viernes, 17 de octubre de 2008

CAMINO 9 / 10

En una de las asignaturas de mi carrera universitaria, teoría de la literatura, una profesora joven pero docta intenta mostrar a una platea de treinta estudiantes la definición de la palabra literatura y la búsqueda de la literariedad, o lo que es lo mismo, aquello que hace de una obra literaria. Según los formalistas rusos, la cuestión se basa en destronar las teorías de estudio aceptadas y optar por la desautomatización de los temas y formas. No podemos, según dichos estudiosos, analizar una obra a partir de la vida de su autor o de su contexto histórico; la literatura es un sistema, y ese sistema debe sorprender al lector y alterar su percepción de la realidad. Utilizando toda esta teoría en el mundo que nos ocupa, una película no es buena porque nos haga llorar o reir, sino cuando ésta cambia nuestra rutina y memoria audiovisual, nos transporta a un mundo nunca visto y nos sorprende, algo muy complicado cuando la mitad de los analistas hablan de la muerte del cine en un siglo donde todo parece inventado. Tras este rodeo, las dudas azotan mi cabeza: ¿Es Camino una buena película? ¿Qué es y cómo debe ser una buena película?
Javier Fesser cambia totalmente de registro para dirigir una película dura y polémica de la que se escribirá y se hablará mucho. Dentro de unas semanas, Camino será la película que todo el mundo deberá haver visto para poder participar en tertulias, cafés, universidades y platós de televisión. Aunque Fesser diga lo contrario, su relato es un mastodóntico tour de fource confeccionado para provocar a toda su audiencia, crear llantos a mansalva en las salas y hacernos vivir una experiencia atípica (casi masoquista) a medio camino entre Mar Adentro, Alas de Mariposa y Caótica Ana. Camino es la historia de una madre posesiva y ultrareligiosa que inculca a su hija las doctrinas del Opus Dei, siendo la enfermedad de la pequeña una excusa más (totalmente rancia y deleznable) para augmentar la fe en Diós, una fe enfermiza que choca con la inocencia y vitalidad de la niña, víctima y verdugo de su primera y última historia de amor con un niño que, para más inri, se llama Jesús. Fesser combina los tratamientos médicos de la pequeña con la rutina irritante e inexplicable de su madre, la dura realidad con la fantasía de la protagonista, la fe de la iglesia con las dudas de un padre perdido, títere y al final víctima de las voces que cantan la santidad de Camino. Atención: ésta es una película difícil de olvidar. Se necesitan varios packs de clínex y paciencia para visualizar sus dos horas y cuarto de duración. Uno de los trances más dramáticos que puede vivir el espectador moderno. Este cuento de terror será recibido e interpretado de múltiples maneras... y pese a esto, Camino está destinada a ser una de las películas clave del nuevo cine español. Siendo objetivos, la película propone un tema interesante desde una forma interesante, algo que sin duda recibiría el aplauso de los formalistas rusos.
Carmen Elías (seguramente Goya a la mejor actriz) interpreta el personaje más malvado del año (ojo, quien esto escribe es un ateo irredento), Manuela Vellés y Mariano Venancio están excelentes y Nerea Camacho, encarnación de la jovialidad y la infancia perdida, acapara la pantalla con la mirada más intensa del cine. Camino es bella en sus excesos, uno de esos títulos que perduraran para siempre. Camino es mil películas en una, una telenovela trágica, corregida y augmentada. Veremos cómo reacciona el público y la taquilla. La intuición, enemiga de la ciencia y de la religión, me dice que bién. La polémica está servida...