martes, 2 de noviembre de 2010

PARANORMAL ACTIVITY 2 2 / 10

Paranormal Activity fue una película interesante. No precisamente por su estética desaliñada. No por sus escasos recursos. Tampoco por las interpretaciones de su pareja protagonista. La memoria nos llevó a El proyecto de la bruja de Blair, más recientemente a la brutalidad del piso de REC, por lo que Paranormal Activity ya no nos cogió desprevenidos. Lo bueno de esa película era la capacidad de crear una atmósfera turbia sin recurrir a las premisas del género. Paranormal Activity podía leerse como una cinta casera, tan chistosa como terrorífica. Los personajes de Paranormal Activity no se tomaban en serio a sí mismos, y su empeño por filmar los ruidos, movidas de puertas y otras rarezas tenían cierta gracia. Esa dualidad cachonda y seria era lo que convertía a Paranormal Activity en una rareza estimable, totalmente consciente de sus carencias pero también orgullosa de sus logros, concentrados en una media hora final impecable. A Paranormal Activity 2 le falta ese humor que humanizaba la primera entrega. La secuela se toma demasiado en serio a sí misma. Si la anterior iba descaradamente a su bola y atrapaba por los diálogos de sus personajes y sus contínuas excentricidades, Paranormal Activity 2 es hierática y anodina. Toda su chicha está en esperar el clímax final; y cuando éste llega, los efectillos de feria sólo causan el espanto de lo que es malo y falso. Toda ella es una tomadura de pelo. Y al volver a la pareja de la primera parte, uno desearía maldecir a los responsables de una 'cosa' que sabe a 'estirar el éxito al máximo'. Unos preferirán ésta porque coloquialmente 'no nos quiere vender la moto', pero personalmente prefiero un mentiroso con gracia que me entretenga. Paranormal Activity 2 sólo es insoportable porque aburre hasta la saciedad. No es el título idóneo para ostentar el mejor estreno de un film de terror en los Estados Unidos. Y mucho menos estamos ante la película de este Halloween. Y nada de terceras partes: la primera, sin ser una obra maestra, es insuperable.