato fidedigno de una época, de una mentalidad entre el teocentrismo y el humanismo. Shakespeare in love no puede proyectarse en los institutos: su único destino es la sala de cine masificada. A Shakespeare in love le sobra eficacia y le falta retórica. La mirada de Madden se nos desvela superficial e incompleta, caso análogo a lo que apuntaban algunas críticas hacia la reciente Maria Antonieta de Sofia Coppola (con las que no coincido). Madden es miembro honorífico de una lista interminable que encabeza Ridley Scott o Michael Bay. La corte de la reina se adivinaba pomposa... un engaño disimulado que tuvo su particular final feliz.
La anécdota
A muchos les sorprenderá saber que Winona Ryder y Kate Winslet eran candidatas a protagonizar el papel de Paltrow. Toda una ironía: Gwyneth Paltrow también había optado al papel de Winslet en Titanic. El momento más importante de la gala fue el premio honorífico a Elia Kazan, un galardón recibido con aplausos y silvidos entre los presentes (Kazan participó en la llamada caza de brujas). Además, la gala fue la última oportunidad (al final frustrada) de Garci para conseguir su enésima estatuilla (El abuelo estuvo nominada). Whoopi Goldberg, ahora desaparecida en combate, vivió una noche gloriosa como maestra de ceremonia; más austera fue su intervención en la gala de tres años después tras los atentados del 11-S. El orgullo británico salió victorioso, el cambio del año siguiente aún estaba por llegar...

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